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miércoles, 7 de marzo de 2018
El hilo invisible (Phantom Thread)
El hilo invisible es otra muestra más de lo insoportable y soporífero que puede llegar a ser el cine de Paul Thomas Anderson.
jueves, 14 de febrero de 2013
Lincoln
Steven Spielberg se atreve finalmente a hacer un film sobre la figura del presidente americano por antonomasia, Abraham Lincoln. Lincoln es una figura intocable de la política y la cultura norteamericanas, su decimotercera enmienda de la Constitución (la que prohibía la esclavitud) y su trágica muerte cimentaron aún más el mito.
Si Oliver Stone parece especializado en hacer películas sobre presidentes en las que saca a la luz los trapos sucios de la sociedad americana, Spielberg se acerca al mito Lincoln con un respeto casi reverencial. Parece que al antiguamente llamado Rey Midas de Hollywood el paso del tiempo le está ablandando, se cree un autor serio y éste está siendo su error: piensa que su cine puede mejorar al espectador, ya no le vale con divertirle o emocionarle. Yo prefiero al Spielberg que sólo busca entretener al público y no al que busca aleccionarlo.
Volviendo a Lincoln, Spielberg nos devuelve a una época histórica y a un tema que ya supuso una de sus más pretenciosas películas y uno de sus mayores fracasos, aquella empanada patriótica que era Amistad. Ya en las primeras escenas de Lincoln asistimos a unos momentos un tanto bochornosos en los que varios personajes le dan profundas muestras de admiración a su presidente. Mal inicio. Por momentos parece que vamos a asistir a una película propagandística de los parabienes de la democracia americana y un ensalzamiento del personaje retratado. Todo ello con un tufillo a pastelón que recuerda a ese horror del almíbar que era Caballo de batalla.
Al film le cuesta demasiado arrancar, pero cuando lo hace Spielberg nos demuestra una vez más lo gran director que es cuando no le pierde el sentimentalismo. Rueda de forma pausada, con lentos movimientos de cámara y casi imperceptibles zooms y travelings, todo con un estilo muy clásico que le cae perfecto a esta historia. Spielberg no hace alardes técnicos innecesarios ni moderneces y se centra en los personajes y los diálogos.
Lincoln nos introduce de lleno en los entresijos de la política americana de la época. Veremos la dinámica interna de los partidos, los debates en la cámara de representantes, la compra de votos en forma de empleos públicos, el arte de las medias verdades, trato de favor (el segundo hijo de Lincoln es destinado lejos del frente), tráfico de influencias, investigaciones a las mujer del presidente por sus gastos domésticos, etc. Curiosamente todos estos temas están de la más candente actualidad hoy día.
Spielberg realiza un estupendo drama político con buen ritmo a pesar de sus dos horas y media, si bien es cierto que a los que no les interesa la política yanqui se pueden aburrir como ostras. No es mi caso. Incluso me parecieron fascinantes ciertos momentos del guión como el diálogo de la brújula, la votación final o anécdota sobre George Washington. Yo me quedo con la frase sobre los indultos: "La guerra ha casi terminado, de qué sirve un cadáver más." Me pareció interesante que el film muestre a Lincoln como un idealista sobre una cuerda floja intentando mantener el equilibrio mientras sortea innumerables obstáculos pero no duda en mostrar aspectos poco edificantes como la compra de votos o la mentira para conseguir sus objetivos.
Spielberg sabe que tiene un gran material entre manos y no lo desaprovecha aunque al final le pueda el sentimentalismo. Alarga innecesariamente su film con uno de esos nefastos epílogos en busca de la lágrima fácil que son lo peor de obras maestras como La lista de Schindler o Salvar al soldado Ryan.
En cuanto a los actores, Daniel Day-Lewis nos regala otra de sus memorables interpretaciones, simplemente asombrosa su caracterización y su forma de afrontar el personaje. Estupenda está también la veterana Sally Field como la afligida madre que aún no superado la pérdida de un hijo en una guerra y se resiste a la posibilidad de perder a otro. Es una actitud totalmente comprensible que pone en un serio dilema al presidente.
Del resto del reparto me quedo con Tommy Lee Jones que está genial en su complejo personaje de Taddeus Stevens y James Spader que sorprende muy gratamante (con lo flojo que suele ser este actor).
Por cierto, el veterano John Williams aburre con su eterna partitura, que se jubile que se lo tiene bien merecido. Todos hemos crecido con sus imborrables melodías para Star Wars, Tiburón, E.T., Parque Jurásico o Indiana Jones pero todo tiene un final. Hasta el Papa Benedicto XVI ha sabido retirarse a tiempo.
Lincoln es cine de calidad, pero a Spielberg le falla, una vez más, un pretencioso final que echa a perder buena parte de sus innegables logros.
7
viernes, 2 de julio de 2010
Pozos de ambición (There will be blood)

No soy muy aficionado al cine de Paul Thomas Anderson. Su primera película Boogie Nights no estaba mal y nos hizo pensar que estábamos ante una nueva promesa. Magnolia no me pareció una película tan genial como muchos otros opinan, demasiado larga y dispersa, pero era interesante. Punch-drunk love (Embriagado de amor) no me gustó nada, es un experimento insoportable que sólo consiguió irritarme.
Pozos de ambición narra los primeros 30 años del siglo XX en California en pleno boom del petróleo. El petróleo es el verdadero protagonista del film. No olvidemos que aún hoy el petróleo provoca guerras.El personaje de Daniel Plainview (magistralmente interpretado por Daniel Day-Lewis) es un todo un filón, un verdadero superviviente, un tipo duro dispuesto a todo con tal de satisfacer su ambición. Una especie de Ciudadano Kane del petróleo.

En su camino encontrará la oposición de un joven predicador (Paul Dano) tan ambicioso y manipulador como él. La confrontación está servida. Durante varios años asistiremos a las trampas, zancadillas y venganzas entre ambos personajes. Ambos pueden representar dos visiones de ver el mundo que inevitablemente entrarán en colisión. Por un lado Plainview puede ser la burguesía emergente a principios del siglo XX, unos hombres que ambicionan el poder económico y político que durante siglos han detentado otros estratos sociales. Precisamente entre esos estratos sociales favorecidos ha estado la Iglesia, un estamento que pretende seguir ejerciendo el poder. Progreso y tradición entrarán en conflicto irremediablemente. El petróleo desplazará a Dios y será el nuevo opio del pueblo. Habrá sangre pero todos sabemos que los poderosos acabaron aliándose para seguir manteniendo el poder.
A pesar de tener un argumento muy interesante y con múltiples lecturas, a mí la película me dejó algo frío. Las interpretaciones de Daniel Day-Lewis y Paul Dano son geniales y tiene escenas realmente maravillosas (el incendio, la iglesia, la mina) pero Anderson no ha sabido darle ni el ritmo ni la intensidad que la historia necesitaba.
Igual ha sido premeditado, pero Anderson aburre por momentos. La película es demasiado larga y varias escenas no aportan nada. No logra engancharte casi en ningún momento a pesar de la gran factura técnica ni por las cuidadas música y fotografía. Por otro lado, personajes interesantes (el hijo, los ayudantes, el hermano) quedan apenas esbozados, sin desarrollar, eclipsados por la arrolladora personalidad de Plainview.
Una pena. Esta historia y estos actores daban para mucho más.
6
lunes, 15 de febrero de 2010
NINE

Me gustan los musicales, algunas de mis películas favoritas (El fantasma del paraíso, All the jazz, Cabaret, Cotton Club, Bailar en la oscuridad) son musicales. Me parece un género muy delicado en el que el equilibrio es esencial, siendo muy fácil caer en el ridículo o en el aburrimiento.
Rob Marshall triunfó hace unos años con Chicago, un musical muy sobrevalorado que no era gran cosa pero tenía un par de canciones memorables. Sin embargo, en Nine Marshall no logra ni un par de números musicales decentes. Los actores, la fotografía, los decorados y la dirección artística son espectaculares pero los números musicales hacen naufragar todo el conjunto.
La historia está bien (sin dejar de ser una adaptación de una adaptación de la peli 8 y medio de Fellini), pero Marshall no consigue darle el ritmo necesario a la historia ni consigue hacernos disfrutar con las canciones. En un musical, se supone que en los números musicales el espectador debe quedarse con la boca abierta, maravillado de unas letras ingeniosas, unos bailes espectacualeres y una puesta en escena fasciante. Nada de esto ocurre en Nine. Los números musicales son bastante insulsos. Les falta garra.

Para un musical no basta con una cuidada fotografía y una buena coreografía, las canciones y la forma de rodarlas son fundamentales. A mí las canciones de Maury Yeston no me gustaron y no conecté con ellas en casi ningún momento. Sólo los números de Fergie (Be italian) y los de Marion Cotillard me parecen destacables. Penélope Cruz está muy sexy y lo que quieras pero su canción no es nada del otro mundo. El de Kate Hudson no deja de ser un mal videoclip de Paulina Rubio. Para ver videos musicales me pongo la Mtv o el youtube. Un musical debe ser otra cosa.

Es una pena que estupendos actores como Daniel Day-lewis (Pozos de ambición), Marion Cotillard (La vida en rosa, Enemigos públicos) o Judi Dench (Casino Royale) no consigan levantar esta película por muy bien que estén. En concreto, Day-Lewis compone un complejo personaje lleno de contradicciones y pasiones encontradas. Lamentablemente el resto del film no está a su altura.
Lo peor del lujoso reparto creo que son Nicole Kidman (Australia), Sofia Loren y Fergie, entre las tres suman casi tantas operaciones de estética como Cher, lo que les resta mucha expresividad y credibilidad a sus interpretaciones, sobre todo si pensamos que el film está ambientado en 1956.
Una lástima.
4
miércoles, 20 de febrero de 2008
Pozos de ambición (There will be blood)

No soy muy aficionado al cine de Paul Thomas Anderson. Su primera película Boogie Nights no estaba mal y nos hizo pensar que estábamos ante una nueva promesa. Magnolia no me pareció una película tan genial como muchos otros opinan, demasiado larga y dispersa. Punch-drunk love (Embriagado de amor) no me gustó nada, es un experimento insoportable que sólo consiguió irritarme.
Anderson es un tipo que sabe rodar y siempre tiene historias interesantes pero es tan peculiar (leáse aburrido o pedante) que no es fácil conectar con su cine. Comparte con Wes Anderson no sólo el apellido sino también unas ganas tremendas de hacer lo que le da la gana e innovar. Innovar, lo que se dice innovar… sí que innova. Pero también aburre.
Pozos de ambición narra los primeros 30 años del siglo XX en California en pleno boom del petróleo. El petróleo es el verdadero protagonista del film. No olvidemos que aún hoy el petróleo provoca guerras.
El personaje de Daniel Plainview (magistralmente interpretado por Daniel Day-Lewis) es un todo un filón, un verdadero superviviente, un tipo duro dispuesto a todo con tal de satisfacer su ambición. Una especie de Ciudadano Kane del petróleo.
En su camino encontrará la oposición de un joven predicador (Paul Dano) tan ambicioso y manipulador como él. La confrontación está servida. Durante varios años asistiremos a las trampas, zancadillas y venganzas entre ambos personajes.
A pesar de tener un argumento muy interesante, a mí la película me dejó frío. Las interpretaciones de Daniel Day-Lewis y Paul Dano son geniales y tiene escenas realmente maravillosas (el incendio, la iglesia, la mina) pero Anderson no ha sabido darle ni el ritmo ni la intensidad que la historia necesitaba.
Igual ha sido premeditado, pero Anderson aburre. La película está llena de escenas que no aportan nada. No logra engancharte en ningún momento ni por la gran factura técnica ni por la música ni la fotografía. Por otro lado, personajes interesantes (el hijo, los ayudantes, el hermano) quedan apenas esbozados, sin desarrollar, eclipsados por la arrolladora personalidad de Plainview.
Una pena. Esta historia y estos actores daban para mucho más.
6
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