












Me parece muy bien que el cine busque inspiración en las mitologías clásicas, a falta de buenas ideas siempre es bueno revisitar las historias que llevan siglos entreteniendo a la humanidad. Si encima dichas historias han caído en un inmerecido olvido, pues mejor que mejor.
El problema viene cuando dichas historias no son más que un pretexto para una borrachera de efectos especiales. En la versión de 1981 los efectos eran algo cochambrosos, pero el film era entretenido y didáctico. Pero en 2010 la historia de Perseo no se ha sabido aprovechar, se ha hecho un refrito muy simplificado de la mitología griega para un público adolescente ávido de efectos digitales.
Se han inventado personajes (la típica chica mona metida con calzador, el kraken, los secundarios graciosetes), otros se han omitido y a los que han quedado se les ha privado de mucho de su atractivo.
Por poner un ejemplo: Dánae aparece en pantalla pero no se dice su nombre ni siquiera respetan cómo Zeus la deja embarazada (la famosa lluvia dorada, parece que hoy la violencia se tolera mejor que el sexo, por muy mágico que sea). Cuando aparecen personajes tan interesantes como Medusa, Pegaso o las tres brujas pero no están desarrollados de forma eficiente, saben a poco.

Igualmente toda la ironía y el sentido del destino de las epopeyas griegas se han perdido por el camino. Al contrario que otros film que adaptan la mitología griega (Jason y los argonautas, Troya) o

No olvidemos que Louis Leterrier es el director de Transporter, Transporter 2, Danny the dog y El increíble Hulk, así no es de extrañar que no le preocupe la historia y se dedique a marearnos en las peleas.
Para dar algo de empaque al asunto han contratado a dos actores británicos de peso para encarnar a los dioses más poderosos del Olimpo: Liam Neeson (Zeus) y Ralph Fiennes (Hades), quienes están casi ridículos intentando ponerse serios con unos diálogos bastante intranscendentes. Incluso yo diría que caen en la sobreactuación en algunos momentos.
De Sam Worthington sólo se me ocurre pensar que deber tener un muy buen agente o algún amigo muy poderoso (quizás tenga un Zeus que vele por él). Este chico lleva 3 taquillazos (Terminator 4, Avatar, Furia de titanes) en menos de un año y con el mismo peinado. Vale que el chico es mono y está cachitas pero su capacidad interpretativa es equiparable a la de una pelota de ping pong (va de un lado a otro dando vueltas pero no transmite nada). Tampoco me convenceGemma Arterton (Quantum of Solace) que parece recién salida de la pasarela y cuyo personaje aporta bastante poco.

Para finalizar, es cierto que los efectos especiales están francamente bien (al menos en 2D, los que la han visto en 3D dicen que es un timo) pero detrás de ellos hay un terrible vacío.
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Me pregunta un colega cual es mi interpretación de Mulholland Drive, el film de David Lynch de 2001. No es que mi interpretación sea totalmente coherente simplemente es una teoría de lo que a mí me sugirió lo plasmado en imágenes por uno de los directores más libres y singulares de la historia.
Ya hemos comentado otras veces que Lynch no es un director al uso, las historias normales y la narración lineal no le interesan demasiado. Lynch funde sueños y la realidad sin aparente frontera entre ambos. Sus películas se pueden disfrutar simplemente como sensaciones o imágenes atractivas sin demasiado sentido. Si el público no las entiende o no le gustan, a Lynch le importa un bledo. En los últimos años se ha pasado a rodar con la tecnología de vídeo digital (mucho más barata que la tradicional en película) y financia sus films gracias a las suscripciones a su página web y trabajos en publicidad y video-clips. Así pues, Lynch rueda lo que le da la gana (ole!!!), aunque no tenga mucho sentido, o no parezca tenerlo.
En Mulholland Drive (nombre de la carretera que lleva al famoso cartel de Hollywood) Lynch nos presenta a Hollywood como la fábrica de los sueños y nos muestra a Betty (Naomi Watts), una recién llegada a la que las cosas le van viento en popa, gracias a las influencias de su tía consigue los contactos necesarios para labrarse una carrera como estrella de Hollywood. Betty encuentra casualmente en su ducha a una mujer que no recuerda casi nada de su pasado y dice llamarse Rita (Laura Elena Harring).
En Mulholland Drive Lynch nos vuelve a atrapar con esos sonidos misteriosos y su cuidada estética, a la vez que la música de Angelo Badalamenti se funde perfectamente con las imágenes. Lynch nos presenta hábilmente un misterio, un pasado oscuro, una caja, una llave, un cadáver, una surrealista actuación nocturna, etc. Elementos de un puzzle que quizás no tenga explicación lógica.
Cuando el misterio va tomando forma es cuando Lynch nos da uno de sus desconcertantes giros y nos muestra esa otra realidad posible o paralela. Sin explicación alguna las piezas encajan sin sentido alguno. El velo se cae y vemos la realidad. Como si del mito de la caverna de Platón se tratara, hasta entonces sólo podíamos intuir la realidad, pero lo que veíamos era engañoso, nuestros sentidos no son de fiar (y menos en un film de Lynch). Toda la primera parte no es sino una imaginación, un deseo. Cualquier teoría es posible, pero yo me decanto por esta última.
La posición social de la protagonista ha cambiado y las amistades también. La que en su mente es su pareja, realmente se va a casar con un director. La amable casera te mira ahora con desprecio. El éxito era ficticio. Betty no es una estrella en ciernes, se llama Diane y es una fracasada. Su frustración y la del espectador van casi a la par, todo lo que habíamos visto era una ilusión. Todo el misterio desaparece dejando patente una sórdida realidad. La diferencia entre el éxito y el fracaso puede ser que una tía de la protagonista esté aún viva o no. Un hecho tan aleatorio decide el destino de nuestra protagonista. El sueño se torna pesadilla, la carretera hacia Hollywood acaba en tragedia, la cruda realidad es insoportable.
A mí Mulholland Drive me dejó un sabor agridulce, tiene estupendos momentos surrealistas en los que ficción y realidad son imposibles de distinguir e interfieren la una en la otra. Son antológicas las escenas de la cafetería, los jubilados bajo la puerta o el extraño vaquero. Pero otras muchas escenas me parecieron demasiado largas. Supongo que en la mente de Lynch tendrán su sentido (o no, váyase usted a saber) pero yo las veo innecesarias: el largo casting, la pelea marital, el teatro, etc. Parecen estar en la película sólo para exasperar y/o confundir al espectador. Un espectador al que Lynch parece disfrutar mareando y confundiendo.
Mulholland Drive es un film fascinante por momentos pero también demasiado largo y disperso.

Este proyecto está originalmente formado por dos películas sumando más de 4 horas de metraje, lo que nos ha llegado es el montaje internacional: una sola película de dos horas y media para su distribución fuera de China. Podemos suponer que se ha recortado un montón de material y algo se nota: hay voces en off que nos ponen al día de lo que no vemos, escenas que quedan algo cojas y personajes poco desarrollados (el emperador).
Por supuesto, hay batallas con miles de extras y alguna fantasmada del estilo yo solo contra 30 como en todo film épico chino, pero también hay una narración muy solvente que logra agarrarte al asiento durante todo el tiempo. Las estrategias previas a las espectaculares batallas están muy bien plasmadas y hay momentos de fabuloso cine bélico. Pocas veces se han visto unas batallas tan bien narradas, quizás tengamos que remontarnos a Ran del maestro Kurosawa para ver unas batallas tan logradas.
Pero para mí el mejor del reparto es sin duda un Mickey Rourke (El Luchador, Nueve semanas y media) en su mejor momento. Todavía los excesos y las operaciones de estética no habían deformado su rostro. El personaje de Harry Angel se va hundiendo cada vez más en una espiral hacia el infierno. Una degradación física y psíquica perfectamente plasmada: desaliñado, siempre sudando, la ropa sin planchar, la mano vendada, etc. Un antihéroe que busca la verdad aunque intuye que lo que a encontrar no será de su agrado.