Dunkerque (Dunkirk)


La carrera de Christopher Nolan no es perfecta, pero se le asemeja bastante. Su cine aúna calidad y entretenimiento como muy pocos son capaces de hacerlo hoy en día. Para quien escribe esta letras la Santa Trinidad del cine moderno estaría formada por Darren Aronofky, David Fincher y Christopher Nolan. Nolan nunca opta por la opción fácil, ya desde su primera película (Following) le gustaba complicarle la vida al espectador con sus ya característicos montajes enrevesados y tramas en paralelo. Pero nadie puede discutirle su hegemonía dentro del cine actual por mucho que haya sido ninguneado por la academia de Hollywood. Es un enorme delito que este señor no tenga todavía el Oscar a mejor director, lleva años demostrando que no tiene rival. Esperemos que con Dunkerque mejore su suerte de cara a los premios, el beneplácito del público siempre lo ha tenido.

En Dunkerque Nolan abandona la ciencia ficción y nos narra un hecho histórico ocurrido en Mayo de 1940, al inicio de la Segunda Guerra Mundial. El rescate en las costas de Dunkerque de casi 400.000 soldados que habían quedado acorralados por las tropas alemanas es uno de los pasajes bélicos que bien merecían una película. Nolan sigue teniendo en mente a Stanley Kubrick y Steven Spielberg como sus mayores influencias y se podría considerar que Dunkerque es su particular Salvar al soldado Ryan o Senderos de gloria. Que nadie piense que Nolan anda falto de estilo y se dedica a copiar a sus grandes maestros, todo lo contrario. Dunkerque es puro Nolan. Es cine bélico del bueno, de ese que ya no se hace. Ese cine que no solamente apabulla por la espectacularidad de sus escenas sino que también presenta unos personajes con los que es imposible no empatizar. El drama de los personajes se nos antoja cercano y su angustia por sobrevivir es ciertamente contagiosa. Se trata únicamente de sobrevivir, imposible siquiera el soñar con derrotar al enemigo invisible sin rostro. Nolan no muestra a los alemanes, como él bien sabe, siempre aterra más aquello que no se ve. Nolan huye de la efectividad de las grandes batallas centrándose en el drama de unos personajes atrapados que pugnan por sobrevivir. Con Dunkerque el espectador se sumerge en la pesadilla de la guerra y siente la angustia y el miedo de los soldados. Aquí los soldados no son héroes de una pieza, son personas de carne y hueso. Mezquinos y cobardes como cualquiera de nosotros. Pero Nolan deja siempre un resquicio para la esperanza, también hay gente que hace lo que considera justo incluso a costa de un enorme sacrificio.

Nolan escribe y dirige esta película y esta vez no se ha ido a las 3 horas, le sobra con 109 minutos. Los que le acusan de excederse siempre con la duración de sus películas ya pueden abandonar ese argumento. Nolan da una magistral lección de narrativa con esta película. Su montaje es milimétrico, nada sobra ni nada falta. Igualmente las escenas bélicas están rodadas de forma alucinante, como únicamente un maestro del cine es capaz. Nolan utiliza todos los recursos narrativos a su alcance para conseguir que el espectador se vea inmerso en la pesadilla que supuso salir de la maldita playa de Dunkerque. No pierde el tiempo presentando a los personajes ni se recrea en diálogos grandilocuentes. Es quizás la película con menos líneas de diálogo de toda su filmografía. Los diálogos no son necesarios cuando se trata de mostrar al ser humano como un animal acorralado que se enfrenta a una muerte segura. Tampoco hay grandes interpretaciones a destacar, estamos ante un reparto coral en el que no hay un protagonista único. Cabe destacar el trabajo del gran Tom Hardy, de quien apenas vemos un ojo durante casi todo el film. También Mark Rylance y Kenneth Branagh hacen trabajo más que correcto.
Eso sí, Nolan sigue sin ponérselo fácil al espectador y le exige algo de esfuerzo. Nolan divide la acción varias tramas que transcurren por líneas temporales distintas hasta que finalmente acaban confluyendo en un majestuoso final. Y digo majestuoso ya que Dunkerque concluye con unos sobrecogedores planos aéreos cortesía de Hoyte Van Hoytema que se fusionan perfectamente con la partitura de Hans Zimmer (esta vez un poco menos inspirado que otras veces) para crear uno de los finales más bellos de los últimos años.

Reconozco que me he emocionado, me he angustiado y lo he pasado mal viendo esta gran película que va directamente a la lista de lo mejor del año.


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P.d.: Por cierto, viendo Dunkerque me vinieron a la mente las miles de personas que siguen muriendo actualmente en las costas de Europa intentando huir del infierno de la guerra. La solidaridad una vez salvó a Europa pero ahora los que cruzan el mar  jugándose la vida en embarcaciones cochambrosas no gozan de las mismas simpatías, quizás porque no son europeos. Parece que la vieja Europa solamente siente lástima por sí misma. Nunca está de más echar la mirada atrás y aprender de la historia.

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