No me entusiasma el cine de James Gray. Me parece un buen artesano que conoce su oficio pero no creo que sea ningún genio, ni siquiera un mago. A su cine le falta emoción. Técnicamente no se le puede poner ninguna pega pero a mí me resulta frío. Me ha vuelto a pasar otra vez con Ad Astra.
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miércoles, 30 de octubre de 2019
viernes, 9 de enero de 2015
Corazones de acero (Fury)
Antes de perder el rumbo, Steven Spielberg nos regaló la que para muchos (yo incluido) es la película definitiva sobre la Segunda Guerra Mundial: Salvar al soldado Ryan. Con este film Spielberg recuperó del olvido el cine bélico. Si La lista de Schindler es la película definitiva sobre el holocausto, Salvar al soldado Ryan es la película definitiva sobre la guerra. El mismo año Terrence Malick presentó La delgada línea roja, otra gran película bélica. Ambas obras son diametralmente opuestas pero igualmente geniales, si bien yo me quedo con la de Spielberg.
Casi 20 años después David Ayer se atreve a volver sobre la Segunda Guerra Mundial con Fury (aquí titulada Corazones de acero). Ayer escribe y dirige esta historia sobre un grupo de tripulantes de un tanque en los meses finales de la guerra, justo antes de la caída del Tercer Reich.
La sombra de Salvar al soldado Ryan planea sobre Corazones de acero en más de una ocasión. Ayer no es Spielberg pero lo emula francamente bien en las escenas de combate. Fury funciona perfectamente como film bélico, sus escenas de batallas son sobresalientes y te clavan al siento como hacía mucho que no me ocurría. Ayer apasiona con sus batallas aplicando la forma de plasmar los combates en los submarinos a los tanques. Sin resultar excesivamente moderno o estridente Ayer logra un gran ritmo gracias a un endiablado montaje. El film resulta angustioso y claustrofóbico mientras narra la terrible epopeya de estos soldados norteamericanos que avanzan por una Alemania agonizante.
El problema de esta película proviene de un guión bastante irregular. Me gustó la forma de definir a los soldados del tanque a pesar de que asistimos una vez más al típico joven inexperto que sufrirá el inevitable duro aprendizaje. De todos los personajes yo me quedo con Biblia interpretado por Shia LaBeouf en su mejor papel hasta la fecha. El resto de tripulantes tampoco se quedan cortos en carisma. Brad Pitt está aceptando el paso del tiempo de forma envidiable, adaptando poco a poco los personajes que elige a su edad.
Lamentablemente, algunas situaciones no acaban de resultar verosímiles y algunas escenas no están del todo bien resueltas. A mí me sigue sin parecer lógico que una chica joven se esconda de forma tan ridícula y vestida con un vestido tan corto (casi dos décadas antes del nacimiento de la minifalda). Todo ello en una ciudad a punto de ser invadida por unas tropas que pueden llevar meses sin ver a una mujer. Ya sabemos que la carne es débil y hay vándalos y malnacidos en todos los bandos. La verdad es que todo el pasaje de la casa me pareció un tanto forzado, sirve para definir relación entre los tripulantes del tanque pero me resultó poco verosímil. ¿Era necesario un plano del torso desnudo de Brad Pitt? Vale que el tipo sigue teniendo un físico envidiable a sus 50 tacos pero lo vi un tanto fuera de lugar. Tampoco la cena como tal me pareció bien resuelta ni la escena entre los dos jóvenes me resultó verosímil. Creo que toda este pasaje debería haberse cuidado más. Todo ello estropea bastante el conjunto haciendo que el film no llegue a clásico del género aunque sí será acogido con agrado por los amantes del género y el público en general.
La verdad es que el minutaje del film se eleva hasta los 144 minutos, casi demasiado. Tampoco me gustaron los títulos de crédito finales, me resultaron demasiado modernos, por suerte los colocaron al final y no al principio.
A pesar de algunos importantes detalles, Fury es un film totalmente disfrutable por el aficionado al cine bélico.
6'5
jueves, 13 de noviembre de 2014
Seven (1995)
Cuando vi el tráiler de Seven allá por 1995 pensé que estábamos ante otra película de psicópatas tan de boga en los años 80 y 90 en las que al final cazan al villano justo cuando está a punto de acabar con la chica. La impresión de film intrascendente se acrecentaba con la inclusión del guaperas de Brad Pitt y su novia por aquel entonces Gwyneth Paltrow. Seven parecía ser una copia más de El silencio de los corderos, algo más oscura que lo habitual quizás y con una atractiva estética de videoclip. Sin embargo, cuando vi el film me encontré con algo muy distinto y perturbador.
El guión de Andrew Kevin Walker para Seven es mucho más perverso, violento e inteligente de lo que venía siendo habitual en este género. Tras el traspiés que supuso su debut con Alien3, David Fincher se planteó seriamente dejar el cine para seguir con su carrera como director de video-clips. Por suerte Seven se cruzó en su camino.
Seven es el thriller que revolucionó el género a mitad de los años 90. Tras El silencio de los corderos, creo que Seven es el film más influyente dentro del género de los serial killers modernos. Su influencia puede verse en films como Resurrección (una copia descarada) o la saga Saw (lo mismo). En todos ellos tenemos a un inteligente psicópata que parece ir siempre varios pasos por delante de la policía o, simplemente, se está leyendo el guión con dos capítulos de ventaja. El hecho de que el asesino se deje atrapar y mantenga el control incluso bajo la custodia policial nos recuerda inevitablemente a la ya citada El silencio de los corderos o la muy posterior El caballero oscuro. Tanto John Doe como Hanibal Lecter son los psicópatas más inteligentes del cine reciente y unos de los mejores villanos de la historia.
Películas de parejas de policías con caracteres opuestos se habían hecho miles. Pero Seven aporta una mirada novedosa a este subgénero, una visión mucho más terrorífica que la de, por ejemplo, Arma letal. El mal se apodera del film poco a poco llegando a este perverso y retorcido clímax. Como en la reciente True detective, el espectador es consciente de que el mal se va ganando terreno empezando por su estética hasta su desolador final. Sin grandes efectos especiales ni una traca final apabullante, el film deja desolado al espectador a miles de kilómetros de un lugar seguro. Seven insinúa antes que mostrar, es un film violento en el que la violencia apenas se ve pero sí muestra las terribles consecuencias de la violencia. Algo quizás mucho más aterrador.
Otro acierto del guión de Andrew Kevin Walker es su peculiar estructura circular. Empieza un lunes y acaba un Domingo. Siete lluviosos días en los que no se cita en ningún momento el nombre de la ciudad en la la acción transcurre. Seven nos quiere convencer de que la gente es malvada. Un ladrón que mutila a sus víctimas sin motivo o un vendedor de pisos que sabe que está timando a su cliente son ejemplos que se nombran en la película. El mundo se ha vuelto un lugar insoportable gracias al ser humano. El mundo ya no es un lugar para tener un hijo. Los siete pecados capitales del hombre han convertido la creación de Dios en un infierno. El ser humano debe escarmentar.
El detective Mills (un gesticulante Brad Pitt) es el joven e impulsivo recién llegado a la ciudad. Mills tiene una bella esposa (Gwyneth Paltrow) con la que vive junto a sus perros en una casa casi inhabitable gracias a un vendedor que les timó. Su compañero Somerset (Morgan Freeman) es un veterano a punto de jubilarse, ha visto demasiada maldad en este cochino mundo como para dejarse impresionar por nada (o eso cree él). Somerset es mucho más cínico, no tiene familia y ya no aspira a nada.
El actor Kevin Spacey accedió a interpretar a John Doe a condición de que su nombre no apareciera en los títulos de crédito. Su imagen aparece brevemente en el encontronazo de Mills con el fotógrafo (Doe/Spacey) y en un retrato robot realizado por la policía basado en los testimonios de testigos. Fincher muestra al actor de forma tan breve que casi es una imagen subliminal, algo que Fincher desarrollaría ampliamente en El club de la lucha. No sabemos realmente nada de John Doe, su nombre (Juan Nadie) es el que se pone a los cadáveres sin identificar. Se ha borrado las huellas digitales, tanto empeño en borrar su pasado nos indica que no debe haber tenido una existencia feliz. Doe envidia la vida normal de los demás, una vida que él nunca ha podido llevar. Envidia la vida familiar del detective Mills. El pecado de John Doe es la Envidia. Doe se siente tan solo que ha escrito cuadernos enteros con sus perturbadas anotaciones sobre el Apocalipsis, el pecado y quién sabe qué más cosas. Doe es un ávido lector de literatura con referencias bíblicas como La divina comedia de Dante Alighieri o El paraíso perdido de John Milton. Por cierto, nunca me ha parecido verosímil que Doe, siendo un asesino frío y calculador, cometa el error de alquilarse los libros en una biblioteca pública. ¿Con tanto tiempo y dinero invertido en sus crímenes y no es capaz de comprarse los libros? Sin embargo, un posterior análisis de la cinta me hizo replantearme la pregunta ¿Un fallo imperdonable o formaba parte de un plan?.
Doe sólo ha perpetrado 5 crímenes (Lujuria, Gula, Avaricia, Pereza, Soberbia), le faltan dos para completar su obra. La Ira y la Envidia no han sido todavía escenificadas por Doe. La localización de su madriguera hace que Doe se tope cara a cara con un iracundo Mills y le hace improvisar sobre la marcha, podría haberlo matado fácilmente en el callejón pero parece que alberga otros planes. Al poco tiempo Doe se entrega a la policía con restos en sus manos de sangre humana que no pertenece ni a él ni a ninguna de las víctimas conocidas. Doe guarda un ensangrentado as en la manga.
El pecado de Mills es la ira. Mills evoluciona de ser un prometedor policía a perderlo todo. No es suficientemente maduro y se deja llevar por su ira. En un momento dado se topa con Doe disfrazado de fotógrafo y le grita airado su nombre. Craso error, sin saberlo está gestando su propia tragedia. En el clímax del film, su ira le lleva a asesinar a sangre fría a un Doe esposado cuando ya no representa amenaza alguna. Mills deja aflorar los instintos más primarios del ser humano dejando atrás la lógica y el imperio de la ley. Mills asesina a sangre fría a un detenido, acto recriminable pero totalmente entendible por el espectador. Probablemente muchos de nosotros hubiéramos actuado igual. El héroe no salva a la chica mientras acaba con el villano. El héroe pierde a la chica (y a su familia) convirtiéndose en una bestia rabiosa que acaba la obra del villano de turno. No sólo no desbarata los planes del villano sino que, en su ira, completa la diabólica misión de éste. No sabemos dónde se ubica el film pero es posible que en ese estado exista la pena de muerte por asesinato. Mills, muy probablemente, acabará ejecutado por el Estado. Los siete pecados tienen, al fin, su representación.
El final del film es lo que realmente dignifica todo el conjunto. Tras una excelente ambientación y un ritmo magnífico, Fincher consigue rematar su film de una forma soberbia que dejó noqueado al público. Realmente nadie se esperaba un final así. De hecho, el final que se rodó era algo más largo del que se estrenó en los cines. En este final se dejaba más claro mediante el diálogo que Mills debía matar a Doe para que éste completara su misión, ambos debían morir. Fincher barajó otro final en el que Somerset dispara a John Doe antes de que lo haga Mills. En un acto totalmente racional (al contrario que Mills) decide matar a Doe antes de que Mills arruine para siempre su vida y su carrera irremediablemente. El final elegido es bastante más pesimista.
No me gusta el epílogo con la frase final de Somerset “El mundo es un buen lugar por el que merece la pena luchar. Estoy de acuerdo con la segunda parte de la frase.". No deja de ser un toque optimista poco coherente, a mi entender, con lo visionado en el film. No sé si fue un añadido impuesto por los productores para suavizar el mensaje del film pero creo que no acaba de encajar.
Valga como apunte final que una película que usa en sus títulos de crédito iniciales música de Nine inch nails no puede ser un film convencional. El grupo de Trent Reznor había triunfado el año anterior con uno de los discos más aterradores de la historia The downward spiral. La colaboración entre Fincher y Reznor no acabaría ahí, Reznor ha realizado las bandas sonoras de los tres últimos films de Fincher hasta la fecha. Para los créditos finales Fincher usó el tema de David Bowie The hearts filthy lessons, un tema oscuro sobre asesinatos con un componente artístico.
Por cierto, los títulos de crédito de Seven han sido imitados (como el resto del film) hasta la saciedad en los últimos 20 años.
sábado, 8 de febrero de 2014
El consejero
Cormac McCarthy es un buen escritor (suyas son las novelas La Carretera o No es país para viejos que han tenido más que aceptables adaptaciones al cine) pero como guionista deja bastante que desear. McCarthy parece no haberse dado cuenta que de una mala novela se puede hacer una excelente película (en eso era un genio Hitchcock) y de una buena novela se puede hace una pésima película (lo más habitual). Son medios distintos con técnicas narrativas distintas.
La historia de El consejero no es nada nuevo pero el guión de Cormac McCarthy es todo un despropósito: aburrido y lioso a partes iguales. Lleno de personajes con mucho atractivo potencial que no es desarrollado. Tampoco la dirección de Ridley Scott (que debería haberse retirado hace varios lustros) ayuda demasiado. Scott está muy mayor y ya no es capaz de sacar partido a este tipo de historias, se queda en la superficie y no profundiza en las motivaciones de los personajes ni sabe narrar una historia de forma que atrape al espectador. Scott se queda en la bella fotografía y se limita a dejar hablar a los personajes en unos interminables y anodinos diálogos que se supone deberían de ser interesantes pero al espectador sólo le provocan bostezos. ¿A qué viene la anécdota del parabrisas? ¿Para qué un diálogo tan largo sobre diamantes? ¿Qué aporta el enfrentamiento en el club entre el abogado y un antiguo cliente? Demasiados caminos que no llevan a ninguna parte y demasiados callejones sin salida.
Por suerte, el film no dura 3 horas, con 2 le es más que suficiente a Scott para aburrirnos soberanamente. Sirva de ejemplo la ridícula cháchara que el personaje de Rubén Blades suelta por teléfono, su interlocutor acaba llorando no sabemos si por la tensión del momento o por la sarta de idioteces que tiene que oír. Opino que esta historia se podría haber narrado de otra manera y haberle dado un ritmo del cual carece totalmente. Una pena.
El Consejero es el típico ejemplo de película en la que las interpretaciones están mejor que la película en sí. Mala cosa que ocurre mucho últimamente. Con este plantel de buenos actores y estrellas de renombre tenemos unas interpretaciones aceptables que consiguen levantar una historia que se cae por su propio e inconsistente peso. Tampoco es que los actores den lo mejor de sí, están correctos y punto. Ni Michael Fassbender ni Brad Pitt están al nivel habitual, ambos están infinitamente mejor en 12 años de esclavitud. Aquí se dedican a sacar su estela de estrella a relucir y poco más. Tampoco la pareja Javier Bardem (que parece encasillado en personajes horteras) y Penélope Cruz (encasillada en mujer florero) dan lo mejor de sí. Me gustó Cameron Díaz, creo que es la primera vez que la veo actuar. Está bien en su papel de arpía implacable, ya se le van notando los años y ya era hora de empezar a tomarse en serio lo de actuar. Nunca es tarde si la dicha es buena aunque sea en films tan malos cono el que nos ocupa.
El consejero es una mala película, aburrida y totalmente fallida.
4
viernes, 3 de enero de 2014
12 años de esclavitud (12 Years a Slave)
Cuando parecía que ya estaba todo dicho sobre el tema de la esclavitud, llega el director británico y de color Steve McQueen y da un nuevo y sorprendente giro de tuerca a tan espinoso asunto.
McQueen rueda de forma academicista la historia de Solomon Northup, un hombre libre que fue secuestrado y vendido como esclavo en 1841. Una historia sobrecogedora que en manos de McQueen adquiere el dramatismo justo ya que huye premeditadamente de la lágrima fácil. McQueen apuesta por hacer pensar al espectador antes que únicamente hacerle llorar (aunque en mi caso logró ambas cosas).
McQueen no se limita a narrar un hecho real, intenta emparentarlo con la situación del mundo actual. Si Spielberg nos contó el año pasado las tretas que Lincoln llevó a cabo para abolir la esclavitud y Tarantino usó la esclavitud de escusa para otra genial bufonada de las suyas, McQueen nos muestra que la esclavitud no era un tema que preocupara especialmente a la sociedad de la época. Incluso al protagonista no le preocupaba demasiado, él era un hombre libre y culto que vivía alejado de la barbarie esclavista del sur. Nuestro protagonista se creía fuera de peligro y no hacía nada por liberar a los esclavos. No era su problema. McQueen usa sabiamente los flashbacks para contrastar la actitud del protagonista ante estos temas antes y después de caer en desgracia. Se podría entender que el protagonista es una metáfora del pueblo americano y del mundo en general, que sólo nos preocupa un problema cuando nos afecta directamente (racismo, paro, terrorismo, hambre, esclavitud, etc). Estamos demasiado acostumbrados a mirar para otro lado. ¿Acaso no es esclavitud las condiciones laborales en países asiáticos en los que se fabrican nuestros juguetes tecnológicos?
El plano en el que McQueen nos muestra deliberadamente que la cárcel del protagonista está justo al lado de la Casa Blanca no deja lugar a dudas: el crimen se cometía en el sur pero el negocio se fraguaba en el norte. Se podrían trazar sin problemas similitudes con múltiples problemas actuales como al inmigración ilegal o la explotación a la que es sometida la mano de obra ilegal o, rizando el rizo, la similitudes entre la esclavitud y los campos de concentración del régimen nazi. Todas ellas podrían ser válidas y deberían hacernos reflexionar que no estamos tan lejos de la barbarie.
A mí la película me entretuvo y me pareció muy correcta. Todo el guión está muy bien hilvanado, no hay parones de ritmo en ningún momento y tiene escenas realmente sobrecogedoras a pesar de no buscar el llanto a toda costa. Obviamente, en la película hay vejaciones, castigos y latigazos, era inevitable y el espectador debe saber a qué se enfrenta. Algunas escenas son tremendamente duras pero considero que son necesarias y están abordadas de forma excelente.
McQueen no innova en su forma de rodar ni contar una historia que todos conocemos. Se podría decir que es demasiado academicista y frío (fiel a su estilo) pero, al menos, no se pierde con moderneces ni alarga el film hasta las 3 horas. Yo veo más que correcto su enfoque de la historia. lo único que no me gustó del film es que no está bien plasmado el paso del tiempo, no hay elipsis narrativas que indiquen el tiempo transcurrido entre una y otra escena. Podría pensarse que que Solomon fue esclavo unos pocos meses y no 12 años. Salvando este detalle, creo que el film es inapelable.
Me gustó especialmente cómo se aborda la manera en la que Solomon se las tiene que ingeniar para sobrevivir, aprendiendo a reprimir sus instintos y a agudizar su ingenio. La escena del farol en mitad de la noche con Fassbender me pareció de una tensión casi insoportable, simplemente magistral.
También me pareció muy acertada la manera de enfocar las distintas motivaciones de los distintos dueños de las plantaciones de algodón. No todos eran tan crueles ni trataban de igual forma a sus esclavos pero ninguno hacía nada por cambiar el sistema. También es destacable el profundo carácter religioso de todos ellos, paradojas del ser humano.
A parte de una buena historia, un buen guión y una soberbia forma de rodar, el film cuenta con unas excelentes interpretaciones de todo el elenco actoral. Merecen mención Chiwetel Ejiofor (quien transmite con su mirada todo esa frustración de Solomon), Lupita Nyong'o (como la esclava objeto de deseo del patrón) y Michael Fassbender. En especial, este último consigue traspasar la pantalla con esas crueldad y violencia latentes que pueden hacer su aparición en cualquier momento. Varios Oscars de este año ya tienen dueño. Me gustaron también mucho las breves pero decisivas apariciones de Paul Dano y Brad Pitt.

Steve McQueen ha hecho quizás la película definitiva sobre la esclavitud ahora que los neo conservadores del Tea Party están radicalizando su discurso. Han pasado más de 150 años para que finalmente hubiera un presidente negro en Estados Unidos pero muchos prejuicios y desigualdades aún deben ser abolidos.
7'5
sábado, 30 de noviembre de 2013
Leyendas de pasión (Legends of the fall, 1994)
No había visto hasta ahora esta película, sé que puede sonar extraño, pero no había visto hasta hace poco una de las producciones más representativas del cine comercial de los años 90. Curiosamente, todos los comentarios que me han llegado en estos 20 años desde su estreno son positivos cuando provienen de féminas y son negativos cuando provienen de personas del género masculino. Quizás la presencia de Brad Pitt tuviera algo que ver.
He de aclarar que al abordar una película, procuro no dejarme influir por las opiniones que han llegado a mis oídos o los comentarios que haya podido leer. Intento borrar de mi mente todo tipo de prejuicios a la hora de ver una película. Me da lo mismo quien me la haya recomendado o quien me la haya desaconsejado. Así pues borré todos los comentarios acerca de este film y me dispuse a verlo.
Sinceramente, Leyendas de pasión me pareció un mero vehículo para dar a lanzar al estrellato al joven Brad Pitt. Vista hoy día, parece que éste fue el único motivo por el que se rodó esta película. Había que lanzar a la fama a este guapo chicarrón y en esta película no se ahorran planos destinados a ello. Desde luego, yo no vi la pasión del título por ningún lado ni entendí muchas de las motivaciones de los personajes.
Todo el apartado técnico del film es sobresaliente: grandes paisajes, hermosa fotografía, bella música, etc. Un envoltorio perfecto para una historia que no acaba de cuajar en pantalla. Básicamente no funciona debido a que no se desarrollan los personajes, la historia avanza a trompicones y no consigue definir los personajes a pesar de que el film dura nada menos que 134 minutos. Nunca acaba de quedarnos claro por qué Samuel decide abandonar a su prometida y la tranquilidad para alistarse para combatir en la primera Guerra Mundial. Supuestamente lo hace para defender a Inglaterra (???). Tampoco me quedó claro el motivo por el que sus hermanos, más que intentar disuadirle de su idea, deciden ir alistarse también para proteger a su hermano pequeño. No queda creíble en pantalla, al menos para mí.
Sin duda el personaje más atractivo del film es Tristan (encarnado por ese Adonis llamado Brad Pitt), por algo lo interpretaba la estrella a promocionar. Es un joven blanco que vive y siente como un indio, parece encontrarse más a gusto luchando contra un oso que cenando en la mesa con su familia. Parece haber heredado su rebeldía directamente de la naturaleza, es un ser libre y salvaje al que nada puede parar. Aun así se hace querer y todos le tienen en gran estima (cosa inexplicable para un servidor). Un personaje típico de novelas románticas para amas de casa, ese inconfesable y salvaje objeto de deseo por el que toda ama de casa aburrida estaría dispuesta a dejarlo todo.
Lamentablemente, el personaje de Pitt a mí me irritó más que otra cosa (qué mala es la envidia, lo sé). Por momentos me recordó a estos adolescentes mimados de Hermano mayor. Si el alistamiento de los tres hermanos me pareció inverosímil, la palma de la inconsistencia se la lleva cuando Tristan se pone a cortar cabelleras de alemanes en plena Primera Guerra Mundial.
El otro personaje de cierto interés es el patriarca del clan Ludlow encarnado por un Anthony Hopkins que claramente estaba disfrutando de su recientemente adquirido estatus de estrella tras su Oscar por interpretar a Hannibal Lecter en El silencio de los corderos. Hopkins iba por el cheque y no parece importarle que su personaje sea una mera comparsa en la trama. Una pena, su historia de oficial del ejército que abandona su puesto por rechazo al trato dado a los indios y decide criar a sus hijos en un rancho daba bastante más juego. Igualmente, su frontal rechazo a todo lo que signifique civilizado se ve plasmado en Tristan más que en ninguno de sus otros dos hijos, cosa que tampoco parece agradarle. Así pues, su personaje queda bastante indefinido y poco creíble.
Los personajes femeninos están retratados a machetazos, con un trazo demasiado grueso, sin líneas de diálogo que permitan explicar los motivos de sus actos o su manera de pensar. Tampoco queda convincente por qué la prometida de Samuel sigue viviendo en la casa familiar tras el fallecimiento de éste. Por cierto, el personaje de Julia Ormond (otra joven promesa de los años 90 que se quedó en nada) no se entiende en todo el metraje. No se sabe de dónde viene,(sólo se sabe que ha perdido a sus padres), ni por qué va dando tumbos de un hermano a otro. Tampoco queda claro por qué toma esa drástica decisión al final del film.
Ni que decir que el resto de personajes femeninos apenas tienen líneas de diálogo y resultan unos secundarios bastante desdibujados. El público femenino, a quien iba destinada claramente esta producción, no parece tener interés en verse reflejado en las mujeres del film, sólo quiere ver a Brad Pitt.
Edward zwick se muestra como un hábil creador de espectáculo visual pero un pobre narrador de historias. Quizás la culpa no sea del todo suya, la novela en la que se basa supongo que sí desarrollará los personajes. Su película avanza a trompicones entre bellos parajes y unos personajes que nunca acaban de empatizar con el espectador. Este tipo de novela corre el grave peligro de resultar ñoña o simplemente ridícula al ser adaptada al cine y así fue en este caso.
Tanta pasión, tanto amor prohibido y tanto paso del tiempo necesitan un tratamiento de personajes adecuado y Zwick, tal y como le pasó posteriormente en El último samurái, se ve incapaz de plasmar la psique de sus personajes, resultando planos e incomprensibles para el espectador. Zwick se queda en la forma y no es capaz de mostrarnos el fondo de los personajes. Su forzado romanticismo no cala en el espectador y el film resulta bastante fallido y hueco.
Si no funcionó como película, Leyendas de pasión sí funciono como reclamo y el film fue un éxito comercial y Brad Pitt quedó para siempre en el star system. Ahí sigue 20 años después.
4
miércoles, 21 de agosto de 2013
Guerra Mundial Z (World War Z)
Parece que los zombies siguen estado de moda, tras unas décadas postergados a la serie B más casposa, parece que han vuelto a la vida para acaparar la atención de los grandes estudios y hacerlos protagonistas de superproducciones como la que nos ocupa.
No es WWZ una película que me atrajera lo más mínimo, el trailer lleno de miles de zombies digitales agolpándose y formando montañas me recordó a esa bazofia de Soy leyenda. A pesar de todo, acabé viendo esta película y debo reconocer que no es tan mala como uno podía pensar, pero de ahí a ser buena dista un buen trecho.
Y no es buena precisamente porque estamos ante un blockbuster veraniego que busca complacer al mayor número posible de espectadores. Lo cual implica, en este caso, una total falta de personalidad. A la presencia de la mega estrella Brad Pitt hemos de sumarle que en el film se evita deliberadamente mostrar al espectador elementos desagradables como vísceras, sangre, etc. World War Z es un film de zombies light, muy light para mi gusto. Es un film de zombies para aquellos que no les gustan este tipo de pelis. No puedo dejar pasar que en el guión hay demasiado tópico, si incluso una hija de los protagonistas tiene asma y al héroe le ayuda un amigo de color. Más tópicos no se pueden incluir, leñe.
WWZ ni da miedo, ni tiene sustos ni es capaz de mantener al espectador en vilo ni poniendo en peligro a las hijas del protagonista. Lo único novedoso de este film frente a otros de este tipo como 28 semanas después es que realiza un periplo por medio mundo en busca del origen de la infección (cosa que al espectador le importa un bledo, dicho sea de paso). Así se cambia varias veces de localización pero se desaprovecha la oportunidad de trazar una visión crítica del mundo en el que vivimos, sólo se critica un poco al régimen de Corea del Norte (que por algo forma parte del eje del mal). Por contra, Israel sale bastante bien parado (que por algo es aliado). No se aprovecha la excusa de la invasión zombie para criticar aspectos de la realidad del momento. No hay un mensaje ni una moraleja detrás de esta historia.
Estos zombies por ordenador quedan chapuceros, prefiero los de Walking dead aunque sean más lentos. La manía del director Marc Foster de mover continuamente la cámara (¿para que no se note lo cutre de los efectos especiales?) sólo consigue que el espectador se maree y no se entere de nada. Tampoco la historia es especialmente emocionante mi está rodada de forma eficiente. Sí se deja ver (sobre todo si eres fan del guaperas de Brad Pitt) pero poco más.
Pero lo que más me chirrió no fueron los efectos especiales ni la desastrosa forma de mostrar la acción, fue el personaje de Brad Pitt. Un tipo que es todo un héroe americano: buen padre de familia, buen profesional, empleado de la ONU nada menos, gran capacidad paras el sacrificio, grandes dotes de mando, etc, encima es siempre el primero en darse cuenta de las cosas. Jo, qué tío. Sólo le faltaba tener la jeta de Brad Pitt. Actor que es muy guapo y se conserva muy bien e incluso no me duelen prendas a decir que es buen actor. Pero aquí, a pesar de su esfuerzo, no hay quien se crea a su personaje. Me gustó más Mireille Enos (The killing) en su papel de abnegada madre de familia y sufrida esposa del héroe que se queda cuidando de los hijos mientras su marido salva al mundo.
Por cierto, la música del film corre a cargo de Matt Bellamy, el de Muse, cuya partitura no deja de ser un calco del Tubular Bells de Mike Oldfield.
Lo dicho. Flojita.
4,5
domingo, 6 de enero de 2013
Mátalos suavemente (Killing Them Soflty)
Killing them softly es la nueva película de Andrew Dominik, quien ya fascinó a buena parte de la crítica (no fue mi caso) con su anterior película El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford. En esta ocasión Dominik refleja la decadente sociedad americana usando como espejo una historia de asesinos a sueldo y atracadores de poca monta.
Ya desde los títulos de crédito iniciales Dominik nos sitúa en la campaña electoral de 2008 entre Barak Obama y John McCain, eran los primeros meses de la crisis financiera y empezaba a ser evidente que el sistema político y económico estaba corrompido hasta la médula. Igualmente la sociedad americana aparece en esta película en franca decadencia, ya ni la mafia ni los traficantes de medio pelo son lo que eran. Todo se ha ido al traste, la gente se ha relajado en exceso, ya ni los asesinos a sueldo son tipos de los que puedes esperar un trabajo bien hecho. Falta profesionalidad y valores, parece que todo se ha corrompido por el dinero fácil.
No es mala la idea de Dominik pero su forma de presentarla no acabó de convencerme. Vale que siempre haya un televisor o un aparato de radio encendido dando noticias sobre la crisis o los debates electorales. Me pareció interesante el paralelismo que traza Dominik entre los países y la mafia (ambos deben recuperar la confianza de los mercados a cualquier precio). Pero los diálogos se extienden demasiado y el film adolece de excesiva parsimonia. Killing them softly sólo dura 104 minutos y se me hizo eterna. Todos los actores están muy bien (hasta Ray Liotta en papel de siempre) pero la trama no engancha y el carismático personaje de Brad Pitt no puede él solito levantar esta losa con forma de película.
Este tipo de propuestas de cine negro moderno y diferente le salen redondas a Tarantino (del que este film bebe demasiado) o los hermanos Cohen. Pero Dominik aún debe encontrar su propio estilo. El tipo sabe rodar (crea una excelente tensión en la escena del atraco) y sabe dirigir actores (James Gandolfini está estupendo), pero no tiene claro hacia donde quiere llevar al espectador. Hace experimentos visuales que no vienen a cuento como la escena del asesinato bajo la lluvia (rodado al estilo bullet time) o cuando algún personaje se va quedando dormido, son escenas que rompen la estética de la película y la llevan hacia ningún lugar. Dominik se hace un lío y aburre al espectador con unos diálogos inflados hasta lo indecible, sus anécdotas apenas resultan interesantes y sólo sorprende al espectador una vez. Dominik no es Tarantino, copia su uso de la música y sus experimentos formales pero le falta ese toque que sólo Tarantino posee y muchos intentan copiar.
Funciona mejor como metáfora que como película de cine negro. Me quedo con la frase final del film: "América no es un país, es un negocio."
viernes, 16 de noviembre de 2012
El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (The assassination of Jesse James by the coward Robert Ford)
Andrew Dominik (Chooper) elabora una buena película llena de bellas imágenes y momentos calmados sólo salpicados por algunos estallidos de violencia. Dominik no opta por el western crepuscular a lo Sam Peckimpah sino que desarrolla un estilo propio que podríamos clasificar de western desmitificador o épico con los pies en el barro. Un estilo influido por el cine de Tarantino (esos personajes que hablan sin parar sobre anécdotas insignificantes) y por el cine de autor independiente. Dominik nos ofrece bellísimas escenas de una plasticidad difícilmente superable (la llegada del tren) pero también intenta desarrollar los personajes y sus luchas internas.
Dominik presenta un Jesse James convertido en padre de familia y casi como un héroe romántico de mirada melancólica a través de los ojos de un casi siempre comedido Brad Pitt. Su contradictorio Jesse James tiene mucho de icono y de mundano. Es un personaje impredecible y lleno de contrastes, es astuto y cruel como buen forajido, sí, pero también un entregado padre de familia que comete errores e incluso es capaz de llorar. Quizás Brad Pitt sea el actor ideal para interpretar este tipo de personajes icónicos debido a su innegable atractivo y magnetismo en pantalla, pero nunca acabamos de entender a su personaje. Lo que más se le puede reprochar a este film puede ser que tras más de dos horas no seamos capaces de entender del todo el comportamiento de Jesse James. ¿Por qué confía en un tipo como Robert Ford? ¿Por qué se deja asesinar tan vilmente? ¿Acaso decide dejarse matar? ¿Qué le empujaría a ello? Dominik deja muchas preguntas sin responder.
En contraste, Robert Ford (Casey Affleck) está mejor desarrollado o, al menos, sus motivaciones se nos hacen más comprensibles. Es presentado como un joven donnadie que busca ser aceptado y tratado como un igual por su ídolo de la infancia pero será rechazado una y otra vez. Cuando conoces a tus ídolos te das cuenta que no son tan inalcanzables y que quizás no sean dignos de tanta devoción. Ya sabemos que del amor al odio hay sólo un pequeño paso. Tampoco todo el mundo sirve para ser un famoso forajido. Ford ansiaba la fama pero le faltaban agallas, sus asesinatos se producen todos por la espalda (de ahí lo de cobarde), e intentó hacerse un hueco entre los forajidos pero distaba mucho de ser uno de ellos. No todos estamos hechos para ser leyendas ni estamos dispuestos a pagar el precio.
Los amantes del cine cocinado a fuego lento la paladearán y la encontrarán deliciosa, los aficionados al cine nervioso la encontrarán exasperante.
6,5
domingo, 5 de febrero de 2012
Moneyball
Moneyball narra la historia real de Billy Beane, gerente de los Athletics de Oakland que se codeó con los grandes del baseball a pesar de contar con un presupuesto mucho más reducido. Vamos, como la gesta del Mirandés pero a la americana.
Moneyball no es otra película más sobre deporte. Lo parece en buena parte de su metraje, pero no lo es. Ya sabes, ese tipo de películas americanas que estamos cansados de ver: un equipo pequeño que intenta hacer historia. El deporte es lo de menos, ya sea fútbol americano, baloncesto, rugby o baseball. No es de extrañar que este tipo de historias de esfuerzo y superación les hayan gustado tanto desde siempre a los norteamericanos, es su más clara expresión del sueño americano: cualquiera con esfuerzo puede llegar a triunfar.
Moneyball es aparentemente una peli más de ese género de cine sobre deporte, pero tiene algo que la hace distinta: posee unas formas y un mensaje muy distinto a lo que estamos acostumbrados a ver.
Primeramente sorprende que apenas haya escenas de partidos en los dos primeros tercios del film. La peli va desgranando los entresijos del deporte mientras nos vamos dando cuenta de que no hemos visto realmente ningún partido (el personaje de Brad Pitt tampoco ve los partidos). Se habla de presupuestos, de las políticas de fichajes, de estadísticas, de contratos, de cesión de jugadores, etc... pero no muestra el juego en sí.
Luego llama la atención el peculiar trato de los personajes. En este tipo de pelis siempre hay un buen montón de secundarios (más o menos graciosos) que acaban por caernos bien y nos identificamos con ellos. Nada de eso pasa aquí. Ni siquiera Jonah Hill, está especialmente simpático ni gracioso, su personaje es realmente soso y anodino. Tampoco llegamos a conocer a casi ninguno de los jugadores, apenas se les dedica tiempo y apenas conseguimos asociar el nombre de unos pocos. Es curioso que los jugadores más nombrados son aquellos que ya no están en el equipo y son constantemente añorados mientras se intenta reemplazarlos.
Tampoco hay las bochornosas escenas del equipo haciendo piña o de superación de viejas rencillas entre personajes. Nada de nada. El mal rollo existente entre el gerente y el seleccionador no se resuelve de ninguna manera, no hay escena de conciliación y se huye de la lágrima fácil. Incluso los despidos de jugadores se resuelven sin apenas dejar hueco para la emotividad.
Realmente, el guión de Aaron Sorkin y Steven Zailian para Moneyball tiene bastante que ver con La red social (también de Aaron Sorkin), ambos son films que aparentemente hablan de algo bastante superficial pero pueden dar lugar a lecturas mucho más complejas. Si la red social nos hablaba de la soledad y la imposibilidad de comunicarse en la sociedad actual, Moneyball trata del compromiso con nosotros mismos y del sentido de la lucha de David contra Goliat.
Especial mención merece el personaje de Brad Pitt, un Billy Beane que conocido el sabor de la derrota demasiadas veces y que desea ganar de una puñetera vez. Su interpretación es totalmente creíble, una de las mejores de su carrera. También resulta creíble Jonah Hill en su cambio de registro, de adolescente salidorro a genio matemático hay un trecho. También aparecen Philip Seymour Hoffman y Robin Wright, ambos están tan bien como viene siendo habitual en ellos.
La dirección de Bennett Miller (Capote) es correcta (sin más) pero el resultado es un tanto frío. Moneyball no llega a emocionar al espectador, supongo que es totalmente premeditado.
Los que busquen un film más sobre deporte es posible que salgan decepcionados, los que busquen una comedia o una peli de Brad Pitt también se sentirán defraudados. Los que no busquen nada más allá de ver un buen film, saldrán bastante satisfechos.
¿Cómo se podría definir la filosofía de esta peli en una frase? El dinero no puede comprarlo todo, te lo dice Brad Pitt (que produce esta peli ya que gana 12 millones de dólares por película).
¿Cómo la resumiría yo? Pase lo que pase, gane tu equipo o pierda, el lunes a currar.
6
P.d.: No me gusta ver deporte televisado, me aburre soberanamente, pero algunas películas sobre deporte son especialmente interesantes. Ahora me viene a la mente esa ácida y vertiginosa crítica al podrido mundo del deporte que hizo Oliver Stone llamada Un domingo cualquiera. En su día me pareció exagerada pero el tiempo le ha dado la razón.
También me viene a la memoria The damned United, el film de Tom Hooper (El discurso del rey) sobre la historia real de un controvertido entrenador de fútbol inglés. También Ken Loach dejó hace poco un gran alegato futbolístico con Looking for Eric. Me gustó mucho a pesar de no haber visto ningún partido de fútbol desde el España-Alemania del mundial de 1982.
viernes, 16 de septiembre de 2011
El árbol de la vida (The tree of life)

Terrence Malick no se limita con esta película a narrarnos la historia de una familia en los años cincuenta. Eso sería demasiado simple, Malick nos cuenta la historia de todo el universo. Así pues, en esta película veremos formarse estrellas y veremos cómo los dinosaurios dominaron la tierra. Se podría decir que Malick ha realizado su particular 2001: una odisea del espacio, pero ha sido incluso más ambicioso que el maestro Kubrick.
Terrence Malick sigue pecando de dejar que la belleza de sus imágenes se coma a la narración, su cine es más contemplativo que narrativo, ya lo sabíamos. Pero en su quinta película ha ido más lejos intentando hacer de El árbol de la vida una obra de arte, no sólo por la forma sino también por el fondo. Una película que en todos los aspectos sea considerada como una maravilla. Un film que te arrastre a un estado de emoción sin parangón y cuyo visionado afecte de por vida al espectador. Buen intento. Malick rueda escenas de forma maravillosa y tiene planos sobrecogedores por su belleza y su originalidad (esas sombras de niños jugando son todo un acierto) pero no es suficiente para lograr su ambicioso objetivo. El problema es que dos horas y veinte minutos son demasiado, el film se hace aburrido hasta decir basta. Cada vez que miraba el reloj me aterraba más de lo despacio que pasaba el tiempo.
No es que la idea sea mala o que Malick no sepa rodar (todo lo contrario) sino que se queda en la belleza de las imágenes, no profundiza más allá y no da coherencia a este bellísimo torbellino visual que es El árbol de la vida. La peli tiene decenas de planos que son para dejarte con la boca abierta, pero la narración (cuando la hay) es tan lenta y tan fragmentada que sólo provoca el bostezo. Malick pasa de los diálogos, no le hacen falta, con cuatro voces en off y una genial selección de música clásica se cree capaz de hacernos entrar en su espiritual mundo.
Esta historia de una familia en los años cincuenta hubiera podido ser una hermosa película sin mayores pretensiones, pero todo el rollo panteísta y grandilocuente de Malick la convierte en un quiero y no puedo. El tejano pretende emocionar al espectador a través de una poesía visual sin igual, pero fracasa ya que una cascada, una galaxia, un meteorito o una célula no emocionan por sí solos. Malick no consigue que el espectador entre en el juego de considerar a todo el universo un ser vivo del cual el ser humano es sólo una parte insignificante. Su mensaje new age no caló en mí. Tampoco logra conectar la historia del universo con el pequeño drama familiar, haciendo que el film se hunda sin remedio. Unir los grandes misterios del cosmos con los pequeños problemas entre padres e hijos es una buena idea, pero en pantalla resulta un film pretencioso y tedioso.

Malick, como Buñuel, Lynch o Aronofsky, se sabe un maestro del séptimo arte, escribe y rueda lo que le da la gana, sin importarle demasiado si el espectador sintoniza o no con las bellas imágenes que nos ofrece. Yo no he conectado. Entiendo lo que Malick nos quiere contar sobre el amor, la religión, Dios, el destino y todo lo demás, pero me he aburrido como hacía años que no me aburría. Ni siquiera el final me parece que sea digno, es tan abierto a interpretaciones que cada espectador sacará sus propias conclusiones pero son conclusiones bastante obvias, la verdad.
Hay que destacar como algo muy positivo la increíblemente hermosa banda sonora del francés Alexandre Desplat (ganador del Oscar desde ya mismo) así como otras composiciones clásicas de gran belleza. A mí me sorprendió mucho (aunque sigo sin verle mucho sentido) la escena de la creación del universo con el tema Lacrimosa del compositor polaco Zbigniew Preisner. El tema pertenece a su trabajo Requiem for a friend de 1998, en homenaje a su amigo y colaborador Krzysztof Kieślowski. Hacía mucho tiempo (quizás desde 2001) que no se veía una fusión tan emotiva de sonido e imágenes. Aquí os dejo un minuto y 50 segundo de auténtica magia:
Respecto a los actores, pues están bien aunque no creo que ni ellos entiendieran lo que estaban interpretando. Brad Pitt está perfecto en su papel de severo padre amante de la música clásica. Su personaje me parece todo un paradigma del sueño americano que tanto triunfaba en los años 50, a base de esfuerzo se puede lograr cualquier cosa. Un tipo que transmite sus frustraciones a sus hijos. Interesante personaje que no acaba de cuajar del todo. Jessica Chastain es muy guapa y no está mal, la verdad. Sean Penn sale poco y con cara de amargado, no transmite nada y apenas dice una palabra. El papelón de su vida, vamos.
Por cierto, tengo unas preguntas, a ver si alguien me las sabe responder y coincidimos en nuestras interpretaciones: ¿Qué pinta el antifaz en el agua? ¿Qué viene a representar el episodio de los dinosaurios? ¿Qué simboliza la playa del final? ¿Y la puerta de madera en mitad del desierto?

Para unos será una obra maestra de sobrecogedora belleza y para otros un tostón de cuidado formado por momentos sublimes, me inclino un poco más por los segundos. Con un recorte en el metraje y algo memos de pedantería, estaríamos ante una maravilla indiscutible.
P.D.: Seguro que este film es muy autobiográfico (me juego el cuello a que a Malick le rociaron con DDT cuando era crío, cosa que explicaría muchas cosas de su cine) y seguro que el padre de Malick era bastante parecido al que describe en el film. Yo soy padre de dos criaturas (sí, cualquier idiota puede ser padre) y reconozco que a veces pienso que soy demasiado severo con ellos, incluso me sentí incómodo en algunos momentos del film en los que me pude ver levemente reflejado. Espero no traumatizar a mis hijos y que éstos no reflejen sus traumas en películas tan aburridas y pretenciosas como El árbol de la vida.
lunes, 17 de enero de 2011
Megamind

Megamind es un villano que desea acabar de una vez con su eterno enemigo Metro Man.
Una peli más de animación de la factoría Dreamworks, no está mal pero no entretiene lo que se supone, la verdad. Tiene algún golpe simpático a costa de homenajes a las pelis de Superman y poca cosa más. Megamind coincide con Gru, mi villano favorito en lo de que el protagonista sea el malo de la película. En ambos casos el villano acabará convertido en héroe pero a mí me gustó bastante más la de Gru. Megamind parece hecha con retales de otras películas. El guión coge elementos de aquí y de allá y lo combina sin demasiada gracia y sin intentar enternecer al personal (cosa que se agradece). Tenemos un protagonista, un adversario, secundarios graciosos, una chica, equívocos de personalidades y los elementos propios del cine de superhéroes.

La dirección es correcta, aunque no innova ni arriesga un ápice, divierte lo justo. Hay alguna escena espectacular pero parece que los de Dreamworks se conforman con hacer pasar un rato agradable al personal. No hay ningún gag memorable, ni ningún chiste realmente digno de mención. Si le sumamos que la historia es previsible y los secundarios no están muy trabajados pues nos da un film correcto, adecuado para los más peques pero que a sus padres puede saber a muy poco. Una pena, la cosa prometía bastante.
Lo que más me defraudó fue el inevitable baile final, parece que no se puede acabar una peli de animación moderna sin que los personajes acaben bailando. Esta vez han elegido el tema Bad de Michael Jackson, que vuelve a estar de moda post mortem. Imaginación al poder.
En la versión original se pueden oír las voces de Will Ferrell, Brad pitt y Tina Fey, seguro que con sus voces la cosa gana algo de diversión.
Dreamworks sigue estando varios pasos detrás de Pixar. Correcta, sin más.
5
viernes, 25 de septiembre de 2009
El club de la lucha (Fight club)

El club de la lucha (Fight club) es una de las películas más perturbadoras de década de los 90. Basado en la novela de Chuck Palahniuk (Choke), el film de Fincher es tan transgresor como fascinante. Un film que hoy no creo que ningún gran estudio quisiera financiar.
El narrador (nunca se dice el nombre del personaje de Edward Norton) lleva una vida aburrida, vive en un apartamento que paga gracias a un anodino trabajo en una aseguradora. Su vida es gris, demasiado gris, y carece de sentido. Lo de tener un trabajo para pagar las deudas y los muebles de los que se encapricha no le satisface. El consumismo le ha acabado produciendo un profundo sentimiento de vacío. Busca algo más que poseer cosas que no llevan a la felicidad. Busca sentirse bien, no sentirse dirigido por un consumismo sin sentido. Busca no ser sólo un número, no sentirse como un cordero dentro de un rebaño. Quizás por eso acude a terapias de grupo para afrontar cánceres que él no padece. Para sentir que hay alguien que es realmente más desdichado que él. Y encima con motivos.
Pero la vida del narrador cambiará cuando conozca a Marla Singer (Helena Bonham Carter), otra paria social que acude a terapias que no necesita. En ella verá a su igual a su alter ego, su amarga media naranja.Pero su vida cambiará aún más cuando conozca a Tyler Durden (un Brad Pitt magnífico en todos los sentidos), un tipo realmente fascinante. Su afición es insertar fotos de penes en las películas infantiles provocando un efecto subliminal en la audiencia. También vende jabones que el mismo elabora con la grasa que roba de las clínicas de liposucciones. Tyler les devuelve a las ricachonas sus enormes culos en forma de pastillas de jabón. Reciclar es el futuro.

Tyler es independiente, no parece sentir afecto por nadie y es más listo (mucho más listo) que la media de personas que viven encerradas dentro de la jaula de oro del capitalismo. Tyler arrastrará a nuestro amigo el narrador hasta un oscuro submundo de peleas y auto destrucción. Para Tyler no tiene sentido buscar el sentido de la vida. Todo es mentira, nada vale realmente la pena. La sociedad crea unos miedos y unas estúpidas normas morales para mantener a los corderos dentro del redil. Pero Tyler no es sólo un loco elocuente, es un terrorista decidido a acabar con la sociedad empezando por su propio cuerpo. La autodestrucción es la respuesta. Tyler quiere imponer su nueva doctrina a base de explosivos caseros.

David Fincher (Zodiac, Seven, El curioso caso de Benjamin Button) imprime un ritmo vertiginoso al film logrando que atrape al espectador desde el principio y no te suelte hasta el final. Fincher usa magistralmente todo tipo de trucos narrativos, sonoros, visuales y hasta digitales para plasmar el universo Palahniuk: flashbacks, saltos temporales, la omnipresente voz en off, fotografía en tonos verdes, un montaje endiablado, etc.
A destacar ciertas escenas como la que ocurre en la oficina del jefe, los discursos, las escenas inicial y final (que no dejan de ser la misma) y un largo etcétera de momentos difícilmente olvidables.
Sólo pasados 2 tercios del film baja algo de ritmo, pero es momentáneo, un paso atrás para coger carrerilla hasta un final sorprendente. Un final que nos hace preguntarnos quienes somos realmente y qué parte de nuestra personalidad es impostada. Todos deseamos ser otra persona o, al menos, mejorar ciertos aspectos de nuestra personalidad ¿o no?. Todos tenemos complejos y aspectos que nos gustaría mejorar. ¿Seríamos mejores personas si superáramos nuestros complejos? ¿No sería más fácil aceptarnos como somos que mostrarnos ante los demás como algo que no somos? ¿Qué pasa si nos inventamos una personalidad que sea tal y como nos gustaría ser a ojos de los demás?
Fincher gastó 50 millones de dólares en una película que es toda una patada entre las piernas del capitalismo y la sociedad de consumo. Aún no entiendo cómo un gran estudio se decidió a financiar una película así en 1999. Lástima que la corriente puritana que asoló a Hollywood (y al mundo entero) tras el 11-S hiciera que otros films transgresores se quedaran en el tintero. Por suerte, Fight club se rodó a tiempo. No olvidemos que en una escena de esta película un edificio se derrumba de forma bastante parecida a la que lo harían las torres gemelas dos años después. Tras el 11-S hubiera sido imposible rodar un film así.
1999 fue el año de Matrix pero yo creo que la propuesta formal y de fondo de Fight club es mucho más interesante. Han pasado los años y sigo pensando que Fight club es un gran film, divertido y subversivo y con un mensaje aún válido.
Usa jabón.

jueves, 24 de septiembre de 2009
Malditos Bastardos (Inglourious Basterds)

Esta vez Tarantino se va a la Francia ocupada para contarnos la historia de un grupo de judíos americanos que se dedica a matar nazis.
Desde luego malditos bastardos no es un film histórico, es un western ambientado en la segunda guerra mundial. Tarantino deforma la historia para ajustarla a su peculiar estilo. Estilo que ya daba muestras de agotamiento en Deathproof y este film es la prueba patente. Ocurre que en Malditos bastardos el amigo Quentin sigue fiel a sus principios de toda la vida: mezcla de géneros, historia dividida en capítulos, homenajes constantes, cameos, música de Morriconne, diálogos ingeniosos y violencia.
No hay nada nuevo dentro de la forma de rodar y montar la película. Da igual que sitúe la película en la Francia de hace 65 años, su estilo sigue invariable. A Tarantino le basta con ser él mismo, o eso piensa él.
Obviamente, la película tiene un par de momentos de gran cine, pero sólo un par. La escena del inicio o la de la taberna son dos pequeñas joyas en las que Tarantino brilla como narrador. Además usa sabiamente en la primera de ellas la técnica de Hitchcock para crear suspense, es decir, te muestra lo que hay bajo la mesa. Poco a poco la tensión va creciendo hasta límites insoportables.
Estas 2 escenas son memorables pero el conjunto acaba cojeando bastante. Las dos horas y media se pasan rápido, es cierto, pero uno espera que la peli te sobresalte como ya lo hizo este tipo en films anteriores, no es el caso. Si exceptuamos los momentos mencionados, el film no engancha lo que debiera. Es demasiado disperso e impreciso. La acción avanza a trompicones, con continuos paros y acelerones que le confieren un ritmo muy irregular.

Además de los homenajes cinéfilos y musicales habituales (hasta repite alguna canción ya usada en Kill Bill) Tarantino se toma la libertad de ofrecernos un videoclip ochentero a ritmo del Cat people (Putting out fire) de David Bowie (usada ya en El beso de la pantera), no está mal pero es un innecesario parón que lastra el ritmo del film, ya de por sí bastante imperfecto. Tampoco el clímax final está suficientemente logrado.
Tarantino se enreda en diálogos y cambios de idioma olvidándose de desarrollar personajes, supongo que no le interesa. Los bastardos quedan totalmente desdibujados, son los personajes más atractivos del film y apenas nos cuenta la historia de uno de ellos. Ni siquiera sabemos quién es Aldo o donde consiguió el de Tennessee la cicatriz que adorna su cuello. A destacar Brad Pitt imitando a Marlon Brando en El padrino (algodones en la mandíbula incluidos) pero con acento sureño.

Al menos cuando se centra en los personajes nos regala una interpretación genial como la de Christoph Waltz en el papel del astuto Hans Landa. El resto de los actores están correctos, entre la caricatura y la ironía propias de un film que no se debe tomar demasiado en serio. Me gustó mucho August Diehl (Los falsificadores) en la escena de la cantina. Lamentablemente Mélanie Laurent y Daniel Brühl no acaban de encajar en la trama y Diane Kruger sale poco. Como simples anécdotas creo que quedan las apariciones de Mike Myers y Rod Taylor.
Desde luego malditos bastardos no es un film histórico, es un western ambientado en la segunda guerra mundial. Tarantino deforma la historia para ajustarla a su peculiar estilo. Estilo que ya daba muestras de agotamiento en Deathproof y este film es la prueba patente. Ocurre que en Malditos bastardos el amigo Quentin sigue fiel a sus principios de toda la vida: mezcla de géneros, historia dividida en capítulos, homenajes constantes, cameos, música de Morriconne, diálogos ingeniosos y violencia.
No hay nada nuevo dentro de la forma de rodar y montar la película. Da igual que sitúe la película en la Francia de hace 65 años, su estilo sigue invariable. A Tarantino le basta con ser él mismo, o eso piensa él.
Obviamente, la película tiene un par de momentos de gran cine, pero sólo un par. La escena del inicio o la de la taberna son dos pequeñas joyas en las que Tarantino brilla como narrador. Además usa sabiamente en la primera de ellas la técnica de Hitchcock para crear suspense, es decir, te muestra lo que hay bajo la mesa. Poco a poco la tensión va creciendo hasta límites insoportables.
Estas 2 escenas son memorables pero el conjunto acaba cojeando bastante. Las dos horas y media se pasan rápido, es cierto, pero uno espera que la peli te sobresalte como ya lo hizo este tipo en films anteriores, no es el caso. Si exceptuamos los momentos mencionados, el film no engancha lo que debiera. Es demasiado disperso e impreciso. La acción avanza a trompicones, con continuos paros y acelerones que le confieren un ritmo muy irregular.

Además de los homenajes cinéfilos y musicales habituales (hasta repite alguna canción ya usada en Kill Bill) Tarantino se toma la libertad de ofrecernos un videoclip ochentero a ritmo del Cat people (Putting out fire) de David Bowie (usada ya en El beso de la pantera), no está mal pero es un innecesario parón que lastra el ritmo del film, ya de por sí bastante imperfecto. Tampoco el clímax final está suficientemente logrado.
Tarantino se enreda en diálogos y cambios de idioma olvidándose de desarrollar personajes, supongo que no le interesa. Los bastardos quedan totalmente desdibujados, son los personajes más atractivos del film y apenas nos cuenta la historia de uno de ellos. Ni siquiera sabemos quién es Aldo o donde consiguió el de Tennessee la cicatriz que adorna su cuello. A destacar Brad Pitt imitando a Marlon Brando en El padrino (algodones en la mandíbula incluidos) pero con acento sureño.

Al menos cuando se centra en los personajes nos regala una interpretación genial como la de Christoph Waltz en el papel del astuto Hans Landa. El resto de los actores están correctos, entre la caricatura y la ironía propias de un film que no se debe tomar demasiado en serio. Me gustó mucho August Diehl (Los falsificadores) en la escena de la cantina. Lamentablemente Mélanie Laurent y Daniel Brühl no acaban de encajar en la trama y Diane Kruger sale poco. Como simples anécdotas creo que quedan las apariciones de Mike Myers y Rod Taylor.
Tarantino ha realizado otra macarrada de las suyas con 2 grandes escenas y un villano antológico (algo que no sucede todos los días). Así pues, sopesando lo bueno y lo malo.. le doy un....
6
sábado, 7 de marzo de 2009
El curioso caso de Benjamin Button (The Curious Case of Benjamin Button)

En 1918 nace en Nueva Orleans un niño con el cuerpo de un hombre de 80 años.
Soy fan de David Fincher desde que debutó con Alien3 pero pienso que alterna una peli genial con una fallida. Ahora, tras la sensacional Zodiac, tocaba una fallida aunque la reunión con Brad Pitt nos hizo albergar muchas esperanzas.
Basada en el relato de F. Scott Fitzgerald, la premisa de un niño que nace con cuerpo de anciano y va rejuveneciendo conforme cumple años me parece muy jugosa. Asimismo, una historia de amor en la que los dos miembros de la pareja van en direcciones temporales opuestas creo que muy pocos directores podrían llevarla a cabo de forma satisfactoria. Fincher es uno de ellos, aunque el resultado final me ha defraudado un poco.
La peli se inicia con un fabuloso prólogo con un toque Jean-Pierre Jeunet (Amélie, Largo Domingo de noviazgo) y toda la parte inicial está francamente bien. El guión está lleno de personajes entrañables, buenos diálogos y escenas bien resueltas. Pero luego la trama avanza algo lentamente, hay parones que provocan cierto aburrimiento. La peli se alarga hasta las dos horas y media y se hace algo pesada.
Parece ser que cuando Fincher entregó su película a los ejecutivos del estudio duraba 3 horas largas y éstos intentaron cortarla sin su permiso. Quien sabe si por una vez los directivos tenían razón.
Sea como fuere, ni la tensión ni la pericia narrativa propias de Fincher aparecen casi por ningún lado (el prólogo, el predicador o la escena del taxista). Sí logra que que los continuos saltos temporales no mareen al espectador y que la historia de amor nos emocione varias veces, beneficiándose de la química que hay entre los dos actores.
Para mí el único problema (tras la excesiva duración) es el personaje de Brad Pitt, quien siempre me ha parecido un buen actor. Está bien en la primera parte interpretando al curioso niño-anciano. Pero cuando el maquillaje va desapareciendo compone un papel bastante inexpresivo, sin matices, algo soso.
A mí el personaje que más me llegó es el de Taraji P. Henson quien compone un personaje maternal realmente soberbio. Tilda Swinton y Julia Ormond están bien.
Técnicamente, la ambientación del film es genial al igual que la fotografía (entre la estética Jeunet y la Tim Burton), el maquillaje y los efectos.
Interesante, pero fallida.
6
sábado, 10 de enero de 2009
QUEMAR DESPUÉS DE LEER (Burn after reading)

Un agente de la CIA decide plasmar sus experiencias en un relato, pero poco puede sospechar las consecuencias que se originarán cuando el cd en el que lo guarda caiga en las manos equivocadas.
La nueva película de los hermanos Coen sigue siendo fiel a sus principios, haz lo que quieras. Su cine es libre y no se anda con concesiones a las productoras o al gran público. Igual no te gusta, pero es innegable sus ganas de contar historias originales.
Originales por que los personajes no son los típicos personajes de las películas norteamericanas (el héroe guapo, la chica mona y el malo maloso), los personajes de los Coen son mucho más complejos que todo eso. De hecho, en esta peli no hay héroes ni chicas monas ni malvados. Sólo hay personajes torpes, muy torpes. Son personas normales metidas en unos líos horrorosos debido a su ambición y su torpeza.
Los Coen usan una premisa de espías y extorsiones para desarrollar una original y despiadada radiografía de la sociedad norteamericana actual: obsesión por el cuerpo, cirugía estética, armas, dinero fácil, engaños y la omnipresente CIA. Los Coen siguen destrozando tópicos con su cine y saltándose todas las reglas narrativas que pueden. Al igual que ya pasó en Fargo o en El hombre que nusca estuvo allí, cuando piensas que la trama va a ir por un sitio… te sorprenden con un giro inesperado. Bien.
Los actores están bien riéndose de los personajes que suelen interpretar habitualmente, Brad Pitt y George Clooney están perfectos como antihéroes empanados. El personaje de Pitt es toda una auto parodia del típico cachas de gimnasio mientras Clooney representa una visión tragicómica del Don Juan moderno. John Malkovich y Tilda Swinton están como siempre, más que bien.
Frances McDormand borda su papel de solterona obsesionada con su físico y con la cirugía estética. Su papel es paradigmático de la sociedad actual, cree que con cambiar su físico encontrará la felicidad y el amor, siendo incapaz de reconocer el amor en alguien muy cercano.
A mí me gustó, pasé un buen rato e incluso me hizo reír varias veces (el golpe de la silla es simplemente genial). Si te gustó Fargo y su desmitificación de los estereotipos norteamericanos, disfrutarás con esta película.
6,5
La nueva película de los hermanos Coen sigue siendo fiel a sus principios, haz lo que quieras. Su cine es libre y no se anda con concesiones a las productoras o al gran público. Igual no te gusta, pero es innegable sus ganas de contar historias originales.
Originales por que los personajes no son los típicos personajes de las películas norteamericanas (el héroe guapo, la chica mona y el malo maloso), los personajes de los Coen son mucho más complejos que todo eso. De hecho, en esta peli no hay héroes ni chicas monas ni malvados. Sólo hay personajes torpes, muy torpes. Son personas normales metidas en unos líos horrorosos debido a su ambición y su torpeza.
Los Coen usan una premisa de espías y extorsiones para desarrollar una original y despiadada radiografía de la sociedad norteamericana actual: obsesión por el cuerpo, cirugía estética, armas, dinero fácil, engaños y la omnipresente CIA. Los Coen siguen destrozando tópicos con su cine y saltándose todas las reglas narrativas que pueden. Al igual que ya pasó en Fargo o en El hombre que nusca estuvo allí, cuando piensas que la trama va a ir por un sitio… te sorprenden con un giro inesperado. Bien.
Los actores están bien riéndose de los personajes que suelen interpretar habitualmente, Brad Pitt y George Clooney están perfectos como antihéroes empanados. El personaje de Pitt es toda una auto parodia del típico cachas de gimnasio mientras Clooney representa una visión tragicómica del Don Juan moderno. John Malkovich y Tilda Swinton están como siempre, más que bien.
Frances McDormand borda su papel de solterona obsesionada con su físico y con la cirugía estética. Su papel es paradigmático de la sociedad actual, cree que con cambiar su físico encontrará la felicidad y el amor, siendo incapaz de reconocer el amor en alguien muy cercano.
A mí me gustó, pasé un buen rato e incluso me hizo reír varias veces (el golpe de la silla es simplemente genial). Si te gustó Fargo y su desmitificación de los estereotipos norteamericanos, disfrutarás con esta película.
6,5
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