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sábado, 30 de noviembre de 2013

Leyendas de pasión (Legends of the fall, 1994)


No había visto hasta ahora esta película, sé que puede sonar extraño, pero no había visto hasta hace poco una de las producciones más representativas del cine comercial de los años 90. Curiosamente, todos los comentarios que me han llegado en estos 20 años desde su estreno son positivos cuando provienen de féminas y son negativos cuando provienen de personas del género masculino. Quizás la presencia de Brad Pitt tuviera algo que ver.

 He de aclarar que al abordar una película, procuro no dejarme influir por las opiniones que han llegado a mis oídos o los comentarios que haya podido leer. Intento borrar de mi mente todo tipo de prejuicios a la hora de ver una película. Me da lo mismo quien me la haya recomendado o quien me la haya desaconsejado.  Así pues borré todos los comentarios acerca de este film y me dispuse a verlo.

 Sinceramente, Leyendas de pasión me pareció un mero vehículo para dar a lanzar al estrellato al joven Brad Pitt. Vista hoy día, parece que éste fue el único motivo por el que se rodó esta película. Había que lanzar a la fama a este guapo chicarrón y en esta película no se ahorran planos destinados a ello. Desde luego, yo no vi la pasión del título por ningún lado ni entendí muchas de las motivaciones de los personajes.
Todo el apartado técnico del film es sobresaliente: grandes paisajes, hermosa fotografía, bella música, etc. Un envoltorio perfecto para una historia que no acaba de cuajar en pantalla. Básicamente no funciona debido a que no se desarrollan los personajes, la historia avanza a trompicones y no consigue definir los personajes a pesar de que el film dura nada menos que 134 minutos. Nunca acaba de quedarnos claro por qué Samuel decide abandonar a su prometida y la tranquilidad para alistarse para combatir en la primera Guerra Mundial. Supuestamente lo hace para defender a Inglaterra (???). Tampoco me quedó claro el motivo por  el que sus hermanos, más que intentar disuadirle de su idea, deciden ir alistarse también para proteger a su hermano pequeño. No queda creíble en pantalla, al menos para mí.



 Sin duda el personaje más atractivo del film es Tristan (encarnado por ese Adonis llamado Brad Pitt), por algo lo interpretaba la estrella a promocionar. Es un joven blanco que vive y siente como un indio, parece encontrarse más a gusto luchando contra un oso que cenando en la mesa con su familia.  Parece haber heredado su rebeldía directamente de la naturaleza, es un ser libre y salvaje al que nada puede parar. Aun así se hace querer y todos le tienen en gran estima (cosa inexplicable para un servidor). Un personaje típico de novelas románticas para amas de casa, ese inconfesable y salvaje objeto de deseo por el que toda ama de casa aburrida estaría dispuesta a dejarlo todo.
Lamentablemente, el personaje de Pitt a mí me irritó más que otra cosa (qué mala es la envidia, lo sé). Por momentos me recordó a estos adolescentes mimados de Hermano mayor. Si el alistamiento de los tres hermanos me pareció inverosímil, la palma de la inconsistencia se la lleva cuando Tristan se pone a cortar cabelleras de alemanes en plena Primera Guerra Mundial.

El otro personaje de cierto interés es el patriarca del clan Ludlow encarnado por un Anthony Hopkins que claramente estaba disfrutando de su recientemente adquirido estatus de estrella tras su Oscar por interpretar a Hannibal Lecter en El silencio de los corderos. Hopkins iba por el cheque y no parece importarle que su personaje sea una mera comparsa en la trama. Una pena, su historia de oficial del ejército que abandona su puesto por rechazo al trato dado a los indios y decide criar a sus hijos en un rancho daba bastante más juego. Igualmente, su frontal rechazo a todo lo que signifique civilizado se ve plasmado en Tristan más que en ninguno de sus otros dos hijos, cosa que tampoco parece agradarle. Así pues, su personaje queda bastante indefinido y poco creíble.
 Los personajes femeninos están retratados a machetazos, con un trazo demasiado grueso, sin líneas de diálogo que permitan explicar los motivos de sus actos o su manera de pensar. Tampoco queda convincente por qué la prometida de Samuel sigue viviendo en la casa familiar tras el fallecimiento de éste. Por cierto, el personaje de Julia Ormond (otra joven promesa de los años 90 que se quedó en nada) no se entiende en todo el metraje. No se sabe de dónde viene,(sólo se sabe que ha perdido  a sus padres), ni por qué va dando tumbos de un hermano a otro. Tampoco queda claro por qué toma esa drástica decisión al final del film.
Ni que decir que el resto de personajes femeninos apenas tienen líneas de diálogo y resultan unos secundarios bastante desdibujados. El público femenino, a quien iba destinada claramente esta producción, no parece tener interés en verse reflejado en las mujeres del film, sólo quiere ver a Brad Pitt.
Edward zwick se muestra como un hábil creador de espectáculo visual pero un pobre narrador de historias.  Quizás la culpa no sea del todo suya, la novela en la que se basa supongo que sí desarrollará los personajes. Su película avanza a trompicones entre bellos parajes y unos personajes que nunca acaban de empatizar con el espectador. Este tipo de novela corre el grave peligro de resultar ñoña o simplemente ridícula al ser adaptada al cine y así fue en este caso.

Tanta pasión, tanto amor prohibido y tanto paso del tiempo necesitan un tratamiento de personajes adecuado y Zwick, tal y como le pasó posteriormente en El último samurái, se ve incapaz de plasmar la psique de sus personajes, resultando planos e incomprensibles para el espectador. Zwick se queda en la forma y no es capaz de mostrarnos el fondo de los personajes. Su forzado romanticismo no cala en el espectador y el film resulta bastante fallido y hueco.

Si no funcionó como película, Leyendas de pasión sí funciono como reclamo y el film fue un éxito comercial y Brad Pitt quedó para siempre en el star system. Ahí sigue 20 años después.

4

sábado, 29 de enero de 2011

Amor y otras drogas (Love and other drugs)



Esta película podría haber sido una comedia (incluso tiene un secundario gordito y gracioso) pero un personaje tiene una grave enfermedad. Igualmente podría haber sido una ácida crítica al mundo de los laboratorios y la sanidad norteamericana (pero todo el metraje tiene un tono amable). También podría haber sido una película romántica de esas que empalagan a los hombres y encantan a las mujeres (pero tiene escenas de sexo y desnudos que no son muy habituales en estas pelis). Incluso podría haber sido un dramón lacrimógeno de enfermedades y hospitales (pero el sexo, las chicas desnudas, el viagra y el hermano pajillero le restan bastante dramatismo).

Así pues, Amor y otras drogas es una coctelera que funciona a ratos. Al principio puede parecer un film ligero, tampoco ayuda mucho que se publicite este film como una comedia (algo que no es exactamente). La inclusión de temas como las enfermedades degenerativas le van restando superficialidad y le dan una profundidad poco habitual en una comedia romántica. Luego vuelve a tener algún intento de comedia gamberra pero ya es tarde, después de hablarnos de enfermedades el chiste fácil del tipo empalmao ya no es tan efectivo.

A mí el tono que ha elegido Edward Zwick (Leyendas de pasión, Diamantes de sangre, Resistencia, El último samurai) me parece arriesgado. Zwick deja el cine épico para dirigir esta película aparentemente mucho más sencilla y banal. Quizás este film era un encargo para hacer una comedia romántica más, pero acabó siendo otra cosa. Zwick demuestra ser un hábil director no sólo de grandes decorados y batallas sino también de escenas de diálogos, demuestra saber hacer reír y emocionar al espectador. Pero los cambios de registro de la historia no están siempre bien conseguidos (no era nada fácil aunque otras veces ha funcionado algo mejor).

Sinceramente, yo echo en falta algo de mala leche en esta película. Está bien y se ve sin problemas pero acaba siendo demasiado obvia. Al final deja de lado la acidez y se decanta por el romanticismo y el clásico final. Deja pasar una oportunidad de oro de ser un mordaz film sobre el sistema sanitario americano. Sí dejan caer cosas como que los ancianos se van en autobús a Canadá a comprar allí las medicinas o el lucro que logran las industrias farmacéuticas a base de presionar a los médicos para que receten sus medicamentos, pero poco más. Ya sabemos todos el poder que tienen los laboratorios en el mundo y el dinero que mueven a costa de nuestra salud. Me pareció curioso el caso del vagabundo que empieza a tomar unas pastillas que acaban en la basura y así consigue ir enderezando su vida. Quizás lo único que nos separa de la mendicidad sean unas pastillas, interesante.

Buena parte de los aciertos del film recaen en la credibilidad de las actuaciones de sus protagonistas. Jake Gyllenhaal (Zodiac, El principe de Persia) está bien pero Anne Hathaway me sorprendió muy gratamente. Es ella el verdadero motor de la película, la que consigue que los altibajos acaben teniendo sentido, su actuación se nos antoja cercana y veraz. Por suerte, ya no hace pelis de princesitas.

Puede que no sea del total agrado de los que busquen una comedia romántica, pero yo pasé un rato ameno.

6


martes, 7 de abril de 2009

RESISTENCIA (Defiance)




Tras la ocupación de Polonia por los nazis, los hermanos judíos Bielski se ocultan en los bosques bielorrusos.


Edward Zwick es un director bastante competente que sabe darle emoción a las historias que narra (que no es poco). Incluso en un film tan vacío de contenido como El Último samurai nos llegaba a emocionar con esas batallas. Con Diamante de sangre la cosa mejoró bastante y con Resistencia parece que sigue por el buen camino.


La historia de la persecución de los judíos a manos de los nazis no es nueva y se han hecho grandes films sobre ello (La lista de Schindler, El pianista, etc) pero este film nos aporta una visión algo distinta. Se basa en la historia real de un grupo de judíos que no sólo se escondieron en los bosques, sino que también se levantaron en armas contra los invasores.


La historia avanza continuamente sin aburrir nunca y teniendo bastantes momentos de tensión y emoción. El film se centra en los personajes y en la lucha por la supervivencia sin llegar a ser demasiado dramático ni caer en el cine de acción puro y duro. Me recordó a El argentino en cuanto a film sobre guerrillas y sus penurias, aunque sus objetivos son totalmente distintos. Resistencia me gustó algo más, me metí más en la peli y me emocioné incluso.

Edward Zwick no nos da nada que no hubieramos visto ya otras veces (algunos momentos me recordaron a Bravehart o a Salvar al soldado Ryan), pero consigue que te identifiques con los personajes y les pilles cierto cariño. No realiza un pormenorizado estudio psicológico de los personajes sometidos a situaciones extremas ni hace una arenga patriotera sobre la libertad y todo ese rollo. También pasa muy de puntillas sobre la religión judía y sus costumbres, se limita a entretener contando una buena historia.

Creo que Daniel Craig está bien en su papel de líder del grupo. El tipo no es un mago de la interpretación, pero estos papeles de tipos duros pero sensibles le vienen muy bien. Liev Schreiber y Jamie Bell (Billy Elliot, King Kong) me sorprendieron gratamente.


Yo me lo pasé muy bien durante las 2 horas que dura la peli. No pasará a la historia pero es un film digno y muy entretenido.

7

domingo, 5 de abril de 2009

EL ÚLTIMO SAMURAI (The last samurai)



Tras hablar de Valkiria, no puedo evitar publicar este post sobre El último samurái. Un film paradigmático de cine espectáculo a servicio de una estrella. Técnicamente perfecto pero vacío de contenido. Me explico tras el salto.



La historia de un traumatizado ex-soldado norteamericano que sobrevive como atracción de feria y recibe la oferta de irse a Japón para instruir a un ejército no es mala. Posteriormente la historia da un giro, el soldado es capturado y se hace afín a los motivos de los samuráis rebeldes a los que debía ayudar a liquidar (algo así como en Bailando con lobos pero cambiando a los indios por samuráis). Con ellos superará sus traumas, adicciones y se encontrará a sí mismo. De paso habrá alguna atracción amorosa y buenas escenas de batalla. Nada más.


Yo esperaba que el acercamiento al Japón del siglo XIX fuera un poco más allá de los trajes y los decorados. Era una muy buena oportunidad para que en occidente nos enteráramos un poco de qué iba eso de los samuráis, los emperadores, el shogunato, el budismo, el bushido, el arte de la guerra, etc. Nada de nada.


Las mejores aproximaciones a la sociedad feudal nipona las hizo (obviamente) el japonés Akira Kurosawa en films como Ran (Caos), Kagemusha (La sombra del guerrero) o Shichinin no samurai (Los siete samuráis). Films todos ellos totalmente recomendables aunque algo largos y lentos a ojos del espectador moderno.
Oriente no tiene buena suerte en el cine comercial occidental, las aproximaciones Hollywoodienses se suelen quedar en el mero exotismo y las artes marciales. No hay apenas acercamientos serios a la cultura oriental. Para ello tienes que ver películas orientales. Quizás sólo Bernardo Bertolucci con El último emperador hizo un intento serio de plasmar la cultura oriental. Memorias de una geisha fue una loable aproximación al mundo de las geishas pero se quedó en el exotismo de los trajes y casi no profundizó más allá.


El budismo, en especial, es una religión bastante mal tratada por el cine. Bertolucci nos aburrió con El pequeño buda, Scorsese fracasó con Kundun y Anaud nos defraudó con Siete años en el Tíbet. El último samurái es otra cosa, puro cine espectáculo, un film de aventuras sin más pretensiones que entretener. No intenta explicarnos las costumbres de la época. Se queda en los tópicos de siempre: kimonos, peleas con espadas, harakiris (Sepuku) y unos budas ante los que se postran los personajes pero no se sabe si rezan, meditan o simplemente duermen.


No se intenta acercar al espectador a la sociedad feudal nipona, ni a la religión budista ni explicar los códigos éticos ni morales de los samuráis. No se explica en ningún momento que el emperador era una figura decorativa, se le consideraba hijo de los dioses pero el poder los ostentaba y ejercía el Shogun. La sociedad estaba basada todavía en el sistema feudal, muy parecido al de la Europa medieval. Los samuráis eran como los nobles de Europa, eran la casta privilegiada, guerreros que oprimían al pueblo a cambio de protección frente al ataque de clanes rivales. Todo este obsoleto régimen es el que el emperador Meiji intentó cambiar a finales del siglo XIX. Pero esta modernización del país pasaba por acabar con el poder de los samuráis, quienes, obviamente, se resitían al cambio.


El guión de El último samurái se queda en el mero topicazo, mucha lucha con espadas y mucho traje pero poco contenido. Los diálogos intentan ponerse trancendentes pero acaban sonando bastante insustanciales. Hay buenas oportunidades de plasmar las diferencias entre las dos culturas y el acercamiento entre ambas. Pero el guión las desaprovecha. Se centra mucho más en el trauma del personaje de Cruise que en el interesante conflicto en el que estaba sumido Japón. Pienso que ambas tramas son compatibles y se podría haber llevado a cabo un film divertido a la vez que didáctico.


Además en el film se establece una analogía entre la guerra contra los indios en Norteamérica y la modernización de Japón. Lo que pasó con los indios no creo que fuera una guerra, fue un exterminio. La modernización de un país no puede pasar nunca por el exterminio de sus habitantes autóctonos. Otra vez Hollywood dando lecciones y metiendo la pata.


Eso sí, los films dirigidos por Edward Zwick ( Resistencia, Diamante de sangre, Leyendas de pasión) son siempre buenos espectáculos visuales y este film no es una excepción.
La fotografía es espectacular (realmente preciosa) así como la música de Hans Zimmer, quien realiza una emocionante banda sonora cercana a los sonidos del genial compositor japonés Kitaro.

El último samurái es simplemente un vehículo técnicamente perfecto para el lucimiento de la mega estrella Tom Cruise (que sale siempre muy guapo y muy bien peinado). Un lucimiento caro y muy bien manufacturado, pero hueco.
5