Cada vez tengo más claro que el éxito de los hermanos Wachowski con Matrix fue pura casualidad. Tras la horrible Speed Racer los hermanos Lana (antes Larry) y Andy Wachowski intentan recuperar el prestigio perdido con la adaptación del best-seller de David Mitchell, Cloud Atlas. Para un proyecto así de ambicioso han necesitado la colaboración del director alemán Tom Tykwer (El perfume, The international, Corre, Lola, corre).
Adaptar este relato era un gran reto, las seis historias del libro ocurren en tiempos y lugares distintos abarcando desde el siglo XIX a un futuro apocalíptico. Cloud Atlas era un proyecto de 100 millones de dólares que sólo podía ser o un gran éxito o una gran decepción, yo apuesto por lo segundo. El problema de la cinta no es que sea pretenciosa (que lo es y mucho) ni su duración de casi tres horas. El problema es que las seis historias que narra no acaban de conectarse nunca entre ellas. Cloud Atlas intenta funcionar con la precisión de un reloj suizo pero apenas logra avanzar a trompicones. Las historias tienen un interés desigual y la relación que las une es tan difusa que el espectador nunca acaba de verle la gracia al asunto, la verdad. Hay quien dice que en un segundo visionado se captan detalles que pasan desapercibidos la primera vez y que la trama cobra más sentido, es posible, pero dudo que vuelva a invertir tres horas de mi vida otra vez en este film.
El inicio del film es bastante torpe, el acelerado montaje no logra que nos metamos dentro de ninguna historia ni que sintamos la más mínima empatía por ninguno de los personajes. El film presenta demasiados personajes en muy poco tiempo y no les dedica el metraje necesario conformando una desangelada presentación de personajes. Al film le cuesta arrancar y durante los primeros 45 minutos el espectador asiste a un galimatías de historias inconexas que nunca le acaban de interesar. Por suerte, la cosa mejora pasados estos 45 primeros minutos y las historias se hacen algo más interesantes (aunque uno sigue sin ver la verdadera conexión entre ellas). Sólo al final se intuye una cierta relación entre todas las tramas, bastante endeble, para qué vamos a engañarnos.

Por cierto, no me gustó la idea de que los mismos actores repitan personajes en cada una de las historias. Algunas caracterizaciones resultan bastante grotescas e inverosímiles. Las imposibles narices postizas de Susan Sarandon y Halle Berry no quedan nada naturales. Tampoco son creíbles los cambio de raza, Tom Hanks no queda creíble como escritor de color, ni Halle Berry resulta creíble como mujer blanca o señora oriental de avanzada edad. Pero la palma se la lleva la coreana Du-na Bae cuya caracterización de joven pelirroja (y pecosa) es el colmo de lo inverosímil. Tampoco Hugo Weaving (actor talismán de los Wachowski) se ve natural como enfermera (¡¡¡) ni Hugh Grant puede evitar que se le reconozca incluso como jefe de un clan de salvajes caníbales. ¿Realmente era necesario usar siempre a los mismos actores? ¿Aporta algún sentido a la historia? Pues no, sólo sirve para que el espectador juegue a adivinar qué actor se encuentra debajo de esa cochambrosa caracterización.
Todo sería perdonable si el film emocionara o tuviera un mensaje interesante, pero no es así. Cloud Atlas es Un enorme y atractivo envoltorio vacío de contenido.
Fallida.












