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viernes, 18 de julio de 2014

The notorious Bettie Page



¿No conoces a Bettie Page? Seguro que has visto alguna foto o dibujo suyo cientos de veces. Incluso seguro que conoces a modelos y estrellas de todo tipo que imitan el estilo de la pin-up más famosa de la historia. No hay más que echar un vistazo a Dita von Teese o la Clara de Noche dibujada por Jordi Bernet para darse cuenta que la sombra de Bettie Page  era y es muy alargada. Su reinado se extiende durante 6 décadas, desde mediados de los años 50 hasta la actualidad.
Clara de noche, claramente inspirada en Betti Page.

Bettie Page (1923-2008) nunca llegó a tener la popularidad de Marilyn Monroe o Jane Mnasfield, pero no desmerecía nada en cuanto a belleza. Bettie no fue una estrella propiamente dicha, nunca llegó a realizar su sueño de ser actriz (parece ser que su talento se limitaba a posar para fotografías eróticas). Su popularidad se limitaba a las revistas de fetichismo, bondage y lencería de mediados de los años 50. Fue la modelo  erótica más famosa y recordada de esa época, incluso llegó a aparecer en Playboy.  Su flequillo (usado para disimular su prominente frente) creó un estilo que aún perdura.

Bettie Page y su mítico biquini de leopardo
 En cuanto a su vida personal, la infancia y la adolescencia de Bettie no fueron fáciles. Como en el caso de Mariyln Monroe, la belleza exterior hizo que se le viera sólo como un objeto. Sin embargo Bettie decidió dejar de ser una víctima y acabó sacando beneficio de su exuberante apariencia (al menos durante el tiempo que se dedicó a ser pin-up). Usó su belleza como trampolín hacia la interpretación (como otras muchas estrellan han hecho y siguen haciendo hoy día) pero Bettie no pasó nunca al cine convencional. Sus sueños se truncaron y la persecución a la que se vio sometida le persuadieron a dejar la vida de pin-up.
 
 Tras abandonar la vida de pin-up Bettie se convirtió en una ferviente activista católica. (ironías del destino) y decidió vivir su vida alejada de los focos y las sesiones fotográficas. Al cabo de unos años fue diagnosticada de esquizofrenia y pasó una temporada en un psiquiátrico. Finalmente pudo llevar una vida tranquila y disfrutar de un reconocimiento que, si bien nunca fue masivo, sí fue muy entusiasta. Se dice que en sus últimas décadas de vida, una ya anciana Bettie Page concedía pocas entrevistas pero nunca se dejaba fotografiar para no desvirtuar su icónica imagen. No te preocupes, Bettie, nosotros siempre te recordaremos en tus mejores momentos, llena de vida y rebosando juventud.
Gretchen Mol como Bettir Page
 Al lío, The notorious Bettie Page es un film para televisión que la cadena HBO realizó en el año 2005 sobre la vida de Bettie Page. Quizás el film no sea todo lo apasionante que la historia requería, pero sirve para conocer al personaje. No es una mala película para televisión pero creo que podría haber estado mucho mejor, sobretodo viviendo de una cadena como HBO. No sabemos qué pensó Bettie Page de este telefilm, ni siquiera sé si lo llegó a ver

 Lamentablmente, The notorious Bettie Page narra de forma bastante rutinaria y sin demasiado brillo cómo del corazón de la puritana América surgió la modelo erótica más famosa de la historia. Sí se muestra de forma aceptable su evolución desde una inocente chica de pueblo hasta ser una modelo de fotografía erótica, pero a la historia le falta el nervio para hacer apasionante la historia. Tampoco la convulsa década de los 50 del siglo XX está bien representada, se dan por sentadas demasiadas cosas que quizás un espectador norteamericano sí sepa pero quizás aquí se pasen por alto a muchos espectadores, sobretodo a los más jóvenes (Guerra fría, la caza de brujas del senador McCarthy, etc). La delicada línea entre la pornografía y el erotismo así como los resquicios legales para conseguir publicar este tipo de fotografías burlando a la censura podían haber dado mucho más juego.
Las inocente fotografías que levantaban ampollas hace 60 años
 Como bien viene a decir un personaje en el film "El comunismo nunca derrotará a América pero la pornografía es un mal que reside en el corazón mismo de la nación". Quizás sea un poco exagerado, pero algo de razón no le faltó. El comunismo no pudo con América pero la pornografía ocupa el 80% de los contenidos de internet y es un negocio que mueve miles de millones de dólares. Más dinero que otros pasatiempos típicamente norteamericanos como el basket y el baseball juntos.
 Lo que más llama la atención del film es la inocencia y candidez con la que Bettie se introduce en el mundo de la fotografía erótica, ella no parece ver nada malo en ello. Ella sólo posaba, exponiendo su cuerpo a los demás, nada más ni nada menos. El pecado como, la belleza, reside en el ojo que observa. Obviamente, las puritanas autoridades de la época no lo veían así.

 La actriz Gretchen Mol, vista en Boardwalk empire, compone una Bettie bastante acertada, creíble dentro de su inocencia y con un parecido físico muy conseguido una vez teñida de morena y con el famoso flequillo de Bettie, aunque no consigue igualar la belleza del original. También aparecen intérpretes más que solventes como Lili taylor.
 Resumiendo The notoious Bettie Page es un telefilm correcto, sólo eso, que desaprovecha en buena medida la oportunidad de explotar todas las posibilidades que el personaje y su época ofrecían. Aún así, es recomendable para los quieran acercarse al mito de Bettie Page.





lunes, 21 de abril de 2014

Nymphomaniac. Volumen 2



Si en el primer volumen de Nymphomaniac el polémico Lars Von Trier nos sumergía en el bizarro mundo de Joe, una adicta al sexo, en este segundo volumen la cosa se complica aún más. Joe se hace mayor y debe asumir responsabilidades como el matrimonio y la maternidad. Sin embargo como a todo adicto, su adicción resulta siendo incompatible con las nuevas responsabilidades adquiridas y su caída a los infiernos será inevitable.

 Como era de esperar, no hay diferencia técnica o artísticamente  entre uno y otro volumen, ya sabemos que ambos forman parte de un todo. La única diferencia es que esta parte de la historia es todavía más escabrosa, si cabe, que en el primer volumen. Si la primera parte trataba del arte de la pesca, ahora toca el turno del castigo. Nuestra protagonista debe aceptar que su adicción empieza  a causarle serios problemas. Lo meramente divertido se convierte en trágico y todo el film tiene un tono bastante más oscuro que su predecesor.

Obviamente, las anotaciones del culto interlocutor de Joe siguen estando a la altura mientras la narración avanza aunque esta vez a Joe se le nota irritada por las continuas interrupciones, produciéndose cierto desencuentro entre nuestros dialoguistas. Por suerte para nosotros, sigue habiendo metáforas más que sugerentes, yo me quedo con la del nudo de Prusik y el árbol solitario en la cima de la montaña. El film sigue estando a una altura intelectual considerable y muy por encima de adaptaciones de videojuegos y demás chorradas para adolescentes. Ya lo siento, tiene que haber de todo.


Von Trier va formando durante estas 4 horas de diálogo una peculiar relación entre los dos personajes principales que desemboca en un final que, a mi parecer, es uno de los más valientes de los últimos años. Von Trier no busca un  inverosímil giro argumental ni es complaciente con el espectador sino que es totalmente consecuente con lo mostrado hasta el momento y su particular concepción del ser humano. Ya sé que a muchos les ha cabreado el final, pero el ser humano es así, nos guste o no.  No sólo me gustó el final sino que veo acertado la arriesgada forma de mostrarlo al espectador. Pero ya sabemos que en esto de los gustos no hay nada escrito. A mí Von Trier me ha acertado con este proyecto y con este final. Por lo tanto no puedo dejar de alabarlo.

 Con Nymphomaniac Von Trier termina su trilogía sobre la depresión formada por Anticristo y Melancolía. De hecho hay en este volumen ciertos guiños a estas dos anteriores películas. No sé si el danés loco nos habrá dado alguna respuesta, pero sí os puedo asegurar que nos ha dado unas cuantas preguntas interesantes (aparte de patearnos el trasero).

 Tanto si la primera parte te pareció un ladrillo como si te entusiasmo, esta segunda entrega te provocará la misma sensación.

7,5



miércoles, 27 de noviembre de 2013

Trailer de Nymphomaniac, el nuevo escándalo de Lars Von Trier


 Lars Von Trier ataca de nuevo y parece que está dispuesto a calentarnos las navidades. Su nuevo proyecto se llama Nymphomaniac y parece ser que consta de 8 historias divididas en 2 películas de 2 horas y media cada una. En total, 5 horas de perversiones sexuales e historias truculentas. El escándalo está servido.

viernes, 11 de octubre de 2013

Blue Velvet, 1986



 Tras el fiasco de Dune y una buena cantidad de dinero perdido, el productor Dino De Laurentiis decidió financiar a David Lynch su siguiente proyecto tras leer el guión que el mismo Lynch había elaborado. Tan entusiasmado estaba DeLaurentiis que decidió darle total libertad creativa y sólo puso un par de condiciones: el film debía ser barato y no sobrepasar las 2 horas de duración. Así nació Blue Velvet.

 Blue Velvet era un proyecto que David Lynch tenía en mente desde hacía años. Era sólo una fantasía sobre colarse en la habitación de una chica para espiarla en secreto y, casualmente, verse envuelto en un asesinato. También la canción Blue Velvet de Bobby Vinton y la idílica imagen formada por una valla blanca, unas rosas rojas y un cielo azul rondaban en la mente del director. Lynch nació en 1946 por lo que tenía 17 años cuando Vinton llegó al nº1 con esa canción en 1963 y en la mente de Lynch estaba asociada a su juventud.


 La melodramática música de Angelo Badalamenti (en su primera banda sonora) acompaña los títulos de crédito iniciales con las letras sobre un fondo de terciopelo azul, el espectador aún no lo sabe pero ese terciopelo tendrá un significado fundamental (y fetichista) durante la película. El vestido de uno de los personajes principales es de ese tejido, pero lo que vemos al inicio del film más parece una cortina movida por el viento. Quizás Lynch nos introduzca ya desde el inicio en el origen de la pesadilla.

 Luego, sin previo aviso, al acabar los títulos de crédito, Lynch nos presenta una idílica escena en Lumberton, un tranquilo pueblo maderero americano. Suena la canción Blue velvet de Bobby Vinton (realmente una versión del tema de Tonny Bennet). Es un día soleado y todo parece transcurrir sin problema alguno, un bombero nos saluda al pasar en su camión, los niños van a la escuela y un hombre riega apaciblemente su jardín mientras su mujer ve la televisión en el confortable salón familiar. Todo parece perfecto: hace sol y los pájaros cantan. Lynch despliega ante nuestros ojos la idílica América rural de los años 50 y 60. Pero la imagen de un arma en la televisión nos presagia que algo horrible va a ocurrir. La manguera con la que riega el hombre se estrangula y poco después éste cae al suelo, fulminado, supuestamente, por un ataque al corazón. Idea que parece reforzada por el estrangulamiento de la manguera, estableciéndose un paralelismo entre la manguera y las arterias del hombre. El hombre cae boca arriba y su perro bebe el agua que sigue fluyendo de la manguera. Lynch se centra en el césped del jardín y penetra en él, dejando ver lo que se esconde bajo la superficie: escarabajos y lombrices.
 Así empieza Blue Velvet de David Lynch, un perfecto resumen de la obra de su autor. Lynch muestra que debajo de una aparente tranquilidad y perfección se esconde siempre lo feo y lo desagradable. Nos negamos a verlo, pero la maldad y la muerte están siempre ahí. Es un mundo extraño dirá el personaje de Sandy, tiene razón.



Blue Velvet es el nacimiento a la edad adulta de dos adolescentes. Un viaje iniciático desde la inocencia a la aceptación (quizás resignación) de la edad adulta. El encuentro casual de una oreja humana arrancada brutalmente desencadenará toda una serie de acontecimientos que hará que nuestros jóvenes protagonistas conozcan la verdadera naturaleza del mundo.

Jeffrey (Kyle MacLachlan) es el hijo adolescente del hombre que ha sufrido un ataque y permanece en el hospital. Jeffrey está aburrido, ha dejado la universidad debido a la enfermedad de su padre y al regresar a su pueblo ya no queda ninguno de sus amigos. Tampoco el trabajo en la ferretería familiar parece muy excitante. Jeffrey descubre casualmente una oreja humana en el campo. Por cierto, las hormigas que recorren la oreja abandonada me recordaron a Un perro andaluz de Buñuel y Dalí. Jeffrey es un adolescente con ciertos rasgos infantiles, así lo demuestra el pueril juego de tirar piedras por el camino. Pero Jeffrey es curioso por encima de todo. Pero es casi tan ingenio como curioso. Llevará su descubrimiento a la policía, siendo el detective Williams el encargado del caso. Ante el mutismo de Williams, será su hija, Sandy (Laura Dern), la que informará a Jeffrey de algunos detalles que podrían estar relacionados con la oreja cortada. Así Jeffrey descubrirá la existencia de la cantante Dorothy Vallens (Isabella Rosellini) y urdirá un plan para colarse en su apartamento en busca de respuestas. La curiosidad que mueve a Jeffrey es la misma que siente el espectador, sus ojos dentro del armario mirando por las rendijas de la puerta son los nuestros. Jeffrey es un voyeur, como los propios espectadores.
A partir de ese punto, el mundo de Jeffrey y Sandy se irá desmoronando a pasos agigantados mientras descubrirán otra realidad que desconocían. Una realidad llena de violencia y locura. Además, Jeffrey se verá envuelto en un singular y peligroso triángulo amoroso: mientras su relación con Sandy no puede ser más convencional, su relación con Dorothy no puede ser más bizarra. Ambas mujeres se complementan perfectamente, una es la novia ideal que todo buen muchacho querría y la otra es ese oscuro e inconfesable objeto de deseo. Al entablar una relación con Dorothy, Jeffrey madurará dejando de ser un adolescente y descubriendo que algunos deseos es mejor que no se hagan realidad (valga como ejemplo su primer contacto sexual con Dorothy).

 Todo macabro cuento infantil necesita un villano, y el Frank Booth encarnado magistralmente por Dennis Hooper es de los mejores de la historia del cine. Hooper incorporó a su personaje algunos elementos como la mascarilla de gas y cierta tendencia a decir compulsivamente fuck. Frank es un ser brutal lleno de obsesiones y traumas que parecen condicionar todo su comportamiento. Primeramente, es incapaz de excitarse sexualmente si no es a través de la violencia. Frank necesita golpear y dominar a su víctima, sólo así consigue la excitación necesaria. Frank no permite que su víctima le mire a los ojos y exige ser llamado "Señor". Frank arrastra casi con toda seguridad (ya que no se afirma en el film pero lo podemos deducir) un trauma infantil, probablemente sufriera de abusos en la infancia.
Frank tiene una fijación fetichista con  el terciopelo azul para seguir con su excitación. Aquí se podría decir que quizás Frank sufrió los abusos mientras sonaba la canción del título o el terciopelo azul está relacionado de alguna manera con ese hecho, puede que las cortinas en la que ocurrieron los hechos fueran de ese tejido (se podría pensar si recordamos los títulos de crédito iniciales).

 Frank es un monstruo originado (supuestamente) por los abusos sufridos siendo niño. A su vez Frank está generando también otro monstruo al abusar del personaje de Dorothy Vallens, ella es chantajeada por Frank ya que éste tiene secuestrado a su marido y al hijo de ambos. Frank obliga a Dorothy a satisfacer sus deseos sexuales bajo la amenaza de matar a su familia. En Dorothy podemos descubrir rasgos que emanan directamente del comportamiento abusivo de Frank. Cuando Dorothy (una peculiar femme fatale) encuentra a una víctima (Jeffrey) repite casi los mismos ritos sexuales que Frank. Dorothy es un ser desvalido, una madre a la que le han arrebatado lo más valioso, al que están convirtiendo en un ser horrible. Si Frank está controlando a Dorothy, no es de extrañar que la obligue a vestirse de terciopelo azul y a cantar esa canción. Nada parece casual en el oscuro universo de David Lynch. Tampoco parece casual el nombre de Dorothy ni los zapatos rojos que lleva el personaje, como sucedería posteriormente en Corazón Salvaje, Lynch realiza su peculiar homenaje al film El mago de OZ, sólo que en esta ocasión el viaje de Dorothy es a un mundo de pesadilla.
Lynch nos sumerge en este mundo de pesadilla gracias a un objeto encontrado al azar y enfatiza tal hecho haciendo que, posteriormente, la cámara entre a través de esa oreja en uno de esos planos surrealistas que tan bien domina. Cuando la pesadilla acabe, Lynch hará que salgamos de ese mundo a través de otra oreja, en este caso la de un Jeffrey más adulto que ha aceptado su rol en el mundo y la complejidad de éste.
Blue velvet es su primera película en color (si exceptuamos Dune, a la que Lynch nunca parece haber considerado como suya) y como tal utiliza los colores como símbolos. Cada color significa algo, el azul puede ser el origen del mal y su representación, el amarillo (el traje de un detective es de es color) puede significar traición y el color rojo (el color de los zapatos de Dorothy y no olvidemos que Frank se pinta los labios de rojo en un momento dado) indica que algo malo va a pasar, peligro.

 Otros muchos símbolos están presentes en el film, como en toda la obra de su autor. Yo me quedo con la llama de una vela azotada por el viento indicando (a mi entender) la agitación interior de los personajes y con las bombillas que se apagan estruendosamente tras la muerte de Frank. También el jilguero que lleva un insecto en el pico se puede ver como un símbolo, representa a lo bello y lo terrible en un solo plano. Por cierto, el pájaro es un artilugio mecánico (en 1986 no había efectos digitales) bastante chapucero que Lynch resuelve dejándolo pocos instantes en pantalla para que no se note mucho. Aun así, se nota poca naturalidad en sus escasos movimientos. Hay quien dice que fue deliberada la elección de un pájaro mecánico y que es otro símbolo más de Lynch, representando que en el idílico final del film hay algo que no va bien pero que los personajes no quieren darse cuenta de ello. Sinceramente, no lo creo, pero podría ser.

Obviamente, Lynch le confiere a su film una estructura circular, el inicio y el final son muy parecidos, pero el espectador y los personajes ya no son iguales. Ambos saben que el mundo no es tan bonito como nos pensábamos. Incluso Lynch deja múltiples preguntas en el aire que Jeffrey parece querer obviar deliberadamente, como el hecho de que el detective Williams está claramente implicado en el caso. Jeffrey prefiere dejar de ser curioso y vivir una vida tranquila.

La elección del actor  Kyle MacLachlan me parece de lo más acertada a pesar de que no es un actor que me guste, me parece muy inexpresivo. Parece que hubo buena química con Lynch durante el rodaje de Dune y Lynch lo volvió a usar como prototipo de joven héroe inexperto. Incluso volvió a contar con él para el papel de agente Cooper en Twin peaks. La inexpresividad del actor parece ser un factor que Lynch busca deliberadamente, así nunca sabemos que piensa realmente su personaje y el espectador está aún más perdido. También se podría pensar que Lynch encontró en MacLachlan su alter ego.
 Por su parte, Isabella Rossellini escenificó perfectamente la ambigua fragilidad de Dorothy. La hija de Ingrid Bergman y el director Roberto Rossellini era famosa a mediados de los años ochenta sobre todo por sus campañas publicitarias para marcas de cosméticos y esta película supuso un drástico revés a su imagen pública. Cabe destacar que Rosellini y Lynch estuvieron casados de 1986 a 1990.
Blue velvet es un film extraño y desconcertante, con momentos ciertamente incómodos para el espectador. Valgan como ejemplo la inolvidable escena del armario en el apartamento de Dorothy o la escena de Frank amenazando a Jeffrey sobre la letra de la canción In dreams de Roy Orbison. Momentos sublimes de buen cine de esos que no se olvidan jamás.

Blue velvet, la primera obra maestra de David Lynch y el film que marcó los pasos a seguir en su posterior filmografía.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Lovelace


La historia de Linda Lovelace bien valía una película. Aunque parezca imposible de creer, la vida de la actriz que dejó boquiabierto (nunca mejor dicho) al mundo entero en 1972 con la película Garganta profunda (Deep throat) no fue un camino de rosas plagado de fama y dinero.

Linda Lovelace aparece reflejada en esta película más como una víctima que como una estrella a nivel mundial. Creada en un ambiente bastante conservador, Linda se vio inducida al mundo del porno por su marido y por un sentimiento de culpa que le obligaba a obedecer ciegamente cualquier deseo de éste. Una combinación letal de culpa y obediencia debida que la llevaron al estrellato público y a un terrible calvario en lo personal.

Este tipo de biografías le quedan bien a Scorsese, pero en manos de Rob Epstein y Jeffrey Friedman te deja con la sensación de que podría haber sido algo grande y se ha quedado a medio camino. Le falta ritmo y algo de alma, no pasa del mero biopic sin demasiada personalidad. Quizás le falta al film algo más de incorrección política y mala leche, no se diferencia mucho de cualquier biopic de una estrella del cine convencional. Creo que aciertan al no mostrar escenas de alto voltaje (supongo que para evitar una clasificación R). Pero esa corrección política va de la mano con una falta de ganas de transgredir que yo echo en falta. El problema de este film es que se queda a medias, se deja ver y cuenta muy bien lo que quiere contar pero le falta algo para ser una buena película. El buen trabajo de maquillaje, vestuario y dirección artística no consigue que nos metamos en la incipiente industria del porno de lo primeros años setenta. En ese aspecto, Boogie Nights es muy superior.

 La evolución de una joven anónima bastante recatada a la estrella nº1 del porno está bien narrada pero no se hace disfrutable ni engancha lo que debiera. No me gustó la idea de narrar primero la historia que todos conocemos (con estrellato y fama) y dejar para más tarde la narración de la trastienda del éxito. Es una estructura original pero yo hubiera preferido narrar conjuntamente las dos caras del éxito.

Amanda Seyfried está creíble en este contradictorio personaje, es bastante más guapa que la Linda Lovelace real, pero da el pego. Seyfried ha sido muy valiente aceptado este papel (parece ser que incluso Lindsay Lohan estuvo interesada, por suerte no lo consiguió). Peter Sargaard vuelve a dar una lección de interpretación, con esa cara de chico bueno, estos papeles de sinvergüenza son los que mejor le salen. Me sorprendió gratamente Sharon Stone, parece que esta actriz por fin está aceptando el paso del tiempo y está empezando a interpretar papeles distintos y muy alejados de aquel Instinto básico que le dio fama mundial hace más de 20 años.
 No me convenció James Franco como Hugh Hefner (el tipo más envidiado del planeta) está un poco pasado de rosca, excesivo, y su relación con Linda Lovelace resulta queda bastante indefinida. Por cierto, ¿para cuándo una película sobre el fundador y dueño de Playboy? Éste sí sería un proyecto interesante.

Una oportunidad perdida, sólo recomendable para los que estén interesados en la biografía de Linda Lovelace. Para los que busquen saber algo más sobre la película que creó el mito y la época, yo recomiendo ver el interesante documental Inside Deep Throat.

5,5

viernes, 7 de diciembre de 2012

Guilty Of Romance



El director japonés Sion Sono nos ofrece su particular versión de Belle de Jour de don Luis Buñuel. No son pocas las coincidencias y paralelismos entre ambas películas. En ambas, una aburrida ama de casa inicia una doble vida fuera de su matrimonio. A partir de ahí, el desarrollo de ambos films es diametralmente opuesto. Sono nos ofrece una macabra historia de sexo y caída a los infiernos con todo lujo de escabrosos detalles.

  Sono es excesivo y fascinante a partes iguales, en lo estético y en lo argumental. Elabora un film bizarro, incómodo,  por momentos interesante y por momentos exasperante. Los japoneses son así, no conocen las medias tintas.


 Sono nos presenta la historia de tres mujeres muy distintas entre sí relacionadas por un macabro crimen. No estamos ante un film de investigaciones criminales ni un thriller al uso. Hasta bien avanzada la trama no sabremos quien es la víctima ni quien el asesino. Sono critica la opresiva sociedad japonesa, en la que está mal visto expresar las emociones incluso en la intimidad del hogar. Sono expone abiertamente la doble moral dentro del matrimonio, basado en el respeto y la obediencia más que en la confianza y el amor. La protagonista Izumi (Megumi Kagurazaka) ama apasionadamente a su marido, pero teme contradecirle y no desea molestarle con sus deseos y anhelos. Ha basado su existencia en complacerle pero ella también tiene sentimientos y deseos. En su búsqueda de libertad, nuestra protagonista se introducirá en una peligrosa espiral de sexo y emociones fuertes. Su mentora será una profesora de universidad (Mizuno Miki) que se prostituye no por dinero sino para solventar los traumas que arrastra desde niña y para demostrar una curiosa teoría que haría las delicias de Freud. ¿Ya he dicho que todo es bastante bizarro en ente film?. Conforme avanza la trama, la cosa se desmadra y deja de hacer pie en el fondo de la cordura y se adentra en el mar de las sensaciones y las (más bajas) pasiones.

La trama detectivesca realmente nunca acaba de atrapar al espectador, más interesado en la caída a los infiernos de la bella Izumi. El film funciona en dos planos paralelos que sólo al final se acaban encontrando, aunque quizás ya sea demasiado tarde para la paciencia del espectador no iniciado.

Sono sabe contar historias y sabe presentar y desarrollar los conflictos interiores de los personajes, pero tarde o temprano se va a los extremos y el espectador deja de comprender el motivo de las acciones mostradas en su film. A todo ello hemos de sumarle que al film le sobran algunos minutos y podemos añadir que Guilty of romance es un hueso demasiado duro para la mayoría de los espectadores. Pero los que sean capaces de roerlo encontrarán un morboso manjar no apto para todo tipo de paladares.

Guilty of romance es, indudablemente, un film arriesgado. He de reconocer que a mí me gustan este tipo de películas insanas.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Excision



 Pauline es la marginada del instituto, no tiene amigos, tiene la cara llena de granos y no es muy popular entre los chicos. Su hermana está muy enferma y acapara las atenciones de sus padres. Pauline escapa de la opresora realidad que le ha tocado vivir mediante sangrientas fantasías pseudo-eróticas.

El debutante Richard Bates Jr. no puede haber comenzado su carrera de una manera más impactante. La escena inicial de Excision es de las que te dejan boquiabierto. Muchos espectadores no pasarán de esta extraña primera escena (y lo entiendo), en un único plano Bates nos muestra las morbosas fantasías eróticas de una adolescente.
Como si se tratara de los desvaríos más salvajes de de unos David Lynch y David Cronenberg hasta arriba de ácido, Bates nos va alternando el horror cotidiano dentro una opresora sociedad con el horror que subyace en la mente de la protagonista. La terrible grieta que separa la realidad de las fantasías la joven Pauline es sobrepasada por Bates en apenas unos segundos dando lugar  a unos contrastes tan enfermizos como fascinantes. Bates ahonda en la eterna idea de identificar sexo y muerte e incluso va incluso un paso más allá. Allí donde A serbian film se quedó sólo en imágenes impactantes sin mensaje, Bates nos entrega todo un ejercicio de fascinación por la violencia como liberación de las normas sociales. Bates viene a decirnos que cuanto más estricta es una educación, mayores son la aberraciones que ésta produce en la mente de los adolescentes.


 Pauline me pareció un personaje fascinante: desea experimentar, tiene ideas propias, se rebela contra todo lo que se da por hecho y decide encontrar sus propias respuestas. Quizás su mente no esté bien amueblada, ella misma se encarga de recordarlo constantemente pero nadie parece querer hacerle caso. Como la protagonista de El cisne negro Pauline tendrá cada vez más problemas para distinguir la realidad de la fantasía. Pauline tiene un insano interés en la medicina y , especialmente, la cirugía. Un cóctel explosivo.


Bates adapta su propio corto homónimo y ha logrado convencer a iconos como el mítico director underground  John Waters (Pink Famingos), a Malcolm McDowell (el inolvidable Alex de La naranja mecánica) y a la ex actriz porno adolescente Traci Lords (ahora ya bastante crecidita) para los papeles más conservadores y puritanos del film. Waters es el párroco que intenta reconducir las fantasías de Pauline, McDowell es su profesor y nuestra entrañable Traci Lords es una madre prototipo del tea party. Todo un contraste, como casi todo en esta bizarra película. Curiosamente todos están bastante bien, nunca pensé que diría lo que voy a decir pero: Traci Lords está en el papel de su vida. Que le den un Oscar, que estas cosas de las redenciones les gustan mucho a los norteamericanos


A destacar el trabajo de AnnaLynne McCord (la típica actriz guapa que se hace pasar por fea), se nota que tras esa apariencia de chica llena de granos y cuerpo de chico hay toda una belleza. Pero ella lo hace muy bien, resulta creíble (el maquillaje también ha hecho lo suyo) y me sorprendió gratamente su trabajo. Sus escenas de confesión / diálogo con Dios me parecieron muy conseguidas.

A mí me resultó un film valiente y original, algunas de sus escenas se me han quedado grabadas a fuego y sangre (nunca mejor dicho) en la memoria y dudo mucho que consiga borrarlas fácilmente. Ese azul cielo en brutal contraste con el rojo sangre no se me olvidará fácilmente. Es cierto que quizás prometa más de lo que realmente te da, a mí me supo a poco y me dejó con la sensación de que podría haber seguido por el sangriento camino apuntado al inicio en vez de centrarse en el drama familiar.

 No es un film apto para estómagos sensibles. Excision es una macabra fábula sobre la sociedad moderna.

6


lunes, 17 de septiembre de 2012

Los señores del acero (Flesh+Blood, 1985)


 Paul Verhoeven nunca pasará a formar parte de ese selecto grupo de directores aclamados por crítica y público. Quizás no sea un genio pero tiene la personalidad suficiente como para que en su cine se pueda vislumbrar una pesimista visión del género humano, algo muy de agradecer incluso en su cine más comercial. Uno de los mejores ejemplos es Los señores del acero.

En el cine de Verhoeven no hay sólo buenos y malos, blanco y negro, sino que hay cientos de matices y tonalidades de grises. Nada es tan obvio como parece. Verhoeven parece tener un interés por pervertir todos los valores que el cine comercial suele presentarnos. Su cine no se ciñe a las normas establecidas y es capaz de ofrecer entretenimiento y perversión a partes iguales. Verhoeven establece una nada sutil analogía entre la Edad Media y la actualidad: la avaricia sigue siendo el motor de la humanidad.

 La acción de Los señores del acero (penoso título que parece sacado de un disco de heavy metal ochentero) se sitúa en Europa Occidental en el año 1501 y nada es lo que estamos acostumbrados a ver en el cine de capa y espada: la joven y virginal doncella (Jennifer Jason Leigh) tiene poco de inocente y no dudará en usar sus armas de mujer para seguir con vida. Su joven prometido es todo un hombre del Renacimiento (incluso sigue los pasos de Da Vinci inventando artefactos para la guerra) que no cree en supersticiones. Pero todo se va al traste cuando el padre del muchacho rompe una promesa (algo bastante común entre los señores feudales) y los agraviados secuestran a la prometida de su hijo.

Los agraviados no son típicos héroes, sino un grupo de mercenarios y prostitutas que forman un curioso grupo, también les acompaña un clérigo que no duda en usar la espada cuando es necesario. Este grupo de personajes mezquinos y codiciosos es el verdadero retrato de la sociedad que nos presenta Verhoeven. El líder del grupo es Martín (Rutger Hauer) un veterano mercenario acostumbrado a sobrevivir. Martín usará todos los recursos a su alcance para cobrarse su venganza y enriquecerse de paso. Un mundo de ignorantes gobernado por la tiranía y el temor a Dios es un lugar ideal para timadores. Entre Martín y el párroco idean la creencia de que la estatua de San Martín les guiará hasta la riqueza y tal creencia será usada para controlar al resto del grupo. Su avaricia les hace creer en cualquier cosa que les prometa un futuro mejor. Una escena especialmente reveladora de este opio del pueblo llamado religión es en la que Martín manipula una escultura de San Martín para que señale el destino al que el grupo debe dirigirse, un acto que cambiará su vidas irremediablemente. Martín  es un manipulador, el resto del grupo son unos mezquinos codiciosos y la pareja de amantes separados no son mucho mejores.

 Otra escena fundamental del film es la de la violación de la joven doncella a manos de Martín, en ella se produce un cambio de roles que convierte al violador en humillado y a víctima en dominadora. Es la joven la que acaba controlando la situación, demostrando quien es realmente el sexo fuerte. Probablemente una escena así no se podría rodar hoy día dentro de un film comercial. PeroVerhoeven no deja títere con cabeza, entregando un buen film de aventuras lleno de múltiples lecturas e interpretaciones.

 El guión aprovechaba varias historias no rodadas de la serie de televisión holandesa Floris de 1969 y en la que debutaron Verhoeven, Hauer y el guionista Gerard Soeteman. El film se rodó en España, concretamente en Ávila, Cáceres y Belmonte. Debido a que era una coproducción entre varios países, la gestación y el rodaje del film fueron un auténtico calvario para Verhoeven. Cada productor quería cambiar cosas del producto final y fue realmente difícil que el resultado fuera fiel a la idea original de Verhoeven y Soeteman. También hubo problemas con Rutger Hauer, quien venía de triunfar en films como Blade runner o Lady Halcón, Hauer quería que su personaje fuera mucho más noble que en el guión original, menos ambiguo. Por suerte, Verhoeven se salió con la suya.

 La música es del siempre eficiente Basil Poledouris le da el toque épico necesario a la historia. Técnicamente el film se ha quedado algo viejo, han pasado casi 30 años y algunos efectos especiales como los rayos se notan demasiado. Pero el mensaje del film y la terrible ironía que destila cada una de sus escenas sigue intacta. Yo la prefiero a películas de los ochenta como Lady Halcón o La princesa prometida. Lamentablemente, en décadas posteriores no se ha seguido por este camino y la Edad Media no ha tenido un reflejo tan interesante como en Los señores del Acero o Excalibur. El cine comercial nos ha presentado a unos héroes y unos villanos demasiado planos, sin matices.

 Tras este film, Verhoeven dio el salto a Hollywood donde rodó films como Robocop (1987), Desafío Total (1990, del cual ahora padecemos el remake), Instinto básico, Starship Troopers (1998) o El hombre sin sombra (2000) y chorradas como Showgirls (1996). Por suerte volvió en 2007 a su Holanda natal para rodar la recomendable El libro negro en la que muestra una vez más su desconfianza por el género humano.

 Los señores del acero no es sólo una película de aventuras, es una cínica visión del ser humano. Recomendable.

domingo, 8 de abril de 2012

Shame


Ya sé que Shame llega envuelta en una cierta polémica debido a su trama, ciertamente no es un film para todos los públicos, pero tampoco es tan escandaloso como se nos quiere hacer pensar. Es más, para mí es un film profundamente religioso, me explico tras el salto...

Se puede hacer un film religioso de muchas manera, lo habitual es destacar las virtudes y los parabienes de las personas con fe. Por muy mal que lo pasen, al final la fe compensa y el cielo les espera a los hombres de buena voluntad. Pero Shame nos muestra todo lo contrario. Shame es una terrible mirada al abismo al que se encamina esta sociedad sin valores ni creencias. Nos muestra  a unos personajes perdidos en el océano del dinero y el sexo. No hay hueco para la familia o el compromiso, mucho menos para cualquier sentimiento religioso. La idea de Dios ha sido sustituida por el dinero y/o el sexo. Nietzsche dijo aquello de "Dios ha muerto", pero la sociedad actual ha creado unos cuantos vellocinos de oro no exentos de peligros. La religión da esperanzas y fuerzas a mucha gente, quizás erradicar la religión de la sociedad no sea tan buena idea como Nietzsche predijo.

En Shame las múltiples escenas de sexo son mostradas ante el espectador sin ánimo erotizante, el sexo es presentado de forma cruda como un impulso animal que no lleva a ningún sitio, dejando un terrible vacío tras su consumación. El protagonista se ve inmerso en una espiral de sexo que no conduce a ningún sitio, cada vez necesita más y cada vez le satisface menos. Sus vanos intentos de salir de ese círculo vicioso (nunca mejor dicho) son totalmente infructuosos, el miedo al compromiso y a formar una familia (a sentar la cabeza, vamos) le imposibilita ante cualquier relación sentimental.


¿El personaje de Michael Fassbender puede ser una metáfora de nuestra sociedad? Se podría decir que sí. Es un personaje enfermo y herido, sin rumbo y sin esperanza. Lo más paradójico es que parece una persona normal e incluso es apreciado por sus compañeros de trabajo, pero conforme el film avanza nos vamos dando cuenta de sus miserias. El film no pretende ensalzarlo, más bien todo lo contrario, la mirada del director hacia este personaje es casi paternalista, apiadándose de él.


¿Cual es la verdadera clave que le confiere un sentido religioso Shame? La última palabra que se pronuncia en todo el film. En un llanto ahogado por el dolor, el desesperado protagonista suplica una salida a aquello que tenía muy olvidado desde hace años.


¿Es Steve McQueen un director transgresor? Pues no tanto como muchos pueden pensar, quizás más en la forma que en el fondo. Su estilo visual y narrativo es más que correcto. Consigue que el film no se haga aburrido y te haga pensar. Yo me quedo con las escenas del cortejo en el metro, las que abren y cierran el film. Parecen la misma pero hay ciertos matices que las hacen muy diferentes.


6

miércoles, 29 de febrero de 2012

El imperio de los "sinsexo"



 El otro día  me quedé sobrecogido al ver el documental que emitían en Documentos tv: El imperio de los sinsexo. Uno siempre había tenido a Japón como un país modélico en muchos sentidos, pero mi insana afición a los documentales ha hecho que se me caiga un mito.

El documental en cuestión se centraba en la (escasa) vida sexual de los japoneses. Parece ser que un alto porcentaje de la población del país del sol naciente practica la abstinencia sexual. incluso el 70% de las parejas de más de 40 años no practican nunca sexo.  Les parece algo aburrido y molesto. Así pues, la relaciones sexuales están en claro declive pero la pornografía y los juguetes sexuales se venden más que nunca. La industria del sexo es una industria en alza que supone el 1% del PIB. Algo difícil de entender desde esta parte del mundo.

En el documental salen señores incapaces de comunicarse con su esposa que antes de volver a casa del trabajo se meten en bares para jugar a un inocente juego de seducción con las camareras. Sólo es una ilusión de seducción y atracción, nada real. También aparece un tipo que se había comprado un Lamborghini pensando que así ligaría, pero ni por esas. El tipo acaba acudiendo a "cafés de gatos", salones los que puedes acariciar gatos y darles de comer, tal es la necesidad de mostrar afecto.

 Para muchos jóvenes japoneses la pareja y la familia les parecen cosas del pasado. Es muy cansado preocuparse por el placer y el bienestar de los demás. Mejor preocuparse de uno mismo. Puede parecer un punto de vista egoísta (lo es) y hedonista pero no se les veía en absoluto felices. Un sentimiento de terrible soledad parecía apoderarse de las personas que aparecían en el documental.

Más que un problema sexual, yo creo que es un problema de incomunicación. No olvidemos que en Japón hay un millón de adolescentes (los llamados hikikomori) que no salen nunca de su cuarto, en él tienen todo lo que puedan desear: juegos de ordenador, conexión a internet y la seguridad que proporciona un contacto virtual con el exterior. De eso se trata. De no exponerse nunca al ridículo ni  a la burla, a la humillación pública. Algo que quedó patente ayer en el joven herbívoro (o que voluntariamente no practica sexo) que reconoce que hace cinco años que acude solo a un karaoke, así nadie le dice que canta mal. Probablemente, tampoco tenga amigos. A mí recordó al film La red social.

La pregunta final del documental me dejó helado: ¿Son tan raros los japoneses o simplemente son unos adelantados?

Pincha aquí para ver el documental.


martes, 21 de junio de 2011

Crash




Crash es una novela de James G. Ballard publicada en 1973. En su día causó una fuerte controversia debido a su peculiar temática. En sus propias palabras, Crash es la primera novela pornográfica basada en la tecnología. Su arriesgada adaptación al cine llegó de la mano de David Cronenberg en 1996.

El automóvil es el paradigma de la sociedad de consumo y el motor de la sociedad post industrial. Los fabricantes de coches dan trabajo a miles de trabajadores en empleos directos e indirectos, fabrican coches potentes y veloces que sobrepasan ampliamente la velocidad permitida, el petróleo sigue siendo fundamental para la economía mundial, las compañías aseguradoras ganan millones cada año mientras miles de talleres viven de las reparaciones y recambios. Pero el coche es también un peligro, cada año miles de personas pierden la vida o quedan lisiadas de por vida. El automóvil es el símbolo de la sociedad actual, un innegable avance tecnológico con un reverso trágico. El único perjudicado de toda esta industria es el consumidor / conductor.

Con todos estos elementos Ballard elaboró una pérfida fábula sobre el vacío que habita dentro del ser humano y su intento de llenarlo con la tecnología. El protagonista del libro se llama igual que el escritor y es un publicista televisivo que casualmente entra en contacto con un grupo de personas fascinadas por los accidentes de coche. Son víctimas de accidentes pero han sufrido una profunda transformación psíquica más allá de sus heridas. Han adquirido una perversa patología sexual. Para ellos un accidente de tráfico es una metáfora de una relación sexual: es algo violento, incontrolable y de consecuencias imprevisibles.


Practicar sexo en coches o chocar deliberadamente no son sólo vías de escape, son las única maneras que tienen los personajes de sentir algo. Las necesidades básicas están cubiertas y hay que buscar nuevas motivaciones, pero todo es demasiado fácil en el primer mundo. Tras años de anuncios e imágenes violentas, la sociedad post industrial ha creado ciudadanos insensibles a los que les es casi imposible sentir algo real. Su umbral de percepción está demasiado alto, es muy difícil que algo impacte en su mente. Pero su cuerpo es otra cosa. El líder de este bizarro grupo es Vaughan, un experto en recrear accidentes de coche famosos como la muerte de Jane Mansfield o James Dean. Pero la obsesión de Vaughan es chocar violentamente contra el coche en el que viaja la actriz Elizabeth Taylor. Toda su existencia parece ir destinada a lograr este macabro objetivo.

La idea se le ocurrió al escritor cuando montó una exposición sobre coches que habían sufrido accidentes, los montones de chatarra acabaron todavía en peor estado debido a los desperfectos que los asistentes a la exposición les provocaron. Hubo quien rompió algún cristal o incluso arrancó un retrovisor. La fascinación de la gente por estos coches inspiró a Ballard el argumento del libro. Curiosamente Ballard se vio implicado en un accidente de tráfico al poco de terminar el libro.

Casi 25 años después el cineasta David Cronenberg adaptó la arriesgada novela de Ballard en la película homónima. No se me ocurre otro director capaz de atreverse. Crash no podía ser un film fácil para el gran público, no hay manera de tratar un tema así sin escandalizar. Crash entronca directamente con las obras más bizarras de su autor como Videodromo o El almuezo desnudo. La esencia de la novela está presente pero Cronenberg introdujo ciertas variaciones. Primeramente la novela transcurre en 1973 pero en el guión la acción se trasladó a 1996. En 1973 Elizabeth Taylor era aún un icono sexual, pero 25 años después no causaba el mismo efecto. Tampoco se trasladó a la pantalla el uso que de las drogas alucinógenas que hacen los protagonistas.
El film de Cronenberg es tan enfermizo como la novela aunque bastante menos explícito y escatológico. Para muchos puede ser un film de ciencia ficción (tan extrema es la propuesta de su argumento) o un film pornográfico (no faltan escenas de alto voltaje) o incluso de terror (tiene momentos bastante desagradables), pero yo creo que no es ninguna de las tres cosas. Crash es algo totalmente distinto. Es una seria advertencia de hacia donde se mueve esta sociedad enferma.
Croneneberg rueda de forma fría y distante, sin primeros planos ni movimientos innecesarios de cámara. Usa travellings laterales como si el observador pasara por allí pero sin poder apartar la mirada. Las múltiples escenas de sexo no son narradas de forma pasional ni nada parecido, no es un film erótico, es demasiado retorcido e insano. Quizás no cuente demasiadas cosas y sea más descriptico que narrativo, pero Cronenberg destila valentía y talento en casi cada uno de los planos.

Cronenberg acertó plenamente en el tono del film. Una trama así de extrema podría haber caído en el ridículo más absoluto en otras manos, pero Cronenberg sabe llevar la historia a buen puerto. La alineación que la tecnología provoca en los protagonistas está perfectamente plasmada en pantalla mientras el propio espectador se ve alineado/atraído por las bizarras imágenes del film. También el inquietante uso de la música de Howard Shore ayuda a incomodar al espectador. La frialdad de las relaciones interpersonales unida a los colores fríos usados en la fotografía dan al film un tono desolador.

Las interpretaciones del inexpresivo James Spader y la gélida Deborah Unger resultan competentes (por una vez) ya que el matrimonio que interpretan es incapaz de comunicarse entre sí. Me gusta mucho más Elias Koteas como Vaughan, el jefe del grupo, el tipo da a su personaje el carisma que necesita. Por su parte, Holly Hunter y Rosanna Arquette apenas tienen escenas de diálogo convencionales y en ellas están bastante inexpresivas, no se cuenta nada apenas de sus personajes, lo que contribuye a aumentar la sensación de aislamiento que el film pretende.

Por cierto, Crash ganó el premio especial del jurado en el festival de Canes de 1996 debido a su audacia, atrevimiento y originalidad. Coincido plenamente.

8