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viernes, 11 de octubre de 2013

Blue Velvet, 1986



 Tras el fiasco de Dune y una buena cantidad de dinero perdido, el productor Dino De Laurentiis decidió financiar a David Lynch su siguiente proyecto tras leer el guión que el mismo Lynch había elaborado. Tan entusiasmado estaba DeLaurentiis que decidió darle total libertad creativa y sólo puso un par de condiciones: el film debía ser barato y no sobrepasar las 2 horas de duración. Así nació Blue Velvet.

 Blue Velvet era un proyecto que David Lynch tenía en mente desde hacía años. Era sólo una fantasía sobre colarse en la habitación de una chica para espiarla en secreto y, casualmente, verse envuelto en un asesinato. También la canción Blue Velvet de Bobby Vinton y la idílica imagen formada por una valla blanca, unas rosas rojas y un cielo azul rondaban en la mente del director. Lynch nació en 1946 por lo que tenía 17 años cuando Vinton llegó al nº1 con esa canción en 1963 y en la mente de Lynch estaba asociada a su juventud.


 La melodramática música de Angelo Badalamenti (en su primera banda sonora) acompaña los títulos de crédito iniciales con las letras sobre un fondo de terciopelo azul, el espectador aún no lo sabe pero ese terciopelo tendrá un significado fundamental (y fetichista) durante la película. El vestido de uno de los personajes principales es de ese tejido, pero lo que vemos al inicio del film más parece una cortina movida por el viento. Quizás Lynch nos introduzca ya desde el inicio en el origen de la pesadilla.

 Luego, sin previo aviso, al acabar los títulos de crédito, Lynch nos presenta una idílica escena en Lumberton, un tranquilo pueblo maderero americano. Suena la canción Blue velvet de Bobby Vinton (realmente una versión del tema de Tonny Bennet). Es un día soleado y todo parece transcurrir sin problema alguno, un bombero nos saluda al pasar en su camión, los niños van a la escuela y un hombre riega apaciblemente su jardín mientras su mujer ve la televisión en el confortable salón familiar. Todo parece perfecto: hace sol y los pájaros cantan. Lynch despliega ante nuestros ojos la idílica América rural de los años 50 y 60. Pero la imagen de un arma en la televisión nos presagia que algo horrible va a ocurrir. La manguera con la que riega el hombre se estrangula y poco después éste cae al suelo, fulminado, supuestamente, por un ataque al corazón. Idea que parece reforzada por el estrangulamiento de la manguera, estableciéndose un paralelismo entre la manguera y las arterias del hombre. El hombre cae boca arriba y su perro bebe el agua que sigue fluyendo de la manguera. Lynch se centra en el césped del jardín y penetra en él, dejando ver lo que se esconde bajo la superficie: escarabajos y lombrices.
 Así empieza Blue Velvet de David Lynch, un perfecto resumen de la obra de su autor. Lynch muestra que debajo de una aparente tranquilidad y perfección se esconde siempre lo feo y lo desagradable. Nos negamos a verlo, pero la maldad y la muerte están siempre ahí. Es un mundo extraño dirá el personaje de Sandy, tiene razón.



Blue Velvet es el nacimiento a la edad adulta de dos adolescentes. Un viaje iniciático desde la inocencia a la aceptación (quizás resignación) de la edad adulta. El encuentro casual de una oreja humana arrancada brutalmente desencadenará toda una serie de acontecimientos que hará que nuestros jóvenes protagonistas conozcan la verdadera naturaleza del mundo.

Jeffrey (Kyle MacLachlan) es el hijo adolescente del hombre que ha sufrido un ataque y permanece en el hospital. Jeffrey está aburrido, ha dejado la universidad debido a la enfermedad de su padre y al regresar a su pueblo ya no queda ninguno de sus amigos. Tampoco el trabajo en la ferretería familiar parece muy excitante. Jeffrey descubre casualmente una oreja humana en el campo. Por cierto, las hormigas que recorren la oreja abandonada me recordaron a Un perro andaluz de Buñuel y Dalí. Jeffrey es un adolescente con ciertos rasgos infantiles, así lo demuestra el pueril juego de tirar piedras por el camino. Pero Jeffrey es curioso por encima de todo. Pero es casi tan ingenio como curioso. Llevará su descubrimiento a la policía, siendo el detective Williams el encargado del caso. Ante el mutismo de Williams, será su hija, Sandy (Laura Dern), la que informará a Jeffrey de algunos detalles que podrían estar relacionados con la oreja cortada. Así Jeffrey descubrirá la existencia de la cantante Dorothy Vallens (Isabella Rosellini) y urdirá un plan para colarse en su apartamento en busca de respuestas. La curiosidad que mueve a Jeffrey es la misma que siente el espectador, sus ojos dentro del armario mirando por las rendijas de la puerta son los nuestros. Jeffrey es un voyeur, como los propios espectadores.
A partir de ese punto, el mundo de Jeffrey y Sandy se irá desmoronando a pasos agigantados mientras descubrirán otra realidad que desconocían. Una realidad llena de violencia y locura. Además, Jeffrey se verá envuelto en un singular y peligroso triángulo amoroso: mientras su relación con Sandy no puede ser más convencional, su relación con Dorothy no puede ser más bizarra. Ambas mujeres se complementan perfectamente, una es la novia ideal que todo buen muchacho querría y la otra es ese oscuro e inconfesable objeto de deseo. Al entablar una relación con Dorothy, Jeffrey madurará dejando de ser un adolescente y descubriendo que algunos deseos es mejor que no se hagan realidad (valga como ejemplo su primer contacto sexual con Dorothy).

 Todo macabro cuento infantil necesita un villano, y el Frank Booth encarnado magistralmente por Dennis Hooper es de los mejores de la historia del cine. Hooper incorporó a su personaje algunos elementos como la mascarilla de gas y cierta tendencia a decir compulsivamente fuck. Frank es un ser brutal lleno de obsesiones y traumas que parecen condicionar todo su comportamiento. Primeramente, es incapaz de excitarse sexualmente si no es a través de la violencia. Frank necesita golpear y dominar a su víctima, sólo así consigue la excitación necesaria. Frank no permite que su víctima le mire a los ojos y exige ser llamado "Señor". Frank arrastra casi con toda seguridad (ya que no se afirma en el film pero lo podemos deducir) un trauma infantil, probablemente sufriera de abusos en la infancia.
Frank tiene una fijación fetichista con  el terciopelo azul para seguir con su excitación. Aquí se podría decir que quizás Frank sufrió los abusos mientras sonaba la canción del título o el terciopelo azul está relacionado de alguna manera con ese hecho, puede que las cortinas en la que ocurrieron los hechos fueran de ese tejido (se podría pensar si recordamos los títulos de crédito iniciales).

 Frank es un monstruo originado (supuestamente) por los abusos sufridos siendo niño. A su vez Frank está generando también otro monstruo al abusar del personaje de Dorothy Vallens, ella es chantajeada por Frank ya que éste tiene secuestrado a su marido y al hijo de ambos. Frank obliga a Dorothy a satisfacer sus deseos sexuales bajo la amenaza de matar a su familia. En Dorothy podemos descubrir rasgos que emanan directamente del comportamiento abusivo de Frank. Cuando Dorothy (una peculiar femme fatale) encuentra a una víctima (Jeffrey) repite casi los mismos ritos sexuales que Frank. Dorothy es un ser desvalido, una madre a la que le han arrebatado lo más valioso, al que están convirtiendo en un ser horrible. Si Frank está controlando a Dorothy, no es de extrañar que la obligue a vestirse de terciopelo azul y a cantar esa canción. Nada parece casual en el oscuro universo de David Lynch. Tampoco parece casual el nombre de Dorothy ni los zapatos rojos que lleva el personaje, como sucedería posteriormente en Corazón Salvaje, Lynch realiza su peculiar homenaje al film El mago de OZ, sólo que en esta ocasión el viaje de Dorothy es a un mundo de pesadilla.
Lynch nos sumerge en este mundo de pesadilla gracias a un objeto encontrado al azar y enfatiza tal hecho haciendo que, posteriormente, la cámara entre a través de esa oreja en uno de esos planos surrealistas que tan bien domina. Cuando la pesadilla acabe, Lynch hará que salgamos de ese mundo a través de otra oreja, en este caso la de un Jeffrey más adulto que ha aceptado su rol en el mundo y la complejidad de éste.
Blue velvet es su primera película en color (si exceptuamos Dune, a la que Lynch nunca parece haber considerado como suya) y como tal utiliza los colores como símbolos. Cada color significa algo, el azul puede ser el origen del mal y su representación, el amarillo (el traje de un detective es de es color) puede significar traición y el color rojo (el color de los zapatos de Dorothy y no olvidemos que Frank se pinta los labios de rojo en un momento dado) indica que algo malo va a pasar, peligro.

 Otros muchos símbolos están presentes en el film, como en toda la obra de su autor. Yo me quedo con la llama de una vela azotada por el viento indicando (a mi entender) la agitación interior de los personajes y con las bombillas que se apagan estruendosamente tras la muerte de Frank. También el jilguero que lleva un insecto en el pico se puede ver como un símbolo, representa a lo bello y lo terrible en un solo plano. Por cierto, el pájaro es un artilugio mecánico (en 1986 no había efectos digitales) bastante chapucero que Lynch resuelve dejándolo pocos instantes en pantalla para que no se note mucho. Aun así, se nota poca naturalidad en sus escasos movimientos. Hay quien dice que fue deliberada la elección de un pájaro mecánico y que es otro símbolo más de Lynch, representando que en el idílico final del film hay algo que no va bien pero que los personajes no quieren darse cuenta de ello. Sinceramente, no lo creo, pero podría ser.

Obviamente, Lynch le confiere a su film una estructura circular, el inicio y el final son muy parecidos, pero el espectador y los personajes ya no son iguales. Ambos saben que el mundo no es tan bonito como nos pensábamos. Incluso Lynch deja múltiples preguntas en el aire que Jeffrey parece querer obviar deliberadamente, como el hecho de que el detective Williams está claramente implicado en el caso. Jeffrey prefiere dejar de ser curioso y vivir una vida tranquila.

La elección del actor  Kyle MacLachlan me parece de lo más acertada a pesar de que no es un actor que me guste, me parece muy inexpresivo. Parece que hubo buena química con Lynch durante el rodaje de Dune y Lynch lo volvió a usar como prototipo de joven héroe inexperto. Incluso volvió a contar con él para el papel de agente Cooper en Twin peaks. La inexpresividad del actor parece ser un factor que Lynch busca deliberadamente, así nunca sabemos que piensa realmente su personaje y el espectador está aún más perdido. También se podría pensar que Lynch encontró en MacLachlan su alter ego.
 Por su parte, Isabella Rossellini escenificó perfectamente la ambigua fragilidad de Dorothy. La hija de Ingrid Bergman y el director Roberto Rossellini era famosa a mediados de los años ochenta sobre todo por sus campañas publicitarias para marcas de cosméticos y esta película supuso un drástico revés a su imagen pública. Cabe destacar que Rosellini y Lynch estuvieron casados de 1986 a 1990.
Blue velvet es un film extraño y desconcertante, con momentos ciertamente incómodos para el espectador. Valgan como ejemplo la inolvidable escena del armario en el apartamento de Dorothy o la escena de Frank amenazando a Jeffrey sobre la letra de la canción In dreams de Roy Orbison. Momentos sublimes de buen cine de esos que no se olvidan jamás.

Blue velvet, la primera obra maestra de David Lynch y el film que marcó los pasos a seguir en su posterior filmografía.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Dune (1984)


David Lynch no considera a Dune como una película suya. Aceptó el encargo de dirigir la adaptación de la novela de Frank Herbert pero no se sintió nada contento con el resultado. La historia detrás de esta película es mucho más fascinante que la película en sí.




Publicada en 1965, Dune nos sitúa en una galaxia gobernada por un decadente imperio dividido en múltiples casas que luchan entre ellas por el poder. El imperio basa su economía en una especia que se saca de un planeta desértico, Arrakis, también llamado Dune. Dicha especia (o melange) es necesaria para los viajes de las aeronaves y quien controle la especia controla la galaxia. La especia también es usada por la orden religiosa de las Bene Gesserit como potenciador de poderes mentales, por lo que el valor de la especia es aún mayor.

Los habitantes de Arrakis, los fremen, viven en tribus diseminadas por las arenas de su desértico mundo pero en armonía con el medio. Los fremen extraen la especia de los enormes gusanos del desierto. En medio de una gran inestabilidad política, la casa Atreides se instala en Arrakis para garantizar el suministro de melange para la cofradía o CHOAM, la compañía que tiene el derecho en exclusiva de explotación de la especia. Tanto los Fremen como las Bene Gesserit buscan la llegada de un mesías (Muad’Dib para los fremen y Kwisatz Haderach para las Bene Gesserit). Quizás Paul Atreides sea el mesías esperado por unos y temido por otros.

A pesar de estar situada en el lejano planeta de Arrakis, en Dune no es difícil encontrar las analogías con nuestro mundo. Obviamente, el melange se asemeja sospechosamente al petróleo, el imperio se parece a Estados Unidos y la Cofradía podría ser la OPEP.

Herbert tiñó hábilmente su novela de religión, misticismo, drogas y profecías, configurando una fascinante obra de ciencia ficción. La novela se toma su tiempo en presentar a los personajes y el inestable equilibrio de poderes de la galaxia. La introducción se puede hacer bastante lenta para el lector. Pero pasado el primer tercio del libro, éste atrapa como si de un agujero negro se tratara. Dune ganó los premios Hugo y Nébula en 1966 y se convirtió en una obra clave de la ciencia ficción de la segunda mitad del siglo XX, pero adaptarla a la gran pantalla podía ser una tarea titánica.


El primer intentó fue del productor Arthur P. Jacobs (productor de la saga de El planeta de los simios) quien compró los derechos del libro pero murió en 1973 a causa de un infarto.

Los derechos fueron comprados por el multimillonario francés Michel Seydoux que ya había distribuido otros films de Alejandro Jodorowsky como El topo. Dice Jodorowsky que una noche soñó que debía rodar Dune incluso antes de leer el libro, Seydoux tampoco lo había leído pero accedió a comprar los derechos ante el entusiasmo de Jodorowsky. Éste quería hacer un film alucinógeno que hiciera sentir al público como si hubiera tomado LSD y abriera su mente a nuevos niveles de consciencia, casi nada.
Aunque parezca increíble, llegó a tener muy avanzado el proyecto. Incluso tenía contratado a Salvador Dalí para interpretar al emperador. Dalí hizo honor a su sobrenombre de ávida dollars y pidió 100.000 dólares por hora, convirtiéndose en el actor mejor pagado del mundo. Jodorowsky modificó el guión haciendo que el emperador usara un robot como señuelo, así la presencia del emperador en pantalla se veía bastante reducida y contrató a Dalí sólo por una hora. Las excéntricas exigencias de Dalí incluían rodar en su casa de Cadaqués y que su personaje se sentara en un trono/inodoro de su propio diseño formado por dos delfines. Una locura surrealista.

También Jodorowsky logró contratar a Orson Welles para interpretar al pérfido barón Harkonnen. Welles estaba muy descontento con el cine de la época. Ya no era un arte, lo consideraba un mero negocio sin alma en manos de gente que pensaban únicamente en hacer dinero. La época actual le hubiera horrorizado. Jodorowsky le convenció asegurándole durante todo el rodaje los servicios del cocinero favorito del orondo autor de Ciudadano Kane.
No sólo genios como Welles o Dalí estaban implicados: Pink Floyd iban a realizar la banda sonora, los efectos especiales serían de Douglas Trumbull (2001, una odisea del espacio), las naves serían diseñadas por Chris Foss, los decorados correrían por cuenta de H.R. Giger (por recomendación de Dalí) y el dibujante Moebius diseñó cientos de personajes y se encargó del story board para el film. El elenco artístico no podía ser mejor ni más ecléctico.

Como en casi todos los proyectos de Jodorowsky, la financiación acabó esfumándose y el proyecto se canceló. Se habían gastado varios millones de dólares y aún no habían empezado a rodar ni una sola toma. Jodorowsky aprendió que no se deben hacer películas con gente que no necesita ganar dinero con ellas, pueden abandonar el proyecto cuando quieran. Una verdadera pena, opino que Jodorowsky hubiera sido el director ideal. El tema y el tono del libro casan bastante con el transgresor surrealismo propio de Jodorowsky.
No todo se perdió, en Alien de usaron los diseños de Giger, mientras que Jodorowsky y Moebius plasmaron muchas de las ideas que surgieron durante la elaboración de Dune en el imprescindible cómic El incal.
Por cierto, en Cannes 2011 se ha presentado un documental sobre este mítico proyecto fallido: Jodorowsky's Dune.



  Los derechos sobre Dune cayeron en manos del productor Dino De Laurentiis en 1976, un año antes del fulminante éxito de Star Wars. A principios de los 80 De Laurentiis vio que era el momento ideal, con toda la fiebre por la ciencia ficción y el espacio que había generado la saga de George Lucas. Para dirigir Dune se pensó en Ridley Scott quien había ya creado dos clásicos de la ciencia ficción como Alien y Blade runner, pero Scott no se entendió con De Laurentiis y se le sustituyó por un joven David Lynch.
Lynch había logrado un éxito enorme con El hombre elefante (1980) aunque Eraserhead se hubiera convertido en una rareza inclasificable. Lynch era un director joven con talento pero excesivamente rarito e inexperto.
El desafío de adaptar la novela de Herbert era demasiado para alguien que sólo había dirigido 2 películas. El enorme presupuesto, los decorados, los efectos especiales, las localizaciones en México, etc pueden ser algo fácil de controlar para un director experto en grandes superproducciones, pero Lynch no estaba preparado. El rodaje se alargó demasiado, los gastos iban en aumento y el material rodado no tenía demasiada vida. Pensando en la taquilla, De Laurentiis decidió rodar escenas adicionales y eliminar otras, por lo que nunca sabremos cómo hubiera sido el Dune que David Lynch hubiera hecho con total libertad.
Lynch acabó muy descontento con las injerencias externas de De Laurentiis y con el montaje final del film, renegando del mismo y de todo lo que tuviera que ver con Dune. Lynch ha admitido que se vendió por dinero en Dune y que nunca más lo haría, para un artista es indispensable el control total sobre su obra. Incluso en las múltiples ediciones posteriores para DVD o televisión con metraje aumentado, no aparece el nombre de David Lynch en los créditos sino Alan Smithee o Judas Booth.

El film se inicia con una voz en off nos pone en situación puliéndose cientos de páginas del libro en apenas un minuto. Los personajes no son presentados convenientemente, costando empatizar con ellos. Sus problemas no nos preocupan por lo que el film pierde interés rápidamente. El ritmo lento del film y las interpretaciones entre ausentes y distantes logran que la trama no enganche. El libro acaba atrapando al espectador pero la película no lo logra en casi ningún momento. Tiene escenas puntuales muy impactantes (los gusanos, el barón Harkonnen flotando) pero no tiene el ritmo adecuado. El film se hace aburrido y confuso. Tampoco la inexpresividad de Kyle MacLachlan ayudaba mucho a la cinta.

Desde luego, la música de Toto y Brian Eno no está mal y los diseños de Carlo Rimbaldi son espectaculares pero no consiguen levantar el film. Sólo el apartado técnico (los espectaculares trajes, decorados y efectos especiales) convierten a Dune en una película con un especial atractivo aunque haya envejecido bastante mal.


Obviamente es una adaptación fallida ya que no logra transmitir toda la riqueza de matices del libro pero es un film interesante. Yo la vi con 12 años y me fascinó todo el apartado visual aunque no entendí mucho de la trama. Bastantes años después leí el libro y me pareció muy superior.
La película fue un rotundo fracaso de taquilla en USA, aunque en Europa funcionó bastante mejor. De los 45 millones de dólares sólo recuperaron 27. El film se convirtió en un film de culto para los amantes de la ciencia ficción más adulta.
Sinceramente, creo que Jodorowsky hubiera convertido esta trama de traiciones palaciegas, mesías, alucinaciones, batallas y éxodos en una epopeya mística, pero De Laurentiis y Lynch la convierten en tedio. A pesar del fracaso de Dune, DeLaurentiis le produjo a Lynch una película barata sobre la que le dejó control absoluto: Blue Velvet

martes, 10 de mayo de 2011

Hannibal


Siempre es difícil adaptar una obra literaria al cine. Son medios distintos que requieren del lector/espectador esfuerzos distintos, tampoco los tiempos disponibles son los mismos. Un libro te puede llevar bastantes horas y una película no suele pasar de las 2. Así pues, una adaptación cinematográfica puede ser una tarea casi imposible de llevar a cabo con éxito. Vamos a ver algunos ejemplos, hoy: Hannibal.


Tras el arrollador éxito de El silencio de los corderos, urgía seguir explotando el filón de oro que Hollywood encontró en Hannibal Lecter, el psiquiatra caníbal. El personaje se había convertido en el villano favorito de los aficionados al cine, por delante de Norman Bates o el mismísimo Darth Vader.

Hanibal Lecter nació de la mente del novelista Thomas Harris (autor también de Domingo Negro) quien había estudiado los perfiles del FBI sobre de psicópatas para la creación del personaje. Hannibal Lecter apareció allá por 1981 en la novela El dragón rojo. Lecter era un personaje secundario en la trama: un prestigioso psiquiatra forense aficionado a comerse a la gente maleducada o grosera. Desde la cárcel, Lecter ayudaba al agente del FBI que lo atrapó a cazar a otro asesino. Lecter se revela como un personaje fascinante: inteligente, culto y peligroso a partes iguales. Incluso recluido en una celda de máxima seguridad Lecter intentará vengarse de su captor.
De la mano del veterano productor Dino De Laurentiis, Michael Mann adaptó la novela en 1986 con el film Manhunter (aquí se le llamó Hunter). Así pues Lecter tuvo su estreno cinematográfico con el rostro del actor Brian Cox, aunque se le cambió el nombre por el de Hannibal Lecktor (en un posterior doblaje al castellano se le llamó Lecter para aprovechar el tirón del personaje). Su psicópata es algo más taciturno y carece de la gélida mirada de la que le dotaría Hopkins pero es bastante intimidante. La película pasó con más pena que gloria, adolece vista hoy día del estilo televisivo de los años 80 que hicieron famoso a Mann y su Corrupción en Miami: planos a cámara lenta, pantalones de pinzas y canciones rock para ambientar las escenas. La escena final con el In-a-gadda-da-vida de Iron butterfly se ha quedado muy muy desfasada. Como anécdota podemos decir que el agente del FBI Will Grahan está interpretado por William Petersen, quien se haría famoso unos años después como el agente Grisom de CSI: Las vegas.

El 1988 Harris publica su novela El silencio de los corderos. La novela repite la estructura de Dragón rojo: Lecter sigue preso y decide ayudar a una joven agente del FBI (Clarice Starling) a encontrar a un peligroso asesino y así sacar algo de provecho. A pesar de repetir estructura, El silencio de los corderos es una novela más conseguida que su predecesora, se profundiza en la personalidad de Hannibal, mientras que su curiosa relación de atracción/repulsión con la agente Clarice Starling es lo más interesante del libro.
Obviamente, Hollywood vio la posibilidad de adaptar el libro y así fue como descubrimos la mayoría de nosotros a nuestro psicópata favorito. La peli costó 19 millones, recaudó casi 300, ganó los 5 Oscars principales (película, director, actriz principal, actor principal y guión adaptado) y se convirtió en un clásico instantáneo. La elección del elenco actoral no pudo ser mejor (así lo avalan los Oscars a Anthony Hopkins y Jodie Foster). El director Jonathan Demme consiguió trasladar toda la tensión del libro a la pantalla. El guión es muy fiel al original, sólo se cambian algunas líneas de texto dándole algo más de protagonismo a Lecter. Hannibal el caníbal se convirtió en todo un mito y dejó huella en films posteriores como Seven, Saw o la serie Dexter. Los psicópatas super inteligentes se pusieron de moda.
Pero el problema surgió años después con la siguiente novela de Thomas Harris sobre Hannibal Lecter: Hannibal. Publicada en 1999, la novela nos presenta a un Hannibal que vive en Florencia bajo una identidad falsa. Nada que ver con la estructura de los otros libros anteriores. Harris hizo bien en cambiar la trama pero no hay rastro de la tensión a la que nos tenía acostumbrados. Lecter encarcelado era como un perro furioso que nunca sabíamos cuando iba a explotar o qué estaba tramando. Pero Lecter en libertad es un tipo culto, de gustos caros y que lleva años sin cometer ningún crimen. Hannibal toma protagonismo en la novela, se ahonda en su mente y sus recuerdos, así como nos enteramos de donde viene su afición a comerse a quienes son ofensivamente maleducados, pero sabe a poco.
Mason Verger es la única víctima de Lecter que sobrevivió (si exceptuamos al agente Will Grahan). Verger es un millonario sádico y pedófilo que fue paciente de Lecter. Lecter convenció a Verger (bajo los efectos de las drogas) para que se arrancara la cara con un trozo de espejo roto para luego echar los trozos de carne a los perros. Como consecuencia de todo ello, Verger acabó postrado para siempre en una cama con la cara terriblemente desfigurada. Verger buscará venganza y será el auténtico villano del libro. Es un personaje repulsivo física y moralmente. Gracias a Lecter, las terribles cicatrices de la cara de Verger son el espejo de su alma.

Margot es la hermana lesbiana y culturista de Mason. Por su tendencia sexual, Margot fue eliminada de la herencia familiar. Los esteroides la dejaron estéril, por lo que desea que Mason insemine a su novia para así poder disfrutar de la herencia. Mason aprovecha esta situación para extorsionar a su hermana pero perece cuando ésta le lanza una morena al cuello instigada por Lecter (“Siempre podrás decir que he sido yo”).
Obviamente, Harris no estaba dispuesto a eliminar a la agente Clarice Starling así que también está presente en el libro, pero todo resulta un tanto forzado para que se vuelva a reunir con Hannibal. A mí me da la impresión que Harris escribió el libro pensando en los derechos para la adaptación cinematográfica.
Efectivamente, Hannibal no era lo que los lectores esperaban, era otra cosa. El libro tiene un tono bastante bizarro y grotesco, abundando los momentos desagradables. Está lleno de personajes moralmente reprobables, incluso más que Lecter, y tenía un final casi escandaloso. Era una sucesión de las atrocidades que Lecter era capaz de cometer. Así pues, Hollywood se encontró con un nuevo libro sobre el personaje, pero no era un libro fácil de adaptar y mucho menos de convertir en un blockbuster.

Dino de Laurentiis había producido el primer film sobre Lecter (Manhunter) pero debido al escaso éxito de la cinta renunció a producir El silencio de los corderos, algo de lo que se arrepentiría hasta el fin de sus días. Así pues, De Laurentiis compró los derechos para adaptar Hannibal por 10 millones de dólares, todo un record. Para adaptar el libro se contó con el prestigioso escritor y guionista David Mamet, pero ni siquiera él logro sacar del libro un guión aceptable y fue reescrito por Steve Zaillian.
Otro problema añadido se cernía sobre el proyecto, ni el director ni los actores de El silencio de los corderos estaban dispuestos a repetir. Jonathan Demme dijo que el libro era espeluznante y que no se veía capaz de hacer una buena película basada en él. Anthony Hopkins declaró en 1998 que se retiraba de la actuación, sin él estaba claro que no habría película. Jodie Foster tampoco se mostró interesada ya que no le gustó el tono sórdido del libro. Finalmente, Dino De Laurentiis convenció a Hopkins para que volviera a interpretar a Hannibal Lecter gracias a un generoso cheque y sustituyó a Jodie Foster por Julianne Moore.
El repulsivo personaje de Mason Verger recayó en Gary Oldman, todo un experto en villanos excéntricos. Por una vez Oldman reprime sus gestos ya que su personaje no puede apenas moverse, pero el ego del actor le jugó una mala pasada. Oldman exigió que su nombre apareciera en los títulos de crédito y el cartel de la película con la misma categoría que los de Julianne Moore y Anthony Hopkins. Ante la negativa de De Laurentiis, Oldman decidió que su nombre desapareciera totalmente de los títulos de crédito.

Realmente, no sé quién hubiera sido el director ideal para adaptar este bizarro libro. ¿Quizás Polanski? ¿Fincher? ¿Cronnenberg? ¿Jess Franco? Ridley Scott estaba pasando una muy mala época, enlazando fracaso tras fracaso en los años 90. Parecía un director acabado, una sombra de aquel que dirigiera clásicos como Alien o Blade Runner. Scott estaba rodando Gladiator (la película que lo devolvió a la primera fila) cuando le ofrecieron rodar Hannibal. Scott aceptó el encargo y demostró una vez más ser un buen artesano e hizo lo que mejor sabe (crear atmósferas a base de una cuidada estética) y demostró también lo que no sabe hacer (profundizar en los personajes y
desarrollarlos). Scott se queda en la cuidada fotografía y los bellos planos de la ciudad de Florencia. La escena de Hannibal en una habitación en penumbra con su cara iluminada por la luz que entra por una rendija es de una belleza plástica innegable pero resulta poco emocionante y hueca.

Como el libro, Hannibal es una película aburrida en su primera parte y demasiado gore en su parte final. No era necesario mostrarnos las atrocidades de las que Lecter es capaz, nos aterró mucho más sólo imaginándonos lo que es capaz de hacer. Además, el film no consigue enganchar al epectador. Toda la parte de Florencia está bien narrada y es fiel al libro, pero no engancha. Las cartas y monólogos de Hannibal suenan huecos mientras sus diálogos con Clarice carecen de la tensión de El silencio de los corderos. Scott renunció a la tensión psicológica y apostó por lo gore, mostrando sin tapujos vísceras, sangre y sesos. Lo que Demme acertó a no mostrar, Scott lo muestra sin tapujos, generando asco en el espectador pero no miedo. La escena de la cena provocaba en las salas de proyección más risas que repulsión, era tan extrema que no era creíble. Resumiendo, al film le falta el ritmo y la tensión de El silencio de los corderos.

En el guión se eliminaron elementos del libro que me parecen interesantes. No se plasman las operaciones de cirugía estética de Lecter para cambiar su rostro ni el hecho de que Hannibal tenía 6 dedos en una mano. Son aspectos secundarios que no modifican esencialmente la trama, pero opino que otros cambios fueron bastante desacertados. Se eliminó del guión al personaje de Margot Verger, por lo que ésta no podía matar a su hermano. No se les ocurrió otra cosa que hacer que con sólo unas palabras Hannibal fuera capaz de lograr que Cordell, el fiel mayordomo de Verger, decida traicionar a su amo y lo lance a una piara de jabalís hambrientos. Algo totalmente forzado e inverosímil. Un final demasiado simple para un villano así de carismático. Es como si Darth Vader muriera de un ataque al corazón, no cuela.

Hay otra variación fundamental del guión: el final. En el libro Clarice Starling decide huir con Lecter, iniciando una relación sentimental con el peligroso psicópata. Así pues, Clarice acaba convertida en prófuga de la justicia por amor a Hannibal. Dino de Laurentiis y Ridley Scott opinaban que este final no era creíble y decidieron cambiarlo. A Harris tampoco pareció importarle. En la película, Clarice se esposa a Hannibal y éste decide cortarse la mano para escapar. Personalmente, me quedo con el final del libro (como casi siempre).
Al tener finales tan opuestos, se cerraban las puertas a posteriores adaptaciones cinematográficas de los futuros libros que Harris escribiera sobre Hannibal Lecter. Quizás un final tan sorprendente podría hacer pensar que Harris estaba cansado del personaje y quisiera terminar con él de una vez.

A pesar de las críticas desfavorables, el film fue todo un éxito de taquilla, era de esperar. Obviamente, De Laurentiis no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de volver a rodar su adaptación de Dragón rojo, esta vez con Hopkins. Aunque algo viejo y pasado de kilos, Hopkins volvió a interpretar a Hannibal en la segunda adaptación de Dragón Rojo en el año 2002. La peli no estaba mal y tenía un gran reparto pero no causó el impacto esperado.
Harris publicó un libro más sobre Lecter: Hannibal rising (2007) que narra la infancia y juventud del personaje. De Laurentiis se lanzó rápidamente a rodar la adaptación cinematográfica. Pero, sin la aparición de Hopkins, la cosa no funciona igual y la peli resultó bastante decepcionante.

¿Volveremos a saber de Hannibal el caníbal? Dino de Laurentiis murió hace unos años, Hopkins ya está muy mayor y quien sabe si Harris no está escribiendo otro libro sobre las andanzas de Hannibal en la universidad o en el geriátrico (me inclino por esta última hipótesis). Sólo el tiempo y los productores de Hollywood tienen la respuesta.

Bon appétit.