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domingo, 11 de diciembre de 2016

Captain Fantastic


 Hoy voy a comentar una película muy especial. En una escena de Captain Fantastic, el protagonista (Viggo Mortensen) se toma tranquilamente un café desnudo en la puerta del autobús en el que viaja. Ante la mirada de reprobación de unos transeúntes, les espeta que sólo es un pene, no hay nada malo en ello. Y tiene toda la razón. No hay nada malo en un cuerpo desnudo, el cuerpo en sí no es sinónimo de pecado ni de perversión. Es simple anatomía. Quizás el problema resida en los usos y costumbres sociales. Mostrarnos tal y cómo somos nos puede hacer vulnerables a los comentarios de los demás. Mediante la educación, el individuo acepta las normas de la sociedad desde la infancia, las interioriza y las hace suyas. Parapetados tras las normas impuestas por la sociedad, nos socializamos con nuestros semejantes. Cualquiera que viva de otra manera será catalogado como un loco o un insensato. Aunque quizás sea necesario que haya personas que vivan al margen y observen nuestra sociedad de consumo desde fuera. De eso va Captain fantastic, de la necesidad de otra mirada hacia la sociedad. Existen otras formas de entender la sociedad y, muy probablemente, tienen mucho que enseñarnos.

El protagonista de la película decidió hace tiempo vivir junto con su mujer y sus hijos a parte de la sociedad y causando el mínimo impacto medioambiental. Encuentro excesivas ciertas prácticas mostradas en el film (el rito iniciático, el duro entrenamiento, la escalada) pero en esencia me parece muy valiente e interesante esta propuesta. El film se podría entender como un ataque frontal al capitalismo imperante pero también a los fanatismos en los que no es tan difícil caer. Cualquier extremismo puede ser peligroso aunque lo más grave es que aceptemos como normal propuestas extremas. Un ejemplo: cuando los jóvenes hijos del protagonista entran en un restaurante de comida rápida, piensan que todos los clientes están enfermos debido a su desorbitado sobrepeso. En otro momento del film, se dice que los norteamericanos están infra educados y sobre alimentados, afirmación que, visto el resultado de las últimas elecciones presidenciales, bien podría ser cierta. En definitiva, Captain fantastic contrapone dos maneras de vivir y relacionarse con el medio ambiente. Y lo hace consiguiendo siempre un tono amable, nada de ácida crítica social, y sin caer en el maniqueísmo ni la demagogia.

Al espectador medio puede chocarle que la familia protagonista no celebre la Navidad pero sí el nacimiento de Noam Chomsky (muy probablemente, el espectador medio no sabrá quien es Noam Chomsky ni le importe un pimiento). Sin embargo no dejan de ser admirables y deseables en todo sistema educativo el fomento del espíritu crítico y la capacidad para expresarse con sus propias palabras. Frente a una educación basada en la repetición, el film contrapone el desarrollo de la capacidad de razonar y de solucionar problemas mediante los propios medios. La libertad que supone vivir ajeno a los tabús de la sociedad permite hablar de sexo con toda naturalidad, admirable la escena en la que aborda el Lolita de Vladimir Nabokov. Frente a una sociedad de consumo que únicamente pretende crear consumidores obedientes, el film propone crear ciudadanos con su propio criterio.

Muy valiente me parece la carrera de Viggo Mortensen, un actor que, tras El señor de los anillos, podría haberse ganado la vida perfectamente trabajando en superproducciones de acción pero prefiere proyectos mucho más personales. Entiendo que ese es su camino y lo respeto. Es innegable su compromiso, algo que hoy en día escasea tanto o más que el talento. De talento va sobrado el joven reparto de esta película, o mucho me equivoco o los muchachos de este film van a dar bastante guerra en el futuro.

Lo dicho, Captain fantastic  es un film necesario que nos muestra otra manera de entender el mundo.

7

domingo, 25 de septiembre de 2016

LOS HOMBRES LIBRES DE JONES (FREE STATE OF JONES)


Free state of Jones podría definirse frívolamente como un cruce entre Robin Hood, Brave Heart, El patriota y 12 años de esclavitud. Pero no es una mera amalgama, es un film muy digno y con una marcada personalidad propia. Un film que se hace ameno a pesar de su duración y que nos regala momentos de buen cine.

 La historia en que se basa ocurrió realmente y narra la sublevación de un grupo de hombres del Sur contra las tropas confederadas en plena guerra de secesión americana (1861-1865). Hartos de luchar y ver morir a sus hijos en guerras para que los ricos siguieran manteniendo sus privilegios, hubo hombres que desertaron y volvieron a sus granjas para defenderlas de los abusos. Así, unieron sus destinos a los de los esclavos que había huido de sus amos. Blancos y negros se escondieron en los pantanos, donde la caballería no podía entrar, en busca de un futuro mejor. La figura de Newt Knight (Matthew McConaughey) fue fundamental para darle unidad a este movimiento de renegados. Bajo su mandato llegaron incluso a formar un estado independiente, el estado de Jones. Una historia que parece irreal, pero ya sabemos que cualquier cosa es posible en América, lo mejor y lo peor. También es evidente que , a pesar de las promesas, una vez finalizada la guerra todavía quedaba un largo camino hacia la igualdad de derechos civiles. Todavía hoy queda mucho por mejorar, basta con escuchar las noticias. Sin embargo, el film viene a decirnos que nada de esto se hubiera logrado si no hubiera habido gente dispuesta a luchar por lo que creían justo, aunque les costara la vida. El sueño americano es así, lleno de sinsabores.

Free state of Jones se sustenta sobre la presencia y el talento de un Matthew McConaughey inmenso. El tipo realmente llena la pantalla. Aquí compone otro personaje sureño, que se están convirtiendo en su especialidad, y , una vez más, lo borda. Esos dientes amarillentos, esa mirada y ese acento demuestran que estamos ante un gran actor. Él es la película y por él la película gana enteros.


 El director Gary Ross ha sido la eterna promesa durante las dos últimas décadas. Empezó su carrera con Pleasantville dejando la impresión de que estábamos ante un tipo con mucho talento. Sin embargo, sus siguientes películas me defraudaron un poco. Ni Seabiscuit ni Los juegos del hambre (que eran film más que decentes) estaban a la altura de lo que prometía su primer film. Hemos tenido que esperar hasta Free state of Jones para ver materializado finalmente todo el potencial de Ross. Cierto que el excelente ritmo de la primera parte decae algo en la segunda mitad. Quizás dos hora y media son demasiado. Pero Gary Ross acierta de pleno al huir del panfleto y de la lágrima fácil. Tampoco sacrifica la exactitud con los hechos reales en busca de un clímax ni un forzado happy end. El film pierde así espectacularidad pero gana en verosimilitud, demostrando ser una opción arriesgada. Reconozco que me sobró la historia que se cuenta en paralelo y que ocurre 70 años después de la guerra de secesión, me pareció un poco mal insertada en la trama. Únicamente sirve para demostrar que 70 años después el racismo estaba más que vigente. Lo dicho, los noticiarios evidencian que estamos todavía a medio camino.

Para terminar, debo destacar las magníficas fotografía y dirección artística. Todo un regalo para cualquier espectador con un poquito de sensibilidad. Si encima la historia está bien contada e interpretada, miel sobre hojuelas.


7

miércoles, 18 de marzo de 2015

Nightcrawler


 El guionista Dan Gilroy da el salto a la dirección con esta película. Al igual que su hermano Tony Gilroy (Michael Clayton), Dan se ha reservado para su debut en la dirección su mejor guión hasta la fecha.

 El Louis Bloom de Nightcrawler nos recuerda al inolvidable Travis Bickle de Taxi driver. Ambos son personajes solitarios, inadaptados que se pasean sin rumbo por el lado más sórdido de la noche en grandes ciudades americanas (si bien Gilroy cambia Nueva York por Los Angeles). Ambos tienen un objetivo y saben perfectamente cómo conseguirlo. Ambos están determinados a hacer realidad ese sueño americano que se les prometió desde niños y parece que les ha dejado tirados.
 Travis quería dejar de ser un don nadie y ser famoso, para lograr sus quince minutos de fama está dispuesto a cualquier cosa. Travis realizará un desesperado acto de extrema violencia pero el plan de Bloom es mucho más perverso, si cabe.
Bloom es mucho más peligroso porque sabe lo que demás quieren y qué están dispuestos a hacer para conseguirlo. Bloom se nos presenta como un perfecto conocedor del alma humana, de sus miserias y sus intereses, un negociador nato, un tipo tremendamente inteligente con un objetivo muy claro. Louis Bloom es un sociópata, un extorsionador y un trepa en toda regla que dejaría pequeño al Pequeño Nicolás. Aunque no tenga formación, Bloom es muy inteligente y persuasivo a la vez que un negociador nato, cualidades que cualquier empresa querría para sus directivos.


Un parecido más que razonable entre Travis y Louis Bloom.
 Bloom encuentra una oportunidad de ser alguien como reportero freelance (en vez de taxista), recorre las calles buscando impactantes imágenes de accidentes y actos violentos ocurridos durante la noche. Lo cual me lleva a plantearme: ¿Tan fácil es interceptar la emisora de las policía? ¿Es tan fácil colarse en una cadena de televisión? ¿De donde viene la fascinación por la violencia que parece sentir esta sociedad?

 Bloom se adentra en el mundo de los medios audiovisuales en constante de búsqueda de impactar al espectador, cosa que cada vez es más difícil. Unos medios que buscan noticias de víctimas blancas heridas a manos de minorías con el objetivo de atemorizar a su público. Ya sabemos que un pueblo con miedo siempre es más manejable y consume más. Bloom con su verborrea será un tiburón mas en unas aguas infestadas de ellos.
 El film, como la genial Asesinos natos, carga las  tintas contra los medios más que contra los criminales. Un criminal debe responde con sus actos ante un tribunal de justicia pero nadie parece pedir responsabilidades a los medios de comunicación que se enriquecen explotando de forma sensacionalista los actos violentos. Se produce una sangrante invasión de la privacidad en beneficio del negocio.

El personaje de Rene Russo es paradigmático de unos medios de comunicación dispuestos a cualquier cosa por la audiencia. En Bloom encontrará la horma de su zapato y su complemento ideal. La singular relación que se establece entre ellos irá cambiando de forma asombrosa conforme avance la trama. Tampoco podríamos catalogar de convencional la relación que Bloom establece con su único empleado, más se parece a una vulgar explotación que a una relación laboral. Los diálogos entre empresario y empleado me parecieron magistrales.

 Nightcrawler es una estupenda y negra mirada a una sociedad enferma en la que cualquier trepa se puede posicionar en una posición de privilegio e imponer sus condiciones. Un film tenso magníficamente escrito, fotografiado y dirigido que se ve clavado al asiento temiendo por la siguiente acción de un Louis Bloom magistralmente interpretado por Jake Gyllenhaal. La carrera de este actor nos está dando muchas y agradable sorpresa en los últimos tiempos (Enemy, Prisioneros).

 Sinceramente, no entiendo el motivo por el que Nightcrawler ha sido la gran ausente en las nominaciones a los Oscars. Solamente el guión fue nominado, pero en opinión de quien escribe estas líneas tanto el film en su conjunto como las interpretaciones de Jake Gyllenhaal y Rene Russo eran merecedoras de nominación.

Recomendable y perturbadora.

7

martes, 25 de noviembre de 2014

El amanecer del planeta de los simios (Dawn of the Planet of the Apes)


Reconozco que nunca he sido un fan de la saga original del planeta de los simios. Sí me gustó mucho la primera cuando la vi de crío (mítico final) pero todas las secuelas me parecieron innecesarias y alguna de ellas realmente traída por los pelos. Aún así, me parecieron mejores que aquella estupidez que hizo Tim Burton hace ya unos años y que fue la señal inequívoca de que el talento de Burton se estaba esfumado rápidamente. En su afán de hacer rentables nuevamente viejas franquicias de sobra conocidas por el gran público, Hollywood volvió recientemente sobre El planeta de los simios con un más que aceptable blockbuster que, inevitablemente, ha dado origen a una nueva saga.

 Esta segunda película continúa por la senda iniciada con El origen del planeta de los simios. Estamos ante un cine comercial, un blockbuster veraniego que se toma en serio su tarea de entretener y ofrece una historia que, sin ser perfecta, aporta algo más que batallas sin sentido. Esta historia en manos de criminales como Michael Bay o Roland Emmerich hubiera sido una tontería monumental de efectos especiales. El director Matt Reeves (Monstruoso) salió de la factoría de JJ Abrams y como su mentor busca aunar espectáculo con calidad.

 Esta segunda parte avanza en la historia de cómo los simios acaban dominando el planeta Tierra. Para ello nada mejor que quitar de en medio a los molestos humanos gracias a un virus (mira qué oportuno con todo lo que está pasando con el ébola). Usando el manido pero efectivo recurso de los falsos noticieros, Reeves se carga a casi toda la humanidad durante los títulos de crédito.
No es nada novedoso lo de la epidemia, un recurso facilón que está siendo muy usado en el cine reciente. Desde Contagio a Worl War Z, los futuros apocalípticos están teniendo cada vez más su origen en epidemias. Es esta epidemia la que ha acabado con la civilización humana, quedando sólo unos pocos supervivientes.
 Por su parte, los simios han resultado ser inmunes y viven tranquilamente en sus dominios liderados por Cesar, su libertador. Pero el ser humano no es capaz de adaptarse a la vida en armonía con la naturaleza. Necesitados de los beneficios del progreso y obstinados en vivir en grandes ciudades, los humanos necesitan el confort que les otorga la electricidad. Lamentablemente, una antigua presa que podría ser la solución a los problemas humanos está en territorio simio. A mí esta premisa me recordó a las reservas indias y cómo los indios fueron masacrados por el hombre blanco en nombre del progreso. Algo así ya se plasmó recientemente, de forma mucho menos sutil, en Avatar.

 La historia no es ninguna maravilla pero deja entrever algunos interesantes aspectos sociológicos que siempre son de agradecer. Al contrario que en El señor de las moscas, en El amanecer del planeta de los simios no se profundiza en la forma de gobierno de las distintas comunidades. Ambos están regidos por dictaduras, no hay signos de democracia ni de ningún tipo de elección de los líderes.
 La cosa parece lógica viniendo de los simios (que se supone que son una civilización más primitiva y siguen a su macho alfa) pero los humanos parecen ganado dominado por un Gary Oldman que los gobierna a base de arengas y miedo. Excepto la inevitable bandera norteamericana, no hay signos evidentes del gobierno humano previo a la epidemia. No hay Parlamento ni oposición al poder o, al menos, no se nos muestra. Tampoco hay hueco para la superstición o la religión en ninguno de los dos bandos, algo que sería lógico. Entiendo han evitado todo tema religioso para no herir sensibilidades pero yo lo eché en falta en una sociedad que ha sobrevivido al Apocalipsis.
 En el bando simio sí se nos muestran unas normas básicas de convivencia (simio no mata a simio), unas pinturas que distinguen a los cazadores del resto y unos símbolos grabados en piedra (que emparentan directamente con el pasado de Cesar). Todo ello está basado en el culto al líder, lo que no evitará las luchas por el poder. Al final resulta que tanto humanos como simios son bastante similares, ambos se dejan llevar por el instinto gregario y las ansias de poder.

 Matt Reeves consigue atrapar el interés del espectador y que no decaiga en ningún momento. Ofrece planos de una gran espectacularidad a la vez que una trama lo suficientemente atractiva (sin ser tampoco ninguna maravilla). Me gustó cómo están definidos y cómo evolucionan los personajes simios. Sin embargo, los humanos resultan bastante planos y mal desarrollados en comparación con los simios. Tampoco es que los actores que los interpretan estén demasiado acertados.
En el set de rodaje usando técnicas de captura de movimiento.
 El personaje de Cesar recae en ese genio llamado Andy Serkins, un gran actor que se ha labrado una reputación sirviendo de modelo para la captura de movimiento para la animación por ordenador de personajes. Serkins ha sido Gollum, el capitán Haddock (Tintín) y King Kong. Aquí Serkins repite el papel de Cesar y vuelve a dar una lección de expresividad y comunicación no verbal. Ya quisieran muchos actores profesionales (me vienen a la mente gente como Nicolas Cage o Ben Affleck) tener la cantidad de registros de este actor que casi nunca da la cara. También hay que reconocer que la animación por ordenador ha avanzado de forma espectacular. Las animaciones de los simios y su interactuación son asombrosas.

 Cuando hablamos de los humanos la cuestión actoral pierde bastante nivel, Jason Clarke me parece un actor bastante inexpresivo (yo eché de menos a James Franco, ¿qué ha pasado con su personaje?).  Lo mismo puedo decir de Keri Rusell.  No forman la típica pareja de héroe y heroína guaperas pero creo que sus personajes no están bien desarrollados, demasiado esquemáticos. Tampoco el personaje del joven adolescente parece que aporte nada a la trama. Por su parte, Gary Oldman está en su línea, histriónico.

Un blockbuster digno, ojalá todos los que nos llegan fueran así de correctos.

5,5

sábado, 30 de agosto de 2014

El señor de las moscas (Lord of the flies,1963)



 Un grupo de niños que van de los 6 a los 12 años sufren un accidente aéreo que les lleva hasta una isla desierta. Allí deberán aprender a sobrevivir a la vez que forman una nueva sociedad.

La novela de William Golding, publicada en 1948, ha tenido hasta la fecha 2 adaptaciones cinematográficas, una por Peter Brook en 1963 y otra en 1990 a manos de Harry Hook. Cualquiera de ella es recomendable, si bien yo me quedo de lejos con la de 1963. La de 1963 es muy superior, sobre todo técnicamente. Sólo el inicio del film con esa narración a base de fotografías fijas te deja clavado al asiento. Además el trabajo de fotografía en blanco y negro es un verdadero prodigio. Entre ambas versiones hay diferencias (como la elección del jefe del grupo) pero la esencia de ambos es similar. Sin embargo, los personajes tienen más matices y están mejor desarrollados en la primera versión.

  Tanto la novela  como las películas ahondan en la idea de la sociedad humana. Los niños perdidos en una isla desierta deben primeramente aprender a sobrevivir. Deben satisfacer sus necesidades básicas de cobijo y alimento. En los primeros días tras el accidente, se establecen unas normas básicas de convivencia y disciplina encaminadas a un posible rescate y heredades de la sociedad de la que provienen los muchachos.
 El hecho de encender el fuego se hace imprescindible, las gafas del personaje de Piggy (Cerdito), un muchacho no muy dotado físicamente y que es objeto de las burlas de sus compañeros, serán la herramienta usada para encender el fuego. También se establece un método de llamar a asamblea haciendo sonar una caracola. Dicha caracola servirá también para tomar la palabra en las reuniones, todos tendrán acceso a la palabra pero sólo podrá hablar aquel que esté en posesión de la caracola. Ésta pasará a ser el símbolo de la organización del grupo, es su pequeña unión a las normas sociales del lejano mundo de los adultos. Es su pequeña constitución y su símbolo de democracia dentro del grupo.

 Se establecen roles sociales dentro del grupo. Se repartirán tareas y se asignan turnos para vigilar que el fuego no se apague durante el día y la noche. La falta de seguimiento por parte de algunos hace pensar a Ralph, elegido líder del grupo, que hacen falta sanciones disciplinarias. Los encargados de cazar, capitaneados por Jack, se convierten en un grupo fundamental, ya que son los que traen la comida al grupo, siendo los cerdos salvajes su presa más preciada. Para ello necesitan lanzas que ellos mismos construyen. El poder otorgado por las armas los convierte en una élite social. Jack y sus cazadores empiezan a diferenciarse del resto pintándose la cara como si de guerreros tribales se tratara. Jack apela al instinto gregario del ser humano que le hace querer pertenecer a un grupo y ser aceptado socialmente. Todo el que no pertenezca a la tribu será tratado como un paria. Jack difunde entre los suyos la idea de que nunca van a ser rescatados, así pierden la fe en el improbable rescate y deciden dejar de seguir las normas establecidas por Ralph.

 Jack potencia también creencias infantiles, casi mitológicas, haciendo creer a los demás que hay un monstruo en la isla. Jack usa el miedo de sus compañeros para controlarlos. La razón que deja paso a la superstición. El retorno a los estadios primitivos del ser humano queda patente no sólo en sus pinturas de guerra sino también en los ritos, ofrendas y sacrificios que llevan a cabo. Jack crea una dictadura basada en el miedo en la que él es el dictador y los demás obedecen.  Jack ofrece comida y seguridad, lo que hace que su violenta dictadura vaya ganando cada vez más adeptos. Una vez más vemos cómo la seguridad se impone a la libertad. 

 Así, la tribu de Jack se va haciendo más numerosa hasta que los pocos que no se han unido a ella serán vistos como disidentes y serán hostigados por sus antiguos compañeros. Frente a la tribu de Jack, Ralph y Piggy tienen la caracola y las gafas para hacer fuego, pero cuando la tribu de Jack les roben las gafas, no tendrán nada más que unas normas que ya nadie sigue. Ralph y Piggy siguen creyendo que el rescate es posible y que hay que mantener unas normas básicas de convivencia y respeto. Es el hecho de tener fe lo que realmente les diferencia del resto. Si no hay esperanza no vale la pena seguir con las normas de una civilización que ya no tiene ninguna influencia sobre ellos. En el grupo de Jack se impone la tiranía, siendo los caprichos del líder los que decidan el destino del grupo.

 Tanto la novela como sus adaptaciones son fábulas pesimistas sobre la sociedad. Personalmente, no creo que el ser humano sea bueno por naturaleza y sea la sociedad la que lo convierte en malo. Creo que instintos y comportamientos violentos o autoritarios son inherentes a la naturaleza humana. La vida en sociedad sacrifica parte de esos instintos en beneficio de la colectividad. De igual modo, puede ocurrir que una sociedad, movida por el miedo se deje gobernar por un tirano.

 Me pareció muy estimulante la simbología de los objetos como las gafas (el progreso), la caracola (la democracia), la pintura (la diferencia frente a los otros) o la cabeza del jabalí (el miedo). Como podéis ver, una película sobre niños que no es para niños.

Aquí os dejo ambas versiones:
 La mejor, la de 1963:


Y la de 1990:

sábado, 1 de septiembre de 2012

Elefante blanco



Pablo Trapero es un director argentino a tener en cuenta. Su intensa filmografía merece un visionado. Las historias de Trapero bucean en lo más oscuro del ser humano, como en Carancho. En Elefante blanco trapero nos sumerge en la miseria de un enorme barrio marginal a las afueras de Buenos Aires.

Trapero se desenvuelve muy bien en este complejo y destartalado escenario y nos siguen pareciendo muy acertados sus complicados planos secuencia. La forma de seguir a los personajes en medio del caos generalizado de la barriada y los tiroteos me parecieron dignos de un gran director. Trapero despliega una excelente puesta en escena y huye del estilo videoclipero en busca de la verosimilitud. Los planos de perros abandonados entre calles encharcadas me parecieron sobrecogedores.

Si Trapero sabe mover la cámara, quizás falle a la hora de lograr que la historia atrape al espectador. Su cine es demasiado desolador, no hay sitio para el humor o la ironía y al espectador quizás le cueste entrar en la historia. Su cine social no atrapa como lo hace el de Ken Loach ni su película consigue engancharnos de igual manera que Ciudad de Dios o Tropa de élite (películas con las que comparte algunos temas aunque la forma sea totalmente opuesta).  La labor de los sacerdotes protagonistas se nos antoja una tarea imposible, su misión está abocada al fracaso.Sólo una fe ciega en Dios o en el ser humano puede justificar que alguien sacrifique su vida de esa manera.


Trapero no busca la vía fácil y opta por centrarse en los conflictos internos de los personajes. Nadie está a salvo de las dudas y/o los remordimientos. Por mucha fe que se tenga, los personajes del film no dejan de ser humanos en una situación extrema. Algo no acaba de encajar en sus vidas, el sacrificio no compensa y las dudas son cada vez más intensas. Ya desde la durísima escena inicial, Trapero nos presenta el fracaso de toda una vida dedicada a los demás, a partir de ahí, no hay hueco posible para la esperanza. Trapero no aporta soluciones ni esperanza alguna, dejando su film un regusto amargo muy poco reconfortante. Su cine es valiente y necesario pero le falta algo para llegar a ser ese gran cine que pretende. Quizás los personajes no acaben de conectar con el espectador (a pesar de estar perfectamente interpretados por actores tan solventes como Ricardo Darín o Martina Gusman) o a la historia le falte algo de empatía.

Trapero sigue haciendo buen cine y denunciando las miserias de nuestro mundo, es decisión de cada espectador si quiere adentrarse en esta cruda realidad.

6

martes, 7 de agosto de 2012

Hoy empieza todo (Ça commence aujourd'hui, 1999)


Daniel Lefebre es un héroe. No va a salvar al mundo de una hipotética y poco probable invasión alienígena ni va a ser el inventor de la energía renovable definitiva. Daniel Lefebre es un simple director de escuela de una ciudad rural francesa afectada por la reconversión de la minería. En una ciudad con una tasa de paro del 30 % y mucha familias en apuros Lebefre no se rinde, es un héroe por creer en lo público y en la educación de los niños como base de un futuro mejor.

Hoy empieza todo es una acertada radiografía de la Francia más empobrecida de finales de los años noventa, pero sus temas y sus conclusiones son perfectamente trasladables a esta España sumida en la crisis actual. Han pasado 13 años desde que se estrenó esta pequeña maravila y hoy sigue tan vigente como entonces. Hoy más que nunca necesitamos a profesores motivados con su trabajo y que no se limiten a cumplir el expediente. De los políticos y los burócratas ya sabemos que podemos esperar mucho, pero somos los ciudadanos los que debemos exigirles que cumplan con sus obligaciones y compromisos. En un país como el nuestro en el que la crisis está sirviendo de escusa para desmantelar el estado de bienestar (empezando por la educación y la sanidad) los ciudadanos no debemos quedarnos de brazos cruzados. Por eso Daniel Lefebre es un héroe, porque no se rinde (aunque tenga sus dudas). No se limita a hacer su trabajo e irse a casa olvidando los problemas que ve a diario. Daniel opina que la educación recibida durante la infancia es fundamental para el posterior desarrollo de las personas. Él lo sabe bien.

El guión de Hoy empieza todo fue escrito por Dominique Sampierom, maestro de escuela durante 20 años en una localidad muy parecida a la retratada en el film. Sampierom plasmó buena parte de sus experiencias en el terreno de la enseñanza, sus sinsabores y sus gratificaciones. Se nota en cada escena que cada frase ha salido de la observación de la realidad.

 EL maestro Bertrand Tavernier rueda de forma apasionada esta gran historia llena de momentos cotidianos. El uso de actores no profesionales (muchos de ellos profesores en la vida real) le confiere una espontaneidad que tan de agradecer es en este tipo de cine social (quizás sólo igualada por Ken Loach). Tavernier trasmite su apasionamiento por los niños y por su futuro de manera admirable, sin trampas ni recurriendo a recursos tramposos como la lágrima fácil. Tavernier hace reflexionar y emociona a base de diálogos y situaciones de lo más mundano pero rodados de forma magistral. Tavernier no juzga a los personajes y les deja que cada uno de ellos explique y los motivos de sus actos. No hay buenos y malos en esta película, sólo hay personas que se han rendido y los que aún tienen ganas de luchar aunque la batalla no pueda ganarse. Esa horrible y maldita batalla del día a día, la peor de todas.

Hoy empieza todo, no bajéis la guardia.

miércoles, 23 de marzo de 2011

The Wall



Este viernes estoy en Madrid para asistir al concierto de Roger Waters en el que pone en escena su espectáculo The wall live. Nunca está de más recordar a The Wall, el disco que Pink Floyd publicaron en 1979, y la posterior película de Alan parker .




Cuenta Roger Waters que durante un concierto de Pink Floyd a mediados de los setenta un fan de la primera fila le estaba incordiando y sintió el impulso de golpear al sujeto y la necesidad de aislarse del público mediante un muro. Waters estaba experimentando la extraña sensación de odiar a su público. De ahí surgió la idea del disco conceptual The Wall en el que Waters vertió muchas experiencias personales.
En mi humilde opinión, el control de Waters sobre el disco es excesivo, anula al resto de sus compañeros configurando un disco demasiado largo y depresivo. Opino que las aportaciones del resto del grupo se echan de menos en muchos momentos. Pink Floyd funcionaba mejor cuando todos sus miembros aportaban ideas. Además, los discos conceptuales tienen sus detractores y sus partidarios (a mí me suelen gustar) pero creo que The wall se hubiera beneficiado bastante de un recorte en el número de canciones. Hay temas magníficos (Goodbye blue sky, Hey You, Confortably numb, Another brick in the wall, Mother, The trial etc) pero creo que algunos del segundo disco sobran dándole al disco un toque demasiado disperso (Vera, Bring the boys back home, The show must go on).


The Wall trata de un niño que no conoce a su padre, fallecido en la Segunda guerra mundial como el padre de Waters. La madre sobreprotectora llena la frágil mente de su hijo de inseguridades y miedos. La brutal educación en los colegios ingleses (con constantes humillaciones y castigos corporales) y el miedo a la guerra son otros ladrillos con los que se forma un muro en la frágil mente del niño para aislarse del mundo exterior. Algo muy parecido a lo que le ocurrió a Syd Barrett, primer líder de Pink Floyd. Con el tiempo el niño crece y se convierte en una estrella de rock llamado Pink (interpretado en el film por Bob Geldof) con serios problemas con las drogas y las relaciones afectivas. Pink se siente vacío y odia todo lo relacionado con el negocio musical: fans, groupies, agentes, etc. Pink vive dentro del muro que se creó en su mente cuando era niño. En su mente Pink se convierte en un dictador, el líder de un movimiento autoritario y racista.


La temática del disco no es muy alegre, la verdad, pero gracias a temas como Another brick on the wall o Confortably numb el disco fue todo un éxito, siendo el tercer disco más vendido de la historia y el más vendido en la década de los 70. A pesar del éxito, las relaciones entre Waters y el resto del grupo eran cada vez más tensas, The wall es más un proyecto en solitario de Waters que un disco de Pink Floyd. Los reclados de Rick Wright casi no se oyen e incluso fue expulsado del grupo por Waters, convertido en un déspota como el personaje de Pink. Incluso David Gilmour ve muy reducido su papel compositor, limitado a sólo unas pocas canciones.

Pink Floyd hizo una gira para presentar el disco en 1980 y 1981, pero la idea de Waters de ir creando en escena un muro que les separara del público y otros elementos escénicos (como proyeccionbes o hinchables gigantes) hicieron que la gira fuera realmente costosa y el grupo perdió dinero. Sólo Rick Wright ganó dinero con la gira, ya no era miembro oficial del grupo sino un contratado con un salario.

En 1982 el director Alan Parker (Birdie, El corazón del Angel, Fama, The commitments, Evita) adapta al cine la complicada y amarga trama del disco. Parker prescindió de los diálogos y se centró en el guión de Waters, plasmando magistralmente las obsesiones allí relatadas. Las imágenes de Parker complementan perfectamente a la música, de hecho, hay momentos bastante impactantes. Muchas canciones cobran un sentido nuevo al estar acompañadas de imágenes, dando a la obra un sentido mucho más rico en matices. En Another brick in the wall, vemos las imaginaciones del niño en las que ve a los estudiantes como seres sin cara que alimentan una máquina trituradora de carne. Como si fueran educados desde niños para ir directos al matadero, para morir en una guerra como en la que murió su padre, son seres sin personalidad ni rostro para un estado opresor que nunca los ha tratado con dignidad. Igualmente vemos en imágenes el deseo de Pink de rebelarse contra tesa situación y destrozar violentamente la escuela.


Parker decidió incorporar la animaciones de Gerald Scarfe para representar las alucinaciones que ocurren dentro de la mente de Pink. Las oníricas escenas de los escolares sin cara tirados a una máquina trituradora, las cruces sangrantes, los martillos, los bombarderos, las flores copulando violentamente o el juicio son de una fuerza inusitada, quedando para siempre en la mente del espectador.

Al igual que en el disco, la película es cada vez más confusa llegando a momentos de verdadera locura en los que es imposible distinguir las alucinaciones de la realidad. Parker crea una pesadilla bastante indigesta para los no iniciados, pudiendo resultar un film bastante críptico y duro para los amantes de High school musical.
The Wall no es un musical como los de décadas anteriores, nada que ver con Siete novias para siete hermanos o Sonrisas y lágrimas. Tampoco es un film agradable ni fácil de ver, no era ése el objetivo. Es una pesimista radiografía del mundo en el que vivimos según Roger Waters: depresión, aislamiento, capitalismo salvaje, drogas, guerras por intereses económicos, etc. A mí me gustó cuando lo vi y aún retengo sus impactantes imágenes frescas en la memoria.



No es The Wall una película apta para todos los públicos, tiene ciertos fallos heredados del disco: es demasiado pesimista y confusa, pero sigue siendo una experiencia única.

8

miércoles, 18 de agosto de 2010

CANINO (Kynodontas)




Hay películas que sólo pueden entenderse desde un punto de vista sociológico, de otra manera no tienen sentido. No son films divertidos, ni siquiera amenos, ni lo pretenden, son films que no buscar hacerte pasar un buen rato, buscan únicamente hacer pensar al espectador.
A veces los hechos mostrados en el film hacen preguntarle al espectador cómo demonios han llegado a ocurrir y qué posibles consecuencias van a tener. Este tipo de cine podría tener como máximo exponente actual a Michael Haneke, experto en mostrar las consecuencias de un hecho no mostrado (y que el espectador debe ir adivinando), sin importarle demasiado si el espectador se aburre o no.

Lo mismo podríamos decir del film griego que nos ocupa. Canino es un interesante experimento destinado a hacer pensar al espectador más allá de lo que muestra pero carece deliberadamente de ritmo. Lo mostrado es una interesante fábula sobre la educación y la sociedad. Unos padres viven en un chalé con sus tres hijos ya adultos, pero los han educado totalmente aislados de la sociedad, en el miedo y la ignorancia, convirtiéndoles en unos niños grandes.


El film narra sus aburridas vidas dentro de una mortal rutina y unos absurdos juegos para pasar el rato. Lo más terrible es la palpable mentira en la que han crecido, todo parece formar parte de un terrible plan para aislar a los niños del mundo exterior (probablemente debido a la pérdida de un hijo mayor). En su universo privado, los padres se inventan el significado de las palabras y les atemorizan con imaginarios gatos asesinos. Una terrible parábola sobre el poder de la educación, el miedo y la alienación.

El ser humano es un ser social y como tal se relaciona con los demás y va desarrollando su personalidad, pero este film ahonda en el abismo de unos personajes desprovistos de su capacidad de relacionarse. Como todo grupo aislando, han creado unas normas de convivencia propias que, vistas desde fuera, resultan bastante chocantes. Algo que sólo el espectador detecta, ya que los personajes no pueden comparar. Pero aún así sienten que debe haber algo más.


Sólo la incursión de un personaje del exterior (para aliviar ciertos irrefrenables instintos), pondrá en peligro la estable existencia de este claustrofóbico micro universo. Tenía que ser Stallone y su Rocky los que desestabilicen este mundo de perfecta mentira.

A mí el film me pareció muy interesante, lleno de esas dobles lecturas que tanto me gustan, pero tan hermético y duro como el mundo que retrata. Por lo tanto, no apto para todo tipo de espectadores.

7

viernes, 19 de marzo de 2010

Precious



Precious es una joven de 16 años que vive en Harlem y está esperando su segundo hijo. En un ambiente familiar y social brutal Precious decide intentar salir adelante: no es guapa, ni blanca, ni rubia, ni delgada, pero lo va a intentar.

Precious es un film valiente, se atreve a presentarnos una dura historia de superación con una protagonista muy poco habitual. Ha tenido que poner pasta la todopoderosa presentadora de televisión Oprah Winfrey para que este film se pudiera distribuir. Parece que la historia de una chica de color, fea y gorda no interesaba a nadie, no era glamurosa. Precious no va de vampiros de diseño ni de cantantes adolescentes preocupadas por qué botas se van a comprar. No, Precious es una mirada a otra realidad mucho menos placentera.

Aparte del mérito innegable de la cinta, se puede decir que no está mal pero sabe a poco, la historia daba para algo más. No es un film de lágrima fácil ni una denuncia social clara, se queda en un terreno indefinido que te deja algo frío. El director Lee Daniels hace un gran trabajo digiendo actores pero fracasa al no decidirse por el tono a adoptar y cuando intenta que nos emocionemos con alguna larga escena de personajes llorando. Son escenas muy bien interpretadas pero no están del todo bien resueltas. Ciertas confesiones no aportan demasiado al espectador y da la sensación de indefinición, de no saber qué demonios hacer con la trama o cómo acabar la peli.

Los actores son lo mejor del film, Mo’nique se llevó el Oscar por su repulsivo personaje. Uno de esos personajes que odias desde el principio ya que sabes que existe gente así, que son totalmente reales. Por su parte Gabourey Sidibe consigue hacer creíble un personaje muy difícil pero en las escenas con Mo’nique sale perdiendo por goleada. Paula Patton (Reflejos) demuestra que es algo más que una chica mona, promete.

También aparecen en breves pero importantes papeles estrellas del calibre de Lenny Kravitz y Mariah Carey (casi irreconocible), no están mal para lo poco que salen.

Lo dicho, un correcto film sobre una realidad en la que Hollywood no suele fijarse.

6

jueves, 3 de septiembre de 2009

DANZAD, DANZAD, MALDITOS (They shoot horses, don’t they?,1969)



No hace mucho falleció Sidney Pollack y en diversos medios emitieron películas suyas como Memorias de África o Kramer contra Kramer. Pero mi película favorita de Pollack es Danzad, danzad, malditos. Curiosamente es una de las pocas ocasiones en las que el título en castellano me parece mejor que el original.



Basada en la novela “They shoot horses, don’t they?” publicada en 1935 por Horace McCoy la película narra el desarrollo de un maratón de baile que tan populares se hicieron en la Norteamérica de la Gran depresión.  Los concursantes solían ser personas desesperadas que estaban dispuestos a pasar días enteros sin dejar de bailar a cambio de comida y con la esperanza de ganar un suculento premio. Poco a poco el cansancio y el hastío se irán apoderando de los concursantes y del espectador.

El público asistente estaba formado por personas solitarias que para buscar algo de emoción en sus vidas se identificaban con una pareja de concursantes. Igual que los gladiadores en el circo romano, los toreros, un equipo de fútbol o los asistentes al Diario de Patricia, los concursantes sirven de diversión al pueblo. Cuanto mayor sean el sufrimiento y la emoción, más disfrutará el público. Me impactó mucho una escena en la que una anciana muestra su incondicional apoyo a una sorprendida pareja que no entiende la identificación que dicha señora siente por ellos. Muchas veces se tiende a interiorizar un hecho ajeno a nuestras vidas (y a menudo bastante trivial) para magnificarlo y convertirlo en un acontecimiento histórico ¿Os acordáis de la última Eurocopa o el último Mundial?

La influencia de los medios de comunicación a la hora de crear héroes y los patrocinadores comerciales en busca del negocio a base de los sufrimientos ajenos son temas muy actuales que la novela y la película ya avanzaron hace bastantes décadas.

Pocas veces he estado tan en tensión y me he agobiado tanto viendo una película. Acabas identificándote con los personajes y sientes su sufrimiento como propio. Hay personajes especialmente memorables (el presentador, la embarazada, el marinero) que logran transmitir una gran carga de patetismo. La eterna tortura a la que son sometidos acaba por traspasar la pantalla y el espectador se agobia sin remedio.

Técnicamente el film es impecable. Sidney Pollack dirige magistralmente a los actores y sabe crear un ambiente cada vez más opresivo gracias al uso de travellings, escenas a cámara lenta, flashbacks, etc. Danzad, danzad, malditos recibió 9 nominaciones al Oscar, aunque sólo ganó 1 por la genial interpretación de Gig Young como el repulsivo presentador del evento. Las interpretaciones de Jane Fonda, Susanah York y Michael Sarrazin son igualmente formidables y merecedoras de elogio.

En la década de los 60 el cine americano empezó a cambiar y comenzó a tratar temas que eran tabú en décadas anteriores. Grandes directores como Sidney Pollack innovaron no sólo en los temas elegidos, sino también en la forma de rodar y en el montaje. La visión del mundo se hizo mucho más pesimista y los finales felices empezaron a escasear (Bonnie and Clyde, Días de Vino y rosas). El cine clásico dio paso al cine moderno. Había nacido el cine de autor.

Un gran film. Imprescindible.
9

sábado, 21 de marzo de 2009

LA OLA ( Die Welle )


En la Alemania actual, muchos alumnos opinan que nunca podría volver a darse un régimen dictatorial como el del Tercer Reich.

En Palo Alto (California) en el año1967 el profesor de instituto William Ron Jones no supo responder a la pregunta de uno de sus alumnos sobre cómo los alemanes habían permitido el ascenso de Hitler al poder. El profesor ideó una dinámica de grupo (a la que llamó La tercera ola) para hacer entender a los alumnos que los regímenes dictatoriales son posibles en todas las sociedades si se dan las condiciones adecuadas. Basándose en este experimento, Todd Strasser (bajo el pseudónimo de Morton Rhue) escribió la novela “La ola” sobre la que se basa esta película.

La verdad es que el cine alemán nos viene entregando cada año, al menos, una buena película. La de este año va a ser La ola. A mí la película me gustó mucho. Me entretuvo durante casi 2 horas y me hizo pensar. No es que la peli te descubra nada nuevo que no supiéramos ya, pero en ningún momento me sentí engañado ni menospreciada mi inteligencia.


Partiendo de la citada anécdota real, la película realiza una sobresaliente radiografía de la juventud actual. No es una visión idílica (Crepúsculo) o macarra (Supersalidos) ni simplemente ridícula (High School musical). El retrato de la juventud creo que es muy ajustado a la realidad. Los jóvenes del film son jóvenes reales, no estereotipos faltos de todo contenido.
Aparte de realizar uno de los mejores retratos sociales sobre jóvenes de los últimos años, la película es un estupendo estudio sociológico sobre lo fácil que es manipular a los jóvenes (y al resto de la sociedad). Un inocente experimento de clase acaba creando de la nada una organización alienante que tomará vida propia. Todos necesitamos algo con lo que identificarnos (sea lo que sea: un equipo de fútbol, una bandera, una nación). Un uniforme para distinguirse, un saludo propio, la marginación del diferente y el enfrentamiento con los otros grupos (para reafirmar la personalidad propia) serán los pasos siguientes de todo grupo.


La película narra de forma ágil todos los pasos de una maquinaria tan imparable como imperceptible. La dirección de Dennis Gansel es precisa como un reloj suizo. La dirección de actores es impecable, todos los adolescentes y el profesor están muy bien. Al guión no le sobra ni falta ninguna escena, cada secuencia hace avanzar la película, nada es superfluo ni está añadido para rellenar minutos. La introducción en el guión de elementos actuales como Internet o los móviles hace más verosímil el rápido desarrollo de los acontecimientos y nos hace más creíble la trama.
Tampoco hay tramas mal desarrolladas ni personajes mal definidos. Casi todos los alumnos de la clase son reconocibles por el espectador al poco de empezar la peli sin que te llegues a perder en ningún momento.


Es cierto que otras películas han tratado el tema de la enseñanza actual (La clase), la alienación de los jóvenes (Quadrophenia, This is England), las organizaciones extremas (El club de la lucha) o los experimentos sociológicos (El experimento) pero no creo que La Ola le deba nada a ninguna de ellas. Tiene personalidad propia.

Recomendable.

7,5