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miércoles, 12 de marzo de 2014

Joven y bonita (Jeune et jolie)


 Me gusta el cine morboso y retorcido de François Ozon tipo En la casa. Ozon es un voyeur y lo mejor de su cine es que consigue convertir en voyeurs a los espectadores.

 Vayamos por partes, a mí Joven y bonita me recordó a Belle de Jour de Luis Buñuel. En ninguna de las dos cintas entendemos qué es lo que hace dedicarse a la prostitución a las protagonistas. Lo tienen todo pero nada les apasiona. Su vida es tan fácil y aburrida que deben de complicársela (a ellas y a los que les rodean) dedicándose a algo tan sórdido como la prostitución (de lujo, eso sí). Aquí el drama es mayor ya que la protagonista es menor de edad y, si bien la interpretada por Catherine Deneuve en el film de Buñel era una mujer formada, esta chica parece tener bastantes aspectos de su personalidad que necesitan perfilarse todavía.  La joven modelo Marine Vacth posee una gélida belleza que compite en frialdad con la de Catherine Deneuve.


 ¿Es tan traumática la primera experiencia sexual de la protagonista como para que se desencante del mundo adulto? ¿Decide en ese momento que los hombres son seres sobre los que ejerce una notable influencia y decide sacar provecho de ello? ¿Qué significa la visión de sí misma que tiene en la playa durante su primer contacto sexual?. En definitiva, ¿Qué busca la protagonista prostituyéndose? ¿Busca la protección del padre ausente? ¿Para qué quiere el dinero? Son múltiples las interpretaciones y dudo de que ninguna sea totalmente satisfactoria.

 Me gustó cómo está narrada la relación entre los dos hermanos y cómo la familia se resiente cuando salen a la luz las actividades de la hija adolescente. Ozon retuerce la trama sin buscar que entendamos lo que ocurre en la cabeza de la protagonista. Más bien parece que disfruta guardándose ases en la manga. Ozon juega con el espectador una vez más. Sabe que su historia nos fascina aunque no comprendamos las motivaciones de su protagonista, ella misma ya nos resulta fascinante en su doble vida.
Joven y bonita no llega al nivel de En la casa, se deja ver sin problemas y no aburre (que ya es mucho hablando de cine francés) pero se queda a medio camino de ningún lugar. Quizás era ésa su intención.

6


miércoles, 17 de abril de 2013

En la casa (Dans la maison)



Todos somos cotillas, para qué vamos  a negarlo. Nos encanta saber lo que ocurre en las casas ajenas, un morbo indecente nos empuja a saber más de las miserias de los demás. De este espinoso tema habla En la casa.

 François Ozon adapta la obra “El chico de la última fila” de Juan Mayorga. François Ozon elabora un excelente ejercicio sobre la creación de una obra literaria, el estilo y el desarrollo de los personajes. Al mismo tiempo plantea un inquietante juego del gato y del ratón del que ni los protagonistas ni el espectador son capaces de escapar. Lo que empieza como un inocente ejercicio de redacción en una clase de lengua va mutando hacia una enfermiza obsesión de consecuencias insospechadas.  Todos los personajes acabarán implicándose en la trama y serán víctimas de un juego que, erróneamente, siempre creyeron controlar.

Me pareció excelente el matrimonio formado por Fabrice Luchini, el profesor, y Kristin Scott Thomas, su mujer. Me recordaron al formador por Woody Allen y Diane Keaton en Misterioso asesinato en Manhattan. En ambas películas, un matrimonio sale de la monotonía gracias a su propia interpretación de la realidad. En su intento de salir del aburrimiento, se dejan arrastrar por un juego detectivesco de intromisión en la privacidad de los demás. Si el film de Allen derivaba hacia la comedia, En la casa se decanta por el thriller de intriga aunque no se define claramente. El delito de sus protagonistas es mucho mayor, no sólo son cotillas, sino que fingen estar al margen mientras intentan dirigir la narración sin saber que ellos mismos están involucrados. Su fantasía acabará por atraparles.

 Cabe destacar a una recuperada Emmanuelle Seigner, ya no es la sensual joven de Lunas de hiel (el tiempo no pasa en balde para nadie, amigos, para nosotros tampoco) pero sigue teniendo una presencia inquietante en pantalla. La mujer de Polanski encarna perfectamente a esa aburrida mujer de clase media. ¿Qué adolescente no se sentiría fascinado por la madre de un amigo así? El joven Ernst Umbhauer interpreta magníficamente al alumno que desencadenará toda la trama.

Ozon funde el lenguaje cinematográfico y el literario en una obra de compleja sencillez pero repleta de detalles. Los continuos cambios de género y estilo hacen de este film algo fuera de los común y muy por encima de la media. Ozon sabe a lo que está acostumbrado el espectador y deliberadamente rompe nuestros esquemas una y otra vez sin que el film se resienta (quizás, sólo un poquito, al final). Sin grandes alardes técnicos ni moderneces estúpidas, Ozon nos entrega un film más complejo que el noventa por ciento del cine de autor. Ozon tiene algo que contar y sabe cómo hacerlo.

Así pues, amigos, cuidado con desear saber lo que ocurre dentro de la casa ajena.