
Como dice
Ennio Morriconne: “
A genio, como a santo, sólo se llega después de muerto” y como dice mi madre: “Después de muerto le daban caldo”.
Michael Jackson fue en vida un niño prodigio, dueño de una voz privilegiada que hacía buena cualquier melodía y un talento como bailarín y cantante fuera de toda duda.
Ahora que ha fallecido en circunstancias poco claras (como todo mito norteamericano que se precie: Elvis, Marilyn), su obra y su vida se van a glorificar hasta lo infinito por millones de fans de todo el mundo.
Dicen que Michael tuvo una infancia difícil y el éxito le llego pronto, quizás demasiado, en la prestigiosa casa de discos
Tamla Motown con los míticos
Jackson Five. Para mí esa fue su mejor época, los primeros años 70. Su música se enraizaba en la música negra de décadas anteriores (James Brown, Diana Ross y las Supremes, Stevie Wonder, etc) y el
nuevo funk y disco de los años 70.
Al emprender su carrera en solitario el éxito fue estratosférico. Apadrinado por
Diana Ross y de la mano del genial
Quincy Jones facturó
grandes discos que están en la historia de la música por méritos propios.
Thriller fue su mejor disco y
será para siempre el disco más vendido de la historia, sobretodo ahora que ya casi nadie compra discos. Es innegable que nos dejó grandes temas imperecederos como
Billie Jean,
Beat it o el mismo
Thriller.

Recuerdo una Nochevieja en la que
Martes y Trece junto con
Ana Obregón presentaron el video de Thriller y pasé un miedo terrible (por el video, no por Ana obregón). Ese video y otros muchos posteriores cambiaron la forma de
vender la música (algo tuvo que ver también la MTV).
En ese aspecto
Jackson fue todo un adelantado, sus campañas publicitarias fueron pieza clave de su éxito. Gente como
Spielberg, John Landis o
Scorsese dirigían los acongojantes videos de sus canciones, siempre a la última en innovaciones técnicas mientras sus giras eran patrocinadas por Pepsi.

Pero un gran éxito conlleva también un gran peso. La industria lo engulló y la presión del éxito le hizo enclaustrarse en su propia jaula de oro: su rancho Neverland, una carísima horterada llena de niños y atracciones de feria. Al final resultó que el mayor enemigo de Michael Jackson era él mismo.
Michael Jackson era el prototipo de
artista en la cima que no sabe digerir el éxito y se aisla del mundo al más puro estilo
Howard Hughes. Millonario y con poder pero incapaz de llevar su vida y su carrera a buen puerto. Enseguida sus excentricidades se hicieron casi más famosas que sus fantásticos bailes y sus canciones.
Los escándalos, el cambio de color de piel, las cirugías (a veces bochornosas), los matrimonios de conveniencia (al más puro estilo de las monarquías del siglo XVI),
demandas, juicios, etc acabaron por sepultar su figura bajo un mar de rumores.

Lo peor de todo fue que
sus discos dejaron de ser buenos, apurando mucho creo que desde 1991 (hace 18 años!) no lanzaba material decente.
Dangerous era un disco irregular pero fue lo último interesante que hizo.
Para mí, artísticamente hablando, Michael Jackson llevaba muerto bastante tiempo. Ni Histoy (1996) ni Invencible (2001) fueron buenos discos a la altura del mito. Al final sus caras excentricidades le pasaron factura y las deudas le obligaron a anunciar una resurrección mediante una serie de conciertos en el O2 de Londres que ya nunca podrá llevar a cabo.
Siendo sinceros, este final era de esperar y no desentona con sus últimos pasos hacia el abismo. Casi es preferible antes que verlo arrastrarse por los escenarios con 60 años en giras patéticas por la pasta: imagínatelo haciendo playback y con la cara de un personaje de comic manga de 17 años. Casi es mejor así.
Muchos otros artistas han caído en la desgracia más bizarra: Boy George cumple condena por secuestrar a un chapero, Gary Glitter ha estado varios años preso en Tailandia por tener pornografía infantil en su ordenador, incluso el gran Phil Spector (el excéntrico productor de Tina Turner, The Beatles o John Lennon) cumple condena por matar de un disparo a una actriz de segunda fila. Ángeles caídos.

La casualidad ha querido que
Jackson fallezca casi a la vez que
Farrah Fawcett, otra aficionada a las cirugías que no supo asimilar su (efímera) fama ni el paso del tiempo. Lo siento Farrah, hasta en la muerte vas a ser eclipsada. Yo no recuerdo la serie
Los ángeles de Charlie pero en el film
Saturno 3 no estaba nada mal (no recuerdo ninguna otra interpretación suya, la verdad).
Descansen en paz, al fin.