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miércoles, 10 de marzo de 2010

El lado oscuro de George Lucas


Ya sé que hay miles, cientos de miles o casi millones de páginas dedicadas parcial o totalmente a Star wars. La saga galáctica creada por George Lucas es un hito dentro del cine del siglo XX. Varias generaciones hemos crecido al abrigo de los caballeros Jedi y sus andanzas. Es obvio que ha sido una influencia innegable en muchos cineastas actuales y en muchos de los que actualmente disfrutamos viendo cine. Pero quizás no vendría mal dejarnos de tantas alabanzas y ver el lado oscuro de dicha saga. Que lo tiene, no lo dudes.


1. Influencia:
Primeramente hay que situarse en el contexto de su estreno, 1977. Hay que citar que el cine sufrió un fuerte revés en los años 50 y 60 con la llegada y proliferación de la televisión. Muchos jóvenes descubrieron que se podían ver series y películas cómodamente en casa, sin ir al cine y sin pagar una entrada (vamos, como ahora con internet). Los grandes estudios de Hollywood contraatacaron con inventos técnicos como el cinemascope intentado dar unos colores y unas sensaciones que la pequeña televisión en blanco y negro no era capaz de producir.

Si además sumamos problemas socioculturales como la guerra de Vietnam o la revolución del 68 tenemos un caldo de cultivo ideal para que en los setenta los jóvenes se alejaran del cine comercial y se volvieran hacia un cine más social y combativo. Incluso la ciencia ficción dio un vuelco casi filosófico con 2001: Una odisea del espacio.

Los jóvenes dejaron de ir al cine para divertirse. Las salas de cine se vaciaron del público más joven. El cine tomó un giro en los años sesenta y setenta hacia unas temáticas mucho más maduras. Pelis como Alguien voló sobre el nido del cuco, Danzad, danzad malditos, El graduado o los Westerns crepusculares eran una evolución del cine hacia algo más que el puro divertimento. Era tiempo para contar otras historias. Los héroes y los finales felices ya no estaban de moda.

Pero fue George Lucas quien hizo que el público juvenil volviera a ir en masa a las salas de cine. Con Star wars Lucas devolvió la diversión y la aventura que toda una generación estaba esperando. Y de qué manera.

El problema fue que en los años ochenta se produjo un fenómeno que a la larga sería muy perjudicial: el blockbuster, la peli rompe taquillas, el proyecto de un gran estudio para triunfar en taquilla a toda costa. Preferentemente dirigida a un público muy joven ávido de aventuras y efectos especiales (hasta aquí nada que recriminar) pero cuyos guiones se fueron haciendo cada vez más pobres. Ya en los ochenta tuvimos blockbusters bastante decentes como Cazafantasmas, Willow, Regreso al futuro, Batman o la saga de Indiana Jones. Pero en los noventa y décadas posteriores los avances técnicos se comieron a las historias. Gente como Michael Bay o Roland Emmerich (puag!!) se hicieron de oro con pelis bastante infumables pero que recaudaron lo indecible: La roca, Independence Day, 10000 o Transformers son claros ejemplos. Ahora el cine de aventuras parece casi dirigido por y para idiotas. No hay historias, ni ganas de innovar si exceptuamos en los efectos especiales. No es culpa de Lucas sino de los que siguieron el camino que él abrió.

2. ¿Plagio u homenaje?:
Realmente Star Wars no es una historia muy original. Lo de una princesa secuestrada en un castillo y un joven caballero dispuesto a rescatarla no es nada nuevo (muchos ven también la alargada sombra de Tolkien). Si cambias los caballos de cualquier relato medieval por naves espaciales, ya casi tienes el guión de Star Wars.
De hecho, Star wars (la original, lo que luego se llamó Episodio 4, Una nueva esperanza) se podría considerar como una versión espacial del film japonés La fortaleza escondida de Akira Kurosawa. Incluso usa las mismas transiciones (cortinillas) entre escenas. Lucas reconoce ser un rendido fan de Kurosawa.
3. Influjo oriental:
Los Jedis recuerdan a monjes budistas, su orden pseudo-religiosa y su concepción de la energía (fuerza) recuerdan a una orden budista. Sus vestimentas son una prueba inequívoca. Por otro lado, la máscara de Darth Vader recuerda a la de un guerrero samurái. Así mismo las empuñaduras de las espadas laser son muy semejantes a las de las espadas japonesas. Incluso el nombre de ciertos personajes no deja de recordarnos a oriente: Obi-wan, Qui-Gon Jinn. Y la prueba definitiva es que Toshiro Mifune (quien actuaba en La fortaleza escondida) fue la primera opción de Lucas para encarnar a Obi-Wan.

4. ¿Plagio Músical?:
En vez de usan una banda sonora fundada en sonidos electrónicos o sintetizadores (ya usados con éxito en las pelis de ciencia ficción de los años 50), Lucas le encargó a John Williams una banda sonora tradicional. Es decir, con toda la fanfarria de una gran orquesta. Los efectos especiales pueden ser innovadores pero la emoción que se logra con una gran orquesta es difícil de imitar. Pero el score de Williams se parece peligrosamente en sonoridad y notas al compuesto por el desconocido compositor Erich Wolfgang Korngold para el desconocido film King's row de 1942. Lucas y Williams reconocen que escucharon esa banda sonora y se basaron en ella para crear la de Star Wars.


5. Fallos de guión.
No me refiero a fallos de racord que todas las películas suelen tener a cientos. Me refiero a que Lucas ha vendido la moto de que tenía desde el principio pensadas (y casi escritas) 9 películas divididas en 3 trilogías. Yo no me lo creo.
Pensemos en ciertos detalles:

-La estrella de la muerte se destruye en el episodio 4, pero en el episodio 6 el imperio está construyendo una idéntica con prácticamente el mismo fallo de seguridad, fallo que vuelven a aprovechar los rebeldes para destruirla otra vez. ¿No resulta demasiado simple volver a caer en el mismo error? ¿A nadie se le ocurrió pensar en cambiarle el aspecto? La podían haber hecho con forma de estrella esta vez, o cuadrada. Un fallo garrafal. Por no mencionar a los inocentes obreros que perecen en su destrucción ¿O los rebeldes atacan en día festivo?.
- Lucas hizo que el constructor de C3PO fuera Darth Vader de niño, pero es un dato que no aporta nada a la trama. Por cierto, Obi-wan no reconoce a R2D2 en la trilogía original aunque según Lucas hace años fueron grandes compañeros y le salvó la vida varias veces. A C3PO le borraron la memoria en el episodio 3 (hecho metido con calzador), pero... y a R2D2???

-No olvidemos que en El retorno del Jedi (episodio 6, vaya lío) Luke le pregunte a Leia por su madre y ésta responde que la recuerda como una mujer muy triste. OK, pero… su madre muere nada más dar a luz y no viven con ella ni un minuto, los apartan de ella casi sin tiempo ni para ponerles el nombre. Imposble que Leia tuviera esos recuerdos de su madre.

-Otro ejemplo, pensemos cuando se enfrentan Obi-wan y Darth Vader en el episodio 4, Vader le dice eso de “cuando nos separamos tú eras el maestro y yo el aprendiz, pero ahora el maestro soy yo.” Muy dramático, pero no cuadra, en el episodio 3 Anakin ya no es el aprendiz de Obi-Wan, ya es caballero Jedi. No se hacen reproches relativos a Mace Windu ni al senador Palpatine, simplemente porque Lucas aún no los había imaginado ni desarrollado. La saga se ha ido escribiendo sobre la marcha y a veces se contradice.

6.¿Innumerables ediciones y retoques?
Dice Lucas que un director nunca termina una película, sólo la abandona por falta de tiempo. Siempre hay detalles que le gustaría perfeccionar. No le falta razón, pero Lucas lleva 30 años retocando Star wars. Sus películas sufren retoques en cada nueva edición y remasterización que cada cierto tiempo el amigo se saca de la manga. No sólo cambia planos y mejora los efectos especiales. Incluye escenas que no aportan nada (la de la ridícula actuación musical en la guarida de Jabba the Hutt o la escena de Jabba en el puerto espacial de Mo Saisley) e introduce efectos y retoques digitales.
Al actor que puso cara a Darth Vader le borraron las cejas digitalmente en la última edición de El retorno del Jedi ya que en el episodio 3 todos vimos como se quemó cuando aún era Anakin Skywalker. En las anteriores ediciones estaban las cejas. Igualmente dicho actor fue sustituido digitalmente por Hayden Christensen en la escena en la que Luke ve a su padre junto a Yoda y Obi Wan. Retoques a posteriori que evidencian que la trama se ha ido improvisando sobre la marcha.

Yo espero que incluya de una vez (en la reedición espacial superdeluxe 3D en super blu-ray) algunas escenas de La guerra de las galaxias como la del grupo de amigos que tiene Luke en Tatooine en la que se ve a una pareja retozando en un sofá o la de la chica con la que se está besando Han Solo en la cantina. Son un par de ligeras referencias sexuales que a Lucas no debieron parecerle adecuadas. Yo creo que no desentona nada que un contrabandista tenga un ligue en un bar ni que unos jovenzanos se diviertan de acuerdo a su edad, por muy lejana de la nuestra que sea su galaxia.

7. Que la pasta te acompañe
Lucas ha sido siempre un hábil hombre de negocios más que un gran director, se quedó con los derechos y beneficios de todo el merchandising de la franquicia y ya te puedes imaginar la de millones de posters, muñecos, juegos de ordenador, mochilas, baberos, pijamas y camisetas que se han vendido con el logo de Star Wars. A veces da la sensación de que ciertos escenarios y personajes de la segunda trilogía hansido creados únicamente para venderlos como muñequitos o escenas para el videojuego.
Lucas hizo el ridículo al infantilizar demasiado su episodio 1: cierto personaje de grandes orejas (cuyo nombre no voy a mencionar para no provocar una perturbación en la fuerza) es irritante para todo espectador mayor de 4 años. Igualmente el personaje de Anakin de niño no es nada interesante, evidenciando que Lucas intentaba atraer a cualquier precio al público infantil. El público que más consume. Igualmente, posteriores acercamientos al universo Star Wars han sido siempre bastante infantiles con esas series animadas para niños.

Por cierto, yo sigo sin entender los 16 años que pasaron entre El retorno del Jedi (1983) y La amenaza fantasma (1999). Dice Lucas que esperaba hasta que los efectos digitales evolucionaran lo suficiente, yo pienso que tuvo otros motivos. Su divorcio le salió muy caro, se dice que en el acuerdo extra judicial su ex mujer se llevaba la mitad de todos los beneficios que generaran Star Wars e Indiana Jones hasta 1998, qué causalidad.
Además, los fans de la saga original ya eran muy mayores y estaban bajando las ventas de merchandising. Era ya hora de buscar un nuevo público/mercado. Que es lo que somos al fin y al cabo.




martes, 20 de octubre de 2009

EL TREN DEL INFIERNO (Runaway train, 1985)

Hay películas que las ves de niño y te causan una honda impresión. Aún recuerdo cuando vi esta película en Sábado cine hará casi 20 años. Era una de esas noches de los sábados en las que te quedabas en casa con tus padres y descubrías grandes películas. No había internet, ni cadenas privadas, ni cable, ni TDT, la única forma de ver cine en casa era gracias a la tele o pagando en un video club. Yo echo de menos espacios así, un espacio que emitía películas de calidad de décadas anteriores.

Cuando vuelves a ver estas películas unos años después descubres que no son exactamente tal y cómo tú las recordabas. Descubres que tu mente las había magnificado. No son tan espectaculares como tú las recordabas, los efectos especiales se ven arcaicos y muchas cosas que no entendías puede que ahora te resulten ridículas. Hay películas que envejecen mal. Es lo que tiene el paso del tiempo, que pasa para todos. Las películas siguen igual pero nosotros ya nunca seremos tan inocentes ni tan fáciles de impresionar.


Hace poco decidí volver a ver un film que me impactó mucho de crío: El tren del infierno. No recordaba mucho del film, sólo que unos fugitivos huían de la justicia en un tren sin frenos a través de parajes nevados. No recordaba nada del final, incluso pensaba que estaba ambientada en Siberia, quizás debido al apellido del director. Eso sí, tenía grabadas a fuego algunas escenas de los protagonistas a punto de caer a las vías y sufriendo lo indecible entre los vagones. Siempre me han gustado las pelis de viajes y creo que los trenes nos han dado grandes escenas. Desde El maquinista de la general a Asalto al tren Pelham pasando por El puente de Casandra u Octopussy los trenes nos han regalado en el cine muchas horas de diversión.
El tren del infierno era un cine de aventuras mucho más pesimista que las pelis de Indiana Jones o Star Wars, era otra cosa, era un cine más adulto y que yo, como niño, no alcanzaba a entender en toda su plenitud. Cuando la vuelves a ver veinte años después, descubres que la peli es un entretenimiento total, toda una trepidante peli de aventuras, pero también es algo más, ese algo más que de niño no entendías pero te atraía. Tiene un trasfondo filosófico, casi crepuscular, que me dejó fascinado de crío y ahora me impactó algo menos pero me pareció todavía interesante. Por cierto, el guión está basado en una idea de Akira Kurosawa.

Primeramente los protagonistas no son los típicos héroes, ni siquiera son chicos buenos. Manny (John Voight) es un duro preso decidido a fugarse de la cárcel de máxima seguridad de Alaska en la que ha pasado tres años incomunicado. Por su parte, Buck (Eric Roberts) es un joven inexperto demasiado chulito, un tipo no muy listo pero necesario para la fuga debido a su trabajo en la lavandería (por cierto, ambos actores fueron nominados al Oscar por sus interpretaciones en este film). No son colegas ni socios, uno de ellos debe salir de la cárcel para demostrarle al alcaide que es mejor que él mientras el otro sólo ve la oportunidad y la aprovecha. También aparecen Rebecca de Mornay, pero no voy a hablar de su personaje para no desvelar nada de la trama, y Danny Trejo (Machete) en su eterno papel de presidario.
El odio que se profesan el alcaide y Manny es otro punto de interés, ambos son igual de decididos y crueles, sólo que están en bandos opuestos. El alcaide quiere acabar con Manny como sea, le ha humillado al fugarse y ahora debe matarle.

Tras una fuga un poco simplona, la verdad, los dos presos llegarán a una estación de trenes, allí Manny elegirá un tren en el que huirán. Su elección no podría haber sido peor. El tren se nos presenta entre vapor como si de un ser mitológico se tratara. Su presencia se nos antoja casi sobrenatural (cercana al camión de El diablo sobre ruedas), no es sólo un tren, es una máquina imparable, un dragón de metal que avanza sin control entre los bosques nevados de Alaska. Los protagonistas se las prometen muy felices al subir al tren pero pronto la cosa se complicará, el tren esconde más de una sorpresa y no todas agradables.

Los fríos parajes y la música electrónica de Trevor Jones dan al film un aire trágico (supongo que el toque Kurosawa también tendrá mucho de culpa), haciéndonos intuir que el viaje no va a terminar bien. Por cierto, a principios de los ochenta estaba muy de moda ese tipo de sonidos de sintetizadores tras El expreso de medianoche o Carros de fuego. Por suerte la cosa duró poco, pero los ochenta están plagados de bandas sonoras llenas de fríos sintetizadores que no pegan con la trama, Lady Halcón sería otro ejemplo.

 Lo que más me desconcertó fueron ciertos diálogos que evidencian los diferentes caracteres de los dos convictos. No son amigos en ningún momento, simplemente se necesitan el uno al otro y los continuos roces son inevitables. Sus deseos y esperanzas son totalmente distintos, el joven desea una vida de lujo tras robar un banco, el veterano desea poder llevar una vida normal con un trabajo normal, pero sabe que nunca lo conseguirá.

 La dirección del ruso Andrei Konchalovsky (quien luego haría Tango y Cash, menudo horror) no puede ser más fría y a la vez más adictiva. La acción avanza con cada escena, nada sobra en las casi dos horas que dura el film, al igual que el tren, la trama avanza sin control y con continuos sobresaltos hacia un destino incierto. Destacar finalmente el obsesivo empeño por conseguir la libertad incluso en las condiciones más adversas y un final que me dejó clavado al sillón igual que ya lo hizo hace veinte años.

No es una obra maestra pero es un notable ejercicio dentro del cine de aventuras de los años 80.

7,5

domingo, 5 de abril de 2009

EL ÚLTIMO SAMURAI (The last samurai)



Tras hablar de Valkiria, no puedo evitar publicar este post sobre El último samurái. Un film paradigmático de cine espectáculo a servicio de una estrella. Técnicamente perfecto pero vacío de contenido. Me explico tras el salto.



La historia de un traumatizado ex-soldado norteamericano que sobrevive como atracción de feria y recibe la oferta de irse a Japón para instruir a un ejército no es mala. Posteriormente la historia da un giro, el soldado es capturado y se hace afín a los motivos de los samuráis rebeldes a los que debía ayudar a liquidar (algo así como en Bailando con lobos pero cambiando a los indios por samuráis). Con ellos superará sus traumas, adicciones y se encontrará a sí mismo. De paso habrá alguna atracción amorosa y buenas escenas de batalla. Nada más.


Yo esperaba que el acercamiento al Japón del siglo XIX fuera un poco más allá de los trajes y los decorados. Era una muy buena oportunidad para que en occidente nos enteráramos un poco de qué iba eso de los samuráis, los emperadores, el shogunato, el budismo, el bushido, el arte de la guerra, etc. Nada de nada.


Las mejores aproximaciones a la sociedad feudal nipona las hizo (obviamente) el japonés Akira Kurosawa en films como Ran (Caos), Kagemusha (La sombra del guerrero) o Shichinin no samurai (Los siete samuráis). Films todos ellos totalmente recomendables aunque algo largos y lentos a ojos del espectador moderno.
Oriente no tiene buena suerte en el cine comercial occidental, las aproximaciones Hollywoodienses se suelen quedar en el mero exotismo y las artes marciales. No hay apenas acercamientos serios a la cultura oriental. Para ello tienes que ver películas orientales. Quizás sólo Bernardo Bertolucci con El último emperador hizo un intento serio de plasmar la cultura oriental. Memorias de una geisha fue una loable aproximación al mundo de las geishas pero se quedó en el exotismo de los trajes y casi no profundizó más allá.


El budismo, en especial, es una religión bastante mal tratada por el cine. Bertolucci nos aburrió con El pequeño buda, Scorsese fracasó con Kundun y Anaud nos defraudó con Siete años en el Tíbet. El último samurái es otra cosa, puro cine espectáculo, un film de aventuras sin más pretensiones que entretener. No intenta explicarnos las costumbres de la época. Se queda en los tópicos de siempre: kimonos, peleas con espadas, harakiris (Sepuku) y unos budas ante los que se postran los personajes pero no se sabe si rezan, meditan o simplemente duermen.


No se intenta acercar al espectador a la sociedad feudal nipona, ni a la religión budista ni explicar los códigos éticos ni morales de los samuráis. No se explica en ningún momento que el emperador era una figura decorativa, se le consideraba hijo de los dioses pero el poder los ostentaba y ejercía el Shogun. La sociedad estaba basada todavía en el sistema feudal, muy parecido al de la Europa medieval. Los samuráis eran como los nobles de Europa, eran la casta privilegiada, guerreros que oprimían al pueblo a cambio de protección frente al ataque de clanes rivales. Todo este obsoleto régimen es el que el emperador Meiji intentó cambiar a finales del siglo XIX. Pero esta modernización del país pasaba por acabar con el poder de los samuráis, quienes, obviamente, se resitían al cambio.


El guión de El último samurái se queda en el mero topicazo, mucha lucha con espadas y mucho traje pero poco contenido. Los diálogos intentan ponerse trancendentes pero acaban sonando bastante insustanciales. Hay buenas oportunidades de plasmar las diferencias entre las dos culturas y el acercamiento entre ambas. Pero el guión las desaprovecha. Se centra mucho más en el trauma del personaje de Cruise que en el interesante conflicto en el que estaba sumido Japón. Pienso que ambas tramas son compatibles y se podría haber llevado a cabo un film divertido a la vez que didáctico.


Además en el film se establece una analogía entre la guerra contra los indios en Norteamérica y la modernización de Japón. Lo que pasó con los indios no creo que fuera una guerra, fue un exterminio. La modernización de un país no puede pasar nunca por el exterminio de sus habitantes autóctonos. Otra vez Hollywood dando lecciones y metiendo la pata.


Eso sí, los films dirigidos por Edward Zwick ( Resistencia, Diamante de sangre, Leyendas de pasión) son siempre buenos espectáculos visuales y este film no es una excepción.
La fotografía es espectacular (realmente preciosa) así como la música de Hans Zimmer, quien realiza una emocionante banda sonora cercana a los sonidos del genial compositor japonés Kitaro.

El último samurái es simplemente un vehículo técnicamente perfecto para el lucimiento de la mega estrella Tom Cruise (que sale siempre muy guapo y muy bien peinado). Un lucimiento caro y muy bien manufacturado, pero hueco.
5