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martes, 29 de noviembre de 2016

Café society


 Café society probablemente será recordada por propiciar el encuentro profesional entre Woody Allen (80 años) y el maestro de la fotografía Vittorio Storaro (76 años). Storaro es quizás el director de fotografía vivo más influyente y justo ganador de 3 Oscars por Apocalypse Now, Reds y El último emperador. Casi nada. El encuentro se debió a que Darius Khondji,  director de fotografía de las 4 últimas películas de Allen, no estaba disponible y Allen pensó en Storaro. Estos dos veteranos han afrontado juntos el salto a la era digital. Café society es la primera película que ambos ruedan en digital, sin celuloide. El cambio no ha sido traumático, se trataba de no luchar contra la imparable corriente del progreso y adaptarse a los nuevos tiempos. Tras 58 películas en celuloide, Storaro ha esperado a dar el salto hasta que encontró una cámara (la Sony F65 4K) que fuera capaz de captar su particular forma de entender la luz. Para Storaro la luz lo es todo y todo es luz. El resultado del cambio a lo digital no puede haber sido mejor. La inspiración de la fotografía de Storaro para esta película ambientada en los años 30 hemos de buscarla en fotógrafos como Alfred Stieglitz, Edward Steichen o la pintora Georgia O’Keeffe. El resultado ha sido tan favorable que Storaro urge a las empresas propietarias de los cines a que instales proyectores 4K, actualmente lo más que hay son 2K. La verdad es que el resultado es impresionante. Café society es una gozada para la vista.
Otra novedad de Café Society supone que fuera lanzada por Amazon Studios y Lionsgate. Que Amazon financie un film de Allen nos da a entender que Allen sigue siendo un valor en alza, también entiendo como buena noticia que haya rodado una serie de televisión para Netflix. Los tiempos están cambiando y Woody Allen parece adaptarse magistralmente.
La historia de Café society se desarrolla en dos ambientes totalmente diferentes, por un lado el Hollywood y por otro el Bronx. La historia de este joven judío neoyorkino (Jesse Eisenberg) que busca fortuna en Hollywood y se enamora de la secretaria (Kristen Stewart) de un influyente agente de Hollywood (Steve Carell), quien, además, es su tío. Nada nuevo bajo el sol. Incluso no cuesta nada imaginarse a Jesse Eisenberg  como un joven Woody Allen ¿Siempre sus protagonistas deben ser judíos y neuróticos como el propio Allen? Estamos ante la típica historia de Woody Allen sobre esa clase acomodada que no acaba de ser feliz. Se palpa la nostalgia por ese Hollywood dorado de los años 30 que ya nunca volverá. El envoltorio es inmejorable, una perfecta recreación de la época gracias a Storaro y la soberbia música de Vince Giordano And The Nighthawks, pero el guión de Allen no está a la altura. Si Café society es todo un espectáculo audiovisual, su guión desmerece el conjunto.

 El problema es que su historia no llega al espectador, no divierte. Hay equívocos y medias verdades y Allen sigue haciendo uso de su sarcasmo hacia la religión judía pero Café society no es una comedia. O, al menos, tal y cómo entendemos hoy la comedia. Escenas como la de la madre o la visita de la prostituta podrían haber sido muy divertidas, pero Allen las conduce hacia un lánguido término medio. De hecho, Allen pretende no caer nunca del lado del drama ni de la comedia. Mantiene un tono amable y liviano mientras la historia avanza a buen ritmo aunque quizás peque de indefinición o quizás ese sea precisamente su gran virtud. Esta historia podría haber sido una gran comedia llena de enredos o una apasionada historia de amor, pero Allen prefiere la contención y las medias tintas. Allen huye de la ironía y los diálogos afilados en busca de una introspección de los personajes que nunca llega a calar en el espectador. Al final uno se da cuenta que hemos asistido a un drama, pues no me había dado cuenta durante todo el metraje. Debo reconocer que la historia me dejó frío. Esa tierra de nadie por la que hábilmente transita no acabó de satisfacerme. Hay que reconocerle el valor a Woody Allen por perpetrar un guión así, pero esta vez su propuesta dista mucho de ser redonda.
Quizás a la tibieza del resultado final haya contribuido la floja interpretación de un Jesse Eisenberg que no resulta creíble en ningún momento, siempre parece incómodo. Al menos, Kristen Stewart está bastante correcta, ya no se mesa continuamente el pelo como en Crepúsculo. También sorprende Steve Carrell una vez en un registro alejado de la comedia. De la modelo Blake Lively únicamente puedo decir que me sorprendió muy gratamente su naturalidad en pantalla.
Resumiendo, yo prefiero el Allen más ácido frente a este Allen introspectivo. Quizás vaya siendo hora de retirarse, maestro. Al menos, el film nos permite disfrutar del trabajo del genio Storaro y la música de Vince Giordano.

6,5

sábado, 20 de diciembre de 2014

Magia a la luz de la luna (Magic in the Moonlight)


Fiel a su cita anual, Woody Allen regresa a la cartelera con Magia a la luz de la luna.

 El maestro Allen nos propone esta vez una ligera comedia que plasma la lucha entre lo racional y lo irracional. En un tono desenfadado Allen nos propone una comedia romántica ambientada en los felices años 20. Su historia gira en torno a  un prestigioso mago profesional que tiene como afición desenmascarar a videntes y estafadores varios. Sin embargo, el encuentro con una médium a la que intentará desenmascarar (Emma Stone) hace que entre en juego algo tan irracional e incontrolable como el amor. Ésa será la variable que hará que todo el racional mundo de nuestro protagonista se tambalee.

El protagonista encarnado por Colin Firth tiene bastantes similitudes con el gran Houdini e incluso el que fue considerado su sucesor: James Randi. Para Allen está claro que este mundo es un lugar terrible que, analizado únicamente con la razón, nos aboca irremediablemente a la desesperación. Allen parece abogar por la creencia de que el hombre moderno acaba deprimido y necesitado de ayuda psicológica. Su eterno personaje de escritor judío no practicante asiduo al psicoanalista es un ejemplo de ello. Cuando el hombre rechaza la creencia en lo sobrenatural y abraza como única guía la razón está condenado a la depresión. Es por ello que la tanto religión como la superstición sirven a las mentes más débiles para ser felices. Son meros engaños que cumplen su propósito de hacer la existencia más llevadera. El tema no es nuevo en la filmografía de Allen pero aquí lo muestra de forma más obvia que nunca. Un tema serio y controvertido que Allen trata en forma de comedia ligera y amable, sin provocar grandes risas pero sin perder nunca el tono desenfadado. Una hábil manera de quitarle hierro a un asunto tan delicado como el de las creencias.

 Allen sigue tan en forma como viene siendo habitual en estos últimos años, ya nadie espera de él grandes obras maestras pero mantiene el tipo muy dignamente e incluso a veces sorprende gratamente. Sus diálogos siguen rebosando vida y su película fluye sin hacerse nunca pesada. El maestro neoyorkino sigue cáustico y corrosivo aunque en apariencia estemos ante una amable comedia. Se permite incluso un chiste sobre la pedofilia nada más empezar el film, clara alusión a las recientes acusaciones de una de las hijas de Mia Farrow. Así es Allen.

 Ni que decir que la dirección de actores es simplemente sublime, todos están francamente bien. Colin Firth da una lección de interpretación que recuerda a los galanes las comedias clásicas  tipo Cary Grant. Por su parte, Emma Stone me sorprendió gratamente. Ambos forman una pareja bastante convincente.

No estamos ante una de sus mejores obras pero sí ante un film más que digno. Magia a la luz de la luna tiene escasas ambiciones pero ofrece un agradable visionado y algún destello de genialidad. Aun con todo es muy superior a la mayoría de películas que se estrenan en nuestras carteleras.

6,5

jueves, 16 de enero de 2014

Blue Jasmine


Woody Allen se mantiene fiel a su cita anual, cosa que tiene un mérito enorme y todavía más a su edad. Pero cuando nos ofrece películas tan interesantes como Blue Jasmine sólo podemos reconocer que estamos ante un auténtico genio.

 Blue Jasmine no es una comedia, es un drama hábilmente disfrazado de comedia. Que su tono ligero no os engañe. No es difícil sonreírse ante ciertas situaciones en las que se ve envuelta nuestra protagonista interpretada magistralmente por Cate Banchett. Allen usa música divertida para dar un toque casi humorístico o irónico a las situaciones. Sin embargo Allen va intercalando escenas de dos líneas temporales distintas, mostrándonos el presente y el pasado de nuestra protagonista. Es el contraste entre ambas líneas argumentales el que consigue mantener el interés del espectador y el que nos hace ver el patetismo de este personaje. Allen nos va dando pistas de lo ocurrido con un control absoluto del guión y el tempo cinematográfico para acabar sumergiéndonos en todo un drama (o más bien tragedia) que la Jasmine no quiere aceptar.




 Allen rompe con el esquema habitual de sus últimas películas y nos ofrece un ejercicio de mucho más calado intelectual, es un film profundo, que invita a la reflexión. Está mucho más cerca de Match point que de A Roma con Amor, por ejemplo. El tema principal del film es la mentira. Jasmine ha basado su vida en mentiras, ni siquiera Jasmine es su nombre real. Se ha basado en las apariencias y se ha dejado engañar. Sin embargo la realidad le dará una lección y cuando abra los ojos será realmente tarde. Toda su vida de lujo y sofistificación se verá truncada bruscamente y deberá aceptar el duro golpe que le proporciona la vida. Se verá rodeada de personas que no están a su mismo nivel y a las que desprecia profundamente (su hermanastra incluida).

 Woody Allen demuestra una vez más que es uno de los mejores escritores y directores desde hace décadas. Sus diálogos rezuman frescura y espontaneidad mientras el film consigue mantener el interés en todo momento. Aquí parece querer decirnos que hay muy poca diferencia entre vivir en la abundancia y ser un completo desgraciado. Una mentira o un golpe de suerte pueden marcar la diferencia que te haga caer definitivamente en desgracia. Entre un multimillonario y un sin techo no hay tanta distancia.


Allen cede el protagonismo a un personaje femenino y no son pocas las semejanzas con el típico personaje neurótico que Allen suele interpretar. Jasmine se atiborra de pastillas para cualquier cosa y bebe continuamente. Cate Blanchett realiza una actuación soberbia, inmejorable, llena de matices, gestos reprimidos y sentimientos que afloran aunque apenas se manifiesten. Blanchett oscila en décimas de segundo de lo cómico a lo trágico sin perder nada de credibilidad. Sólo Blachett es capaz que odiemos a su personaje por su arrogancia y que lleguemos a sentir pena por ella. Ver a la Blanchett en sus ataques de pánico o con su mirada perdida me recordó a las estrellas del cine clásico. Si hoy en día hay una actriz con la clase y el talento interpretativo de las grandes estrellas del Hollywood clásico, ésa es Cate Blanchett. El reparto lo completan excelentes secundarios como Sally Hawkins (me encanta esta actriz desde que la descubrí en Happy), Peter Sarsgaard y Louis C.K.. Por su parte, Alec Baldwin está correcto en este tipo de papeles de hombre de negocios en los que está encasillado desde hace años.
 Woody Allen sigue estando en inmejorable forma, siendo Blue Jasmine su mejor película desde Match point.

7,5

martes, 5 de noviembre de 2013

Desmontando a Harry


Cuando alguien me dice que el cine de Woody Allen le parece aburrido (cosa que me pasa bastante a menudo) yo no puedo evitar pensar :”Eso es porque no has visto Desmontando a Harry”.

Desmontando a Harry es la comedia más ácida y corrosiva de Woody Allen. Una vez más asistimos a las desventuras del típico escritor judío (¿un reflejo de Allen real?) pero aquí adopta un punto de vista mordaz que no deja títere con cabeza. Sinceramente, creo que Allen ideó este film para ajustar cuentas y decir todo lo que tenía que decir. Nunca ha sido tan cínico sobre temas como el matrimonio o la religión ni tan explícito (casi soez) sobre el sexo. Es un Allen desatado, casi rabioso, pero que nunca deja de ser Woody Allen.

Tras su divorcio de Mia Farrow se dijeron muchas cosas sobre Allen (casi ninguna buena) su vida personal saltó a la palestra y los medios se cebaron con el director. Puede que la vida familiar con Allen sea un infierno (quien sabe) pero Farrow se dedicó a contar intimidades a los cuatro vientos (aún se descuelga a veces con alguna intimidad). Se entiende buena parte de su despecho, Woody se había liado con la hija adoptiva de Farrow. La cosa pintaba muy mal y Allen fue presentado al mundo como un pervertido. A mí, personalmente, no me interesa la vida privada de Allen ni de nadie, sólo me interesa su cine. Pero es inevitable que la vida personal de cualquier artista o creador acabe influyendo en su obra.


 Allen contraatacó de la mejor manera posible. Usando una película para poner los puntos sobre la íes. Su personaje, el Harry del título, cliente habitual de prostitutas, bebe demasiado, es adicto a las pastillas, tiene tendencia a la depresión, tiene una pésima relación con sus ex mujeres, ya no le quedan amigos y descuida a su hijo. Harry es la caricatura de Woody Allen, la imagen deformada que se presentó desde ciertos medios sensacionalistas. Al igual que a su personaje, Allen vuelca experiencias propias en su obra y muchas personas pueden verse reflejadas en los personajes de ficción. Allen usa esta herramienta para arremeter indirectamente contra todo bicho viviente, siendo los fundamentalistas religiosos (especialmente los judíos) los que salen peor parados. El segmento de la psiquiatra que acaba convertida en una ferviente creyente por el hecho de tener un hijo es muy significativo de la forma que tiene Allen de entender el judaísmo. No olvidemos que Allen proviene de una familia judía.

 En un momento del film, Harry recibe la visita de los personajes de ficción salidos de su propia imaginación, en un momento dado podemos ver a una mujer muy parecida a Mia Farrow. Como si Allen nos quisiera decir que sin él la Farrow nunca hubiera sido nada. La verdad es que la carrera posterior a su relación con Allen es bastante mediocre.

Para un film así, Allen se sirve de un curioso montaje (muchas escenas parece que han sido montadas por un epiléptico) y un buen elenco de actores. La licencia de mezclar realidad con fantasía es habitual en su filmografía, valgan como ejemplos Sueños de un seductor (aunque no la dirigió él, el guión era suyo), Midnight in Paris o La rosa Púrpura del Cairo. Allen elabora una especie de realismo mágico en la que personajes imaginarios interactúan con los protagonistas.
Yo me quedo con escenas antológicas que derrochan imaginación como la de la prostituta, la visita al infierno o la de el actor desenfocado. Aunque reconozco que me quedo con el diálogo (quizás misógino y machista) con su hijo sobre Dios: "No sabemos si Dios existe, pero las mujeres están. Y no en un cielo imaginario, sino aquí, en la Tierra.". Pues Woody, si tú lo dices, no voy a ser yo quien te lleve la contraria.
No se pierdan esta obra maestra de humor ácido y corrosivo de uno de los mejores cineastas del siglo XX y de lo que llevamos del XXI.


lunes, 22 de octubre de 2012

A Roma con amor (To Rome with love)


Woody Allen continúa su exilio voluntario por la vieja Europa en busca de lugares fascinantes (y cuyos políticos estén dispuestos a financiar sus películas). Londres le inspiró sus películas más oscuras (El sueño de Casandra, Match Point), París la más onírica y Barcelona la más estúpida, esta vez le toca a Roma y se nota descaradamante ya desde el título que el film es un rendido homenaje a la capital italiana.
Allen vuelve a sus historias de parejas y enredos. Nada nuevo. Sigue con sus historias de turistas adinerados  que acaban enamorados de la ciudad que visitan y de sus habitantes. Para Allen Roma no es sólo un destino turístico, es un lugar soñado que saca lo mejor de cada uno y en el que cualquier cosa es posible.
 Las distintas historias que nos presentan tiene todas un toque onírico muy sutil que Allen ya había introducido con acierto en films anteriores como Midnight in Paris o La rosa púrpura del Cairo. Aquí el elemento fantástico es tratado casi como una fábula. En cada historia hay un elemento irreal que la hace muy disfrutable. Ya sea un guardia de tráfico que habla directamente al espectador o un famoso arquitecto al que nadie parece ver excepto el joven al que da consejos, parece que todo es posible en la ciudad eterna. Me gustó especialmente la escena de la joven que se pierde en busca de una peluquería. También me agradó la historia del ciudadano anónimo que se convierte en famoso sin saben cómo ni porqué, me pareció bastante kafkiano y toda una acertada metáfora sobre la fama. Otros momentos surrealistas como el de la ducha me parecieron menos logrados pero le sirven a Allen para criticar las vacuas excentricidades en las que a veces cae el arte moderno. No se puede sacar del guión ninguna interpretación ni moraleja clara, sólo son unas historias para pasar el rato, sin nada en común entre ellas excepto que se sitúan en la ciudad de Roma y en muchos de sus lugares más emblemáticos.

 Allen no se complica la vida y rueda de forma sencilla y directa. Lo que mejor se le da, con un buen guión y buenos actores no hacen falta experimentos ni grandes presupuestos. Introduce bellos planos de los monumentos de Roma pero no cae en el publireportaje turístico (aunque está a punto). Por cierto, en los títulos de crédito iniciales no utiliza un tema de jazz sino que esta vez le cede el honor al famoso Volare de Domenico Modugno.

Los actores están bien y resultan creíbles. Jesse Eisenberg sigue dando el pego de joven pardillo mientras Ellen Page (Juno, Origen) me sigue pareciendo cada día más guapa y mejor actriz. De Penélope Cruz se puede decir que está bien en su divertido personaje de prostituta alleniana. Allen ya dijo hace años que le recordaba a la Sofia Loren de su mejor época. El que me sorprendió gratamente fue Roberto Benigni, al que normalmente no soporto, su tendencia a exagerar muescas y gestos me suele sacar de quicio, aquí no es que esté comedido pero su histrionismo le queda bien a su personaje. Supongo que Allen quería un actor que moviera mucho las manos para representar al italiano medio.

A Roma con amor es un homenaje a la ciudad eterna a base de fábulas sin moraleja, sólo Woody Allen puede permitirse tales lujos hoy día y salir victorioso.

6,5

jueves, 9 de diciembre de 2010

Conocerás al hombre de tus sueños


Títulos de crédito con música de jazz, letras blancas sobre fondo negro, una gran ciudad, personajes adinerados y neuróticos que no paran de hablar. No cabe duda, estamos ante un film de Woody Allen. Esta vez Allen nos entrega un film sobre la inmadurez y la inseguridad.

Todos los personajes de este típico microuniverso Alleniano están incompletos. Todos anhelan algo o alguien que no poseen. Ya sea la chica de la ventana de enfrente, montar su propia galería de arte, publicar una novela de éxito, aparentar ser más joven o sólo volver a ser felices. Todos los personajes buscarán satisfacer sus deseos mediante métodos más o menos lícitos. Será en vano excepto para aquellos que pongan su fe en lo absurdo, es como si Allen nos dijera que cualquier cosa vale si te hace feliz, que es de lo que realmente se trata en esta vida. Un mensaje común a su anterior film, lo que nos hace pensar que el cinismo de Allen se acrecienta con la edad. Allen nunca tuvo mucha fe en la religión o el matrimonio pero ahora tampoco parece creer en la familia o la amistad. Por otro lado, el film emparenta también con la estupenda Match point no sólo por su ambientación en Londres (donde surge el Allen más pesimista) sino por el comportamiento de algún personaje.

De todo el habitual crisol de personajes me quedo con el típico escritor bloqueado (correcto Josh Brolin), esta vez no tan locuaz como de costumbre, y con la madre abandonada que decide refugiarse en el más allá con tal de tener esperanza (excelente Gemma Jones). Los diálogos entre ambos me parecieron de lo mejor del film. También el personaje de Anthony Hopkins tiene bastante miga. Por otro lado, Antonio Banderas me sigue sin gustar aunque le dirija Woddy Allen, tampoco Freida Pinto me parece gran cosa, aunque es muy guapa.

Esta historia podría haber sido un dramón o una comedia, pero Woody tira por el camino de en medio y nos ofrece una comedia agridulce. El tono y el ritmo del film es de comedia pero las situaciones no son graciosas. Hay bastantes diálogos que podrían haber sido desternillantes (los citados entre el escritor y su suegra) pero Allen los carga con un dramatismo que los vacía de todo humor. Parece como si Allen se mofara de ciertos personajes, subrayando su patetismo al negarse a convertir el film en una comedia. En una escena concreta, el personaje de la madre sigue obstinada en sus creencias (más o menos divertidas) mientras su hija la insulta de forma bastante cruel, dan ganas de reírse de la madre pero el despiadado comportamiento de la hija rompe toda la gracia y nos llena de amargura. Definitivamente, Woddy Allen no cree en la familia.

La película se ve sin problemas gracias a su buen guión y a los estupendos actores, si bien, es cierto que no ofrece nada nuevo (quizás ya sea muy tarde para pedirle tal cosa al maestro) ni entretiene como otras veces. El film deja al espectador con una sensación de deja vu, de haber visto a unos buenos actores en una historia no demasiado original. Desde el principio intuimos cómo puede acabar la cosa, pero yo creo que Allen no buscaba divertir ni innovar, sólo narrar una historia con moraleja.

Otro film menor dentro de la obra de su autor, sin duda, pero aún así es interesante.

6

sábado, 2 de octubre de 2010

Arthur Penn y el cine moderno




El día 28 de Septiembre murió a los 88 años el director de cine norteamericano Arthur Penn. Quizás su nombre no os diga mucho, pero Penn fue uno de los mejores directores de los años sesenta y setenta. Penn tuvo el privilegio y la suerte de formar parte del final del cine clásico y adentrarse sin fisuras en el cine moderno.

Penn fue director de películas tan imprescindibles como El zurdo (1958), El milagro de Ana Sullivan (1962), La jauría humana (1966), Bonnie and Clyde (1967), El restaurante de Alicia (1969), Pequeño gran hombre (1970) y La noche se mueve (1975). Si no has visto alguna de ellas, deberías flagelarte cada noche hasta que las hayas visto todas.

Heredero del buen cine clásico de los años 40 y 50, sus películas son excelentes formalmente hablando, sin las estridencias ni moderneces pasajeras que vendrían en décadas posteriores (zooms vertiginosos, músicas sintetizadas, constantes cambios de plano, etc). La dirección de Penn era precisa, basando sus películas en buenas historias, en unos personajes perfectamente definidos y una magistral dirección de actores. Pero sus historias empezaban a ser mucho más críticas con la convulsa realidad social de la época. Temas como los anti héroes, la violencia, los prejuicios, la hipocresía social y el racismo empezaban a hacerse un hueco entre tanto héroe perfecto de décadas anteriores.

Un ejemplo: Pequeño gran hombre, es un estupendo western desmitificador con apariencia de sátira. Penn narra la azarosa vida de un blanco que es raptado por los indios siendo un niño. Con ellos se criará hasta que, ya de adolescente, volverá a vivir entre el hombre blanco para acabar finalmente volviendo a integrarse entre los indios. De esta manera conocerá de primera mano ambas sociedades, sus usos y costumbres. En el contraste entre ambas culturas salen bastante mejor parados los indios que el hombre blanco. Al menos, su mundo es mucho menos mezquino y egoísta. En este film los indios son mostrados sin ningún tipo de prejuicio y no son los malos de la historia que siempre les había tocado ser. ¿Pueden establecerse paralelismos entre la guerra de Vietnam y el exterminio de los indios americanos? Seguramente.
Lo mejor que se puede decir de un director es que su mano no se note, que sea imperceptible, que su estilo narrativo y visual pase desapercibido mientras visionamos una película. Hubo una época en la que el director se supeditaba a la historia. Es una forma de dirigir que ya no se lleva, hoy en día los directores quieren que su estilo esté omnipresente en cada fotograma. Valga como ejemplo Tim Burton, un autor fácilmente reconocible tanto por su estética como por sus temas, pero cuyas historias cada vez sorprenden menos (o aburren, directamente). ¿El avance en la técnica ha ido en detrimento de la narrativa? ¿Ya no hay historias como las de antes ni se cuentan como antes? Se podría decir que sí. Con cuatro efectos especiales, unos jóvenes esculturales, 4 disparos y un plano cada 2 segundos parece que ya tienes una película, da igual lo hueca que ésta sea.

No creo que todo esté perdido ni soy un nostálgico, aún quedan buenos autores capaces de realizar buenas historias, cada vez menos, pero aún quedan. Ahí siguen Clint Eastwood y Woody Allen (y algún otro) que aún nos entretienen con sus historias. Dicho sea de paso, probablemente los avances técnicos actuales serán vistos dentro de 40 años como arcaicos pero nadie nunca podrá decir que las películas de Arthur Penn sean arcaicas.

Arthur Penn se ha ido, pero su cine nos acompañará siempre.

lunes, 19 de octubre de 2009

Si la cosa funciona (Whatever Works)

Venga, cerramos el mini ciclo dedicado a los últimos films de Woody Allen hablando de obra más reciente: Si la cosa funciona (Whatever Works).


Yo echaba de menos al Woody Allen de siempre. Su periplo europeo ha sido un paréntesis de pesimismo dentro de su filmografía y nos ha dado alguna maravilla (Match point), algún film interesante (El sueño de Casandra) y alguna cosa casi para olvidar (Vicky Cristina Barcelona).



Pero todos sabemos que el mejor Allen es el que nos habla de sí mismo, sus obsesiones y su ciudad. Su cine funciona como un reloj suizo cuando el protagonista es su típico personaje egocéntrico, hipocondríaco y misántropo. Así es el retrato de sí mismo que Allen nos ofrece, poco importa que no lo interprete él mismo (sino un Larry David que parece un imitador de Allen, se viste como él e incluso tartamudea a veces como él). Se nota desde la primera frase que el guión es de Allen y las constantes de su cine están presentes desde el primer minuto: la música de jazz, los títulos de crédito con letras blancas sobre fondo negro, la ciudad de Nueva York, relaciones de pareja, sarcasmo, etc.
Puede que esta vez el protagonista no sea escritor ni judío pero sigue siendo tan locuaz y pesimista como en los mejores guiones de Allen. Además sigue siendo irresistible para la jovencita del film (aquí una sorprendente Evan Rachel Wood, El luchador) y siguen sin poder evitar hacer de pigmalión con ella. Nada nuevo.
Esta vez Allen parece volver su airada mirada hacia los neoconservadores norteamericanos, contra ellos carga sus tintas especialmente, el tipo parece ya estar tan de vuelta de todo que no teme crítica alguna ni tiene miedo a crearse más enemigos dentro de su país. El demoledor retrato de los conservadores y fundamentalistas religiosos, vistos aquí como reprimidos, parece ser el objetivo último de esta comedia. Por que esta peli es una comedia, una buena comedia, una más, de Woody Allen. Una comedia inteligente, con grandes diálogos, buenas interpretaciones y con un gran ritmo que nos devuelve al mejor Allen (y también al más típico).
Quizás la única novedad sea una evolución hacia el mensaje algo más optimista que en sus anteriores trabajos y Allen nos ofrezca un mensaje más positivo respecto a cómo encarar la vida. Pero si nunca te ha gustado Woddy Allen, este film no te hará cambiar de opinión.

Aún así está muy por encima de la media, por mucho que Allen siga metiendo chistes sobre el holocausto o siga tiñendo las relaciones de pareja de un pesimismo incorregible.

Si la cosa funciona, es la enésima confirmación de un estilo. Otra buena comedia de un tipo que sabe que es único y que nadie le pide que cambie su forma de escribir o dirigir. No le hace falta.

7

viernes, 16 de octubre de 2009

El sueño de casandra (Cassandra's dream)

Dos hermanos muy distintos entre sí pasan por serios apuros económicos y sólo su tío puede sacarlos del apuro. Pero no será gratis.


En su etapa londinense Woody Allen se ha centrado en los dramas con tintes de tragedia griega. Parece que Londres le ha inspirado las historias más negras de toda su filmografía. Como en la genial Match point, los protagonistas acarician su sueño de pertenecer a una clase social acomodada. El problema viene cuando hay que cometer algún crimen para alcanzar ese sueño.

Como si de la novela Crimen y castigo se tratara, los remordimientos y la culpa enturbiarán la ansiada felicidad. La historia (dos hermanos en apuros) se parece a la posterior Antes que el diablo sepa que has muerto, ambas podrían ser material para un telefilm, pero en manos expertas pueden dar mucho más juego.

El guión de Woddy no defrauda, los personajes están bien definidos, incluidos los secundarios. Pero el desarrollo es algo lento y la resolución de la historia nos puede dejar un tanto noqueados. No es una historia alegre ni divertida, no esperéis ver la típica peli de Woody Allen con él interpretando su eterno personaje de escritor mujeriego e irónico.
Temas como la envidia, el autocontrol, las drogas o el juego no son temas muy Allenianos pero están bien resueltos.
La peli está rodada de forma correcta, a su estilo habitual aunque haya cambiado de continente, Woody no se complica con alardes técnicos ni experimentos, se centra en los actores. Tanto Ewan McGrewgor como Colin Farrell hacen unas interpretaciones notables. Del resto del reparto yo destacaría el saber hacer de Tom Wilkinson (Michael Clayton, Full Monty) y la belleza de Hayley Atwell.
En resumen, un buen film de Woody pero algo inferior a lo que nos tenía acostumbrados.
6

lunes, 12 de octubre de 2009

Match point



Con Match point Allen dio en el clavo en una historia aparentemente poco Alleniana: un tenista trepa en el selecto mundo de los ricachones londinenses parece muy alejado del típico escritor judío hipocondríaco que suele ser el protagonista de sus films. Pero Allen sale airoso y con nota. El tipo cambia de registro y le sale una pequeña joya.




Primeramente hay que decir que vaya ritmo tiene la peli. No sobra ni una escena ni una frase, en cada toma la historia avanza y te va atrapando más y más. Solamente unos pocos maestros saben hacerlo hoy en día (Scorsese, Fincher, Eastwood, Coppola, Allen, Yimou) y no siempre. Me gustó mucho cómo Allen trata los deseos y los anhelos del protagonista. Quien lo tiene todo no lo valora y quien no tiene nada desea aquello que el rico no aprecia. Allen dota a su protagonista de una ambición sin límites, es un personaje maquiavélico, frío y calculador que tiene un perfecto plan para hacerse un hueco en la alta sociedad. Un tipo que busca el pelotazo definitivo que le solucione la vida, un punto de partido, un Match point. Pero aún así no deja de ser un simple ser humano que se deja arrastrar por las más bajas pasiones. Todo su plan para ascender socialmente se verá en peligro por su deseo hacia el personaje de Scarlett Johansson (algo totalmente comprensible). Es entonces cuando deberá poner a prueba sus habilidades y su conciencia (suponiendo que tal cosa exista).

Allen disecciona como un experto cirujano las relaciones de pareja. Ese proceso de cómo la pasión se ve desplazada por la rutina me parece genial. Así mismo plasma genialmente cómo el tedio se instala en una relación, ahogando a los miembros de la pareja (o, al menos, a uno de ellos). La verdad es que el film está muy bien rodado, sin estridencias ni superfluos alardes técnicos y cada escena está perfectamente planificada. Y qué vigor en las escenas de pasión... esa escena en la lluvia...esos arranques pasionales... Vamos, que Allen puede ser un señor de 70 y tantos años pero aún tiene mucho que decir.
 Cierto que el ritmo pierde algo de fuelle en su último tramo (dura más de sus 90 minutos habituales) pero mantener ese ritmo infernal en el que la acción avanza con precisión milimétrica durante 2 horas es casi imposible incluso para un maestro como Woody Allen. Además, esa bajada de ritmo final propicia que el espectador reflexione sobre lo que está viendo. Los actores? muy bien hasta el inexpresivo protagonista Jonathan Rhys Meyers. ¿Scarlett Johansson? Maravillosa en un personaje que evoluciona de fruto prohibido a piedra en el camino. Es lo que tiene la convivencia, hasta las femmes fatale pierden su atractivo en el día a día.

A partir de Match point se puede decir que las películas inmediatamente posteriores de Allen no estuvieron a la misma altura, ni El sueño de Casandra ni sobretodo Vicky Cristina Barcelona por mucho Oscar que le dieran a Penélope Cruz por contar un chiste sobre chinos.
Siempre nos quedará Scarlett bajo la lluvia.
8

lunes, 20 de julio de 2009

Woody Allen y el actor desenfocado

 Aquí os dejo esta divertidad escena del genial Woody Allen de "Desmontando a Harry". Robin Williams interpreta a un actor con un problema muy particular.

martes, 20 de enero de 2009

Vicky Cristina Barcelona



La nueva película de Woody Allen narra la historia de dos turistas norteamericanas que pasan un verano en Barcelona. Allí conocerá a Juan Antonio, un pintor local.



El amigo Woody Allen ha conseguido a su edad que no le interesen para nada las críticas ni las recaudaciones ni las modas. Es a su edad un creador totalmente libre que escribe y rueda lo que le da la gana. Tiene las suficientes obras maestras en su filmografía como para no plegarse a las exigencias de los grandes estudios. Ahora se ha dado cuenta que en Europa se le valora y respeta bastante más que en su Norteamérica natal y le ha cogido gusto a rodar aquí. Supongo que el hecho de que el distintas instituciones públicas hayan financiado esta película también habrá influido algo. De hecho, esta película por momentos parece un publirreportaje de la ciudad de Barcelona. Tampoco olvidemos que el ayuntamiento de Oviedo le puso hace unos años una estatua al director y éste ahora se lo agradece sacando la bonita ciudad en su film.

Tras Match point y El sueño de Casandra (en las que los protagonistas intentaban subir de escalafón social) los personajes de Vicky Cristina Barcelona son los típicos ricos Allenianos: algo cínicos y aburridos de tanto dinero que se dedican a tonterías bastante triviales (yates, gimnasios, viajes). Pero esta vez entran en contacto con la apasionada cultura española (pintores, poetas, bohemios, etc) provocándose un choque entre la dos formas de ver la vida. El personaje central, Vicky, se debate entre seguir con su aburrida existencia (casándose con un tipo con pasta pero bastante soso) o abandonarlo todo por amor.


No se puede decir que la historia esté mal rodada ni que el guión sea malo pero no creo que esté a la altura de lo mejor de Allen. Sí es un cambio relativo en su cine ( más sensual y vitalista) pero quizás no es todo lo satisfactorio que debiera. Los personajes mediterráneos quedan naturales, la fotografía es correcta y las escenas están bien rodadas pero de Woody esperábamos más. Mucho más. La película no es una comedia ni un drama (esta historia podría haber sido cualquiera de las dos cosas), de hecho, se queda a medio camino y no va realmente a ningún sitio. ¿Qué demonios nos quiere decir Woddy con esta peli? Ni idea. Sinceramente, creo que le aptecía rodar con estos actores en España y ya está. Es un capricho.


Yo entiendo la peli como una crítica a la neurótica forma de vivir de los norteamericanos y un canto a la cultura mediterránea. En el film pasan cosas que pueden ser dramáticas (infidelidades, suicidios, disparos) pero los personajes españoles las asumen con bastante naturalidad contagiando a la peli de un aire despreocupado. Igual es que a Woody Allen le ha dado por imitar el estilo Almodóvar pero debería saber que la cultura mediterránea es algo más que flamenco, sexo y arte abstracto. Tampoco comprendo la idea preconcebida de que en Europa todos somos bohemios, bisexuales, poetas, pintores o músicos.

 Que Woody está totalmente colgado por Scarlett Johansson me parece obvio, así como su fascinación por Penélope Cruz. Las dos dan el pego en sus papeles. Javier Bardem me ha gustado bastante menos, no me lo creo como imán sexual. Sus primera frases del guión son para echarse a llorar (”Vámonos en la avioneta de un amigo a Oviedo y hacemos el amor“, JUA JUA JUA. Vaya diáolgo más ridículo / patético. ¿En qué estabas pensando, Woody??)
Por suerte, no todas las frases del guión son tan desafortunadas. Penélope Cruz y Javier Bardem ofrecen las escenas más divertidas con unos diálogos bastante frescos. Sus personajes son los más atractivos del film. También Rebecca Hall cumple con su papel de sosa niña rica.


Al final, un film menor de Woody Allen .


5,5