miércoles, 16 de marzo de 2011

Cine de catástrofes: terremotos, tsunamis y centrales nucleares



Hechos tan trágicos como los que están ocurriendo actualmente en Japón han servido de fuente de inspiración para un buen montón de películas. El género de las catástrofes se ha nutrido de terremotos, epidemias, naufragios, meteoritos, erupciones volcánicas, tsunamis, crisis nucleares, incendios, trenes imparables y accidentes de todo tipo.



En El coloso en llamas (de 1974 y mi peli de catástrofes favorita) un rascacielos se incendia el día de su inauguración (algo que recuerda vagamente al caso del Titanic, que naufragó en su viaje inaugural). En La aventura del Poseidón (1972) un transatlántico es barrido por una ola gigante y se queda bocabajo. En Aeropuerto (1970) es un avión de pasajeros el que sufre serios problemas para acabar su viaje y en Terremoto (1974) te puedes imaginar lo que ocurre.

En todas estas películas de catástrofes de los años setenta se observan los elementos básicos del género: Una amenaza incontrolable, escenas espectaculares, un héroe que intenta salvar al mayor número de personas posible, muchos secundarios que sabemos que van a ir cayendo uno tras otro, una oda al esfuerzo y al sacrificio, estrellas de relumbrón venidas a menos y un final feliz no exento de cierta amargura por las numerosas víctimas. Por muy grave que fuera la tragedia, siempre quedaba hueco para la esperanza. Al fin y al cabo, era cine de entretenimiento, un cine de palomitas para ver y disfrutar sin mayores pretensiones.

También hubo otras películas más serias, más adultas, menos destinadas a un público adolescente. Un par de interesantes ejemplos serían La amenaza de Andrómeda (1971) y El síndrome de China (1979). En La amenaza de Andrómeda una mortal epidemia arrasa un pueblo y amenaza con extenderse por todo el planeta, del pueblo sólo han sobrevivido un bebé y un borracho. En El síndrome de China nos encontramos con un apasionante relato sobre un accidente en una central nuclear. Algo muy parecido a lo ocurrido en Fukushima. Por cierto, el film recibe su nombre de la improbable teoría que dice que el núcleo fundido del reactor nuclear podría atravesar la corteza terrestre y llegar hasta las antípodas (China en el caso de Estados unidos). Doce días después del estreno del film ocurrió el incidente en la central nuclear de Three Mile Island en Harrisburg, Pennsilvania, lo que supuso una impagable publicidad para el film. Eran visiones más realistas de este tipo de catástrofes y, por lo tanto, mucho más aterradoras.

Si de aterrar se trata, incluso podemos considerar cine de catástrofes films como Los pájaros si consideramos a los pájaros como una fuerza de la naturaleza descontrolada. Igualmente Tiburón puede ser vista como un film de catástrofes o del hombre contra la naturaleza. Apurando aún más, yo siempre he pensado que La jungla de cristal no deja de ser una peli de catástrofes que cambia una amenaza natural por un grupo terrorista. Incluso Stallone se sumó a la moda en los años 90 con Pánico en el túnel. Pero indudablemente, Titanic de James Cameron es la película definitiva sobre catástrofes aunque (en mi opinión) demasiado edulcorada por una historia de amor bastante previsible.

Los japoneses tuvieron su propio cine de catástrofes con Godzilla, ese dinosaurio despertado de su letargo y mutado por la radiación de las bombas atómicas que los norteamericanos tiraron en Hirosima y Nagasaki en 1945. Hubo un total de 28 películas sobre el personaje (sin contar el ridículo remake de Emmerich). Los títulos de las pelis de este personaje y sus argumentos son de lo más delirante. En una de ellas una nube de polución se convierte en un monstruo contra el que Godzilla debe acabar. Una metáfora un tanto zafia de los problemas medioambientales. Con el tiempo Godzilla fue evolucionando de ser una amenaza para el Japón a ser su protector frente a otros monstruos aún más bizarros. Como dato curioso cabe destacar que el Godzilla del remake norteamericano se origina por las pruebas nucleares francesas en la polinesia y no por las bombas atómicas norteamericanas, siempre echando la culpa a otros.

Este subgénero tuvo su apogeo en los años setenta aunque recientemente hemos sufrido un tsunami de remakes innecesarios. Ya hemos citado a Roland Emmerich, quien ha actualizado el cine de catástrofes a base de efectos digitales y malas películas. Tampoco Shyamalan tuvo mucha suerte con su intento de hacer una película de catástrofes sin amenaza alguna en su lamentable El incidente.

Es muy posible que los acontecimientos que estamos viviendo actualmente generen alguna película, esperemos que esta vez la realidad no supere a la ficción.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Japón bajo el terror nuclear!! Apocalipsis nipón!! Parecen el título de una peli de Godzila pero son titulares de los periódicos. Muy bien traído el post. Magnífico.

Luis Cifer dijo...

Hay que reconocer que los japoneses son un pueblo admirable. A mí siempre me ha fascinado su cultura así como su sentido del honor y el sacrificio. Son un pueblo noble que no tiene miedo de las dificultades. Un pueblo que se crece ante la adversidad y da un ejemplo de civismo. Se levantarán como tantas otras veces han hecho.