Mostrando entradas con la etiqueta Francia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de septiembre de 2014

El discreto encanto de la burguesía (Le charme discret de labourgeoisie, 1972)


 Luis Buñuel ganó el Oscar a mejor película extranjera (para Francia) con esta película en 1972. El film es una broma, un capricho del director aragonés más universal.

 La idea del film nace de una anécdota real. Parece ser que Buñuel olvidó que había invitado a cenar a unos amigos (entre ellos el productor Serge Silverman) y estos se presentaron en su casa encontrándose a Buñuel y su señora preparados ya para irse a dormir. A partir de este hecho Buñuel elaboró una irónica radiografía de la burguesía. Clase de la cual provenía y detestaba profundamente.

 No olvidemos, la burguesía fue la clase social que propició la caída del Antiguo régimen, transformándose en el motor económico de las sociedades modernas a partir del siglo XIX. Pero ha acabado acomodada y cayendo en los mismos vicios de las clases dominantes que ellos desplazaron del poder. Para Buñuel la burguesía es una clase social vacía, consumista y sin moral.  El ejército y el clero son sus aliados como lo fueron antiguamente de la nobleza. Algo de todo ello se vislumbra en su film.

 En el film unos burgueses no pueden cenar, parecen tenerlo todo en contra. Al igual que los burgueses de El ángel exterminador, algo inexplicable está en su contra. Quizás el destino se ría de ellos, aunque yo más bien veo la mano de Buñuel burlándose de esta nueva clase dominante. Sus burgueses son corruptos, soberbios, perezosos, infieles y lujuriosos. Tienen todos lo defectos posibles pero siguen creyéndose superiores a los demás. Sus ridículos diálogos sobre la importancia del hielo o la forma de una copa a la hora de elaborar un cóctel ponen de manifiesto la superficialidad y la trivialidad de esta clase social. El resto de personajes no se quedan atrás: los obispos albergan sentimientos de venganza mientras quieren ser jardineros y los militares fuman marihuana.  Para Buñuel todas las clases sociales dominantes parecen estar profundamente corruptas.


 Buñuel recurre a una peculiar estructura narrativa en la que se repiten varias escenas en las que los burgueses no consiguen cenar debido a las más variopintas vicisitudes. El film parece una sucesión de episodios inconexos, sueños y relatos que no vienen a cuento. Sin embargo, Buñuel no usa un surrealismo que impacte al espectador, sino que prefiere usar un tono cotidiano y casi anodino en el que desentonan algunos hechos que descolocan al espectador mientras avanza la trama. Todo el conjunto está teñido del humor negro de Buñuel, quien no deja títere con cabeza, si bien evita deliberadamente provocar la risa en el espectador.
  Buñuel no sólo se ríe de los burgueses y sus costumbres sino que igualmente parece tomarle el pelo al espectador. Valga como ejemplo el ruido del tráfico que hace por momentos inaudible el diálogo entre los personajes, una broma pesada típica del mejor cine del aragonés. Buñuel no da explicaciones ni lleva a ningún sitio. Ya he dicho que sólo es una broma y, como tal, puede que muchos no le vean la gracia.


Valga como ejemplo del carácter cascarrabias y burlón de Don Luis la siguiente anécdota: Estando su film nominado al Oscar a mejor película extranjera, a pocos días de la ceremonia un periodista le preguntó sí creía que iba a ganar el Oscar. Buñuel afirmó que sabía que lo iba a ganar ya que había pagado los 25.000 dólares que costaba el premio y que los americanos eran muy cumplidores cuando había dinero de por medio. El revuelo fue considerable pero fue mayor cuando efectivamente El discreto encanto de la burguesía ganó la preciada estatuilla. Buñuel, una vez más, se mofaba de los reconocimientos y los premios (que son algo realmente muy burgués).

Un film único y desconcertante (como siempre en Buñuel).

lunes, 19 de mayo de 2014

La Venus de las pieles (La vénus a la fourrure)



 A sus 80 años, Roman Polanski tiene ya muy poco que demostrar. Con una carrera tan extensa y con un ramillete de obras maestras bajo el brazo, el viejo y polémico director no parece dispuesto a rendirse ni a vivir de las rentas. Que a estas alturas Polanski se embarque en un proyecto así de arriesgado me parece digno de elogio.

La venus de las pieles es una adaptación de la obra de teatro del mismo nombre de David Ives que consta de dos únicos actores en un teatro sin parar de hablar. El viejo zorro Polanski parece el director ideal para este proyecto ya que ha demostrado en el pasado su indudable arte a la hora de ofrecernos buen cine con pocos actores y pocas localizaciones. Films como Repulsión, El cuchillo en el agua, La muerte y la doncella o Un dios salvaje dan buena fe de ello.

 Quizás no sea una premisa muy alentadora para el espectador medio, pero en las manos adecuadas se convierte en un estimulante juego de seducción y dominación. El film es un fluido y adictivo diálogo en el que la ficción y la realidad se irán fusionando cada vez más hasta que sea imposible saber si lo que estamos viendo forma parte de la representación del texto o de sus propias vidas. ¿Son los personajes los que hablan a través de los actores o son los actores los que se aprovechan del texto para mostrar sus sentimientos?.  El juego que se establece entre los personajes traspasa lo que era un mero casting y acaba siendo un ejemplar homenaje a las artes escénicas y a quienes las hacen posibles. Desde los escritores a los actores pasando por los directores teatrales, el film es un ejercicio de merecido reconocimiento a todos ellos. No sólo eso, también reivindica a las musas, esas mujeres que siempre han inspirado las más bellas obras de arte realizadas por hombres.

Polanski dirige con maestría y pulso firme. Me gustó el uso de los pocos recursos de los que dispone haciendo gala de ese lema que dice Menos es más.  Su mayor logro es conseguir que nos apasionen tanto la obra que representan los personajes como su propia historia personal (ambas avanzan en paralelo). A pesar del largo diálogo entre estos dos únicos personajes, el ritmo y el interés no decaen.

 Puede que el libo de Leopold von Sacher-Masoch (quien dio nombre al masoquismo), la obra de teatro y el film hayan salido de mentes masculinas pero el mensaje es claramente feminista. Las mujeres son retratadas como mucho más inteligentes que los hombres, quedando éstos como unos peleles. A pesar de la inicial superioridad del personaje masculino (un prestigioso director teatral) sobre una modesta actriz de tercera, las tornas se irán cambiando y la inicial desidia hacia esta vulgar mujer se tornará en fascinación. La magia del teatro convertirá a esta actriz en la candidata ideal y el director entrará en un peligroso juego de dominación a la par que el personaje que representa. Las fronteras entre realidad y ficción se diluyen hasta llegar a un onírico final que quizás defraude a muchos (entre los que me incluyo). Una pena.


 Toda esta evolución no sería verosímil si no se cimentara en unos buenos actores (no hay mucho más en lo que basarse). Tanto Mathieu Amalric como Emmanuelle Seigner me resultaron perfectos en sus papeles. Ambos están en sus mejores interpretaciones hasta la fecha. El film se hubiera venido abajo si su trabajo no hubiera estado a la altura. En especial, me sorprendió Emmanuelle Seigner, a la que siempre he considerado una actriz del montón que tuvo la suerte de casarse con un director de renombre (de hecho, sus papeles más destacados son en las películas de su marido). Sin embargo, Seigner aquí despliega una serie registros que la convierten en una actriz a tener en cuenta. Ahora que pasa de la cincuentena ya es hora irse desprendiendo de su imagen de mujer fatal. Reconozco que me gustó mucho en su complejo y contradictorio personaje. Seigner es capaz de hacer creíble el peligroso juego que se establece entre su personaje y el de Amalric. Por cierto, Amalric tampoco es santo de mi devoción pero aquí me convenció desde el principio.

Viendo el film me vino a la mente la idea de si Polanski no había vertido algo de sí mismo en el personaje del director teatral. No es difícil encontrar paralelismos entre el personaje de Almaric y el propio Polanski, aparte de un cierto parecido físico. Conocida es su fascinación de Polanski por las mujeres (más de un quebradero de cabeza le ha traído) e incluso aquí ha contado una vez más con su actual pareja y musa como protagonista. Así pues, creo que algo de autobiográfico se puede intuir en esta película.

 Resumiendo, La Venus de las pieles es una alabanza al noble arte del teatro y un fiel reflejo de las pasiones humanas.

6

miércoles, 12 de marzo de 2014

Joven y bonita (Jeune et jolie)


 Me gusta el cine morboso y retorcido de François Ozon tipo En la casa. Ozon es un voyeur y lo mejor de su cine es que consigue convertir en voyeurs a los espectadores.

 Vayamos por partes, a mí Joven y bonita me recordó a Belle de Jour de Luis Buñuel. En ninguna de las dos cintas entendemos qué es lo que hace dedicarse a la prostitución a las protagonistas. Lo tienen todo pero nada les apasiona. Su vida es tan fácil y aburrida que deben de complicársela (a ellas y a los que les rodean) dedicándose a algo tan sórdido como la prostitución (de lujo, eso sí). Aquí el drama es mayor ya que la protagonista es menor de edad y, si bien la interpretada por Catherine Deneuve en el film de Buñel era una mujer formada, esta chica parece tener bastantes aspectos de su personalidad que necesitan perfilarse todavía.  La joven modelo Marine Vacth posee una gélida belleza que compite en frialdad con la de Catherine Deneuve.


 ¿Es tan traumática la primera experiencia sexual de la protagonista como para que se desencante del mundo adulto? ¿Decide en ese momento que los hombres son seres sobre los que ejerce una notable influencia y decide sacar provecho de ello? ¿Qué significa la visión de sí misma que tiene en la playa durante su primer contacto sexual?. En definitiva, ¿Qué busca la protagonista prostituyéndose? ¿Busca la protección del padre ausente? ¿Para qué quiere el dinero? Son múltiples las interpretaciones y dudo de que ninguna sea totalmente satisfactoria.

 Me gustó cómo está narrada la relación entre los dos hermanos y cómo la familia se resiente cuando salen a la luz las actividades de la hija adolescente. Ozon retuerce la trama sin buscar que entendamos lo que ocurre en la cabeza de la protagonista. Más bien parece que disfruta guardándose ases en la manga. Ozon juega con el espectador una vez más. Sabe que su historia nos fascina aunque no comprendamos las motivaciones de su protagonista, ella misma ya nos resulta fascinante en su doble vida.
Joven y bonita no llega al nivel de En la casa, se deja ver sin problemas y no aburre (que ya es mucho hablando de cine francés) pero se queda a medio camino de ningún lugar. Quizás era ésa su intención.

6


lunes, 17 de febrero de 2014

La vida de Adèle (La vie d'Adèle, Blue Is the Warmest Color)



El cine francés sigue dando muestras de calidad a pesar de la crisis. Siempre hay buenas historias que contar y los franceses saben muy bien que no hacen falta grandes presupuestos para entregar una historia que consiga transmitir toda su carga emotiva al espectador.



 En La vida de Adéle el director Abdellatif Kechiche adapta el cómic de Julie Maroh sobre la historia de una adolescente que no encuentra su lugar en la vida. Kechiche narra de forma aparentemente sencilla esta historia de iniciación y aceptación en la siempre difícil pubertad. No es que la historia sea nada del otro mundo, pero Kechiche consigue que sintamos cada duda y cada decepción de la protagonista. Tal es el esmero y la sutileza con la que está tratado el personaje principal. Es tal la fusión entre Adéle Exarchopoulos y el personaje, que Kechiche hasta le cambió el nombre a su protagonista. Se nota que director sintió una especial fascinación por la actriz, sólo así se puede explicar esa manera de hacernos sentir como si fuéramos el personaje. Gracias a ello tenemos una interpretación memorable, en la que uno no sabe dónde acaba el personaje y dónde empieza la actriz. No sabemos qué gestos son impostados o aprendidos, todo resulta totalmente veraz, el personaje de Adéle (con sus dudas, sus miedos y sus errores) está vivo. Es esa verosimilitud el mayor triunfo del film.


 El film parte de la idea de cómo la presión social nos condiciona desde niños y acaba por moldearnos en la pubertad, justamente la edad en la que debemos decidir qué camino queremos (o debemos) seguir en la vida. Adèle no se siente cómoda dentro de su propia piel, no acaba de encontrarse a sí misma (suponiendo que tal cosa sea posible). La presión social y las costumbres la arrastran por un camino que ella se esfuerza en seguir pero que no le satisface. Deberá buscar su propia personalidad y aceptarse a sí misma. Pero la cosa no será tan fácil, las compañeras de instituto y los amigos pueden llegar  a ejercer involuntariamente una presión enorme. Adéle deberá aceptar su propia sexualidad y para ello pasará por no pocas decepciones. Por el contrario, el personaje de Léa Seydoux es una joven artista con un futuro prometedor que parece tenerlo todo muy claro, ella puede ser la guía para la vida de Adèle. Juntas formarán una pareja que se complementará perfectamente.
 Es en la segunda parte del film cuando el interés decae en buena medida, todo el metraje anterior empieza  a pasar factura al espectador y , aunque la historia no está exenta de interés, nos interesa algo menos. Por suerte Kechiche no carga las tintas en la frustración de la vida adulta en busca de un falso drama lacrimógeno. Consigue mantener la cabeza fría en todo momento por muy mal que lo pase nuestra protagonista. A mí me gustó la forma de afrontar el desencanto de la edad adulta y el desamor. Pasamos de ver a una adolescente que debe encontrar su camino a una mujer que lo ha perdido. No estamos ante un film fácil ni que ceda en lo más mínimo de sus planteamientos para agradar al espectador. Esta dura historia debía de ser contada así. Tampoco veo ninguna lección moral. De haber alguna, yo diría que es: hay gente que no está diseñada para ser feliz, lo intentan con todas su fuerzas pero nunca lo van a conseguir.

 Lamentablemente, una vez más vemos como una  muy buena historia perfectamente interpretada y dirigida pierde buena parte de su interés a causa de un excesivo metraje. 180 minutos son demasiados. Quizás hubiera sido mejor estrenar por separado las dos partes de las que se compone el film. No creo que hubiera que haber eliminado escenas enteras, sólo partes. Hubo varias escenas que se me hicieron muy largas y no aportaban demasiado (las cenas con los padres, las fiestas, algún encuentro sexual, las clases con los niños).
 ¿Hay sexo en la película? Pues sí, y mostrado de forma muy explícita, bordeando los límites de lo pornográfico pero creo yo que en ningún momento son escenas que busquen provocar un sentimiento erótico en el espectador. Son escenas que muestran el aprendizaje, uno más, de Adèle y cómo el sexo es (o debería ser) una pieza clave dentro de toda relación sentimental. Espero que nadie cometa el error de ver esta película sólo por las escenas de sexo entre Léa Seydoux y Adéle Exarchopoulos, Deben ser algo así como unos 8 minutos de metraje.

 Lo dicho, una buena película que sobre la iniciación a la vida adulta y la posterior decepción.

7

miércoles, 17 de abril de 2013

En la casa (Dans la maison)



Todos somos cotillas, para qué vamos  a negarlo. Nos encanta saber lo que ocurre en las casas ajenas, un morbo indecente nos empuja a saber más de las miserias de los demás. De este espinoso tema habla En la casa.

 François Ozon adapta la obra “El chico de la última fila” de Juan Mayorga. François Ozon elabora un excelente ejercicio sobre la creación de una obra literaria, el estilo y el desarrollo de los personajes. Al mismo tiempo plantea un inquietante juego del gato y del ratón del que ni los protagonistas ni el espectador son capaces de escapar. Lo que empieza como un inocente ejercicio de redacción en una clase de lengua va mutando hacia una enfermiza obsesión de consecuencias insospechadas.  Todos los personajes acabarán implicándose en la trama y serán víctimas de un juego que, erróneamente, siempre creyeron controlar.

Me pareció excelente el matrimonio formado por Fabrice Luchini, el profesor, y Kristin Scott Thomas, su mujer. Me recordaron al formador por Woody Allen y Diane Keaton en Misterioso asesinato en Manhattan. En ambas películas, un matrimonio sale de la monotonía gracias a su propia interpretación de la realidad. En su intento de salir del aburrimiento, se dejan arrastrar por un juego detectivesco de intromisión en la privacidad de los demás. Si el film de Allen derivaba hacia la comedia, En la casa se decanta por el thriller de intriga aunque no se define claramente. El delito de sus protagonistas es mucho mayor, no sólo son cotillas, sino que fingen estar al margen mientras intentan dirigir la narración sin saber que ellos mismos están involucrados. Su fantasía acabará por atraparles.

 Cabe destacar a una recuperada Emmanuelle Seigner, ya no es la sensual joven de Lunas de hiel (el tiempo no pasa en balde para nadie, amigos, para nosotros tampoco) pero sigue teniendo una presencia inquietante en pantalla. La mujer de Polanski encarna perfectamente a esa aburrida mujer de clase media. ¿Qué adolescente no se sentiría fascinado por la madre de un amigo así? El joven Ernst Umbhauer interpreta magníficamente al alumno que desencadenará toda la trama.

Ozon funde el lenguaje cinematográfico y el literario en una obra de compleja sencillez pero repleta de detalles. Los continuos cambios de género y estilo hacen de este film algo fuera de los común y muy por encima de la media. Ozon sabe a lo que está acostumbrado el espectador y deliberadamente rompe nuestros esquemas una y otra vez sin que el film se resienta (quizás, sólo un poquito, al final). Sin grandes alardes técnicos ni moderneces estúpidas, Ozon nos entrega un film más complejo que el noventa por ciento del cine de autor. Ozon tiene algo que contar y sabe cómo hacerlo.

Así pues, amigos, cuidado con desear saber lo que ocurre dentro de la casa ajena.

jueves, 11 de abril de 2013

La chica del puente (Le fille sur le pont,1999)


Me fascinan las películas que versan sobre la suerte, ya lo he dicho alguna vez. Me parece que intentar darle un sentido a la existencia es algo totalmente normal. Unos creen en los astros, otros creen en Dios y otros creen en la ciencia, pero hay que creer en algo. Necesitamos pensar que existe algo por encima de nosotros (llámese ciencia, Dios o superstición) que le da un sentido a nuestra existencia.

 La suerte es ese algo intangible e indemostrable que puede servir para explicar ciertas cosas. Todo lo achacable a la suerte se puede achacar igualmente a la casualidad o la causalidad, pero la suerte da mucho más juego en el cine.

 En la chica sobre el puente nos encontramos con dos personajes desesperados: una chica con mala suerte en la vida (suponiendo que tal cosa exista) y un lanzador de cuchillos fracasado. Ambos dan por perdidas sus existencias y no les quedan fuerzas para seguir. Pero, cuando todo parecía perdido, el azar (o la suerte) hace que ambos coincidan sobre un puente (de ahí el título del film), sus destinos se unen y forman una pareja de fracasados sin nada que perder y mucho que ganar. Su relación estará marcada por la dependencia y la confianza mutua aunque nunca ninguno tenga fe en el futuro, ambos saben que no hay futuro. Ella será su talismán y él será su Pigmalión, las puertas del éxito de abrirán para ellos. Quizás el destino dependa de un golpe de suerte o de empezar a creer en uno mismo.



 Patrice Leconte dirigió esta curiosa película en 1999. Rodada en un magnífico blanco y negro, sobre el film planea en todo momento una sombra de tristeza. El decadente mundo del circo y los casinos es el marco ideal para esta peculiar historia de amor. Laconte nos propone un juego de azar del que nos será muy difícil escapar. Su historia no tiene nada de convencional, no es la típica historia de chico conoce a chica, todo lo contrario, más bien sería fracasado conoce a suicida. A partir de ahí el film no deja de sorprender y agradar.


La pareja protagonista formada por Daniel Auteill y Vanessa Paradis está perfecta en sus complejos personajes. Auteill es uno de los mejores actores del país galo, así de claro. Por su parte, la Paradis me sorprendió gratamente, ya en la primera escena (con ese intenso primer plano de 8 minutos rodado en una única toma) es capaz de desplegar una gran carga emocional. Creo que La chica del puente es su mejor película y su mejor  personaje. Sinceramente, resulta casi imposible no caer a los pies de la Paradis viendo esta película.

 En uno de los momentos más mágicos del film suena la canción "Who will take my dreams away?" de Marianne Faithfull y Angelo Badalamenti, gran canción ya usada en el fascinante film La ciudad de los niños perdidos de Jeunet y Caró. Aquí contribuye a crear un momento sublime del séptimo arte para quien escribe. Pocas veces he visto el romanticismo, el peligro y la tensión sexual plasmados de una forma tan delicada.

 La chica sobre el puente no es sólo un film sobre la suerte, trata de la inestabilidad del ser humano, de la confianza, de amores que es mejor no consumar y de la necesidad de creer en algo por inverosímil que sea.

Buena película.

martes, 2 de abril de 2013

Mi tío (Mon oncle, 1958)


Cinco años después del éxito cosechado por Jacques Tati con su film "Las vacaciones del M. Hulot", Tati recupera a este entrañable personaje para esta fábula sobre el mundo moderno.

 En la década de los años 50 del siglo pasado el mundo estaba cambiando rápidamente, tras la segunda guerra mundial vino un tiempo de reconstrucción y desarrollo en casi toda Europa. El mundo se dividía en bloques, se produjo un importante desarrollo industrial y los avances científicos se incorporaron rápidamente a la vida cotidiana. Jacques Tati nos ofrece en Mi tío su particular y divertida visión de esta vida moderna.

 Ya desde los excelentes títulos de crédito Tati deja claras sus intenciones. Acompañado de una músicas inolvidable, el film empieza mostrándonos un barrio tradicional, de los de toda la vida. Sus calles y sus habitantes viven en plena armonía: charlas en las plazas, compran en los mercados, etc. Pero esa armonía se quiebra en un plano en el que vemos tras una puerta semiderruida una urbanización de modernos edificios. El modernismo no parece ser del agrado de Tati, siendo esta película un ataque a esta modernidad mal entendida. Una modernidad que se olvida de las relaciones personales y se centra en las apariencias.

 Tati contrapone el mundo moderno (consumista, frío, distante) con el mundo tradicional. Dos formas opuestas de vivir. En el mundo antiguo se primaban las relaciones personales, el diálogo con los amigos, el tomar unas copas, etc mientras en el mundo moderno se prima la apariencia, la privacidad y el aislamiento. Tati no hace una agria crítica social sino que usa la ironía y el humor para burlarse del sinsentido al que nos lleva la vida moderna. Para mostrarnos la superficialidad del mundo industrial Tati se sirve de ciertos objetos. Las mangueras de plástico que produce el cuñado en su fábrica están absurdamente omnipresentes en todas las escenas que allí ocurren. La puerta de entrada a la moderna casa es otro elemento ridículo que entorpece la comunicación con el exterior, de igual manera el timbre no puede ser más insidioso. mi objeto favorito es la fuente con forma de pez, toda una metáfora de la falsedad del mundo moderno. Es un objeto ruidoso y para nada funcional, pero queda bonito. Normalmente está apagado, pero se enciende cuando llega alguna visita del exterior, le da un toque moderno a la casa y viste mucho.


El niño es el nexo de unión entre los dos mundos, es evidente que es mucho más feliz con sus amigos del barrio viejo o con su tío que en la moderna casa de sus padres. Tati hace chocar aún más estos dos mundos haciendo que el tío entre a trabajar en la fábrica de su cuñado, la automatización y el trabajo no están hechos para el tío Hulot, quien se pasa buena parte de su jornada descansando o durmiendo, el mundo moderno no es para él (velada referencia a Chaplin y su Tiempos modernos). Es evidente en todo el film la influencia del cine mudo en su planificación y el desarrollo de muchos gags visuales. El sombrero y el paraguas del tío (interpretado por el propio Tati) son dignos herederos del bombín y el bastón del gran Charles Chaplin. 


 Podría parecer que Mi tío es sólo una sucesión de gags, algunos de ellos realmente geniales, sin aparente conexión entre ellos, pero yo opino que todos aportan algo a este peculiar mundo de Tati. La escena de la recepción en el jardín me pareció fabulosa, mejor que la posterior de El guateque de Blake Edwads con Perter Sellers, que prácticamente se puede decir que toma muchas cosas prestadas de Mi tío. También la escena del tío en la cocina es desternillante. Pero el tono general del film es de amable comedia que consigue que el espectador siempre tenga una sonrisa en la cara y a la vez reflexione sobre lo que está viendo. tati no eleboró un film de denuncia o un film combativo, prefirió la ironía y el humor para exponer su punto de vista.

El éxito de crítica y público de Mi tío fue enorme, incluso ganó el Oscar a mejor película extranjera y el premio especial del jurado en Cannes. No se puede negar su influencia en muchos directores posteriores como Jean-Pierre Jeunet (evidente especialmente Delicatessen o Amélie) o Javier Fesser (El milagro de P. Tinto).

Mi tío es un film entrañable y divertido cuyo mensaje sigue vigente hoy en día, 55 años después de su estreno.

jueves, 27 de diciembre de 2012

De óxido y hueso (De rouille et d'os)


 El director francés Jacques Audiard gustó mucho con Un profeta, en su nueva película centra su mirada en una realidad incómoda  que nadie quiere mirar.

De óxido y hueso no es la típica historia de chico conoce chica. Avisados estáis. Ni siquiera hay un romance aunque sí se puede decir que es una historia de amor. Audiard se sale deliberadamente de los cánones del cine convencional y nos presenta a unos personajes heridos por la vida pero que no tienen más remedio que seguir viviendo.

El personaje principal, encarnado magistralmente por Marion Cotillard, ha sufrido un accidente que le ha dejado terribles secuelas que la marcarán de por vida, teme exponerse a los demás y añora irremediablemente una vida que ya no va a volver. Le hacen daño las cosas que antes amaba y se encuentra sola en un cuerpo que ya nunca será lo que era.
Mientras Mathias Schoenaerts representa a un tipo bastante simple que se enfrenta a una situación desesperada, debe hacerse cargo de su hijo mientras busca trabajo como segurata en empresas y discotecas. Su afición a las peleas y la urgencia de dinero le harán meterse en peleas clandestinas. Ambos han recibido palos bastante duros de la vida e intentan rehacer sus vidas, sólo la desesperación logrará unir sus destinos. No son dos personajes habituales de una historia de amor. Quizás por eso resulten tan creíbles y tan cercanos.


No es un film perfecto: tiene algunos problemas de ritmo, hay situaciones un poco forzadas y el final no me acaba de encajar, pero nada importa si en pantalla está la grandiosa Marion Cotillard en estado de gracia. Cotillard no sólo se come la pantalla en cada escena, sino que la traspasa y trasmite todo el dolor de su personaje. Impresionante la escena del despertar tras el accidente o la del balcón, por citar sólo un par. Un personaje tan difícil requería de una actriz excepcional, fuera de serie, y Marion Cotillard lo es.

Audiard no se recrea en lo escabroso o desagradable pero tampoco lo evita. Incluso logra cierta belleza en momentos realmente duros como la imagen de la muela dando vueltas por el suelo o la forma casi onírica de rodar el accidente. Por cierto, Audiard pone la tecnología al servicio de la historia y no al revés, que suele ser lo habitual. Audiard se sirve de los efectos para sumergirnos en una terrible realidad, no para escapar de ella.


  De óxido y hueso no es de fácil visionado (recomiendo a los aficionados a los blockbusters que huyan de este film como si de la lepra se tratara). Es un film imperfecto y áspero, pero recomendable.
7

jueves, 20 de diciembre de 2012

Martyrs (2008)



Martyrs provocó en su día un importante revuelo entre los aficionados al cine de terror y el slasher. Pascal Laugier parece enmarcarse en esta nueva hornada de directores franceses dispuestos a darse a conocer a base de sangre y emociones fuertes. De esa escuela salió Alexandre Aja, cuyo film Haute tension (2003) tampoco dejó indiferente (quiero decir con el estómago en su sitio) a nadie y que fue domesticado por Hollywood para realizar remakes como Las colinas tiene ojos, Piraña 3D o pelis fallidas como Reflejos ). También salieron de Francia Alexandre Bustillo y Julien Maury, quienes también removieron estómagos  con À l'intérieur. Todos ellos parecen tener una enfermiza obsesión por hacer sufrir a las mujeres en sus películas.

 Pascal Laugier escribe y dirige en Martyrs una historia que evita los convencionalismos y  lugares comunes en los que el cine de terror ha caído desde hace décadas. Toda innovación en un género tan caduco como el terror es siempre bien recibida por mi parte. Laugier huye hacia delante y se sumerge en el lado más atroz y cruel del ser humano. Opta por ser muy poco sutil y nos ofrece una orgía de sangre y situaciones extremas que no serán del agrado de muchos espectadores.  El film tiene un estupendo arranque, no pierde tiempo en presentar personajes y va directo al grano. Los primeros 45 minutos de Martyrs son una perversa mezcla de géneros que hará las delicias de los fans del terror más brutal. Laugier le imprime un ritmo endiablado, configurando un inicio intenso, duro y sangriento. Toda la parte inicial con las dos protagonistas en la casa me gustó bastante.
Pero (siempre hay un perotras 45 minutos de infarto el film sufre un parón del que ya no se recupera. Puede que la idea no diera para más o puede que este tipo sea demasiado pretencioso intentando hacer la película definitiva sobre el mal. El film cae en una larga espiral de violencia sin sentido que a mí me acabó asqueando y aburriendo a partes iguales. Laugier no hace concesiones y su film es realmente insoportable por momentos. A mí la escena de la bañera se me hizo especialmente indigesta, al nivel de A serbian film. Ensañarse con la crueldad y la violencia nunca me ha gustado. Tampoco la retorcida teoría para justificar tanto sufrimiento me parece que tenga ni pies ni cabeza, pero fanáticos hay en todos los lados y ya sabemos que lo caminos del señor son inescrutables.




Tampoco me puedo hacer una idea de lo duro e intenso que tuvo que ser el rodaje, sobretodo para las dos actrices protagonistas, todo un auténtico calvario.Es en esta última parte cuando se evidencian ciertas herencias de films como Los sin nombre o REC (ambos casualmente de Jaume Balagueró) o incluso Hellraiser para configurar su particular pesadilla. Por cierto, se rumoreó que Laugier, iba a dirigir el remake de Hellraiser, no se me ocurre un tipo más adecuado (por lo insano y las ganas de torturar al espectador) para tal proyecto. Finalmente Laugier abandonó por diferencias con los productores. Parece ser que éstos querían hacer un film mucho más enfocado a los adolescentes. Una pena.

Martyrs no es el típico inocuo film de terror con un par de sustos y poco más al que estamos acostumbrados. Es mucho más retorcido y perverso. Avisados estáis.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Holy motors



  Holy motors no es una película convencional, no es una película que cuente una o varias historias. Holy motors intenta contar muchas cosas, demasiadas, y lo hace de manera surrealista y fascinante.

Holy motors no es un film para espectadores acostumbrados a que todo tenga sentido, a que todo encaje. Holy motors es un experimento, una deliciosa locura que se disfruta mucho más si no le buscas un sentido ya que, probablemente, no lo tenga. Holy motors es un homenaje al cine, desde sus prometedores inicios hasta su preocupante presente y su más que incierto futuro. Por supuesto que el cine seguirá, necesitamos que nos cuenten historias, pero ya nada será igual.


Desde la primera y onírica escena, Holy motors deja claro que el cine es un barco a la deriva atiborrado de espectadores adormilados que ven siempre la misma película. La sala de cine se ve amenazada por unos peligrosos perros que deambulan por el patio de butacas, las grandes productoras de basura vigilan que nadie despierte. Leos Carax aboga por abofetear al espectador  y despertarle de su letargo, necesitamos imaginación e ideas. Carax se sirve de un surrealismo salvaje cercano al mejor Buñuel para ofrecernos multitud de símbolos, algunos totalmente imposibles de interpretar. Puede que el futuro esté en los videojuegos y en el cine digital, pero siempre necesitaremos historias. El protagonista viaja en limusina por París representando diversos papeles sin motivo aparente. Son encargos, alguien le contrata para que él represente personajes necesarios. Puede que no haya espectador pero el trabajo debe realizarse. El trabajo del actor Denis Lavant es simplemente alucinante, a pesar de tener un físico tan peculiar, el tipo sabe meterse en la piel de once personajes de manera pasmosa. Su forma de expresar la psique a través de los movimientos de los personajes es toda una lección de interpretación.
 El film elabora la parábola sobre que todos somos actores, todos actuamos delante de los demás, todos llevamos varias máscaras puestas a lo largo del día. Quizás por ellos el protagonista apenas es interesante cuando no actúa, cuando es él mismo. Cuando se encuentra con un antiguo amor, no sabe cómo actuar ni que decir, no tiene personalidad y deja pasar su última oportunidad. Aunque puede que también esté actuando, no hay manera de saberlo.

Por cierto, me gustó Kylie Minogue y su peculiar número musical (¿ya he dicho que esta peli es una locura?), Kylie interpreta a otra actriz dispuesta a llevar su personaje hasta sus últimas consecuencias. También me gustó la aparición (que no interpretación) de Eva Mendes en un pasaje brutal que todavía no soy capaz de encontrar un significado, quizás sea un error intentar que todo encaje en un film así de desquiciado.
Lamentablemente, Carax parece perder el rumbo intencionadamente y algunas innecesarias excentricidades hacen a su film perder varios enteros, no sé a qué viene el diálogo final entre limusinas ni alguna otra cosilla más. No sé cómo explicarlas ni les veo el sentido, pero ya he dicho que no todo debe encajar.
Puede que la desconcertante trama del film no sea de fácil asimilación por el espectador medio acostumbrado a las pelis de Stallone pero si le das una oportunidad puede que Holy motors no sólo te sorprenda, puede que, con suerte, te fascine. A mí me pasó.

De regalo os dejo un momento memorable del film, la versión con acordeones del clásico del blues de RL Burnside, Let my baby ride.

 

7

martes, 7 de agosto de 2012

Hoy empieza todo (Ça commence aujourd'hui, 1999)


Daniel Lefebre es un héroe. No va a salvar al mundo de una hipotética y poco probable invasión alienígena ni va a ser el inventor de la energía renovable definitiva. Daniel Lefebre es un simple director de escuela de una ciudad rural francesa afectada por la reconversión de la minería. En una ciudad con una tasa de paro del 30 % y mucha familias en apuros Lebefre no se rinde, es un héroe por creer en lo público y en la educación de los niños como base de un futuro mejor.

Hoy empieza todo es una acertada radiografía de la Francia más empobrecida de finales de los años noventa, pero sus temas y sus conclusiones son perfectamente trasladables a esta España sumida en la crisis actual. Han pasado 13 años desde que se estrenó esta pequeña maravila y hoy sigue tan vigente como entonces. Hoy más que nunca necesitamos a profesores motivados con su trabajo y que no se limiten a cumplir el expediente. De los políticos y los burócratas ya sabemos que podemos esperar mucho, pero somos los ciudadanos los que debemos exigirles que cumplan con sus obligaciones y compromisos. En un país como el nuestro en el que la crisis está sirviendo de escusa para desmantelar el estado de bienestar (empezando por la educación y la sanidad) los ciudadanos no debemos quedarnos de brazos cruzados. Por eso Daniel Lefebre es un héroe, porque no se rinde (aunque tenga sus dudas). No se limita a hacer su trabajo e irse a casa olvidando los problemas que ve a diario. Daniel opina que la educación recibida durante la infancia es fundamental para el posterior desarrollo de las personas. Él lo sabe bien.

El guión de Hoy empieza todo fue escrito por Dominique Sampierom, maestro de escuela durante 20 años en una localidad muy parecida a la retratada en el film. Sampierom plasmó buena parte de sus experiencias en el terreno de la enseñanza, sus sinsabores y sus gratificaciones. Se nota en cada escena que cada frase ha salido de la observación de la realidad.

 EL maestro Bertrand Tavernier rueda de forma apasionada esta gran historia llena de momentos cotidianos. El uso de actores no profesionales (muchos de ellos profesores en la vida real) le confiere una espontaneidad que tan de agradecer es en este tipo de cine social (quizás sólo igualada por Ken Loach). Tavernier trasmite su apasionamiento por los niños y por su futuro de manera admirable, sin trampas ni recurriendo a recursos tramposos como la lágrima fácil. Tavernier hace reflexionar y emociona a base de diálogos y situaciones de lo más mundano pero rodados de forma magistral. Tavernier no juzga a los personajes y les deja que cada uno de ellos explique y los motivos de sus actos. No hay buenos y malos en esta película, sólo hay personas que se han rendido y los que aún tienen ganas de luchar aunque la batalla no pueda ganarse. Esa horrible y maldita batalla del día a día, la peor de todas.

Hoy empieza todo, no bajéis la guardia.

martes, 15 de mayo de 2012

La llave de Sarah (Elle s'appelait Sarah, 2010)



Nada, continuo con mi molesta costumbre de hablar de películas que no ve nadie. En este caso creo que es una pequeña pena que esta película no haya tenido más repercusión. No es que sea de obligada visión, pero sí que La llave de Sarah es un film recomendable con el que vale la pena perder dos horas de nuestro valioso tiempo. No todo va a ser fútbol.

La llave de Sarah es un film francés dirigido por Gilles Paquet-Brenner que adapta la novela de Tatiana de Rosnay). El film nos sitúa en el agitado verano de 1942 en el seno de una familia judía en el París ocupado por los nazis. Obviamente, las cosas no se pondrán nada fáciles para la familia de nuestra niña protagonista, la Sarah del título. Pero el acierto de la película es que nos transporta 60 años en el tiempo hasta que una periodista americana que investiga uno de los hechos más vergonzosos y menos conocidos de la Segunda Guerra Mundial. Nuestra protagonista en el presente (Kristin Scott Thomas) descubre casualmente qué le ocurrió a la familia que ocupaba el apartamento en el que ahora ella va a vivir. La investigación se tornará en toda una obsesión por conocer la verdad y el paradero de aquellos personajes que una vez vivieron en ese lugar. Las dos líneas temporales (separadas por más de medio siglo) acaban atrapando al espectador casi por igual.

El film no es fácil de ver, yo me emocioné varias veces, hay algún momento bastante angustioso (sobretodo si eres padre) que te lo hace pasar francamente mal. Reconozco que estoy sensible con el tema y que todo lo que tenga que ver con el holocausto y los niños me afecta especialmente. Pero este film logró captar mi interés gracias a una interesante historia bien llevada. Paquet-Brenner sabe que la novela que adapta tiene mucho potencial y no arriesga con moderneces ni cae en excesos (que podría haberlo hecho fácilmente). Tampoco busca los aspectos más escabrosos, centrándose en narrar de forma eficiente la historia.
 Y vaya si lo consigue, yo puse la peli un día entre semana a ver que tal estaba y me estuve hasta casi la una de la mañana. No la vi entera pero me pasé todo el día siguiente dándole vueltas a la peli y a su posible conclusión. Lamentablemente, los veinte minutos finales decaen un poco y el final del film no está a la altura de lo esperado. Tras tantas emociones y tragedias a lo largo del film la conclusión decepciona un poco y puede que le sobren minutos. Opino que el esclarecimiento de los hechos más teribles se deberían haber dejado para el final, logrando así un efecto mucho más impactante y evitando que el interés decayera. Pero es sólo una opinión.

El film propone una reflexión sosegada sobre el pasado y cómo nos afecta en nuestras vidas, incluso lo que hicieron personas a las que nunca conocimos. Quizás nunca conozcamos realmente a nadie. La llave de Sarah no es un film perfecto pero está bien, aunque intuyo que la novela es mucho mejor.

sábado, 7 de abril de 2012

Intocable

Basada en una historia real Intocable ha sido el éxito del año en Francia. Una vez más, tengo que reconocer que el público francés no ha ido a las salas de cine en masa por puro chovinismo sino por que el film vale la pena. Sin ser ninguna maravilla, ni pretenderlo, Intocable transmite unas ganas de vivir y un buen rollo que es muy de agradecer en los tiempos que corren.


 Es muy fácil hacer comedias con chicos guapos en un instituto o con los tópicos personajes de siempre, pero hacer comedia partiendo de unas situaciones tan duras como las que presenta en este film, eso, amigos, tiene mucho mérito. la historia de un tetrapléjico y un inmigrante en paro podría haber sido un drama de cuidado o un film de denuncia social (a lo Ken Loach), pero Intocable acierta plenamente con el tono. Ahí reside casi todo su mérito, en saber cómo tocar la fibra adecuada en cada momento. Yo reconozco que me reí bastante (no suele pasarme con las comedias francesas, he de reconocerlo) e incluso me emocione en varios momentos (tampoco me pasa tan a menudo).

La película se fundamenta en un buen guión y en unas acertadas interpretaciones que consiguen la empatía con el espectador desde el primer momento. El trabajo actoral de la pareja protagonista es simplemente perfecto. La contagiosa sonrisa de Omar Sy y su forma de bailar proporcionan los mejores momentos del film. También la contenida (no le queda más remedio) interpretación de François Cluzet como el millonario tetraplégico merece ser elogiada. Realmente no hace falta nada más para hacer una buena película que nos haga pasar un buen rato: una buena historia y unos buenos actores que se mimeticen perfectamente con sus personajes.
Por suerte, la dirección de Olivier Nakache y Éric Toledano es acertada y comedida. Ni se excede con moderneces estúpidas ni pretende hacer demasiado profunda la historia. El tono del film se decanta por la comedia (un tanto negra a veces) antes que el drama, quedando en un equilibrio que sólo el visionado de las siguientes películas de sus directores nos podrá decir si ha sido casualidad o premeditado. Sea como fuere, funciona.
Véanla, amigos, y déjense contagiar por el espíritu del film. Pasarán un buen rato y volverán a tener ganas de vivir (aunque se les pase a los cinco minutos). Y no vean el remake yanki que seguro que ya están planeando esos buitres de Hollywood (yo apuesto por Dustin Hoffman y Cuba Gooding Jr en los papeles principales).
7

sábado, 17 de marzo de 2012

Le Havre


Le Havre es una ciudad francesa situada de la alta Normandía a orillas del Canal de la Mancha. Pero Le Havre es también la localización de la última película de Aki Kaurismäki de la cual toma prestado el título.

Yo entendí esta película como un cuento de hadas moderno, se pueden sacar muchas interpretaciones distintas pero yo me decanto por la teoría de que Kaurismäki desarrolla un cuento infantil ambientado en una ciudad portuaria.
No hay grandes héroes en este film (el protagonista es un anciano limpiabotas y su escudero es un inmigrante ilegal chino), tampoco hay princesas encerradas en un castillo (más bien ancianas en un hospital), tampoco hay dragones ni caballeros negros (aunque sí haya un policía vestido de riguroso negro que persigue a nuestros protagonistas), sí hay un joven que emprende una larga aventura hacia la tierra prometida (aunque lo haga escondido dentro de un contenedor en un barco). Ni siquiera las estrellas de rock son jóvenes rebeldes. Kaurismäki juega con los elementos típicos de las historias infantiles y los mezcla hábilmente con el problema de la inmigración. No es que trivialice con el drama ni edulcore la dura realidad sino que busca un enfoque distinto. Para dramas sociales ya tenemos al bueno de Ken Loach.
Tampoco Kaurismäki se ciñe a un único género, al inicio del film nos ofrece un pasaje propio del cine de espías y posteriormente nos ofrece una larga interpretación de una canción rock. Kaurismäki es un autor libre que poco tiene que ver con el cine que se hace actualmente.


Tanto el apartado visual como la ambientación del film nos inducen a pensar que la historia ocurre en un tiempo indefinido: los coches parecen antiguos y las casas no son nada glamurosas, sólo el hecho de la oleada de inmigrantes nos coloca en un tiempo no muy lejano del presente. Supongo que así Kaurismäki consigue ese aire de irrealidad que dota al film de una curiosa personalidad. Es una irrealidad que podría semejarse a la de Jean-Pierre Jeunet en films como Amélie o Micmacs, pero mucho más cercana a la cotidaneidad, sin tanto artificio visual. Kaurismäki elabora un sincero canto a la gente llana del pueblo, esa gente que no entiende de leyes ni de fronteras. Ese pueblo llano que se reúne en bares destartalados a charlar o a jugar a las cartas, a esa gente mayor que sobrevive con muy poco y no teme arriesgar lo poco que tiene por ayudar a los que lo necesitan aún más que ellos. El verdadero villano del film es el estado, que con sus leyes y sus normas resulta un problema para los protagonistas. Con estos elementos Kaurismäki consigue no convertir el film en un una comedia o un drama (fácilmente podría haber sido cualquiera de ellos), huye de ambos extremos por igual logrando un film atípico y personal.

Quizás otra gran baza del film sean las interpretaciones de los actores, muy veraces toda ellas. Fácilmente podrían haber caído en el ridículo o la caricatura, pero no ocurre nada de ello.

Lo dicho, un personal cuento moderno que hará que el espectador crea en la raza humana durante 10 minutos tras ver la película. ¿Que si hay un final feliz? Tendréis que verla para saberlo.

sábado, 28 de enero de 2012

The artist


La mayor revolución que ha sufrido el cine en toda su historia no fue el color, ni el cinemascope, ni los efectos digitales, ni el 3D. La mayor revolución del cine fue la llegada del sonoro. La fusión de imagen y sonido dio origen al cine moderno, sepultando para siempre al cine mudo. Toda una industria tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos.

The artist es una película francesa de 2011 que recrea esta revolución que supuso la llegada del sonoro en 1927. Pero lo hace desde el punto de vista del cine mudo. The artist es una película a la antigua usanza, muda y en blanco y negro. Todo un homenaje al buen cine clásico americano de los años 20 y 30 del pasado siglo.   El film relata un Hollywood idílico e idealizado: nada de escándalos sexuales como el de Fatty Arbuckle ni se hace referencia al nefasto código Hays. Así pues, el film es una fábula un tanto edulcorada de un tiempo pasado.
The artist demuestra lo equivocados que estamos muchas veces cuando nos dejamos llevar por elaborados diálogos y rebuscadas moderneces. Esta película demuestra que para narrar una buena historia no es precisa tanta palabrería, es suficiente con una buena historia y unas buenas interpretaciones, ni siquiera se precisan líneas de diálogo (se basta y se sobra con unos cuantos letreros).


 El film tiene un regusto a nostalgia que traspasa la pantalla. Yo no soy un nostálgico ni creo que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sí creo que antes se hacía mejor cine que ahora.The artist es un trozo de cine clásico transportado en el tiempo hasta nuestros días. Es una gran película llena de sentimientos y emociones que demuestra que estos últimos no han variado en el último siglo. Puede que la forma de narrar haya variado pero las emociones siguen siendo las mismas. The artist logra emocionar sólo con las miradas de sus protagonistas, ni siquiera es necesario oír sus voces. 


 No podemos evitar identificarnos con los protagonistas, la estrella del cine mudo George Valentin (¿inspirado en Douglas Fairbaks?) y la estrella emergente Peppy Miller. Ellos son las dos caras del éxito. Los nuevos tiempos demandarán un nuevo tipo de cine, dejando obsoleto a todo lo anterior. El cine mudo no pudo competir con el sonoro y muchas de sus estrellas no supieron adaptarse.


 Quizás esta historia no sea nueva y resulte algo simple pero está contada de forma tan perfecta que es imposible no verse atrapado por la trama desde el primer minuto. Tanto la ambientación como la música son magníficas, dignas herederas de ese buen cine al que intenta emular y homenajear. Pero lo que hace a este film algo especial es la acertada dirección de Michel Hazanavicius (un total desconocido para mí) y el montaje preciso como un reloj suizo. No sobra ni falta un solo plano ni una sola toma, el film es perfecto técnicamente hablando. También juega a su favor que no se excede en su duración, hora y media es más que suficiente para que el experimento no acabe cansando al espectador, media hora más de metraje hubiera sido fatal.



 En cuanto a los actores, Jean Dujardin y Bérénice Bejo forman una pareja tan encantadora y seductora como las parejas del mejor cine clásico. Tienen una química asombrosa entre ellos y transmiten una enorme empatía con el espectador, algo que que se perdió hace muchas décadas con actores como Cary Grant o Katharine Hepburn. Personalmente he de reconocer que he caído hechizado por la sonrisa de Bérénice Bejo (con y sin lunar).

Muchos considerarán a esta película una rareza, yo la considero una buen película. Vean The artist, amigos, no se arrepentirán.
8



martes, 5 de julio de 2011

Micmacs (Micmacs a tire-larigot)


Jean-Pierre Jeunet es uno de estos directores que tienen un universo propio, es decir: una estética y unos temas perfectamente reconocibles. A él le debemos películas tan personales como Amélie, La ciudad de los niños perdidos o Delicatessen (estas dos últimas dirigidas junto con Marc Caro). Jeunet es uno de esos directores que no defraudan nunca a sus seguidores, o casi nunca.


Con dos años de retraso se ha estrenado la última película de Jeunet, desconozco el motivo pero cosas mucho peores se estrenan cada semana. La vida es injusta. Al lío que se me va la pinza: El problema de Micmacs es que no va más allá de lo que Jeunet nos ha mostrado muchas otras veces. Hay protagonistas ingenuos, secundarios extravagantes y una perfecta planificación de escenas. Igualmente la fotografía, la música y toda la parafernalia visual propia de su autor son excelentes como suele ser habitual. Lo de siempre, pero esta vez el resultado no acaba de convencer, sabe a poco. Ocurre que para Jeunet la forma es tan importante (o más) que el fondo y esta vez ninguno de los dos están a la altura.

Jeunet no avanza hacia otras temáticas más maduras o simplemente distintas, su cine no evoluciona y ha acabado por estancarse. El film es impecable técnicamente pero ya no nos fascina como las primeras películas de su autor. Parece como si hubiera dirigido la película en piloto automático o la hubiera dirigido un imitador suyo. Sigue habiendo grandes aciertos (los cachivaches, la calculadora, los carteles publicitarios con imágenes del film) pero la historia es floja y previsible. La trama no engancha casi en ningún momento y los personajes no resultan tan entrañables como otras veces.

Quizás sea que su fábula de recicladores contra traficantes de armas no esté muy lograda o que ya nos hemos cansado de su peculiar estilo. Pero urge un cambio, un director no puede estar toda la vida mirándose el ombligo y repitiéndose una y otra vez. Que le pregunten a Tim Burton, que ya aburre hasta a las calaveras con su estética y su falta de ideas.

Los actores están muy bien, Dany Boon (responsable de Bienvenidos al norte) está bastante bien así como todo el elenco de estrafalarios personajes. A destacar la presencia del entrañable Dominique Pinon (quien sale en todas las películas de Jeunet incluso en la de la saga Alien) y la veterana Yolande Moreau.

Sin ser una mala película, Micmacs es un film menor dentro de la filmografía de su autor. La prueba palpable del famoso dicho de renovarse o morir. Los amantes de Amélie la encontrarán deliciosa pero a mí ya me empieza a empachar.

5,5