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viernes, 13 de marzo de 2015

Relatos salvajes


 Relatos salvajes es una refrescante comedia negra (negrísima) con toques de drama a base de episodios totalmente independientes. Los relatos tienen un único denominador común: la violencia que irrumpe inesperadamente en la vida cotidiana. Ese lado salvaje del ser humano que parece aletargado se hace visible en cada uno de estos relatos.

La violencia que Damián Szifrón presenta en sus relatos es una violencia que emana de lo más primitivo del ser humano. No nos engañemos, el ser humano es un animal, por mucho que no neguemos a creerlo, y como tal tiene unos instintos destinados a asegurar su supervivencia. Es por ello que la violencia nunca desaparecerá del todo. La sociedad pretende hacer que la violencia no sea visible o sea sólo competencia de unos pocos, pero todos podemos llegar a perder el control y dejar aflorar ese lado salvaje.

 En sus relatos, Szifrón nos presenta con mucha mala baba situaciones en las que la violencia se hace palpable. ¿Quién no ha deseado darle su merecido a ese imbécil que nos encontramos en la carretera o vengarse de esa persona que nos arruinó la vida? ¿Son tan distintos los personajes de Relatos salvajes de nosotros mismos? Sinceramente, opino que no. Puede que Szifrón haga algo de demagogia o lleve las situaciones al extremo pero creo que su película no pretende ser una fiel radiografía de la sociedad sino una sátira del mundo moderno. Un mundo que se olvida que somos seres emocionales (y más en ciertos países) que no nos movemos únicamente por la razón.
 No todos los relatos son igual de interesantes, pero el nivel no decae de manera ostensible. A mí me gustaron todos y ninguno se me hizo pesado. Quizás el de Ricardo Darín me pareció el más obvio, pero el resto me dejaron clavado al asiento. Debo destacar el primero, el del avión, simplemente genial. También el de la carretera me pareció perfecto.

 Desde la implacable e ineficaz burocracia administrativa a la justicia corrupta, casi todos los estratos sociales son reflejados sin piedad en estos relatos. Viniendo de Argentina, yo eché de menos alguna referencia al Fútbol. No creo que sea casualidad que en un momento dado dos personajes se sitúen junto a dos mandíbulas de tiburón. Szifrón se sitúa de lado del ciudadano de a pie machacado por la administración y un sistema corrupto. Ese ciudadano que decide liarda parda. Viendo el film me acordé de ese empresario turolense que estrelló su coche cargado de bombonas de gas contra la sede del PP en Madrid. ¿Era un terrorista o un ciudadano fuera de sus casillas? ¿Si las estructuras del estado no funcionan, al ciudadano de a pie sólo le queda tomarse la justicia por su mano?. No creo que la película pretenda responder a esa pregunta pero sí que la plantea en clave de humor negro.

 Szifrón ataca las leyes, normas y costumbres de esta sociedad. ¿Hay algo más falso que una boda y todas las estúpidas tradiciones que la rodean? La verdad es que la boda de Relatos salvajes me parece junto a la de Rec 3 de las mejores bodas que he visto en el cine desde Undergound .

 Divertida.


7

miércoles, 8 de mayo de 2013

Una pistola en cada mano


Una pistola en cada mano está formada por distintos episodios aparentemente inconexos entre sí. En todos ellos se establece un diálogo, siendo éste la verdadera esencia del film. Cesc Gay deja hablar a sus personajes, sobre todo a los masculinos, para mostrarnos sus miedos, sus incongruencias y sus flaquezas.

Sólo el buen hacer a la hora de elaborar las líneas del diálogo y la tremenda naturalidad de la que lo dotan sus actores son capaces de hacer verosímiles ciertas situaciones del film. Pero la cosa funciona. Ninguno de los segmentos desmerece del resto ni hay ninguna bajada de ritmo o de interés.
Cesc Gay no se queda en los estereotipos masculinos sino que parece pretender mostrarnos la evolución de todos ellos. Es un film sobre hombres, sobre los distintos tipos de hombres, todos ellos en crisis permanente. Deja hablar a los personajes, no le interesa la narración sino dejar que los personajes se definan solos a través de sus palabras. Unos personajes masculinos en constante defensa de sus posiciones parapetados detrás sus máscaras. Los hombres del film son infieles, cornudos, infelices, mentirosos e inseguros. No hay quien entienda a las mujeres pero a los hombres se les entiende enseguida. Por suerte o por desgracia estamos condenados a entendernos.

El film contiene grandes duelos interpretativos de unos actores y actrices insuperables, incluso me gustó Eduardo Noriega. Por una vez, Noriega está creíble, su personaje es un capullo integral de ésos que hay a patadas. Me gustó mucho Candela Peña, una actriz que estaba desaparecida y a la que yo he echado de menos (a pesar de sus meteduras de pata en las galas de los Goya), su breve aparición es de lo mejor de esta peli. También Luis Tosar y Ricardo Darín comparten una escena propia de la mejor comedia de Woody Allen pero Gay le da un enfoque distinto, evitando caer en la comedia y en drama. También el diálogo/duelo entre Leonardo Sbaraglia y Eduard Fernández me pareció muy conseguido, esos dos amigos que dejaron de verse hace años sin motivo aparente y se vuelven a encontrar casualmente me parecieron muy conseguidos. Otro que lo borda es Javier Cámara, su personaje de ex marido arrepentido de sus infidelidades es toda una lección de interpretación. El segmento de Leonor Watling y Alberto San Juan / Cayetana Guillén Cuervo y Jordi Mollá me pareció quizás el más flojo a priori pero va ganando interés conforme va avanzando, lamentablemente el final no me acabó de resultar del todo coherente.

 Una pistola en cada mano es una buena película pero, ojito, no es una comedia.

sábado, 6 de abril de 2013

Tesis sobre un homicidio



 Que no nos engañen. Lo que en el secreto de sus ojos era una trama absorbente en Tesis sobre un homicidio es aburrimiento, el film no me atrapó en ningún momento ni me resultaron verosímiles muchas de las situaciones que plantea. Me duele decirlo pero lo único destacable, y lo que salva del absoluto fracaso a la película, es el buen hacer del siempre eficiente Ricardo Darín.

Hermán A. Golfrid dirige su segunda película intentando crear una atmósfera y una tensión que se le escapan irremediablemente durante toda la trama. Intenta ofrecer un buen film de género (algo muy loable) pero se queda a medio camino. Golfrid no es Hitchcock ni Fincher, directores que probablemente hubieran sabido dar con el tono acertado de la historia. Por cierto, su película bebe mucho de films como Vértigo o Zodiac en cuanto a que el protagonista se ve arrastrado por una obsesión, ya sea por una mujer o por encontrar a un asesino, hasta más allá de lo razonable.
 El film de Golfrid no es un film sobre psicópatas y asesinatos, es un film sobre una obsesión y cómo ésta puede modificar nuestra percepción de la realidad, cómo cada uno ve lo que quiere ver. No es una mala premisa, pero no creo que esté bien plasmada en pantalla. El juego que se establece entre el profesor y el alumno no me acabó de parecer coherente. Sí me gustó que durante toda la trama se van diseminando detalles que pueden tener importancia en el posterior desarrollo de la historia o pueden no significar nada, del espectador depende decidir la importancia de estos detalles. El juego del protagonista con las monedas o el ticket de compra son claros ejemplos, pueden ser claves en la investigación o no significar nada, simples coincidencias.
 Obviamente Golfrid juega con el espectador (como debe ser) con unos giros argumentales  que pretenden ser originales pero se quedan en nada cuando el espectador es capaz de verlos venir. Su film me recordó a Los crímenes de Oxford en más de una ocasión, no sólo por el ambiente universitario ni por la relación entre profesor y alumno sino por lo decepcionante de los resultados de ambas propuestas.


 Con una dirección y una historia ampliamente mejorables, el verdadero problema del film son las interpretaciones de Calu Rivero y Alberto Ammann. Ammann está terriblemente inexpresivo y no me lo creo en la piel de su enigmático y ambiguo personaje. No da la talla como psicópata ni como sospechoso. Desde su primera aparición me resultó frío y forzado, fuera de lugar. Por su parte, Calu Rivero es una modelo (y dicen que actriz) argentina muy guapa (las cosas como son) pero no hay quien se la crea. Sus interpretaciones no están a la altura y menos si los pones a compartir plano con un Ricardo Darín, no hay color. El supuesto duelo interpretativo entre Darín y Ammann se salda con una clara victoria por goleada a favor del primero. De hecho, toda la película recae sobre sus hombros y si el resultado final es decepcionante no se debe a Darín. Igualmente la supuesta tensión sexual entre Darín y Rivero brilla por su ausencia.

Golfrid peca de pretencioso pretende que el espectador monte su propio puzzle con las piezas que él le proporciona, pero no logra que entre en su juego y el espectador se siente estafado al final del film.

4

sábado, 1 de septiembre de 2012

Elefante blanco



Pablo Trapero es un director argentino a tener en cuenta. Su intensa filmografía merece un visionado. Las historias de Trapero bucean en lo más oscuro del ser humano, como en Carancho. En Elefante blanco trapero nos sumerge en la miseria de un enorme barrio marginal a las afueras de Buenos Aires.

Trapero se desenvuelve muy bien en este complejo y destartalado escenario y nos siguen pareciendo muy acertados sus complicados planos secuencia. La forma de seguir a los personajes en medio del caos generalizado de la barriada y los tiroteos me parecieron dignos de un gran director. Trapero despliega una excelente puesta en escena y huye del estilo videoclipero en busca de la verosimilitud. Los planos de perros abandonados entre calles encharcadas me parecieron sobrecogedores.

Si Trapero sabe mover la cámara, quizás falle a la hora de lograr que la historia atrape al espectador. Su cine es demasiado desolador, no hay sitio para el humor o la ironía y al espectador quizás le cueste entrar en la historia. Su cine social no atrapa como lo hace el de Ken Loach ni su película consigue engancharnos de igual manera que Ciudad de Dios o Tropa de élite (películas con las que comparte algunos temas aunque la forma sea totalmente opuesta).  La labor de los sacerdotes protagonistas se nos antoja una tarea imposible, su misión está abocada al fracaso.Sólo una fe ciega en Dios o en el ser humano puede justificar que alguien sacrifique su vida de esa manera.


Trapero no busca la vía fácil y opta por centrarse en los conflictos internos de los personajes. Nadie está a salvo de las dudas y/o los remordimientos. Por mucha fe que se tenga, los personajes del film no dejan de ser humanos en una situación extrema. Algo no acaba de encajar en sus vidas, el sacrificio no compensa y las dudas son cada vez más intensas. Ya desde la durísima escena inicial, Trapero nos presenta el fracaso de toda una vida dedicada a los demás, a partir de ahí, no hay hueco posible para la esperanza. Trapero no aporta soluciones ni esperanza alguna, dejando su film un regusto amargo muy poco reconfortante. Su cine es valiente y necesario pero le falta algo para llegar a ser ese gran cine que pretende. Quizás los personajes no acaben de conectar con el espectador (a pesar de estar perfectamente interpretados por actores tan solventes como Ricardo Darín o Martina Gusman) o a la historia le falte algo de empatía.

Trapero sigue haciendo buen cine y denunciando las miserias de nuestro mundo, es decisión de cada espectador si quiere adentrarse en esta cruda realidad.

6

domingo, 7 de agosto de 2011

Un cuento chino

Roberto (Ricardo Darín) es un tipo solitario que regenta una droguería. Roberto tiene una existencia metódica aislada del exterior. Todo se complicará cuando aparece en escena un chino que no habla ni una palabra de español.



Basado en una anécdota real, un cuento chino es un buen film. Con esta premisa argumental podría haber sido una comedia alocada, dado el choque de caracteres de los protagonistas, o un drama que denunciara la situación de los inmigrantes. Es de agradecer que se escape por la tangente y sea una comedia amable. Un cuento chino hace sonreír varias veces aunque nunca llegues a partirte de risa. No busca el chiste fácil ni convierte a los personajes en caricaturas en busca del ansiado gag. Hay situaciones que podrían haber sido mucho más divertidas y otras que podrían haber sido mucho más trágicas pero están resueltas de manera que nunca se pierde ese tono tan personal que tiene el film. No es que se salga del estereotipo de las películas sobre extrañas parejas y personajes excéntricos, pero es un film bien escrito y bien interpretado.
Sebastián Borensztein escribe y dirige esta película de forma eficiente, centrándose en los personajes y poco más. No era necesario complicarse la vida y no lo hace. A base de miradas y emociones contenidas nos entrega un film honesto y muy digno. Ricardo Darín (El hijo de la novia, Nueve reinas, El secreto de sus ojos) ya cambió de registro en Carancho y parece que le ha cogido el gusto. Esta vez nos interpreta a un verdadero cascarrabias, un personaje huraño y calculador. Su interpretación da una vida especial a toda la película y es lo mejor del film.

Una película pequeña pero que hace pasar un buen rato.

6


lunes, 27 de septiembre de 2010

Carancho



El carancho es un ave rapaz, como el personaje de Ricardo Darín, quien abandona su eterno papel de buena persona que tan buenos resultados le ha dado en films como El hijo de la novia, Luna de Avellaneda o El secreto de sus ojos. Carancho es un film de cine negro, negrísimo, a la argentina. Nos presenta una sociedad vertebrada por la picaresca y la mentira. Concretamente se centra en los accidentes de tráfico y el turbio negocio que se mueve alrededor.

Los personajes del film están atrapados en una terrible realidad, el convivir diariamente con los accidentes y sus consecuencias les proporciona una dolorosa visión del mundo. Un mundo insoportable del que intentarán escapar. De eso va este film. de personas que intentan escapar de la realidad que los ahoga. Personas heridas, aisladas, que huyen de sí mismos y de una cotidianeidad marcada por la sangre y la muerte. No esperes encontrar en esta película diálogos ingeniosos o chistes existencialistas, no es el tipo de cine argentino que estamos acostumbrados.

La excelente dirección de Pablo Trapero es muy fría y nada agradable para el espectador. Te sumerge en un infierno de frías oficinas, ambulancias y hospitales, convirtiendo el film en una experiencia casi dolorosa. Trapero es un buen realizador, consigue complicados planos secuencia realmente espectaculares y todas las escenas tienen una veracidad casi documental. Especialmente realistas son las escenas de la sala de urgencias, las palizas y los accidentes de coche.
El conjunto resulta demasiado duro y hermético. Trapero crea una atmósfera asfixiante que no deja respiro al espectador. No hay ni un ápice de humor ni humanidad en esta historia, resultando casi imposible simpatizar con los personajes. Ningún secundario es simpático ni entrañable, todo es sórdido en el film. Cuando llega el final (magnífico plano secuencia) uno no puede dejar de pensar que por suerte sólo es una película y no tenemos que vivir en un mundo así.
A mí Ricardo Darín me ha gustado (como siempre), su cambio de registro me parece todo un acierto. Igual de acertada está Martina Gusman (a la que yo no conocía) quien borda un papel muy extremo a base de miradas y silencios.

Resumiendo, un drama amargo y violento.

6,5

viernes, 2 de octubre de 2009

El secreto de sus ojos

Benjamín Espósito (Ricardo Darín) acaba de jubilarse y decide escribir una novela sobre un caso que le sigue atormentando. Un caso ocurrido en 1974 que se inicia con el asesinato de una joven.

Hay películas te atrapan y no te sueltan. Hablo de esas películas que las estás viendo y te das cuenta de te lo estás pasando realmente bien. Esas pocas películas que realmente conectan contigo, que te hacen identificarte con unos personajes entrañables que casi parecen personas reales que hace tiempo que conoces. Hablo de esas que logran una familiaridad y una identificación que roza el cariño. Hablo de esas películas que no te excitan sólo los sentidos sino también los sentimientos. Incluso notas que te falta algo cuando parece que la peli llega a su fin y que te gustaría que la historia durara un par de horas más.

Precisamente todo lo que intento expresar en el párrafo anterior (y no he logrado) es lo que me pasa con cierto cine de pequeñas historias. Pelis como El camino a casa o Las tortugas también vuelan son ejemplos de lo que intento decir. Pero también el cine de el argentino Juan José Campanella.
Tanto El hijo de la novia, El mismo amor, la misma lluvia o Luna de Avellaneda me parecen grandes películas totalmente recomendables. No es un cine sobre personajes mil veces vistos, estereotipos, sino sobre personas. Supongo que el hecho de que los personajes estén tan bien definidos e interpretados de una forma tan cercana y espontánea es fundamental para lograr tal conexión con el espectador. Si encima el estilo de dirección es tan preciso que parece que no existe, sin grandes alardes técnicos ni efectos superfluos, pues estamos ante una peli maravillosa.

En El secreto de sus ojos Campanella cambia de registro y se mete en la investigación de un asesinato por parte de unos agentes judiciales en la convulsa Argentina de 1974. Esta vez se permite la licencia de continuos saltos en el tiempo (perfectamente identificables gracias a pequeños detalles) y algún complejo plano secuencia a lo Brian De Palma (la escena del estadio). Pero no por ello se olvida de los personajes y de sus habituales diálogos. Campanella salta continuamente del thriller a la comedia y luego al drama de forma asombrosa, formando un todo perfectamente coherente. Su película es un crisol sabiamente salpicado de pinceladas de un humor muy argentino pero totalmente exportable. Así mismo la historia de amor es tan sutil como intensa.
Además tengo que reconocer que me sigue fascinando Ricardo Darín, el tipo tiene una naturalidad y una profundidad en sus interpretaciones que me deja perplejo. Tanto en las notables Nueve Reinas, El aura o las pelis antes citadas el argentino nos da una lección tras otra de empatía. Sus interpretaciones son tan naturales que ni siquiera parece que esté actuando. Quizás no actúe y sea así en la vida real. Quién sabe.
Creo que hay que destacar también la inmensa interpretación de Guillermo Francella quien dota a su personaje de una gran ternura. Igualmente Soledad Villamil ofrece un papel lleno de sutiles miradas, su relación con el personaje de Darín es todo un acierto, eso que algunos llaman química.

Un gran guión, un director inspirado y unos actores geniales convierten a El secreto de sus ojos en un film imprescindible.

8