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jueves, 13 de noviembre de 2014

Seven (1995)


 Cuando vi el tráiler de Seven allá por 1995 pensé que estábamos ante otra película de psicópatas tan de boga en los años 80 y 90 en las que al final cazan al villano justo cuando está a punto de acabar con la chica. La impresión de film intrascendente se acrecentaba con la inclusión del guaperas de Brad Pitt y su novia por aquel entonces Gwyneth Paltrow. Seven parecía ser una copia más de El silencio de los corderos, algo más oscura que lo habitual quizás y con una atractiva estética de videoclip. Sin embargo, cuando vi el film me encontré con algo muy distinto y perturbador.

 El guión de Andrew Kevin Walker para Seven es mucho más perverso, violento e inteligente de lo que venía siendo habitual en este género. Tras el traspiés que supuso su debut con Alien3, David Fincher se planteó seriamente dejar el cine para seguir con su carrera como director de video-clips. Por suerte Seven se cruzó en su camino.
 Seven es el thriller que revolucionó el género a mitad de los años 90. Tras El silencio de los corderos, creo que Seven es el film más influyente dentro del género de los serial killers modernos. Su influencia puede verse en films como Resurrección (una copia descarada) o la saga Saw (lo mismo). En todos ellos tenemos a un inteligente psicópata que parece ir siempre varios pasos por delante de la policía o, simplemente, se está leyendo el guión con dos capítulos de ventaja. El hecho de que el asesino se deje atrapar y mantenga el control incluso bajo la custodia policial nos recuerda inevitablemente a la ya citada El silencio de los corderos o la muy posterior El caballero oscuro. Tanto John Doe como Hanibal Lecter son los psicópatas más inteligentes del cine reciente y unos de los mejores villanos de la historia.

 Películas de parejas de policías con caracteres opuestos se habían hecho miles. Pero Seven aporta una mirada novedosa a este subgénero, una visión mucho más terrorífica que la de, por ejemplo, Arma letal. El mal se apodera del film poco a poco llegando a este perverso y retorcido clímax. Como en la reciente  True detective, el espectador es consciente de que el mal se va ganando terreno empezando por su estética hasta su desolador final. Sin grandes efectos especiales ni una traca final apabullante, el film deja desolado al espectador a miles de kilómetros de un lugar seguro. Seven insinúa antes que mostrar, es un film violento en el que la violencia apenas se ve pero sí muestra las terribles consecuencias de la violencia. Algo quizás mucho más aterrador.

 Otro acierto del guión de Andrew Kevin Walker es su peculiar estructura circular. Empieza un lunes y acaba un Domingo. Siete lluviosos días en los que no se cita en ningún momento el nombre de la ciudad en la la acción transcurre. Seven nos quiere convencer de que la gente es malvada. Un ladrón que mutila a sus víctimas sin motivo o un vendedor de pisos que sabe que está timando a su cliente son ejemplos que se nombran en la película. El mundo se ha vuelto un lugar insoportable gracias al ser humano. El mundo ya no es un lugar para tener un hijo. Los siete pecados capitales del hombre han convertido la creación de Dios en un infierno. El ser humano debe escarmentar.


El detective Mills (un gesticulante Brad Pitt) es el joven e impulsivo recién llegado a la ciudad. Mills tiene una bella esposa (Gwyneth Paltrow) con la que vive junto a sus perros en una casa casi inhabitable gracias a un vendedor que les timó. Su compañero Somerset (Morgan Freeman) es un veterano a punto de jubilarse, ha visto demasiada maldad en este cochino mundo como para dejarse impresionar por nada (o eso cree él). Somerset es mucho más cínico, no tiene familia y ya no aspira a nada.


El actor Kevin Spacey accedió a interpretar a John Doe a condición de que su nombre no apareciera en los títulos de crédito. Su imagen aparece brevemente en el encontronazo de Mills con el fotógrafo (Doe/Spacey) y en un retrato robot realizado por la policía basado en los testimonios de testigos. Fincher muestra al actor de forma tan breve que casi es una imagen subliminal, algo que Fincher desarrollaría ampliamente en El club de la lucha. No sabemos realmente nada de John Doe, su nombre (Juan Nadie) es el que se pone a los cadáveres sin identificar. Se ha borrado las huellas digitales, tanto empeño en borrar su pasado nos indica que no debe haber tenido una existencia feliz. Doe envidia la vida normal de los demás, una vida que él nunca ha podido llevar. Envidia la vida familiar del detective Mills. El pecado de John Doe es la Envidia. Doe se siente tan solo que ha escrito cuadernos enteros con sus perturbadas anotaciones sobre el Apocalipsis, el pecado y quién sabe qué más cosas. Doe es un ávido lector de literatura con referencias bíblicas como La divina comedia de Dante Alighieri o El paraíso perdido de John Milton. Por cierto, nunca me ha parecido verosímil que Doe, siendo un asesino frío y calculador, cometa el error de alquilarse los libros en una biblioteca pública. ¿Con tanto tiempo y dinero invertido en sus crímenes y no es capaz de comprarse los libros? Sin embargo, un posterior análisis de la cinta me hizo replantearme la pregunta ¿Un fallo imperdonable o formaba parte de un plan?.
 Doe sólo ha perpetrado 5 crímenes (Lujuria, Gula, Avaricia, Pereza, Soberbia), le faltan dos para completar su obra. La Ira y la Envidia no han sido todavía escenificadas por Doe. La localización de su madriguera hace que Doe se tope cara a cara con un iracundo Mills y le hace improvisar sobre la marcha, podría haberlo matado fácilmente en el callejón pero parece que alberga otros planes. Al poco tiempo Doe se entrega a la policía con restos en sus manos de sangre humana que no pertenece ni a él ni a ninguna de las víctimas conocidas. Doe guarda un ensangrentado as en la manga.


 El pecado de Mills es la ira. Mills evoluciona de ser un prometedor policía a perderlo todo. No es suficientemente maduro y se deja llevar por su ira. En un momento dado se topa con Doe disfrazado de fotógrafo y le grita airado su nombre. Craso error, sin saberlo está gestando su propia tragedia. En el clímax del film, su ira le lleva a asesinar a sangre fría a un Doe esposado cuando ya no representa amenaza alguna. Mills deja aflorar los instintos más primarios del ser humano dejando atrás la lógica y el imperio de la ley. Mills asesina a sangre fría a un detenido, acto recriminable pero totalmente entendible por el espectador. Probablemente muchos de nosotros hubiéramos actuado igual. El héroe no salva a la chica mientras acaba con el villano. El héroe pierde a la chica (y a su familia) convirtiéndose en una bestia rabiosa que acaba la obra del villano de turno. No sólo no desbarata los planes del villano sino que, en su ira, completa la diabólica misión de éste. No sabemos dónde se ubica el film pero es posible que en ese estado exista la pena de muerte por asesinato. Mills, muy probablemente, acabará ejecutado por el Estado. Los siete pecados tienen, al fin, su representación.

 El final del film es lo que realmente dignifica todo el conjunto. Tras una excelente ambientación y un ritmo magnífico, Fincher consigue rematar su film de una forma soberbia que dejó noqueado al público. Realmente nadie se esperaba un final así. De hecho, el final que se rodó era algo más largo del que se estrenó en los cines. En este final se dejaba más claro mediante el diálogo que Mills debía matar a Doe para que éste completara su misión, ambos debían morir. Fincher barajó otro final en el que Somerset dispara a John Doe antes de que lo haga Mills. En un acto totalmente racional (al contrario que Mills) decide matar a Doe antes de que Mills arruine para siempre su vida y su carrera irremediablemente. El final elegido es bastante más pesimista.
 No me gusta el epílogo con la frase final de Somerset “El mundo es un buen lugar por el que merece la pena luchar. Estoy de acuerdo con la segunda parte de la frase.". No deja de ser un toque optimista poco coherente, a mi entender, con lo visionado en el film. No sé si fue un añadido impuesto por los productores para suavizar el mensaje del film pero creo que no acaba de encajar.

 Valga como apunte final que una película que usa en sus títulos de crédito iniciales música de Nine inch nails no puede ser un film convencional. El grupo de Trent Reznor había triunfado el año anterior con uno de los discos más aterradores de la historia The downward spiral. La colaboración entre Fincher y Reznor no acabaría ahí, Reznor ha realizado las bandas sonoras de los tres últimos films de Fincher hasta la fecha. Para los créditos finales Fincher usó el tema de David Bowie The hearts filthy lessons, un tema oscuro sobre asesinatos con un componente artístico.
 Por cierto, los títulos de crédito de Seven han sido imitados (como el resto del film) hasta la saciedad en los últimos  20 años.

domingo, 30 de octubre de 2011

Margin call




Margin call nos sitúa en las primeras 24 horas de la crisis financiera y económica que nos atenaza. En un banco de inversiones empiezan a despedir empleados pero uno de ellos acaba de hacer un terrible descubrimiento que hará temblar los cimientos de Wall Street y la economía mundial.



 La maldita crisis nos va dejar al menos una cosa positiva: un puñadito de buenas películas sobre el tema. Margin call es un buen thriller económico inspirado en la quiebra de Lehman Brothers, el primer indicio de que algo olía muy mal en la economía mundial. Cuando el barco hace aguas, las ratas son las primeras en darse cuenta y en salir corriendo. Justo en ese momento es en el que nos sitúa este film. Si prefieres pensar que la crisis actual ha sido una cosa inevitable y sin culpables, no veas este film. La avaricia de unos pocos va a llevar a la ruina a millones. De esto habla Margin call.
Margin call no intenta ser un film didáctico para que el espectador entienda qué es lo que ha provocado la crisis. Sólo transcurridos 40 minutos un personaje explica en lenguaje de la calle lo que ha sucedido, cosa que es de agradecer.  Por cierto, en un cínico diálogo se acusa a los consumidores de a pie de ser en buena parte responsables de la crisis, comprando sin parar cosas que no podíamos pagar y con las que nos endeudamos más de la cuenta. ¿Os suena de algo?

 Margin call se disfruta bastante gracias a un preciso guión y las interpretaciones de gente tan solvente como Kevin Spacey, Stanley Tucci o Jeremy Irons. Por cierto, mi odiada Demi Moore está correcta en su papel, hace bien en alejarse en sus típicos personajes de mujer fatal. También Paul Bettany está bien alejado de sus típicos papeles de villano.
De todos los personajes, el film intenta que nos identifiquemos con Sam, interpretado por Kevin Spacey. Es un tipo que lleva 34 años en la firma y le ha sido siempre fiel. Él avisó de los peligros que corría la firma pero nadie le hizo caso. Pero el mundo que Sam conoce está agonizando, como su perro. La vida sigue y el viejo mundo hay que enterrarlo y sacar tajada si es posible. Al final, Sam colaborará en expandir la basura financiera por todo el mundo, en contra de sus principios pero a favor de su beneficio personal. Es tan egoísta como el resto aunque no quiera reconocerlo.
Margin call no es tan irónica como Wall street 2 ni tan demoledora con Inside job, pero es una interesante mirada sobre la crisis y quienes la generaron.

6,5



domingo, 21 de marzo de 2010

Los hombres que miraban fijamente a las cabras


Un periodista en crisis se topa casualmente con la bizarra historia de una unidad secreta del ejército norteamericano autodenominada El ejército de la nueva tierra.

Tras un título tan curioso no se podía esconder ninguna otra cosa que un curioso film. La aparición de buenos actores como Ewan McGregor (Angeles y demonios), Jeff Bridges (Corazón rebelde), Kevin Spacey o George Clooney (Up in the air) ayuda a dar empaque al asunto sobre todo cuando parece que ni siquiera ellos mismos se han tomado en serio la película. Tomarla en serio sería un gran error, no es más que una gamberrada que no pretende otra cosa que hacer pasar un buen rato. La trama es interesante (y absurda), llena de escenas ridículas, pero el desarrollo no ha sido el adecuado.

Tiene buenos momentos aislados (casi todos gracias al personaje de Bridges y a las parodias a Star Wars) pero algo falla, no es una mala comedia pero promete mucho para lo poco que da. Sabe a poco. El tono de absurda comedia casi surrealista no acaba de desembocar en momentos realmente divertidos, provoca apenas algunas sonrisas pero no provoca ninguna risa. Quizás es lo que se quiere llamar humor inteligente o humor del absurdo pero la peli se acaba haciendo algo pesada. Un pecado imperdonable en toda comedia por absurda que sea.

Este tipo de comedias absurdas les salen muy bien a los hermanos Coen (bien lo sabe George Clooney quien colaboró con ellos en Quemar después de leer) pero a Grant Heslov (conocido en su casa a la hora de comer) la cosa le ha venido grande. No ha sabido dar con la mezcla adecuada de ironía, absurdo y gamberrada (yo he echado en falta este último ingrediente). Narrativamente hablando hay constantes parones y saltos temporales no muy logrados que hacen que el interés del espectador se vaya perdiendo paulatinamente.
Un film interesante que promete mucho y lamentablemente entrega poco.

5

jueves, 22 de octubre de 2009

MOON

Sam Bell lleva casi tres años en una base lunar extrayendo helio 3, un gas que ha solucionado los problemas energéticos del planeta Tierra. Conforme se acerca su ansiado regreso a casa, empieza a tener extrañas visiones.

Duncan Jones es hijo de mi adorado David Bowie y su gusto por la ciencia ficción y la luna le viene de lejos. En su primera película Duncan nos ofrece un interesante relato sobre la identidad.
Visualmente el film recuerda a la mejor ciencia ficción de las décadas de los 60 y 70. La influencia de películas como 2001, Atmósfera cero, Alien, Solaris o Naves misteriosas (todas ellas recomendables, como poco) puede verse claramente. Incluso hay un ordenador central (GERTY con la voz de Kevin Spacey en la versión original) que recuerda inevitablemente a HAL 900, sólo que esta vez levemente humanizado con la cara de unos smiley.
La frialdad del espacio y la soledad del personaje durante 3 años están muy bien plasmadas, así mismo cómo la rutina va minando la moral del protagonista es otro elemento de interés.

Jones imprime al film un ritmo pausado pero que no decae nunca, incluso va acelerando conforme avanza la acción, a mí por momentos me recordó al frío estilo descriptivo de Kubrick. No es que Jones tenga un estilo propio ni revolucione el género, se nota que ha visto mucho cine de ciencia ficción y decide hacer un buen film de este género, sin innovar demasiado pero respetando los patrones del género y dando un film más que digno.

Pero más allá de la corrección técnica, creo que el film es un interesante ensayo sobre la personalidad. ¿Qué es lo que nos hace ser lo que somos? ¿Es nuesto comportamiento hacia los demás, nuestra percepción de nosotros mismos o son nuestros recuerdos? ¿Cómo definiríamos el YO? ¿Qué nos hace únicos (suponiendo que lo seamos)?

Sam Rockwell (Choke) lleva sobre sus hombros casi toda la película y sale airoso, quizás en algún momento exagere algún gesto pero está muy bien. Antes parecía que este actor iba a acabar encasillado en papeles histriónicos (como le pasó a Gary Oldman) pero en los últimos tiempos está logrando convencer en papeles algo menos raritos (El desafío).
Moon no es una obra maestra como dicen algunos, pero es un film interesante, que se sale de la ciencia ficción que nos llega últimamente (saturada de inútiles efectos especiales pero vacía de todo contenido). Duncan Jones ha logrado gustar y sorprender con su primera película. Habrá que seguirle los pasos.

7