Por mucho que esté protagonizada y dirigida por mujeres, Wonder Woman no va a suponer la liberación de
la mujer en el cine de entretenimiento, ni mucho menos.
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viernes, 16 de junio de 2017
domingo, 20 de abril de 2014
Nymphomaniac. Volumen 1
El último enfant terrible del cine, el danés Lars Von Trier, sigue dispuesto a romper moldes y a sorprender al espectador. En Nymphomaniac nos sumerge en la impactante historia de una adicta al sexo.
Este proyecto duraba originalmente cinco horas y media pero finalmente ha sido reducido a cuatro horas de metraje divididas en dos volúmenes. Muy probablemente esta historia íntegra y de un tirón hubiera sido insoportable. En este primer volumen, el bocazas de Von Trier nos ofrece un magistral ejercicio de estilo en el que no sólo están las constantes habituales de su cine (historia dividida en capítulos, provocación) sino que se nota una evidente depuración del estilo narrativo del danés (quien sabe si provocada por el impuesto recorte de metraje).
¿Qué nos vamos a encontrar en una película del polémico y controvertido Lars Von Trier sobre una adicta al sexo? Obviamente, mucho sexo. Un sexo explícito en muchas ocasiones pero que no pretende excitar de ninguna manera al espectador. El sexo es aquí mostrado como la fuerza más poderosa del ser humano pero también como una peligrosa adicción. No estamos ante una película erótica (esto no es Instinto básico) en la que el sexo sea un reclamo para que el espectador acuda en masa a las salas de cine. Quien vea esta película con esa idea preconcebida saldrá altamente defraudado. Nymphomaniac parte de la historia de una adicta al sexo para elaborar algo mucho más complejo y, a la vez, sutil. Esta película no pretende excitar sexualmente al espectador sino intelectualmente.
Lars Von trier inicia su film, como viene siendo habitual en él últimamente, con un bello prólogo que configura unos sorprendentes títulos de crédito sin letras y con una estridente música de Rammstein. La cosa empieza bien, uniendo lirismo, belleza y una patada a la cara del espectador. Bien vamos.
Una vez más ha sido demasiado pretencioso pero esta vez creo que pocos peros se le pueden poner a su narración. Su relato tiene un ritmo casi perfecto que atrapa ya desde los mencionados títulos de crédito. El film se basa en una narración que hace la ninfómana Joe a base de flash backs interrumpidos constantemente por interesantes anotaciones de su interlocutor.
Von Trier establece un largo diálogo entre estos dos personajes diametralmente opuestos. Mientras para Joe el sexo es poder y ejerce ese poder sobre los hombres en su propio beneficio sin pensar demasiado en las consecuencias, su interlocutor es un hombre culto que todo lo relativiza con tendencia a teorizar sobre la cosa más trivial. A pesar de ser personas tan distintas, ambos llegan a puntos de entendimiento que no hacen sino más atractiva la narración de Joe.
Me sorprendieron gratamente las analogías que Von Triers establece entre el sexo y la pesca (prolongada en el cartel de este primer volumen) o la metáfora del tenedor para las tortas. La conversación entre estas dos personas tan distintas que se encuentran casualmente le sirve a Von Trier para elaborar unas más que interesantes reflexiones sobre la adicción, el amor, la lujuria, el compromiso, la enfermedad, la muerte, religión, literatura, polifonía, matemáticas y, en definitiva, las relaciones humanas. Un gran compendio de casi todo lo humano y lo divino. Con Nymphomaniac Von Trier se aproxima a los terrenos de maestros como Dreyer o Bergman.
En cuanto al reparto, debo decir que Von Trier sigue teniendo la facultad de lograr que los actores de sus películas resulten creíbles en situaciones inverosímiles o sencillamente absurdas. Es la gran dirección de actores la que logra que no parezcan convincentes las bizarras historias de este director. En este caso, me convencieron todos pero la que me sobrecogió fue Uma Thurman, magistral. La extraña pareja de dialoguistas formada por Charlotte Gainsbourg y Stellan Skarsgård me resultó más que convincente. Ojito con la joven Stacy Martin, seguro que la volveremos a ver.

Más allá de la provocativa campaña publicitaria y el escabrosos tema central, Nymphomaniac es muchas otras cosas más que sexo. Tampoco Lars Von Trier es sólo un pirado con ganas de provocar (que también), es un tipo con un talento cinematográfico innegable.
Cuando acabó esta primera parte me quedé ansioso de saber cómo acaba esta fascinante historia. En breve os cuento.

Más allá de la provocativa campaña publicitaria y el escabrosos tema central, Nymphomaniac es muchas otras cosas más que sexo. Tampoco Lars Von Trier es sólo un pirado con ganas de provocar (que también), es un tipo con un talento cinematográfico innegable.
Cuando acabó esta primera parte me quedé ansioso de saber cómo acaba esta fascinante historia. En breve os cuento.
7,5
miércoles, 10 de octubre de 2012
Retratos de una obsesión (One hour photo, 2002)
Mark Romanek es uno de los mejores directores de vídeos musicales de las últimas décadas. Sus vídeos para Nine inch nails o Madonna son auténticas obras de arte que deberían exhibirse en un museo. Romanek dio el salto a la gran pantalla con un arriesgado film sobre la soledad: Retratos de una obsesión.
Hubo una época (no hace mucho) en la que las cámaras fotográficas necesitaban un carrete que debía ser revelado en un laboratorio. Antes de la era digital, las familias llevaban sus fotos a revelar a laboratorios de revelado como en el que trabaja Sey Parrish (Robin Williams).
Como trabajador de uno de estos laboratorios fotográficos, Sey ve los momentos felices de los demás (los cumpleaños, las vacaciones, las fiestas), nadie se hace fotos en los momentos tristes o cuando está solo. Sey nunca se hace fotos, no tiene nada que celebrar ni compartir con nadie. Sey no tiene recuerdos felices, familia ni amigos. Es un tipo triste y solitario. Su infancia no fue feliz ni su familia fue la familia ideal. Sey arrastra un trauma desde la infancia que le imposibilita para formar una familia. Su existencia está totalmente vacía.
Sey decide vivir la vida familiar que nunca tuvo y proyecta su vida soñada espiando a la familia Yorkin, una familia aparentemente feliz: son jóvenes, guapos y tienen un hijo perfecto. Sey duplica secretamente las fotos que la familia Yorkin lleva a su tienda a revelar y las cuelga en las paredes de su casa, son su familia ideal y nada desea más que ser aceptado por ellos como un miembro más de la familia. Pero para los Yorkin Sey sólo es un dependiente de una tienda de revelado de un centro comercial.
Sey no puede parar su obsesión por los Yorkin, ellos son su única razón para vivir. Empieza a hacer regalos al pequeño de la familia y a forzar encuentros casuales para establecer conversación con la madre del pequeño. Sus frustradas muestras de interés no consiguen que sea aceptado en el seno familiar, más bien todo lo contrario. Pero un hecho fortuito le hará cambiar de estrategia. Will Yorkin tiene todo lo que Sey desea, tiene a la mujer y al hijo ideales, todo lo que cualquiera quisiera para ser feliz, pero no lo valora y lo está poniendo todo en peligro. La vida no es justa, aquello que alguien más desea es despreciado por quien lo posee.
En un momento casi al final del film, Sey deja de ser el sujeto pasivo (el hijo) de ese trauma que arrastra desde la infancia y que aún no ha podido superar. Sey se convierte en el cruel padre que obliga a sus hijos a hacer cosas horribles. Sey se enfrenta finalmente a su trauma pero las consecuencias serán inesperadas.
Mark Romanek demostró ser mucho más que un excelente director de clips musicales, dotando a su película de una extraña atmósfera y un ritmo excelente. El film huye de convencionalismos, no es el típico film de acosadores ni de psicópatas. Es un interesante drama sobre la soledad en la sociedad moderna. El mayor acierto de Romanek es mostrar una sociedad actual (o casi actual) totalmente deshumanizada. Las relaciones interpersonales se han tornado frías y superficiales (y eso que aún no existían facebook ni whatsapp). El entorno del centro comercial en el que trabaja Parrish y en el que transcurre buena parte del film no puede ser más desalentador. La fría iluminación del centro comercial nos hace pensar lo vacías que están las vidas de muchos seres humanos, como Sey Parrish. La casa de Parrish es igualmente de apariencia fría, sin recuerdos ni objetos excepto la pared que tiene dedicada a los Yorkin. El film parece darnos un mensaje poco gratificante del consumismo: nos encerramos en nuestras casas de las que sólo salimos para comprar.
La película significó todo un cambio de registro para Robin Williams, sus parlanchines y excesivos personajes cómicos dejaron paso aquí a una actuación comedida llena de matices. Su personaje es parco en gestos y palabras pero aún así Williams se las arregla para transmitir toda la tormenta que acontece en su interior.
Por cierto, ¿qué significa el plano final con la foto familiar? ¿Es un sueño o realmente la familia ha aceptado a Sey como uno más? ¿Es Sey Parrish un psicópata o sólo una persona solitaria en busca de afecto?
Retratos de una obsesión es un film que pasó sin pena ni gloria (costó sólo 12 millones de dólares y recaudó un total de 50) pero que merece la pena un visionado. Romanek tardó bastante en volver a rodar una película, la también recomendable Nunca me abandones.
7,5
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