Nader y Simin, una separación (جدایی نادر از سیمین Jodái-e Náder az Simin)


Nader y Simin es una película iraní que ha triunfado en todos los festivales a los que ha acudido e incluso ha ganado el Oscar a la mejor película extranjera (a pesar de pertenecer a un país del eje del mal). Pero en Irán no sólo hay fanatismo religioso y un peligroso programa nuclear. Irán es mucho más y su cine da buena cuenta de ello (un ejemplo sería la interesante Nadie sabe nada de gatos persas).


Nader y Simin narra de forma magistral una historia bastante cotidiana: la separación de un matrimonio y las consecuencias que este hecho acarrea. Ella quiere irse del país en busca de mejores oportunidades para la hija de ambos, mientras él quiere permanecer en Irán ya que no puede abandonar a su padre enfermo de Alzheimer. Nada de superhéroes salvando al mundo. El director Asghar Farhadi narra de forma tan inteligente y verosímil que consigue hacernos dudar de si lo que estamos viendo es una película o una cámara oculta. La dirección de actores es tan perfecta que me cuesta pensar que realmente estén actuando en algunas escenas. La mirada de la niña cuando está esperando en el coche me parece de una emoción que se entiende en cualquier parte del mundo. Pero no sólo hay buenas interpretaciones, el guión es de una precisión milimétrica una vez que arranca.

 He de reconocer que al film le cuesta arrancar, estamos hablando de cine iraní, pero cuando lo hace no hay manera de apartar la mirada de la pantalla. Las escenas iniciales parecen triviales, meros apuntes de una familia iraní de clase media, nada especialmente relevante. Pero llegados a un momento nos damos cuenta que el director ha estado diseminando importantes datos que nos van a ser necesarios para formarnos nuestra propia opinión sobre un conflicto (que no voy a desvelar). Dicho conflicto enfrentará a dos familias de clases sociales diferentes y a los miembros de cada familia entre sí. El espectador asiste atónito a la maraña burocrática de un proceso judicial (a mí me recordó a El proceso de Kafka) mientras vemos como las cosas se van degradando cada vez más. En esta historia no hay buenos ni malos, sólo personas con diferentes puntos de vista. Algo que pocas veces he visto tan bien plasmado en una película. La imparcialidad de este film es todo un acierto. Incluso se permite el lujo de no responder a todas las preguntas que plantea para que cada espectador saque sus propias conclusiones.
A pesar de estar ambientada en un país bastante alejado de nuestras costumbres, los problemas que trata son universales y fácilmente reconocibles: el dolor de una ruptura, el amor por los hijos, el amor por los padres, la diferencia de clases, la impotencia ante una justicia excesivamente lenta e inflexible, etc. Asuntos en los que todos podemos vernos identificados, ahí radica la gran baza de este excelente film que os recomiendo encarecidamente.



8

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