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lunes, 26 de noviembre de 2012

Holy motors



  Holy motors no es una película convencional, no es una película que cuente una o varias historias. Holy motors intenta contar muchas cosas, demasiadas, y lo hace de manera surrealista y fascinante.

Holy motors no es un film para espectadores acostumbrados a que todo tenga sentido, a que todo encaje. Holy motors es un experimento, una deliciosa locura que se disfruta mucho más si no le buscas un sentido ya que, probablemente, no lo tenga. Holy motors es un homenaje al cine, desde sus prometedores inicios hasta su preocupante presente y su más que incierto futuro. Por supuesto que el cine seguirá, necesitamos que nos cuenten historias, pero ya nada será igual.


Desde la primera y onírica escena, Holy motors deja claro que el cine es un barco a la deriva atiborrado de espectadores adormilados que ven siempre la misma película. La sala de cine se ve amenazada por unos peligrosos perros que deambulan por el patio de butacas, las grandes productoras de basura vigilan que nadie despierte. Leos Carax aboga por abofetear al espectador  y despertarle de su letargo, necesitamos imaginación e ideas. Carax se sirve de un surrealismo salvaje cercano al mejor Buñuel para ofrecernos multitud de símbolos, algunos totalmente imposibles de interpretar. Puede que el futuro esté en los videojuegos y en el cine digital, pero siempre necesitaremos historias. El protagonista viaja en limusina por París representando diversos papeles sin motivo aparente. Son encargos, alguien le contrata para que él represente personajes necesarios. Puede que no haya espectador pero el trabajo debe realizarse. El trabajo del actor Denis Lavant es simplemente alucinante, a pesar de tener un físico tan peculiar, el tipo sabe meterse en la piel de once personajes de manera pasmosa. Su forma de expresar la psique a través de los movimientos de los personajes es toda una lección de interpretación.
 El film elabora la parábola sobre que todos somos actores, todos actuamos delante de los demás, todos llevamos varias máscaras puestas a lo largo del día. Quizás por ellos el protagonista apenas es interesante cuando no actúa, cuando es él mismo. Cuando se encuentra con un antiguo amor, no sabe cómo actuar ni que decir, no tiene personalidad y deja pasar su última oportunidad. Aunque puede que también esté actuando, no hay manera de saberlo.

Por cierto, me gustó Kylie Minogue y su peculiar número musical (¿ya he dicho que esta peli es una locura?), Kylie interpreta a otra actriz dispuesta a llevar su personaje hasta sus últimas consecuencias. También me gustó la aparición (que no interpretación) de Eva Mendes en un pasaje brutal que todavía no soy capaz de encontrar un significado, quizás sea un error intentar que todo encaje en un film así de desquiciado.
Lamentablemente, Carax parece perder el rumbo intencionadamente y algunas innecesarias excentricidades hacen a su film perder varios enteros, no sé a qué viene el diálogo final entre limusinas ni alguna otra cosilla más. No sé cómo explicarlas ni les veo el sentido, pero ya he dicho que no todo debe encajar.
Puede que la desconcertante trama del film no sea de fácil asimilación por el espectador medio acostumbrado a las pelis de Stallone pero si le das una oportunidad puede que Holy motors no sólo te sorprenda, puede que, con suerte, te fascine. A mí me pasó.

De regalo os dejo un momento memorable del film, la versión con acordeones del clásico del blues de RL Burnside, Let my baby ride.

 

7

lunes, 4 de mayo de 2009

París, París (Faubourg 36)



Noche Vieja de 1935, un viejo teatro de variedades parisino, El Chasonia, está a punto de desaparecer.


La historia de un teatro de variedades y los esfuerzos de sus empleados por sacarlo a flote son el eje central del film. Todo ello encuadrado en el turbio panorama social de la Francia de los años 30: huelgas, movimientos obreros, nacimiento de movimientos fascistas, etc.

París, París es un film coral lleno de personajes que hablan sin parar mientras los acontecimientos se suceden vertiginosamente. Por momentos me recordó a las películas del neorrealismo italiano o a las de Berlanga o incluso (por el tema que trata) a Cinema Paraíso o Moulin Rouge!.
Es un film sobre personajes y sus sueños. Personajes entrañables que te hacen sentir una empatía total hacia ellos: El imitador sin gracia, el marido abandonado y separado de su hijo, la joven promesa, el señor encerrado en su casa sólo conectado con el mundo mediante el aparato de radio, el tendero que fía a sus amigos, etc todo ello envuelto en una ambientación y unos decorados geniales que le dan un aire de realismo mágico cercano a Jeunet (Amélie).

A mí la peli de Christophe Barratier me entretuvo y me gustó bastante, tiene un gran guión y escenas muy emotivas (la ronda nocturna) que casi me hicieron llorar. Yo me vi inmerso en la trama desde el principio, me identifiqué con los personajes, sufrí con sus problemas y me alegré de sus alegrías. Algo que no siempre ocurre, sólo pasa con las buenas películas.

En cuanto a los actores, todos están muy bien pero yo me quedo con Gérard Jugnot que me parece que interpreta a personajes bonachones como nadie. Sólo verlo aparecer en pantalla me da sensación de buen rollo (lo contrario que Nicolas Cage). Kad Merad borda su papel de imitador y la guapa Nora Arnezeder promete.

Técnicamente está muy bien (mucha grúa y mucho plano lleno de actores hablando) y tiene unos números musicales simplementes maravillosos.

Muy recomendable.
7,5

p.d.: No entiendo por qué todo el mundo compara esta película con Los chicos del coro. Es cierto que en ambas la música es un elemento fundamental y que comparten director y algunos actores, pero creo que son estilos totalmente distintos.