miércoles, 30 de octubre de 2019

AD ASTRA


 No me entusiasma el cine de James Gray.  Me parece un buen artesano que conoce su oficio pero no creo que sea ningún genio, ni siquiera un mago. A su cine le falta emoción. Técnicamente no se le puede poner ninguna pega pero a mí me resulta frío. Me ha vuelto a pasar otra vez con Ad Astra.

 Ad Astra es un correcto film de ciencia ficción con un apartado técnico sobresaliente, pero le falta alma. En Ad Astra asistimos impasibles e insensibles a una historia que, se supone, debería clavarnos al asiento y a lo más que llega es a mantener a duras penas el interés. Esta especie de versión espacial de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad fracasa ya que no profundiza en lo peor del alma humana. Algo que sí hizo Francis Ford Coppola en Apocalypse Now. Aquí el coronel Kurtz ha mutado en el padre del protagonista (un desaprovechado Tommy Lee Jones), una leyenda que parece haber perdido la cabeza aunque resulta finalmente inofensivo. El viaje interior del protagonista (Brad Pitt) en busca de sus orígenes y su evolución no traspasan la pantalla. Por su parte, el viaje físico por el sistema solar tampoco me pareció apasionante. Lo de salvar a la humanidad resulta en todo momento una mera excusa para entrelazar eficientes escenas de aventura.
 Reconozco que no llegué a aburrirme con Ad Astra (yo sobreviví a Solaris de Tarkovski) pero estuve a punto. Si Ad Astra hubiera durado 10 minutos más creo que el tedio hubiera sido inevitable. Me agrada que James Gray trate al espectador como un ser inteligente (no es Michael Bay) pero un poquito más de ritmo no ha matado nunca a nadie, sobre todo cuando no hay mucho que contar.
 No ayuda en nada al film la inexpresiva cara Brad Pitt con la que se pasea por todo el sistema solar como quien va a pasar la ITV. Pitt es una estrella desde hace casi 30 años, lo cual tiene su mérito, pero aquí no demuestra nada interpretativamente hablando. Que sí, que el tipo está muy guapo a sus 55 tacos y hasta con escafandra espacial. Pero nada más. Su interpretación me resultó casi tan hierática como la de Ryan Gosling en The first man (otra fallida epopeya espacial desprovista de alma).
 No creo que el guión sea malo pero sí peca de originalidad a estas alturas. Si Ad Astra se hubiera estrenado hace 15 años hubiera sido un film revolucionario. Pero hoy recuerda inevitablemente a recientes joyas del espacio como Gravity o Interstellar. Ad Astra no trae nada nuevo bajo el sol. Más bien parece que el bueno de James Gray ha sufrido finalmente el síndrome Kubrick, es decir: cuando el ego de un director se hincha lo suficiente como para creerse capaz de crear su propia 2001: odisea en el espacio. Ya le pasó a Danny Boyle con Sunshine.
 James Gray no es Kubrick ni Coppola y su epopeya espacial se estrella contra el sol.

No hay comentarios: