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sábado, 1 de septiembre de 2012

Elefante blanco



Pablo Trapero es un director argentino a tener en cuenta. Su intensa filmografía merece un visionado. Las historias de Trapero bucean en lo más oscuro del ser humano, como en Carancho. En Elefante blanco trapero nos sumerge en la miseria de un enorme barrio marginal a las afueras de Buenos Aires.

Trapero se desenvuelve muy bien en este complejo y destartalado escenario y nos siguen pareciendo muy acertados sus complicados planos secuencia. La forma de seguir a los personajes en medio del caos generalizado de la barriada y los tiroteos me parecieron dignos de un gran director. Trapero despliega una excelente puesta en escena y huye del estilo videoclipero en busca de la verosimilitud. Los planos de perros abandonados entre calles encharcadas me parecieron sobrecogedores.

Si Trapero sabe mover la cámara, quizás falle a la hora de lograr que la historia atrape al espectador. Su cine es demasiado desolador, no hay sitio para el humor o la ironía y al espectador quizás le cueste entrar en la historia. Su cine social no atrapa como lo hace el de Ken Loach ni su película consigue engancharnos de igual manera que Ciudad de Dios o Tropa de élite (películas con las que comparte algunos temas aunque la forma sea totalmente opuesta).  La labor de los sacerdotes protagonistas se nos antoja una tarea imposible, su misión está abocada al fracaso.Sólo una fe ciega en Dios o en el ser humano puede justificar que alguien sacrifique su vida de esa manera.


Trapero no busca la vía fácil y opta por centrarse en los conflictos internos de los personajes. Nadie está a salvo de las dudas y/o los remordimientos. Por mucha fe que se tenga, los personajes del film no dejan de ser humanos en una situación extrema. Algo no acaba de encajar en sus vidas, el sacrificio no compensa y las dudas son cada vez más intensas. Ya desde la durísima escena inicial, Trapero nos presenta el fracaso de toda una vida dedicada a los demás, a partir de ahí, no hay hueco posible para la esperanza. Trapero no aporta soluciones ni esperanza alguna, dejando su film un regusto amargo muy poco reconfortante. Su cine es valiente y necesario pero le falta algo para llegar a ser ese gran cine que pretende. Quizás los personajes no acaben de conectar con el espectador (a pesar de estar perfectamente interpretados por actores tan solventes como Ricardo Darín o Martina Gusman) o a la historia le falte algo de empatía.

Trapero sigue haciendo buen cine y denunciando las miserias de nuestro mundo, es decisión de cada espectador si quiere adentrarse en esta cruda realidad.

6

lunes, 27 de septiembre de 2010

Carancho



El carancho es un ave rapaz, como el personaje de Ricardo Darín, quien abandona su eterno papel de buena persona que tan buenos resultados le ha dado en films como El hijo de la novia, Luna de Avellaneda o El secreto de sus ojos. Carancho es un film de cine negro, negrísimo, a la argentina. Nos presenta una sociedad vertebrada por la picaresca y la mentira. Concretamente se centra en los accidentes de tráfico y el turbio negocio que se mueve alrededor.

Los personajes del film están atrapados en una terrible realidad, el convivir diariamente con los accidentes y sus consecuencias les proporciona una dolorosa visión del mundo. Un mundo insoportable del que intentarán escapar. De eso va este film. de personas que intentan escapar de la realidad que los ahoga. Personas heridas, aisladas, que huyen de sí mismos y de una cotidianeidad marcada por la sangre y la muerte. No esperes encontrar en esta película diálogos ingeniosos o chistes existencialistas, no es el tipo de cine argentino que estamos acostumbrados.

La excelente dirección de Pablo Trapero es muy fría y nada agradable para el espectador. Te sumerge en un infierno de frías oficinas, ambulancias y hospitales, convirtiendo el film en una experiencia casi dolorosa. Trapero es un buen realizador, consigue complicados planos secuencia realmente espectaculares y todas las escenas tienen una veracidad casi documental. Especialmente realistas son las escenas de la sala de urgencias, las palizas y los accidentes de coche.
El conjunto resulta demasiado duro y hermético. Trapero crea una atmósfera asfixiante que no deja respiro al espectador. No hay ni un ápice de humor ni humanidad en esta historia, resultando casi imposible simpatizar con los personajes. Ningún secundario es simpático ni entrañable, todo es sórdido en el film. Cuando llega el final (magnífico plano secuencia) uno no puede dejar de pensar que por suerte sólo es una película y no tenemos que vivir en un mundo así.
A mí Ricardo Darín me ha gustado (como siempre), su cambio de registro me parece todo un acierto. Igual de acertada está Martina Gusman (a la que yo no conocía) quien borda un papel muy extremo a base de miradas y silencios.

Resumiendo, un drama amargo y violento.

6,5