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domingo, 25 de septiembre de 2016

LOS HOMBRES LIBRES DE JONES (FREE STATE OF JONES)


Free state of Jones podría definirse frívolamente como un cruce entre Robin Hood, Brave Heart, El patriota y 12 años de esclavitud. Pero no es una mera amalgama, es un film muy digno y con una marcada personalidad propia. Un film que se hace ameno a pesar de su duración y que nos regala momentos de buen cine.

 La historia en que se basa ocurrió realmente y narra la sublevación de un grupo de hombres del Sur contra las tropas confederadas en plena guerra de secesión americana (1861-1865). Hartos de luchar y ver morir a sus hijos en guerras para que los ricos siguieran manteniendo sus privilegios, hubo hombres que desertaron y volvieron a sus granjas para defenderlas de los abusos. Así, unieron sus destinos a los de los esclavos que había huido de sus amos. Blancos y negros se escondieron en los pantanos, donde la caballería no podía entrar, en busca de un futuro mejor. La figura de Newt Knight (Matthew McConaughey) fue fundamental para darle unidad a este movimiento de renegados. Bajo su mandato llegaron incluso a formar un estado independiente, el estado de Jones. Una historia que parece irreal, pero ya sabemos que cualquier cosa es posible en América, lo mejor y lo peor. También es evidente que , a pesar de las promesas, una vez finalizada la guerra todavía quedaba un largo camino hacia la igualdad de derechos civiles. Todavía hoy queda mucho por mejorar, basta con escuchar las noticias. Sin embargo, el film viene a decirnos que nada de esto se hubiera logrado si no hubiera habido gente dispuesta a luchar por lo que creían justo, aunque les costara la vida. El sueño americano es así, lleno de sinsabores.

Free state of Jones se sustenta sobre la presencia y el talento de un Matthew McConaughey inmenso. El tipo realmente llena la pantalla. Aquí compone otro personaje sureño, que se están convirtiendo en su especialidad, y , una vez más, lo borda. Esos dientes amarillentos, esa mirada y ese acento demuestran que estamos ante un gran actor. Él es la película y por él la película gana enteros.


 El director Gary Ross ha sido la eterna promesa durante las dos últimas décadas. Empezó su carrera con Pleasantville dejando la impresión de que estábamos ante un tipo con mucho talento. Sin embargo, sus siguientes películas me defraudaron un poco. Ni Seabiscuit ni Los juegos del hambre (que eran film más que decentes) estaban a la altura de lo que prometía su primer film. Hemos tenido que esperar hasta Free state of Jones para ver materializado finalmente todo el potencial de Ross. Cierto que el excelente ritmo de la primera parte decae algo en la segunda mitad. Quizás dos hora y media son demasiado. Pero Gary Ross acierta de pleno al huir del panfleto y de la lágrima fácil. Tampoco sacrifica la exactitud con los hechos reales en busca de un clímax ni un forzado happy end. El film pierde así espectacularidad pero gana en verosimilitud, demostrando ser una opción arriesgada. Reconozco que me sobró la historia que se cuenta en paralelo y que ocurre 70 años después de la guerra de secesión, me pareció un poco mal insertada en la trama. Únicamente sirve para demostrar que 70 años después el racismo estaba más que vigente. Lo dicho, los noticiarios evidencian que estamos todavía a medio camino.

Para terminar, debo destacar las magníficas fotografía y dirección artística. Todo un regalo para cualquier espectador con un poquito de sensibilidad. Si encima la historia está bien contada e interpretada, miel sobre hojuelas.


7

domingo, 9 de noviembre de 2014

Interstellar

 Tenía que pasar, como todos los directores con ciertas aspiraciones, Christopher Nolan ha intentado realizar su propia 2001



 Hasta ahora a Nolan muchos le acusaban de pomposo y creerse demasiado trascendente, tales acusaciones se hacen irrefutables en Interstellar. Nolan une como nadie espectáculo y complejidad argumental.  Interstellar es demasiado ambiciosa y pretende abarcar demasiado, correcto, pero también es un espectáculo sublime.


 El guión de los hermanos Nolan parte de un argumento nos recuerda a muchas otras películas de ciencia ficción como la citada 2001, Señales, Contacto, Sunshine o Gravity, pero es capaz de aportar su particular visión. A estas alturas es muy difícil lograr una historia original que sorprenda al gran público pero para eso se supone que están los cineastas como Nolan. Sin ir más lejos, el año pasado Alfonso Cuarón nos sorprendió con la maravillosa Gravity que debido a su simpleza argumental era tremendamente entretenida sin dejar de ser una gran película sobre el espacio. Gravity fue un triunfo en toda regla mientras Interstellar es algo mucho más ambicioso.

 Intestellar es una buena película que dudo mucho que hubiera sido mejor si hubiera sido algo menos ambiciosa. Todo lo concerniente a la familia del protagonista, la granja, el abuelo, el dron y demás me resultó un tanto fuera de lugar la primera vez que la vi pero me acabó convenciendo tras un segundo visionado. Entiendo lo que Nolan pretende al introducir el aspecto sentimental en una película de ciencia ficción pero esta vez no he conectado con su propuesta. ¿Puede que el amor paterno sea una variable que debamos tener en cuanta a la hora de pensar en futuro de la raza humana?


 Nolan dirige con mano maestra y sabe crear emoción y tensión en el espectador como nadie en el cine actual. A pesar de sus casi tres horas y un epílogo demasiado largo a mí el film me mantuvo clavado al asiento y en tensión durante todo el metraje. Interstellar tiene momentos que harán las delicias de los aficionados al género de la ciencia ficción y de cualquier persona un pco sensible. Nolan se ha puesto trascendente en grado sumo y nos habla del futuro de la raza humana, el instinto se supervivencia, la familia, la gravedad y los agujeros de gusano en un film simplemente asombroso y emocionante.


 En el segundo visionado entendí mejor las motivaciones de los personajes de Matt Damon y Cassey Affleck. Incluso la química entre Matthew McConaughey y Anne Hathaway me resultó mucho más lograda. Mención aparte se merecen los robots del film, con esa peculiar apariencia me resultaron poco creíbles, la verdad, y no dejaron de recordarme a los androides de Naves misteriosas pero con mejores efectos especiales.
 Siempre es de alabar que una película no trate al espectador de idiota, pero irse al otro extremo tampoco es la mejor opción. Nolan debe creerse que todos los espectadores somos expertos en física, yo ni siquiera puedo leer morse o binario por lo que ciertos pasajes de la trama se escaparon a mi entendimiento. Si hablamos de cinco dimensiones la cosa se me complica aún más. He tenido que verla dos veces para entenderla en toda su complejidad científica (soy de letras) y caer rendido a sus pies.

 Debo destacar la magnífica banda sonora del alemán Hans Zimmer. Es uno de sus mejores trabajos, una partitura  al vez minimalista y grandilocuente que por momentos me recordó a (era inevitable) a 2001. Ese leitmotiv que recorre toda la película a base de unas pocas notas que se repiten incesantemente en un crescendo colosal sólo lo puedo catalogar de sublime. Una partitura hipnótica que eleva la cinta más allá de la estratosfera. Nolan da un gran protagonismo a la banda sonora de Zimmer y, como hace habitualmente, sube deliberadamente el volumen de la música hasta niveles casi excesivos. La energía que proyecta su música sobre las imágenes les da un dramatismo y una halo épico desbordante. .

Interstellar es toda una experiencia.

8

lunes, 5 de mayo de 2014

True detective


 Que actualmente se hace mejor televisión que cine es un hecho inapelable. La que siempre fue la caja tonta ha tomado la delantera a su hermano mayor y le ha dejado a la altura del barro.


 Pongámonos en antecedentes, durante décadas las series de televisión eran un puro divertimento para toda la familia. Las series estaban formadas por episodios autoconclusivos que no exigían ningún esfuerzo del espectador, sus tramas eran sencillas y no pasaba nada si te perdías un episodio. Lo mismo se podía decir de los culebrones, esos insufribles seriales en los que la acción ocurría tan lentamente que no pasaba nada si sólo veías uno de cada diez (o incluso cien) episodios.

 Pero algo cambió a principios de los años 90 de la mano de David Lynch y su Twin Peaks. Lynch introdujo el surrealismo en el mundo televisivo. Lo onírico y lo perverso se dieron la mano en una serie mítica que batió records de audiencia. Sin embargo, En su loable afán por romper moldes, Lynch descubrió quien mató a Laura Palmer en el episodio catorce, dando al público lo que tanto ansiaba, pero el resto de tramas continuaban. Las pesquisas por descubrir al asesino eran sólo una excusa para mostrarnos el fascinante y complejo universo de Twin Peaks. El público ya tenía a su asesino pero los ases en la manga que Lynch se guardaba no fueron suficientes para mantener el interés. Quizás Lynch pecó de ingenuo o pretencioso al pensar que la serie podría seguir atrayendo al público una vez que el gran misterio estuviera resuelto. Lynch no fue capaz de mantener el interés y cada vez los episodios eran más inclasificables hasta que fue finalmente cancelada por su baja audiencia. El último episodio fue realmente alucinante, puede que muchos espectadores no lo entendieran pero seguro que no lo olvidarán en su vida.

Twin Peaks demostró que otra televisión era posible. Fue durante la década de los 90 cuando se gestó la época dorada de la televisión que ahora vivimos. Me vienen a la mente series como Doctor en Alaska, Urgencias o Friends como grandes series de la época.

 El auge de la televisión por cable, la piratería y la caída en picado de las recaudaciones en las salas de cine han originado un éxodo masivo de talento hacia la televisión. Bienvenido sea. El formato de las series permite un desarrollo de personajes mucho mayor (sólo por el simple hecho de disponer de mucho más tiempo) permitiendo el desarrollo de varias tramas de forma simultanea y una mayor identificación con los personajes.  Hay historias que se pueden narrar en 2 horas pero otras necesitan mucho más.



 En especial, las series de la cadena HBO son todo un delicatessen para cualquier aficionado no sólo a las series sino al buen cine. Roma, Los Soprano, The wire, A dos metros bajo tierra, Juego de Tronos, Boardwalk empire o Breaking bad son series de HBO que no tienen nada que envidiar a cualquier película que haya ganado el Oscar a mejor película en los últimos 15 años. Así de claro.

 El último ejemplo de gran serie televisiva de HBO es True detective. Ocho episodios de buen cine. Aparentemente, True detective sigue el esquema clásico de unos policías que investigan un extraño asesinato, como en Twin Peaks, nada nuevo bajo el sol del pantano. Las deudas a films como Seven o El silencio de los corderos siguen estando ahí, indelebles en todo thriller policíaco de los últimos lustros. Pero True detective juega con todos los tópicos posibles, los pervierte y los devuelve convertidos en algo distinto y original. Las situaciones son reconocibles pero la manera de resolverlas son simplemente admirables. El entorno rural sureño con la omnipresente industria química de fondo, pantanos, paletos, putas y fanáticos religiosos son el escenario de este caso.

 Otra baza imbatible de la serie es su pareja protagonista. No estamos ante la típica pareja de  compañeros, la pareja de detectives formada por Matthew McConaughey y Woody Harrelson (ambos productores de la serie) no pueden ser más opuestos entre sí.

 El personaje de Martin Hart (Harrelson) parece tenerlo todo, una familia feliz y unas fuertes convicciones, sin embargo tras esa apariencia de buen padre de familia se esconde alguien que no vive de acuerdo a sus creencias. 
Por su lado, Rust Cohle (McConaughey) es un verdadero hijo de puta que no lo oculta, tiene una particular visión del universo y vive de acuerdo a ella, no engaña a nadie y menos a sí mismo. Ambos personajes chocarán frontalmente pero deberán unir fuerzas para resolver el caso. 
 Las típicas conversaciones de compañeros dentro del coche se tornan en ácidas reflexiones sobre la existencia. Uno podría pasarse horas oyendo discutir a este par de polis pecadores intentando hacer el trabajo de unos santos, pero el hábito no hace al monje. La evolución de la explosiva relación de estos detectives es el eje de la serie tanto o más que el macabro caso que deben resolver.

Hay momentos que me quedaron grabados y que me hicieron pensar que no estaba ante una serie más del montón que se emiten cada año. Os voy a poner sólo un ejemplo. En un momento dado, se establece una bizarra elipsis narrativa para simbolizar el paso de los años, las hijas de Hart lanzan algo a un árbol en mitad de un juego (no recuerdo ahora el objeto exacto). Cuando la cámara sube por el árbol vemos el coche en el que llega la familia a la casa y de él bajan las hijas de Hart ya crecidas. Sin ningún efecto especial ni un corte nos han narrado el paso del tiempo de una forma admirable. El uso de la ambientación musical en esta escena le confiere un significado casi tétrico, el espectador intuye que el paso del tiempo no ha traído nada bueno.

 Igualmente, el final del cuarto episodio evidencia que no estamos ante una serie más. Estamos ante un entretenimiento de gran calidad al que no le tiembla el pulso a la hora de planificar y rodar un complejo plano secuencia de 6 minutos. Todo un alarde técnico que puede que a muchos espectadores se les pasara por alto que, sin embargo, eleva la serie aún más al Olimpo de las series de la historia de la televisión.

 Lo más aterrador de la serie escrita por Nic Pizzolatto (quien ya colaboró en The killing y parece haber aprendido de los errores de ésta) y el director Cary Joji Fukunaga es la sensación de que el mal es real, que habita entre nosotros y que nosotros formamos parte de él lo queramos o no. Todo un hallazgo.

La peculiar estructura narrativa a base de interrogatorios en varias líneas temporales le confiere a la serie un peculiar ritmo que no decae en ningún momento sino que va mejorando conforme avanzan los episodios hasta una resolución que, por una vez, sorprende y no defrauda. Un final coherente y a la altura de lo esperado.


 Resumiendo, True detective son 8 episodios adictivos y fascinantes que nadie, os lo digo en serio, debería perderse.


viernes, 14 de marzo de 2014

Dallas buyers club


Jean-Marc Vallée es un director que me sorprendió muy gratamente hace unos años con C.R.A.Z.Y., una más que interesante película que recomiendo a todo el mundo. Ahora se atreve con la historia real de Ron Woodroof, un duro vaquero que fue diagnosticado de Sida a mediados de los años ochenta y al que sólo le dieron 30 días de vida.


 Vallée es un director que huye de etiquetas y ofrece su articular visión, dando como resultado un cine distinto y atrevido. El tipo tiene personalidad en un negocio en el que tal cosa escasea cada vez más. Dallas buyers club podría haber sido un telefilm barato o un dramón parcialmente a perder por las modernas manos de un director con aspiraciones de independiente. Vallée evita caer en esos errores y consigue crear su propio estilo.

 Hay que reconocer que Ron Woodroof personificaba al antihéroe perfecto: drogadicto, putero, homófobo, irresponsable y un peligro público en todos los sentidos. Su vida cambió al descubrir que tenía Sida pero lejos de rendirse decidió dedicar el tiempo que le restase a mejorar las condiciones de vida de los seropositivos (y de paso lucrarse con ello). Woodroof no es mostrado nunca como un santo ni siquiera como una buena persona. Es un traficante que encuentra un gran negocio en los fármacos ilegales para el Sida. Puede que Woofroof no fuera un santo pero las autoridades sanitarias y los laboratorios tampoco lo son. Enfrascados en eternos procedimientos para la venta de fármacos, las autoridades y los laboratorios parecían no darse cuenta que a los pacientes de Sida se les acaba el tiempo y no tenían ya nada que perder. Puede que un medicamento no estuviera debidamente comprobado ni autorizado pero ya no les podía causar ningún daño.
El film explora perfectamente esa época a mediados de los años ochenta en la que el Sida era una plaga mortal de la que apenas se sabia nada más allá de que se cebaba en homosexuales y drogadictos. El propio Woodroof debió aprender la naturaleza de su enfermedad frente a sus propios prejuicios. Al convertirse en un paria Woodroof aprenderá forzosamente a ver la vida desde otro punto de vista. En su transformación se relacionará con personas a las que antes despreciaba, dejando de lado sus prejuicios y aprendiendo a valorar a las personas por su interior y no su apariencia exterior ni su sexualidad.

Todo este aprendizaje es narrado por Vallée de forma impecable, con un ritmo que no decae nunca. El film engancha no sólo por el saber hacer del director sino que quizás lo que realmente más fascine del film es la soberbia transformación física de un Matthew McConaughey espléndido. McConaughey es el motor del film, sólo puedo calificar de magnífica su interpretación del decrépito y famélico Woodroof.  McConaughey , un actorcillo que iba de guaperas y al que no podía soportar, se está especializando en papeles de vaqueros del sur (Bernie, Killer Joe, Mud) y realmente borda este tipo de papeles. Tampoco se queda corto Jared Leto en su papel de travestí fan de Marc Bolan (T-Rex). Ambos se merecen todos los elogios y premios que están recibiendo.

A mí el film me gustó.



lunes, 27 de enero de 2014

El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street)


He de reconocer que echaba de menos a Scorsese en los últimos años. Si exceptuamos Los infiltrados (The departed), su filmografía reciente parecía indicar una innegable decadencia.

 Alejado del cine negro, su cine languidecía lentamente. Ni sus películas sobre conciertos de The rolling stones (Shine a light), ni sus documentales sobre George Harrison, ni sus experimentos como La invención de Hugo, ni su biografía de Howard Hughes (El aviador) ni su canto a Nueva York (Gangs of New York) ni su intento de terror gótico (Shutter Island) estaban a la altura esperada. Está visto que el cine sobre canallas es el que mejor le sale al bueno de Scorsese. Su talento parece encontrar en estos personajes la mejor forma de plasmarse en la pantalla. Puede que Jordan Belfort no sea un mafioso como los que tanta fama le han dado a Scorsese, pero su historia se adapta como un guante al estilo narrativo y visual del maestro (un estilo bastante imitado, hay más que ver La gran estafa americana).


 El lobo de wall Street nos devuelve al mejor Scorsese, su film es excesivo en muchos sentidos (no sólo en la duración) pero la historia requería un tratamiento así. No se puede mostrar esta historia de auge y caída de un criminal de guante blanco como Jordan Belfort de mejor manera. Scorsese es único a la hora de mostrarnos los rincones más turbios del ser humano. Se puede servir de un taxista, un camillero con insomnio, un boxeador o gángsters capaces de matar a un amigo sin pestañear. Lo más ruin del alma humana es narrado de forma intachable por Scorsese e incluso es capaz de hacer que estos tipos nos resulten cercanos y entrañables. El Jordan Belfort de esta película, al contrario de muchos de los personajes de Scorsese, no tiene moral ninguna ni código ético, no cree en la familia ni en religión ninguna, su único dios es el dinero.

Es esta historia un film sobre la avaricia y los excesos a los que puede llegar el ser humano. Scorsese no ahorra planos de derroche y lujuría (podría haber sido bastante más explícito pero le hubiera perjudicado en taquilla) para mostrarnos la depravación a la que es capaz de llegar el ser humano. Poco se dice de cómo fue posible que este personaje con esas técnicas claramente ilegales pudiera montar su imperio. Tampoco se explica la desregulación que Reagan y Bush llevaron a cabo sobre las actividades financieras y bursátiles. No busca el film culpables, su único objetivo es mostrarnos una historia de éxito a cualquier precio y degradación moral. La cara seria de la crisis ya la tuvimos en Inside job o Margin call, El lobo de Wall Street busca otra cosa. La vida está hecha para unos pocos, la mayoría debemos volver a casa en metro mientras unos cuantos canallas se pasean en yate y helicóptero.
  
Con la célebre técnica de la voz en off como hilo conductor y un ritmo con múltiples altibajos (tres horas son excesivas) Scorsese elabora un film al que le cuesta un poquito arrancar pero cuando lo hace no deja de acelerar. La dirección de Scorsese es perfecta mientras el vibrante y caótico montaje es un complemento ideal para lograr un film trepidante y absorbente. Volvemos a tener electrizantes escenas ambientadas con música rock de la época y diálogos enloquecidos en situaciones absurdas. Scorsese logra que veamos el mundo a través de los enloquecidos ojos de una persona hasta las cejas de cocaína y otras drogas, sentimos su confusión, su ira y su euforia así como su miedo y su frustración. Casi notamos el pulso acelerado del protagonista en nuestro pecho. Las escenas del teléfono o la del Lamborghini me parecieron geniales, de lo mejor de Scorsese en mucho tiempo. Es en esa paulatina degradación física, psíquica y familiar donde el talento de Scorsese brilla especialmente.

Otro que brilla más que nunca es Leonardo DiCaprio, el giro efectuado en este papel me parece muy beneficioso para su carrera, un cambio de registro necesario. Por momentos está excesivo e histriónico, pero el personaje así lo requiere. DiCaprio parece por momentos un Jack Nicholson totalmente descontrolado, no hay más que ver las escenas con el micrófono en la oficina. Gran trabajo de un actor que hace tiempo que dejó de ser sólo una cara bonita. Curioso cómo han mejorado los dos protagonistas de Titanic. Del resto del reparto me quedo con Jonah Hill y un cadavérico Matthew McConaughey realmente fuera de órbita.


Scorsese no inventa nada pero aplica su más que probado talento a una historia que se ajusta perfectamente a su forma de entender el cine. Un valor seguro, compra.

7,5

martes, 3 de septiembre de 2013

Mud


 Jeff Nichols (responsable de la inquietante Take Shelter) nos presenta otra película aparentemente sencilla pero llena de connotaciones. En Mud Nichols narra las aventuras de dos chicos que descubren a un fugitivo en una isla del río Mississippi.

Mud retrata el complejo mundo de los adultos visto desde los ojos de unos chavales. Su mente infantil se topa de pronto con los sinsentidos del mundo adulto gracias al personaje de Mud (Matthew McConaughey). Me gustó la simbología que reside en el hecho de que buscando un lugar secreto en el que esconderse (simbolizado por un bote en un árbol), los chicos encuentren en ese lugar alejado del control paterno a un tipo como Mud. Él tampoco acepta las normas de los adultos (a pesar de ser uno de ellos) y se oculta en esa extraña isla en mitad del río. Mud parece no haber madurado, es un adolescente en un mundo de adultos.


Rodeados de adultos que han fracasado en sus relaciones amorosas, los chicos encuentran en Mud el ejemplo a seguir. Mud es libre, apasionado y está dispuesto a defender a su amada e incluso a matar por ella, así debería ser la fuerza del amor. Tampoco le ata nada a ningún lugar, es un tipo duro capaz de sobrevivir en una isla perdida en el río Mississippi. Pero Mud no es perfecto, ha cometido algunos errores y la verdad irá saliendo a la luz conforme se desarrollen los acontecimientos.

 Nichols presenta más contradicciones y conflictos internos en los personajes de lo que uno podría esperar y no es desde luego solamente un film sobre el paso a la edad adulta.  Mud podría considerarse como una actualización de las novelas de Mark Twain, ese ambiente de pantanos, jóvenes y prófugos de la justicia me recordó a la obra del padre de la literatura norteamericana. Sin embargo Nichols aporta suficientes elementos de interés, vienendo a contarnos que los adultos no somos más que niños desilusionados. Dicen que madurar es descubrir que ciertos sueños no se pueden cumplir (o que cuando los cumples te das cuenta que no era para tanto).


 Estando Nichols tras la cámara, tenemos que hablar una vez más de muy buenas interpretaciones,  Matthew McConaughey está mejorando mucho en los últimos años y en breve le va a caer un Oscar (tiempo al tiempo). Películas recientes como Bernie o Killer Joe son otros ejemplos del buen hacer que este actor (ahora ya se le puede llamar así) ha ido adquiriendo con los años. Esperemos que siga así y no vuelva a sus insulsas comedias románticas con la estrella femenina de turno. También Michael Shannon (actor talismán de Nichols) y Sam Shepard están más que correctos. También aparece Reese Witherspoon como el amor platónico de nuestro protagonista, está bien.

Una película muy bien hecha a la que quizás solo le pese cierto exceso de metraje.

6,5

domingo, 17 de marzo de 2013

Bernie


Hay historias tan increíbles de deben ser ciertas. Así reza el slogan publicitario de este film y no le falta razón.

 Nunca he creído en Dios ni en divinidad ninguna. Lo intenté durante años, me crié en un colegio de curas, pero nunca conseguí tener la más mínima fe. No me arrepiento de ello, pero sí reconozco que siento cierta envidia por las personas que sienten una verdadera fe y desprenden una especie de aura de felicidad y buen rollo a su alrededor. No sé si conocéis alguna de estas personas de las que hablo, me refiero a estas personas que se les nota felices y movidos por un fin superior, su vida tiene un sentido y un propósito del cual carece la de aquellos que pensamos que tras esta vida no hay nada. Al pensar que todo obedece a un plan divino estas personas ven un sentido a todo lo que sucede y parece moverles una eterna alegría. Nunca sabré si es una pose o si tal alegría vital es verídica, pero si es una pose está realmente conseguida. De una de estas personas va Bernie.


 Bernie se basa en una historia real ubicada en lo más profundo de la Texas rural. Bernie narra la historia de un hombre entregado a Dios y a su comunidad, un hombre intachable de fuertes principios religiosos y morales. Pero un hombre al fin y al cabo. Por mucho que lo intentemos, todos tenemos un límite, un punto en el que aflora nuestro lado más salvaje, un punto en el que los valores dejan de tener sentido y nos puede nuestro lado animal.
 El interesante director Richard Linklater (Antes del atardecer, Fast food nation, A scanner darkly, Escuela de rock) elabora un correcto estudio sobre un personaje real tan contradictorio que no deja a nadie indiferente. Mediante los testimonios reales de los vecinos que conocieron a Bernie van desgranando la personalidad de tan peculiar personaje. Cada vecino tiene su opinión y aporta una luz distinta sobre Bernie. Quizás nadie conozca realmente al verdadero Bernie, no puede haber nadie que sea tan buena persona (o sí). El mezclar testimonios reales a modo de documental con la dramatización de los hechos le da al film un peculiar ritmo. Si sumamos un humor negro impagable obtenemos una experiencia más que recomendable.

 Pero Bernie tiene otra baza en un enorme Jack Black que demuestra que es un gran actor capaz de salirse de su encasillamiento de niño malo. En Bernie deja de lado sus típicas muecas (alguna le sale cuando canta) y nos ofrece toda una lección de contención, el cambio de registro le ha sentado muy bien. También me gustó Matthew McConaughey quien parece que le cogió gusto al acento sureño. También la veterana Shirley MacLaine está soberbia como vieja arpía. Vaya pareja más curiosa la formada por Jack Black y la McLaine.


 Bernie es un film correcto, bien hecho y muy bien ambientado en la américa más puritana. Recomendable.
6
De regalo os dejo con la maravillosa canción que da inicio al film (el karaoke ha sido añadido por algún fan que se aburría). Uno de los momentos musicales de los últimos años (con permiso de Anne Hathaway y su Dream I dreamed de Los Miserables). Qué grande es Jack Black. Venga todos a cantar y a sentir el gozo de un nuevo día...

miércoles, 30 de enero de 2013

Killer Joe



William Friedkin pasará a la historia por haber rodado dos obras maestras: El exorcista (1973) y French connection (1971). De todo aquello hace 40 años y durante estas 4 últimas décadas la carrera de Friedkin ha sido más bien mediocre. Quizás no ha encontrado proyectos adecuados o simplemente se ha tumbado a la bartola viviendo de las rentas. Su talento, que lo tiene, no aparecía en la mayoría de sus film, que parecían dirigidos por un piloto automático. Por suerte para nosotros, Friedkin demuestra en Killer Joe que aún le queda algo de vida en las venas.


Killer Joe adapta la obra de teatro homónima de la ganadora de un Pulitzer Tracy Letts. Podría ser la típica película de cine negro sobre una familia de white trash que intentan cobrar un suculento seguro de vida cometiendo un crimen. Nada nuevo bajo el sol. Pero esta historia huye de los convencionalismos y tiene los suficientes giros como para que en las manos adecuadas sea un film brillante.

 Se puede decir que Killer Joe es buen cine negro, parte de situaciones y propuestas de sobra conocidas pero avanza peligrosamente por el filo de la más absoluta incorrección. La familia protagonista, paletos texanos nada menos, no son unas lumbreras y toman unas decisiones tan inesperadas como peligrosas. La idea de contratar a un policía que se gana un sobresueldo como asesino tendrá más de una consecuencia inesperada, sobretodo si el asesino contratado es mucho más peligroso e inestable de lo que podría parecer.

Pero killer Joe no es sólo cine negro, es un film que refleja las miserias del ser humano de forma brutal. Sus personajes son todo un muestrario de la estupidez y la avaricia humana. Ninguno de ellos se podría calificar como normal (aunque ya sabemos que tal cosa no existe) o moralmente recomendables. El fiero retrato de la miseria humana no estaría completo sin la avaricia, el egoísmo, la locura y la lujuria. Todo un cóctel explosivo que explotará sin remedio ante los ojos del atónito espectador en una escena final simplemente inolvidable por varios motivos que no voy a desvelar. Sólo os diré que prometo no volver a comer pollo en lo que me queda de vida.


 El origen teatral del film no es ningún problema, las escenas tiene vida propia gracias a una interpretaciones impecables. Tanto Emile Hirsch como Thomas Haden Church o Juno Temple están fantásticos en sus personajes. Pero el rey de la función es Mathew McConaghey, quien nos brinda el que es hasta la fecha el mejor papel de su carrera. Nunca me ha gustado este actor, siempre me ha parecido una cara bonita con poco que aportar, pero aquí está soberbio. Su complejo personaje llena la pantalla y acaba comiéndose literalmente a sus compañeros de reparto. McConaughey podría haber caído en el ridículo o la sobreactuación pero consigue hacer creíble un personaje realmente extremo. También hay que destacar a la recuperada Gina Gershon en un papel que le viene como anillo al dedo. Sólo su primera aparición en el film ya nos da una idea de lo bizarra que va a ser la trama.

 William Friedkin dirige con mano maestra, dando una lección de contención y estilo que ya quisieran muchos jóvenes realizadores, esta truculenta historia en otras manos hubiera sido todo un festín de sangre, saltos en el tiempo y voces en off que aportan poco pero quedan cool. Friedkin deja hablar a los personajes y les da espacio para evolucionar. La valentía de Friedkin se materializa en la escena final de film, una escena durísima, casi insoportable, de ésas que no se olvidan fácilmente, que demuestra que su director tiene todavía la maestría y el pulso necesarios como para ponerle los pelos de punta al espectador.

Un film injustamente olvidado que merece convertirse en todo un clásico del cine negro moderno.

7,5