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jueves, 11 de diciembre de 2014

Drug War: La guerra de la droga (Du zhan)


Tras más de 30 años de carrera y medio centenar de películas de casi todos los géneros, el director Johnnie To sigue siendo casi un desconocido en occidente. En China es uno de los directores más populares pero su cine no acaba de triunfar fuera de sus fronteras como lo hizo el de el también oriundo de Hong Kong John Woo. Ambos directores comparten cierta fascinación por la violencia aunque sus planteamientos son totalmente distintos. El estilo de To es menos visual y excesivo, su violencia está menos coreografiada.


La guerra de la droga es uno de los mejores thrillers que he visto últimamente. Así de claro, en Asia se sigue haciendo buen thriller y actualmente es donde mejor cine de este género se hace. To logra clavarte al asiento con esta electrizante historia de policías y traficantes de droga. No es que aporte nada nuevo al género pero sí cumple sobradamente con lo que cabría esperar de un film así y todavía da más. Por decirlo de alguna manera, se podría definir como un cruce entre las últimas entregas de Misión imposible y French Connection.


Partamos de la base de que a To le importa un bledo contarnos la vida, obra y milagros de los personajes. Va directo a la acción y se centra en la operación antidroga. A través de las pesquisas y escuchas vamos descubriendo la personalidad de los policías y los traficantes implicados. Así es cómo nos encontramos con una de esas parejas de antagonistas que tanto les gusta a los orientales. Ambos están dispuestos a lograr su objetivo cueste lo que cueste. La determinación de ambos es tal que el espectador duda en todo momento de cual de los dos se saldrá con la suya.
 Por un lado tenemos a un duro policía al mando de la operación, un tipo inexpresivo y frío del cual desconocemos sus motivaciones pero determinación no le falta. Un policía íntegro capaz de adaptar la personalidad de un extravagante narcotraficante si la misión lo requiere. Incluso está dispuesto a jugársela más allá de lo que el deber indica, poniendo en claro riesgo su vida. Vida que será salvada por su antagonista: un traficante que lo ha perdido todo pero aún le queda una pequeña posibilidad de evitar la pena de muerte que está vigente en China por tráfico de drogas. Obligado a colaborar con la policía, debe tender una trampa a sus antiguos jefes (un peligroso clan casi invisible) pero estando siempre alerta por si surge la oportunidad de escapar. Cada segundo que pasa se le acaban las posibilidades de salir con vida. Ambos (policía y traficante) saben que en este juego de escuchas y suplantación de identidades el más mínimo fallo será mortal.
Con estos elementos To elabora un tenso y vertiginoso thriller que culmina en uno de los mejores tiroteos de los últimos años (quizás desde Heat no me lo pasaba tan bien con un tiroteo). Un tiroteo a varias bandas a la puerta de un colegio que evidencia que, una vez más, los de Hollywood aún tienen mucho que aprender de estos artesanos chinos.

Una buena y recomendable película.
7

sábado, 8 de febrero de 2014

El consejero


Cormac McCarthy es un buen escritor (suyas son las novelas La Carretera o No es país para viejos que han tenido más que aceptables adaptaciones al cine) pero como guionista deja bastante que desear. McCarthy parece no haberse dado cuenta que de una mala novela se puede hacer una excelente película (en eso era un genio Hitchcock) y de una buena novela se puede hace una pésima película (lo más habitual). Son medios distintos con técnicas narrativas distintas.

 La historia de El consejero no es nada nuevo pero el guión de Cormac McCarthy es todo un despropósito: aburrido y lioso a partes iguales. Lleno de personajes con mucho atractivo potencial que no es desarrollado. Tampoco la dirección de Ridley Scott (que debería haberse retirado hace varios lustros) ayuda demasiado. Scott está muy mayor y ya no es capaz de sacar partido a este tipo de historias, se queda en la superficie y no profundiza en las motivaciones de los personajes ni sabe narrar una historia de forma que atrape al espectador. Scott se queda en la bella fotografía y se limita a dejar hablar a los personajes en unos interminables y anodinos diálogos que se supone deberían de ser interesantes pero al espectador sólo le provocan bostezos. ¿A qué viene la anécdota del parabrisas? ¿Para qué un diálogo tan largo sobre diamantes? ¿Qué aporta el enfrentamiento en el club entre el abogado y un antiguo cliente? Demasiados caminos que no llevan a ninguna parte y demasiados callejones sin salida.


Por suerte, el film no dura 3 horas, con 2 le es más que suficiente a Scott para aburrirnos soberanamente. Sirva de ejemplo la ridícula cháchara que el personaje de Rubén Blades suelta por teléfono, su interlocutor acaba llorando no sabemos si por la tensión del momento o por la sarta de idioteces que tiene que oír. Opino que esta historia se podría haber narrado de otra manera y haberle dado un ritmo del cual carece totalmente. Una pena.

El Consejero es el típico ejemplo de película en la que las interpretaciones están mejor que la película en sí. Mala cosa que ocurre mucho últimamente. Con este plantel de buenos actores y estrellas de renombre tenemos unas interpretaciones aceptables que consiguen levantar una historia que se cae por su propio e inconsistente peso. Tampoco es que los actores den lo mejor de sí, están correctos y punto. Ni Michael Fassbender ni Brad Pitt están al nivel habitual, ambos están infinitamente mejor en 12 años de esclavitud. Aquí se dedican a sacar su estela de estrella a relucir y poco más. Tampoco la pareja Javier Bardem (que parece encasillado en personajes horteras) y Penélope Cruz (encasillada en mujer florero) dan lo mejor de sí. Me gustó Cameron Díaz, creo que es la primera vez que la veo actuar. Está bien en su papel de arpía implacable, ya se le van notando los años y ya era hora de empezar a tomarse en serio lo de actuar. Nunca es tarde si la dicha es buena aunque sea en films tan malos cono el que nos ocupa.

El consejero es una mala película, aburrida y totalmente fallida.

4

jueves, 23 de mayo de 2013

El infierno (2010)



Tras veinte años al otro lado de la frontera, Benjamín García regresa a México para descubrir que la violencia domina su pueblo natal.

Benjamín es un personaje del cual no sabemos realmente qué le pasó al otro lado de la frontera, sólo sabemos que no llamó ni escribió una sola vez a su familia, quizás estuvo en la cárcel, y que fue finalmente deportado. Sin ilusiones y con los sueños rotos, Benito sólo desea reencontrarse con su madre y su hermano menor. Pero al llegar descubre que tras 20 años las cosas están mucho peor. Nada más emprender su viaje de regreso dentro de México, Benjamín es asaltado en el autobús que lo lleva a su pueblo. Acto seguido es registrado en un control militar y los militares se quedan con el dinero oculto en los calzoncillos que los asaltantes no habían descubierto. Así es la realidad que nos presenta esta película. Un infierno de violencia y corrupción.


El descubrimiento de que su hermano (o carnal) acabó siendo un peligroso narco apodado El diablo y que fue salvajemente asesinado y la existencia de un sobrino harán que Benito decida cuidar de lo que queda de su familia. Benjamín decide evitar a toda costa que su sobrino siga los pasos de su progenitor, pero el único modo de evitarlo es entrar al servicio del narco. Paradojas del destino. Sus intenciones son buenas pero como bien dice: en México no se hace lo que uno quiere sino lo que puede. Benito deberá pagar una cuantiosa cantidad para evitar que su sobrino vaya a prisión, probablemente todo sea una artimaña para forzarle a entrar al servicio del patrón José Reyes. Benito pasará a llamarse Benny y empezará a vivir esa vida de chantajes, lujo y violencia propia de los narcos y que es alabada en los narco corridos. La única manera de sobrevivir parece ser entrando en el peligroso negocio del narcotráfico. No hay otra salida. Incluso su mejor amigo de la juventud es ahora un peligroso narco, el Cochiloco, un personaje digno del mejor cine de gangsters.

Benny tiene en común bastantes puntos de partida con el Michael Corleone de El Padrino, ambos prefieren mantenerse al margen y no entrar en negocios turbios. Pero finalmente, se verán obligados a ello para defender a su familia. Tampoco faltan similitudes con el Carlito Brigante de Atrapado por su pasado, ambos deciden estar al margen pero no podrán evitar mancharse las manos. Quieren conseguir dinero rápido para escapar de la violencia y la muerte que les rodea, pero la huida no será nada fácil.
También tiene puntos en común con el Travis de Taxi driver, sobre todo al final del film. El onírico final deja a las claras la intención del film, tanto el poder político, como el militar como el religioso están bajo el dominio de los narcos. Quizás la última parte del film sea una ensoñación o un final alternativo, pero el mensaje queda claro y de ahí que se incluyera en el metraje final.

Luis Estrada dirigió (no sin problemas) esta recomendable película en 2010. Tomando como ejemplo el buen cine sobre la mafia de maestros como Copola o Scorsese, Estrada elaboró una interesante trama que adapta las constantes de este género a la realidad del México actual. El tratamiento del personaje principal y los secundarios es digno del mejor Scorsese y opino que su film no desmerece demasiado de los clásicos del género perpetrados por sus vecinos gringos del norte. Ocurre que el ser humano es igual en todas partes y en todas las épocas: egoísta, violento y fácilmente sobornable. Estrada incluye elementos propios de su tierra como los narcocorridos, el gusto por las enormes sepulturas, la religión, etc. Especialmente curiosa es la escena en la que un cura bendice las armas de los protagonistas, ni Coppola podría haber reflejado mejor la paradójica unión de religión y violencia. 
El hecho de que los miembros de la familia del clan de los Reyes se llamen como la Sagrada Familia no deja de ser un ejemplo del estrecho vínculo entre religión y narcotráfico. Estrada tiñó todo el film de un humor negro (negrísimo) y una fina ironía que lo hacen muy disfrutable. 
Todos los actores están muy bien. Especialmente me quedo con Damián Alcázar, excelente en su recreación de las contradicciones de El Benny, y Joaquín Cosio como El Cochiloco. También cabe destacar la breve pero demoledora intervención de uno de mis actores favoritos, Daniel Giménez Cacho. Como en toda buena película de cine negro, debe haber una femme fatale que lleve de cabeza a nuestro protagonista. En esta ocasión es una prostituta y madre del sobrino del Benny, interpretada por Elizabeth Cervantes.

 Obviamente el film no gustó a las autoridades gubernamentales, ni a la iglesia, ni a los narcos, hubo presiones y amenazas para que se retirara de las salas de proyección. Aún así, fue todo un éxito en México, siendo el film más visto en el 2010, el año del bicentenario de la independencia de México.

 No se pierdan esta película, amigos, fiel reflejo de lo peor del alma humana. Una película que los gobernantes no quieren que veas, no les hagas caso.

8