Mostrando entradas con la etiqueta Diane Kruger. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diane Kruger. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de diciembre de 2011

La edad de la ignorancia (L'âge des ténèbres, 2007)

A Denys Arcand se le puede considerar una especie de Woody Allen canadiense. Sus films destilan un aire a comedia cínica que emparenta bastante con el director neoyorkino. Sus films más célebres son El declive del imperio americano (1986), Las invasiones bárbaras (2003, continuación de la anterior y por la que ganó un oscar a mejor película extranjera) o Jesús de Montreal (1989), pero hoy toca hablar de su última película La edad de la ignorancia.



La edad de la ignorancia es una comedia negra con tintes de amargura. Arcand es un hábil escritor que sabe perfectamente cómo transmitir a la pantalla aquello que nos quiere contar. A través de sus aparentemente divertidos diálogos y situaciones vemos la intención que oculta. Puede que el film se haga ameno y pueda verse como una mera sucesión de ensoñaciones y gags más o menos divertidos, pero el trasfondo es amargo, muy amargo.
El protagonista (un estupendo Marc Labreche) es un funcionario de mediana edad que se da cuenta que su vida se ha ido al garete. Su monótona existencia se le hace cada vez más insoportable. Su trabajo le aburre, su mujer le ignora y sus hijas no le hacen caso. Ni siquiera puede ya fumar en el trabajo. Además el mundo entero está bajo una ola de psicosis por la higiene y los contagios. La sociedad se ha vuelto paranoica. Su vida le ofrece muy pocos alicientes por lo que él decide refugiarse en sus fantasías. En dichas fantasías es un actor famoso que seduce bellas mujeres o un emperador romano que castiga a sus enemigos. Estas fantasías son realmente lo más divertido del film, están llenas de ironía. Además, cualquiera podría fantasear con Diane Kruger (quien se interpreta a sí misma y lo hace muy bien).

Pero llega un punto en el que los sueños deben dejar paso a la realidad, esconderse bajo un manto de irrealidad no soluciona los problemas, hay que afrontar que los sueños no se han cumplido. Se supone que llegados a una cierta edad la vida se ve con más sosiego y serenidad, con otra perspectiva, pero el protagonista no ha logrado madurar. No ha conseguido ser quien quería ser y ahora se ve más ignorante y confundido que nunca. Intentará cambiar la situación pero el mundo se ha vuelto loco a su alrededor, descubrirá que otra mucha gente se refugia en juegos y ensoñaciones aún más infantiles que las suyas.
La mayor diferencia entre Arcand y Allen es que el protagonista de Arcand no es un escritor de éxito que seduce jovencitas gracias a su intelecto privilegiado, ni es un tipo ocurrente capaz de salvar cualquier situación con sus ocurrencias . Es un señor maduro al que nadie toma en serio. Un cualquiera que ha visto que sus sueños de juventud se han esfumado. Quizás se parezca más al protagonista de American beauty, aunque ambas películas son muy distintas.

Realmente La edad de la ignorancia es un film bien escrito y bien interpretado. No maravilla pero se deja ver y hace pensar sobre hacia donde nos dirigimos como individuos y como sociedad.

6

p.d. 1: Como siempre, si podéis, debéis verla en versión original, en francés gana bastante.

p.d. 2: además de todo lo dicho, aparece cantando Rufus Wainwright, lo que añade varios puntos a la peli.


lunes, 16 de mayo de 2011

Sin identidad (Unknown)


Un profesor de viaje en Berlín sufre un accidente y cuando despierta en el hospital parece haber sido suplantado por otra persona.


Jaume Collet-Serra es un director a tener en cuenta, no es un genio (o no lo ha demostrado todavía) pero dota a las escenas de un ritmo y una tensión que ya quisieran muchos directores consagrados. El director catalán lleva casi 20 años en Hollywood aprendiendo, aceptando encargos y realizándolos de forma más que solvente. Tanto La huérfana como la casa de cera no dejan de ser encargos, películas de género que no han revolucionado la industria, pero son films correctos bastante bien resueltos. Esperemos a ver si acaba embarcándose finalmente en algún proyecto más personal. Creo que este director nos puede dar muchas alegrías.

Sin identidad es otro encargo resuelto de forma impecable. El film se te hace pasar un muy buen rato gracias a un guión con los suficientes giros (más o menos inesperados). Una vez, más la trama no es novedosa (recuerda a pelis recientes como The game y El caso Bourne o incluso a pelis del maestro Hitchcock tipo Con la muerte en los talones: un tipo normal metido en un lío horroroso sin comerlo y sin beberlo. Aunque creo que el mayor precedente de Sin identidad puede estar en el film Frenético de Polanski, en ambos un norteamericano debe resolver un misterio en una gran ciudad europea ayudado por una bella joven. La trama no es orignal, pero es el desarrollo el que salva la papeleta. La hábil dirección de Collet-Serra y el acertado montaje hacen muy entretenido al film, ideal para pasar un buen rato.

Por cierto, ni se os ocurra pensar mucho en la trama o intentar que todas las piezas del guión encajen. La historia tiene ciertos agujeros que no resisten un análisis pormenorizado, pero funciona perfectamente si te dejas llevar sin pensar demasiado. No recomiendo buscar la verosimilitud en este tipo de cine.

Parece que, tras Taken, Liam Neeson le ha pillado el gusto a hacer thrillers de acción. Aquí está bastante convincente, no tiene el típico físico de los héroes de estas pelis y se agradece. Obviamente, a nuestro confundido protagonista le ayudará una chica joven y guapa (Diane Kruger) y su mujer tampoco será nada fea (January Jones). También aparecen Frank Lagella, Aidan Quinn y los alemanes Bruno Ganz (El hundimiento) quien se lleva el mejor personaje de la peli, Sebastian Koch (La vida de los otros) y Karl Markovics (Los falsificadores) haciendo de secundarios.

Correcta y entretenida, que no es poco tal y como está el panorama.

6

sábado, 31 de julio de 2010

Las vidas posibles de Mr. Nobody


Es más fácil hablar de una película que no te ha gustado que de una que sí lo ha hecho. Al menos en mi caso, es así. Es más fácil elaborar una lista de las idioteces o incongruencias que un tipo ha rodado que enumerar las veces que un film te ha emocionado y explicar los motivos.

Al lío, que me enrollo mucho. Esta película es una de esas peculiares obras de autor que rebosan imaginación pero que a unos espectadores les encantan y a otros les parecen ininteligibles. Si eres del primer grupo (vamos, si te gustan Terry Gilliam, David Lynch o Médem) tengo un mensaje para ti: No dejes de ver y disfrutar de esta interesante película.
El motivo, es una estupenda historia en la que fantasía y realidad se mezclan de forma magistral. Una película arriesgada y preciosa que intenta poner orden a algo tan caótico que no puede ser ordenado ni entendido, la vida.
Una vida llena de decisiones y todas las posibles consecuencias de cada una de ellas. Una vida real que engloba todas las posibilidades, una encrucijada tras otra que nos lleva a un lugar que nunca sospechamos. Todo ello de la mano de un personaje que sólo busca el amor (de sus padres o de su amada) pero que sus mencionadas decisiones le llevarán por derroteros muy distintos.

Por supuesto, Jaco Van Dormael bebe de otras películas como 2001 o Donnie Darko, pero sabe aportar suficientes elementos novedosos y tiene un particular estilo visual como para dar entidad propia a su film. También las estimables actuaciones de Jared Leto (Réquiem por un sueño, Fight club), Diane Krueger o Sarah Polley ayudan bastante a levantar este bello castillo de naipes.

Un film con un guión muy inteligente, una fotografía preciosa, buena música y sobretodo con una sensibilidad muy especial. Momentos como el de la estación de tren o el de los pelos que se erizan son de esos momentos mágicos para los que el cine se ha creado. No basta con mostrar unos hechos o narrar una historia, hay que emocionar para lograr arte. Y esta estimulante película lo consigue varias veces.

7,5

jueves, 24 de septiembre de 2009

Malditos Bastardos (Inglourious Basterds)


Esta vez Tarantino se va a la Francia ocupada para contarnos la historia de un grupo de judíos americanos que se dedica a matar nazis.

Desde luego malditos bastardos no es un film histórico, es un western ambientado en la segunda guerra mundial. Tarantino deforma la historia para ajustarla a su peculiar estilo. Estilo que ya daba muestras de agotamiento en Deathproof y este film es la prueba patente. Ocurre que en Malditos bastardos el amigo Quentin sigue fiel a sus principios de toda la vida: mezcla de géneros, historia dividida en capítulos, homenajes constantes, cameos, música de Morriconne, diálogos ingeniosos y violencia.
No hay nada nuevo dentro de la forma de rodar y montar la película. Da igual que sitúe la película en la Francia de hace 65 años, su estilo sigue invariable. A Tarantino le basta con ser él mismo, o eso piensa él.

Obviamente, la película tiene un par de momentos de gran cine, pero sólo un par. La escena del inicio o la de la taberna son dos pequeñas joyas en las que Tarantino brilla como narrador. Además usa sabiamente en la primera de ellas la técnica de Hitchcock para crear suspense, es decir, te muestra lo que hay bajo la mesa. Poco a poco la tensión va creciendo hasta límites insoportables.
Estas 2 escenas son memorables pero el conjunto acaba cojeando bastante. Las dos horas y media se pasan rápido, es cierto, pero uno espera que la peli te sobresalte como ya lo hizo este tipo en films anteriores, no es el caso. Si exceptuamos los momentos mencionados, el film no engancha lo que debiera. Es demasiado disperso e impreciso. La acción avanza a trompicones, con continuos paros y acelerones que le confieren un ritmo muy irregular.

Además de los homenajes cinéfilos y musicales habituales (hasta repite alguna canción ya usada en Kill Bill) Tarantino se toma la libertad de ofrecernos un videoclip ochentero a ritmo del Cat people (Putting out fire) de David Bowie (usada ya en El beso de la pantera), no está mal pero es un innecesario parón que lastra el ritmo del film, ya de por sí bastante imperfecto. Tampoco el clímax final está suficientemente logrado.

Tarantino se enreda en diálogos y cambios de idioma olvidándose de desarrollar personajes, supongo que no le interesa. Los bastardos quedan totalmente desdibujados, son los personajes más atractivos del film y apenas nos cuenta la historia de uno de ellos. Ni siquiera sabemos quién es Aldo o donde consiguió el de Tennessee la cicatriz que adorna su cuello. A destacar Brad Pitt imitando a Marlon Brando en El padrino (algodones en la mandíbula incluidos) pero con acento sureño.

Al menos cuando se centra en los personajes nos regala una interpretación genial como la de Christoph Waltz en el papel del astuto Hans Landa. El resto de los actores están correctos, entre la caricatura y la ironía propias de un film que no se debe tomar demasiado en serio. Me gustó mucho August Diehl (Los falsificadores) en la escena de la cantina.
Lamentablemente Mélanie Laurent y Daniel Brühl no acaban de encajar en la trama y Diane Kruger sale poco. Como simples anécdotas creo que quedan las apariciones de Mike Myers y Rod Taylor.

Tarantino ha realizado otra macarrada de las suyas con 2 grandes escenas y un villano antológico (algo que no sucede todos los días). Así pues, sopesando lo bueno y lo malo.. le doy un....

6