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sábado, 26 de abril de 2014

Capitán América: El soldado de invierno


 Ya tenemos aquí la Segunda adaptación de las aventuras del capitán América.

 De todos los superhéroes Marvel al que le tengo más paquete es al Capitán América. Entiendo que el personaje se creó con fines propagandísticos en plena Segunda Guerra Mundial pero 70 años después no le veo el sentido. En el mundo sigue habiendo buenos y malos (el temible eje del mal) pero las cosas ya no están tan claras y lo de ir por la vida con el traje de barras y estrellas ha sido siempre una horterada. Por suerte, los de Marvel (ahora en manos de Disney) solventaron el problema del anacronismo del Capitán América a base de ironía en la primera película y en Los Vengadores.

Ahora en la secuela la cosa sigue por el mismo camino, se ha adaptado de forma aceptable (cosa que parecía casi imposible) el personaje a los nuevos tiempos (hasta aparece una tienda Apple). En esta película reconocemos hechos de la historia reciente norteamericana como el anteponer la seguridad frente a libertad, el espionaje masivo o la difusión de secretos de estado. Más allá de ser una simple película de explosiones y patadas, esta película aprovecha para criticar levemente la política norteamericana. El film traza un paralelismo entre los hechos acontecidos en Los vengadores (el ataque a Nueva York de serpientes gigantes voladoras) y el 11-S, ambos hechos cambian la percepción de seguridad y son la excusa para tomar drásticas medidas. Sólo que en el cine las medidas son más fantasiosas. El propio S.H.I.E.L.D.  se parece bastante a la CIA (lo de reclutar científicos nazis) con una estructura a lo Al Qaeda.
A mí me pareció interesante lo de evaluar el pasado de las personas a través de espiar e-mails y conversaciones para detectar futuras amenazas. Ya sabemos que el espionaje indiscriminado a puesto en apuros al presidente Obama.


Pero no olvidemos que estamos ante un blockbuster sin mayores pretensiones que entretener al personal, cosa que consigue sobradamente. Estamos ante un film de la factoría Marvel con una historia amena y muy buenas escenas de acción. Por momentos parece un film de Jason Bourne más que una adaptación del capitán América. Yo me lo pasé como un crío con esta película y no me sobran ninguno de sus 128 minutos. Quizás la traca final sea demasiado apabullante con tantas explosiones, muy al estilo de Los Vengadores, pero a mí me gustó.

 Por suerte, el guión está bastante currado y se le ha dado más protagonismo a los personajes de Scarlett Johansson (que está preciosa) y Samuel L. Jackson (éste no tanto) y se ha construido una trama muy entretenida (dentro de los cánones del cine de superhéroes Marvel). Incluso me gustaron los villanos. Robert Redford tiene pinta de miembro del Tea Party, no desvelo nada, su personaje huele a villano desde el minuto uno.  Como era de esperar, el film está perfectamente integrado en el universo Marvel y conecta  con lo visto en anteriores entregas. Hay menciones a Stark y al doctor Banner, así como otro divertido cameo de Stan Lee. Pero incluso hay en el guión hueco para guiños cinéfilos a Juegos de guerra, En busca del arca perdida (éste no es fácil) o Pulp Fiction.

 No todo iba a ser positivo, el personaje de El Halcón está metido con calzador y, aunque los efectos especiales están muy bien, no me resultó creíble su forma de volar. También al final se les va la mano con el patriotismo y vuelve a aparecer el dichoso traje original.

Muy entretenida y tremendamente ruidosa.

5,5

viernes, 28 de marzo de 2014

Cuando todo está perdido (All is lost)


 En los últimos años estamos asistiendo a propuestas cinematográficas bastante extremas en busca de dar originalidad al cine de aventuras. Hemos visto películas de supervivencia sobre un tipo enterrado dentro en un ataúd, de un joven atrapado por una roca, otro conviviendo en una barca con un tigre o unos astronautas perdidos en el espacio. Todas son propuestas válidas y atractivas siempre que estén bien desarrolladas. Este año pasado hemos tenido esa joya del cine del espacio y aventuras que es Gravity pero también ha habido otra propuesta que, a priori, debería ser tenida en cuenta y ha pasado bastante desapercibida.

 La originalidad de Cuando todo está perdido radica en que sólo hay un único actor intentado sobrevivir en el océano. Sin embargo cuando ese actor es Robert Redford es cuando la cosa se pone aún más interesante.  No olvidemos que Redford tiene actualmente 77 años y es una leyenda del séptimo arte. Todo un sex symbol durante décadas que nos regaló grandes interpretaciones en films clásicos como (entre muchos otros) Descalzos por el parque, El golpe, Dos hombres y un destino, Todos los hombres del presidente, Brubaker, Memorias de África o Jeremías Johnson. Todas estas películas son maravillosas y si no las has visto te estás perdiendo buena parte del mejor cine de los últimos 50 años. Tú mismo.
  Robert Redford no ha sido sólo un excelente actor sino que además ha desarrollado una brillante carrera como director con películas como Gente corriente, Un lugar llamdo Milagro, El río de la vida o Quiz Show. Un hombre que lo ha sido todo en el cine pero que, como su personaje en Todo está perdido, se resiste y sigue luchando. Redford lleva bastantes años interpretando papales mediocres en malas películas (como otros mitos del celuloide como DeNiro o Pacino) y con Cuando todo está perdido parece reivindicar que se pueden escribir buenos personajes para actores de su edad. Yo me conformaría con que escribieran buenos papeles para cualquier edad. Resumiendo, Redford demuestra que aún tiene mucho que decir a su edad. Esta película es todo un reto tanto físico como interpretativo para cualquier actor y Redford sale airoso en ambos aspectos.


 El director J C. Chandor salta de las oficinas de los tiburones financieros que nos mostró en su primer y recomendable película (Margin call) a las aguas del océano índico. Chandor no pierde tiempo en presentarnos al único personaje de su película y va directo a la acción. No sabemos ni su nombre ni a qué se dedica en la vida. Se supone que tiene familia, está jubilado y se dedica a navegar por placer, pero no sabemos nada más. Ya desde la primera escena vemos a nuestro protagonista en problemas y teniendo que emplearse a fondo para sobrevivir. Chandor imprime durante la primera hora un muy buen ritmo sin dejar apenas un minuto de descanso al espectador. Durante todo este tiempo da muestras de un estupendo pulso narrativo y dominio del lenguaje cinematográfico, prescindiendo de recursos como la voz en off (sólo en el prólogo) e incluso de la música.

 Sin embargo, tras una primera hora encomiable, pasado este tiempo la peli se desinfla y se hace algo pesada. Reconozco que miré el reloj un par de veces, quizás la cosa no daba para hora y tres cuartos, con hora y media hubiera bastado (Gravity no pasa de la hora y media). La bajada de ritmo es importante y la estructura se resiente, entra agua en la embarcación y a punto está de hundirse. Quizás consciente de que su película empieza a hacer aguas, Chandor introduce la música como elemento para dar énfasis y emoción. Sin embargo, la música me pareció un horror y produce el efecto totalmente opuesto al deseado. Lo mejor que se puede decir de la música en una película es que pase desapercibida, que lleve al espectador de la mano hasta las emociones que quieren infundirle pero sin que éste se dé cuenta. Al contrario que en Gravity, la música se nota demasiado ya que desentona con las imágenes y les resta emotividad. Una pena que una propuesta así de arriesgada y bien resuelta se vaya parcialmente a pique en su último tramo.


Chandor se la juega con esta película de supervivencia senior que le ha salido razonablemente bien pero dista de ser excelente.

6