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miércoles, 18 de marzo de 2015

Nightcrawler


 El guionista Dan Gilroy da el salto a la dirección con esta película. Al igual que su hermano Tony Gilroy (Michael Clayton), Dan se ha reservado para su debut en la dirección su mejor guión hasta la fecha.

 El Louis Bloom de Nightcrawler nos recuerda al inolvidable Travis Bickle de Taxi driver. Ambos son personajes solitarios, inadaptados que se pasean sin rumbo por el lado más sórdido de la noche en grandes ciudades americanas (si bien Gilroy cambia Nueva York por Los Angeles). Ambos tienen un objetivo y saben perfectamente cómo conseguirlo. Ambos están determinados a hacer realidad ese sueño americano que se les prometió desde niños y parece que les ha dejado tirados.
 Travis quería dejar de ser un don nadie y ser famoso, para lograr sus quince minutos de fama está dispuesto a cualquier cosa. Travis realizará un desesperado acto de extrema violencia pero el plan de Bloom es mucho más perverso, si cabe.
Bloom es mucho más peligroso porque sabe lo que demás quieren y qué están dispuestos a hacer para conseguirlo. Bloom se nos presenta como un perfecto conocedor del alma humana, de sus miserias y sus intereses, un negociador nato, un tipo tremendamente inteligente con un objetivo muy claro. Louis Bloom es un sociópata, un extorsionador y un trepa en toda regla que dejaría pequeño al Pequeño Nicolás. Aunque no tenga formación, Bloom es muy inteligente y persuasivo a la vez que un negociador nato, cualidades que cualquier empresa querría para sus directivos.


Un parecido más que razonable entre Travis y Louis Bloom.
 Bloom encuentra una oportunidad de ser alguien como reportero freelance (en vez de taxista), recorre las calles buscando impactantes imágenes de accidentes y actos violentos ocurridos durante la noche. Lo cual me lleva a plantearme: ¿Tan fácil es interceptar la emisora de las policía? ¿Es tan fácil colarse en una cadena de televisión? ¿De donde viene la fascinación por la violencia que parece sentir esta sociedad?

 Bloom se adentra en el mundo de los medios audiovisuales en constante de búsqueda de impactar al espectador, cosa que cada vez es más difícil. Unos medios que buscan noticias de víctimas blancas heridas a manos de minorías con el objetivo de atemorizar a su público. Ya sabemos que un pueblo con miedo siempre es más manejable y consume más. Bloom con su verborrea será un tiburón mas en unas aguas infestadas de ellos.
 El film, como la genial Asesinos natos, carga las  tintas contra los medios más que contra los criminales. Un criminal debe responde con sus actos ante un tribunal de justicia pero nadie parece pedir responsabilidades a los medios de comunicación que se enriquecen explotando de forma sensacionalista los actos violentos. Se produce una sangrante invasión de la privacidad en beneficio del negocio.

El personaje de Rene Russo es paradigmático de unos medios de comunicación dispuestos a cualquier cosa por la audiencia. En Bloom encontrará la horma de su zapato y su complemento ideal. La singular relación que se establece entre ellos irá cambiando de forma asombrosa conforme avance la trama. Tampoco podríamos catalogar de convencional la relación que Bloom establece con su único empleado, más se parece a una vulgar explotación que a una relación laboral. Los diálogos entre empresario y empleado me parecieron magistrales.

 Nightcrawler es una estupenda y negra mirada a una sociedad enferma en la que cualquier trepa se puede posicionar en una posición de privilegio e imponer sus condiciones. Un film tenso magníficamente escrito, fotografiado y dirigido que se ve clavado al asiento temiendo por la siguiente acción de un Louis Bloom magistralmente interpretado por Jake Gyllenhaal. La carrera de este actor nos está dando muchas y agradable sorpresa en los últimos tiempos (Enemy, Prisioneros).

 Sinceramente, no entiendo el motivo por el que Nightcrawler ha sido la gran ausente en las nominaciones a los Oscars. Solamente el guión fue nominado, pero en opinión de quien escribe estas líneas tanto el film en su conjunto como las interpretaciones de Jake Gyllenhaal y Rene Russo eran merecedoras de nominación.

Recomendable y perturbadora.

7

martes, 25 de febrero de 2014

Thor: El mundo oscuro


  Reconozco que Thor era uno de mis superhéroes favoritos de crío, de hecho, no era un superhéroe al uso, era un dios nórdico. Sin embargo, con esta película creo que han hecho un batiburrillo que intenta contentar a todos y finalmente no ha contentado a nadie.

 ¿Es Thor un dios nórdico? ¿Es un extraterreste? ¿Vive en otra dimensión? Al no definir claramente el origen de personaje hay bastantes cosas que no acaban de encajar. Puede que en la puritana Norteamérica actual no sea admisible una religión politeísta ni siquiera como excusa para un film de superhéroes, así pues ha habido que dejar la naturaleza de los personajes en tinieblas. Sigo sin entender por qué los dioses (o lo que sean) usan naves espaciales y pistolas de rayos. Tampoco veo bien que Heimdall (el guardián del arcoíris entre Asgard y la tierra) sea un afroamericano (hay que cumplir la cuota de actores negros aunque sea interpretando a dioses nórdicos) por mucho que lo haga el siempre eficiente Idris Elba. Tampoco resultó verosímil (ya sé que es pedir demasiado) que dicho arcoíris mágico se pueda atravesar con una nave espacial. El film adolece de una indefinición no sólo temática sino también de tono y estilo visual que me resultó algo indigesta. Las escenas de lucha recuerdan peligrosamente a las de El señor de los anillos y los escenarios me recordaron a los escenarios digitales de Star wars.  Thor 2 no es capaz de hallar su estilo visual propio.

 El guión es flojo, para qué vamos a mentir. Parece que han intervenido demasiadas manos para su elaboración y muchos elementos no acaban de encajar. El guión no consigue que el tono del film sea el acertado, no es tan divertida ni desenfadada como Los vengadores ni tan sobria como la primera entrega. Incluso algunos momentos de humor a cargo de los becarios me resultaron forzados y fuera de lugar. Tampoco la aparente locura del personaje del personaje de Stellan Skarsgård me pareció coherente con el resto del film aunque sirva para uno de los cameos más divertidos de Stan Lee.

El personaje de Natalie Portman está metido con calzador (qué casualidades tiene la vida). Por cierto, el mundo mágico de la mitología no puede ser explicado con aparatos de medición y alineaciones de planetas, menuda chorrada. La magia es magia y no tiene sentido intentar medirla con aparatos electrónicos. Lo del éter maligno no hay quien se lo crea y el villano Malekith no termina de resultar amenazador. Sólo la presencia de Loki (genial Tom Hiddelston) consigue levantar una trama que va dando tumbos sin demasiado acierto. Por cierto, yo sigo echando de menos el casco con cuernos característico de este personaje en los cómics. Debe ser otro atributo que no han considerado apropiado. ¿qué decir de Anthony Hopkins? Pues que cada día está más pasota: voy, me visten de drag queen, digo unas frases delante de una pantalla verde y me embolso unos cuantos millones de dólares. Yo también lo haría.

 Por cierto, me resultó ridículo y forzado el plano sin camisa del guapo y fornido Chris Hemswoth, es un plano que no aporta nada excepto evidenciar que Thor se lava las manos como cualquier mortal (aunque de forma mucho más atractiva).
Sí hay buenos efectos especiales, como es de esperar, pero poco más. El director Alan Taylor, curtido en las mejores de televisión de los últimos años como Juego de Tronos, Mad men, Los Soprano o Boardwalk empire, dirige de forma eficiente esta inconsistente torre de Babel que finalmente acaba cayendo en el olvido. Su forma de rodar es acertada y consigue que la trama se siga con algo de interés (a pesar de lo previsible que es) pero el guión es tan irregular... Seguro que Taylor es capaz de cosas mucho mejores con una historia bien hilvanada.

Por mucho mundo oscuro que se cite en el título, el film es bastante blandito y para todos los públicos. Quizás la compra de Marvel a manos de Disney se esté empezando a notar.
4,5