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miércoles, 4 de marzo de 2015

Magical girl


 La primera película de Carlos Vermut, Diamond flash, fue una muy grata sorpresa. Diamond flash era una propuesta personal y arriesgada que nos dejaba intuir que detrás de la cámara había una mente con talento. Con su segunda propuesta Vermut ha depurado su estilo sin traicionarse a sí mismo.

 Como pasaba en Diamond flash, ya desde el inicio Vermut nos deja descolocados con un soberbio prólogo rodado de forma sobria pero que consigue intrigarnos sobremanera. Algo bastante poco frecuente. Luego Vermut nos introduce sin prisa pero sin pausa en un enfermizo drama de personajes atrapados y deseos encontrados. Será el deseo de un padre por hacer feliz a su hija enferma de leucemia el desencadenante de esta fascinante historia. No puedo contar mucho más sobre la trama, es mejor que se el film se disfrute y te sorprenda (que seguro que lo hará) sin que nadie te haya contado demasiado.

 Vermut no le teme a ningún género ni parece estar limitado por complejo alguno. Se nota una obvia mejoría respecto a su film anterior. Esta vez, el crisol de géneros (drama, comedia, terror, thriller, ciencia ficción) resulta más homogéneo. Vermut ha demostrado poseer una particular visión del cine con sólo dos películas. Vermut crea un universo laberíntico con alma de rompecabezas. Magical girl posee un imaginario fascinante a base de elementos cotidianos que adquieren un significado perturbador: el espejo, el puzzle, la habitación, los sobres, el lagarto, etc. Elementos que nos remiten a maestros como David Lynch o Stanley Kubrick.

 El estilo narrativo de Vermut sigue siendo austero, hay pocos movimientos de cámara y no hay moderneces. Eso sí, me molestó esa manía que parece heredada de Lars von Trier de dividir la película en capítulos. Por suerte, esta vez Vermut se enreda menos en los diálogos. Por cierto, los personajes en los bares dicen verdades como puños en unos diálogos aparentemente intrascendentes que reflejan el sentir de un país. Aún así, es probable que a ciertos espectadores les cueste entrar en este peculiar universo.

 El film se beneficia de un plantel de actores excelente. Yo destacaría a ese enorme actor que siempre ha sido José Sacristán, un actor con todas las letras que es capaz de dar verosimilitud a cualquier diálogo. Todo un señor de la interpretación que ha pisado más tablas de escenario que toda esta generación de jóvenes actores que asolan nuestras pantallas y parecen recién salidos de un gimnasio. Me sorprendió gratamente Bárbara Lennie (merecido Goya a la actriz revelación) su complejo y contradictorio personaje me parece uno de los mejores personajes femeninos del cine español en mucho tiempo. No puedo decir más. Igualmente cabe destacar el trabajo de Luis Bermejo.

 Si te gustó Diamond flash te gustará Magical girl. En caso contrario, ni te acerques a ésta, tú te lo pierdes.

7,5

sábado, 27 de octubre de 2012

Madrid, 1987



Madrid, 1987 es una rareza dentro del panorama cinematográfico español. David Trueba escribe y dirige una película arriesgada sobre dos personajes desnudos atrapados en un baño.

 Ya desde los títulos de crédito iniciales Trueba  elabora un sano ejercicio de economía de medios y nos sitúa en la España de 1987 usando unas noticias radiofónicas y unas portadas de revistas. Trueba consigue meternos en situación con unas breves pinceladas y luego se centra en unos elaborados diálogos entre sus dos protagonistas, José Sacristán (uno de mis actores favoritos) y María Valverde (una de las actrices jóvenes españolas más prometedoras) . Sacristán es Miguel Batalla, un maduro columnista de vuelta de todo, temido y respetado a partes iguales. Ha llegado a un punto en el que se siente totalmente libre para decir lo que piensa sin importarle las consecuencias. Su fama le precede y él nunca defrauda. El carácter cínico del personaje puede recordarnos a personajes reales como Joaquín Sabina, Fernando Fernán Gómez (al que David Trueba ya le dedicó un documental) o Arturo Pérez Reverte. Posiblemente haya elementos y citas de todos ellos y muchos otros en el guión de la película.
Hay que reconocer que ya no quedan en este país muchos actores con el suficiente carisma para dar credibilidad a un personaje así. Lamentablemente, algunos de los actores que se me ocurren ya han fallecido: Sancho Gracia, Juan Luis Gallardo o Fernando Fernán Gómez. Por cierto, lo que daría yo por tener la voz de José Sacristán, empiezo a fumar y a beber como un cosaco hoy mismo. Sacristán está inmenso, en uno de esos papeles que en Hollywood le habrían dado el Oscar aunque aquí nunca le hayan dado ni un patético Goya honorífico. Sacristán resulta creíble en la piel de su personaje, no obstante, hay que reconocer que al principio sus frases lapidarias resultan algo impostadas. Por suerte, la cosa mejora rápidamente.
  María Valverde es la joven estudiante de periodismo que desea aprender del maduro escritor. Ella desea conocimiento y él sólo desea el cuerpo de la joven. La unión primero voluntaria y luego forzosa de estos dos personajes tan distintos no es usada por el menor de los Trueba para dar grandes lecciones de historia de este país ni nada similar, tampoco hay una moraleja clara. Sólo son dos personajes atrapados en un baño sin más metáforas ni segundas interpretaciones. Puro amor al cine de personajes y diálogos.

La trama avanza de forma fluida y sin grandes esfuerzos para el espectador. Si bien algunas situaciones se resuelven de forma un poco forzada, en líneas generales, el film es coherente y se sigue con interés. Los personajes no sólo acabarán desnudos físicamente sino que también se desprenderán de muchas otras cosas bastante menos tangibles. El salto generacional y las diferentes visiones de la vida serán el motor de su conversación. Personajes hablado sin parar pero sin llegar a aburrir nunca (esto no es Cosmopolis). Me gustaron mucho las disertaciones sobre el estilo, la música en el cine o la magnífica escena de la sala de cine (nunca un marco y unas baldosas me habían parecido tan interesantes).

Podría parecer que la premisa tiene algo que ver con la fallida Habitación en Roma, pero lo resultados son totalmente distintos. Casi se parece más a ese primer cine de Polanski con pocos personajes confinados en un espacio limitado, pero sin ese toque oscuro propio del mejor Polanski.

Interesante y recomendable experimento.