Mostrando entradas con la etiqueta Laura Dern. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Laura Dern. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de diciembre de 2017

jueves, 18 de septiembre de 2014

Corazón salvaje (Wild at heart, 1990)


 Sobre Nicolas Cage circulan todo tipo de rumores por la red: se dice que es un vampiro, que usa pelucas,  que una vez fue un buen actor o incluso que una vez ganó un Oscar. Yo os puedo confirmar que hubo un tiempo en el Nicolas Cage  hacía buenas películas. Corazón salvaje es un ejemplo de ello.

  Tras tocar el cielo con Terciopelo azul, David Lynch se embarcó en la elaboración de Twin Peaks. Monty Montgomery, amigo de Lynch y productor de Twin Peaks, le ofreció producir un guión que había elaborado sobre el libro de Barry Gifford, Corazón salvaje. A Lynch le gustó tanto que decidió dirigirlo él mismo. La quiebra de Dino De Laurentiis, cuya productora fue comprada por Carolco, significó que Lynch no tenía un productor que le ofreciera total libertad creativa. Por suerte la compañía independiente Propaganda films accedió a producir el film con un presupuesto de 10 millones de dólares asegurando a Lynch que tendría el control total sobre el montaje.

 Como no podía ser de otra manera, Lynch no dejó indiferente a nadie. Tras Terciopelo azul y Twin Peaks, Corazón salvaje es la confirmación del estilo depurado de un Lynch plenamente consciente de sí mismo y de sus capacidades, un Lynch en plena forma. Llena de excesos de todo tipo, es un film transgresor que bordea peligrosamente los límites de la locura.
 Corazón salvaje oscila continuamente entre varios géneros y estilos. Lynch adapta a su universo la novela de Barry Gifford. Es una bizarra road movie  con toques de cine negro y pinceladas surrealistas.  Por momentos parece hecha a base ideas inconexas que nunca acaban de cohesionarse. El resultado es una película inclasificable que produce por igual fascinación y rechazo en el espectador.


 Corazón salvaje versa sobre una pareja de enamorados que intentan ser felices en el infierno. Su amor deberá superar todo tipo de barreras en un entorno claramente hostil. A Lynch no le convencía el final del libro en el que los amantes deciden romper su relación por su propio bien. Era un final demasiado sensato y racional que traicionaba la esencia de los personajes.  Lynch decidió que los amantes debían  permanecer juntos, su pasión no podía verse sofocada por la lógica. Así pues Lynch ideó la idea de la aparición de un hada madrina (interpretada por Sheryl Lee, la Laura Palmer de Twin Peaks) que hiciera cambiar de idea a los amantes. Así se introdujeron en el guión las alusiones al Mago de Oz.


Si Blue velvet se iniciaba con un plano de las cortinas de la habitación en la que tuvo origen del trauma de Frank, Wild at heart se inicia con las inquietantes imágenes de unas llamas. Posteriormente descubriremos que esas llamas tienen una importancia vital en la trama, pertenecen al incendio en el que murió el padre de Lula.  El fuego será un elemento recurrente en el film, son abundantes las imágenes de cerillas y cigarros encendiéndose. Para Lynch el fuego simboliza el mal, la chispa que prende parece emparentar con la maldad. Los efectos de sonido y la música que acompaña a las imágenes no dejan lugar a dudas.



  Nuestra pareja de enamorados está formada por Sailor y Lula. Sailor es un  joven que no tiene oficio ni beneficio, un don nadie impredecible y violento. Su afición a imitar a Elvis y su chaqueta de piel de serpiente unidos a la desatada interpretación de Nicolas Cage configuran un personaje realmente inolvidable, a veces patético y otras sublime. La joven Lula (Laura Dern) es la joven enamorada de Sailor que está dispuesta a fugarse con él para huir del influjo de su madre. Son una pareja vulgar y nada sofisticada, pero su amor es puro. Mientras el sexo será enfermizo para los villanos, para Sailor y Lula es liberador. La mano abierta de Lula simboliza la liberación sexual de su personaje, pero incluso eso será corrompido. La música será también un refugio para nuestra pareja de fugitivos. Lynch parece añorar en su filmografía la estética y la música de los años 50 y 60, en los que él creció, mientras la música moderna es estridente y violenta.
Conforme pasa la acción Lula empieza a creerse Dorothy en un mundo de pesadilla (incluso llega a juntar los talones de sus zapatos en un intento de huir de la realidad). Sailor será su acompañante en el camino de baldosas amarillas (la carretera) y su madre sería La malvada bruja del Oeste.




  Marietta Fortune (Diane Ladd) es la madre de Lula, un ser repulsivo, a la vez dominante e infantil que no quiere perder el control sobre su hija y está dispuesta a cualquier cosa para evitarlo. La escena del pintalabios nos demuestra que algo funciona realmente mal en su cabeza. Como Frank es capaz de la mayor crueldad y parece que arrastra algún trauma infantil que la mantiene en esa edad.  La madre es tan infantil y caprichosa como una niña pequeña y a la vez tiránica y cruel. Ella es la perversa Bruja mala del oeste. La madre ve con malos ojos que su hija esté enamorada con Sailor. Sailor está involucrado en los negocios sucios de la madre y puede irse de la lengua respecto al asesinato del padre de su amada por encargo de su madre. La fuga de Lula con Sailor una vez que éste sale de la cárcel encoleriza a su madre, quien inicia una búsqueda desesperada por recuperar a su hija y acabar con Sailor de una vez por todas.


Todo ello configura una galería de personajes más que peculiares entre los que destaca Bobby Perú (un Willem Dafoe en unos de sus mejores papeles) un imitador de Clark Gable que, como Frank Booth, no está en sus casillas. Ambos personajes tienen más de una característica en común. Su forma de vestir y su peculiar forma de tratar a las mujeres los convierte en los villanos por antonomasia del cine de Lynch. Grace Zabriskie (la madre de Laura Palmer en Twin Peaks) e Isabella Rossellini  interpretan a dos mujeres que forman parte del grupo de asesinos que son contratados para acabar con Sailor.

 La huida de los amantes por el camino de baldosas amarillas empieza a convertirse en una pesadilla a medida que la influencia negativa del mundo exterior empieza a hacerse evidente. En la radio del coche sólo dan noticias terribles y un accidente de tráfico les descubrirá que la muerte siempre está al acecho. A partir de ese momento todo se irá torciendo, la influencia del mal hará mella en la pareja. Los personajes jóvenes e inocentes que se introducen en mundos perversos son una constante en el cine de Lycnh, el joven protagonista de Terciopelo azul o la aspirante a actriz de Mulholland drive nos sirven de ejemplo.


 Corazón salvaje es una road movie que discurre en una América enferma y violenta. Quizás en una clara inspiración en Buñuel, Lynch llena el film de bizarros pasajes: un hotel gestionado por  ancianos y tullidos, el cliente del bar con voz acelerada, la terrible historia del tío Dell (interpretado por ese pirado que es Crispin Glover), la señora que baila en el salón mientras desaparece entre la oscuridad, la chica del accidente de tráfico que busca su bolso para maquillarse, etc. La mente de Lynch pervierte la típica estampa americana a base de momentos cotidianos rotos por elementos surrealistas.
  
 La recepción del film fue bastante dispar, unos (pocos) la amaron y otros la odiaron. Los test previos al estreno fueron desastrosos, algunos espectadores abandonaban la sala debido a la extrema violencia de algunas escenas. Lynch decidió suavizar algunos planos especialmente desagradables o violentos pero no recortó ninguna escena. Corazón salvaje recaudó en taquilla 14 millones de dólares sólo en USA, lo que arroja un balance positivo si consideramos que costó 10 millones y aún faltaba la recaudación internacional. El éxito de Twin Peaks y la canción de Chris Isaak, Wicked game, contribuyeron al buen funcionamiento en taquilla del film. Por cierto, el film ganó la palma de Oro en Cannes a pesar de las encontradas opiniones que generó, lo que sirvió para consagrar definitivamente a su director.

 Corazón salvaje es un macabro y desconcertante cuento de hadas ambientado en el infierno.


viernes, 11 de octubre de 2013

Blue Velvet, 1986



 Tras el fiasco de Dune y una buena cantidad de dinero perdido, el productor Dino De Laurentiis decidió financiar a David Lynch su siguiente proyecto tras leer el guión que el mismo Lynch había elaborado. Tan entusiasmado estaba DeLaurentiis que decidió darle total libertad creativa y sólo puso un par de condiciones: el film debía ser barato y no sobrepasar las 2 horas de duración. Así nació Blue Velvet.

 Blue Velvet era un proyecto que David Lynch tenía en mente desde hacía años. Era sólo una fantasía sobre colarse en la habitación de una chica para espiarla en secreto y, casualmente, verse envuelto en un asesinato. También la canción Blue Velvet de Bobby Vinton y la idílica imagen formada por una valla blanca, unas rosas rojas y un cielo azul rondaban en la mente del director. Lynch nació en 1946 por lo que tenía 17 años cuando Vinton llegó al nº1 con esa canción en 1963 y en la mente de Lynch estaba asociada a su juventud.


 La melodramática música de Angelo Badalamenti (en su primera banda sonora) acompaña los títulos de crédito iniciales con las letras sobre un fondo de terciopelo azul, el espectador aún no lo sabe pero ese terciopelo tendrá un significado fundamental (y fetichista) durante la película. El vestido de uno de los personajes principales es de ese tejido, pero lo que vemos al inicio del film más parece una cortina movida por el viento. Quizás Lynch nos introduzca ya desde el inicio en el origen de la pesadilla.

 Luego, sin previo aviso, al acabar los títulos de crédito, Lynch nos presenta una idílica escena en Lumberton, un tranquilo pueblo maderero americano. Suena la canción Blue velvet de Bobby Vinton (realmente una versión del tema de Tonny Bennet). Es un día soleado y todo parece transcurrir sin problema alguno, un bombero nos saluda al pasar en su camión, los niños van a la escuela y un hombre riega apaciblemente su jardín mientras su mujer ve la televisión en el confortable salón familiar. Todo parece perfecto: hace sol y los pájaros cantan. Lynch despliega ante nuestros ojos la idílica América rural de los años 50 y 60. Pero la imagen de un arma en la televisión nos presagia que algo horrible va a ocurrir. La manguera con la que riega el hombre se estrangula y poco después éste cae al suelo, fulminado, supuestamente, por un ataque al corazón. Idea que parece reforzada por el estrangulamiento de la manguera, estableciéndose un paralelismo entre la manguera y las arterias del hombre. El hombre cae boca arriba y su perro bebe el agua que sigue fluyendo de la manguera. Lynch se centra en el césped del jardín y penetra en él, dejando ver lo que se esconde bajo la superficie: escarabajos y lombrices.
 Así empieza Blue Velvet de David Lynch, un perfecto resumen de la obra de su autor. Lynch muestra que debajo de una aparente tranquilidad y perfección se esconde siempre lo feo y lo desagradable. Nos negamos a verlo, pero la maldad y la muerte están siempre ahí. Es un mundo extraño dirá el personaje de Sandy, tiene razón.



Blue Velvet es el nacimiento a la edad adulta de dos adolescentes. Un viaje iniciático desde la inocencia a la aceptación (quizás resignación) de la edad adulta. El encuentro casual de una oreja humana arrancada brutalmente desencadenará toda una serie de acontecimientos que hará que nuestros jóvenes protagonistas conozcan la verdadera naturaleza del mundo.

Jeffrey (Kyle MacLachlan) es el hijo adolescente del hombre que ha sufrido un ataque y permanece en el hospital. Jeffrey está aburrido, ha dejado la universidad debido a la enfermedad de su padre y al regresar a su pueblo ya no queda ninguno de sus amigos. Tampoco el trabajo en la ferretería familiar parece muy excitante. Jeffrey descubre casualmente una oreja humana en el campo. Por cierto, las hormigas que recorren la oreja abandonada me recordaron a Un perro andaluz de Buñuel y Dalí. Jeffrey es un adolescente con ciertos rasgos infantiles, así lo demuestra el pueril juego de tirar piedras por el camino. Pero Jeffrey es curioso por encima de todo. Pero es casi tan ingenio como curioso. Llevará su descubrimiento a la policía, siendo el detective Williams el encargado del caso. Ante el mutismo de Williams, será su hija, Sandy (Laura Dern), la que informará a Jeffrey de algunos detalles que podrían estar relacionados con la oreja cortada. Así Jeffrey descubrirá la existencia de la cantante Dorothy Vallens (Isabella Rosellini) y urdirá un plan para colarse en su apartamento en busca de respuestas. La curiosidad que mueve a Jeffrey es la misma que siente el espectador, sus ojos dentro del armario mirando por las rendijas de la puerta son los nuestros. Jeffrey es un voyeur, como los propios espectadores.
A partir de ese punto, el mundo de Jeffrey y Sandy se irá desmoronando a pasos agigantados mientras descubrirán otra realidad que desconocían. Una realidad llena de violencia y locura. Además, Jeffrey se verá envuelto en un singular y peligroso triángulo amoroso: mientras su relación con Sandy no puede ser más convencional, su relación con Dorothy no puede ser más bizarra. Ambas mujeres se complementan perfectamente, una es la novia ideal que todo buen muchacho querría y la otra es ese oscuro e inconfesable objeto de deseo. Al entablar una relación con Dorothy, Jeffrey madurará dejando de ser un adolescente y descubriendo que algunos deseos es mejor que no se hagan realidad (valga como ejemplo su primer contacto sexual con Dorothy).

 Todo macabro cuento infantil necesita un villano, y el Frank Booth encarnado magistralmente por Dennis Hooper es de los mejores de la historia del cine. Hooper incorporó a su personaje algunos elementos como la mascarilla de gas y cierta tendencia a decir compulsivamente fuck. Frank es un ser brutal lleno de obsesiones y traumas que parecen condicionar todo su comportamiento. Primeramente, es incapaz de excitarse sexualmente si no es a través de la violencia. Frank necesita golpear y dominar a su víctima, sólo así consigue la excitación necesaria. Frank no permite que su víctima le mire a los ojos y exige ser llamado "Señor". Frank arrastra casi con toda seguridad (ya que no se afirma en el film pero lo podemos deducir) un trauma infantil, probablemente sufriera de abusos en la infancia.
Frank tiene una fijación fetichista con  el terciopelo azul para seguir con su excitación. Aquí se podría decir que quizás Frank sufrió los abusos mientras sonaba la canción del título o el terciopelo azul está relacionado de alguna manera con ese hecho, puede que las cortinas en la que ocurrieron los hechos fueran de ese tejido (se podría pensar si recordamos los títulos de crédito iniciales).

 Frank es un monstruo originado (supuestamente) por los abusos sufridos siendo niño. A su vez Frank está generando también otro monstruo al abusar del personaje de Dorothy Vallens, ella es chantajeada por Frank ya que éste tiene secuestrado a su marido y al hijo de ambos. Frank obliga a Dorothy a satisfacer sus deseos sexuales bajo la amenaza de matar a su familia. En Dorothy podemos descubrir rasgos que emanan directamente del comportamiento abusivo de Frank. Cuando Dorothy (una peculiar femme fatale) encuentra a una víctima (Jeffrey) repite casi los mismos ritos sexuales que Frank. Dorothy es un ser desvalido, una madre a la que le han arrebatado lo más valioso, al que están convirtiendo en un ser horrible. Si Frank está controlando a Dorothy, no es de extrañar que la obligue a vestirse de terciopelo azul y a cantar esa canción. Nada parece casual en el oscuro universo de David Lynch. Tampoco parece casual el nombre de Dorothy ni los zapatos rojos que lleva el personaje, como sucedería posteriormente en Corazón Salvaje, Lynch realiza su peculiar homenaje al film El mago de OZ, sólo que en esta ocasión el viaje de Dorothy es a un mundo de pesadilla.
Lynch nos sumerge en este mundo de pesadilla gracias a un objeto encontrado al azar y enfatiza tal hecho haciendo que, posteriormente, la cámara entre a través de esa oreja en uno de esos planos surrealistas que tan bien domina. Cuando la pesadilla acabe, Lynch hará que salgamos de ese mundo a través de otra oreja, en este caso la de un Jeffrey más adulto que ha aceptado su rol en el mundo y la complejidad de éste.
Blue velvet es su primera película en color (si exceptuamos Dune, a la que Lynch nunca parece haber considerado como suya) y como tal utiliza los colores como símbolos. Cada color significa algo, el azul puede ser el origen del mal y su representación, el amarillo (el traje de un detective es de es color) puede significar traición y el color rojo (el color de los zapatos de Dorothy y no olvidemos que Frank se pinta los labios de rojo en un momento dado) indica que algo malo va a pasar, peligro.

 Otros muchos símbolos están presentes en el film, como en toda la obra de su autor. Yo me quedo con la llama de una vela azotada por el viento indicando (a mi entender) la agitación interior de los personajes y con las bombillas que se apagan estruendosamente tras la muerte de Frank. También el jilguero que lleva un insecto en el pico se puede ver como un símbolo, representa a lo bello y lo terrible en un solo plano. Por cierto, el pájaro es un artilugio mecánico (en 1986 no había efectos digitales) bastante chapucero que Lynch resuelve dejándolo pocos instantes en pantalla para que no se note mucho. Aun así, se nota poca naturalidad en sus escasos movimientos. Hay quien dice que fue deliberada la elección de un pájaro mecánico y que es otro símbolo más de Lynch, representando que en el idílico final del film hay algo que no va bien pero que los personajes no quieren darse cuenta de ello. Sinceramente, no lo creo, pero podría ser.

Obviamente, Lynch le confiere a su film una estructura circular, el inicio y el final son muy parecidos, pero el espectador y los personajes ya no son iguales. Ambos saben que el mundo no es tan bonito como nos pensábamos. Incluso Lynch deja múltiples preguntas en el aire que Jeffrey parece querer obviar deliberadamente, como el hecho de que el detective Williams está claramente implicado en el caso. Jeffrey prefiere dejar de ser curioso y vivir una vida tranquila.

La elección del actor  Kyle MacLachlan me parece de lo más acertada a pesar de que no es un actor que me guste, me parece muy inexpresivo. Parece que hubo buena química con Lynch durante el rodaje de Dune y Lynch lo volvió a usar como prototipo de joven héroe inexperto. Incluso volvió a contar con él para el papel de agente Cooper en Twin peaks. La inexpresividad del actor parece ser un factor que Lynch busca deliberadamente, así nunca sabemos que piensa realmente su personaje y el espectador está aún más perdido. También se podría pensar que Lynch encontró en MacLachlan su alter ego.
 Por su parte, Isabella Rossellini escenificó perfectamente la ambigua fragilidad de Dorothy. La hija de Ingrid Bergman y el director Roberto Rossellini era famosa a mediados de los años ochenta sobre todo por sus campañas publicitarias para marcas de cosméticos y esta película supuso un drástico revés a su imagen pública. Cabe destacar que Rosellini y Lynch estuvieron casados de 1986 a 1990.
Blue velvet es un film extraño y desconcertante, con momentos ciertamente incómodos para el espectador. Valgan como ejemplo la inolvidable escena del armario en el apartamento de Dorothy o la escena de Frank amenazando a Jeffrey sobre la letra de la canción In dreams de Roy Orbison. Momentos sublimes de buen cine de esos que no se olvidan jamás.

Blue velvet, la primera obra maestra de David Lynch y el film que marcó los pasos a seguir en su posterior filmografía.

martes, 5 de febrero de 2013

The master


Tras participar en la segunda guerra mundial y no tener rumbo fijo, Freddie (Joaquin Phoenix) entra en contacto con Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman) que es el líder una sociedad religiosa. Ambos se sentirán intrigados y atraídos por el otro, iniciando una curiosa relación.

Tengo un problema con el cine de Paul Thomas Anderson, el tipo es un gran director pero sus películas son , por lo general, insoportables. Sé que suena raro pero el tipo se empeña en hacer un cine totalmente desapasionado sobre temas apasionantes y que darían mucho más juego en otras manos. Cuando no se dedica a sacar de sus casillas al espectador (Punch-Drunk love) se dedica a aburrirle soberanamente.
The master podría haber sido una gran película sobre las pseudociencias y los charlatanes del siglo XX, un estudio sobre cómo las ideas más ridículas pueden triunfar y tener millones de adeptos si detrás de ellas hay una buena organización. Podría haber sido muchas cosas interesantes que no suelen aparecer en pantalla, pero se queda en nada, buenas interpretaciones y poco más. Es una pena que se haya perdido una magnífica oportunidad de hablar claro sobre las sectas, los carismáticos líderes que las gobiernan y los incrédulos que acaban cayendo en ellas. Pero Anderson se va por las ramas y en dos horas y media no se define claramente ni es capaz de hacer que el espectador siga con interés su película. Su cine es así, tiene un particular universo al que yo no logro entrar, no conecto con su cine. Quizás sea culpa mía.

 Es evidente que Anderson se ha basado en la iglesia de la cienciología y en la figura de su fundador L. Ron Hubbard, no se cita en ningún momento pero muchos aspectos recuerdan a esta secta peligrosa. La cosa promete al presentarnos a unos protagonistas tan distintos entre sí aunque no dejen de ser la cara de la misma moneda. Freddie necesita creer en algo y poner orden en su vida y Dood necesita fieles adeptos.  Pero el film fracasa al profundizar en su relación, Anderson rellena metraje con momentos de buen cine pero que no cuentan nada ni ayudan al espectador a entender el funcionamiento de las sectas ni la deriva de la relación entre los dos protagonistas. Sí queda claro qué personas son las más fácilmente captables por este tipo de organizaciones pero no da consignas para distinguir una secta peligrosa de un simple e inofensivo club de aficionados a la filosofía griega.

 Anderson elabora su guión basándose en los personajes y deja todo lo demás en el aire, va dejando pistas a lo largo de la película pero ninguna es definitiva. Su film es hermético para el espectador, no hay manera de meterse en la historia. Sólo en algunas escenas sueltas (la celda, los juegos, etc) el espectador deja de estar perdido en este confuso guión. Supongo que Anderson desea crear en el espectador la misma sensación de enorme vacío y confusión que siente el personaje de Joaquin Phoenix, y vaya si lo consigue.


 Lo único realmente salvable de esta película son los actores, Philip Seymour Hoffman está muy bien encarnando a este ambigüo iluminado (o charlatán, que viene a ser lo mismo) del cual depende toda la organización. Pero el que está sobresaliente es Joaquin Phoenix, su composición del personaje es simplemente magnífica y justifica todas las tonterías de su carrera anterior. Su forma de andar y de poner los hombros es simplemente asombrosa. Sólo por ver a Phoenix y a Seymor Hoffman se puede decir que vale la pena ver esta película. Tambien cabe destacar a los personajes femeninos, Amy Adams es la mujer del gurú y poco a poco se va revelando como el cerebro detrás de toda la organización. Por su parte Laura Dern da la réplica como ferviente creyente que nos ofrece una esclarecedora escena sobre cómo estos cultos se van haciendo sobre la marcha y no permiten crítica ninguna.

Yo me aburrí a pesar de las interpretaciones y lo interesante del tema. A Paul Thomas Anderson le sigue fallando la empatía con este espectador que escribe.

martes, 11 de enero de 2011

Inland Empire (2006)


Si las películas de David Lynch ya son complejas normalmente, en Inland Empire llevó su particular forma de entender y hacer cine a sus últimas consecuencias.


Inland Empire es una pesadilla de 3 horas, un film totalmente distinto a cualquier cosa que hayas visto antes en tu vida, es una locura en sí misma. Lynch plasma su universo propio y cerrado herméticamente. Un universo en el que el espectador no consigue penetrar nunca, sólo asiste entre fascinado y aburrido a unas escenas que no parecen tener apenas conexión unas con otras.
Yo reconozco que me costó tres intentos ver esta película. Soy fan de Lynch desde que descubrí Blue Velvet de niño (eso explica mucha cosas) pero con esta película se le ha ido definitivamente la cabeza. No es que el film sea malo sino que a Lynch le importa un bledo el espectador. Lynch financia sus películas con sus trabajos para publicidad y los ingresos de su página web, filma en video digital para abaratar costes, llama a amigos que actúan casi gratis y le financian los de Studio canal, así no necesita recuperar lo invertido con los ingresos de taquilla. El problema es cuando alguien paga por ver esta película en un cine y se encuentra con este engendro salido directamente de una mente enferma y libre. Los que conocemos su cine vamos sobre aviso, pero no es un film para no iniciados.

Primeramente, en la película nos encontramos las habituales escenas oníricas de Lynch que tanto nos han gustado siempre a sus seguidores. Ya en la primera escenas vemos a unos personajes cuyo rostro ha sido difuminado, luego asistimos a una especie de sitcom surrealista protagonizada por unos conejos gigantes. Todo ello ocurre en los primeros cinco minutos del film (si se le puede llamar así), suficiente para que el 90% de los espectadores que asisten a una sala de cine huyan despavoridos de la misma. Luego la cosa continua con la visita de una vecina a la mansión de una actriz (Laura Dern) a la que anuncia que ha sido elegida para un importante papel. Luego asistimos al rodaje de la película, conocemos al director (Jeremy Irons) y al actor principal (Justin Theroux ).

Todo con un exasperante ritmo lento, lentísimo. Cuando ya estamos mirando las agujas del reloj y nos damos cuenta que sólo llevamos 30 minutos de película se nos anuncia que el film que van a rodar los actores no es original, es un remake de un film maldito que nunca acabó de rodarse. Parece que la cosa se pone interesante. Pero Lynch consigue desconcertarnos totalmente (una vez más) cuando la actriz principal empieza a confundir la realidad con el guión que está interpretando. Ambos mundos (realidad y ficción) se suceden sin orden ninguno, intercalándose con escenas en Polonia, extrañas gentes de circo, derrames de ketchup, flashes estroboscópicos, una aguja sobre los surcos de un vinilo, prostitutas, las letras AXXon N pintadas con tiza y una flecha, una chica llorando en una habitación, la habitación 47, un destornillador, un agujero en una prenda interior de seda
hecho con un cigarro, chicas que bailan, un tipo serrando un tronco, un cabaret, un marido que mira desde el fondo de un pasillo oscuro y cientos de momentos surrealistas.

Nunca sabemos muy bien a quien (ni cuando) está interpretando Laura Dern: si a la actriz, a su personaje, un espíritu o a una chica asesinada. Un torbellino de escenas inexplicables e inconexas nos van confundiendo más y más hasta llegar a una larga escena en la que unos vagabundos hablan del autobús a no sé dónde y de una chica con una pierna de madera que tiene un mono. Pero Lynch aún se guarda varios ases en la manga: la cantidad de personajes, escenas y pistas (aparentemente incoherentes) que ha ido diseminando por todo el film encajan en unos alucinantes títulos de crédito con el temazo Sinnerman de Nina Simone de fondo. El músico Ben Harper, por entonces casado con Laura Dern, aparece brevemente al piano. También aparecen Naomi Watts y Laura Elena Harring (Mulholland Drive).


En Inland empire Lynch ahonda en ciertos elementos recurrentes de su carrera: espíritus perversos, el cine dentro del cine, las dobles personalidades, cine negro, un aire retro, sexo, realidades paralelas, etc pero las lleva al extremo de tal manera que el espectador no entiende casi nada y se aburre casi todo el tiempo. O puede que simplemente rodara lo primero que le pasó por la cabeza. Eso sí, su sello característico está presente en cada plano aunque ruede con cámara de video digital. También la música de Angelo Badalamenti sirve para identificar la autoría del film. De los actores no se puede decir mucho, están bien intentando poner cara de algo aunque no entiendan nada. Laura Dern se pega las tres horas con cara de susto.

Muchos tildarán de tomadura de pelo a esta película, otros dirán que es una peli de arte y ensayo avanzada a su tiempo, cine abstracto dirán otros. Todos tienen razón. Lynch rodó la película sin guión alguno, improvisando sobre la marcha, rodando lo que se le iba ocurriendo y logrando algunas escenas muy sugerentes y otras muy aburridas. Aquí más que nunca Lynch no busca narrar una historia, se pasa por el forro todos los cánones de la narración cinematográfica. Esta película no te cuenta una historia, intenta sumergirte en una pesadilla sin salida ni sentido durante 3 eternas horas.

Las pesadillas no necesitan explicación, Inland Empire tampoco.