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lunes, 17 de octubre de 2016

Sicario


Soy fan incondicional de Dennis Villeneuve. Me gustan todas sus películas. Me parece un tipo con ganas de contar buenas historias y que sabe cómo hacerlo. Sus tres primeras películas son más que recomendables. Tras la extraña Enemy, Villenueve se adentra en el terreno del thriller fronterizo con el narcotrafico como fondo.

Villenueve demuestra que controla el oficio y el tempo cinematográfico. El canadiense sabe impactar al espectador, ya desde la escena inicial nos deja claro que algo terrible subyace bajo la aparente normalidad. Una rutinaria operación anti droga se tornará una pesadilla y ya nada podrá ponerle fin. La protagonista del film es una joven agente del FBI (Emily Blunt) que acepta la misión de cruzar la frontera para buscar a los culpables de una matanza. Todo ello bajo la supervisión de la CIA. Sin embargo la compleja situación al otro lado de la frontera le harán desconfiar de todo el mundo. Los cárteles de la droga son tan poderosos que tienen sicarios en todas partes, la sensación de seguridad pronto desaparecerá y ya nadie será de fiar. Nuestra protagonista se encuentra sola en el infierno, cada uno va a lo suyo y ni siquiera las agencias gubernamentales son dignas de confianza.

En tan inestable y peligrosa situación nuestra protagonista debe aprender a sobrevivir. La evolución del personaje la plasma Villeneuve gracias a la interpretación de una excelente Emily Blunt. Villeneuve crea una tensión y una sensación de peligro inminente durante todo el metraje que acaban por explotar en un más que correcto clímax. No es que la historia sea muy compleja ni falta que hace complicarla, Villeneuve dota a su historia de una complejidad que puede precisar de un segundo visionado para comprender todos sus detalles. 

Reconozco que me dejó clavado al asiento la escena del atasco en el cruce de la frontera. Muy bien rodada y montada, sin dejar que la espectacularidad domine a la narración. Villeneuve lleva las riendas en todo momento y no permite que su film se salga del camino marcado. El guión va dejando salir a flote las motivaciones de cada personaje creando una compleja red en la que cada detalle es importante. Una pulsera, un cigarro o un inocente partido de fútbol entre críos pueden marcar la diferencia entre la vida o la muerte. Como en Enemy, cada detalle puede tener más trascendencia de la que parece a priori. Sin embargo, el film me supo a poco. Quizás tuviera las expectativas demasiado altas. Me esperaba algo más. Quizás fuera que Josh Brolin y Benicio del Toro no me convencieron en sus respectivos papeles o puede que yo tuviera un mal día. Pero me esperaba más de Villeneuve. Me esperaba ese toque de genialidad que destilan otros films de su autor y que aquí no vi.

  No estamos ante la mejor obra de su autor pero sí ante un recomendable thriller fronterizo.

6


martes, 10 de julio de 2012

After



Hay películas que son una fiesta y otras que son una auténtica tortura a pesar de estar llenas de escenas con gente pasándolo bien. After es una de esas películas que dejan un regusto amargo tras una larga sucesión de excesos supuestamente placenteros. No os aseguro que os guste, sólo espero que no os veáis reflejados en ninguno de los tres protagonistas (va a ser difícil).

Los tres amigos que se reúnen para cenar y tomar unas copas en After son tres personas normales que tienen vidas normales. No sabemos el motivo de su amistad, sólo sabemos que se reúnen muy de vez en cuando, la última vez que se vieron fue hace un año. Son los mejores amigos pero apenas se ven. Sus vidas se han vuelto monótonas y vacías, sin sentido. Han llegado a la madurez completamente solos. Unos tienen miedo al compromiso y otros se han comprometido en un matrimonio en el que no ven ningún motivo para continuar. La incapacidad de comunicarse con los demás les mantiene aislados del mundo real. Su noche loca para divertirse será una válvula de escape que dejará escapar todas sus miserias internas. Las drogas sirven de evasión momentánea, pero la soledad golpea con mucha más fuerza a la mañana siguiente.

After no es un film redondo, es un buen intento y merece ser elogiado por su valentía. Alberto Rodríguez dirige con pulso firme la película pero no logra evitar que el hastío de los personajes contagie al espectador, quizás sea premeditado. Sea como fuere, el film se hace algo largo y al final hay cosas que no acaban de encajar. El personaje femenino me pareció el menos definido y el que menos entendemos (¿que tu novio no te conteste al teléfono es motivo para acostarte con el primero que pase?). Quizás la estructura repetitiva del film (se cuentan los mismos hechos desde la perspectiva de cada uno de los tres amigos) juegue en su contra. Tampoco creo que sea necesario contarnos la vida de cada uno antes de la noche en cuestión. Hacia el final le falla el ritmo y le sobran algunos minutos. Yo hubiera dejado aflorar todas las miserias de los personajes sin contar nada de su pasado. Además, ¿qué pinta el perro en toda la película?


Respecto a los actores, creo que Guillermo Toledo (¿el actor más odiado del cine español?) está francamente bien, me resultó convincente en todo momento, a pesar de tener escenas realmente complicadas realiza un retrato veraz sin caer en los histrionismos ni exageraciones propias de interpretaciones de personas bajo los efectos de las drogas. Su personaje me pareció el más complejo y patético de todos, con muchas cosa en común con el de George Clooney de Up in the air. También Tristán Ulloa está correcto en la evolución de su personaje a través de la noche y el consumo de sustancias, quizás algunos aspectos de su personaje no queden bien explicados pero no creo que sea fallo del actor sino del guión. Tampoco se puede achacar a Blanca Romero que su personaje no esté bien dibujado, ella realiza un retrato ajustado de su personaje aunque no entendamos las motivaciones de algunos de sus actos hacia el final del film.

Un film español loable pero no conseguido del todo.

5,5

jueves, 10 de noviembre de 2011

Lenny (1974)


Lenny Bruce fue uno de los pioneros del stand-up comedy americano, los monólogos en clave de humor. En los últimos años han proliferado como setas los tipos que salen a divertir al público en cualquier sala de fiestas,bar o garito de mala muerte; únicamente armados con un micrófono y su ingenio. Tienen mucho mérito, pero dudo que ninguno sea nunca tan irreverente, mordaz y sincero como lo fue Lenny Bruce.


Lenny Bruce empezó desde abajo en locales y tugurios de mala muerte, presentando las actuaciones de las chicas que bailaban ligeras de ropa (o sin ella). Ello le obligó a desarrollar su capacidad para improvisar. Su carrera fue fulgurante, su humor ácido y corrosivo era muy novedoso para la época. Lenny se convirtió rápidamente en uno de los humoristas más famosos del país, incluso grababa discos con sus monólogos.

Lenny sacaba a relucir en el escenario temas tan espinosos como el racismo, el asesinato de Kennedy, las drogas o la religión. Temas casi tabú a la hora de hacer humor, Lenny no temía levantar ampollas, y pagó su precio. Pronto empezó a tener problemas con la ley siendo arrestado repetidamente por obscenidad en el escenario. Lenny era peligroso, en un escenario decía y hacía lo que quería; colocado o no, era impredecible. La moral bien pensante de los primeros años sesenta encontró en Lenny Bruce su chivo expiatorio. La policía lo vigilaba estrechamente, casi le acosaba, infiltraba entre el público agentes de paisano dispuestos a detenerle si se pasaba de la raya (una palabra mal sonante era más que suficiente). Obviamente se le vetó en televisión, era demasiado peligroso.

Pero Lenny no fue sólo un pionero del stand-up comedy que tuvo problemas con la ley por ser mal hablado en una época en la que ello era un delito. El fracaso de su matrimonio con la stripper Honey harlow y el acoso implacable de la ley le hundieron aún más en la espiral las drogas. Todo ello produjo un terrible efecto secundario en Lenny: perdió toda su gracia, ya no era gracioso ni quería serlo. Sus actuaciones se fueron tiñendo cada vez más de una amargura terrible. Empezó a hablar básicamente de sus problemas personales, sus monólogos ya no eran comedia, era tragedia pura. La tragedia de un hombre derrotado sólo por decir lo que pensaba.
Lenny Bruce murió de sobredosis en 1966 cuando tenía varias causas pendientes por obscenidad. Se le concedió el perdón a título póstumo en el 2003, 27 años después de su muerte.

La trágica historia de Lenny Bruce fue llevada al cine en 1974 por Bob Fosse. Fosse fue un afamado coreógrafo y director especializado en grandes musicales como Cabaret o All that Jazz. Incluso se dice que Michael Jackson se basó en una coreografía de Fosse para su famoso baile. Pero Lenny no es un film musical. El papel de Lenny Bruce recayó en Dustin Hoffman, logrando uno de sus mejores y más complejos personajes. Su deterioro físico y mental es uno de los más terribles vistos nunca en una pantalla. El hastío y el cansancio que transmite su personaje son estremecedores. Hoffman recibió su tercera nominación al Oscar por este papel. Por cierto, Dustin Hoffman debería haber ganado una docena de Oscars en las décadas de los 60 y 70, un actor irrepetible. Lamentablemente ahora participa en cosas como Los padres de él y chorradas similares para ir viviendo. Ya no hay papeles buenos para actores de su edad o, simplemente, el cine es mucho peor que antes.
Fosse rodó el film en blanco y negro, con estilo casi documental, alternando falsas entrevistas con los personajes y escenas dramatizadas. El film tiene un tono sórdido y sucio que va creciendo de intensidad hasta hacerse casi palpable hacia el final. Toda una experiencia cinematográfica.

No voy a decir nada más del film, véanlo si aún no lo han visto.



P.d.: hablando de Bob Fosse, no puedo resistirme a colgar este video de una coreografía suya de 1974 en la que se inspiró Michael Jackson para crear sus célebres pasos de baile.




miércoles, 25 de mayo de 2011

Dune (1984)


David Lynch no considera a Dune como una película suya. Aceptó el encargo de dirigir la adaptación de la novela de Frank Herbert pero no se sintió nada contento con el resultado. La historia detrás de esta película es mucho más fascinante que la película en sí.




Publicada en 1965, Dune nos sitúa en una galaxia gobernada por un decadente imperio dividido en múltiples casas que luchan entre ellas por el poder. El imperio basa su economía en una especia que se saca de un planeta desértico, Arrakis, también llamado Dune. Dicha especia (o melange) es necesaria para los viajes de las aeronaves y quien controle la especia controla la galaxia. La especia también es usada por la orden religiosa de las Bene Gesserit como potenciador de poderes mentales, por lo que el valor de la especia es aún mayor.

Los habitantes de Arrakis, los fremen, viven en tribus diseminadas por las arenas de su desértico mundo pero en armonía con el medio. Los fremen extraen la especia de los enormes gusanos del desierto. En medio de una gran inestabilidad política, la casa Atreides se instala en Arrakis para garantizar el suministro de melange para la cofradía o CHOAM, la compañía que tiene el derecho en exclusiva de explotación de la especia. Tanto los Fremen como las Bene Gesserit buscan la llegada de un mesías (Muad’Dib para los fremen y Kwisatz Haderach para las Bene Gesserit). Quizás Paul Atreides sea el mesías esperado por unos y temido por otros.

A pesar de estar situada en el lejano planeta de Arrakis, en Dune no es difícil encontrar las analogías con nuestro mundo. Obviamente, el melange se asemeja sospechosamente al petróleo, el imperio se parece a Estados Unidos y la Cofradía podría ser la OPEP.

Herbert tiñó hábilmente su novela de religión, misticismo, drogas y profecías, configurando una fascinante obra de ciencia ficción. La novela se toma su tiempo en presentar a los personajes y el inestable equilibrio de poderes de la galaxia. La introducción se puede hacer bastante lenta para el lector. Pero pasado el primer tercio del libro, éste atrapa como si de un agujero negro se tratara. Dune ganó los premios Hugo y Nébula en 1966 y se convirtió en una obra clave de la ciencia ficción de la segunda mitad del siglo XX, pero adaptarla a la gran pantalla podía ser una tarea titánica.


El primer intentó fue del productor Arthur P. Jacobs (productor de la saga de El planeta de los simios) quien compró los derechos del libro pero murió en 1973 a causa de un infarto.

Los derechos fueron comprados por el multimillonario francés Michel Seydoux que ya había distribuido otros films de Alejandro Jodorowsky como El topo. Dice Jodorowsky que una noche soñó que debía rodar Dune incluso antes de leer el libro, Seydoux tampoco lo había leído pero accedió a comprar los derechos ante el entusiasmo de Jodorowsky. Éste quería hacer un film alucinógeno que hiciera sentir al público como si hubiera tomado LSD y abriera su mente a nuevos niveles de consciencia, casi nada.
Aunque parezca increíble, llegó a tener muy avanzado el proyecto. Incluso tenía contratado a Salvador Dalí para interpretar al emperador. Dalí hizo honor a su sobrenombre de ávida dollars y pidió 100.000 dólares por hora, convirtiéndose en el actor mejor pagado del mundo. Jodorowsky modificó el guión haciendo que el emperador usara un robot como señuelo, así la presencia del emperador en pantalla se veía bastante reducida y contrató a Dalí sólo por una hora. Las excéntricas exigencias de Dalí incluían rodar en su casa de Cadaqués y que su personaje se sentara en un trono/inodoro de su propio diseño formado por dos delfines. Una locura surrealista.

También Jodorowsky logró contratar a Orson Welles para interpretar al pérfido barón Harkonnen. Welles estaba muy descontento con el cine de la época. Ya no era un arte, lo consideraba un mero negocio sin alma en manos de gente que pensaban únicamente en hacer dinero. La época actual le hubiera horrorizado. Jodorowsky le convenció asegurándole durante todo el rodaje los servicios del cocinero favorito del orondo autor de Ciudadano Kane.
No sólo genios como Welles o Dalí estaban implicados: Pink Floyd iban a realizar la banda sonora, los efectos especiales serían de Douglas Trumbull (2001, una odisea del espacio), las naves serían diseñadas por Chris Foss, los decorados correrían por cuenta de H.R. Giger (por recomendación de Dalí) y el dibujante Moebius diseñó cientos de personajes y se encargó del story board para el film. El elenco artístico no podía ser mejor ni más ecléctico.

Como en casi todos los proyectos de Jodorowsky, la financiación acabó esfumándose y el proyecto se canceló. Se habían gastado varios millones de dólares y aún no habían empezado a rodar ni una sola toma. Jodorowsky aprendió que no se deben hacer películas con gente que no necesita ganar dinero con ellas, pueden abandonar el proyecto cuando quieran. Una verdadera pena, opino que Jodorowsky hubiera sido el director ideal. El tema y el tono del libro casan bastante con el transgresor surrealismo propio de Jodorowsky.
No todo se perdió, en Alien de usaron los diseños de Giger, mientras que Jodorowsky y Moebius plasmaron muchas de las ideas que surgieron durante la elaboración de Dune en el imprescindible cómic El incal.
Por cierto, en Cannes 2011 se ha presentado un documental sobre este mítico proyecto fallido: Jodorowsky's Dune.



  Los derechos sobre Dune cayeron en manos del productor Dino De Laurentiis en 1976, un año antes del fulminante éxito de Star Wars. A principios de los 80 De Laurentiis vio que era el momento ideal, con toda la fiebre por la ciencia ficción y el espacio que había generado la saga de George Lucas. Para dirigir Dune se pensó en Ridley Scott quien había ya creado dos clásicos de la ciencia ficción como Alien y Blade runner, pero Scott no se entendió con De Laurentiis y se le sustituyó por un joven David Lynch.
Lynch había logrado un éxito enorme con El hombre elefante (1980) aunque Eraserhead se hubiera convertido en una rareza inclasificable. Lynch era un director joven con talento pero excesivamente rarito e inexperto.
El desafío de adaptar la novela de Herbert era demasiado para alguien que sólo había dirigido 2 películas. El enorme presupuesto, los decorados, los efectos especiales, las localizaciones en México, etc pueden ser algo fácil de controlar para un director experto en grandes superproducciones, pero Lynch no estaba preparado. El rodaje se alargó demasiado, los gastos iban en aumento y el material rodado no tenía demasiada vida. Pensando en la taquilla, De Laurentiis decidió rodar escenas adicionales y eliminar otras, por lo que nunca sabremos cómo hubiera sido el Dune que David Lynch hubiera hecho con total libertad.
Lynch acabó muy descontento con las injerencias externas de De Laurentiis y con el montaje final del film, renegando del mismo y de todo lo que tuviera que ver con Dune. Lynch ha admitido que se vendió por dinero en Dune y que nunca más lo haría, para un artista es indispensable el control total sobre su obra. Incluso en las múltiples ediciones posteriores para DVD o televisión con metraje aumentado, no aparece el nombre de David Lynch en los créditos sino Alan Smithee o Judas Booth.

El film se inicia con una voz en off nos pone en situación puliéndose cientos de páginas del libro en apenas un minuto. Los personajes no son presentados convenientemente, costando empatizar con ellos. Sus problemas no nos preocupan por lo que el film pierde interés rápidamente. El ritmo lento del film y las interpretaciones entre ausentes y distantes logran que la trama no enganche. El libro acaba atrapando al espectador pero la película no lo logra en casi ningún momento. Tiene escenas puntuales muy impactantes (los gusanos, el barón Harkonnen flotando) pero no tiene el ritmo adecuado. El film se hace aburrido y confuso. Tampoco la inexpresividad de Kyle MacLachlan ayudaba mucho a la cinta.

Desde luego, la música de Toto y Brian Eno no está mal y los diseños de Carlo Rimbaldi son espectaculares pero no consiguen levantar el film. Sólo el apartado técnico (los espectaculares trajes, decorados y efectos especiales) convierten a Dune en una película con un especial atractivo aunque haya envejecido bastante mal.


Obviamente es una adaptación fallida ya que no logra transmitir toda la riqueza de matices del libro pero es un film interesante. Yo la vi con 12 años y me fascinó todo el apartado visual aunque no entendí mucho de la trama. Bastantes años después leí el libro y me pareció muy superior.
La película fue un rotundo fracaso de taquilla en USA, aunque en Europa funcionó bastante mejor. De los 45 millones de dólares sólo recuperaron 27. El film se convirtió en un film de culto para los amantes de la ciencia ficción más adulta.
Sinceramente, creo que Jodorowsky hubiera convertido esta trama de traiciones palaciegas, mesías, alucinaciones, batallas y éxodos en una epopeya mística, pero De Laurentiis y Lynch la convierten en tedio. A pesar del fracaso de Dune, DeLaurentiis le produjo a Lynch una película barata sobre la que le dejó control absoluto: Blue Velvet. 

jueves, 31 de marzo de 2011

Atrapado por su pasado (Carlito's way, 1993)

Carlito Brigante (Al Pacino) sale de la cárcel totalmente decidido a cambiar de vida. El narcotráfico le dio fama y dinero pero ahora decide mantener sus manos alejadas de la droga.
En El precio del poder (Scarface, 1982) Brian De Palma (El fantasma del Paraíso) adaptó con éxito el clásico del cine negro de los años 40 a los cánones del cine de gángsters de los 80. El violento guión de Oliver Stone narraba la ascensión de un narco desde la patera hasta la cima del mundo. En la inolvidable escena final, Tony Montana (Al Pacino) se enfrentaba solo a todo un ejército de mercenarios que asalta su mansión.
Rodada 10 años después, Carlito’s way podría haber sido una segunda parte de El precio del poder, incluso en algunos países sudamericanos se publicitó como tal. Es cierto que repiten director y actor protagonista, dando ambos lo mejor de sí mismos (quizás por última vez), pero no es una segunda parte. David Koepp adapta la novela Afterhours de Edwin Torres y elabora una magnífica historia de redención en un mundo implacable.
Nadie parece creer a Carlito Brigante, pero él tiene el firme propósito de cambiar de vida. Carlito es visto como una leyenda viva por los jóvenes del barrio, un ejemplo a seguir por los jóvenes delincuentes. Que ahora reniegue de su pasado no es fácil de aceptar para los que crecieron con los relatos de sus hazañas. Carlito sólo quiere huir con la mujer que ama, pero la adicción a la cocaína de su abogado y amigo (un genial Sean Penn) pondrá aún más en peligro los planes de nuestro protagonista. El letrado empezará a perder el control en los momentos menos oportunos, creando nuevos y letales enemigos.
A lo largo de la película asistimos a varias escenas inolvidables. La tensa escena del billar es de una planificación y una puesta en escena digna de estudio. Lo que parece una animada conversación entre colegas de pronto se convierte en una situación límite. De Palma controla perfectamente el tempo cinematográfico y estira la escena hasta límites insospechados hasta que la violencia estalla de forma brutal. El final de la escena con nuestro protagonista acorralado en un baño y sin balas es de una tensión inusitada. Sólo le queda su fama de cabrón para salir con vida.
En otra estupenda escena Carlito recibe la visita de un antiguo compañero de fechorías (Viggo Mortensen) al que le descubre un micrófono, no será el único que le traicionará. También su abogado irá complicándole la vida cada vez más. La línea que separa el bien del mal, la ley del delito, será cada vez más difusa y los enemigos surgirán de ambos lados de la ley. Como se dice en un momento dado “Si vives el tiempo suficiente, todo el mundo tiene un motivo para matarte”.
La mejor escena del film es la sobrecogedora persecución final por la terminal de Grand Central. Pocas veces he sentido tantos nervios viendo una película. DePalma usa todo su talento a favor de una persecución al límite. La creíble interpretación de Pacino logra que nos identifiquemos de tal manera con el protagonista que lo pasamos realmente mal y deseamos que finalmente se escape de sus perseguidores. DePalma parece homenajearse a sí mismo al repetir un final en una estación de trenes, como en Los intocables aunque en aquella ocasión homenajeó la escena de las escaleras de El Acorazado Potemkin.
De Palma no innova nada, este tipo de escenas ya las dominaban Coppola o Scorsese pero se postula como un artesano igualmente hábil y eficaz. Su trabajo desprende esta vez una perfección técnica apabullante. El manido recurso de la voz en off es aquí usado magistralmente, aumentando la tensión en el espectador.
Sin moderneces innecesarias ni imitaciones a Hitchcock (su pecado capital), DePalma elabora un gran film que te engancha desde el primer minuto y cuya tensión va en aumento hasta llegar a un clímax antológico de esos que no se olvidan y te dejan el corazón en un puño.
Una gran película de cine negro.
8'5

miércoles, 23 de marzo de 2011

The Wall



Este viernes estoy en Madrid para asistir al concierto de Roger Waters en el que pone en escena su espectáculo The wall live. Nunca está de más recordar a The Wall, el disco que Pink Floyd publicaron en 1979, y la posterior película de Alan parker .




Cuenta Roger Waters que durante un concierto de Pink Floyd a mediados de los setenta un fan de la primera fila le estaba incordiando y sintió el impulso de golpear al sujeto y la necesidad de aislarse del público mediante un muro. Waters estaba experimentando la extraña sensación de odiar a su público. De ahí surgió la idea del disco conceptual The Wall en el que Waters vertió muchas experiencias personales.
En mi humilde opinión, el control de Waters sobre el disco es excesivo, anula al resto de sus compañeros configurando un disco demasiado largo y depresivo. Opino que las aportaciones del resto del grupo se echan de menos en muchos momentos. Pink Floyd funcionaba mejor cuando todos sus miembros aportaban ideas. Además, los discos conceptuales tienen sus detractores y sus partidarios (a mí me suelen gustar) pero creo que The wall se hubiera beneficiado bastante de un recorte en el número de canciones. Hay temas magníficos (Goodbye blue sky, Hey You, Confortably numb, Another brick in the wall, Mother, The trial etc) pero creo que algunos del segundo disco sobran dándole al disco un toque demasiado disperso (Vera, Bring the boys back home, The show must go on).


The Wall trata de un niño que no conoce a su padre, fallecido en la Segunda guerra mundial como el padre de Waters. La madre sobreprotectora llena la frágil mente de su hijo de inseguridades y miedos. La brutal educación en los colegios ingleses (con constantes humillaciones y castigos corporales) y el miedo a la guerra son otros ladrillos con los que se forma un muro en la frágil mente del niño para aislarse del mundo exterior. Algo muy parecido a lo que le ocurrió a Syd Barrett, primer líder de Pink Floyd. Con el tiempo el niño crece y se convierte en una estrella de rock llamado Pink (interpretado en el film por Bob Geldof) con serios problemas con las drogas y las relaciones afectivas. Pink se siente vacío y odia todo lo relacionado con el negocio musical: fans, groupies, agentes, etc. Pink vive dentro del muro que se creó en su mente cuando era niño. En su mente Pink se convierte en un dictador, el líder de un movimiento autoritario y racista.


La temática del disco no es muy alegre, la verdad, pero gracias a temas como Another brick on the wall o Confortably numb el disco fue todo un éxito, siendo el tercer disco más vendido de la historia y el más vendido en la década de los 70. A pesar del éxito, las relaciones entre Waters y el resto del grupo eran cada vez más tensas, The wall es más un proyecto en solitario de Waters que un disco de Pink Floyd. Los reclados de Rick Wright casi no se oyen e incluso fue expulsado del grupo por Waters, convertido en un déspota como el personaje de Pink. Incluso David Gilmour ve muy reducido su papel compositor, limitado a sólo unas pocas canciones.

Pink Floyd hizo una gira para presentar el disco en 1980 y 1981, pero la idea de Waters de ir creando en escena un muro que les separara del público y otros elementos escénicos (como proyeccionbes o hinchables gigantes) hicieron que la gira fuera realmente costosa y el grupo perdió dinero. Sólo Rick Wright ganó dinero con la gira, ya no era miembro oficial del grupo sino un contratado con un salario.

En 1982 el director Alan Parker (Birdie, El corazón del Angel, Fama, The commitments, Evita) adapta al cine la complicada y amarga trama del disco. Parker prescindió de los diálogos y se centró en el guión de Waters, plasmando magistralmente las obsesiones allí relatadas. Las imágenes de Parker complementan perfectamente a la música, de hecho, hay momentos bastante impactantes. Muchas canciones cobran un sentido nuevo al estar acompañadas de imágenes, dando a la obra un sentido mucho más rico en matices. En Another brick in the wall, vemos las imaginaciones del niño en las que ve a los estudiantes como seres sin cara que alimentan una máquina trituradora de carne. Como si fueran educados desde niños para ir directos al matadero, para morir en una guerra como en la que murió su padre, son seres sin personalidad ni rostro para un estado opresor que nunca los ha tratado con dignidad. Igualmente vemos en imágenes el deseo de Pink de rebelarse contra tesa situación y destrozar violentamente la escuela.


Parker decidió incorporar la animaciones de Gerald Scarfe para representar las alucinaciones que ocurren dentro de la mente de Pink. Las oníricas escenas de los escolares sin cara tirados a una máquina trituradora, las cruces sangrantes, los martillos, los bombarderos, las flores copulando violentamente o el juicio son de una fuerza inusitada, quedando para siempre en la mente del espectador.

Al igual que en el disco, la película es cada vez más confusa llegando a momentos de verdadera locura en los que es imposible distinguir las alucinaciones de la realidad. Parker crea una pesadilla bastante indigesta para los no iniciados, pudiendo resultar un film bastante críptico y duro para los amantes de High school musical.
The Wall no es un musical como los de décadas anteriores, nada que ver con Siete novias para siete hermanos o Sonrisas y lágrimas. Tampoco es un film agradable ni fácil de ver, no era ése el objetivo. Es una pesimista radiografía del mundo en el que vivimos según Roger Waters: depresión, aislamiento, capitalismo salvaje, drogas, guerras por intereses económicos, etc. A mí me gustó cuando lo vi y aún retengo sus impactantes imágenes frescas en la memoria.



No es The Wall una película apta para todos los públicos, tiene ciertos fallos heredados del disco: es demasiado pesimista y confusa, pero sigue siendo una experiencia única.

8