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jueves, 14 de enero de 2010

13 TZAMETI (2005)

Había leído cosas bastante positivas sobre esta peli y tengo que reconocer que estaban en lo cierto.Primeramente13 Tzameti sorprende por un blanco y negro bastante duro y sus pocos alardes técnicos. La peli es de una sobriedad pasmosa, cuenta sólo lo imprescindible, haciendo que el espectador se pregunte de qué demonios va todo este lío. Poco a poco nos enteramos de la trama, a la vez que el protagonista. Nos embarcamos en una peligrosa aventura que pronto se tornará pesadilla.



La única posibilidad de escapar de la pobreza será un cruel juego, todo ello rodado de forma tan fría como intensa. De forma totalmente desapasionada y con 4 euros el francés Géla Babluani logra grandes cuotas de agobio y tensión sobre el espectador. Pos cierto, pocas veces una bombilla ha dado tanto juego en el cine. El remake americano ya ha sido rodado por el mismo director con reparto lleno de caras famosas.

No voy a contar mucho más (la verdad es que no he contado nada) para no destripar el film, sólo decir que a mí me gustó y me sorprendió gratamente. No es una maravilla pero sí es un thriller muy digno que mantiene al espectador siempre en vilo. Aspectos tan atractivos como la suerte o la identificación con otros están también muy presentes en el film.

Pensándolo bien, la suerte es un tema que en el cine suele dar buenos resultados y no me refiero únicamente a las pelis sobre casinos o Las Vegas. Sinceramente, en la vida real pienso que la suerte no existe, todo se reduce a probabilidades y es mera casualidad que ciertos hechos le acontezcan a alguien en un preciso momento o en un orden determinado. Pero en el cine la suerte es otra cosa, se convierte en magia.


Películas como Intacto tratan el tema de la suerte como si de un don se tratara. Un don divino o maldito que se puede robar y te puede hacer rico o hacer que te maten. Alguien que siempre tiene suerte es casi invencible en los juegos de azar, pero hay que saber distinguir a un verdadero privilegiado con ese don de un simple mortal favorecido por la casualidad. A mí el film de Juan Carlos Fresnadillo (28 semanas después) me gustó mucho, me pareció un film inteligente y muy novedoso. Si no lo has visto, ya tardas. Con un tema parecido, alguien que sobrevive a una gran catástrofe, Shymalan nos entregó El protegido, un decepcionante homenaje al cómic que derivaba hacia un soso film de superhéroes.


13 Tzameti me recordó también a Danzad, danzad, malditos!, en ambas películas unas personas desesperadas deciden participar en una cruel competición a cambio de dinero. El opio del pueblo. Pero lo que más me llamó la atención son los apostadores, los que sacan tajada apostando y sin arriesgar su integridad física. En 13 los apostantes son turbios hombres de negocios o directamente mafiosos mientras que en Danzad, danzad malditos! son aburridos ciudadanos. Las motivaciones de los jugadores no han cambiado, ni el juego es ahora menos cruel.

7,5


jueves, 3 de septiembre de 2009

DANZAD, DANZAD, MALDITOS (They shoot horses, don’t they?,1969)



No hace mucho falleció Sidney Pollack y en diversos medios emitieron películas suyas como Memorias de África o Kramer contra Kramer. Pero mi película favorita de Pollack es Danzad, danzad, malditos. Curiosamente es una de las pocas ocasiones en las que el título en castellano me parece mejor que el original.



Basada en la novela “They shoot horses, don’t they?” publicada en 1935 por Horace McCoy la película narra el desarrollo de un maratón de baile que tan populares se hicieron en la Norteamérica de la Gran depresión.  Los concursantes solían ser personas desesperadas que estaban dispuestos a pasar días enteros sin dejar de bailar a cambio de comida y con la esperanza de ganar un suculento premio. Poco a poco el cansancio y el hastío se irán apoderando de los concursantes y del espectador.

El público asistente estaba formado por personas solitarias que para buscar algo de emoción en sus vidas se identificaban con una pareja de concursantes. Igual que los gladiadores en el circo romano, los toreros, un equipo de fútbol o los asistentes al Diario de Patricia, los concursantes sirven de diversión al pueblo. Cuanto mayor sean el sufrimiento y la emoción, más disfrutará el público. Me impactó mucho una escena en la que una anciana muestra su incondicional apoyo a una sorprendida pareja que no entiende la identificación que dicha señora siente por ellos. Muchas veces se tiende a interiorizar un hecho ajeno a nuestras vidas (y a menudo bastante trivial) para magnificarlo y convertirlo en un acontecimiento histórico ¿Os acordáis de la última Eurocopa o el último Mundial?

La influencia de los medios de comunicación a la hora de crear héroes y los patrocinadores comerciales en busca del negocio a base de los sufrimientos ajenos son temas muy actuales que la novela y la película ya avanzaron hace bastantes décadas.

Pocas veces he estado tan en tensión y me he agobiado tanto viendo una película. Acabas identificándote con los personajes y sientes su sufrimiento como propio. Hay personajes especialmente memorables (el presentador, la embarazada, el marinero) que logran transmitir una gran carga de patetismo. La eterna tortura a la que son sometidos acaba por traspasar la pantalla y el espectador se agobia sin remedio.

Técnicamente el film es impecable. Sidney Pollack dirige magistralmente a los actores y sabe crear un ambiente cada vez más opresivo gracias al uso de travellings, escenas a cámara lenta, flashbacks, etc. Danzad, danzad, malditos recibió 9 nominaciones al Oscar, aunque sólo ganó 1 por la genial interpretación de Gig Young como el repulsivo presentador del evento. Las interpretaciones de Jane Fonda, Susanah York y Michael Sarrazin son igualmente formidables y merecedoras de elogio.

En la década de los 60 el cine americano empezó a cambiar y comenzó a tratar temas que eran tabú en décadas anteriores. Grandes directores como Sidney Pollack innovaron no sólo en los temas elegidos, sino también en la forma de rodar y en el montaje. La visión del mundo se hizo mucho más pesimista y los finales felices empezaron a escasear (Bonnie and Clyde, Días de Vino y rosas). El cine clásico dio paso al cine moderno. Había nacido el cine de autor.

Un gran film. Imprescindible.
9

jueves, 5 de marzo de 2009

El luchador (The Wrestler)



Randy “The ram” Robinson es un ex-luchador profesional que ahora malvive en el circuito independiente.



Soy fan de Darren Aronofsky desde que vi su imprescindible película Réquiem por un sueño, el film más perturbador que recuerdo haber visto en años. La nueva película de este tipo es mucho más convencional, menos arriesgada formalmente, pero igual de notable.


Aronofsky ahonda sin problemas en las miserias de un antiguo campeón que lo ha echado todo a perder: ya no es joven, ni tiene amigos verdaderos, ni familia, ni futuro como luchador. Sólo vive de recuerdos y apenas consigue pagar el mísero alquiler.


La visión sórdida del mundo de la lucha libre norteamericana me pareció acertadísima. La soledad y el hastío de la antigua leyenda están muy bien retratados. Como en Réquiem por un sueño, Aronofsky nos muestra la otra cara del sueño americano, la cara de quien cogió el tren del éxito pero no supo aprovecharlo. El personaje de Randy podría ser un personaje de una canción de Bruce Springsteen, un fracasado que se resignó hace tiempo a serlo. El personaje puede parecerse al Rocky de Stallone, pero Rocky al final consigue su sueño. Randy ya no tiene sueños.

Otro tema que la peli explora muy bien es cómo la sociedad necesita de gente que la divierta a base de sufrir, aunque todos sepan que el espectáculo es mentira. La identificación de las masas con un luchador y cómo le van exigiendo cada vez más me pareció por momentos de una brutalidad mucho mayor que los golpes y la sangre de las peleas. Esta identificación de los seguidores me recordó a la genial Danzad, Danzad malditos!


La forma de rodar es tan convencional como impecable. Esta vez no hay montajes acelerados ni experimentos varios, la peli en ese sentido es bastante clásica: un drama sin paranoias ni alucinaciones (que podría haberlas incluido fácilmente). La peli gana así bastantes enteros a ojos de un público más acostumbrado al cine normal. Por momentos parece que Darren Aronofsky nos va a dejar noqueados con algún experimento suyo, pero no. Con una buena historia y buenos actores es suficiente, no hace falta más.


Siempre me ha parecido que Mickey Rourke era un gran actor. Soy fan suyo desde El corazón del Ángel (tremenda película) aunque su carrera ha sido bastante penosa. Ahora parece que vuelve de la tumba tras muchos excesos y no menos estupideces (sólo hace falta ver la cara que se ha dejado).


Lo que no parece que haya cambiado es su capacidad como actor. Para mí está excelente. Su composición del personaje es genial (la forma de andar, de hablar, el pelo, las miradas, esa voz de ultratumba). Se ajusta como un guante al personaje. No sólo físicamente (gran trabajo para un tipo de más de 50 años) sino también interpretativamente hablando.


El personaje y él tienen bastante en común. Mickey también tuvo su momento de gloria y lo dejó pasar tontamente. Esta peli puede ser su último combate para volver a ser un campeón, yo creo que lo ha logrado con la mejor interpretación de toda su maltrecha carrera. A mí me encantaron su personaje y su interpretación.


Del resto del reparto, Marisa Tomei (Antes que el diablo sepa que has muerto) y Evan Rachel Wood (Thirteen) están bastante bien (aunque casi no me di ni cuenta de ellas, el personaje de Rourke se come la pantalla y eclipsa al resto de actores). Por cierto, que Marisa Tomei parece que a los 40 años le ha pillado el gusto a salir ligerita de ropa, aún así está muy bien. También la aparición de muchos luchadores reales ayuda a dar credibilidad al film.


En resumen, un film amargamente genial.


8