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miércoles, 10 de octubre de 2012

Retratos de una obsesión (One hour photo, 2002)



Mark Romanek es uno de los mejores directores de vídeos musicales de las últimas décadas. Sus vídeos para Nine inch nails o Madonna son auténticas obras de arte que deberían exhibirse en un museo. Romanek dio el salto a la gran pantalla con un arriesgado film sobre la soledad: Retratos de una obsesión.

Hubo una época (no hace mucho) en la que las cámaras fotográficas necesitaban un carrete que debía ser revelado en un laboratorio. Antes de la era digital, las familias llevaban sus fotos a revelar a laboratorios de revelado como  en el que trabaja Sey Parrish (Robin Williams).
 Como trabajador de uno de estos laboratorios fotográficos, Sey ve los momentos felices de los demás (los cumpleaños, las vacaciones, las fiestas), nadie se hace fotos en los momentos tristes o cuando está solo. Sey nunca se hace fotos, no tiene nada que celebrar ni compartir con nadie. Sey no tiene recuerdos felices, familia ni amigos. Es un tipo triste y solitario. Su infancia no fue feliz ni su familia fue la familia ideal.  Sey arrastra un trauma desde la infancia que le imposibilita para formar una familia. Su existencia está totalmente vacía.

 Sey decide vivir la vida familiar que nunca tuvo y proyecta su vida soñada espiando a la familia Yorkin, una familia aparentemente feliz: son jóvenes, guapos y tienen un hijo perfecto. Sey duplica secretamente las fotos que la familia Yorkin lleva a su tienda a revelar y las cuelga en las paredes de su casa, son su familia ideal y nada desea más que ser aceptado por ellos como un miembro más de la familia. Pero para los Yorkin Sey sólo es un dependiente de una tienda de revelado de un centro comercial.
 Sey no puede parar su obsesión por los Yorkin, ellos son su única razón para vivir. Empieza a hacer regalos al pequeño de la familia y a forzar encuentros casuales para establecer conversación con la madre del pequeño. Sus frustradas muestras de interés no consiguen que sea aceptado en el seno familiar, más bien todo lo contrario. Pero un hecho fortuito le hará cambiar de estrategia. Will Yorkin tiene todo lo que Sey desea, tiene a la mujer y al hijo ideales, todo lo que cualquiera quisiera para ser feliz, pero no lo valora y lo está poniendo todo en peligro. La vida no es justa, aquello que alguien más desea es despreciado por quien lo posee.
 En un momento casi al final del film, Sey deja de ser el sujeto pasivo (el hijo) de ese trauma que arrastra desde la infancia y que aún no ha podido superar. Sey se convierte en el cruel padre que obliga a sus hijos a hacer cosas horribles. Sey se enfrenta finalmente a su trauma pero las consecuencias serán inesperadas.


 Mark Romanek demostró ser mucho más que un excelente director de clips musicales, dotando a su película de una extraña atmósfera y un ritmo excelente. El film huye de convencionalismos, no es el típico film de acosadores ni de psicópatas. Es un interesante drama sobre la soledad en la sociedad moderna. El mayor acierto de Romanek es mostrar una sociedad actual (o casi actual) totalmente deshumanizada. Las relaciones interpersonales se han tornado frías y superficiales (y eso que aún no existían facebook ni whatsapp). El entorno del centro comercial en el que trabaja Parrish y en el que transcurre buena parte del film no puede ser más desalentador. La fría iluminación del centro comercial nos hace pensar lo vacías que están las vidas de muchos seres humanos, como Sey Parrish. La casa de Parrish es igualmente de apariencia fría, sin recuerdos ni objetos excepto la pared que tiene dedicada a los Yorkin.  El film parece darnos un mensaje poco gratificante del consumismo: nos encerramos en nuestras casas de las que sólo salimos para comprar


 La película significó todo un cambio de registro para Robin Williams, sus parlanchines y excesivos personajes cómicos dejaron paso aquí a una actuación comedida llena de matices. Su personaje es parco en  gestos y palabras pero aún así Williams se las arregla para transmitir toda la tormenta que acontece en su interior.


 Por cierto, ¿qué significa el plano final con la foto familiar? ¿Es un sueño o realmente la familia ha aceptado a Sey como uno más? ¿Es Sey Parrish un psicópata o sólo una persona solitaria en busca de afecto?


 Retratos de una obsesión es un film que pasó sin pena ni gloria (costó sólo 12 millones de dólares y recaudó un total de 50) pero que merece la pena un visionado. Romanek tardó bastante en volver a rodar una película, la también recomendable Nunca me abandones.


7,5

sábado, 14 de abril de 2012

Mientras duermes

Jaume Balagueró se sigue consolidando como un director a tener en cuenta. Sus inicios fueron decepcionantes, Balagueró intentaba hacer buen cine de terror pero sus películas no estaban bien rematadas. Films como Los sin nombre o Frágiles partían de interesantes premisas pero se desinflaban rápidamente. La cosa mejoró con Rec, con la que la carrera de Balagueró dio un paso de gigante, demostrando que al fin se podía hacer buen cine de terror en este país de pandereta. Ahora Balagueró demuestra que lo de Rec no fue casualidad.


Como en Rec, Mientras duermes parte de un patio de vecinos como existen muchos en este país. El cuadro costumbrista que Balagueró plasma nos resulta familiar y cotidiano. Muchos personajes nos recuerdan a personas que conocemos (la niña repelente, la señora mayor y sus dichosos perritos, el vecino toca pelotas, etc). Balagueró nos sumerge luego en el mundo de un conserje incapaz de ser feliz, no tiene amigos ni nada parecido. Vive obsesionado por una de las vecinas de la comunicada en la que trabaja. Su mayor ilusión es verla cada día salir sonriendo del ascensor para ir a trabajar. El conserje es un personaje patético que, sin embargo, resulta creíble e incluso provoca una cierta empatía en el espectador. Balagueró no elabora una metáfora sobre la soledad en la sociedad actual, sólo se sirve de ella para crear su thriller. Obviamente, el conserje se irá arriesgando cada vez más, dándonos momentos de verdadera diversión. Alguna escena de esta película me parece de lo mejor del cine español de la última década.

Con un muy buen pulso narrativo (no hay ningún parón en todo el film ni el ritmo decae en ningún momento) y unos buenos personajes, Mientras duermes se erige como un thriller de psicópatas de los más efectivo y cercano. Buen cine de género hecho sin complejos ni alardes innecesarios. Con un sólido guión, unas buenas interpretaciones y un hábil director ya tenemos un thriller que no tiene nada que envidiar a lo que nos llega de Hollywood (más bien, todo lo contrario). La cinta va de menos a más (cosa bastante infrecuente) y el espectador no se siente estafado ni tomado por tonto en ningún momento (algo aún más infrecuente en el cine actual).

Del reparto me quedo con Marta Etura (que está estupenda derrochando naturalidad en su personaje de la vecina de al lado por la que cualquiera podría perder la cabeza) y con Luis Tosar (quien borda su complejo personaje de conserje, sin caer nunca en el exceso ni en la caricatura). La profesionalidad de estos dos actores hace ganar enteros a la película.

7

lunes, 14 de noviembre de 2011

Snowtown


Los asesinos en serie suelen ser representados en el cine como tipos extravagantes o curiosos, incluso suelen resultar atractivos o simpáticos al gran público. Todo lo contrario de lo que pretende hacer Justin Kurzel con Snowtown, su primera e implacable película.



En Snowtown el mal aparece camuflado, representado en personas bastante simples y chabacanas. No son refinados o cultos pero sí son peligrosos, personas a las que podríamos conocer cualquiera de nosotros. De hecho, el joven protagonista irá descubriendo poco a poco que personas a las que conoce (e incluso admira) están implicadas en asuntos muy turbios. Una evolución similar a las que sufre el espectador, personajes excéntricos pero simpáticos se nos van revelando como unos tiranos. El retrato realista de Kurzel me resulta mucho más repulsivo y aterrador que todas las pelis sobre Hannibal Lecter.

Lo peor es que Snowtown se basa en hechos reales y bucea en las incómodas aguas de una familia más que disfuncional que se vio implicada en el mayor caso de asesinatos múltiples de Australia. ¿Qué hacer cuando descubres que las personas de tu entorno son unos monstruos? ¿Estamos condenados a repetir los errores de nuestros padres? ¿Hay manera de escapar? Kurzel parece optar por la vía determinista, el medio ambiente determina nuestra conducta, el ser humano acaba aceptando la cultura que recibe, no existe la libertad de elección. Un panorama bastante negro.

Justin Kurzel usa un estilo seco para narrar esta historia de White trash australiana. Parece un documental y a veces abusa de la cámara al hombro, lo que le otorga al film un toque realista muy acertado. No hace concesiones al público ni nos ahorra situaciones violentas. Todo se muestra con bastante naturalidad y crudeza, tal y como lo viven los protagonistas. Especialmente crudas se pueden hacer las escenas en la bañera y alguna con animales. Pero Snowtown no sólo habla de la violencia física o psíquica en el seno familiar, también habla de fanatismo, de esa peligrosa ideología que no cree en el estado y que decide tomarse la justicia por su mano. ¿Pueden llegar a verse como algo habitual la violencia y el fanatismo? Por terrible que parezca, creo que sí.
De los actores sólo puedo decir que están todos excelentes, casi me convencen que no están actuando, no puede ser, deben ser así en la vida real. Por momentos creemos que Snowtown no es una peli sino un documental grabado con cámara oculta. Unas interpretaciones tan ajustadas no parecen salidas de un guión establecido ni de unos ensayos, parecen salir espontáneamente.

Un film sórdido y brutal, avisados estáis.


martes, 13 de septiembre de 2011

El perfecto anfitrión (The perfect host)


Me gustan las películas con pocos personajes que consiguen mantener el interés durante todo el metraje gracias a un sólido guión. Hay varios ejemplos que me vienen a la mente: La huella, La muerte y la doncella, etc. El perfecto anfitrión es una propuesta que intenta emparentar con este tipo de películas a base de pocos personajes y muchas sorpresas en el guión. Pero sólo lo intenta.


El perfecto anfitrión parte de una idea interesante pero no sabe desarrollarla de forma acertada. Es una peli fallida debido a que los agujeros del guión son demasiado grandes como para que el espectador medio (no hace falta ser ninguna lumbrera) no se dé cuenta de que le están tomando el pelo.

La idea no es mala, un ladrón de bancos huye con la policía pisándole los talones y decide esconderse en una casa al azar haciéndose pasar por un conocido de una amiga del dueño. El primer punto que no te crees es que hoy en día nadie abre su puerta así de fácil y deja entrar a un extraño que dice conocer a una amiga tuya. Este aparente primer error es subsanado posteriormente en la trama y la cosa acaba teniendo sentido, pero chirría bastante en un primer momento.

Pero hay otro error importante que evidencia los agujeros del film. En una escena, un personaje intenta librarse de sus ataduras usando un trozo de plato roto que estaba sobre la mesa. Dicho trozo cae sobre el regazo del personaje y acto seguido aparece milagrosamente en sus manos atadas a la espalda. Sin explicación ninguna, un objeto atraviesa una silla y va a parar a las manos de un personaje atado. No creo que sea un fallo de montaje ni de raccord, sino más bien una trampa al espectador. Vale que en estas películas no podemos ser muy quisquillosos y ponernos a buscar una verosimilitud absoluta en todo lo que veamos, pero hay que pedir un poco de respeto hacia la inteligencia del espectador. El engaño se puede tomar como una licencia para hacer la trama más ágil, pero cuando te das cuenta del engaño su efecto es el contrario.

Luego el film se deja ver sin problemas pero no sorprende todo lo que pretende, los giros argumentales están bien pero no acaban de impactar ni sorprender lo que debieran. Si a un guión tramposo le ves el truco... mala cosa.

David Hyde Pierce (conocido por su papel de Miles, el hermano de Fraser) cambia de registro y la verdad es que está muy bien. Por su parte, Clayne Crawford me recuerda a un joven Ray Liotta no sólo en su físico sino también en lo limitado de sus recursos.

Esta historia en manos de Polanski o Fincher (no digamos ya Hitchcock) hubiera dado para una gran película. Pero se queda en una anécdota.

4,5

martes, 10 de mayo de 2011

Hannibal


Siempre es difícil adaptar una obra literaria al cine. Son medios distintos que requieren del lector/espectador esfuerzos distintos, tampoco los tiempos disponibles son los mismos. Un libro te puede llevar bastantes horas y una película no suele pasar de las 2. Así pues, una adaptación cinematográfica puede ser una tarea casi imposible de llevar a cabo con éxito. Vamos a ver algunos ejemplos, hoy: Hannibal.


Tras el arrollador éxito de El silencio de los corderos, urgía seguir explotando el filón de oro que Hollywood encontró en Hannibal Lecter, el psiquiatra caníbal. El personaje se había convertido en el villano favorito de los aficionados al cine, por delante de Norman Bates o el mismísimo Darth Vader.

Hanibal Lecter nació de la mente del novelista Thomas Harris (autor también de Domingo Negro) quien había estudiado los perfiles del FBI sobre de psicópatas para la creación del personaje. Hannibal Lecter apareció allá por 1981 en la novela El dragón rojo. Lecter era un personaje secundario en la trama: un prestigioso psiquiatra forense aficionado a comerse a la gente maleducada o grosera. Desde la cárcel, Lecter ayudaba al agente del FBI que lo atrapó a cazar a otro asesino. Lecter se revela como un personaje fascinante: inteligente, culto y peligroso a partes iguales. Incluso recluido en una celda de máxima seguridad Lecter intentará vengarse de su captor.
De la mano del veterano productor Dino De Laurentiis, Michael Mann adaptó la novela en 1986 con el film Manhunter (aquí se le llamó Hunter). Así pues Lecter tuvo su estreno cinematográfico con el rostro del actor Brian Cox, aunque se le cambió el nombre por el de Hannibal Lecktor (en un posterior doblaje al castellano se le llamó Lecter para aprovechar el tirón del personaje). Su psicópata es algo más taciturno y carece de la gélida mirada de la que le dotaría Hopkins pero es bastante intimidante. La película pasó con más pena que gloria, adolece vista hoy día del estilo televisivo de los años 80 que hicieron famoso a Mann y su Corrupción en Miami: planos a cámara lenta, pantalones de pinzas y canciones rock para ambientar las escenas. La escena final con el In-a-gadda-da-vida de Iron butterfly se ha quedado muy muy desfasada. Como anécdota podemos decir que el agente del FBI Will Grahan está interpretado por William Petersen, quien se haría famoso unos años después como el agente Grisom de CSI: Las vegas.

El 1988 Harris publica su novela El silencio de los corderos. La novela repite la estructura de Dragón rojo: Lecter sigue preso y decide ayudar a una joven agente del FBI (Clarice Starling) a encontrar a un peligroso asesino y así sacar algo de provecho. A pesar de repetir estructura, El silencio de los corderos es una novela más conseguida que su predecesora, se profundiza en la personalidad de Hannibal, mientras que su curiosa relación de atracción/repulsión con la agente Clarice Starling es lo más interesante del libro.
Obviamente, Hollywood vio la posibilidad de adaptar el libro y así fue como descubrimos la mayoría de nosotros a nuestro psicópata favorito. La peli costó 19 millones, recaudó casi 300, ganó los 5 Oscars principales (película, director, actriz principal, actor principal y guión adaptado) y se convirtió en un clásico instantáneo. La elección del elenco actoral no pudo ser mejor (así lo avalan los Oscars a Anthony Hopkins y Jodie Foster). El director Jonathan Demme consiguió trasladar toda la tensión del libro a la pantalla. El guión es muy fiel al original, sólo se cambian algunas líneas de texto dándole algo más de protagonismo a Lecter. Hannibal el caníbal se convirtió en todo un mito y dejó huella en films posteriores como Seven, Saw o la serie Dexter. Los psicópatas super inteligentes se pusieron de moda.
Pero el problema surgió años después con la siguiente novela de Thomas Harris sobre Hannibal Lecter: Hannibal. Publicada en 1999, la novela nos presenta a un Hannibal que vive en Florencia bajo una identidad falsa. Nada que ver con la estructura de los otros libros anteriores. Harris hizo bien en cambiar la trama pero no hay rastro de la tensión a la que nos tenía acostumbrados. Lecter encarcelado era como un perro furioso que nunca sabíamos cuando iba a explotar o qué estaba tramando. Pero Lecter en libertad es un tipo culto, de gustos caros y que lleva años sin cometer ningún crimen. Hannibal toma protagonismo en la novela, se ahonda en su mente y sus recuerdos, así como nos enteramos de donde viene su afición a comerse a quienes son ofensivamente maleducados, pero sabe a poco.
Mason Verger es la única víctima de Lecter que sobrevivió (si exceptuamos al agente Will Grahan). Verger es un millonario sádico y pedófilo que fue paciente de Lecter. Lecter convenció a Verger (bajo los efectos de las drogas) para que se arrancara la cara con un trozo de espejo roto para luego echar los trozos de carne a los perros. Como consecuencia de todo ello, Verger acabó postrado para siempre en una cama con la cara terriblemente desfigurada. Verger buscará venganza y será el auténtico villano del libro. Es un personaje repulsivo física y moralmente. Gracias a Lecter, las terribles cicatrices de la cara de Verger son el espejo de su alma.

Margot es la hermana lesbiana y culturista de Mason. Por su tendencia sexual, Margot fue eliminada de la herencia familiar. Los esteroides la dejaron estéril, por lo que desea que Mason insemine a su novia para así poder disfrutar de la herencia. Mason aprovecha esta situación para extorsionar a su hermana pero perece cuando ésta le lanza una morena al cuello instigada por Lecter (“Siempre podrás decir que he sido yo”).
Obviamente, Harris no estaba dispuesto a eliminar a la agente Clarice Starling así que también está presente en el libro, pero todo resulta un tanto forzado para que se vuelva a reunir con Hannibal. A mí me da la impresión que Harris escribió el libro pensando en los derechos para la adaptación cinematográfica.
Efectivamente, Hannibal no era lo que los lectores esperaban, era otra cosa. El libro tiene un tono bastante bizarro y grotesco, abundando los momentos desagradables. Está lleno de personajes moralmente reprobables, incluso más que Lecter, y tenía un final casi escandaloso. Era una sucesión de las atrocidades que Lecter era capaz de cometer. Así pues, Hollywood se encontró con un nuevo libro sobre el personaje, pero no era un libro fácil de adaptar y mucho menos de convertir en un blockbuster.

Dino de Laurentiis había producido el primer film sobre Lecter (Manhunter) pero debido al escaso éxito de la cinta renunció a producir El silencio de los corderos, algo de lo que se arrepentiría hasta el fin de sus días. Así pues, De Laurentiis compró los derechos para adaptar Hannibal por 10 millones de dólares, todo un record. Para adaptar el libro se contó con el prestigioso escritor y guionista David Mamet, pero ni siquiera él logro sacar del libro un guión aceptable y fue reescrito por Steve Zaillian.
Otro problema añadido se cernía sobre el proyecto, ni el director ni los actores de El silencio de los corderos estaban dispuestos a repetir. Jonathan Demme dijo que el libro era espeluznante y que no se veía capaz de hacer una buena película basada en él. Anthony Hopkins declaró en 1998 que se retiraba de la actuación, sin él estaba claro que no habría película. Jodie Foster tampoco se mostró interesada ya que no le gustó el tono sórdido del libro. Finalmente, Dino De Laurentiis convenció a Hopkins para que volviera a interpretar a Hannibal Lecter gracias a un generoso cheque y sustituyó a Jodie Foster por Julianne Moore.
El repulsivo personaje de Mason Verger recayó en Gary Oldman, todo un experto en villanos excéntricos. Por una vez Oldman reprime sus gestos ya que su personaje no puede apenas moverse, pero el ego del actor le jugó una mala pasada. Oldman exigió que su nombre apareciera en los títulos de crédito y el cartel de la película con la misma categoría que los de Julianne Moore y Anthony Hopkins. Ante la negativa de De Laurentiis, Oldman decidió que su nombre desapareciera totalmente de los títulos de crédito.

Realmente, no sé quién hubiera sido el director ideal para adaptar este bizarro libro. ¿Quizás Polanski? ¿Fincher? ¿Cronnenberg? ¿Jess Franco? Ridley Scott estaba pasando una muy mala época, enlazando fracaso tras fracaso en los años 90. Parecía un director acabado, una sombra de aquel que dirigiera clásicos como Alien o Blade Runner. Scott estaba rodando Gladiator (la película que lo devolvió a la primera fila) cuando le ofrecieron rodar Hannibal. Scott aceptó el encargo y demostró una vez más ser un buen artesano e hizo lo que mejor sabe (crear atmósferas a base de una cuidada estética) y demostró también lo que no sabe hacer (profundizar en los personajes y
desarrollarlos). Scott se queda en la cuidada fotografía y los bellos planos de la ciudad de Florencia. La escena de Hannibal en una habitación en penumbra con su cara iluminada por la luz que entra por una rendija es de una belleza plástica innegable pero resulta poco emocionante y hueca.

Como el libro, Hannibal es una película aburrida en su primera parte y demasiado gore en su parte final. No era necesario mostrarnos las atrocidades de las que Lecter es capaz, nos aterró mucho más sólo imaginándonos lo que es capaz de hacer. Además, el film no consigue enganchar al epectador. Toda la parte de Florencia está bien narrada y es fiel al libro, pero no engancha. Las cartas y monólogos de Hannibal suenan huecos mientras sus diálogos con Clarice carecen de la tensión de El silencio de los corderos. Scott renunció a la tensión psicológica y apostó por lo gore, mostrando sin tapujos vísceras, sangre y sesos. Lo que Demme acertó a no mostrar, Scott lo muestra sin tapujos, generando asco en el espectador pero no miedo. La escena de la cena provocaba en las salas de proyección más risas que repulsión, era tan extrema que no era creíble. Resumiendo, al film le falta el ritmo y la tensión de El silencio de los corderos.

En el guión se eliminaron elementos del libro que me parecen interesantes. No se plasman las operaciones de cirugía estética de Lecter para cambiar su rostro ni el hecho de que Hannibal tenía 6 dedos en una mano. Son aspectos secundarios que no modifican esencialmente la trama, pero opino que otros cambios fueron bastante desacertados. Se eliminó del guión al personaje de Margot Verger, por lo que ésta no podía matar a su hermano. No se les ocurrió otra cosa que hacer que con sólo unas palabras Hannibal fuera capaz de lograr que Cordell, el fiel mayordomo de Verger, decida traicionar a su amo y lo lance a una piara de jabalís hambrientos. Algo totalmente forzado e inverosímil. Un final demasiado simple para un villano así de carismático. Es como si Darth Vader muriera de un ataque al corazón, no cuela.

Hay otra variación fundamental del guión: el final. En el libro Clarice Starling decide huir con Lecter, iniciando una relación sentimental con el peligroso psicópata. Así pues, Clarice acaba convertida en prófuga de la justicia por amor a Hannibal. Dino de Laurentiis y Ridley Scott opinaban que este final no era creíble y decidieron cambiarlo. A Harris tampoco pareció importarle. En la película, Clarice se esposa a Hannibal y éste decide cortarse la mano para escapar. Personalmente, me quedo con el final del libro (como casi siempre).
Al tener finales tan opuestos, se cerraban las puertas a posteriores adaptaciones cinematográficas de los futuros libros que Harris escribiera sobre Hannibal Lecter. Quizás un final tan sorprendente podría hacer pensar que Harris estaba cansado del personaje y quisiera terminar con él de una vez.

A pesar de las críticas desfavorables, el film fue todo un éxito de taquilla, era de esperar. Obviamente, De Laurentiis no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de volver a rodar su adaptación de Dragón rojo, esta vez con Hopkins. Aunque algo viejo y pasado de kilos, Hopkins volvió a interpretar a Hannibal en la segunda adaptación de Dragón Rojo en el año 2002. La peli no estaba mal y tenía un gran reparto pero no causó el impacto esperado.
Harris publicó un libro más sobre Lecter: Hannibal rising (2007) que narra la infancia y juventud del personaje. De Laurentiis se lanzó rápidamente a rodar la adaptación cinematográfica. Pero, sin la aparición de Hopkins, la cosa no funciona igual y la peli resultó bastante decepcionante.

¿Volveremos a saber de Hannibal el caníbal? Dino de Laurentiis murió hace unos años, Hopkins ya está muy mayor y quien sabe si Harris no está escribiendo otro libro sobre las andanzas de Hannibal en la universidad o en el geriátrico (me inclino por esta última hipótesis). Sólo el tiempo y los productores de Hollywood tienen la respuesta.

Bon appétit.