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sábado, 25 de febrero de 2017

COMANCHERÍA (HELL OR HIGH WATER)


Seguimos repasando las películas candidatas a los Oscars 2017 aunque no tengan demasiadas posibilidades. Comanchería es la sorpresa de la temporada. Un film pequeño con pinta de independiente que con muy poco ruido se ha convertido en una de las mejores películas del año. Su estreno pasó por las salas con más pena que gloria, quizás debido a una casi inexistente promoción. El premio Un Certain Regard del Festival de Cannes y las cuatro candidaturas a los Oscars, incluida mejor película y Jeff Bridges como actor secundario, la avalan como una propuesta que bien vale la pena.

Comanchería es un thriller sobre dos parejas, una de hermanos atracadores de bancos y, en el otro bando, una pareja de rangers de Texas encargados de atrapar a los primeros. Estamos ante un western moderno con un exquisito gusto crepuscular. Los vaqueros del siglo XXI ya no tienen sentido, todo aquello del transporte de ganado a caballo pasó a mejor vida. Tampoco los indios son ya dueños de nada, excepto casinos. Ni siquiera los atracadores de bancos son vistos como villanos por el pueblo llano. Los verdaderos villanos son los bancos que han arrebatado al pueblo su dinero y su dignidad.  El guión de Taylor Sheridan presenta Texas como un lugar deprimido repleto de anuncios que evidencian los estragos de la crisis económica. Carteles de negocios que cierran y liquidación de deudas jalonan las calles de estos pueblos. Una pintada lo deja claro, “Tres turnos en Irak pero en casa no hay rescate”. Un claro ejemplo de cómo las autoridades han abandonado al americano medio, tanto que muchos de ellos ya no creen en el sistema y han decidido otorgar su voto a un anti-sistema como Donald Trump. Al menos Trump agitará el árbol, a ver qué cae. No creo que Comanchería sea un film a favor de Trump, la verdad, aunque sí explora el caldo de cultivo de sus votantes. Comanchería propone una certera visión del sur de EEUU: religión, mestizaje, racismo (“¿Por qué roban, si ni siquiera son mexicanos?” pregunta un personaje) y armas. La tenencia de armas lo complica todo, digan lo que digan Trump y sus votantes. Aquí los ciudadanos llevan armas y están dispuestos a usarlas para defenderse, pudiendo convertir un simple atraco en una masacre.

Ambas parejas antagonistas son interesantes y jugosas, si bien me quedo con el ranger de Texas interpretado magníficamente por el gran Jeff Bridges, quien está a punto de retirarse y disfrutar de su jubilación. Ese viejo cascarrabias irónico y sarcástico en extremo que no puede parar de soltar lindezas sobre el origen mejicano e indio de su estoico compañero (Gil Birmingham). Por otro lado, la pareja de hermanos ladrones formada por Chris Pine (Star Trek) y Ben Foster resulta bastante creíble. Son dos hermanos totalmente opuestos que se complementan a las mil maravillas en su peligroso maratón de atracos.

El británico David Mackenzie se empapa del polvo de Texas y nos entrega uno de los mejores ejemplos de western modernos. Sabe sacar partido a los puntos fuertes del guión, que son muchos y no estropea la historia con tontería ni rata al espectador de idiota. Tensas escenas de atracos, hay humor en los diálogos entre policías y cierta crítica social muy necesaria. Todo ello confluye en un duelo final memorable. Especial mención merece la banda sonora, formada por canciones de Jamey Johnson, Townes Van Zandt o Gillian Welch y música original compuesta por el gran Nick Cave y Warren Ellis


Lo dicho, un film muy recomendable.

7

viernes, 16 de noviembre de 2012

El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (The assassination of Jesse James by the coward Robert Ford)



 Cada país tiene sus mitos sobre los que vuelve una y otra vez. Nosostros tenemos al torero y la folclórica. Los yanquis tienen el psicópata, el gángster y el forajido del viejo oeste. Una vez más Jesse James volvió a la gran pantalla, esta vez encarnado por Brad Pitt.

Andrew Dominik (Chooper) elabora una buena película llena de bellas imágenes y momentos calmados sólo salpicados por algunos estallidos de violencia. Dominik no opta por el western crepuscular a lo Sam Peckimpah sino que desarrolla un estilo propio que podríamos clasificar de western desmitificador o épico con los pies en el barro. Un estilo influido por el cine de Tarantino (esos personajes que hablan sin parar sobre anécdotas insignificantes) y por el cine de autor independiente. Dominik nos ofrece bellísimas escenas de una plasticidad difícilmente superable (la llegada del tren) pero también intenta desarrollar los personajes y sus luchas internas.

 Dominik presenta un Jesse James convertido en padre de familia  y casi como un héroe romántico de mirada melancólica a través de los ojos de un casi siempre comedido Brad Pitt. Su contradictorio Jesse James tiene mucho de icono y de mundano. Es un personaje impredecible y lleno de contrastes, es astuto y cruel como buen forajido, sí, pero también un entregado padre de familia que comete errores e incluso es capaz de llorar. Quizás Brad Pitt sea el actor ideal para interpretar este tipo de personajes icónicos debido a su innegable atractivo y magnetismo en pantalla, pero nunca acabamos de entender a su personaje. Lo que más se le puede reprochar a este film puede ser que tras más de dos horas no seamos capaces de entender del todo el comportamiento de Jesse James. ¿Por qué confía en un tipo como Robert Ford? ¿Por qué se deja asesinar tan vilmente? ¿Acaso decide dejarse matar? ¿Qué le empujaría a ello? Dominik deja muchas preguntas sin responder.

 En contraste, Robert Ford (Casey Affleck) está mejor desarrollado o, al menos, sus motivaciones se nos hacen más comprensibles. Es presentado como un joven donnadie que busca ser aceptado y tratado como un igual por su ídolo de la infancia pero será rechazado una y otra vez. Cuando conoces a tus ídolos te das cuenta que no son tan inalcanzables y que quizás no sean dignos de tanta devoción. Ya sabemos que del amor al odio hay sólo un pequeño paso. Tampoco todo el mundo sirve para ser un famoso forajido. Ford ansiaba la fama pero le faltaban agallas, sus asesinatos se producen todos por la espalda (de ahí lo de cobarde), e intentó hacerse un hueco entre los forajidos pero distaba mucho de ser uno de ellos. No todos estamos hechos para ser leyendas ni estamos dispuestos a pagar el precio.



Dominik se muestra como un director con talento y un peculiar estilo propio, sabe dirigir y sabe dónde colocar la cámara. Se centra en los diálogos y los personajes aunque a veces el ritmo se resienta. El film es lento, muy lento a veces, el ritmo pausado juega a veces a su favor dando estupendos planos y escenas con voces en off acompañados por la excelente música de Nick Cave. Pero otras veces el ritmo juega en su contra haciendo innecesarios algunos momentos y alargando la trama en exceso. Sus dos horas y media se pueden hacer excesivas.

 Los amantes del cine cocinado a fuego lento la paladearán y la encontrarán deliciosa, los aficionados al cine nervioso la encontrarán exasperante.

6,5