
Ahí radica el éxito de Madonna desde hace 25 años. Madonna no es una cantante, es una empresa, una maquinaria perfecta de dar espectáculo y hacer dinero. Siempre ha sabido rodearse de músicos, productores y bailarines bastante mejores que ella. Su carrera no hubiera sido lo mismo si Warner no hubiera contratado los servicios de productores de lujo (Mirwäis, Timbaland, William Orbit, Paul Oakenfolf) que han adaptado sus discos al sonido más moderno de cada momento. Igualmente, ha sido lo suficientemente lista como para contar (a golpe de talonario) con los mejores coreógrafos y bailarines del mundo.
Lo dicho. Lo del otro día fue una puesta en escena milimétricamente diseñada. Pero ello no le restó nada de efectividad ni emoción. El show de Madonna es simplemente perfecto y apabullante. El espectador permanece boquiabierto y anonadado durante todo el show . Entre tanto bailarín, tanta animación por ordenador, tanta plataforma hidráulica, tanta pantalla gigante y tanto cambio de vestuario, las casi dos horas se te pasan volando y disfrutando de lo lindo.

Los mejores momentos fueron las reinterpretaciones de clásicos como Vogue, Music, Ray of Light, Frozen, Like a prayer o Into the groove. Incluso esa horterada de La isla bonita quedó muy apañada con el sorpresivo aire zíngaro. Hubo, obviamente, referencias al mundo árabe y al mundo oriental y vídeo ecologista-pacifista. Tambien se acordó de Michael Jackson mediante una lograda imitación a cargo de uno de sus bailarines que fue todo un subidón.
Vale que las canciones del último disco no son ninguna maravilla, es cierto, pero en escena ganan muchos puntos. Supongo que la iconografía de videojuegos, la pantalla rodeando a la diva o el Rolls Royce hacen que cualquier canción mejore. Incluso la presencia en las pantallas de compañías tan poco recomendables como Britney Spears o Justin Timberlake (puag) se interpretan como aciertos, dentro de unos años quizás nadie se acuerde de ellos, pero ahora Madonna los utiliza sabiamente para acercarse al público más joven. 
¿Y ella? Pues impecable, no paró de bailar y saltar durante todo el tiempo que estuvo en escena. Tan pronto saltaba a la comba cual colegiala, que hacía de dominatrix, gitana, bailarina erótica o monje encapuchado. Una locura.
Nunca he sido fan de Madonna, ni creo que sus discos sean gran cosa, pero en directo… es la reina. Las aspirantes al trono tendrán que esperar aún unos años, lo siento, Britney.
p.d.2: Gracias a Pilutxi y Alice, sin ellas este artículo no hubiera sido posible. Gracias.
