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viernes, 10 de octubre de 2014

Recordando La Primera Guerra Mundial


Lo que me parece más terrible de la Primera Guerra Mundial es que se podía haber evitado. Hubiera bastado un poco menos de ambición imperialista y espíritu bélico para evitar la mayor carnicería de la historia hasta ese momento.

 Hagamos un esfuerzo por entender una parte fundamental de la Historia:

 A principios del siglo XX Europa se encontraba sumida en lo que se llama la Paz Armada: Europa estaba divida en dos bloques que no habían entrado aún en conflicto pero para el que se estaban destinando ingentes cantidades de dinero en armamento. Se habían establecido unas coaliciones de naciones frente a ataques externos. Por un lado estaba la Triple Alianza formada por los imperios centrales: Alemania, el imperio Astro-húngaro e Italia. Por otro lado estaba la Triple Entente, formada por Francia, Rusia y Gran Bretaña. 

 El asesinato en Sarajevo (Bosnia) del sucesor al trono del imperio Astro-húngaro el archiduque Francisco Fernando y su esposa por Gavrilo Princip (del grupo terrorista La mano negra) el 28 de Junio de 1914 sirvió de excusa para que las ansias expansionistas de los imperios europeos se pusieran en marcha.
 El imperio otomano se estaba debilitando y desintegrando poco a poco. No olvidemos que los turcos habían llegado siglos a tras a sitiar la ciudad de Viena. En los años previos a 1914 se habían independizado del imperio turco países de los Balcanes como Bosnia y Serbia. De hecho, Bosnia había sido anexionada por el imperio Astro–húngaro y todo parecía indicar que Serbia correría la misma suerte ya que Austria buscaba una salida al mar negro a través de Serbia y Bulgaria. Ese hecho chocaba frontalmente con los intereses del imperio ruso. El zar Nicolás segundo (quien mantenía a su pueblo sumido en un retraso medieval) no estaba dispuesto a permitir que Austria tuviera salida al mar negro. Rusia alardeaba de poder movilizar a 6 millones de soldados, el ejército más numeroso del mundo.
Europa en 1914.
  El poderoso imperio astro-húngaro impuso unas duras condiciones a Serbia que incluían ceder parte de su soberanía para que fuera Viena quien buscara y juzgara a los culpables del atentado. El acercamiento de las tropas rusas a la frontera fue la excusa que el recientemente creado imperio alemán esperaba para declarar la guerra a Rusia. En la guerra todos quisieron ver la manera de expandir sus territorios y establecer su hegemonía en Europa y las colonias.

 Las conversaciones diplomáticas no surgieron efecto y la guerra se hizo inevitable. Francia, aliada de Rusia, también entró en la guerra y fue atacada por Alemania al igual que lo sería Bélgica. Todo ello provocó la entrada en la contienda de Gran Bretaña a favor de sus aliados. Los imperios centroeuropeos de Alemania y Austria estaban rodeados estableciéndose dos frentes.  Las potencias coloniales extendieron el conflicto a sus colonias en África con la intención de debilitar las fuerzas del enemigo diversificando los frentes.
 Lo que se pensó que sería un conflicto breve se acabó alargando 4 años. Sin embargo los avances armamentísticos (ametralladoras, fuego de artillería) contribuyeron a la caballería ya no fuera de utilidad para romper la líneas enemigas. Los frentes se estancaron dando paso a una guerra de trincheras. Los campos de batalla dejaron paso a embarradas trincheras en las que el frío, los piojos y los gases tóxicos hacían estragos entre los soldados. Entre las líneas de cada bando se establecía una tierra de nadie, un peligroso territorio (habitualmente minado y/o gaseado) que había que cruzar lo antes posible hasta llegar a las líneas enemigas.
 Rusia demostró que estaba bastante retrasada en cuanto a comunicaciones e infraestructuras, sus 6 millones de soldados tardaban demasiado en llegar al frente y estaban equipados muy deficientemente. El imperio Otomano tomó partido por la Triple Alianza esperando recuperar su antiguo esplendor, igualmente Bulgaría se posicionó a favor de Alemania. Las fuerzas estuvieron bastante igualadas hasta casi el final de la guerra, siendo ésta una guerra de desgaste más que de triunfantes batallas.
Tras la revolución rusa de 1917, el gobierno de los soviéticos hizo un tratado de paz con Alemania, mediante el cual Rusia se retiraba de la lucha. Por su parte Italia, miembro de la Triple Alianza, cambió de bando en 1915 y entró en la contienda a favor de los aliados. Este hecho provocó que al finalizar la guerra sus aspiraciones territoriales no fueran satisfechas, lo que originó un fuerte rechazo entre la población.
 La entrada en la guerra de Los Estados Unidos en 1917 acabó por nivelar la balanza del lado de La Triple Entente. El presidente norteamericano Woodrow Wilson había mantenido a su país al margen de la guerra a pesar de los continuados ataques a buques norteamericanos por parte de submarinos alemanes en su búsqueda de aislar a Gran Bretaña. De hecho, su reeleción se produjo bajo el slogan de que Woodrow había mantenido a su país fuera de la contienda. Sin embargo, el hecho que hizo abandonar la neutralidad de los norteamericanos fue la difusión de un telegrama  del Secretario de Asuntos exteriores alemán, Arthur Zimmermann. En el telegrama, descifrado por los británicos, Zimmermann prometía a México la devolución de los territorios de Texas, Arizona y Nuevo México a cambio de entrar en la guerra atacando a Estados Unidos. México declinó la oferta, pero la difusión del telegrama hizo cambiar a la opinión pública norteamericana a favor de entrar en la guerra. El presidente Wilson ya tenía de su parte a la opinión pública.
Tropas rusas en una trinchera, nada de cascos de metal o máscaras anti gas.
 Lamentablemente, el armisticio de 1918 y los sucesivos tratados cargaron las tintas contra Alemania (se le retiraron las colonias, se limitó su ejército a su mínima expresión, se le hizo única responsable de la guerra) y le condenaron a pagar una desorbitada cantidad en indemnizaciones como responsable única del conflicto. Todo ello originó un fuerte descontento entre la población alemana que en las décadas posteriores fue hábilmente encauzado por Adolf Hitler y su partido nazi. Por cierto, Hitler participó como soldado en la Primera Guerra Mundial llegando a cabo y ganando una cruz de hierro.

Adolf Hitler, primero por la izquierda, durante la Primera Guerra Mundial
 La guerra supuso el final de los imperios Alemán, Astro-húngaro y Otomano También hubo otras consecuencia del armisticio dentro y fuera de Europa, se movieron fronteras y se crearon países nuevos como la ya extinta Yugoslavia. A pesar de lo prometido por los británicos, no se creó un estado árabe tras el desmantelamiento del imperio Otomano. Lo que provocó una profunda desilusión en el mundo árabe y en su mayo valedor en Occidente: Lawrence de Arabia.

 Como podemos observar, las consecuencias de esta guerra que empezó hace 100 años siguen siendo visibles hoy en día. El avispero de los Balcanes y las ansias expansionistas de las grandes potencias como Rusia siguen tristemente de actualidad. Esperemos que algo hayamos aprendido en este siglo (algunos desde luego no lo han hecho) y no volvamos a repetir los errores del pasado.

 Ni siquiera Gavrilo Princip podría imaginarse las consecuencias de su atentado. Princip murió en prisión en Abril de 1918, apenas 6 meses antes del fin de la guerra que él desencadenó y que marcó la historia para siempre.



jueves, 14 de febrero de 2013

Lincoln


Steven Spielberg se atreve finalmente a hacer un film sobre la figura del presidente americano por antonomasia, Abraham Lincoln. Lincoln es una figura intocable de la política y la cultura norteamericanas, su decimotercera enmienda de la Constitución (la que prohibía la esclavitud) y su trágica muerte cimentaron aún más el mito.

Si Oliver Stone parece especializado en hacer películas sobre presidentes en las que saca a la luz los trapos sucios de la sociedad americana, Spielberg se acerca al mito Lincoln con un respeto casi reverencial. Parece que al antiguamente llamado Rey Midas de Hollywood el paso del tiempo le está ablandando, se cree un autor serio y éste está siendo su error: piensa que su cine puede mejorar al espectador, ya no le vale con divertirle o emocionarle. Yo prefiero al Spielberg que sólo busca entretener al público y no al que busca aleccionarlo.

 Volviendo a Lincoln, Spielberg nos devuelve a una época histórica y a un tema que ya supuso una de sus más pretenciosas películas y uno de sus mayores fracasos, aquella empanada patriótica que era Amistad. Ya en las primeras escenas de Lincoln asistimos a unos momentos un tanto bochornosos en los que varios personajes le dan profundas muestras de admiración a su presidente. Mal inicio. Por momentos parece que vamos a asistir a una película propagandística de los parabienes de la democracia americana y un ensalzamiento del personaje retratado. Todo ello con un tufillo a pastelón que recuerda a ese horror del almíbar que era Caballo de batalla.

Al film le cuesta demasiado arrancar, pero cuando lo hace Spielberg nos demuestra una vez más lo gran director que es cuando no le pierde el sentimentalismo. Rueda de forma pausada, con lentos movimientos de cámara y casi imperceptibles zooms y travelings, todo con un estilo muy clásico que le cae perfecto a esta historia. Spielberg no hace alardes técnicos innecesarios ni moderneces y se centra en los personajes y los diálogos.

Lincoln nos introduce de lleno en los entresijos de la política americana de la época. Veremos la dinámica interna de los partidos, los debates en la cámara de representantes, la compra de votos en forma de empleos públicos, el arte de las medias verdades, trato de favor (el segundo hijo de Lincoln es destinado lejos del frente), tráfico de influencias, investigaciones a las mujer del presidente por sus gastos domésticos, etc. Curiosamente todos estos temas están de la más candente actualidad hoy día.


Spielberg realiza un estupendo drama político con buen ritmo a pesar de sus dos horas y media, si bien es cierto que a los que no les interesa la política yanqui se pueden aburrir como ostras. No es mi caso. Incluso me parecieron fascinantes ciertos momentos del guión como el diálogo de la brújula, la votación final o anécdota sobre George Washington. Yo me quedo con la frase sobre los indultos: "La guerra ha casi terminado, de qué sirve un cadáver más." Me pareció interesante que el film muestre a Lincoln como un idealista sobre una cuerda floja intentando mantener el equilibrio mientras sortea innumerables obstáculos pero no duda en mostrar aspectos poco edificantes como la compra de votos o la mentira para conseguir sus objetivos.
 Spielberg sabe que tiene un gran material entre manos y no lo desaprovecha aunque al final le pueda el sentimentalismo. Alarga innecesariamente su film con uno de esos nefastos epílogos  en busca de la lágrima fácil que son lo peor de obras maestras como La lista de Schindler o Salvar al soldado Ryan.

En cuanto a los actores, Daniel Day-Lewis nos regala otra de sus memorables interpretaciones, simplemente asombrosa su caracterización y su forma de afrontar el personaje. Estupenda está también la veterana Sally Field como la afligida madre que aún no superado la pérdida de un hijo en una guerra y se resiste a la posibilidad de perder a otro. Es una actitud totalmente comprensible que pone en un serio dilema al presidente.

Del resto del reparto me quedo con Tommy Lee Jones que está genial en su complejo personaje de Taddeus Stevens y James Spader que sorprende muy gratamante (con lo flojo que suele ser este actor).

Por cierto, el veterano John Williams aburre con su eterna partitura, que se jubile que se lo tiene bien merecido. Todos hemos crecido con sus imborrables melodías para Star Wars, Tiburón, E.T., Parque Jurásico o Indiana Jones pero todo tiene un final. Hasta el Papa Benedicto XVI ha sabido retirarse a tiempo.

Lincoln es cine de calidad, pero a Spielberg le falla, una vez más, un pretencioso final que echa a perder buena parte de sus innegables logros.

7

jueves, 11 de noviembre de 2010

Elizabeth: La edad de Oro


Tiene bemoles la cosa, mientras en España Vicente Aranda se dedica a hacer bodrios eróticos sobre nuestra historia (Juan La Loca, Carmen, Tirante el Blanco) los ingleses echan mano a la suya para hacer grandes films como Elizabeth: La edad de oro. Así pues, nos vemos obligados a ver nuestra historia contada por el otro bando y nos toca ser los malos. Es una lástima que, teniendo una historia tan rica y con tantos personajes interesantes, la desaprovechemos tan estúpidamente.


La película es la continuación del film Elizabeth (1998) y nos narra el reinado de la reina Isabel I de Inglaterra (hija de Enrique VIII y Ana Bolena como todo buen seguidor de la estupenda serie Los Tudor debería saber). Un reinado marcado por las luchas entre protestantes y católicos en la Europa del siglo XVI y la enemistad con la católica España de Felipe II, Armada invencible incluida. Llama la atención que ambas películas están dirigidas por el director hindú Shekhar Kapur. Un hindú narrando la historia de Inglaterra (no deja de ser paradójico) y encima lo hace francamente bien.

Además nos cuenta los entresijos del poder, conspiraciones, alianzas y traiciones que toda corte debe tener. El personaje de Elizabeth me pareció más interesante que en la anterior película, ahora es más segura, ha aceptado su posición de reina y se ha negado a esposarse con ningún pretendiente. Sabe que casándose deberá someterse a los intereses de su marido y con ella se sometería todo su reino. Así pues, ella no se casará con nadie e Inglaterra será libre. Ella no puede enamorarse, aunque sea la mujer más poderosa del planeta, se ha prohibido el amor a sí misma. Aun así, no puede reprimir del todo sus sentimientos.

Se han eliminado algunos personajes y hechos para hacer la cosa más llevadera. Pero en general es bastante fiel y esclarecedora para los que no conozcan esta parte de la historia. Es una buena reconstrucción de la época, vemos a consejeros, corsarios, indios americanos, asistimos a la llegada de la patata a Europa desde América, etc. No olvidemos que lo hace sin aburrir en ningún momento y sin escenas de sexo gratuito (otro gallo nos cantaría si la peli fuera española).

Todo ello aderezado con la música de Craig Armstrong además de unos trajes, pelucas, decorados, localizaciones e interpretaciones de auténtico lujo. Todo el reparto está muy bien, a destacar la sobresaliente interpretación de Cate Blanchett (se sale), Geoffrey Rush lo borda como el fiel consejero Walsingham y Clive Owen hace bien su papel de corsario vividor y aventurero. Por cierto, Jordi Mollá hace de un ridículo Felipe II, más parece un cruce entre un murciélago y un fanático religioso que un rey, cosas de ser el malo de la función.

Muy recomendable para aprender historia de forma amena.

7,5

viernes, 3 de septiembre de 2010

Los Tudor: entretenimiento didáctico

Ayer en la televisión pública asistí a uno de esos espectáculos gloriosos que la televisión nos brinda de vez en cuando. Me refiero a uno de esos momentos sublimes que justifican sobradamente la existencia de esa caja (habitualmente) tonta que nos demuestran que tras ella hay (a veces) gente inteligente. Uno de esos momentos que te hacen amar las series de televisión.
Por que no sólo de cotilleos baratos y platós repletos de idiotas gritando se alimentan nuestros ojos catódicos. A veces la televisión sirve tanto para entretener como para enseñar, en una misión pedagógica muy loable. A veces nos enseña que si hoy hablamos un determinado idioma o profesamos una determinada religión, puede deberse a los caprichos de la historia o a los problemas de alcoba de los gobernantes de hace 5 siglos. La HISTORIA (algo fundamental para entender nuestro presente) está rellena pasajes muy interesantes poco conocidos y que son un material estupendo para series y películas. Algo a lo que los anglosajones saben sacar partido, quizás deberíamos aprender de ellos.

Ayer asistí a la degradación moral de un personaje histórico como el rey de Inglaterra Enrique VIII, en primera fila y acompañado de una producción de lujo. Con un ritmo pausado pero seguro, la serie Los Tudor nos ha mostrado la evolución de un joven e idealista rey hasta convertirse en un déspota, un monstruo egoísta. Un personaje capaz de cambiar el rumbo de la historia por el amor de una mujer, un hombre capaz de ejecutar a sus amigos, enfrentarse a su conciencia, a las potencias euopeas, al Papa y a Dios mismo. Todo por el amor de una mujer.
Pero dicho amor no duró mucho y ayer pudimos ver cómo se pierde el favor de un rey, cómo la joya más preciada se convierte en un estorbo, cómo todo por lo que has luchado carece finalmente de valor.
Gran tragedia con toques clásicos la de Enrique VIII, un claro ejemplo de que la realidad supera a la ficción.

No os preocupéis , hay serie para rato. Aún van por la segunda mujer y no olvidemos que tuvo seis.