
Michael Mann ya triunfó en la tele de los ochenta con la serie Corrupción en Miami (Miami vice). Ya entonces estaban claras las constantes de su futuro cine: polis, malos, tiroteos, planos a cámara lenta y fotografía y música muy cuidadas.
Cuando se pasó a dirigir películas realizó films bastante logrados como Heat, Ali o Collateral pero nunca llegó a hacer una gran película que lo encumbrara. En cine hay que sumarle un par de constantes más: la cámara al hombro y el exceso de metraje.
Ahora tampoco parece que logre colocarse en la cima con Enemigos públicos. En su nuevo film están sus constantes de siempre pero trasladadas a los años 30. Y sinceramente creo que su particular estilo televisivo no se ajusta bien a la época de la gran depresión. Las cámaras digitales de alta definición dan una tensión especial a las escenas y Mann ya las ha usado en tiroteos (el atraco de Heat me parece memorable) pero aquí no acaba de encajar ni aporta nada nuevo.

Técnicamente la película está bien y tiene buenas escenas (el hotel, la fuga, la comisaría, el cine). Pero Mann sigue sin saber desarrollar personajes ni darles el interés necesario. Los personajes de esta peli son demasiado planos y nunca se nos hacen atractivos o interesantes. mann se preocupa más por la forma que por el fondo, da espectáculo pero no emociona ni retrata a los personajes de forma eficiente.
Supongo que las hieráticas interpretaciones de Johnny Depp (que suele dar el pego bajo kilos de maquillaje en los films de Tim Burton pero que a cara descubierta evidencia sus límites) y Christian Bale (con su misma cara de siempre) tampoco ayudan mucho. Me gustó mucho más Marion Cotillard (La vida en rosa) como la novia de Dillinger.
Los secundarios apenas tienen profundidad, no se nos cuenta nada sobre ellos, no sabemos de dónde han salido ni cuáles son sus motivaciones. Muchos van desapareciendo sin tiempo para que el espectador se aprenda sus nombres o se encariñe con ellos.
Mann ha realizado un buen intento pero no ha logrado hacer la gran película sobre ladrones de bancos en la gran depresión que él quería. Para eso ya tenemos la inolvidable Bonnie and Clyde.
6
