Nos guste o no, el cine es parte de nuestra cultura. Algunas imágenes que el cine proyecta en el imaginario colectivo son tan poderosas que más de medio siglo después siguen vigentes. El cine nos ha aportado mitos que bien pueden ser considerados casi como una nueva religión. Algo así vienen a decir los protagonistas de este documental sobre el escenario del rodaje en Burgos de El bueno, el feo y el malo.
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domingo, 16 de diciembre de 2018
lunes, 18 de enero de 2016
Los odiosos ocho (The hateful eight)
El octavo film de Tarantino se podría haber publicitado como La película que casi no fue o La película que el destino no quería que vieras. Cuando el proyecto estaba en pre-producción hubo una filtración del guión, supuestamente por parte del agente del actor Bruce Dern. Dicha filtración dio al traste con las ganas de Tarantino de seguir con la película. Tras una lectura con actores y unas modificaciones en el texto, Tarantino se decidió a rodar su película. Incluso siguió con su empeño de rodarla en 70mm, toda una extravagacia que no hacía más que dificultar su distribución en salas comerciales ya que este formato ya no se usa desde hace décadas. En los últimos años únicamente Interstellar y The Master se han proyectado en este formato en las escasas salas habilitadas para ello. Pero Tarantino tiene el aval de los Weinstein, el todopoderoso clan de Hollywood.
También lo tuvo difícil a la hora de lograr que el maestro Ennio Morricone escribiera la banda sonora del film. El anciano maestro no comparte la forma de utilizar la música de Tarantino y salió bastante escaldado de sus anteriores colaboraciones. Tarantino se salió con la suya una vez más. Sin embargo, poco antes del estreno hubo otra filtración y la película estaba disponible para su descarga en las redes semanas antes de su estreno. Todo parecía estar en contra de The hateful eight, pero finalmente se ha estrenado y con bastante éxito.
Los odiosos ocho es puro cine de Tarantino trasladado al lejano oeste. Estamos ante un nuevo ejercicio de reciclaje de Tarantino. Tras más de 20 años de carrera, Tarantino ya no puede ser considerado como un chico rebelde con ganas de empatar al espectador a base de violencia y diálogos ingeniosos. Su cine es puro reciclaje, es cierto, pero nadie recicla como él y nos devuelve géneros denostados en películas de calidad. Tarantino debe ser considerado ya como un autor con un estilo propio y bien definido.
Creo que estamos ante el mejor libreto de Tarantino desde hace mucho tiempo. Me gustó la presentación de los personajes, hacía mucho que Tarantino no me sorprendía gratamente con sus diálogos y sus flashbacks. Todo el pasaje en la diligencia me parece muy logrado, lo mejor de su autor desde Kill Bill.
Estamos ante su obra más equilibrada en mucho tiempo. Sus últimas películas tenían buenos momentos pero en conjunto no resultaban coherentes. Ni Malditos bastardos ni Django desencadenado (ni mencionemos a Death proof o Planet terror) me dejaron el regusto a buen cine que sí me ha dejado The hateful eight. No pensemos ahora que este tipo ha reinventado el séptimo arte. Ni mucho menos. Pero su historia es original a base de coger elementos de sitios tan dispares como las novelas de Agatha Christie y llevarlas a una cabaña en mitad de una tormenta en el lejano oeste. Estamos ante un Whudunit en toda regla. Es decir, una trama detectivesca por descubrir quien es el culpable. Tan simple como eso. Con una buena presentación de personajes y un buen desarrollo de la trama, el amigo Tarantino nos entrega un film que se hace ameno durante buena parte de su excesivo metraje. Tarantino es tan consciente de su autoría que se permite el lujo de narrarnos él mismo con su propia voz (indispensable la versión original) parte de los hechos. También divide la acción en capítulos y obviamente la sangre es algo que abunda en su película. Puro Tarantino. De hecho, al film que más se parece es a Reservoir dogs, en ambos los personajes están atrapados y deben descubrir quien de ellos no es quien dice ser. The hateful eight se podría considerar una versión western de Reservoir dogs.

Tarantino construye un guión inteligente que mantiene al espectador siempre en vilo. Cierto, le sobran algunos minutos hacia el final pero no se me hizo tan pesado como, por ejemplo, Django Desencadenado. El hilo conductor del film siguen siendo esos diálogos endiablados y esos relatos que harán las delicias de cualquier aficionado a este autor. De los mejores casi desde Pulp Fiction.
No pude dejar de pensar que los personajes atrapados en la cabaña son una despiadada representación de la sociedad americana. Tenemos representantes de la ley que son poco de fiar, sureños racistas, mujeres golpeadas, mexicanos, ingleses con aires de superioridad, ciudadanos que se niegan a separarse de sus armas y negros que han aprendido a usar las armas que han heredado de los blancos. Todo un crisol que podría considerarse como el caldo de cultivo que ha generado la sociedad americana actual. No creo que hay sido casual el reunir a esos personajes en un lugar aislado. Esa cabaña viene a representar un país formado por personas que no se fían los unos de los otros.

Para poner en marcha todo este complicado castillo de naipes Tarantino necesita una vez más de actores que estén a la altura. Ahí tenemos a actores ya habituales en su filmografía como Kurt Russell, Tim Roth, Michael Madsen o Samuel L. Jackson. Todos están más que perfectos y se mueven como pez en el agua esa pecera llena de tiburones que es la cabaña. Pero de todo el reparto yo me quedo con una sensacional Jennifer Jason Leigh. Me encantó su personaje y la forma de plasmarlo de esta señora, una lástima que su trayectoria ha pasado con más pena que gloria en los últimos lustros. Quizás esta película suponga el espaldarazo definitivo para su carrera, ya sabemos lo que les gusta a los yanquis lo de relanzar carreras mortecinas.
Lo dicho, lo mejor de Tarantino en mucho tiempo.
También lo tuvo difícil a la hora de lograr que el maestro Ennio Morricone escribiera la banda sonora del film. El anciano maestro no comparte la forma de utilizar la música de Tarantino y salió bastante escaldado de sus anteriores colaboraciones. Tarantino se salió con la suya una vez más. Sin embargo, poco antes del estreno hubo otra filtración y la película estaba disponible para su descarga en las redes semanas antes de su estreno. Todo parecía estar en contra de The hateful eight, pero finalmente se ha estrenado y con bastante éxito.
Los odiosos ocho es puro cine de Tarantino trasladado al lejano oeste. Estamos ante un nuevo ejercicio de reciclaje de Tarantino. Tras más de 20 años de carrera, Tarantino ya no puede ser considerado como un chico rebelde con ganas de empatar al espectador a base de violencia y diálogos ingeniosos. Su cine es puro reciclaje, es cierto, pero nadie recicla como él y nos devuelve géneros denostados en películas de calidad. Tarantino debe ser considerado ya como un autor con un estilo propio y bien definido.
Creo que estamos ante el mejor libreto de Tarantino desde hace mucho tiempo. Me gustó la presentación de los personajes, hacía mucho que Tarantino no me sorprendía gratamente con sus diálogos y sus flashbacks. Todo el pasaje en la diligencia me parece muy logrado, lo mejor de su autor desde Kill Bill.
Estamos ante su obra más equilibrada en mucho tiempo. Sus últimas películas tenían buenos momentos pero en conjunto no resultaban coherentes. Ni Malditos bastardos ni Django desencadenado (ni mencionemos a Death proof o Planet terror) me dejaron el regusto a buen cine que sí me ha dejado The hateful eight. No pensemos ahora que este tipo ha reinventado el séptimo arte. Ni mucho menos. Pero su historia es original a base de coger elementos de sitios tan dispares como las novelas de Agatha Christie y llevarlas a una cabaña en mitad de una tormenta en el lejano oeste. Estamos ante un Whudunit en toda regla. Es decir, una trama detectivesca por descubrir quien es el culpable. Tan simple como eso. Con una buena presentación de personajes y un buen desarrollo de la trama, el amigo Tarantino nos entrega un film que se hace ameno durante buena parte de su excesivo metraje. Tarantino es tan consciente de su autoría que se permite el lujo de narrarnos él mismo con su propia voz (indispensable la versión original) parte de los hechos. También divide la acción en capítulos y obviamente la sangre es algo que abunda en su película. Puro Tarantino. De hecho, al film que más se parece es a Reservoir dogs, en ambos los personajes están atrapados y deben descubrir quien de ellos no es quien dice ser. The hateful eight se podría considerar una versión western de Reservoir dogs.

Tarantino construye un guión inteligente que mantiene al espectador siempre en vilo. Cierto, le sobran algunos minutos hacia el final pero no se me hizo tan pesado como, por ejemplo, Django Desencadenado. El hilo conductor del film siguen siendo esos diálogos endiablados y esos relatos que harán las delicias de cualquier aficionado a este autor. De los mejores casi desde Pulp Fiction.
No pude dejar de pensar que los personajes atrapados en la cabaña son una despiadada representación de la sociedad americana. Tenemos representantes de la ley que son poco de fiar, sureños racistas, mujeres golpeadas, mexicanos, ingleses con aires de superioridad, ciudadanos que se niegan a separarse de sus armas y negros que han aprendido a usar las armas que han heredado de los blancos. Todo un crisol que podría considerarse como el caldo de cultivo que ha generado la sociedad americana actual. No creo que hay sido casual el reunir a esos personajes en un lugar aislado. Esa cabaña viene a representar un país formado por personas que no se fían los unos de los otros.

Para poner en marcha todo este complicado castillo de naipes Tarantino necesita una vez más de actores que estén a la altura. Ahí tenemos a actores ya habituales en su filmografía como Kurt Russell, Tim Roth, Michael Madsen o Samuel L. Jackson. Todos están más que perfectos y se mueven como pez en el agua esa pecera llena de tiburones que es la cabaña. Pero de todo el reparto yo me quedo con una sensacional Jennifer Jason Leigh. Me encantó su personaje y la forma de plasmarlo de esta señora, una lástima que su trayectoria ha pasado con más pena que gloria en los últimos lustros. Quizás esta película suponga el espaldarazo definitivo para su carrera, ya sabemos lo que les gusta a los yanquis lo de relanzar carreras mortecinas.
Lo dicho, lo mejor de Tarantino en mucho tiempo.
7
jueves, 17 de enero de 2013
Django desencadenado (Django unchained)
Quentin Tarantino es el gran gurú del cine comercial de los últimos 20 años. El maestro de la técnica del corta y pega ha abordado las artes marciales, la blaxplotation, la segunda guerra mundial o el cine negro. Era de esperar que, tarde o temprano, desembarcara en el western.
Django desencadenado es Tarantino en estado puro, cine divertido sin mayores pretensiones. Por supuesto, Tarantino sigue homenajeando y copiando todo lo que se le antoja. Esta vez le ha tocado al spagueTti western de Sergio Leone, pues a ello a saco. Tarantino sabe lo que no gusta de esa películas y nos lo ofrece en bandeja. Imita el aire retro de los títulos de crédito, raya digitalmente el negativo de la película para envejecerlo, usa trucos viejos para la sangre, copia planos de Sergio Leone e incluso recupera la música del maestro Ennio Morriconne. Sin complejos de ningún tipo. Ya que copia, lo hace a plena luz del día, algo que honra al amigo Tarantino. No como otros que copian y lo hacen sin citar sus fuentes ni sus referencias. Tarantino fue fan antes que director y su filmografía puede verse como un intento de emular y dar prestigio a ese cine de serie B que nunca ha tenido el merecido reconocimiento.
Pero en Django Tarantino no sólo emula films del pasado, como siempre, aporta elementos de su cosecha propia: diálogos ingeniosos, situaciones inverosímiles, recuperación de viejas glorias (Don Johnson en este caso), etc. El film tiene una primera parte muy buena, con unos personajes y unos diálogos que se podrían enmarcar dentro de lo mejor que ha escrito y dirigido el amigo Tarantino. Ese dentista metido a cazador de recompensas interpretado magistralmente por Christoph Waltz es todo un hallazgo. Sus frases y la forma de salir de las situaciones límite que él mismo provoca son simplemente geniales. Obviamente, Jamie Foxx no puede competir con el carisma de su compañero pero es un eficaz contrapunto. El esclavo recién liberado y el cazador de recompensas formarán una singular unión. Juntos empezarán un viaje iniciático semejante al de Don Quijote y Sancho Panza. A mí su relación me recordó a la Quijotización de Sancho, es decir: ambos personajes acabarán asumiendo como suyas cualidades que intentan erradicar en el otro. Sancho intentará que Don Quijote no crea en ínsulas pero él mismo acabará creyendo en ellas al final justo cuando Don Quijote recupere la cordura en su lecho de muerte. Algo así ocurre en Django desencadenado, el maestro acabará finalmente asumiendo cualidades que intenta reprimir en el alumno. Todos somos humanos.
Un spaghetti western necesita un villano a la altura, un ser tan cruel y despiadado al que el público desee ver morir y al que lamente que sólo se le pueda matar una vez. Nada mejor para ello que el racista dueño de una plantación interpretado por un Leonardo DiCaprio al que se le nota que se lo pasó muy bien en esta película. DiCaprio está excesivo e histriónico, pero el personaje lo requiere. Su disertación sobre el motivo por el que los esclavos no se rebelan es ya todo un clásico a la altura de los mejores momentos de la filmografía de Tarantino. La tensión durante la escena de la cena y todo el desenlace de la misma me gustaron mucho. Hablando de racistas, la escena del Ku Klux Klan es tan divertida como terrible: hay que ver el daño que pueden hacer unos pocos paletos con la cara tapada.
Lamentablemente, Tarantino es otro que últimamente tiene problemas para saber qué debe cortar de una película, no todo lo rodado tiene la misma calidad ni se puede mantener el interés del espectador durante tres horas a base del carisma de los personajes y situaciones límite. Pasada la primera mitad, Tarantino se enreda en unos diálogos que ya no son tan absorbentes. A mí me pareció algo tediosa y demasiado larga la parte final del film. Aún nos quedan sorpresas y algún tiroteo espectacular (con miles de litros de sangre y música de hip hop incluida) pero el film ha perdido fuelle y el factor sorpresa. Justo cuando aparece Franco Nero, en un cameo sólo explicable como homenaje al film Django que Nero protagonizó en los 70, es cuando el ritmo empieza a decaer. Todo lo referente al personaje de Samuel L. Jackson se me hizo especialmente cargante. Tampoco le veo mucho sentido al cameo del propio Tarantino, es ya demasiado tarde y alarga el film innecesariamente. Es casi imperdonable que un film que empieza tan condenadamente bien acabe con el espectador mirando el reloj.
Me ocurre con Django desencadenado como con Malditos bastardos, tiene momentos de puro cine de entretenimiento pero el exceso de metraje está a punto de arruinar la diversión.

6
viernes, 16 de noviembre de 2012
El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (The assassination of Jesse James by the coward Robert Ford)
Andrew Dominik (Chooper) elabora una buena película llena de bellas imágenes y momentos calmados sólo salpicados por algunos estallidos de violencia. Dominik no opta por el western crepuscular a lo Sam Peckimpah sino que desarrolla un estilo propio que podríamos clasificar de western desmitificador o épico con los pies en el barro. Un estilo influido por el cine de Tarantino (esos personajes que hablan sin parar sobre anécdotas insignificantes) y por el cine de autor independiente. Dominik nos ofrece bellísimas escenas de una plasticidad difícilmente superable (la llegada del tren) pero también intenta desarrollar los personajes y sus luchas internas.
Dominik presenta un Jesse James convertido en padre de familia y casi como un héroe romántico de mirada melancólica a través de los ojos de un casi siempre comedido Brad Pitt. Su contradictorio Jesse James tiene mucho de icono y de mundano. Es un personaje impredecible y lleno de contrastes, es astuto y cruel como buen forajido, sí, pero también un entregado padre de familia que comete errores e incluso es capaz de llorar. Quizás Brad Pitt sea el actor ideal para interpretar este tipo de personajes icónicos debido a su innegable atractivo y magnetismo en pantalla, pero nunca acabamos de entender a su personaje. Lo que más se le puede reprochar a este film puede ser que tras más de dos horas no seamos capaces de entender del todo el comportamiento de Jesse James. ¿Por qué confía en un tipo como Robert Ford? ¿Por qué se deja asesinar tan vilmente? ¿Acaso decide dejarse matar? ¿Qué le empujaría a ello? Dominik deja muchas preguntas sin responder.
En contraste, Robert Ford (Casey Affleck) está mejor desarrollado o, al menos, sus motivaciones se nos hacen más comprensibles. Es presentado como un joven donnadie que busca ser aceptado y tratado como un igual por su ídolo de la infancia pero será rechazado una y otra vez. Cuando conoces a tus ídolos te das cuenta que no son tan inalcanzables y que quizás no sean dignos de tanta devoción. Ya sabemos que del amor al odio hay sólo un pequeño paso. Tampoco todo el mundo sirve para ser un famoso forajido. Ford ansiaba la fama pero le faltaban agallas, sus asesinatos se producen todos por la espalda (de ahí lo de cobarde), e intentó hacerse un hueco entre los forajidos pero distaba mucho de ser uno de ellos. No todos estamos hechos para ser leyendas ni estamos dispuestos a pagar el precio.
Los amantes del cine cocinado a fuego lento la paladearán y la encontrarán deliciosa, los aficionados al cine nervioso la encontrarán exasperante.
6,5
jueves, 15 de septiembre de 2011
Cowboys & aliens

Un vaquero despierta en mitad del desierto incapaz de recordar nada de su pasado. En su muñeca tiene un extraño brazalete.
Opino que se ha desperdiciado una buena oportunidad de realizar un sano ejercicio de ironía y/o desmitificación sobre los géneros que se fusionan. La primera parte del film sigue fielmente los cánones establecidos por el western (un pueblo en mitad de la nada, un forastero, un cacique, vaqueros, bandidos, un salón, una pelea en el salón, una búsqueda, emboscadas, indios, etc) todo muy visto. La parte de ciencia ficción tampoco se puede decir que sea muy original: hay un extraño brazalete, unos bichos muy feos y unas naves que proporcionan unas buenas escenas de acción, pero todo ello no aporta nada nuevo ni especialmente reseñable al género. Opino que hay que saber jugar con los géneros para aportar algo nuevo. Pero Favreau sólo aporta efectos especiales.

Lo peor es que el film cuenta con un desaprovechado reparto de lujo. Tiene a dos iconos del cine de aventuras de dos generaciones distintas. Por un lado tenemos a un Daniel Craig que está correcto como un desmemoriado y duro cowboy. Es innegable que este tipo tiene carisma. Tampoco va falto de carisma el veterano Harrison Ford, aquí cambia algo su eterno papel de héroe por el de cacique un tanto rudo. No se puede decir que esta película aporte nada a sus respectivas carreras, la verdad. Olivia Wilde está correcta como la chica del film y tiene bastante química con Craig. Sam Rockwell me gustó en un papel muy alejado de los tarados que suele interpretar habitualmente. Por su parte, Paul Dano y Keith Carradine me parecieron lo mejor de la peli, pero salen muy poco.

En definitiva, un film con buenos actores que podría haber sido algo interesante, pero se queda en muy poquita cosa. Ver y olvidar.
4,5
sábado, 2 de octubre de 2010
Arthur Penn y el cine moderno

El día 28 de Septiembre murió a los 88 años el director de cine norteamericano Arthur Penn. Quizás su nombre no os diga mucho, pero Penn fue uno de los mejores directores de los años sesenta y setenta. Penn tuvo el privilegio y la suerte de formar parte del final del cine clásico y adentrarse sin fisuras en el cine moderno.
Penn fue director de películas tan imprescindibles como El zurdo (1958), El milagro de Ana Sullivan (1962), La jauría humana (1966), Bonnie and Clyde (1967), El restaurante de Alicia (1969), Pequeño gran hombre (1970) y La noche se mueve (1975). Si no has visto alguna de ellas, deberías flagelarte cada noche hasta que las hayas visto todas.
Heredero del buen cine clásico de los años 40 y 50, sus películas son excelentes formalmente hablando, sin las estridencias ni moderneces pasajeras que vendrían en décadas posteriores (zooms vertiginosos, músicas sintetizadas, constantes cambios de plano, etc). La dirección de Penn era precisa, basando sus películas en buenas historias, en unos personajes perfectamente definidos y una magistral dirección de actores. Pero sus historias empezaban a ser mucho más críticas con la convulsa realidad social de la época. Temas como los anti héroes, la violencia, los prejuicios, la hipocresía social y el racismo empezaban a hacerse un hueco entre tanto héroe perfecto de décadas anteriores.

Un ejemplo: Pequeño gran hombre, es un estupendo western desmitificador con apariencia de sátira. Penn narra la azarosa vida de un blanco que es raptado por los indios siendo un niño. Con ellos se criará hasta que, ya de adolescente, volverá a vivir entre el hombre blanco para acabar finalmente volviendo a integrarse entre los indios. De esta manera conocerá de primera mano ambas sociedades, sus usos y costumbres. En el contraste entre ambas culturas salen bastante mejor parados los indios que el hombre blanco. Al menos, su mundo es mucho menos mezquino y egoísta. En este film los indios son mostrados sin ningún tipo de prejuicio y no son los malos de la historia que siempre les había tocado ser. ¿Pueden establecerse paralelismos entre la guerra de Vietnam y el exterminio de los indios americanos? Seguramente.

Lo mejor que se puede decir de un director es que su mano no se note, que sea imperceptible, que su estilo narrativo y visual pase desapercibido mientras visionamos una película. Hubo una época en la que el director se supeditaba a la historia. Es una forma de dirigir que ya no se lleva, hoy en día los directores quieren que su estilo esté omnipresente en cada fotograma. Valga como ejemplo Tim Burton, un autor fácilmente reconocible tanto por su estética como por sus temas, pero cuyas historias cada vez sorprenden menos (o aburren, directamente). ¿El avance en la técnica ha ido en detrimento de la narrativa? ¿Ya no hay historias como las de antes ni se cuentan como antes? Se podría decir que sí. Con cuatro efectos especiales, unos jóvenes esculturales, 4 disparos y un plano cada 2 segundos parece que ya tienes una película, da igual lo hueca que ésta sea.
No creo que todo esté perdido ni soy un nostálgico, aún quedan buenos autores capaces de realizar buenas historias, cada vez menos, pero aún quedan. Ahí siguen Clint Eastwood y Woody Allen (y algún otro) que aún nos entretienen con sus historias. Dicho sea de paso, probablemente los avances técnicos actuales serán vistos dentro de 40 años como arcaicos pero nadie nunca podrá decir que las películas de Arthur Penn sean arcaicas.
Arthur Penn se ha ido, pero su cine nos acompañará siempre.
sábado, 21 de noviembre de 2009
EL FUERA DE LA LEY (The Outlaw Josey Wales, 1976)

El otro día en una animada conversación cinéfila de sobremesa uno de los contertulios osó a sabiendas lanzar una afirmación que nos puso a casi todos los pelos de punta: en su opinión, las películas antiguas de Clint Eastwood no son tan buenas. Son films divertidos pero no son las maravillas que todo el mundo parece creer hoy en día. En general a mí esta afirmación me parece algo descabellada pero luego se soltó sobre la mesa una bomba atómica que me hizo caer fulminado: El fuera de la ley no era más que un western del montón. Y por ahí sí que no paso.
Entiendo que las películas de Clint Eastwood como actor son míticas por diversos motivos. Los western de Sergio Leone eran pura diversión y desmitificación de un género que a finales de los sesenta ya empezaba a dar signos de cansancio. Leone con su peculiar estilo (imitado hoy en día por muchos incluido Tarantino) y gracias a la música del gran Ennio Morricone creó grandes momentos del cine con unas historias rodadas en Almería con dinero italiano. Los spaghetti western fueron todo un hallazgo, quizás eran excesivos en muchos momentos o se tomaban demasiadas libertades estilísticas pero es innegable que son un entretenimiento puro. Momentos como el duelo final con el reloj en La muerte tenía un precio (1965) son grandes momentos del CINE con mayúsculas.

El cine sobre el Oeste americano que había imperado en las décadas anteriores daba paso a una nueva generación de directores que nos daban una visión mucho más pesimista del género. Ya no había galanes apuestos ni héroes de una pieza. El mundo estaba cambiando, ya no estaban los límites entre el bien y el mal tan definidos como en años anteriores. Supongo que la guerra de Vietnam y toda su repercusión social propiciaron un giro hacia un cine más adulto, menos idealizado. Directores como Sam Peckimpah o el mismo Leone nos presentan un Oeste violento, sucio, polvoriento (o inundado de barro) lleno de personajes ruines y cobardes.
El western crepuscular de Peckimpah tuvo en Grupo Salvaje o La balada de Cable Hogue sus máximos exponentes. Los limpios y aseados héroes de una pieza interpretados por John Wayne, Gary Cooper o James Stewart daban paso a otro tipo de héroes (o antihéroes) bastante más ambiguos que Clint Eastwood encarnó como nadie.
También Eastwood desarrolló una carrera en Norteamérica principalmente a las órdenes del siempre eficiente Don Siegel. Con Siegel (autor también de la maravillosa La invasión de los ladrones de cuerpos, 1956) Eastwood rodó westerns como la divertida Dos mulas y una mujer (1970) o la magnífica El seductor (1971), siendo esta última una clara referencia del cine que Eastwood desarrollaría posteriormente. Pero también hicieron junto policíacos como La jungla humana (1968) y sobretodo Harry el sucio (1971).

Los films de Siegel eran muy buenos, testigos del paso del cine clásico al moderno, eran los sesenta y setenta, no son todos obras maestras pero son muy superiores a cualquier film de acción o thriller de hoy día. En nuestra memoria quedará para siempre Harry el sucio, sus frases lapidarias y su peculiar forma de machacar a los malos. Es cierto que un tufillo fascista y machista rodea al personaje pero eso le hace aún más carismático.
Eastwood parecía ser sólo un actor con muy buena planta y cara de duro, pero pronto aprendió a rodar de la mano de Siegel y Leone (no son malos maestros, la verdad) y empezó a desarrollar un cine más que interesante a la vez que comercial. La cualidad de unir calidad y comercialidad es desde luego uno de las principales logros de Eastwood. Una peli en la que aparezca el nombre de Eastwood nunca aburre, ni un segundo, de muy pocos actores o directores se puede decir lo mismo. Y menos si consideramos su extensa de su carrera.
En sus primeros films como director Eastwood nos presenta el género que mejor conocía: el western, pero con una peculiar mirada. Su quinto film como director fue El fuera de la ley (1976). Pieza central de una cuatrilogía sobre el western con Infierno de cobardes (1973), El jinete pálido (1985) y Sin perdón (1992). Igualmente su carrera como director ha ido in crescendo con otros géneros con resultados sobresalientes como Escalofrío en la noche, Million dollar baby, Mystic River, El intercambio o Gran Torino (por citar sólo unas pocas).

Cuando vi El fuera de la ley de pequeño (sí, en Sábado Cine) me dejó alucinado. Era una peli sucia, oscura, pesimista pero con un cierto mensaje optimista al final. Primeramente Josey Wales no es del bando de los buenos. Es un personaje marcado por la tragedia y el odio, un hombre que se enrola en la guerra en busca de los yanquis asesinos de su familia. Pero la guerra termina y él no ha encontrado a los asesinos y además está en el bando perdedor. Los malos perdieron la guerra pero los que la ganaron quizás no fueran tan buenos. Una situación nada fácil pero Josey Wales no se rinde fácilmente. Con todo en contra y sin nada que perder, iniciará una huida hacia delante que dejará todo un reguero de sangre a su paso.
Eastwood construye aquí uno de sus mejores personajes, que no dejan de ser siempre el mismo con pequeñas variaciones. La cicatriz de su cara, el sombrero, sus muletillas, el sonido de las espuelas a cada paso y la continua manera de mascar y escupir tabaco convierten al personaje en todo un icono, un mito del cine. A pesar de ser un famoso renegado, Wales ya no mata si puede evitarlo (da la oportunidad de huir a sus oponentes) pero no tiene remordimientos si lo hace (de forma bastante cruel).

En la tenaz persecución que se establece en su busca Wales conocerá multitud de personajes: indios, tramperos, ancianos, mujeres, cazadores de recompensas y rufianes de todo tipo. Pero sobretodo parias de la sociedad. Los marginados que no tienen cabida en el nuevo orden nacido tras la guerra se irán uniendo a Wales en su huida. En la caravana de repudiados de Wales se formará una especie de comunidad, un mundo aparte de la abusiva ley de los triunfadores. Como si de Jesucristo se tratara, Wales se rodea de los marginados de la sociedad y los dirige hacia un mundo mejor (aunque el camino esté lleno de espinas).
Es ahí donde El fuera de la ley, aparte de ser un film entretenido como pocos y técnicamente brillante, adquiere una dimensión casi épica. Más que un western crepuscular yo diría que es un western mesiánico. En un mundo que se derrumba y sin valores, serán los marginados de la sociedad los que busquen un lugar aparte para vivir. Wales apuesta por vivir a su manera sin seguir las estrictas normas de una sociedad hipócrita (algo que Eastwood ya trató en Infierno de cobardes).
¿Escenas que hacen grande a esta película? Así a bote pronto se me ocurren una cuantas. El encontronazo frontal de Wales con 4 de sus perseguidores en un pueblo o la del cazador de recompensas al que le dan la oportunidad de olvidarse del asunto y volver a casa con su familia (y él toma la decisión equivocada) me parecen escenas memorables y a la altura de los mejores westerns de la historia. Por otro lado secundarios como el jefe indio o el perro son sencillamente entrañables. Es cierto que tenemos que aguantar a la compañera sentimental de Eastwood por esas fechas, la inevitable Sondra Locke, pero no lo hace nada mal.
Yo, desde luego, no creo que sea un film del montón, sino uno de los mejores westerns de la historia. O al menos, uno de mis favoritos y de otro muchos bloggeros con mejor criterio que el mío.
Y encima el film tiene moraleja. Como se dice al final del film, morir no es forma de vivir.
viernes, 5 de junio de 2009
El topo (1970)

Alejandro Jodorowsky nació en Chile en el año 1929. Desde muy joven se embarcó en el mundo del arte en un teatro de marionetas. En 1953 se trasladó a Francia donde trabajó elaborando números de mimo para Marceu (por los que nunca cobró un céntimo ya en lo números de mimo no había letra ni música sujetos a posibles derechos de autor de ningún tipo). Tras algunos contactos con antiguos surrealistas como André Breton, decide formar su propio movimiento artístico. Así en 1962 formó el movimiento Pánico junto con Roland Topor y Fernando Arrabal (tristemente más conocido por el milenarismo va a llegar). Inspirados por el semi-dios Pan, el movimiento Pánico tenía por objetivo sorprender al espectador y hacerle pensar partiendo de esa inicial sorpresa. Jodowsky volvería a Sudamérica en 1965 con sus experimentales y vanguardistas espectáculos teatrales. Allí empezó a interesarse por el cine y adaptó la obra de su amigo Arrabal, Fando y Lis. El Topo fue su segunda y controvertida incursión cinematográfica.
Jodorowsky entiende el arte como herramienta para sanar (suena raro y lo es). Jodorowsky es (o dice ser) muchas cosas: poeta, escritor, guionista de cómics, filósofo, experto en Tarot de Marsella, director de cine, etc pero su fin último parece ser sanar el alma del ser humano a través del arte. Muy probablemente, Jodorowsky no sea más que un charlatán que ha conseguido vivir del cuento durante toda su vida, pero El Topo es una película de culto en toda regla, la primera de todas ellas por mérito propio. Odiada e incomprendida por la mayoría y fascinante para unos pocos.
Jodorowsky dirigió El Topo en 1970, John Lennon la vio y se dedicó a predicar a los 4 vientos que era la mejor película que jamás había visto. Es lógico que le gustara a Lennon, es un film lleno de alegorías al cristianismo y a la filosofía oriental, repleto de metáforas y muy muy impactante. Todo muy acorde con el Lennon de los años 70. Pero tras la publicidad que el ex Beatle atrajo hasta la película, creo que hay mucho más: una profunda y amarga reflexión sobre la condición humana. Una cosa está clara, el visionado de El topo no deja indiferente a nadie. Atreveros si pensáis que ya nada puede impactaros.
Jodorowsky entiende el arte como herramienta para sanar (suena raro y lo es). Jodorowsky es (o dice ser) muchas cosas: poeta, escritor, guionista de cómics, filósofo, experto en Tarot de Marsella, director de cine, etc pero su fin último parece ser sanar el alma del ser humano a través del arte. Muy probablemente, Jodorowsky no sea más que un charlatán que ha conseguido vivir del cuento durante toda su vida, pero El Topo es una película de culto en toda regla, la primera de todas ellas por mérito propio. Odiada e incomprendida por la mayoría y fascinante para unos pocos.
Jodorowsky dirigió El Topo en 1970, John Lennon la vio y se dedicó a predicar a los 4 vientos que era la mejor película que jamás había visto. Es lógico que le gustara a Lennon, es un film lleno de alegorías al cristianismo y a la filosofía oriental, repleto de metáforas y muy muy impactante. Todo muy acorde con el Lennon de los años 70. Pero tras la publicidad que el ex Beatle atrajo hasta la película, creo que hay mucho más: una profunda y amarga reflexión sobre la condición humana. Una cosa está clara, el visionado de El topo no deja indiferente a nadie. Atreveros si pensáis que ya nada puede impactaros.
El film se inicia con la narración de una pequeña parábola de la vida del hombre, viene a decir que el hombre es como el topo, siempre bajo el suelo buscando salir a la luz (felicidad), pero cuando finalmente lo logra… se queda ciego.

El film no deja de ser una gran metáfora sobre el hombre, las religiones y el sentido de la vida. El protagonista es un pistolero (Jodorowsky) que vaga sin destino por el desierto, allí descubrirá que su fe no era tan fuerte como él creía. Por el amor de una mujer abandonará a su hijo y se enfrentará a cuatro pistoleros en cuatro pruebas. Luego será robado por la mujer y dado por muerto. Posteriormente el pistolero será recogido por unos seres marginados de la sociedad y meditará en una cueva durante años, para salir renacido...
Jodorowsky no es un gran director, ni demuestra una gran habilidad técnica, tampoco tuvo un presupuesto decente pero sus ganas de escandalizar y provocar son innegables. Y realmente consigue remover la conciencia y las entrañas del espectador: no tiene reparos en mostrar escenas desagradables o repulsivas ni en lanzarnos incómodas verdades a la cara. Por la peli veremos actuando a actores mutilados y enanos, también hay escenas muy violentas y bizarras. Todo el surrealismo de Luis Buñuel o David Lynch se quedan cortos en comparación con el desierto de esta película y los extraños personajes que lo habitan.

De hecho creo que es la película más incomoda de ver y a la vez más extrañamente fascinante con la que me he topado en mi vida (luego vi otras del autor como La montaña sagrada o Santa sangre y me dejaron igualmente roto por dentro). A mí me provocó muchas preguntas, ¿La fe es importante aunque en lo que tengas fe sea falso? ¿Existe realmente un sentido de la vida? ¿Vale la pena buscarlo? ¿Qué hacer si lo encuentras? ¿Es el personaje de el pistolero una metáfora de Cristo y los cuatro pistoleros son los cuatro evangelistas?
Supongo que la mayoría de los espectadores dejarán de verla a los pocos minutos, pero si haces un esfuerzo (yo tuve que hacerlo) puede que descubras un film totalmente distinto a todo lo que conoces. Un film que no intenta sólo contarte una historia, intenta cambiar tu forma de ver el mundo. Que lo logre y además te guste ya son harina de otro costal.
La leyenda sobre los films de Jodorowsky es inmensa:
- El abuso de drogas fue bastante común mientras se rodaban El topo y otras películas del autor. Jodorowsky dice no recordar haber rodado ciertas escenas, hay actores que nadie sabe de donde salieron ni qué fue de ellos. A veces se encerraban en el set de rodaje colocados hasta las cejas y sin parar de rodar. El visionado de lo rodado era sorprendente, como poco. Cosas que podían tener sentido bajo el efecto del peyote o el LSD cobraban un significado totalmente distinto al verlas un espectador no colocado.
- Los exhibidores no supieron que hacer con la película El Topo (era demasiado diferente) y la pasaron a medianoche, dando inicio a los pases de medianoche de films poco comerciales o de culto.
- John Lennon y Yoko Ono se quedaron tan fascinados con el film que convencieron a su amigo millonario Allen Klein para que comprara los derechos de distribución de El Topo y le diera 1 millón de dólares a Jodorowsky para que rodara lo que quisiera.
- Jodorowsky rodó con el dinero de Klein La montaña sagrada (otro film alucinógeno) pero se negó a rodar el film erótico Historia de O. En represalia, Klein secuestró las copias del El topo. Durante años Jodorowsky ha estado regalando copias pirata de su propia película. Hace pocos años han llegado a un acuerdo y ya está remasterizada y editada en dvd.
- La montaña sagrada iba a estar protagonizada por otro Ex Beatle: George Harrison, pero el guión incluía un primer plano de su ano defecando, Harrison se negó en redondo a rodar tal cosa y fue sustituido por otro actor. Jodorowsky era consciente de la publicidad que Harrison iba a proporcionar a su film, pero se negó a cambiar ese plano. El arte es así.
-¿Fans de El topo? Peter Gabriel, David Lynch, Bob Dylan, Dennis Hopper, Marilyn Manson, etc
- Jodorowsky ha intentado varias veces llevar a cabo la secuela "El hijo del Topo" pero no encuentra financiación (algo parecido le pasó con su fallido proyecto sobre Dune). Se rumoreaba que Marilyn Manson y David Lynch podrían financiarla, pero el proyecto parece cancelado definitivamente...
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