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sábado, 29 de diciembre de 2012

Frankenweenie


La preocupante escasez de ideas de Tim Burton parece que le ha llevado a volver la vista atrás. Frankenwinnie es una adaptación de un corto que el joven Burton realizó en 1984 y que sentó las bases de su posterior estilo.

La vuelta a los orígenes parece que le ha sentado mejor a Burton que sus últimos y fallidos intentos de modernizar su cine con films como Alicia en el país de las maravillas, Sweeny Todd o Sombras misteriosas. Al igual que el perro Sparky, Burton ha vuelto de entre los muertos con esta película. Frankenweenie nos devuelve al Burton que nos cautivó hace décadas, ese joven realizador que rendía culto al cine de monstruos de los años 30, 40 y 50 y aportaba su particular mirada no exenta de nostalgia.
 Como el corto original, Frankenweenie está repleto de homenajes al cine de terror clásico con el que creció el director. Hay personajes cuya apariencia está calcada de Vincent Price o Christopher Lee (incluso no tiene reparos en mostrar imágenes del Drácula de Terece Fisher). Por suerte para nosotros, la esencia del primer y mejor Burton vuelve a estar presente, su lúgubre estética y la música de Dany Elfman se fusionan perfectamente una vez más y son las inequívocas señales de que estamos ante un film de Tim Burton.

 El uso de la fotografía en blanco y negro (me encantó el uso de las sombras) y la técnica de stop motion dan unos resultados inmejorables. Si bien no aportan nada novedoso, sí consiguen sacar lo mejor del cine de Burton: esa melancolía y esa macabra fascinación por los monstruos. Burton intenta esta vez emocionarnos antes que apabullarnos con estridentes historias vacías. 

En cuanto a la historia, Burton adapta y alarga su propio cortometraje y sorprendentemente lo hace de forma más que satisfactoria. Añade personajes y alarga la trama hasta los 87 minutos pero el film no se resiente, todo lo contrario. El vertiginoso ritmo del film es una de sus mayores bazas, hemos de agradecerle a Burton no se extienda hasta las 2 horas (como viene siendo habitual en él últimamente).  Aún así le da tiempo de desarrollar un crisol de personajes y un buen montón de referencias cinéfilas.



Burton juega con las tramas y la estética del cine de terror con el que creció y ofrece un film con aroma a clásico. Más que impactar al espectador con los avances visuales, Burton busca homenajear a clásicos que parecen olvidados por las nuevas generaciones. Dudo mucho que los jóvenes de hoy en día hayan visto los films de terror de la Universal como el Frankenstein de James Whale o las películas de relatos de Edgar Allan Poe interpretadas por Vincent Price, pero seguro que reconocen a Hello Kitty (odioso e inexpresivo personaje que provoca un momento muy divertido del film). Burton parece querer reclamar esos iconos de la cultura anglosajona (y mundial) del siglo XX frente a los actuales de origen japonés.

Lo dicho, Burton vuelve la vista atrás y nos ofrece lo mejor de sí. Lástima que no sea más que material reciclado pero, al menos, está hecho con muy buen gusto.

6,5


jueves, 13 de diciembre de 2012

El hobbit: Un viaje inesperado (The hobbit: An unexpected journey)


 El Hobbit, un viaje inesperado parte con un problema que no tenían las adaptaciones de El señor de los anillos. A priori, un libro de apenas 250 hojas no da para una trilogía. ¿Esta vez a Peter Jackson le ha podido la avaricia o ha querido abarcar demasiado?.

 Puede que Peter Jackson  haya sido demasiado avaricioso pero su talento y dominio de la técnica y el entretenimiento siguen intactos. No sólo consigue darle una uniformidad narrativa a este batiburrillo de leyendas, personajes y batallas sino que ha creado un film bastante compacto casi a la altura de sus anteriores incursiones por la Tierra Media, el listón estaba muy alto. Juega en su contra que el libro original está destinado a un público más infantil y que ya conocemos muchos seres de la Tierra Media. El Hobbit no nos impresiona tanto como lo hizo La comunidad del anillo en su día debido a que ya no hay factor sorpresa. Tampoco hay una amenaza inminente ni una cuenta atrás que dé tensión al relato. Todo eso vendría después.


 No sé si el film será del agrado de los fans acérrimos de Tolkien, quizás muchos consideren una aberración o un sacrilegio la inclusión de elementos no presentes en el libro original. El espectador no iniciado, como es mi caso, y que va sólo esperando pasar un buen rato, saldrá plenamente satisfecho. No sé exactamente qué partes se han inventado ni que partes han sido añadidas de otros relatos de Tolkien, pero el film funciona (a trompicones, pero funciona).

 Es cierto que al film le cuesta arrancar y nunca engancha de la misma manera que las tres primeras cintas. También la inclusión de algunos personajes como Frodo (al que le tengo bastante paquete) o Saruman queda un tanto forzada, vale. También hay pasajes que recuerdan irremediablemente a lo ya visto (las batallas, el rescate, la lucha de gigantes, persecuciones en cuevas, los inevitables planos aéreos marca de la casa) pero es algo inevitable y heredado del libro. Algunos podrían decir que Jackson imprime su estilo visual y narrativo a situaciones similares y otros dirán que se copia a sí mismo. Yo opino que Jackson ha pretendido dar continuidad a toda su obra sobre Tolkien rodando y editando de forma muy similar.  Es un estilo que ya todos asociamos a la Tierra Media. Tampoco creo que cualquier innovación hubiera sido bien recibida. Tampoco innova nada Howard Shore, su partitura para esta película se limita a repetir los temas de sobra conocidos sin ser capaz de crear algún pasaje que quede en la memoria del espectador, cayendo en un puro calco.

 No entiendo la obsesión por intentar abarcar todo el universo ideado por Tolkien, es algo casi imposible, ni entiendo el motivo por el cual esta película tenía que durar casi tres horas. Ya he dicho más de una vez que literatura y cine son dos artes totalmente distintos y una adaptación no tiene que ser totalmente fiel ni incluir todos los detalles del original literario. Una película no es buena en función de su duración, sino en función de su ritmo. Por suerte, El Hobbit tiene algunas bajadas de ritmo pero nunca cae en el tedio. Es cierto que no tiene la tensión de La comunidad del anillo ni la épica de El retorno del rey, pero a mí no me aburrió en ningún momento ni vi escenas de escandaloso relleno. Sí hay momentos que se podrían haber acortado como la cena inicial, la cancioncilla delante del fuego (pésimo doblaje) o el excesivo pasaje de los Trolls (carne de escena añadida en la edición extendida que aquí han tenido a bien incluir). Por cierto, la mano de Guillermo del Toro no se nota en nada en la película, mejor.


Obviamente, todo el apartado técnico es sobresaliente y está a la altura de la trilogía original. Quizás algún lobo gigante (o como se llamen) podría haber quedado más natural pero Gollum está especialmente logrado. Que le den un Oscar a la mejor interpretación a los animadores encargados de dar vida a Gollum, ya quisieran muchos actores profesionales (tipo Niclolas Cage) lograr tal cantidad de expresiones faciales. El esquizofrénico Gollum es ya un icono del cine moderno por derecho propio. Igualmente todos los actores reales me parecieron impecables en sus papeles. A destacar el binomio formado por el genial Ian McKellen como Gandalf y Martin Freeman (el Watson de la serie Sherlock) como Bilbo. También aparecen en escena  viejos conocidos de la Tierra Media como Chistopher Lee, Ian Holm, Cate Blanchet o Hugo Weaving.  Por supuesto, los enanos se hacen entrañables aunque fui incapaz de quedarme con el nombre de apenas un par de ellos.

Para concluir, puede que Jackson haya caído bajo el hechizo del anillo único y ha sucumbido a la avaricia alargando innecesariamente una estupenda historia que no daba para tanto. Pero el resultado, sin estar a la altura de la trilogía anterior, es un entretenimiento más que digno.

Por cierto, esta película tiene el mejor 3D que he visto en mi vida. Lo mejor en este terreno desde Avatar, a la que supera con creces. Recomiendo encarecidamente su visionado en este formato. Simplemente espectacular.

sábado, 26 de mayo de 2012

Sombras tenebrosas (Dark shadows)



Lo de Tim Burton empieza a ser preocupante y digno de estudio. Si el personaje de Barnabás Collins de Sombras tenebrosas sufre una maldición que le convirtió en vampiro y estuvo 200 años enterrado en un ataúd, Burton parece ser objeto de otra maldición que le mantiene encerrado en ese auto-plagio al que muchos llaman estilo. Dark shadows es la enésima adaptación a la que Burton aplica su peculiar estética pero a la que es incapaz de sacar todo el jugo.

 Hablemos claro, TimBurton lleva demasiados años siendo incapaz de crear nuevas historias, sólo adapta a su estilo obras ajenas Ya sean clásicos la ciencia ficción (El planeta de los simios), clásicos infantiles (Charlie y la fábrica de chocolate), de la literatura (Alicia en el país de las maravillas), musicales (Sweeney Tood) o incluso colecciones de cromos (Mars Attacks!). Todas estas películas me parecieron decepcionantes, por cierto. Ahora se atreve con una serie de televisión de los años setenta que por estos lares es prácticamente desconocida: Dark Shadows.

 El film no está del todo mal, pero sabe a poco, estos personajes y esta historia podrían haber dado para mucho más. Burton se queda en la estética y se olvida del desarrollo de personajes una vez más, sí los presenta de forma convincente en el primer tercio del film, pero luego la cosa decae estrepitosamente. Me gustaron ciertos golpes de humor gracias al contraste entre el personaje de Barnabás Collins y el mundo moderno, también me gustaron los personajes de Michelle Pfeiffer (o cómo el bótox acabó con una gran actriz) y su hija (una Chöe Grace Moretz de inquietante presencia, hay que ver lo que ha crecido esta chica). Burton dota a la historia de algo de ironía y humor negro que son muy de agradecer e introduce algo de sexo (ya era hora, su cine era siempre demasiado infantil en este aspecto, no le importaba mostrar sangre pero sus personajes eran siempre asexuados). En Sombras tenebrosas el elemento sexy lo ponen la citada Chöe Moretz y una Eva Green radiante en todos los sentidos.

 Aparte de estos elementos novedosos (bastante escasos, la verdad) el film se mueve por los eternos parámetros del cine de Burton. La música de Danny Elfman me pasó bastante inadvertida, ni siquiera suena en los títulos de crédito iniciales cediendo el honor al Nights of white satin de The Moody blues, mejor. También está la inevitable presencia de la novia de turno de Burton, Helena Bonham Carter, la maldición implica sacarla en todas sus películas hasta que rompan su relación amorosa. La maldición también la obliga a colaborar con Johnny Depp, al menos esta vez está bastante comedido en gestos y tics, algo es algo. La maldición le obliga también a incluir homenajes como si de un director novato se tratara: aparece su admirado Christopher Lee aunque el señor esté ya para pocas hostias, y sin venir mucho a cuento colabora el cantante Alice Cooper haciendo de sí mismo y chupando demasiada cámara. Supongo que en la próxima película de Burton aparecerá Marilyn Manson, que es muy amigo suyo y de Johnny Depp.

Pues eso, la maldición Burton continúa. Flojita.
4,5

domingo, 26 de febrero de 2012

La invención de Hugo (Hugo)



La primera película de Martin Scorsese para toda la familia es un sentido y emotivo homenaje a los primeros tiempos del cine y, concretamente, a la obra y milagros de Georges Méliès.


Scorsese sabe que es uno de los últimos maestros del cine y que ya no tiene nada que demostrar, así pues esta película es un saludable cambio de estilo, algo que siempre es de agradecer. Ya desde los primeros planos del film con ese París de los años 30 recreado por ordenador y ese vertiginoso travelling digital por el andén nos damos cuenta que no estamos ante un film habitual del director de Toro salvaje o Taxi Driver.

El film no debe entenderse como un film de aventuras (que hay más bien pocas) o una película para el gran público sin más, Hugo es otra cosa. Quizás no sea un film en la que la maestra mano de Scorsese sea fácilmente reconocible (más bien todo lo contrario) pero es un film recomendable por motivos muy distintos a los que su autor nos tiene acostumbrados. Scorsese da un triple salto mortal con esta película y sale airoso. Ni este tipo de historia, ni los efectos digitales, ni el 3D son prácticas habituales para este veterano director, pero el tipo sale victorioso del envite. Por momentos pensé que esta historia hubiera sido más adecuada para un director como Tim Burton, pero, por suerte, no ha sido así. Burton, probablemente, se hubiera quedado en la espectacularidad visual olvidándose de lo realmente importante: la historia.

Scorsese no deja que el complejo entramado técnico y visual le aparte de su objetivo: contar una historia. La espectacular fotografía (a base del contraste entre tonos ocres y azules) es sin duda la mejor del año y los efectos visuales son inmejorables. Mucho ha avanzado técnicamente el cine desde los tiempos de Méliès, pero los sentimientos son los mismos. Se pueden provocar de maneras mucho más sofisticadas (véase la emocionante escena del autómata) o con la simple mirada de un actor, pero los sentimientos no han variado. Scorsese usa las últimas tecnologías para mostrarnos los trucos iniciales de primer cine, trucos casi de magia, artesanales que hoy nos parecen ingenuos. Se nota cierta nostalgia de esa época de innovación y riesgo frente a la época actual en la que todo está calculado al milímetro.
Por cierto, el film está lleno de referencias cinéfilas, ya desde la misma carátula nos recuerda a la escena de Harold Lloyd colgado de un reloj. Scorsese nos regala escenas de Chaplin, Douglas Fairbanks, Harold Lloyd o Buster Keaton; en un intento de que las nuevas generaciones conozcan a estos pioneros del cine que no deben caer en el olvido. Bravo por Scorsese y su labor didáctica con este film. Una curiosidad: Scorsese hace un cameo en el film como fotógrafo. Otro detalle: el guitarrista que aparece en el film sólo usa tres dedos de su mano izquierda, clara alusión a Django Reinhardt.

En cuanto a los actores pues me quedo con la pareja protagonista, me encantó la pareja formada por los jóvenes Chloë Moretz (Kick ass, 500 días juntos) y Asa Butterfield (El niño con el pijama de rayas), ambos está sobresalientes. Sus personajes no son niños idiotas (cosa que es de agradecer aunque no muy habitual en el cine) y sus interpretaciones son simplemente brillantes. También los veteranos Ben Kingsley (el tipo es clavado a Méliès) y Christopher Lee aportan su granito de calidad al film. El que menos me gustó fue Sacha Baron Cohen (Borat, Brüno) ya que opino que su personaje desentona bastante.

Ahora vamos con el problema del film: técnicamente es perfecto y sus intenciones son inmejorables pero como película algo no acaba de funcionar para que sea perfecta. Hay veces que el todo es más que la suma de las partes o algún engranaje no funciona. Hugo es una buena película de entretenimiento de ésas que ya no se hacen entre tanto Transformers, tanto vampiro gilipollas y tanta adaptación de cómic, pero no es la gran película que está a punto de ser. Algo falla o no acaba de cuajar. La historia está narrada e interpretada de forma perfecta pero no consigue emocionar al espectador todo lo que se pretende. Puede que 128 minutos sean demasiados o que el ritmo no sea el adecuado hacia el final o que el insoportable inspector de la estación interpretado por Sacha Baron Cohen tenga demasiada relevancia o que las historia paralelas de los personajes que pululan por la estación no acaban de interesarnos. No sé, disfruté mucho del film mientras lo estaba viendo pero al finalizar me pareció que no me había dado todo lo que prometía.


 Lo dicho, un buen film, pero no es una obra maestra (por poco).

¿Mi quiniela para los Oscars? Hugo se llevará los técnicos y The Artist los importantes. No deja de ser paradójico que ambas películas sean homenajes al cine mudo. Algo huele a nostalgia en el cine actual.

7

jueves, 11 de agosto de 2011

El hombre de mimbre (The wicker man, 1972)



El estricto sargento de policía Howie recibe una carta anónima denunciando la desaparición de una joven en la isla de Summerisle, en Escocia. El sargento decide trasladarse en hidroavión hasta la isla e investigar el tema aunque nadie haya denunciado oficialmente ninguna desaparición.


Las pesquisas de puritano oficial protagonista no darán resultados inicialmente. Al llegar a la isla nadie parece recordar a la joven, es como si nunca hubiera existido y la carta anónima hubiera sido una broma de mal gusto. Nada más lejos de la realidad. Pequeños indicios nos hacen sospechar que algo no va bien en esta isla: un sabotaje en el hidroavión, un cuadro que falta en una pared, parejas copulando en el cementerio, etc, nos indican que en la aparente normalidad subyace algo extraño. Los habitantes de la isla no parecen seguir las normas sociales ni la religión imperante en Reino Unido. Adoran a la madre naturaleza y al sol, practican extraños ritos paganos y no parecen tener pudor. En las escuelas se les enseñan ritos y creencias paganas que nada tiene que ver con el cristianismo. Definitivamente, algo no va bien en la isla.


Pero tampoco parece ir algo bien en la mente de nuestro protagonista, su estricta moral cristiana se verá escandalizada y puesta a prueba varias veces (interesante la escena de la tentación de la hija del tabernero). Los símbolos y los ritos de los habitantes de la isla son cada vez más obvios y, bajo su aparente candidez e ingenuidad, se rebelan cada vez más inmorales perversos a los ojos del policía. Atrapado y aislado en la isla, no le será fácil mantenerse fiel a sus creencias.
Sólo al final del film descubriremos las intenciones finales de los habitantes de la isla. En una impactante escena se enfrentan brutalmente dos creencias (la pagana y la cristiana) que vienen a simbolizar dos formas de entender el mundo.


Basado en un libro de Anthony Shaffer (autor también de la obra teatral en la que se basa La huella) y dirigida por Robin Hardy, The wicker man se ha convertido con el paso del tiempo en un film de culto. Tengamos en cuenta que el cine británico de terror de los años setenta estaba dominado aún por la productora Hammer a pesar de estar ya en clara decadencia. Tanto vampiro y tanto castillo ya empezaban a estar muy vistos. Hubo otros autores que decidieron innovar en cuanto a temas y a la forma de afrontarlos. The wicker man es un buen ejemplo de estas nuevas vías de experimentar. Es cierto que hoy no produce ningún terror en el espectador, pero sí que logra inquietar y provocar cierto desasosiego. The wicker man opta por un terror psicológico que recuerda a films de Polanski como Repulsión o La semilla del diablo.
Creo que el film es muy interesante y tiene múltiples lecturas. Es muy hábil al contraponer dos religiones, pero al final no sé muy bien con cuál de ellas intenta que nos identifiquemos.


Desde un punto de vista sociológico, The wicker man es interesante: El film viene a poner de manifiesto la importancia de la educación y el entorno. Si sólo conoces una forma de vivir, ésta suele parecerte la única posible o, al menos, la mejor si la comparas con el resto. Cualquier creencia, por bizarra que sea, puede ser aceptada por una comunidad si es la única en la que han crecido. También están reflejados en el film la necesidad de pertenecer a un grupo (instinto gregario) y el rechazo al diferente. Igualmente vemos la importancia de un líder (interpretado por Christopher Lee) que aglutina poder religioso, económico y social. La sociedad creada en la isla tiene sus propias reglas, sus símbolos y sus ritos. No tiene una religión perfectamente estructurada en unos textos sagrados sino que se basa en ancestrales creencias paganas previas al cristianismo.
Aunque ha envejecido un poco mal, esta acertada crítica al fanatismo es válida todavía.

7

p.d. Como dato curioso, Julio César ya se encontró a estas esculturas de mimbre cuando llegó a las Galias, parece ser que ya eran usadas por los galos hace 20 siglos.

Por cierto, el director Robin Hardy ha dirigido recientemente una adaptación de su propio libro Los cowboys de Cristo llamada The wicker tree. Es una especie de continuación en la que unos cantantes de folk cristiano viajan a un pueblo de Escocia con intención de difundir la palabra de Dios. No sé qué tal estará esta nueva aproximación al tema, Hardy ya tiene 81 años y no sé si tiene sentido volver sobre el mismo tema.

Tampoco tuvo ningún sentido hacer un remake con Nicolas Cage, pero se hizo. No lo he visto, ni ganas que tengo. Me quedo con el original.



miércoles, 1 de junio de 2011

En tiempo de brujas (Season of the witch)


Nicolas Cage sigue empeñado en echar por la borda su carrera y convertirse en una triste parodia de aquel buen actor que fue un día ya muy lejano. Ahora se nos mete en cualquier subproducto palomitero que le ofrecen, siempre que paguen bien. ¿Es cierto que este tipo ganó un Oscar? Seguro que ya lo ha empeñado.


En tiempo de brujas es un bodrio de mucho cuidado. Así de claro. Una peli totalmente fallida y sin gracia ninguna. Parece una película hecha a base de coger cosas de otras y pegarlas con un pegamento inconsistente. La primera hora es una tontería con demasiadas licencias históricas y demasiadas patadas al sentido común (no me creo que en el siglo XIV pudiera uno vacilarle a un inquisidor y salir de rositas). Ni aterra, ni intriga, ni entretiene. Pero cuando la peli llega a su final es cuando la cosa se desmadra de forma pavorosa. Un final chapucero y facilón con un demonio alado, exorcismos, monjes zombies y unos efectos especiales propios de una serie B de los años 80.

Una pena, el conjunto tiene un apartado visual y un maquillaje bastante logrados pero el guión es de risa. Tampoco la dirección de Dominic Sena ayuda mucho a levantar la trama: las escenas están mal resueltas (como la del puente), y las escenas de acción parecen rodadas por el peor Ridley Scott. No olvidemos que Dominic Sena es el responsable de títulos tan impersonales y fallidos como Operación swordfish ó 60 segundos. Mejor que se dedique a tejer calcetines y nos deje en paz.

También Nicolas Cage debería dedicarse a otra cosa, esta vez se ha caracterizado como si fuera un imitador de Tim Burton y hace el ridículo más de lo habitual. Se nota que no se cree el personaje en ningún momento. Su interpretación es simplemente lamentable y anacrónica, por momentos parece que se va a sacar un pitillo y pedir un whisky. Este tipo interpreta igual a un cruzado del siglo XIV que a un motorista fantasma o un traficante de armas. Sólo cambia la peluca que le ponen.

No nos equivoquemos, aunque aparecezca Ron Perlman en una peli sobre la edad media e incluso hay monasterios y monjes, esta peli no es El nombre de la rosa, ni mucho menos. También tiene una breve pero importante aparición el mítico Christopher Lee, lo mejor de la peli.

A la hoguera con ella.

3