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lunes, 19 de enero de 2015

Birdman (o La inesperada virtud de la ignorancia)



 Cuenta la leyenda que Johnny Weissmüller murió creyéndose Tarzán y que Bela Lugosi se creía realmente un vampiro hacia el final de sus días (las drogas son muy malas, amigos). A veces se produce una identificación tal del actor con su personaje que es realmente difícil distinguirlos. Esperemos que tal cosa no le acabe ocurriendo a Michael Keaton y su Birdman.

 La identificación de Keaton con su personaje no puede ser mayor. Keaton fue el Batman de Tim Burton en sus dos películas sobre el personaje. Nunca me gustó Keaton como Batman, sólo a Burton se le ocurriría hacer un Batman canijo y un Joker gordo. Pero Keaton no supo aprovechar la fama que le dio el hombre murciélago y su carrera se hundió. Igualmente su personaje en Birdman, Rigan Thompson, rechazó seguir interpretando al superhéroe Birdman y su carrera se fue al traste. Ambos (Keaton y Thomson) acabaron siendo adictos al alcohol y a los peluquines. Ahora Michael Keaton/Riggan Thomson intenta demostrar que no están acabado. Así pues, ambos (actor y personaje) se lo juegan todo a una carta que los situará en la cresta de la ola o los sepultará definitivamente en el olvido. No voy a contaros lo que ocurre con Riggan Thomson pero Keaton está magnífico en su última oportunidad.

 No olvidemos que los actores de cine comercial son despreciados por sus compañeros del teatro. Generan millones de dólares pero no tienen prestigio, prostituyen su talento (en el hipotético e improbable caso de tenerlo) por unos efímeros fama y dinero. Es por ello que estrellas del cine comercial se refugian en el cine independiente o el teatro en busca de reconocimiento y prestigio. Parece ser que, ironías del destino, la jugada le ha salido bien a Michael Keaton, está en el mejor personaje de su carera y ya le ha valido el globo de oro. Incluso Birdman es firme candidata a los Oscars de este año con nueve nominaciones.  Ya sabemos lo que les gusta a los de Hollywood mirarse el ombligo y divagar sobre sí mismos. Les fascina ver el mundillo del cine y el teatro retratados en la pantalla, da igual que los pongan a parir. Casi les gusta tanto como relanzar las carreras de actores olvidados. Sirva como ejemplo Michael Keaton.


 ¿Qué ha movido al director mejicano Alejandro Gonzáles Iñárritu a escribir y dirigir Birdman?  ¿Estaba cansado de ver cómo películas infames son las más taquilleras y cómo penosos actores son considerados estrellas? Yo diría que sí. El cine es (o debería ser) un arte además de una industria.
  Iñárritu ha sido valiente (osado más bien) y ha hecho un film visceral que se nota que le ha salido de las tripas (o más abajo), ha cargado contra todo aquello que le ha dado la gana: actores, críticos, industria, público, etc. Bravo por él, necesitamos más directores así. Se ha quedado tan ancho y encima parece que su película está gustando mucho a la crítica (contra la que lanza unas cuantas puyas) y los académicos. Por primera vez Iñárritu introduce la ironía y el humor negro en su cine, algo que le era muy necesario a su mortecina filmografía. Al menos, nadie puede negarle a Iñárritu que no haya intentado ser original y romper su propio estilo. Birdman es una negrísima autoparodia del mundo del espectáculo.

 Iñarritu arremete violentamente contra el cine comercial, personificado en Spider-man y Transformers. Ya sabemos que Hollywood es una industria que vomita siempre la misma basura para un público idiotizado a cambio de grandes beneficios. Todo pasa tan rápido hoy en día que dejas de ser una estrella cuando aún eres joven, imposible mantenerse siendo (casi) imposible volver a reflotar tu carrera. Cuando dejas de ser trending topic eres olvidado. Los quince minutos de fama de Warhol nos parecen mucho hoy en día.


  Birdman está lleno personajes que parlotean sin parar en ese microuniverso de camerinos y pasillos del teatro. Al espectador le cuesta entrar en la película, una vez que entras la cosa mejora y se disfruta pero AVISO: no es un cine para todo tipo de paladares. Que nadie piense que va a reírse con esta ácida comedia o que va a ver un film de superhéroes al uso.
Birdman adolece de demasiada cháchara y algunos bajones de ritmo. Tampoco esa especie de realismo mágico creo que sea del agrado de muchos espectadores. Yo pasé un buen rato pero acabé algo aturdido, se me hizo algo dura por momentos, sus dos horas de intensos diálogos me dejaron casi exhausto. Por cierto, yo acabé harto de la percusión de Antonio Sánchez, menudo peñazo de música. Quizás la intención era que el espectador se sintiera tan aturdido y confuso como el personaje principal, en ese caso es un éxito. La fotografía de Lubezki me pareció muy acertada a pesar de la complejidad que representaba la forma de rodar las escenas.


 En el irregular y caótico guión casi todos los actores tienes momentos en los que te ponen los pelos de punta. A parte de Michael Keaton, están sobresalientes Emma Stone (Amazing Spider-man), Naomi Watts (King Kong) y Edward Norton (El increíble Hulk). Como vemos, todos ellos tienen culpas que expiar por haber participado en el cine comercial y de súper héroes. Una vez más, Birdman nos ofrece una identificación entre actores y sus personajes.

 La forma de Birdman va unida de forma indivisible con lo narrado. Esta historia no tendría sentido de no estar contada en un único (y falso) plano secuencia. Ya en 1948 Alfred Hitchcock intentó rodar La soga en un único plano secuencia, como si de una obra de teatro se tratara. Las limitaciones técnicas se lo impidieron, parece ser que los rollos de las cámaras no duraban más de 10 minutos, por lo que La soga tiene varios cortes hábilmente disimulados por el mago del suspense. Casi 70 años después Iñárritu lo vuelve a intentar con un falso plano secuencia lleno de trucos digitales. Su plano secuencia tiene momentos realmente sublimes y escenas que se hacen demasiado largas, estupendos momentos de gran intensidad que contrastan con salidas de tono del tamaño del Empire State.
 Viendo Birdman no sólo me acordé de La soga, también me vinieron a la mente películas de grandes maestros como John Cassavetes (Opening night), Peter Bogdanovich (¡Qué ruina de función!), Woody Allen (Balas sobre Broadway) o Bob Fosse (All that jazz). En todas ellas asistimos a los miedos, miserias y dudas de los actores antes de una función. Así pues, la propuesta de Iñárritu no es totalmente novedosa ni en su temática ni en su forma de narrarla. Su innegable mérito reside en su mala leche y en su valentía.

 Iñárritu ha cuadrado el círculo, ha atacado al sistema y a éste le ha encantado. Sólo por ello vale la pena echarle un vistazo a Birdman.

7



domingo, 21 de octubre de 2012

Lo imposible


Con El orfanato el director Juan Antonio Bayona y su amigo el guionista Sergio G. Sánchez ya nos sorprendieron gratamente. Todas las esperanzas que pusimos en estos jóvenes se  han visto cumplidas e incluso superadas con Lo imposible.

Bayona y Sánchez podrían haber seguido con el género del terror o podrían haberse ido a Hollywood a rodar cualquier entrega de una nueva franquicia de vampiros adolescentes o la última peli de acción de Bruce Willis. Pero no, se embarcaron en la titánica tarea de adaptar la historia de una familia española que sobrevivió al tsunami que asoló Tailandia en el año 2004. El proyecto les ha llevado 5 años y ha costado unos 30 millones de euros, que parece muy poco si lo comparas con las súper producciones hollywoodienses pero dentro del panorama español es una barbaridad. Por suerte, cada céntimo invertido en esta película ha sido bien empleado. Parece ser que el film está siendo todo un éxito en taquilla y pronto van a recuperar la inversión, se lo merecen.
Se lo merecen básicamente a que su película no tiene nada que envidiar a cualquier súper produción que nos llega del otro lado del charco, todo lo contrario, ya quisieran muchas pelis yanquis tocarnos la fibra y emocionarlos la mitad de lo que lo hace Lo imposible. Con una factura técnica impecable y una dirección artística asombrosa Bayona nos entrega un film de catástrofes que va mucho más allá. No se queda en mostrarnos una impactantes imágenes que nos demuestran una vez más lo insignificantes que somos comparados con la madre naturaleza, sino que Bayona desarrolla todo un drama humano a base de una sensibilidad pocas veces vista en una sala de cine.



 Bayona se confiesa fan de Spielberg, como casi todos en este negocio, y se nota que ha aprendido mucho viendo las grandes películas del que una vez fue llamado Rey Midas de Hollywood. El uso de la luz y la espectacularidad de muchas escenas recuerdan al mejor Spielberg, ése al que echamos de menos desde hace bastantes años. Bayona logra algo que su maestro lleva tiempo sin conseguir: unir espectáculo visual y el drama familiar sin resultar cursi ni pedante. Es más, Bayona se nos muestra como un autor maduro a pesar de ser su segundo largometraje: sabe mover la cámara, sabe dirigir a los actores y sabe emocionar al espectador. Nos sumerge de lleno en la trama, no se lía con innecesarias presentaciones de personajes ni diálogos para rellenar metraje, tampoco se pone filosófico divagando sobre el sentido de la vida, el destino, la muerte, etc ni se enreda con la belleza de los paisajes. Ahí donde vacas sagradas como Clint Eastwood o Shyamalan fracasaron estrepitosamente al intentar reinventar el cine de catástrofes, Bayona sale airoso. No ha inventado nada nuevo pero conjuga elementos ya existentes de forma muy equilibrada dando como resultado todo un torbellino de emociones.


Bayona entrega un film perfectamente planificado y ejecutado de principio a fin. No es un film perfecto pero sí que se acerca bastante a lo que yo definiría como un film redondo. Es brutal y cruel cuando debe serlo, estáis avisados, pero sin caer en el exceso, así como también sabe ser tierno sin caer en la cursilería.
Se puede decir en su contra que el film se vende como una historia verdadera pero no se han mantenido ni los apellidos ni la nacionalidad de la familia protagonista, supongo que la obligación de rodarla en inglés con actores anglosajones en busca de una mayor recaudación ha sido el detonante de este cambio. También desconozco si los momentos más emotivos del film sucedieron realmente así, no lo sé, puede que se hayan tomado ciertas licencias pero en la peli funcionan a la perfección y yo no podía dejar de llorar.


De los actores sólo me cabe decir que tanto Naomi Watts como Ewan McGregor están sobresalientes. Una historia así de dura depende totalmente de la credibilidad y empatía que consigan crear sus protagonistas en el espectador. La película tiene escenas muy complicadas tanto física como emocionalmente para estos dos actores y ambos están a la altura y demuestran que son algo más que estrellas. Otro acierto del casting son los niños, excelentes todos ellos. También cabe destacar el breve pero intenso personaje de Marta Etura.

No sé, podría contar muchas cosas de la trama o destacar varias escenas que me hicieron llorar pero mejor no os cuento nada. El cine comercial debería ser capaz de unir espectáculo y sentimiento, ojalá todas las películas fueran como Lo imposible.



8

viernes, 3 de febrero de 2012

J. Edgar



He de reconocer que desde niño me ha fascinado la figura de J. Edgar Hoover y que siempre pensé que Oliver Stone podría haber hecho una gran película basada en la biografía de tan controvertido personaje. No olvidemos que Stone ha dirigido films sobre Kennedy (JFK) o Nixon, presidentes americanos en cuyos mandatos Hoover fue director del FBI. Pero finalmente ha sido Clint Eastwood quien ha realizado este biopic sobre uno de los hombres más poderosos del siglo XX.

 Hoover ostentó el cargo de director del FBI desde 1924 hasta su muerte en 1972. Fue un hombre decidido, de fuertes convicciones morales y dispuesto a todo por lograr su objetivo. Como director del FBI Hoover se enfrentó a comunistas, gángsters, secuestradores y al crimen organizado. Hoover revolucionó los métodos de investigación y trazó una red de información en las que todos los posibles sospechosos tenían una ficha. Pero su red de información era cada vez más grande y Hoover llegó a espiar y tener información de miles de ciudadanos (incluidos congresistas, los presidentes norteamericanos y sus mujeres). Sólo así se explica que Hoover ostentara su cargo durante casi 50 años, ninguno de los siete presidentes a los que sirvió tuvo el valor de destituirle, tal era su poder y el temor a lo que pudiera desvelar.


Pero una biografía tan excitante y controvertida como la de Hoover no es suficiente para hacer ameno al film. Se necesita algo más. Eastwood demuestra su más que probado talento a la hora de rodar y dirigir actores pero es incapaz de hacer que esta historia nos atrape todo lo que debería hacerlo. Por momentos se hace aburrida. Quizás sea fallo del lioso montaje o que el guión se extienda demasiado en la vida personal del personaje (Eastwood da por probada la homosexualidad de Hoover). Eastwood apuesta por comprender al personaje y casi justifica sus actos como director del FBI basándose en sus estrictas convicciones morales y en la relación con su dominante madre. Eastwood parece decirnos que la primera víctima de Hoover fue el mismo Hoover. El personaje público no parece tener piedad ni consigo mismo.

 Para mí el principal lastre del film es que Eastwood alterna varios momentos temporales (con continuos flashbacks) que hacen perder ritmo a la película. Este recurso sirve para contrastar cómo era el joven e idealista Hoover con el viejo y poderoso Hoover pero también sirve para que el film sufra unos innecesarios parones narrativos. Cuando la cosa se pone interesante, el film vuelve al presente. Ambas líneas temporales no acaban de funcionar ni ayudan a que el espectador siga el hilo de los acontecimientos. Si el espectador no está muy informado de los hechos históricos narrados es bastante fácil perderse, Eastwood supone que el espectador es un experto en historia reciente americana, cosa que no tiene por qué ser cierta.
Un ejemplo: Se cita a Charles Lindbergh como el personaje más famoso del siglo XX, pero en ningún momento se dice que fue el primer hombre que cruzó el atlántico en avión en 1927. Toda una proeza que le convirtió en un héroe nacional americano, hasta Billy Wilder hizo una peli de la gesta interpretada por James Stewart (El héroe solitario o  The Spirit of St Louis). Eastwood supone que Lindbergh es un personaje de sobra conocido en todo el mundo, creo que en Europa Lindbergh y el posterior secuestro de su hijo no son tan populares. Quizás un pequeño inserto de un noticiario o un recorte de periódico hubiera servido para poner al espectador al día.

Los actores me gustaron mucho a pesar de que a veces los maquillajes son un poco grotescos. Leonardo DiCaprio está creíble en la contradictoria piel de Hoover. También me gustó mucho Judi Dench en el papel de la madre (seguro que Freud tendría mucho que decir sobre la relación de Hoover con su madre) y Naomi Watts como la fiel secretaria.

 J. Edgar no es la gran película que este director, esta historia y estos actores podrían haber realizado. No es mala, ni mucho menos, pero podría haber sido mejor.

6


sábado, 23 de abril de 2011

Caza a la espía (Fair Game)

A estas alturas del partido, todos sabemos que en Irak no había armas de destrucción masiva. Pero hubo personas que lo sabían mucho antes de que Estados Unidos invadiera Irak y, lo que es peor, La Casa Blanca también lo sabía.


Basada en hechos reales Fair game es una interesante película que narra cómo el todopoderoso se gobierno de los Estados Unidos es capaz de complicar la existencia cuando alguién decide llevarles la contraria. Vamos, la película que a Oliver Stone le hubiera gustado dirigir.
En el año 2003 el embajador Joseph Wilson escribió un artículo en el New York Times desenmascarando las mentiras de la administración Bush para justificar la invasión de Irak. A consecuencia de ello, la Casa Blanca filtró la identidad de la mujer de Wilson, Valerie Plame como agente encubierta de la CIA. Una venganza en toda regla que puso en peligro la vida del matrimonio y también a muchas otras personas que dependían del anonimato de la agente. Una apasionante historia real que me parece digna de conocerse. Una historia con múltiples lecturas y que provoca muchas preguntas.

La película narra eficazmente todo lo ocurrido, siendo uno de los mejores dramas políticos de los últimos lustros. Parece que la guerra de Irak nos está dando algunas buenas películas, algo bueno debía salir de tal desastre. Las tortugas también vuelan, En territorio hostil son buenos ejemplos de ello. A parte de un buen guión y un buen ritmo, Fair game se beneficia de dos actores en estado de gracia como son Sean Penn y Naomi Watts. De Penn no voy a decir nada (es el mejor actor de su generación y punto) pero Watts me ha sorprendido gratamente, está mejor que nunca y lleva perfectamente el peso del film.

Puede que Doug Liman dirigiera El caso Bourne (y alguna tontería como Señor y señora Smith o Jumper), pero Caza a la espía no es un film de acción, es un solvente thriller político. Tiene bastante tensión pero no hay tiroteros ni persecuciones en coche. Es un film mucho más centrado en los entresijos de la política que un film de espías.

Recomendable.

7

martes, 11 de enero de 2011

Inland Empire (2006)


Si las películas de David Lynch ya son complejas normalmente, en Inland Empire llevó su particular forma de entender y hacer cine a sus últimas consecuencias.


Inland Empire es una pesadilla de 3 horas, un film totalmente distinto a cualquier cosa que hayas visto antes en tu vida, es una locura en sí misma. Lynch plasma su universo propio y cerrado herméticamente. Un universo en el que el espectador no consigue penetrar nunca, sólo asiste entre fascinado y aburrido a unas escenas que no parecen tener apenas conexión unas con otras.
Yo reconozco que me costó tres intentos ver esta película. Soy fan de Lynch desde que descubrí Blue Velvet de niño (eso explica mucha cosas) pero con esta película se le ha ido definitivamente la cabeza. No es que el film sea malo sino que a Lynch le importa un bledo el espectador. Lynch financia sus películas con sus trabajos para publicidad y los ingresos de su página web, filma en video digital para abaratar costes, llama a amigos que actúan casi gratis y le financian los de Studio canal, así no necesita recuperar lo invertido con los ingresos de taquilla. El problema es cuando alguien paga por ver esta película en un cine y se encuentra con este engendro salido directamente de una mente enferma y libre. Los que conocemos su cine vamos sobre aviso, pero no es un film para no iniciados.

Primeramente, en la película nos encontramos las habituales escenas oníricas de Lynch que tanto nos han gustado siempre a sus seguidores. Ya en la primera escenas vemos a unos personajes cuyo rostro ha sido difuminado, luego asistimos a una especie de sitcom surrealista protagonizada por unos conejos gigantes. Todo ello ocurre en los primeros cinco minutos del film (si se le puede llamar así), suficiente para que el 90% de los espectadores que asisten a una sala de cine huyan despavoridos de la misma. Luego la cosa continua con la visita de una vecina a la mansión de una actriz (Laura Dern) a la que anuncia que ha sido elegida para un importante papel. Luego asistimos al rodaje de la película, conocemos al director (Jeremy Irons) y al actor principal (Justin Theroux ).

Todo con un exasperante ritmo lento, lentísimo. Cuando ya estamos mirando las agujas del reloj y nos damos cuenta que sólo llevamos 30 minutos de película se nos anuncia que el film que van a rodar los actores no es original, es un remake de un film maldito que nunca acabó de rodarse. Parece que la cosa se pone interesante. Pero Lynch consigue desconcertarnos totalmente (una vez más) cuando la actriz principal empieza a confundir la realidad con el guión que está interpretando. Ambos mundos (realidad y ficción) se suceden sin orden ninguno, intercalándose con escenas en Polonia, extrañas gentes de circo, derrames de ketchup, flashes estroboscópicos, una aguja sobre los surcos de un vinilo, prostitutas, las letras AXXon N pintadas con tiza y una flecha, una chica llorando en una habitación, la habitación 47, un destornillador, un agujero en una prenda interior de seda
hecho con un cigarro, chicas que bailan, un tipo serrando un tronco, un cabaret, un marido que mira desde el fondo de un pasillo oscuro y cientos de momentos surrealistas.

Nunca sabemos muy bien a quien (ni cuando) está interpretando Laura Dern: si a la actriz, a su personaje, un espíritu o a una chica asesinada. Un torbellino de escenas inexplicables e inconexas nos van confundiendo más y más hasta llegar a una larga escena en la que unos vagabundos hablan del autobús a no sé dónde y de una chica con una pierna de madera que tiene un mono. Pero Lynch aún se guarda varios ases en la manga: la cantidad de personajes, escenas y pistas (aparentemente incoherentes) que ha ido diseminando por todo el film encajan en unos alucinantes títulos de crédito con el temazo Sinnerman de Nina Simone de fondo. El músico Ben Harper, por entonces casado con Laura Dern, aparece brevemente al piano. También aparecen Naomi Watts y Laura Elena Harring (Mulholland Drive).


En Inland empire Lynch ahonda en ciertos elementos recurrentes de su carrera: espíritus perversos, el cine dentro del cine, las dobles personalidades, cine negro, un aire retro, sexo, realidades paralelas, etc pero las lleva al extremo de tal manera que el espectador no entiende casi nada y se aburre casi todo el tiempo. O puede que simplemente rodara lo primero que le pasó por la cabeza. Eso sí, su sello característico está presente en cada plano aunque ruede con cámara de video digital. También la música de Angelo Badalamenti sirve para identificar la autoría del film. De los actores no se puede decir mucho, están bien intentando poner cara de algo aunque no entiendan nada. Laura Dern se pega las tres horas con cara de susto.

Muchos tildarán de tomadura de pelo a esta película, otros dirán que es una peli de arte y ensayo avanzada a su tiempo, cine abstracto dirán otros. Todos tienen razón. Lynch rodó la película sin guión alguno, improvisando sobre la marcha, rodando lo que se le iba ocurriendo y logrando algunas escenas muy sugerentes y otras muy aburridas. Aquí más que nunca Lynch no busca narrar una historia, se pasa por el forro todos los cánones de la narración cinematográfica. Esta película no te cuenta una historia, intenta sumergirte en una pesadilla sin salida ni sentido durante 3 eternas horas.

Las pesadillas no necesitan explicación, Inland Empire tampoco.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Conocerás al hombre de tus sueños


Títulos de crédito con música de jazz, letras blancas sobre fondo negro, una gran ciudad, personajes adinerados y neuróticos que no paran de hablar. No cabe duda, estamos ante un film de Woody Allen. Esta vez Allen nos entrega un film sobre la inmadurez y la inseguridad.

Todos los personajes de este típico microuniverso Alleniano están incompletos. Todos anhelan algo o alguien que no poseen. Ya sea la chica de la ventana de enfrente, montar su propia galería de arte, publicar una novela de éxito, aparentar ser más joven o sólo volver a ser felices. Todos los personajes buscarán satisfacer sus deseos mediante métodos más o menos lícitos. Será en vano excepto para aquellos que pongan su fe en lo absurdo, es como si Allen nos dijera que cualquier cosa vale si te hace feliz, que es de lo que realmente se trata en esta vida. Un mensaje común a su anterior film, lo que nos hace pensar que el cinismo de Allen se acrecienta con la edad. Allen nunca tuvo mucha fe en la religión o el matrimonio pero ahora tampoco parece creer en la familia o la amistad. Por otro lado, el film emparenta también con la estupenda Match point no sólo por su ambientación en Londres (donde surge el Allen más pesimista) sino por el comportamiento de algún personaje.

De todo el habitual crisol de personajes me quedo con el típico escritor bloqueado (correcto Josh Brolin), esta vez no tan locuaz como de costumbre, y con la madre abandonada que decide refugiarse en el más allá con tal de tener esperanza (excelente Gemma Jones). Los diálogos entre ambos me parecieron de lo mejor del film. También el personaje de Anthony Hopkins tiene bastante miga. Por otro lado, Antonio Banderas me sigue sin gustar aunque le dirija Woddy Allen, tampoco Freida Pinto me parece gran cosa, aunque es muy guapa.

Esta historia podría haber sido un dramón o una comedia, pero Woody tira por el camino de en medio y nos ofrece una comedia agridulce. El tono y el ritmo del film es de comedia pero las situaciones no son graciosas. Hay bastantes diálogos que podrían haber sido desternillantes (los citados entre el escritor y su suegra) pero Allen los carga con un dramatismo que los vacía de todo humor. Parece como si Allen se mofara de ciertos personajes, subrayando su patetismo al negarse a convertir el film en una comedia. En una escena concreta, el personaje de la madre sigue obstinada en sus creencias (más o menos divertidas) mientras su hija la insulta de forma bastante cruel, dan ganas de reírse de la madre pero el despiadado comportamiento de la hija rompe toda la gracia y nos llena de amargura. Definitivamente, Woddy Allen no cree en la familia.

La película se ve sin problemas gracias a su buen guión y a los estupendos actores, si bien, es cierto que no ofrece nada nuevo (quizás ya sea muy tarde para pedirle tal cosa al maestro) ni entretiene como otras veces. El film deja al espectador con una sensación de deja vu, de haber visto a unos buenos actores en una historia no demasiado original. Desde el principio intuimos cómo puede acabar la cosa, pero yo creo que Allen no buscaba divertir ni innovar, sólo narrar una historia con moraleja.

Otro film menor dentro de la obra de su autor, sin duda, pero aún así es interesante.

6

viernes, 28 de mayo de 2010

Promesas del Este



Parece ser que David Cronenberg se cansó de su cine de ciencia-ficción desagradable (Scanners, Cromosoma 3, Videodrome, La mosca) y sus aventuras bizarras (Inseparables, Crash, El almuerzo desnudo). Su cine se ha relajado, hay menos paranoias y menos drogas, pero aún dista mucho de ser normal. A mí me gustaba más antes (Crash sigue siendo una de mis pelis favoritas simplemente por lo insana que es) pero ahora puede acceder a más gente y no pierde la ocasión de entregar buenas historias a un público mayoritario.


Tras Una historia de violencia repitió con Viggo Mortensen en esta peli sobre la mafia rusa en Londres. Inevitablemente recuerda a El Padrino en su presentación de la vida familiar (fiestas, comida, música) y los modos de vivir mafiosos. Obviamente Cronenberg no intenta imitar las pelis de mafiosos de Coppola o Scorsese, su estilo es otro. Aquí los mafiosos no son italianos graciosos, son rusos fríos sin escrúpulos. La trata de blancas, la extorsión y el asesinato no son temas para tomar a guasa.

Ojo, Cronenberg sigue sin tener miedo a mostrar escenas desagradables, Promesas del Este tiene alguna escena bastante dura. Sin ir más lejos, la escena de la sauna es realmente extrema, propia del mejor Cronenberg. Aparte del sexo y la violencia, también el tema recurrente de la identidad está presente en el film. El protagonista tiene un objetivo muy claro y para llevarlo a cabo debe participar en actos terribles, todo en busca de un fin mayor. El problema viene cuando llevas tanto tiempo aparentando ser otro que la frontera entre tú y tu personaje se acaban diluyendo. Si cometes actos horribles, tú también eres horrible. Lo que haces es lo que eres.

La peli está bien llevada y los actores cumplen; Viggo sigue tan inexpresivo como siempre pero aquí le queda muy bien a su atormentado personaje, Naomi Watts está correcta y los secundarios cumplen sobradamente.

Recomendable.
7

jueves, 8 de abril de 2010

Mulholland Drive (2001)



Me pregunta un colega cual es mi interpretación de Mulholland Drive, el film de David Lynch de 2001. No es que mi interpretación sea totalmente coherente simplemente es una teoría de lo que a mí me sugirió lo plasmado en imágenes por uno de los directores más libres y singulares de la historia.



Ya hemos comentado otras veces que Lynch no es un director al uso, las historias normales y la narración lineal no le interesan demasiado. Lynch funde sueños y la realidad sin aparente frontera entre ambos. Sus películas se pueden disfrutar simplemente como sensaciones o imágenes atractivas sin demasiado sentido. Si el público no las entiende o no le gustan, a Lynch le importa un bledo. En los últimos años se ha pasado a rodar con la tecnología de vídeo digital (mucho más barata que la tradicional en película) y financia sus films gracias a las suscripciones a su página web y trabajos en publicidad y video-clips. Así pues, Lynch rueda lo que le da la gana (ole!!!), aunque no tenga mucho sentido, o no parezca tenerlo.

En Mulholland Drive (nombre de la carretera que lleva al famoso cartel de Hollywood) Lynch nos presenta a Hollywood como la fábrica de los sueños y nos muestra a Betty (Naomi Watts), una recién llegada a la que las cosas le van viento en popa, gracias a las influencias de su tía consigue los contactos necesarios para labrarse una carrera como estrella de Hollywood. Betty encuentra casualmente en su ducha a una mujer que no recuerda casi nada de su pasado y dice llamarse Rita (Laura Elena Harring).


Por otro lado, alguien muy poderoso presiona a un director de cine para que contrate a una chica para un papel protagonista. Misteriosos y excéntricos hombres de negocios controlan la fábrica de los sueños (y de las pesadillas). Supongo que es una crítica de Lynch a los caprichosos directivos de Hollywood, ésos que él ya no necesita.

En Mulholland Drive Lynch nos vuelve a atrapar con esos sonidos misteriosos y su cuidada estética, a la vez que la música de Angelo Badalamenti se funde perfectamente con las imágenes. Lynch nos presenta hábilmente un misterio, un pasado oscuro, una caja, una llave, un cadáver, una surrealista actuación nocturna, etc. Elementos de un puzzle que quizás no tenga explicación lógica.


Cuando el misterio va tomando forma es cuando Lynch nos da uno de sus desconcertantes giros y nos muestra esa otra realidad posible o paralela. Sin explicación alguna las piezas encajan sin sentido alguno. El velo se cae y vemos la realidad. Como si del mito de la caverna de Platón se tratara, hasta entonces sólo podíamos intuir la realidad, pero lo que veíamos era engañoso, nuestros sentidos no son de fiar (y menos en un film de Lynch). Toda la primera parte no es sino una imaginación, un deseo. Cualquier teoría es posible, pero yo me decanto por esta última.

La posición social de la protagonista ha cambiado y las amistades también. La que en su mente es su pareja, realmente se va a casar con un director. La amable casera te mira ahora con desprecio. El éxito era ficticio. Betty no es una estrella en ciernes, se llama Diane y es una fracasada. Su frustración y la del espectador van casi a la par, todo lo que habíamos visto era una ilusión. Todo el misterio desaparece dejando patente una sórdida realidad. La diferencia entre el éxito y el fracaso puede ser que una tía de la protagonista esté aún viva o no. Un hecho tan aleatorio decide el destino de nuestra protagonista. El sueño se torna pesadilla, la carretera hacia Hollywood acaba en tragedia, la cruda realidad es insoportable.


A mí Mulholland Drive me dejó un sabor agridulce, tiene estupendos momentos surrealistas en los que ficción y realidad son imposibles de distinguir e interfieren la una en la otra. Son antológicas las escenas de la cafetería, los jubilados bajo la puerta o el extraño vaquero. Pero otras muchas escenas me parecieron demasiado largas. Supongo que en la mente de Lynch tendrán su sentido (o no, váyase usted a saber) pero yo las veo innecesarias: el largo casting, la pelea marital, el teatro, etc. Parecen estar en la película sólo para exasperar y/o confundir al espectador. Un espectador al que Lynch parece disfrutar mareando y confundiendo.


Mulholland Drive es un film fascinante por momentos pero también demasiado largo y disperso.


Silencio. No hay banda.


lunes, 1 de junio de 2009

FUNNY GAMES (1997)

Hace unos años me recomendaron una película que, me dijeron, era realmente perturbadora debido a su extrema violencia y tensión. Ni corto ni perezoso me dispuse a visionar tan revolucionaria obra de arte (o así me la pintaron). Dicha película era Funny Games del austríaco Michael Haneke.



Partamos de que la historia de una familia que cae en manos de unos pirados no era novedosa en 1997. Ya hubo otras muchas películas que trataron este tema sobretodo en los 70 y 80 (La última casa a la izquierda o incluso La matanza de Texas son claros referentes).

La novedad es que Haneke lo hizo de forma casi documental, no es una peli de terror como las citadas anteriormente, es un fiel retrato de una pesadilla. Una pesadilla mucho más perturbadora que cualquier otra película de terror debido a que el tono documental y los planos agónicamente largos no dejan salida al espectador. Los personajes no caen como moscas en escenas con música tétrica, son humillados interminablemente en silencio.

El insano gusto de Haneke por lo morboso y sus ganas de provocar repulsión en el espectador son realmente notables. Sus psicópatas son de lo más repugnante que he visto en una pantalla en toda mi vida, no porque sean malvados sino porque son repulsivos en sus modales y su control de la situación. Todos sabemos que el personaje de Hannibal Lecter es un psicópata, pero de alguna manera se nos hace un personaje atractivo o incluso simpático. Pero los psicópatas de Funny games son simplemente exasperantes. (Sólo con verle la cara al imbécil de la portada ya me entran ganas de fostiarlo!!! nunca me ha pasado con Hannibal).

Igual que los malvados juegan con sus víctimas, Haneke juega con el espectador y te somete al juego de adivinar si vas a aguantar toda la película. El director se identifica con los villanos de la función y nos tortura a nosotros. Interesante punto de vista, sin duda, pero fallido.

El problema es que Haneke no sabe lo que es el ritmo narrativo, rueda de forma que la tensión se diluye en el más ridículo de los aburrimientos. El tema y los villanos pueden ser interesantes y su juego de torturar al espectador es original, pero este tipo sólo sabe aburrir. Cuando Haneke se saca un conejo del sombrero (no puedo especificar más) y hace que la cosa se anime y sorprenda, ya es demasiado tarde: el tedio y la indiferencia se han apoderado del espectador hace rato. Me gustó el giro que toma la peli hacia el final, pero me pilló totalmente aburrido.

Supongo que todo es premeditado y que Haneke pretendía no sólo torturar al espectador, sino también aburrirlo y asquearlo. Conmigo lo logró.

Así pues, de obra maestra…. nada de nada. Así se lo hice saber a quien me la recomendó.

4

Ahora, en un alarde de imaginación, Hollywood se deja tomar el pelo por Haneke para que haga un remake de su propia película con Naomi Watts (la reina de los remakes?: King Kong, The Ring, Los pájaros), Tim Roth y Michael Pitt.

Ni se han preocupado en cambiar un mísero plano, parece ser que la película americana es casi idéntica a la original plano a plano. Parece ser, porque yo no pienso verla.

Creo que es tan estúpida e innecesaria como aquel remake de Psicosis de Gus Van Sant.


sábado, 9 de mayo de 2009

THE INTERNATIONAL


Un agente de la interpol (Clive Owen) y una fiscal de Nueva York (Naomi Watts) serán los encargados de la difícil tarea de intentar demostrar las conexiones entre la banca y el crimen organizado.

Los thrillers sobre grandes empresas y sus miserias siempre me han gustado. Las novelas de John Grisham sobre las actividades poco lícitas de grandes compañías han creado escuela en pelis recientes como El jardinero fiel o Michael Clayton.

En un mundo tan globalizado como el actual, en el que los grandes capitales se mueven de un extremo del mundo al otro en un abrir y cerrar de ojos, se crean las condiciones ideales para que las grandes multinacionales se aprovechen de los vacíos legales existentes. Se pueden convertir en grandes monstruos que fagocitan todo lo que pueden e incluso van más allá de los límites establecidos por el capitalismo (si los hubiere).

The international se inventa un gran banco ficticio con un enorme poder que negocia con capitales de muy dudoso origen. Un banco que no duda en asesinar impunemente (y a veces de forma bastante poco sútil) a quien haga falta.

Con una trama así de interesante el alemán Tom Tykwer (Corre, Lola, Corre, El perfume) nos ofrece un atípico thriller que rezuma pesimismo desde el primer plano. Tykwer va desarrollando la trama de forma eficiente, sin trampas ni engaños para el espectador.

El guión me pareció inteligente y permanece cercano siempre a la realidad, sin concesiones a la comercialidad más palomitera. Contiene frases de esas que se recuerdan durante años como: "Evitando tu destino te puedes chocar con él" o "En la vida hay que saber que puente debes quemar y cual debes cruzar, yo soy el que debes cruzar".
No hay una forzada historia de amor y es de agradecer que no hayan metido espectaculares escenas de persecuciones o tiroteos a lo Matrix. Pero el film puede que no acabe de atrapar al espectador que espere un thriller convencional (con un gran final lleno de explosiones), se puede hacer aburridilla a los más jóvenes.

El ritmo film es bastante adecuado, sin acelerones, hasta que explota en una genial escena que acontece en el museo Guggenheim de Nueva York. Una escena muy bien filmada con momentos muy logrados.

Aparte del guión, la fotografía es de lo mejor del film (bellos planos de Berlín y Estanbul). En cuanto a los actores , Clive Owen y Naomi Watts están correctos (tampoco son ninguna maravilla pero dan el pego) aunque yo me quedo con la gélida interpretación de Armin Mueller-Stahl. Así pues nos queda una peli bastante correcta.

7