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jueves, 3 de octubre de 2013

After earth


Will Smith es un género en sí mismo, como el bueno de Tom Cruise. Ambos son las mayores estrellas del panorama actual. Son las estrellas que arrastran a más millones de espectadores a las salas de cine. Triste pero cierto.

 La nueva película de Will Smith (es suya ya que la idea fue suya, la ha producido él y la interpreta junto a su hijo) es una cinta de ciencia ficción dirigida (dicen) por M. Night Shyamalan (el tipo que lo petó con El sexto sentido y nos entregó tonterías como El incidente). After earth no deja de ser una más de aventuras, con un tono muy militar y mucha exaltación de la familia (no sé qué pesa más en la película el deber militar o el deber familiar, aquí parecen fundirse en una misma cosa).

El film se hace ameno, siendo una decente película de aventuras que se deja ver a pesar de que es incapaz de explorar nuevos territorios. Pero no pasa de ahí y acaba decepcionando tanto al aficionado a la ciencia ficción como al espectador ávido de aventuras. Digo yo que un poco de originalidad o sorpresa en el guión no hubiera estado mal. Con un presupuesto tan holgado no hubiera costado mucho trabajarse un buen guión o unos efectos revolucionarios. Nada de todo ello ha ocurrido.
Will Smith está bien en su papel de severo padre que sabe que su supervivencia depende de cómo guíe a su hijo a través de un planeta (la tierra ni más ni menos) lleno de peligros. Su personaje es un líder nato, todo un héroe para la humanidad gracias a su falta de miedo que le hace indetectable para los enemigos. Pero su hijo (interpretado por el insufrible Jaden Smith, quien casualmente es hijo de Will Smith!!) es sólo un cadete que no ha logrado pasar los exámenes. Vamos, el típico joven héroe que empezará su viaje iniciático para encontrarse a sí mismo y demostrar a su padre de lo que es capaz. Nada nuevo bajo el sol. Todos sabemos lo que va a pasar, aunque a mí me sorprendió negativamente el forzado final. El film es sólo un mero vehículo para que Will Smith pase el testigo a su hijo, lástima que el muchacho no tenga ni la décima parte del carisma de su padre.

 ¿Y la mano de Shyamalan? Apenas se nota, mejor así. After earth es una peli de encargo para lucimiento de la familia Smith y no hay hueco para las obsesiones y los temas habituales del afamado director. Sí hay algún plano subjetivo y algún elemento familiar que recuerda a films como Señales. Pero el estilo Shyamalan está totalmente ausente, podría haber sido dirigida por cualquier otro director a sueldo o por un piloto automático. Al menos Shyamalan cumple y el film está correctamente rodado (no como en aquel horror de Airbender).

 Decepcionante cinta de aventuras que gustará a los adolescentes pero que a los más mayores nos sabrá a poco.

4,5

jueves, 23 de febrero de 2012

Intacto



¿Qué o quién decide quienes van a sobrevivir ante una gran tragedia? ¿Tenemos realmente todos las mismas probabilidades de sobrevivir a un accidente o hay factores que escapan a nuestro control? ¿Existe realmente la suerte?

Me encantan las películas sobre juegos de azar y todo lo que tenga que ver con la suerte.  La suerte, en mi opinión, realmente no existe. Sí existen la casualidad y la causalidad. Me explico con un ejemplo, no te toca la lotería debido a que tienes un algo divino que los demás no poseen, te toca debido a que juegas y a que a alguien tenía de tocarle. Todos los números entran en el bombo y todos tienen las mismas probabilidades de salir. Luego, a posteriori, podemos interpretar que una determinada serie de acontecimientos puede haber sido debida a una intervención divina o eso llamado simplemente suerte.  En todo juego (como en la vida) la suerte ( o eso que no existe pero a lo que llamamos suerte) es un elemento indispensable y lo que muchas veces decanta la balanza hacia un lado u otro.

Ya he dicho que no creo que exista la suerte (ni la buena ni la mala), tampoco creo que existan muchas otras cosas que sí me encantan en el cine (aliens, vampiros, fantasmas, hombres-lobo, etc). Pero la suerte me atrae especialmente y creo que pocas veces se ha tratado mejor que en el film Intacto.

Intacto es la primera película del canario Juan Carlos Fresnadillo, en ella se trata la suerte como si ésta fuera un objeto o un don: se puede adquirir, desarrollar, perfeccionar y robar. Quien posea este don y sepa cómo utilizarlo, puede ser muy rico. Y es que la ambición es otro tema fundamental en todas las películas sobre la suerte.  Al asumir que la suerte existe y se puede controlar, Intacto se convierte en un estimable thriller de ciencia ficción sin efectos especiales.


A raíz de un terrible accidente aéreo en el que hay un único superviviente, Fresnadillo elabora una ingeniosa trama sobre la suerte y quienes andan en su busca, estableciéndose una competición cada vez más peligrosa. Las pruebas para comprobar la suerte de los personajes son cada vez más arriesgadas y tanto el protagonista como el espectador acaban convencidos de que realmente posee una suerte prodigiosa. Desde luego, por el camino irán quedando muchos otros que creían poseer el don: jugadores profesionales, toreros, poseedores de boletos premiados, etc. Todo un turbio submundo se abre ante el espectador. Pero este mundo no gira sobre drogas o armas sino sobre algo mucho más peligroso.

El film tiene una tensión creciente que le hace ser un rara avis dentro del cine español. La trama no acaba desinflándose ni el final se resuelve de forma forzada y artificial. El acierto del elaborado guión no es sólo  conseguir mantener el interés del espectador sino que nos hace dudar de si realmente la suerte se puede controlar.

Para que todo este inestable castillo de naipes se  sostenga  es necesario que los actores transmitan la credibilidad necesaria. Muchas veces este tipo de argumentos se frustran debido a que el espectador no se cree lo que ve en pantalla. No es el caso, Intacto se sustenta en la interpretación de actores de probada solvencia como Eusebio Poncela (hay que ver lo buen actor que es este tipo y lo desaprovechado que ha estado), Max Von Sydow (El mítico actor de obras maestras como El exorcista o El séptimo sello) y el joven Leonardo Sbaraglia (que está francamente bien).

Fresnadillo asombra con su primera película, no sólo las escenas están rodadas con gran acierto sino que deslumbra por su lucidez. Ni el guión ni la dirección parecen propias de un debutante, no hay dudas ni pasos en falso, dando la impresión de que todo estaba pensado al milímetro y con un propósito muy claro desde el principio.




 Una de las mejores películas españolas de los últimos años. Si aún no lo has visto, ¿a qué esperas?
7

Partiendo de una misma premisa, un terrible accidente en el que sólo sobrevive una persona, se pueden hacer películas muy distintas. En el año 2000 el director  M. Night Shyamalan había abordado el tema con su peculiar óptica en la fallida El protegido (Unbreakeable). A pesar de tener escenas excelentes (el inicio, la estación) el film de Shyamalan incluye también escenas patéticas (el intento del niño por demostrar que su padre es un superhombre) y acaba defraudando enormemente al espectador. Se queda en un desangelado homenaje a los cómics y a la inevitable simbiosis entre el héroe y el villano. Mucho envoltorio para tan poco caramelo. No se explotan todas las posibilidades de la premisa inicial y la conclusión del film es realmente ridícula en busca de un giro argumental que sorprenda al espectador (aunque sea para mal).
 A mí me dio la sensación de que se habían estado riendo de mí durante dos horas.

4

miércoles, 16 de marzo de 2011

Cine de catástrofes: terremotos, tsunamis y centrales nucleares



Hechos tan trágicos como los que están ocurriendo actualmente en Japón han servido de fuente de inspiración para un buen montón de películas. El género de las catástrofes se ha nutrido de terremotos, epidemias, naufragios, meteoritos, erupciones volcánicas, tsunamis, crisis nucleares, incendios, trenes imparables y accidentes de todo tipo.



En El coloso en llamas (de 1974 y mi peli de catástrofes favorita) un rascacielos se incendia el día de su inauguración (algo que recuerda vagamente al caso del Titanic, que naufragó en su viaje inaugural). En La aventura del Poseidón (1972) un transatlántico es barrido por una ola gigante y se queda bocabajo. En Aeropuerto (1970) es un avión de pasajeros el que sufre serios problemas para acabar su viaje y en Terremoto (1974) te puedes imaginar lo que ocurre.

En todas estas películas de catástrofes de los años setenta se observan los elementos básicos del género: Una amenaza incontrolable, escenas espectaculares, un héroe que intenta salvar al mayor número de personas posible, muchos secundarios que sabemos que van a ir cayendo uno tras otro, una oda al esfuerzo y al sacrificio, estrellas de relumbrón venidas a menos y un final feliz no exento de cierta amargura por las numerosas víctimas. Por muy grave que fuera la tragedia, siempre quedaba hueco para la esperanza. Al fin y al cabo, era cine de entretenimiento, un cine de palomitas para ver y disfrutar sin mayores pretensiones.

También hubo otras películas más serias, más adultas, menos destinadas a un público adolescente. Un par de interesantes ejemplos serían La amenaza de Andrómeda (1971) y El síndrome de China (1979). En La amenaza de Andrómeda una mortal epidemia arrasa un pueblo y amenaza con extenderse por todo el planeta, del pueblo sólo han sobrevivido un bebé y un borracho. En El síndrome de China nos encontramos con un apasionante relato sobre un accidente en una central nuclear. Algo muy parecido a lo ocurrido en Fukushima. Por cierto, el film recibe su nombre de la improbable teoría que dice que el núcleo fundido del reactor nuclear podría atravesar la corteza terrestre y llegar hasta las antípodas (China en el caso de Estados unidos). Doce días después del estreno del film ocurrió el incidente en la central nuclear de Three Mile Island en Harrisburg, Pennsilvania, lo que supuso una impagable publicidad para el film. Eran visiones más realistas de este tipo de catástrofes y, por lo tanto, mucho más aterradoras.

Si de aterrar se trata, incluso podemos considerar cine de catástrofes films como Los pájaros si consideramos a los pájaros como una fuerza de la naturaleza descontrolada. Igualmente Tiburón puede ser vista como un film de catástrofes o del hombre contra la naturaleza. Apurando aún más, yo siempre he pensado que La jungla de cristal no deja de ser una peli de catástrofes que cambia una amenaza natural por un grupo terrorista. Incluso Stallone se sumó a la moda en los años 90 con Pánico en el túnel. Pero indudablemente, Titanic de James Cameron es la película definitiva sobre catástrofes aunque (en mi opinión) demasiado edulcorada por una historia de amor bastante previsible.

Los japoneses tuvieron su propio cine de catástrofes con Godzilla, ese dinosaurio despertado de su letargo y mutado por la radiación de las bombas atómicas que los norteamericanos tiraron en Hirosima y Nagasaki en 1945. Hubo un total de 28 películas sobre el personaje (sin contar el ridículo remake de Emmerich). Los títulos de las pelis de este personaje y sus argumentos son de lo más delirante. En una de ellas una nube de polución se convierte en un monstruo contra el que Godzilla debe acabar. Una metáfora un tanto zafia de los problemas medioambientales. Con el tiempo Godzilla fue evolucionando de ser una amenaza para el Japón a ser su protector frente a otros monstruos aún más bizarros. Como dato curioso cabe destacar que el Godzilla del remake norteamericano se origina por las pruebas nucleares francesas en la polinesia y no por las bombas atómicas norteamericanas, siempre echando la culpa a otros.

Este subgénero tuvo su apogeo en los años setenta aunque recientemente hemos sufrido un tsunami de remakes innecesarios. Ya hemos citado a Roland Emmerich, quien ha actualizado el cine de catástrofes a base de efectos digitales y malas películas. Tampoco Shyamalan tuvo mucha suerte con su intento de hacer una película de catástrofes sin amenaza alguna en su lamentable El incidente.

Es muy posible que los acontecimientos que estamos viviendo actualmente generen alguna película, esperemos que esta vez la realidad no supere a la ficción.

miércoles, 2 de febrero de 2011

La trampa del mal (Evil)


Cinco personas se quedan atrapadas en un ascensor. Extraños sucesos hacen pensar que uno de los atrapados no es quien aparenta ser.



La trampa del mal nos demuestra una vez más de que el talento de M. Night Shyamalan fue tan efímero como larga parece ser su agonía creativa. Ahora parece que el tipo se cree que es una marca en sí mismo y se dedica a hacer guiones para que otros los dirijan mientras. Supongo que el fiasco de El incidente le habrá hecho desistir de dirigir sus guiones y prefiere enredarse en franquicias tipo Airbender. Ahora parece que el tipo quiere crear una serie de relatos de terror al estilo Alfred Hitchcok presenta. Lamentablemente, Shyamalan no es el mago del suspense ni de lejos.

En mi opinión Shyamalan es mucho mejor director que guionista. Sus movimientos de cámara y la intensidad con la que dota a muchas escenas me parecen bastante más logrados que sus fallidos guiones. Resumiendo, que el tipo es un maestro con la cámara pero como escritor no pasa de pretencioso y mediocre.
La trampa del mal no deja de ser el típico film de serie b que te anima una tarde de invierno cuando lo emiten en la tele. Tiene una correcta factura técnica y algún interesante momento de tensión pero el resultado final defrauda bastante. Lo habitual viniendo de donde viene. No creo que Shyamalan pretendiera renovar el género del terror a estas alturas (ya lo hizo con El sexto sentido) sino simplemente hacer un film de terror entretenido. Por desgracia en su guión no se olvida de esa fallida transcendencia que impregna toda su filmografía. También aparecen ciertos elementos religiosos que a mí me chirriaron bastante, siempre tiene que haber un personaje étnico (en este caso hispano) que está conectado con la verdad a través de la religión. Nada nuevo bajo el sol. Tampoco el superficial guión realiza una presentación digna de los personajes atrapados en el ascensor ni consigue que sintamos claustrofobia.

Al menos John Erick Dowdle (responsable de Quarantine, el remake americano de Rec) demuestra ser un tipo hábil y le imprime al film un ritmo adecuado logrando no aburrir en los escasos 80 minutos que dura el film a pesar de ser bastante previsible. Dowdle atrapa al espectador con unos impactantes títulos de créditos y un inicio prometedor pero luego no consigue aterrar ni intrigar. Con un guión tan flojo es difícil sacarle más partido al asunto.
Estas pelis de gente atrapada me suelen gustar bastante, pero en este caso el guión no se centra en el retrato psicológico de los personajes sino en la trama detectivesca. La deriva hacia lo sobrenatural no me parece lo más acertado, opino que la realidad puede ser mucho más terrorífica, quedando la trama satánica bastante forzada.

Como episodio de una serie de televisión sería pasable, pero como película de cine decepciona. Al sótano, por favor.

4


viernes, 12 de septiembre de 2008

El incidente (The happening)




Un extraño suceso se repite por toda la costa este norteamericana, sin motivo aparente algo amenaza a la población y se extiende rápidamente.


Partiendo de una idea parecida a la de Los Pájaros o la reciente La niebla, M. Night Shyamalan nos ofrece otra ración de su particular forma de entender el cine. La peli tiene un buen inicio (masacrado en los trailers) y algunas escenas muy bien rodadas pero el resultado final defrauda completamente.


Shyamalan sabe rodar y crear ambientes a la vez que asustar, pero desde El sexto sentido, todas sus películas me han decepcionado cada vez más. Hablando en plata, ni El protegido, ni Señales, ni El bosque, ni La chica del agua me parecen que estén a la altura. Son pelis totalmente fallidas, que ni divierten ni intrigan lo que debieran o lo que se supone que su autor pretende que hagan. Una desilusión total.
Shyamalan es todo un privilegiado en la industria cinematográfica, tiene carta blanca para escribir y rodar todo lo que quiera pero … su formula está agotada y necesita dar un cambio radical a su cine. Parece como si le diera miedo arriesgar y salirse del cine comercial de Hollywood, está en una tierra de nadie entre los blockbusters y el cine de autor.

Como en sus anteriores obras, la premisa argumental es interesante pero el desarrollo es un completo desastre. Ante un film de catástrofes no caben muchas opciones: o tiras por la vía de los efectos especiales (como harían los nefastos Michael Bay o Roland Emmerich) o por el drama. Shyamalan suele optar por esta segunda vía y aquí hace muy bien en no mostrar la amenaza (fallo que sí cometió Daravont en La niebla). Se centra en los personajes y en sus reacciones ante un hecho que supera todas las espectativas. Pero tampoco se niega a mostrarnos alguna escena supuestamente impactante.
Lo malo es que el guión es un despropósito tras otro: una típica historia de amor-desamor mal llevada, personajes que no aportan nada (la anciana, el militar), situaciones ridículas (la planta de plástico), una oportuna explicación en clase, niños traumatizados repelentes y un supuesto clímax que no llega nunca.

Los actores son otra baza para no ver esta película: Mark wahlberg hace bien de tipo duro pero nadie se lo cree como profesor, Zooey Deschanel está fatal (no transmite nada con esa cara de empanada), de la niña no pienso decir nada y al menos John Leguizamo está correcto aunque sale poco.

Decepcionante, no disfruté casi nada y me dejó la sensación de haber perdido el tiempo viendo esta fallida película.


3'5