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domingo, 11 de diciembre de 2016

Captain Fantastic


 Hoy voy a comentar una película muy especial. En una escena de Captain Fantastic, el protagonista (Viggo Mortensen) se toma tranquilamente un café desnudo en la puerta del autobús en el que viaja. Ante la mirada de reprobación de unos transeúntes, les espeta que sólo es un pene, no hay nada malo en ello. Y tiene toda la razón. No hay nada malo en un cuerpo desnudo, el cuerpo en sí no es sinónimo de pecado ni de perversión. Es simple anatomía. Quizás el problema resida en los usos y costumbres sociales. Mostrarnos tal y cómo somos nos puede hacer vulnerables a los comentarios de los demás. Mediante la educación, el individuo acepta las normas de la sociedad desde la infancia, las interioriza y las hace suyas. Parapetados tras las normas impuestas por la sociedad, nos socializamos con nuestros semejantes. Cualquiera que viva de otra manera será catalogado como un loco o un insensato. Aunque quizás sea necesario que haya personas que vivan al margen y observen nuestra sociedad de consumo desde fuera. De eso va Captain fantastic, de la necesidad de otra mirada hacia la sociedad. Existen otras formas de entender la sociedad y, muy probablemente, tienen mucho que enseñarnos.

El protagonista de la película decidió hace tiempo vivir junto con su mujer y sus hijos a parte de la sociedad y causando el mínimo impacto medioambiental. Encuentro excesivas ciertas prácticas mostradas en el film (el rito iniciático, el duro entrenamiento, la escalada) pero en esencia me parece muy valiente e interesante esta propuesta. El film se podría entender como un ataque frontal al capitalismo imperante pero también a los fanatismos en los que no es tan difícil caer. Cualquier extremismo puede ser peligroso aunque lo más grave es que aceptemos como normal propuestas extremas. Un ejemplo: cuando los jóvenes hijos del protagonista entran en un restaurante de comida rápida, piensan que todos los clientes están enfermos debido a su desorbitado sobrepeso. En otro momento del film, se dice que los norteamericanos están infra educados y sobre alimentados, afirmación que, visto el resultado de las últimas elecciones presidenciales, bien podría ser cierta. En definitiva, Captain fantastic contrapone dos maneras de vivir y relacionarse con el medio ambiente. Y lo hace consiguiendo siempre un tono amable, nada de ácida crítica social, y sin caer en el maniqueísmo ni la demagogia.

Al espectador medio puede chocarle que la familia protagonista no celebre la Navidad pero sí el nacimiento de Noam Chomsky (muy probablemente, el espectador medio no sabrá quien es Noam Chomsky ni le importe un pimiento). Sin embargo no dejan de ser admirables y deseables en todo sistema educativo el fomento del espíritu crítico y la capacidad para expresarse con sus propias palabras. Frente a una educación basada en la repetición, el film contrapone el desarrollo de la capacidad de razonar y de solucionar problemas mediante los propios medios. La libertad que supone vivir ajeno a los tabús de la sociedad permite hablar de sexo con toda naturalidad, admirable la escena en la que aborda el Lolita de Vladimir Nabokov. Frente a una sociedad de consumo que únicamente pretende crear consumidores obedientes, el film propone crear ciudadanos con su propio criterio.

Muy valiente me parece la carrera de Viggo Mortensen, un actor que, tras El señor de los anillos, podría haberse ganado la vida perfectamente trabajando en superproducciones de acción pero prefiere proyectos mucho más personales. Entiendo que ese es su camino y lo respeto. Es innegable su compromiso, algo que hoy en día escasea tanto o más que el talento. De talento va sobrado el joven reparto de esta película, o mucho me equivoco o los muchachos de este film van a dar bastante guerra en el futuro.

Lo dicho, Captain fantastic  es un film necesario que nos muestra otra manera de entender el mundo.

7

viernes, 14 de febrero de 2014

Robocop (1987)


  Reconozco que soy fan incondicional de Robocop (película que vi en el cine con 12 años y me dejó alucinado). Robocop era un film de acción y ciencia ficción lleno de ironía y violencia. El holandés Paul Verhoeven dio el salto a Hollywood con este film tras la más que interesante Los señores del acero.

  Robocop no era sólo la violenta historia de un policía que es convertido en un cyborg (mitad humano/mitad máquina) sino que usaba la excusa de un futuro cercano para exponer problemas de la sociedad de la época. Problemas que 25 años después aún no hemos sido capaces de resolver e incluso me atrevería a firmar que se han acrecentado. Robocop resultó ser un film casi profético si tenemos en cuenta la quiebra actual de la ciudad de Detroit o nuestra creciente tendencia a las privatizaciones con la excusa de la crisis.
 Primeramente teníamos a unos servicios sociales que habían caído en manos privadas. La policía de Detroit ha sido privatizada (como siempre ha ocurrido en USA con la sanidad o la educación universitaria)  y se encuentran bajo la gestión de unas empresas que, obviamente, buscaban un beneficio económico. Así pues, a la compañía que controlaba a la policía (OCP) le interesaban más los beneficios que el bienestar de los ciudadanos. La misma OCP ha ideado un importante proyecto urbanístico para crear una nueva mega ciudad llamada Delta-City. Obviamente el poder político no será un problema (son fácilmente corruptibles) pero hay que controlar las manifestaciones, huelgas y protestas ciudadanas en contra de la OCP. También la creciente ola de crímenes y disturbios del viejo Detroit debe ser controlada para que el proyecto sea viable. Ya sabemos que en épocas de crisis la libertad cede terreno ante la seguridad. Por todo ello deciden crear a un superpolicía que no les planteara problemas como una huelga ni tuviera problemas de absentismo. Nada mejor que un policía-robot.

 Pero Robocop no es sólo una critica a la privatización de los servicios públicos. Verhoeven introduce anuncios televisivos realmente irónicos, cuando no absurdos, para dejar en evidencia el enorme poder de la publicidad y cómo la gente se cree cualquier cosa que salga en televisión. Esta manipulación mediática parece ir de la mano con una corrupción política generalizada. Todo ello parece ser originado por una ambición humana desmesurada que tiene su máxima expresión en el capitalismo salvaje que se refleja en el film.

Robocop es creado por las clases dirigentes (empresarios que controlan al poder político) para controlar a las masas, no para protegerlas. Los robots no han dado buen resultado al no saber discernir a los criminales por lo que parece obvio que el superpolicía deberá tener una parte humana. El agente Alex Murphy (Peter Weller) es gravemente herido en acto de servicio (en una escena brutal) y se convertirá, sin su consentimiento, en el candidato ideal. En su cerebro se implantarán tres directrices directamente basadas en las tres leyes de la robótica que IsaacAsimov ya planteó a principios de los años 40.

El hecho de tener una cuarta directiva oculta en su programación (consistente en no oponerse ni atacar a ningún directivo de la OCP) evidencia que Robocop es un instrumento del poder para oprimir al pueblo. Lo que realmente convierte a Robocop en un héroe no son sus habilidades robóticas, sino su capacidad de sobreponerse a la programación  impuesta por la empresa. Robocop está programado para hacer cumplir la ley (o así lo venden) pero no puede actuar contra ningún miembro de la corrupta empresa que lo ha creado. Es su parte humana la que acaba imponiéndose y la que le convierte en un héroe al final del film. Él mismo responde con su nombre humano cuando se le pregunta cómo se llama en la escena final. Ha tomado conciencia de sí mismo, no es sólo una máquina, su parte humana se ha impuesto.

Así pues, Robocop no era sólo una violenta película sobre un superpoli, era mucho más complejo que todo aquello. Pero como pasaría posteriormente con Starship Troopers, Verhoeven fue capaz de incluir esta dura crítica al sistema en un Blockbuster aunque mucha gente no se diera cuenta. Incluso Robocop y Starship troopers son considerados por muchos como películas que hacen apología del fascismo cuando, en mi opinión, hacen todo lo contrario.

 Para el reparto se buscaron actores no muy conocidos, creo que fue todo un acierto. Para el personaje de Alex Murphy/Robocop se eligió al casi desconocido Peter Weller, un actor cuya carrera posterior ha sido bastante discreta (quizás lo más destacable sería su intervención en El almuerzo desnudo de David Cronenberg) pero aquí creo que está muy bien. Para el personaje de la bella acompañante del héroe se eligió a Nancy Allen, una apuesta arriesgada ya que Allen se alejaba bastante de los cánones de belleza del cine comercial. SU personaje no es sólo un bonito florero al que el héroe debe salvar. En el tratamiento de los personajes femeninos Verhoeven también ha sido bastante inconformista.


El traje diseñado por Rob Bottin (que ya nos dejó alucinados con sus diseños para La cosa), la violencia extrema del film y la épica música de Basil Poledouris ayudaron a hacer de Robocop una experiencia altamente recomendable. Una de mis películas de ciencia ficción favoritas de los años 80 (tengo la trilogía en DVD y me acabo de comprar el action figure) y unas de las que mejor han soportado el paso del tiempo.
 En breve hablaremos del malogrado guión de Frank Miller para las secuelas y hasta del remake que hoy se estrena.

lunes, 27 de enero de 2014

El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street)


He de reconocer que echaba de menos a Scorsese en los últimos años. Si exceptuamos Los infiltrados (The departed), su filmografía reciente parecía indicar una innegable decadencia.

 Alejado del cine negro, su cine languidecía lentamente. Ni sus películas sobre conciertos de The rolling stones (Shine a light), ni sus documentales sobre George Harrison, ni sus experimentos como La invención de Hugo, ni su biografía de Howard Hughes (El aviador) ni su canto a Nueva York (Gangs of New York) ni su intento de terror gótico (Shutter Island) estaban a la altura esperada. Está visto que el cine sobre canallas es el que mejor le sale al bueno de Scorsese. Su talento parece encontrar en estos personajes la mejor forma de plasmarse en la pantalla. Puede que Jordan Belfort no sea un mafioso como los que tanta fama le han dado a Scorsese, pero su historia se adapta como un guante al estilo narrativo y visual del maestro (un estilo bastante imitado, hay más que ver La gran estafa americana).


 El lobo de wall Street nos devuelve al mejor Scorsese, su film es excesivo en muchos sentidos (no sólo en la duración) pero la historia requería un tratamiento así. No se puede mostrar esta historia de auge y caída de un criminal de guante blanco como Jordan Belfort de mejor manera. Scorsese es único a la hora de mostrarnos los rincones más turbios del ser humano. Se puede servir de un taxista, un camillero con insomnio, un boxeador o gángsters capaces de matar a un amigo sin pestañear. Lo más ruin del alma humana es narrado de forma intachable por Scorsese e incluso es capaz de hacer que estos tipos nos resulten cercanos y entrañables. El Jordan Belfort de esta película, al contrario de muchos de los personajes de Scorsese, no tiene moral ninguna ni código ético, no cree en la familia ni en religión ninguna, su único dios es el dinero.

Es esta historia un film sobre la avaricia y los excesos a los que puede llegar el ser humano. Scorsese no ahorra planos de derroche y lujuría (podría haber sido bastante más explícito pero le hubiera perjudicado en taquilla) para mostrarnos la depravación a la que es capaz de llegar el ser humano. Poco se dice de cómo fue posible que este personaje con esas técnicas claramente ilegales pudiera montar su imperio. Tampoco se explica la desregulación que Reagan y Bush llevaron a cabo sobre las actividades financieras y bursátiles. No busca el film culpables, su único objetivo es mostrarnos una historia de éxito a cualquier precio y degradación moral. La cara seria de la crisis ya la tuvimos en Inside job o Margin call, El lobo de Wall Street busca otra cosa. La vida está hecha para unos pocos, la mayoría debemos volver a casa en metro mientras unos cuantos canallas se pasean en yate y helicóptero.
  
Con la célebre técnica de la voz en off como hilo conductor y un ritmo con múltiples altibajos (tres horas son excesivas) Scorsese elabora un film al que le cuesta un poquito arrancar pero cuando lo hace no deja de acelerar. La dirección de Scorsese es perfecta mientras el vibrante y caótico montaje es un complemento ideal para lograr un film trepidante y absorbente. Volvemos a tener electrizantes escenas ambientadas con música rock de la época y diálogos enloquecidos en situaciones absurdas. Scorsese logra que veamos el mundo a través de los enloquecidos ojos de una persona hasta las cejas de cocaína y otras drogas, sentimos su confusión, su ira y su euforia así como su miedo y su frustración. Casi notamos el pulso acelerado del protagonista en nuestro pecho. Las escenas del teléfono o la del Lamborghini me parecieron geniales, de lo mejor de Scorsese en mucho tiempo. Es en esa paulatina degradación física, psíquica y familiar donde el talento de Scorsese brilla especialmente.

Otro que brilla más que nunca es Leonardo DiCaprio, el giro efectuado en este papel me parece muy beneficioso para su carrera, un cambio de registro necesario. Por momentos está excesivo e histriónico, pero el personaje así lo requiere. DiCaprio parece por momentos un Jack Nicholson totalmente descontrolado, no hay más que ver las escenas con el micrófono en la oficina. Gran trabajo de un actor que hace tiempo que dejó de ser sólo una cara bonita. Curioso cómo han mejorado los dos protagonistas de Titanic. Del resto del reparto me quedo con Jonah Hill y un cadavérico Matthew McConaughey realmente fuera de órbita.


Scorsese no inventa nada pero aplica su más que probado talento a una historia que se ajusta perfectamente a su forma de entender el cine. Un valor seguro, compra.

7,5

martes, 6 de agosto de 2013

A puerta fría


 La próxima vez que trates mal a un comercial (reconozco que yo suelo hacerlo) piensa que también es una persona y que está intentando ganarse el pan como todo hijo de vecino. Puede que a nuestros ojos sean unos pesados con la sonrisa más falsa del mundo, pero es su trabajo.



 Al lío, A puerta fría es una buena película sobre el mundo de los comerciales y hasta dónde son capaces de llegar por vender. Puede que sepan que el producto que venden sea una puta mierda, pero su deber es venderlo a toda costa. La competencia es feroz y no lugar para los perdedores.

 Si para mantener este inestable y suicida sistema llamado Capitalismo debemos comprar sin parar, es evidente que alguien tiene que producir y alguien tiene que vender lo que se produce. Ahí es donde encajan los comerciales. Ellos podrían ser la metáfora de un sistema en profunda crisis que intenta sobrevivir a duras penas, el consumo se ha estancado y todo el sistema amenaza con desmoronarse.  
 El comercial encarnado por Antonio Dechent es un veterano comercial que no pasa por su mejor momento, se ve viejo e inútil (no sabe idiomas y las nuevas tecnologías se le resisten) en un mundo implacable que no deja tiempo ni para recobrar el aliento. Una vez fue el mejor pero esos tiempos ya quedan lejos. La feria que se celebra en un hotel durante un fin de semana será su oportunidad de salvar sus ventas. Para ello deberá usar sus mejores armas para lograr que el director de una gran compañía extranjera (Nick Nolte) le compre sus productos. Pero esta empresa le llevará a asociarse con una bella azafata y ambos pondrán en juego mucho más de lo que en principio estaban dispuestos a arriesgar. El mundo es un lugar mezquino y cruel en el que siguen dominando las bajas pasiones.


 El retrato del mundo comercial de esta película no puede ser más despiadado. No hay piedad y el ganador se lo lleva todo. Me gustó el guión de Xavi Puebla y Jesús Gil Vilda parece estar sacado de la observación directa de la forma de funcionar de este tipo de vendedores. Su diálogos desprenden una verosimilitud  que se ve certificada con el buen hacer de todo el elenco actoral.

 Me gustaron mucho los actores, creo que todos componen unas interpretaciones sólidas y creíbles. Me gusta mucho el saber hacer de Antonio Dechent y creo que aquí está en su mejor papel. Tambien María Valverde demuestra una vez más que es una joven a tener en cuenta, no sólo una cara bonita. De Nick Nolte sólo puedo decir que viendo el film me entró la duda de si estaba interpretando o realmente es así en la vida real. La escena del tipo andando por el pasillo del hotel hacia su habitación es un fantástico ejemplo de cómo un actor puede llenar la pantalla sin decir una sola palabra.

 En un momento dado, un personaje se pregunta cuando se fue todo al carajo, quizás siempre supimos que el sistema estaba condenado pero a nadie nos importó mientras nos fue bien.

7

lunes, 8 de octubre de 2012

COSMOPOLIS


Eric Packer (Robert Pattinson) es un broker de Nueva york que decide cruzar toda la ciudad para cortarse el pelo.

Los proyectos de David Cronenberg pueden gustar más o menos pero hay que reconocer al veterano director canadiense que siempre arriesga en cada nueva película. La idea de adaptar la novela Cosmopolis de  Don DeLillo no deja de ser arriesgada, la novela es una traslación del Ulises de James Joyce  a Nueva York, transcurre casi enteramente en el interior de una limusina y el protagonista es bastante insufrible. Si alguien era capaz de sacar algo en claro de un proyecto así, ése parecía que era David Cronenberg.
 El cine de Cronenberg siempre ha buceado en las miserias del ser humano. El hastío existencial es una de las constantes de su cine y por ello este proyecto parecía ideal para él. En films suyos como Crash se planteaba muy bien el sinsentido de la existencia moderna y cómo los protagonistas buscaban alicientes para hacer su existencia más llevadera. Crash y Cosmopolis tienen más de un aspecto en común. Pero el nihilismo que en Crash me fascinó, en Cosmopolis me ha aburrido. Cronenberg adapta la novela pero no otorga vida alguna a sus imágenes dando lugar a un tostón de cuidado.

La peli es un tostón ya que la novela era ya un tostón importante. Si adaptas un material aburrido es muy difícil que la cosa salga bien. Todos los diálogos del film resultan tan artificiales y sin vida que exasperan y sacan de quicio a los 15 minutos. Las tres reglas de acción, lugar y tiempo se siguen casi a pies juntillas en Cosmopolis pero la historia no está a la altura. Supongo que Cronenberg, que de tonto tiene poco, aceptó este encargo para cargar ganar dinero y le atrajo la idea de criticar a los brokers que viven totalmente aislados del mundo real y de las consecuencias de sus transacciones. Muy bien, pero aburre a las vacas. Cronenberg ya falló en Un método peligroso y rompió una buena racha que llegó a su cénit en Promesas del este.

¿El capitalismo se ha colapsado?¿El mundo se va pique por la acción temeraria de los mercados controlados por niños ricos como el protagonista de este film?  Probablemente, pero que encima no nos aburran contando su mísera existencia.  El sopor en el que el film sumerge al espectador es algo sólo comparable con el de El árbol de la vida.
Ya sabemos que el dinero no da la felicidad (la compra) y que quien lo tiene todo no desea nada y acaba aburrido, pero se puede contar de forma mucho más amena. Que Eric Packer busque un punto de apoyo, algo real, a lo que aferrarse mientra su mundo virtual de finanzas y miles de millones se hunde es una buena metáfora, pero no es suficiente para mantener en pie todo un film.
La historia contiene otras interesantes metáforas y símbolos: un psicólogo te diría que la limusina simboliza el útero materno en el que el protagonista se siente a salvo, aislado del mundo exterior. Las constantes revisiones médicas podrían ser síntoma de sobrepotección familiar en la infancia que ha derivado en un Transtorno obsesivo conpulsivo (TOC), etc. También el simbolismo de las ratas también me parecen muy interesante, nuestra economía se basa en símbolos, le damos un valor al oro o a una acción en bolsa, pero es un valor simbólico, no es real. El capitalismo es cruel e injusto, ya lo sabíamos, pero se ha contado mejor recientemente en films como Margin Call o Inside job. 

 Tanto diálogo nihlista-existencialista vacío y absurdo me pareció una solemne tomadura de pelo. Así de claro. Al menos, en la novela DeLillo crea la tensión necesaria para el lector esté expectante ante cada nueva visita a la limusina o qué demonios va a pasar con Packer, pero en el film de Cronenberg no hay tensión, sólo hay tedio y una verborrea desmesurada. Nos importa un bledo lo que le pase al protagonista, sólo queremos que el film acabe lo antes posible. Por suerte, no dura tres horas.

Robert Pattinson tendrá que esperar otra oportunidad para convencernos de que es un buen actor (cosa que dudo mucho).  En Cosmopolis está frío e inexpresivo, incluso más que en Crepúsculo. Quizás con un actor que supiera mover los músculos de la cara, la peli fuera más llevadera. Lo siento por las fans del ladrillo Robert Pattinson que se metan al cine para ver a su ídolo. Esta película es un verdadero tormento para cualquier persona y más para adolescentes ávidas de ver en pantalla al chico más sexy del momento. Pobrecitas, la que les espera.
 Paul Giammati sí es un buen actor que nos lo ha demostrado muchas veces, aquí está bastante acertado pero su personaje realmente consigue ponerte de los nervios casi más que el de Pattinson y aparece ya cuando hace rato que deseamos que esta tortura de film termine. También aparece Juliette Binoche como prostituta de lujo, ni fu ni fa.

 Hacedme caso, jovencitas, no perdáis vuestro tiempo con esta película.

3

domingo, 15 de enero de 2012

La doctrina del shock

Aquí os dejo el documental entero La doctrina del shock. El irregular director Michael Winterbottom  se ha basado en el libro de Naomi Klein acerca de cómo el capitalismo saca enormes beneficios aterrando a la población frente a una posible amenaza. No dice realmente nada que no supiéramos ya, pero expone hechos y testimonios que muchos desconocíamos. Aterrador.



domingo, 30 de octubre de 2011

Margin call




Margin call nos sitúa en las primeras 24 horas de la crisis financiera y económica que nos atenaza. En un banco de inversiones empiezan a despedir empleados pero uno de ellos acaba de hacer un terrible descubrimiento que hará temblar los cimientos de Wall Street y la economía mundial.



 La maldita crisis nos va dejar al menos una cosa positiva: un puñadito de buenas películas sobre el tema. Margin call es un buen thriller económico inspirado en la quiebra de Lehman Brothers, el primer indicio de que algo olía muy mal en la economía mundial. Cuando el barco hace aguas, las ratas son las primeras en darse cuenta y en salir corriendo. Justo en ese momento es en el que nos sitúa este film. Si prefieres pensar que la crisis actual ha sido una cosa inevitable y sin culpables, no veas este film. La avaricia de unos pocos va a llevar a la ruina a millones. De esto habla Margin call.
Margin call no intenta ser un film didáctico para que el espectador entienda qué es lo que ha provocado la crisis. Sólo transcurridos 40 minutos un personaje explica en lenguaje de la calle lo que ha sucedido, cosa que es de agradecer.  Por cierto, en un cínico diálogo se acusa a los consumidores de a pie de ser en buena parte responsables de la crisis, comprando sin parar cosas que no podíamos pagar y con las que nos endeudamos más de la cuenta. ¿Os suena de algo?

 Margin call se disfruta bastante gracias a un preciso guión y las interpretaciones de gente tan solvente como Kevin Spacey, Stanley Tucci o Jeremy Irons. Por cierto, mi odiada Demi Moore está correcta en su papel, hace bien en alejarse en sus típicos personajes de mujer fatal. También Paul Bettany está bien alejado de sus típicos papeles de villano.
De todos los personajes, el film intenta que nos identifiquemos con Sam, interpretado por Kevin Spacey. Es un tipo que lleva 34 años en la firma y le ha sido siempre fiel. Él avisó de los peligros que corría la firma pero nadie le hizo caso. Pero el mundo que Sam conoce está agonizando, como su perro. La vida sigue y el viejo mundo hay que enterrarlo y sacar tajada si es posible. Al final, Sam colaborará en expandir la basura financiera por todo el mundo, en contra de sus principios pero a favor de su beneficio personal. Es tan egoísta como el resto aunque no quiera reconocerlo.
Margin call no es tan irónica como Wall street 2 ni tan demoledora con Inside job, pero es una interesante mirada sobre la crisis y quienes la generaron.

6,5



sábado, 10 de septiembre de 2011

COMPRAR, TIRAR, COMPRAR. Fabricados para no durar.


Interesante documental que aborda el tema de la obsolescencia programada. Es decir, de cómo los fabricantes decidieron dejar de producir bienes de consumo duraderos para sacar más beneficio con bienes perecederos. De todos es conocido que hoy en día no sale rentable reparar cualquier aparato, es más barato comprarte uno nuevo. pero lo que muchos no sabñiamos es que las bombillas o las medias de nylon duraban de por vida en su origen. Pero cada usuario sólo compraría estos productos una vez en su vida. Se decició limitar la vida de estos productos para seguir vendiendo. Una forma de mantener la economía mundial en marcha, pero que puede acabar con los recursos del planeta.
Ya sabíamos que el capitalismo es un monstruo de apetito insaciable, pero este documental os puede dejar helados.

martes, 16 de agosto de 2011

Están vivos (They live,1988)


John Carpenter es un director capaz de lo mejor y de lo peor. Tuvo su momento de gloria a finales de los 70 y principios de los 80 con films como La cosa o La noche de Halloween. Pero a mediados de los 80 su carrera empezó a decaer sin remedio (salvo honrosas excepciones). El film que nos ocupa no deja de ser una buena idea bastante desaprovechada.




Basado libremente en un relato corto de Ray Nelson titulado "A las 8 de la mañana" Están vivos es una curiosa cinta de ciencia ficción con toques de denuncia social y un impagable humor negro. La premisa de que la crisis económica y el desempleo son causados por una clase dirigente que desea tener al ciudadano medio controlado no es nueva. Que el capitalismo es un gran monstruo que se alimenta de la pasividad y conformismo de las masas adormecidas es algo que todos sabemos. Que desde los medios de comunicación intentan controlarnos para que consumamos es otra obviedad que no merece discusión alguna. Pero en esta peli se le da a todo ello una interesante vuelta de tuerca creando una peculiar teoría de la conspiración: seres no humanos dirigen los hilos de nuestra economía y nuestra política (que no dejan de ser la misma cosa). La idea recuerda a Platón y al mito de la caverna y fue desarrollada posteriormente en films como Matrix. La realidad que percibes está controlada por las clases dirigentes, que desean que seas sólo ganado dócil. Todo lo concerniente al control de las masas mediante los medios de comunicación o los mensajes subliminales me parece lo más interesante del film.
No deja de ser curioso que el protagonista sea un parado de larga duración, un sin techo que va viajando en busca de un empleo. El film muestra las miserias de la América de Reagan, esa white trash que se quedó sin empleo en la crisis de los años 80 y a la que Reagan recortó las ayudas. El film identifica directamente al mal con los políticos, los ricos y las fuerzas del orden. Ahí es nada, un mensaje bastante revolucionario, la verdad, a veces parece que el guión lo hubiera escrito Fidel Castro. La revelación que recibirá el protagonista (gracias a un objeto de consumo muy popular en los 80 como unas gafas de sol) le hará tomar conciencia del problema, aceptando que estaba dormido hasta entonces y decidiendo pasar a la acción.

Lamentablemente, el film pierde bastante interés cuando convierte en una peli de tiros. Supongo que el objetivo de Carpenter era presentar una peli de acción con una trama algo más trabajada que lo habitual y no hacer una encubierta denuncia de la sociedad actual a través de una peli de acción. Además, me mola que los héroes del film sean unos obreros de la construcción, el proletariado al poder.
El guión es ameno pero tiene más agujeros que un colador (demasiadas casualidades) y los actores no ayudan demasiado. El protagonista Rody Piper era campeón de lucha libre y sus musculos están mucho más desarrollados que su talento interpretativo, no nos engañemos. El tipo está cachas pero no tiene el carisma de Kurt Russel, creo que su elección fue un error importante.Tampoco la chica de la peli (Meg Foster) es muy expresiva que digamos, su gélida belleza hace que nunca acabemos de confiar en ella (algo que sí hace el protagonista). Una persona con ese peinado y esas hombreras no puede ser de fiar, ni ahora ni en 1988.

Parece que a Carpenter le interesan más las escenas de tiros y batallas que la denuncia social. Una pena, a esta idea se le podría haber sacado mucho partido, pero el último tercio del film echa por tierra la correcta presentación del problema. De una forma bastante simplona se nos explica todo el entramado que subyace bajo la sociedad y se mete a los protagonistas en el centro neurálgico de todo el meollo. Menuda casualidad, hasta la chica trabaja allí.

No deja de ser un film divertido que conserva todo el encanto de esta serie B ochentera que muchos reivindican hoy día, pero yo me hubiera ido más por el lado sociológico y no por el bélico. Las analogías entre lo presentado en el film y la realidad son hoy día aún más evidentes que en 1988.

Curiosa

Por supuesto, se está preparando un remake a cargo de Matt Reeves (quien ya adaptó Déjame entrar).

sábado, 13 de noviembre de 2010

Wall Street: El dinero nunca duerme


Mucho ha llovido en los 23 años que separan esta segunda parte de su predecesora. En estos 23 años Oliver Stone nos ha fascinado con sus feroces críticas al sistema (JFK, Asesinos natos) pero parece que últimamente se ha amansado bastante (W).



Esta oportuna secuela de Wall Street ha perdido bastante mordacidad y parece que Stone ha primado la función didáctica antes que la crítica. Stone está más interesado en explicarnos cómo los bancos y las empresas de inversores han sido las responsables de la crisis que nos asola y que todos vamos a estar pagando hasta Dios sabe cuando. Parece que no hay otro director norteamericano interesado en el tema, sólo nos queda Oliver Stone, por muy descafeinado que esté últimamente. Stone usa una vez más el cine con fines políticos, como explicación de una realidad. Stone nos habla de las hipotecas, del papel del Estado en la crisis, de los paraísos fiscales, de las energías renovables, el poder de los rumores y el miedo en la economía mundial, el interés que despierta un libro escrito por un delincuente, etc. Su film es una crítica al sistema financiero. Lo demás no parece interesarle tanto, la relación de Gordon Gekko con su hija es una mera excusa para poner en contacto a los personajes principales.
Lamentablemente, Stone se ha vuelto demasiado obvio: realiza unas pueriles metáforas sobre burbujas y cuadros de Goya que son tan obvias que parecen propias de una obra de teatro infantil. Por otro lado, nos inunda con datos financieros que evidencian que la historia de amor le importa un bledo. Incluso yo juraría que el final ha sido retocado, las últimas escenas me sobran.

Por suerte, se ven destellos del mejor Stone en algunos momentos: el montaje endiablado de algunas escenas, la doble pantalla, el fundido en negro usando un círculo como si de una comedia antigua se tratara, el detalle de los pendientes de las señoras en la gala benéfica, la artificial expresión facial de alguna adicta a la cirugía, etc. Es en estos momentos en los que deja patente la crítica a una clase social que sigue teniendo el poder. Volver a encontrarnos con un personaje tan repulsivo e interesante como Gekko es todo un lujo, Douglas ha madurado con el personaje y ambos se fusionan perfectamente (de hecho, Douglas lleva repitiendo ese papel de frío hombre de negocios durante los últimos 23 años).

Los actores están más que correctos, Micael Douglas cumple en su eterno papel, mientras Shia LaBeouf y Josh Brolin están bien. Pero yo me quedo con la joven promesa Carey Mulligan. Por otro aldo los veteranos Susan Sarandon, Frank Langella y Eli Wallach (el feo de El bueno, el feo y el malo). Por cierto, ¿Qué pinta en esta película Vanessa Ferlito? Su papel no aporta absolutamente nada, sólo queda bonito. Se me ocurren 3 opciones: a) Stone estará encaprichado con la moza, b) es una imposición del estudio o c) su personaje se ha recortado en la sala de montaje. Elige la que más te guste, yo me quedo con la a).

A mí el film me ha entretenido. Los breves destellos de un Stone apagado son mucho mejores que las decenas de secuelas y precuelas que nos acechan cada día desde la cartelera. El capitalismo es así.

6

sábado, 16 de octubre de 2010

Network, Un mundo implacable (1976)



Cuando vi Network hace muchos años, me pareció que era un film demasiado tremendista. Era un esperpento que distaba mucho de ser real, la televisión no podía ser tan monstruosa. Lamentablemente, el tiempo me ha quitado la razón.
Network se basa en la historia real de Christine Chubbuck, una joven reportera que se suicidó en directo en 1974. Justo antes de pegarse un tiro en antena dijo: «De acuerdo a la política del Canal 40 de brindarles lo último en sangre y entrañas a todo color, están a punto de ver otra primicia: un intento de suicidio».


En Network asistimos al auge y caída del presentador de telediario Howard Beale (interpretado por Peter Finch), que monta en cólera en directo y grita estar harto. Anuncia que se va suicidar en directo en las dos semanas siguientes. La audiencia se dispara tras el incidente y la cadena, que inicialmente pensaba despedir al presentador por baja audiencia, decide renovarle y darle un espacio propio para que se explaye: "El Show de Howard Beale".
La frase de Beale: "Estoy más que harto, y no pienso seguir soportándolo" se convertirá en toda una proclama contra el sistema. Millones de espectadores saldrán a las ventanas de sus casas gritando dicha frase.
La cadena sabe que es jugar con fuego, que el presentador no es estable, que sus salidas de tono son incontrolables y su discurso cada vez más radical. Pero la audiencia manda, todo vale.
Maquiavelo se ha convertido en una productora televisiva (un tiburón con la cara de Faye Dunaway) dispuesta a todo por medrar en la empresa.


En busca de algo que se salga de la norma y dé que hablar (de morbo) la cadena se lanza en una espiral que irremediablemente acabará mal. Puede que el presentador se suicide en directo y puede haya disturbios incitados por sus incendiarios mensajes, da igual. La expectante audiencia necesita que este loco les saque de su aburrida monotonía y les sacuda las neuronas. Mientras tanto las arcas de la cadena se llenarán de dinero.

Tampoco importa que su mensaje vaya en contra del sistema, el sistema lo asimilará y convertirá en su propaganda más eficaz. El capitalismo es así. Pero cuando el mensaje deja de ser radical y ya no conmociona al espectador, éste buscará esa conmoción en otro sitio. Como resultado se pierde audiencia y el presentador/profeta deja de ser rentable para convertirse en un estorbo. Aunque quizás pueda ser de utilidad a la cadena una última vez.
La película del maestro Sidney Lumet ganó merecidamente el Oscar al mejor guión y tres de sus actores se llevaron también la dorada e inexpresiva estatuilla a casa: Faye Dunaway, Peter Finch (a título póstumo) y Beatrice Straight.

Puede que Network fuera una advertencia de lo que podría pasar, pero acabó siendo todo un presagio, incluso se ha quedado corta en algunos aspectos. Hoy en día vemos cómo las cadenas explotan a personajes que sacan a la audiencia de su rutina, que les divierten a base de mostrar miserias para olvidar las suyas propias. Personajes que venden su vida privada a cambio de dinero. Hazmerreíres que saben de su condición de patéticos bufones. Al menos Beale era sincero, daba espectáculo debido a que no tenía nada que perder, decía lo que pensaba. Los bufones de ahora sólo comercian con la vida privada de los demás.

Pero hoy cuesta cada vez más impresionar al insensibilizado espectador. Todo ello obliga a las cadenas a exprimir a sus personajes cada vez más en busca de ese momento estelar de realidad televisada: una lágrima, una confesión, un cabreo, una reconciliación, una pelea, ya no son suficientes. Se necesita un momento de sublime patetismo que sobrecoja al espectador. Se necesita que la ex mujer de un torero se entere en directo que su actual marido la engaña o que unos mineros vuelvan a la vida tras 2 meses bajo tierra. El circo mediático. Todo tan real y (paradójicamente) tan prefabricado que sigue atrayendo a millones de idiotizados espectadores cada día.

Network, dentro de su infinita amargura, se quedó corta. La realidad siempre supera a la ficción.