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miércoles, 29 de enero de 2014

La ladrona de libros (The book thief)


A través de los ojos de la joven huérfana Liesel asistimos a la ascensión del régimen nazi y el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

 Las adaptaciones de los best-sellers me suelen resultar bastante decepcionantes. Nunca es fácil adaptar fielmente un libro y mucho menos cuando se pretende agradar al mayor número posible de espectadores. En esta adaptación de La ladrona de libros de Markus Zusak, opino que se ha conseguido llegar a un público mayoritario a cambio de presentar un producto sin demasiada personalidad.

 Esta adaptación me resultó demasiado académica. La dirección de Brian Percival, quien se estrena en la dirección tras su trabajo en televisión en series como Downton Abbey, es demasiado obvia y estandarizada. No innova ni pretende salirse de los cánones del denominado cine para toda la familia. Percival busca (y consigue) emocionar al espectador a base de identificarse con los personajes mientras descuida otros elementos a mi juicio relevantes como la pasión de la lectura de la protagonista o el poder de los libros para escapar de la realidad, etc. No se detiene apenas en la imposición del pensamiento único, la censura, la persecución del disidente o el riesgo de poseer un libro prohibido.Conceptos que pueden parecernos hoy día muy lejanos en la era del libro digital e internet pero que siguen estando presentes aunque de forma menos obvia. Me parece curioso que estas historias de lavado de cerebro se ambienten casi siempre en la Alemania nazi, como si otros muchos regímenes no  hubieran ejercido una similar labor de censura y control.

El film muestra el Tercer Reich desde los ojos de los niños, bendita inocencia. Muchos hechos terribles parecen mostrados de forma mucho menos trágica de lo que realmente fueron, vistos por las mentes infantiles que no entienden qué estaba pasando. Así, el film no profundiza en las miserias de la guerra y evita deliberadamente ciertos elementos escabrosos para centrarse en el lado más ñoño de la historia. Valga como ejemplo, que es la primera vez que veo fallecidos en un bombardeo sin una gota de sangre. Para entendernos, la Ladrona de libros está más cerca de El niño con el pijama de rayas que de La lista de Schindler.

 Por suerte, Percival dota al film de un acertado ritmo y la película se ve sin problemas e incluso es bastante disfrutable. Las dos horas que dura el film se me pasaron casi en un suspiro y es un film que recomendaría a cualquier espectador que busque una bonita historia. Supongo que el buen hacer de Geoffrey Rush y Emily Watson (ambos excelentes en sus opuestos pero complementarios personajes) también tuvo algo que ver. Por cierto, la joven Sophie Nélisse me gustó mucho, creo que dará que hablar en el fututo. Cuando uno es consciente del tipo del film que está viendo, sólo cabe esperar que éste esté presentado de forma correcta. Y La ladrona de libros cumple perfectamente con su cometido.

 Debo advertiros que al final del film no pude evitarlo y por mis mejillas rodaron varias lágrimas. Soy un sentimental, lo sé. Estas historias de niños, judíos y guerra me tocan la fibra sensible. En su búsqueda de emocionar al espectador ayuda la partitura de John Williams (que me pasó bastante inadvertida hasta el final que es cuando tuvo un efecto demoledor en mis lagrimales).

La ladrona de libros es un film destinado a agradar al gran público, perfectamente ambientado, fotografiado y rodado pero creo que le faltó algo de personalidad.



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sábado, 11 de febrero de 2012

War horse (Caballo de batalla)



War horse es la nueva película de Steven Spielberg tras Las aventuras de Tintín. Ahora nos narra las aventuras y desventuras de un caballo en medio de la Primera Guerra Mundial.

 Steven Spielberg ha sido uno de los mejores directores de las últimas 4 décadas. Ya en los setenta nos dejó magníficas películas como El diablo sobre ruedas, Tiburón o Encuentros en la tercera fase. Luego en los años 80 nos emocionó con E.T. y de la mano de su amigo George Lucas nos trajo la saga de Indiana Jones. Su cine ofrecía calidad y comercialidad a partes iguales. El público acudía en masa a las salas de cine pero la crítica le era algo desvaforable.
Pero Spielberg decidió que no sólo era capaz de darnos entretenimiento de primera, quería ser capaz de emocionar al espectador. Así empezó a alternar proyectos más personales, llegaron melodramas como El color púrpura, El imperio del sol y Always.
 En los años 90 siguió ofreciendo entretenimiento con Parque Jurásico pero el ansiado reconocimiento de la crítica llegó finalmente con sus dos obras maestras : La lista de Schindler y Salvar al soldado Ryan. Spielberg  se perfilaba como un autor maduro, capaz de grandes pelícuas de evasión y de grandes dramas. Sin embargo, ya en los 90 y posteriormente Spielberg se embarcó en films fallidos como Hook, Amistad, I.A., Minority Report, La terminal o La guerra de los mundos. Films que no son malos pero no estaban a la altura de lo que se esperaba del rey Midas de Hollywood.

 El problema de Spielberg es que cada vez de forma más frecuente sus películas dan vergüenza ajena, a mí me pasa. Unos ejemplos: En La lista de Schindler Spielberg incluye un innecesario epílogo en el que los actores del film ponen piedras sobre la tumba de Oscar Schindler acompañados por los personajes reales a los que interpretan. Un innesario intento de emotividad que hace que la peli pierda bastante. En Salvar al soldado Ryan, Spielberg vuelve a incluir un epílogo que da bastante grima, el del señor mayor llorando mientras se pregunta si  ha sido digno del esfuerzo que muchos hicieron por salvarle. La escenita me pareció simplemente bochornosa. Un acceso de sentimentalismo que queda ridículo. Un ejemplo más de lo qie intento explicar, imaginaros que el final de Tiburón fuera una escena en la que los dos supervivientes  llegan  nadando a la playa y todo el pueblo sale a recibirles entre aplausos y vítores. Hubiera sido un final patético para una gran película. Así es War horse.


 En War horse Spielberg demuestra que definitivamente, ha perdido el rumbo. Cuando vimos Tintín pensamos que Spielberg seguía siendo un maestro del cine de aventuras, pero al ver War horse nos damos cuenta que Spielberg se ha vuelto más sentimental que nunca. Spielberg he hecho un film familiar que busca desesperadamente la lágrima desde el primer plano. Pero el estilo no es el adecuado.  War horse parece una mezcla de El hombre tranquilo, ¡Qué bello es vivir! y Lassie. Spielberg abusa de recursos que les quedaban bien a John Ford o a Frank Capra, pero en 2012 quedan anticuados y ridículos. Me explico, esa masa popular que se congrega para ver al protagonista pasarlas canutas y que le vitorea cuando consigue su objetivo da vergüenza ajena y ya no es creíble. Hay otras maneras mucho mejores de emocionar al espectador que apelar al instinto gregario del ser humano. Spielberg vuelve a estropear su film por ese tono pastelón y ñoño del film. No recuerdo un film tan cursi desde Sonrisas y lágrimas o Siete novias para siete hermanos.

 En su intento de emocionar, Spielberg nos presenta a unos personajes demasiado planos, sin matices. O son muy buenos o son muy malos, no hay término medio. Tampoco les dedica el tiempo suficiente. El montaje es muy acelerado, hay muchas cosas que contar  y no hay espacio para un desarrollo adecuado de los personajes. Los actores hacen un gran trabajo (menos el protagonista, Jeremy Irvine, que parece lelo), pero ya desde la escena de la subasta vemos que el rancio tono melodramático de la historia va a acabar por asfixiar todo lo demás. Por supuesto, la mano del director se nota y la peli tiene escenas de batallas muy logradas  y movimientos de cámara espectaculares pero no es suficiente.
El problema es que el film técnicamente está muy bien pero el tono infantil del film lo echa todo por tierra. Spielberg se empeña en no mostrar ni una gota de sangre ni una víscera, para ello recurre a trucos (el aspa del molino) y forzados cortes de montaje (el parto) para convertir en infantil esta historia de guerra. Como cuando en la reedición en DVD de E.T. transformó digitalmente las pistolas de los policías en sprays, una vez más su deseo de llegar al mayor número de espectadores le ha jugado una mala pasada. No sabe que los niños de ahora prefieren a Bob Espoja antes que ir al cine a llorar.


 Otro que debe buscar otro camino (o retirarse directamente, que ya tiene 80 años) es el bueno de John Williams. Este señor ya cansa. Yo he sido fan de sus composiciones pero ya no puede ser más repetitivo. Su banda sonora para War horse se parece demasiado a muchas otras de su autor y no consigue aportar ni una sola melodía que se recuerde al acabar el film. Está nominado al Oscar, como siempre, y es toda una institución, pero hay que saber retirarse a tiempo.

 Otro que no está a la altura es el director de fotografía habitual de Spielberg, el genial Janusz Kaminski, la fotografía de este film es tan maravillosa que no hay quien se la crea. El atardecer de la escena final es totalmente artificial y aberrante, de un naranja chillón calcado de Lo que el viento se llevó. Un horror. Entiendo que Spielberg vuelva la vista atrás hacia melodramas de los años 30 y 40, pero han pasado 80 años.

Pastelón indigesto, sólo recomendable para amantes de la lágrima fácil y el azúcar.


miércoles, 10 de marzo de 2010

El lado oscuro de George Lucas


Ya sé que hay miles, cientos de miles o casi millones de páginas dedicadas parcial o totalmente a Star wars. La saga galáctica creada por George Lucas es un hito dentro del cine del siglo XX. Varias generaciones hemos crecido al abrigo de los caballeros Jedi y sus andanzas. Es obvio que ha sido una influencia innegable en muchos cineastas actuales y en muchos de los que actualmente disfrutamos viendo cine. Pero quizás no vendría mal dejarnos de tantas alabanzas y ver el lado oscuro de dicha saga. Que lo tiene, no lo dudes.


1. Influencia:
Primeramente hay que situarse en el contexto de su estreno, 1977. Hay que citar que el cine sufrió un fuerte revés en los años 50 y 60 con la llegada y proliferación de la televisión. Muchos jóvenes descubrieron que se podían ver series y películas cómodamente en casa, sin ir al cine y sin pagar una entrada (vamos, como ahora con internet). Los grandes estudios de Hollywood contraatacaron con inventos técnicos como el cinemascope intentado dar unos colores y unas sensaciones que la pequeña televisión en blanco y negro no era capaz de producir.

Si además sumamos problemas socioculturales como la guerra de Vietnam o la revolución del 68 tenemos un caldo de cultivo ideal para que en los setenta los jóvenes se alejaran del cine comercial y se volvieran hacia un cine más social y combativo. Incluso la ciencia ficción dio un vuelco casi filosófico con 2001: Una odisea del espacio.

Los jóvenes dejaron de ir al cine para divertirse. Las salas de cine se vaciaron del público más joven. El cine tomó un giro en los años sesenta y setenta hacia unas temáticas mucho más maduras. Pelis como Alguien voló sobre el nido del cuco, Danzad, danzad malditos, El graduado o los Westerns crepusculares eran una evolución del cine hacia algo más que el puro divertimento. Era tiempo para contar otras historias. Los héroes y los finales felices ya no estaban de moda.

Pero fue George Lucas quien hizo que el público juvenil volviera a ir en masa a las salas de cine. Con Star wars Lucas devolvió la diversión y la aventura que toda una generación estaba esperando. Y de qué manera.

El problema fue que en los años ochenta se produjo un fenómeno que a la larga sería muy perjudicial: el blockbuster, la peli rompe taquillas, el proyecto de un gran estudio para triunfar en taquilla a toda costa. Preferentemente dirigida a un público muy joven ávido de aventuras y efectos especiales (hasta aquí nada que recriminar) pero cuyos guiones se fueron haciendo cada vez más pobres. Ya en los ochenta tuvimos blockbusters bastante decentes como Cazafantasmas, Willow, Regreso al futuro, Batman o la saga de Indiana Jones. Pero en los noventa y décadas posteriores los avances técnicos se comieron a las historias. Gente como Michael Bay o Roland Emmerich (puag!!) se hicieron de oro con pelis bastante infumables pero que recaudaron lo indecible: La roca, Independence Day, 10000 o Transformers son claros ejemplos. Ahora el cine de aventuras parece casi dirigido por y para idiotas. No hay historias, ni ganas de innovar si exceptuamos en los efectos especiales. No es culpa de Lucas sino de los que siguieron el camino que él abrió.

2. ¿Plagio u homenaje?:
Realmente Star Wars no es una historia muy original. Lo de una princesa secuestrada en un castillo y un joven caballero dispuesto a rescatarla no es nada nuevo (muchos ven también la alargada sombra de Tolkien). Si cambias los caballos de cualquier relato medieval por naves espaciales, ya casi tienes el guión de Star Wars.
De hecho, Star wars (la original, lo que luego se llamó Episodio 4, Una nueva esperanza) se podría considerar como una versión espacial del film japonés La fortaleza escondida de Akira Kurosawa. Incluso usa las mismas transiciones (cortinillas) entre escenas. Lucas reconoce ser un rendido fan de Kurosawa.
3. Influjo oriental:
Los Jedis recuerdan a monjes budistas, su orden pseudo-religiosa y su concepción de la energía (fuerza) recuerdan a una orden budista. Sus vestimentas son una prueba inequívoca. Por otro lado, la máscara de Darth Vader recuerda a la de un guerrero samurái. Así mismo las empuñaduras de las espadas laser son muy semejantes a las de las espadas japonesas. Incluso el nombre de ciertos personajes no deja de recordarnos a oriente: Obi-wan, Qui-Gon Jinn. Y la prueba definitiva es que Toshiro Mifune (quien actuaba en La fortaleza escondida) fue la primera opción de Lucas para encarnar a Obi-Wan.

4. ¿Plagio Músical?:
En vez de usan una banda sonora fundada en sonidos electrónicos o sintetizadores (ya usados con éxito en las pelis de ciencia ficción de los años 50), Lucas le encargó a John Williams una banda sonora tradicional. Es decir, con toda la fanfarria de una gran orquesta. Los efectos especiales pueden ser innovadores pero la emoción que se logra con una gran orquesta es difícil de imitar. Pero el score de Williams se parece peligrosamente en sonoridad y notas al compuesto por el desconocido compositor Erich Wolfgang Korngold para el desconocido film King's row de 1942. Lucas y Williams reconocen que escucharon esa banda sonora y se basaron en ella para crear la de Star Wars.


5. Fallos de guión.
No me refiero a fallos de racord que todas las películas suelen tener a cientos. Me refiero a que Lucas ha vendido la moto de que tenía desde el principio pensadas (y casi escritas) 9 películas divididas en 3 trilogías. Yo no me lo creo.
Pensemos en ciertos detalles:

-La estrella de la muerte se destruye en el episodio 4, pero en el episodio 6 el imperio está construyendo una idéntica con prácticamente el mismo fallo de seguridad, fallo que vuelven a aprovechar los rebeldes para destruirla otra vez. ¿No resulta demasiado simple volver a caer en el mismo error? ¿A nadie se le ocurrió pensar en cambiarle el aspecto? La podían haber hecho con forma de estrella esta vez, o cuadrada. Un fallo garrafal. Por no mencionar a los inocentes obreros que perecen en su destrucción ¿O los rebeldes atacan en día festivo?.
- Lucas hizo que el constructor de C3PO fuera Darth Vader de niño, pero es un dato que no aporta nada a la trama. Por cierto, Obi-wan no reconoce a R2D2 en la trilogía original aunque según Lucas hace años fueron grandes compañeros y le salvó la vida varias veces. A C3PO le borraron la memoria en el episodio 3 (hecho metido con calzador), pero... y a R2D2???

-No olvidemos que en El retorno del Jedi (episodio 6, vaya lío) Luke le pregunte a Leia por su madre y ésta responde que la recuerda como una mujer muy triste. OK, pero… su madre muere nada más dar a luz y no viven con ella ni un minuto, los apartan de ella casi sin tiempo ni para ponerles el nombre. Imposble que Leia tuviera esos recuerdos de su madre.

-Otro ejemplo, pensemos cuando se enfrentan Obi-wan y Darth Vader en el episodio 4, Vader le dice eso de “cuando nos separamos tú eras el maestro y yo el aprendiz, pero ahora el maestro soy yo.” Muy dramático, pero no cuadra, en el episodio 3 Anakin ya no es el aprendiz de Obi-Wan, ya es caballero Jedi. No se hacen reproches relativos a Mace Windu ni al senador Palpatine, simplemente porque Lucas aún no los había imaginado ni desarrollado. La saga se ha ido escribiendo sobre la marcha y a veces se contradice.

6.¿Innumerables ediciones y retoques?
Dice Lucas que un director nunca termina una película, sólo la abandona por falta de tiempo. Siempre hay detalles que le gustaría perfeccionar. No le falta razón, pero Lucas lleva 30 años retocando Star wars. Sus películas sufren retoques en cada nueva edición y remasterización que cada cierto tiempo el amigo se saca de la manga. No sólo cambia planos y mejora los efectos especiales. Incluye escenas que no aportan nada (la de la ridícula actuación musical en la guarida de Jabba the Hutt o la escena de Jabba en el puerto espacial de Mo Saisley) e introduce efectos y retoques digitales.
Al actor que puso cara a Darth Vader le borraron las cejas digitalmente en la última edición de El retorno del Jedi ya que en el episodio 3 todos vimos como se quemó cuando aún era Anakin Skywalker. En las anteriores ediciones estaban las cejas. Igualmente dicho actor fue sustituido digitalmente por Hayden Christensen en la escena en la que Luke ve a su padre junto a Yoda y Obi Wan. Retoques a posteriori que evidencian que la trama se ha ido improvisando sobre la marcha.

Yo espero que incluya de una vez (en la reedición espacial superdeluxe 3D en super blu-ray) algunas escenas de La guerra de las galaxias como la del grupo de amigos que tiene Luke en Tatooine en la que se ve a una pareja retozando en un sofá o la de la chica con la que se está besando Han Solo en la cantina. Son un par de ligeras referencias sexuales que a Lucas no debieron parecerle adecuadas. Yo creo que no desentona nada que un contrabandista tenga un ligue en un bar ni que unos jovenzanos se diviertan de acuerdo a su edad, por muy lejana de la nuestra que sea su galaxia.

7. Que la pasta te acompañe
Lucas ha sido siempre un hábil hombre de negocios más que un gran director, se quedó con los derechos y beneficios de todo el merchandising de la franquicia y ya te puedes imaginar la de millones de posters, muñecos, juegos de ordenador, mochilas, baberos, pijamas y camisetas que se han vendido con el logo de Star Wars. A veces da la sensación de que ciertos escenarios y personajes de la segunda trilogía hansido creados únicamente para venderlos como muñequitos o escenas para el videojuego.
Lucas hizo el ridículo al infantilizar demasiado su episodio 1: cierto personaje de grandes orejas (cuyo nombre no voy a mencionar para no provocar una perturbación en la fuerza) es irritante para todo espectador mayor de 4 años. Igualmente el personaje de Anakin de niño no es nada interesante, evidenciando que Lucas intentaba atraer a cualquier precio al público infantil. El público que más consume. Igualmente, posteriores acercamientos al universo Star Wars han sido siempre bastante infantiles con esas series animadas para niños.

Por cierto, yo sigo sin entender los 16 años que pasaron entre El retorno del Jedi (1983) y La amenaza fantasma (1999). Dice Lucas que esperaba hasta que los efectos digitales evolucionaran lo suficiente, yo pienso que tuvo otros motivos. Su divorcio le salió muy caro, se dice que en el acuerdo extra judicial su ex mujer se llevaba la mitad de todos los beneficios que generaran Star Wars e Indiana Jones hasta 1998, qué causalidad.
Además, los fans de la saga original ya eran muy mayores y estaban bajando las ventas de merchandising. Era ya hora de buscar un nuevo público/mercado. Que es lo que somos al fin y al cabo.