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viernes, 28 de marzo de 2014

Cuando todo está perdido (All is lost)


 En los últimos años estamos asistiendo a propuestas cinematográficas bastante extremas en busca de dar originalidad al cine de aventuras. Hemos visto películas de supervivencia sobre un tipo enterrado dentro en un ataúd, de un joven atrapado por una roca, otro conviviendo en una barca con un tigre o unos astronautas perdidos en el espacio. Todas son propuestas válidas y atractivas siempre que estén bien desarrolladas. Este año pasado hemos tenido esa joya del cine del espacio y aventuras que es Gravity pero también ha habido otra propuesta que, a priori, debería ser tenida en cuenta y ha pasado bastante desapercibida.

 La originalidad de Cuando todo está perdido radica en que sólo hay un único actor intentado sobrevivir en el océano. Sin embargo cuando ese actor es Robert Redford es cuando la cosa se pone aún más interesante.  No olvidemos que Redford tiene actualmente 77 años y es una leyenda del séptimo arte. Todo un sex symbol durante décadas que nos regaló grandes interpretaciones en films clásicos como (entre muchos otros) Descalzos por el parque, El golpe, Dos hombres y un destino, Todos los hombres del presidente, Brubaker, Memorias de África o Jeremías Johnson. Todas estas películas son maravillosas y si no las has visto te estás perdiendo buena parte del mejor cine de los últimos 50 años. Tú mismo.
  Robert Redford no ha sido sólo un excelente actor sino que además ha desarrollado una brillante carrera como director con películas como Gente corriente, Un lugar llamdo Milagro, El río de la vida o Quiz Show. Un hombre que lo ha sido todo en el cine pero que, como su personaje en Todo está perdido, se resiste y sigue luchando. Redford lleva bastantes años interpretando papales mediocres en malas películas (como otros mitos del celuloide como DeNiro o Pacino) y con Cuando todo está perdido parece reivindicar que se pueden escribir buenos personajes para actores de su edad. Yo me conformaría con que escribieran buenos papeles para cualquier edad. Resumiendo, Redford demuestra que aún tiene mucho que decir a su edad. Esta película es todo un reto tanto físico como interpretativo para cualquier actor y Redford sale airoso en ambos aspectos.


 El director J C. Chandor salta de las oficinas de los tiburones financieros que nos mostró en su primer y recomendable película (Margin call) a las aguas del océano índico. Chandor no pierde tiempo en presentarnos al único personaje de su película y va directo a la acción. No sabemos ni su nombre ni a qué se dedica en la vida. Se supone que tiene familia, está jubilado y se dedica a navegar por placer, pero no sabemos nada más. Ya desde la primera escena vemos a nuestro protagonista en problemas y teniendo que emplearse a fondo para sobrevivir. Chandor imprime durante la primera hora un muy buen ritmo sin dejar apenas un minuto de descanso al espectador. Durante todo este tiempo da muestras de un estupendo pulso narrativo y dominio del lenguaje cinematográfico, prescindiendo de recursos como la voz en off (sólo en el prólogo) e incluso de la música.

 Sin embargo, tras una primera hora encomiable, pasado este tiempo la peli se desinfla y se hace algo pesada. Reconozco que miré el reloj un par de veces, quizás la cosa no daba para hora y tres cuartos, con hora y media hubiera bastado (Gravity no pasa de la hora y media). La bajada de ritmo es importante y la estructura se resiente, entra agua en la embarcación y a punto está de hundirse. Quizás consciente de que su película empieza a hacer aguas, Chandor introduce la música como elemento para dar énfasis y emoción. Sin embargo, la música me pareció un horror y produce el efecto totalmente opuesto al deseado. Lo mejor que se puede decir de la música en una película es que pase desapercibida, que lleve al espectador de la mano hasta las emociones que quieren infundirle pero sin que éste se dé cuenta. Al contrario que en Gravity, la música se nota demasiado ya que desentona con las imágenes y les resta emotividad. Una pena que una propuesta así de arriesgada y bien resuelta se vaya parcialmente a pique en su último tramo.


Chandor se la juega con esta película de supervivencia senior que le ha salido razonablemente bien pero dista de ser excelente.

6

domingo, 30 de octubre de 2011

Margin call




Margin call nos sitúa en las primeras 24 horas de la crisis financiera y económica que nos atenaza. En un banco de inversiones empiezan a despedir empleados pero uno de ellos acaba de hacer un terrible descubrimiento que hará temblar los cimientos de Wall Street y la economía mundial.



 La maldita crisis nos va dejar al menos una cosa positiva: un puñadito de buenas películas sobre el tema. Margin call es un buen thriller económico inspirado en la quiebra de Lehman Brothers, el primer indicio de que algo olía muy mal en la economía mundial. Cuando el barco hace aguas, las ratas son las primeras en darse cuenta y en salir corriendo. Justo en ese momento es en el que nos sitúa este film. Si prefieres pensar que la crisis actual ha sido una cosa inevitable y sin culpables, no veas este film. La avaricia de unos pocos va a llevar a la ruina a millones. De esto habla Margin call.
Margin call no intenta ser un film didáctico para que el espectador entienda qué es lo que ha provocado la crisis. Sólo transcurridos 40 minutos un personaje explica en lenguaje de la calle lo que ha sucedido, cosa que es de agradecer.  Por cierto, en un cínico diálogo se acusa a los consumidores de a pie de ser en buena parte responsables de la crisis, comprando sin parar cosas que no podíamos pagar y con las que nos endeudamos más de la cuenta. ¿Os suena de algo?

 Margin call se disfruta bastante gracias a un preciso guión y las interpretaciones de gente tan solvente como Kevin Spacey, Stanley Tucci o Jeremy Irons. Por cierto, mi odiada Demi Moore está correcta en su papel, hace bien en alejarse en sus típicos personajes de mujer fatal. También Paul Bettany está bien alejado de sus típicos papeles de villano.
De todos los personajes, el film intenta que nos identifiquemos con Sam, interpretado por Kevin Spacey. Es un tipo que lleva 34 años en la firma y le ha sido siempre fiel. Él avisó de los peligros que corría la firma pero nadie le hizo caso. Pero el mundo que Sam conoce está agonizando, como su perro. La vida sigue y el viejo mundo hay que enterrarlo y sacar tajada si es posible. Al final, Sam colaborará en expandir la basura financiera por todo el mundo, en contra de sus principios pero a favor de su beneficio personal. Es tan egoísta como el resto aunque no quiera reconocerlo.
Margin call no es tan irónica como Wall street 2 ni tan demoledora con Inside job, pero es una interesante mirada sobre la crisis y quienes la generaron.

6,5