lunes 20 de febrero de 2012

No habrá paz para los malvados


No habrá paz para los malvados ha sido la película ganadora de los premios Goya de este año.

Pues está bien, se deja ver y me hizo pasar un buen rato (ya sé que son tres frases hechas que uso de vez en cuando para referirme a una peli que ni fu ni fa). Pues eso, la película se ve con agrado y mantiene el interés durante todo el metraje (que no es poco). No es ninguna maravilla pero es de agradecer que en este país de chorizos y puticlubs se haga cine que retrate este submundo. El director Enrique Urbizu no es un genio (ni mucho menos) pero pone empeño y es honesto con su cine. Urbizu sigue empeñado en hacer cine de género (negro) en este país corrupto hasta el tuétano. No le faltará materia prima.

Tampoco andará falto de anti héroes a la española como este Santos Trinidad que interpreta José Coronado.  Coronado demuestra que es capaz de salirse de su eterno personaje de chico guapo y aseado. Ya me sorprendió gratamente en La vida de nadie y ahora creo que está en el mejor papel de su vida. Con un personaje así es muy fácil pasarse de la raya y caer en la parodia (tipo Torrente) pero Coronado consigue no caer en la sobreactuación y resulta creíble en todo momento. Supongo que su Santos pasará a engrosar la lista de personajes carismáticos del cine español reciente junto al Malamadre de Celda 211.


Creo que hay que mencionar el esfuerzo de los guionistas por crear un personaje como Santos Trinidad (todo un regalo para un actor y toda una delicia para los espectadores). No es un prototipo de héroe habitual dentro de nuestro maltrecho cine nacional. Casi parece trasladado de algún film norteamericano o francés: tiene un turbio pasado, bebe demasiado y está inmerso sin remedio en una espiral hacia el infierno. Un tipo ideal para salvarnos de los malos. A mí el personaje me recordó al protagonista del film francés MR73.  Me pareció muy valiente el tratamiento que hace el film a la hora de basarse en algunos pasajes en cierto atentado tristemente célebre. Dicen que la mejor manera de pasar página es hablar de ello, puede que el cine nos sirva también para cicatrizar ciertas heridas. Me gustaron y me hicieron reflexionar ciertos detalles acerca de cómo Santos se convierte en un héroe sin pretenderlo, también los planos finales del film me parecieron bastante intrigantes.

Como algo negativo he de decir que no me gustó demasiado todo el metraje dedicado a la juez y las pesquisas paralelas a la investigación de Santos, me pareció que algunas escenas no estaban bien resueltas y que finalmente toda esa trama no lleva a ningún sitio (relleno, vamos). Parece que en el guión sólo se preocuparon de desarrollar al personaje principal, dejando al resto un tanto desdibujados. Por suerte, estos pequeños fallos no acaban por asfixiar al film y no entorpecen demasiado el ritmo.

Quizás esta historia con más medios y un montaje algo más trabajado podría haber sido un thriller realmente grande. De todos modos, thrillers mucho peores nos llegan todos los años desde Hollywood.

¿Que si es No habrá paz para los malvados merecedora del Goya a la mejor película? No sé, los premios me dan absolutamente igual, pero de los films candidatos que he visto me parece el mejor. Al menos, es superior a La piel que habito (tampoco era tan difícil).
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miércoles 15 de febrero de 2012

Tokio Blues (Norwegian Wood)





Debería haber una norma de obligado cumplimiento para todo aquel que quiera dedicarse a narrar una historia en cualquier formato o medio: sé ameno. Es fundamental que cualquier historia (ya sea un ensayo, una novela, una obra de teatro o una película) sea capaz de atrapar la atención y el interés del espectador.

  Digo esto ya que Tokio blues me ha aburrido soberanamente, me ha parecido una película visualmente muy bonita pero hueca y aburrida. Mira que a mí me gusta el cine oriental y su peculiar estilo contemplativo, pero esta vez me he aburrido.

La adaptación cinematográfica de la célebre novela de Hakuri Murakami Tokio Blues (Norwegian Wood) me ha parecido un film lento y aburrido. El peculiar mundo de Murakami no ha sido trasladado con éxito a la gran pantalla por el vietnamita Tran Anh Hung, responsable de films tan interesantes (pero lentos) como El Olor de la Papaya Verde, Cyclo o Pleno verano. Cabe decir que la tarea no era nada fácil, pero yo no he visto reflejado el mundo de la novela en la peli. Sí ocurren los mismos hechos que en la novela pero la profundidad de lo narrado es mucho menor.

 Tran Anh Hung demuestra una vez más que le interesa más la forma que el fondo, la contemplación más que la narración. Rueda de forma más que solvente y sus imágenes son de gran belleza pero la narración resulta demasiado lenta y el conjunto demasiado frío. Nunca llega a atraparnos la historia de amor narrada y la excesiva quietud de los personajes se nos antoja irritante. Los diálogos incluso me parecieron insustanciales. Además, personajes secundarios como  Nagasawa o Reiko están poco desarrollados y dan bastante menos juego que en la novela. También se ha omitido el inicio de la novela cuando el protagonista escucha la canción de The Beatles Norwegian wood y este hecho le hace recordar su adolescencia 20 años atrás. Por contra, el film abusa de escenas de sexo que, a estas alturas y visto lo visto, aportan bastante poco.

Tampoco creo que el ambiente de protestas estudiantiles que se vivía en el Japón de finales de los años 60 esté bien plasmado. Las manifestaciones y revueltas no se integran nunca en la trama ni sirven como trasfondo a la historia.

 La preciosa fotografía y los paisajes no son suficientes como para ahuyentar el sopor. El film tiene momentos de gran belleza plástica, esa hierba mecida por el viento me dejó fascinado mientras veía la escena pero luego me pareció insuficiente para mantener el interés. El problema es que el ritmo del film es mortalmente aburrido.


No todo va a ser tedio, Rinko Kikuchi y Kenichi Matsuyama están muy bien en sus complejos personajes. Su transformación de adolescentes a adultos está bien plasmada aunque nunca acabamos de entender del todo sus motivaciones. Los adolescentes son así, no hay quien los entienda. Y si son japoneses, aún peor.
Quizás el fallo sea pensar que se podía trasladar el peculiar universo Murakami a la gran pantalla.


Respecto a la música de Johnny Greenwood, guitarrista de Radiohead, me pareció como los últimos discos de su grupo, bastante aburrida.

Igual hay que llevar gafas de pasta o ser votante del PP para que te guste esta película. Yo me aburrí bastante, cosa que no me pasó con el libro.

4,5

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sábado 11 de febrero de 2012

War horse (Caballo de batalla)



War horse es la nueva película de Steven Spielberg tras Las aventuras de Tintín. Ahora nos narra las aventuras y desventuras de un caballo en medio de la Primera Guerra Mundial.

 Steven Spielberg ha sido uno de los mejores directores de las últimas 4 décadas. Ya en los setenta nos dejó magníficas películas como El diablo sobre ruedas, Tiburón o Encuentros en la tercera fase. Luego en los años 80 nos emocionó con E.T. y de la mano de su amigo George Lucas nos trajo la saga de Indiana Jones. Su cine ofrecía calidad y comercialidad a partes iguales. El público acudía en masa a las salas de cine pero la crítica le era algo desvaforable.
Pero Spielberg decidió que no sólo era capaz de darnos entretenimiento de primera, quería ser capaz de emocionar al espectador. Así empezó a alternar proyectos más personales, llegaron melodramas como El color púrpura, El imperio del sol y Always.
 En los años 90 siguió ofreciendo entretenimiento con Parque Jurásico pero el ansiado reconocimiento de la crítica llegó finalmente con sus dos obras maestras : La lista de Schindler y Salvar al soldado Ryan. Spielberg  se perfilaba como un autor maduro, capaz de grandes pelícuas de evasión y de grandes dramas. Sin embargo, ya en los 90 y posteriormente Spielberg se embarcó en films fallidos como Hook, Amistad, I.A., Minority Report, La terminal o La guerra de los mundos. Films que no son malos pero no estaban a la altura de lo que se esperaba del rey Midas de Hollywood.

 El problema de Spielberg es que cada vez de forma más frecuente sus películas dan vergüenza ajena, a mí me pasa. Unos ejemplos: En La lista de Schindler Spielberg incluye un innecesario epílogo en el que los actores del film ponen piedras sobre la tumba de Oscar Schindler acompañados por los personajes reales a los que interpretan. Un innesario intento de emotividad que hace que la peli pierda bastante. En Salvar al soldado Ryan, Spielberg vuelve a incluir un epílogo que da bastante grima, el del señor mayor llorando mientras se pregunta si  ha sido digno del esfuerzo que muchos hicieron por salvarle. La escenita me pareció simplemente bochornosa. Un acceso de sentimentalismo que queda ridículo. Un ejemplo más de lo qie intento explicar, imaginaros que el final de Tiburón fuera una escena en la que los dos supervivientes  llegan  nadando a la playa y todo el pueblo sale a recibirles entre aplausos y vítores. Hubiera sido un final patético para una gran película. Así es War horse.


 En War horse Spielberg demuestra que definitivamente, ha perdido el rumbo. Cuando vimos Tintín pensamos que Spielberg seguía siendo un maestro del cine de aventuras, pero al ver War horse nos damos cuenta que Spielberg se ha vuelto más sentimental que nunca. Spielberg he hecho un film familiar que busca desesperadamente la lágrima desde el primer plano. Pero el estilo no es el adecuado.  War horse parece una mezcla de El hombre tranquilo, ¡Qué bello es vivir! y Lassie. Spielberg abusa de recursos que les quedaban bien a John Ford o a Frank Capra, pero en 2012 quedan anticuados y ridículos. Me explico, esa masa popular que se congrega para ver al protagonista pasarlas canutas y que le vitorea cuando consigue su objetivo da vergüenza ajena y ya no es creíble. Hay otras maneras mucho mejores de emocionar al espectador que apelar al instinto gregario del ser humano. Spielberg vuelve a estropear su film por ese tono pastelón y ñoño del film. No recuerdo un film tan cursi desde Sonrisas y lágrimas o Siete novias para siete hermanos.

 En su intento de emocionar, Spielberg nos presenta a unos personajes demasiado planos, sin matices. O son muy buenos o son muy malos, no hay término medio. Tampoco les dedica el tiempo suficiente. El montaje es muy acelerado, hay muchas cosas que contar  y no hay espacio para un desarrollo adecuado de los personajes. Los actores hacen un gran trabajo (menos el protagonista, Jeremy Irvine, que parece lelo), pero ya desde la escena de la subasta vemos que el rancio tono melodramático de la historia va a acabar por asfixiar todo lo demás. Por supuesto, la mano del director se nota y la peli tiene escenas de batallas muy logradas  y movimientos de cámara espectaculares pero no es suficiente.
El problema es que el film técnicamente está muy bien pero el tono infantil del film lo echa todo por tierra. Spielberg se empeña en no mostrar ni una gota de sangre ni una víscera, para ello recurre a trucos (el aspa del molino) y forzados cortes de montaje (el parto) para convertir en infantil esta historia de guerra. Como cuando en la reedición en DVD de E.T. transformó digitalmente las pistolas de los policías en sprays, una vez más su deseo de llegar al mayor número de espectadores le ha jugado una mala pasada. No sabe que los niños de ahora prefieren a Bob Espoja antes que ir al cine a llorar.

 Otro que debe buscar otro camino (o retirarse directamente, que ya tiene 80 años) es el bueno de John Williams. Este señor ya cansa. Yo he sido fan de sus composiciones pero ya no puede ser más repetitivo. Su banda sonora para War horse se parece demasiado a muchas otras de su autor y no consigue aportar ni una sola melodía que se recuerde al acabar el film. Está nominado al Oscar, como siempre, y es toda una institución, pero hay que saber retirarse a tiempo.

 Otro que no está a la altura es el director de fotografía habitual de Spielberg, el genial Janusz Kaminski, la fotografía de este film es tan maravillosa que no hay quien se la crea. El atardecer de la escena final es totalmente artificial y aberrante, de un naranja chillón calcado de Lo que el viento se llevó. Un horror. Entiendo que Spielberg vuelva la vista atrás hacia melodramas de los años 30 y 40, pero han pasado 80 años.

Pastelón indigesto, sólo recomendable para amantes de la lágrima fácil y el azúcar.


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jueves 9 de febrero de 2012

domingo 5 de febrero de 2012

Moneyball



Moneyball narra la historia real de Billy Beane, gerente de los Athletics de Oakland que se codeó con los grandes del baseball a pesar de contar con un presupuesto mucho más reducido. Vamos, como la gesta del Mirandés pero a la americana.

 Moneyball no es otra película más sobre deporte. Lo parece en buena parte de su metraje, pero no lo es.  Ya sabes, ese tipo de películas americanas que estamos cansados de ver: un equipo pequeño que intenta hacer historia. El deporte es lo de menos, ya sea fútbol americano, baloncesto, rugby o baseball.  No es de extrañar que este tipo de historias de esfuerzo y superación les hayan gustado tanto desde siempre a los norteamericanos, es su  más clara expresión del sueño americano: cualquiera con esfuerzo puede llegar a triunfar.
Moneyball es aparentemente una peli más de ese género de cine sobre deporte, pero tiene algo que la hace distinta: posee unas formas y un mensaje muy distinto a lo que estamos acostumbrados a ver.
Primeramente sorprende que apenas haya escenas de partidos en los dos primeros tercios del film. La peli va desgranando los entresijos del deporte mientras nos vamos dando cuenta de que no hemos visto realmente ningún partido (el personaje de Brad Pitt tampoco ve los partidos). Se habla de presupuestos, de las políticas de fichajes, de estadísticas, de contratos, de cesión de jugadores, etc... pero no muestra el juego en sí.


Luego llama la atención el peculiar trato de los personajes. En este tipo de pelis siempre hay un buen montón de secundarios (más o menos graciosos) que acaban por caernos bien y nos identificamos con ellos. Nada de eso pasa aquí. Ni siquiera Jonah Hill, está especialmente simpático ni gracioso, su personaje es realmente soso y anodino. Tampoco llegamos a conocer a casi ninguno de los jugadores, apenas se les dedica tiempo y apenas conseguimos asociar el nombre de unos pocos. Es curioso que los jugadores más nombrados son aquellos que ya no están en el equipo y son constantemente añorados mientras se intenta reemplazarlos.
Tampoco hay las bochornosas escenas del equipo haciendo piña o de superación de viejas rencillas entre personajes. Nada de nada. El mal rollo existente entre el gerente y el seleccionador no se resuelve de ninguna manera, no hay escena de conciliación y se huye de la lágrima fácil. Incluso los despidos de jugadores se resuelven sin apenas dejar hueco para la emotividad.
Realmente, el guión de Aaron Sorkin y Steven Zailian para Moneyball tiene bastante que ver con La red social  (también de Aaron Sorkin), ambos son films que aparentemente hablan de algo bastante superficial pero pueden dar lugar a lecturas mucho más complejas. Si la red social nos hablaba de la soledad y la imposibilidad de comunicarse en la sociedad actual, Moneyball trata del compromiso con nosotros mismos y del sentido de la lucha de David contra Goliat.



Especial mención merece el personaje de Brad Pitt, un Billy Beane que conocido el sabor de la derrota demasiadas veces  y que desea ganar de una puñetera vez. Su interpretación es totalmente creíble, una de las mejores de su carrera. También resulta creíble Jonah Hill en su cambio de registro, de adolescente salidorro a genio matemático hay un trecho. También aparecen Philip Seymour Hoffman y Robin Wright, ambos están tan bien como viene siendo habitual en ellos.

La dirección de Bennett Miller (Capote) es correcta (sin más) pero el resultado es un tanto frío. Moneyball no llega a emocionar al espectador, supongo que es totalmente premeditado.

Los que busquen un film más sobre deporte es posible que salgan decepcionados, los que busquen una comedia o una peli de Brad Pitt también se sentirán defraudados. Los que no busquen nada más allá de ver un buen film, saldrán bastante satisfechos.


¿Cómo se podría definir la filosofía de esta peli en una frase? El dinero no puede comprarlo todo, te lo dice Brad Pitt (que produce esta peli ya que gana 12 millones de dólares por película).

¿Cómo la resumiría yo? Pase lo que pase, gane tu equipo o pierda, el lunes a currar.

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P.d.: No me gusta ver deporte televisado, me aburre soberanamente, pero algunas películas sobre deporte son especialmente interesantes. Ahora me viene a la mente esa ácida y vertiginosa crítica al podrido mundo del deporte que hizo Oliver Stone llamada Un domingo cualquiera. En su día me pareció exagerada pero el tiempo le ha dado la razón.
También me viene a la memoria The damned United, el film de Tom Hooper (El discurso del rey) sobre la historia real de un controvertido entrenador de fútbol inglés. También Ken Loach dejó hace poco un gran alegato futbolístico con Looking for Eric. Me gustó mucho a pesar de no haber visto ningún partido de fútbol desde el España-Alemania del mundial de 1982.
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viernes 3 de febrero de 2012

J. Edgar



He de reconocer que desde niño me ha fascinado la figura de J. Edgar Hoover y que siempre pensé que Oliver Stone podría haber hecho una gran película basada en la biografía de tan controvertido personaje. No olvidemos que Stone ha dirigido films sobre Kennedy (JFK) o Nixon, presidentes americanos en cuyos mandatos Hoover fue director del FBI. Pero finalmente ha sido Clint Eastwood quien ha realizado este biopic sobre uno de los hombres más poderosos del siglo XX.

 Hoover ostentó el cargo de director del FBI desde 1924 hasta su muerte en 1972. Fue un hombre decidido, de fuertes convicciones morales y dispuesto a todo por lograr su objetivo. Como director del FBI Hoover se enfrentó a comunistas, gángsters, secuestradores y al crimen organizado. Hoover revolucionó los métodos de investigación y trazó una red de información en las que todos los posibles sospechosos tenían una ficha. Pero su red de información era cada vez más grande y Hoover llegó a espiar y tener información de miles de ciudadanos (incluidos congresistas, los presidentes norteamericanos y sus mujeres). Sólo así se explica que Hoover ostentara su cargo durante casi 50 años, ninguno de los siete presidentes a los que sirvió tuvo el valor de destituirle, tal era su poder y el temor a lo que pudiera desvelar.


Pero una biografía tan excitante y controvertida como la de Hoover no es suficiente para hacer ameno al film. Se necesita algo más. Eastwood demuestra su más que probado talento a la hora de rodar y dirigir actores pero es incapaz de hacer que esta historia nos atrape todo lo que debería hacerlo. Por momentos se hace aburrida. Quizás sea fallo del lioso montaje o que el guión se extienda demasiado en la vida personal del personaje (Eastwood da por probada la homosexualidad de Hoover). Eastwood apuesta por comprender al personaje y casi justifica sus actos como director del FBI basándose en sus estrictas convicciones morales y en la relación con su dominante madre. Eastwood parece decirnos que la primera víctima de Hoover fue el mismo Hoover. El personaje público no parece tener piedad ni consigo mismo.

 Para mí el principal lastre del film es que Eastwood alterna varios momentos temporales (con continuos flashbacks) que hacen perder ritmo a la película. Este recurso sirve para contrastar cómo era el joven e idealista Hoover con el viejo y poderoso Hoover pero también sirve para que el film sufra unos innecesarios parones narrativos. Cuando la cosa se pone interesante, el film vuelve al presente. Ambas líneas temporales no acaban de funcionar ni ayudan a que el espectador siga el hilo de los acontecimientos. Si el espectador no está muy informado de los hechos históricos narrados es bastante fácil perderse, Eastwood supone que el espectador es un experto en historia reciente americana, cosa que no tiene por qué ser cierta.
Un ejemplo: Se cita a Charles Lindbergh como el personaje más famoso del siglo XX, pero en ningún momento se dice que fue el primer hombre que cruzó el atlántico en avión en 1927. Toda una proeza que le convirtió en un héroe nacional americano, hasta Billy Wilder hizo una peli de la gesta interpretada por James Stewart (El héroe solitario o  The Spirit of St Louis). Eastwood supone que Lindbergh es un personaje de sobra conocido en todo el mundo, creo que en Europa Lindbergh y el posterior secuestro de su hijo no son tan populares. Quizás un pequeño inserto de un noticiario o un recorte de periódico hubiera servido para poner al espectador al día.

Los actores me gustaron mucho a pesar de que a veces los maquillajes son un poco grotescos. Leonardo DiCaprio está creíble en la contradictoria piel de Hoover. También me gustó mucho Judi Dench en el papel de la madre (seguro que Freud tendría mucho que decir sobre la relación de Hoover con su madre) y Naomi Watts como la fiel secretaria.

 J. Edgar no es la gran película que este director, esta historia y estos actores podrían haber realizado. No es mala, ni mucho menos, pero podría haber sido mejor.

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miércoles 1 de febrero de 2012

martes 31 de enero de 2012

George Harrison: Living In The Material World



 George Harrison  (1943-2001) fue considerado como el Beatle tranquilo y siempre estuvo en un segundo plano tras el tándem de compositores formado por John Lennon y Paul McCartney. Sin embargo, Harrison no era sólo el guitarrista de The Beatles, era también un gran compositor. Living in the material world es el homenaje en forma de documental que Martin Scorsese le brinda a Harrison.

El documental recorre toda la trayectoria musical y personal de Harrison desde que era un adolescente hasta su fallecimiento en el año 2001. Scorsese demuestra una admiración desmesurada cercana a la devoción religiosa hacia el personaje que retrata, No se me ocurre nada mejor que hacer un documental sobre alguien al que admiras. Scorsese transmite su admiración por el personaje y logra que el espectador se contagie sin remedio. Si el listado de grandes canciones compuestas o interpretadas por Harrison no es suficiente para convencerte, quizás sí te convenzan los testimonios de gente como Eric Clapton, Tom Petty, Ringo Starr, Paul McCartney o Phil Spector. Buena parte de los mejores músicos del siglo XX le rinden homenaje al beatle menos conocido.
El film es fascinante en su primera mitad, toda la época de los inicios de The Beatles: con los conciertos en Hamburgo, la Beatlemanía y la posterior evolución personal y artística me pareció simplemente genial. Imprescindible para cualquier amante de la música. Descubrimos cómo y porqué Harrison quedó tan prendado por la meditación y la religión hindú. Descubrimos sus contradicciones, siendo la mayor de todas su lucha por llevar una vida espiritual en un mundo tan material como el de la fama. A mí me encantaron las imágenes de Harrison y Lennon debatiendo en televisión sobre la meditación, las lecciones de sitar de Ravi Shankar o la dificultad de Ringo para adaptarse a los ritmos Hindúes. Una gozada para cualquier fan de The Beatles.

 La segunda parte del documental se me hizo algo menos interesante. Su carrera en solitario tiene momentos destacables como el lanzamiento de All things must past (el primer disco triple de la historia del pop, de 1970), el concierto por Bangladesh (el primer concierto benéfico de la historia), su estrecha colaboración con los Monty Phyton o el supergrupo Travelling Wilburys (con Bob Dylan, Jeff Lynne, Roy Orbison y Tom Petty). Por supuesto, veremos la historia detrás de algunas de sus canciones y cómo Eric Clapton le robó a su mujer (Pattie, la mujer que inspiró temazos como Something y Layla). A pesar de todas estas anécdotas, el documental decae bastante en su último tercio, Scorsese se centra en aspectos un tanto reiterativos sobre la buena persona que era y el buen rollo que generaba siempre a su alrededor Harrison. Tampoco me parece muy interesante el pasaje en el que se narra el ataque sufrido en su casa en 1999 (¿era necesario sacar una foto de cómo quedó el agresor?). No aburre, pero no atrapa como la primera parte.

La labor de buscar y seleccionar imágenes de archivo me parece que le ha quedado perfecta al amigo Scorsese. Por otro lado, los testimonios rodados expresamente para este documental se complementan perfectamente con las imágenes de archivo, un trabajo titánico que ha dado como resultado un documental muy recomendable.

Lo dicho, imprescindible para todo amante de la música de The Beatles o George Harrison en solitario o simplemente amante de la buena música. Si bien, su excesiva duración (208 minutos!!!) aconseja verlo en 2 partes (o más).

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sábado 28 de enero de 2012

The artist


La mayor revolución que ha sufrido el cine en toda su historia no fue el color, ni el cinemascope, ni los efectos digitales, ni el 3D. La mayor revolución del cine fue la llegada del sonoro. La fusión de imagen y sonido dio origen al cine moderno, sepultando para siempre al cine mudo. Toda una industria tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos.

The artist es una película francesa de 2011 que recrea esta revolución que supuso la llegada del sonoro en 1927. Pero lo hace desde el punto de vista del cine mudo. The artist es una película a la antigua usanza, muda y en blanco y negro. Todo un homenaje al buen cine clásico americano de los años 20 y 30 del pasado siglo.   El film relata un Hollywood idílico e idealizado: nada de escándalos sexuales como el de Fatty Arbuckle ni se hace referencia al nefasto código Hays. Así pues, el film es una fábula un tanto edulcorada de un tiempo pasado.
The artist demuestra lo equivocados que estamos muchas veces cuando nos dejamos llevar por elaborados diálogos y rebuscadas moderneces. Esta película demuestra que para narrar una buena historia no es precisa tanta palabrería, es suficiente con una buena historia y unas buenas interpretaciones, ni siquiera se precisan líneas de diálogo (se basta y se sobra con unos cuantos letreros).


 El film tiene un regusto a nostalgia que traspasa la pantalla. Yo no soy un nostálgico ni creo que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sí creo que antes se hacía mejor cine que ahora.The artist es un trozo de cine clásico transportado en el tiempo hasta nuestros días. Es una gran película llena de sentimientos y emociones que demuestra que estos últimos no han variado en el último siglo. Puede que la forma de narrar haya variado pero las emociones siguen siendo las mismas. The artist logra emocionar sólo con las miradas de sus protagonistas, ni siquiera es necesario oír sus voces. 


 No podemos evitar identificarnos con los protagonistas, la estrella del cine mudo George Valentin (¿inspirado en Douglas Fairbaks?) y la estrella emergente Peppy Miller. Ellos son las dos caras del éxito. Los nuevos tiempos demandarán un nuevo tipo de cine, dejando obsoleto a todo lo anterior. El cine mudo no pudo competir con el sonoro y muchas de sus estrellas no supieron adaptarse.


 Quizás esta historia no sea nueva y resulte algo simple pero está contada de forma tan perfecta que es imposible no verse atrapado por la trama desde el primer minuto. Tanto la ambientación como la música son magníficas, dignas herederas de ese buen cine al que intenta emular y homenajear. Pero lo que hace a este film algo especial es la acertada dirección de Michel Hazanavicius (un total desconocido para mí) y el montaje preciso como un reloj suizo. No sobra ni falta un solo plano ni una sola toma, el film es perfecto técnicamente hablando. También juega a su favor que no se excede en su duración, hora y media es más que suficiente para que el experimento no acabe cansando al espectador, media hora más de metraje hubiera sido fatal.



 En cuanto a los actores, Jean Dujardin y Bérénice Bejo forman una pareja tan encantadora y seductora como las parejas del mejor cine clásico. Tienen una química asombrosa entre ellos y transmiten una enorme empatía con el espectador, algo que que se perdió hace muchas décadas con actores como Cary Grant o Katharine Hepburn. Personalmente he de reconocer que he caído hechizado por la sonrisa de Bérénice Bejo (con y sin lunar).

Muchos considerarán a esta película una rareza, yo la considero una buen película. Vean The artist, amigos, no se arrepentirán.
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viernes 27 de enero de 2012

Alien resurrección (Alien resurrection, 1997)




Parecía que Alien 3 marcaba el final definitivo de la saga, parecía imposible que Ripley y el alien volvieran a la gran pantalla.. Pero no hay nada imposible.

 Para esta cuarta se sacan de la manga un truco barato de esos que hace época: en una nave de la compañía unos científicos han logrado clonar a Ripley (al octavo intento) y a la reina alien que albergaba en su interior. Es una premisa totalmente inverosímil pero sirvió para convencer a Sigourney Weaver para que aceptara volver a la saga (o le pagaron mucho dinero). Así pues, en Alien resurrection, no tenemos a la Ellen Ripley original sino a un clon modificado con partes de ADN alienígena. Para más inri, el clon ha heredado los recuerdos de la Ripley original y ciertas cualidades del alien (sangre ácida, fuerza).

 Con un guión tan estrafalario era de esperar que el film no fuera más allá de la parodia, pero la sorprendente elección del francés Jean Pierre Jeunet dotó al proyecto de cierto prestigio. Se comentó que los productores estuvieron buscando durante un tiempo a un director europeo e incluso se rumorea que estuvieron en contacto con Danny Boyle y Alex De la iglesia (¿te imaginas al alien saliendo del pecho de Santiago Segura?).
Por supuesto, Jeunet dejó su huella en el film. Jeunet se llevó a Hollywood a su actor fetiche Dominique Pinon y a colaboradores habituales como el actor Ron Perlman o el supervisor de efectos especiales Pitof (quien luego se pasaría a la dirección con basuras del calibre de Catwoman). Lo más novedoso de esta entrega, a parte de las excentricidades del guión), es la peculiar estética del director francés. La fotografía en la que predominan los tonos verdes y naranjas recuerda inevitablemente a films como Delicatessen o La ciudad de los niños perdidos. Esta vez los aliens están creados casi exclusivamente por ordenador y, por suerte, esta vez los efectos están muy bien, no cantan como en Alien 3.



¿Y el film? Pues Alien resurrection está bien si consigues olvidar la idiotez del argumento y su delirante final. Por momentos funciona como película de acción y aventuras, si bien no entusiasma. La trama se limita al juego del gato y del ratón y una sucesión de personajes que caen víctimas del alien, nada nuevo. Jeunet logra alguna escena muy efectiva como la de la caza acuática (los alien saben nadar) y la escalera. El problema reside en que se trata de un film de acción con toques gore y no hay tiempo en el guión para desarrollar los personajes. Esta cuarta entrega es un giro de tuerca más a una saga que ya era casi una parodia de sí misma.

Alien resurrection, no va más allá de las anteriores entregas ni aporta elementos nuevos, aunque sí saca bastante partido a lo ya conocido. Una vez más la acción se desarrolla en una nave, el ordenador de a bordo se llama Padre, vuelve a haber un robot (aunque esta vez tiene la forma de Winona Ryder) y veremos las inevitables escenas de aliens saliendo abruptamente del pecho de sus huéspedes, si bien esta vez se le da una retorcida vuelta de tuerca a todo ello. Hay que reconocer que todo el tono del film es bastante bizarro. El final es tan alucinógeno y sangriento que casi parece una película del primer Cronenberg. Incluso, por momentos parece la película que un fan del gore hubiera hecho, con continuos homenajes a las anteriores y una rebuscada estética.

El final es digno de mención, Ripley es atrapada por los aliens y llevada al nido en el que la reina madre está a punto de dar a luz como si de un mamífero se tratara. Allí Ripley entra en un extraño éxtasis mientras es mecida por la reina alien, una cosa pseudo-erótica bastante extraña, ya os he dicho que este final es muy bizarro. No sólo Ripley tiene ADN del alien, la reina que han clonado junto con Ripley también tiene ADN humano y es capaz de parir. El engendro resultante del parto es un bebé alien con nariz respingona, piel y lengua humanos, ojos de corderito y muy mala leche. Al final todo el royo materno/filial entre Ripley y el bebé queda bastante bizarro y no hay por donde cogerlo. Como no había manera de entender el asunto, los guionistas se sacan de la manga que el médico que clonó a Ripley esté aún vivo dentro de un capullo de alien y así nos explica lo que está aconteciendo. La inclusión de este personaje queda bastante forzada y sobra decir que sólo vive el tiempo justo.

¿Realmente es Alien resurrection el final de la saga? No creo que esa fuese la intención, el final es lo suficientemente abierto como para continuar la saga sin grandes problemas. Vistos los derroteros que había tomado esta saga y el cruce con Predators, creo que es un acierto no seguir por este camino y hacer una precuela (más o menos encubierta) a manos del director del film original. Mejor partir de cero que seguir deteriorando un mito. Habrá que ver Prometheus cómo queda. Pero no descartemos volver a ver a Ripley por nuestras pantallas, cosas más raras hemos visto.



En conjunto, se puede decir que la saga alien está formada por 4 películas dirigida por 4 directores muy distintos y que cada uno de ellos imprimió su personalidad a su película. Casi lo único que tienen en común son las presencias de Sigourney Weaver y el monstruo diseñado por Giger. Desde luego, la primera es la mejor y la serie se fue degradando paulatinamente hasta llegar a esos pastiches de Aliens contra Predators (de los cuales no pienso hablar).

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miércoles 25 de enero de 2012

Alien 3 (1992)



Seguimos con la saga Alien, hoy toca hablar de la entrega más floja: Alien 3.

Tras el éxito comercial de Aliens, los ejecutivos de Hollywood se lanzaron como locos a preparar una nueva película. Pero ni Ridley Scott, ni James Cameron parecían dispuestos a volver al universo alien. Hubo muchos guiones, varios cambios de director, dudas sobre si la teniente Ripley debía aparecer y muchos problemas de producción. El guión final tomaba cosas de varios borradores previos y se reescribía incluso con el rodaje ya avanzado. Todo ello derivó en que el presupuesto se disparó de forma desorbitada. El novato David Fincher (reputado director de anuncios y vídeos musicales) fue el elegido para dirigir esta película.

Sea como fuere, Alien 3 no acaba de funcionar. Para no repetir la fórmula de Aliens, Alien 3 vuelve la mirada hacia el film original: sólo hay un alienígena y los humanos no disponen de armas de fuego. Parecía una vuelta a los orígenes, pero Alien 3 no aportaba suficientes elementos de interés. Sí es cierto que el alien cambia algo de aspecto (poco) por gentileza del diseñador original (Giger) y está generado por ordenador (de forma chapucera a veces), pero no son grandes aportaciones.


 Esta vez la teniente Ellen Ripley es rescatada de la lanzadera en la que acaba en la peli anterior, recurso que ya nos empieza a ser familiar. Esta vez va a parar a un obsoleto planeta prisión llamado Fury 161. Dicho lugar esta lleno de piojos (de ahí el aspecto rapado de Ripley) y peligrosos reclusos con doble cromosoma Y que se han convertido en fervientes creyentes religiosos (¿?).  Una vez más, el alien se las arraglerá para aparecer en escena, si bien, esta vez la cosa queda bastante forzada. No queda claro cómo demonios la reina logró depositar un huevo en la nave ni a qué se debe el leve cambio de aspecto del alien. Personalmente, me resultó decepcionante la manera en la que se cargan de un plumazo al resto de supervivientes de la película anterior. La presencia de una mujer (Ripley) alterará la vida dentro de la instalación penitenciaria pero el alien lo hará aún más. Por cierto, en este film veremos a Ripley intimar con el médico de la penitenciaría, un toque humano que nos acerca a nuestra heroína. No está mal concederle al personaje un poco de descanso. Lamentablemente, la cosa no durará mucho.
 La imagen de Sigourney Weaver con la cabeza rapada fue un pequeño shock en su momento pero la verdad es que le queda bien al personaje y Weaver se llevó bastante pasta por dejarse rapar el pelo. El giro que supone que Ripley lleve en su interior la larva ( o lo que sea) de una reina alien me pareció bastante interesante y le da un toque crepuscular al film. Ripley está condenada y no va a sobrevivir de ninguna manera, pero aún así intentará que la compañía (¿el auténtico villano de la saga?) no capture a un espécimen de alien vivo.

El desarrollo del film es bastante rutinario, hay escenas de asesinatos y algún buen susto, pero no es un film a la altura del original y como espectáculo queda muy lejos del Aliens de James Cameron. Incluso a veces se hace pesado y aburrido. Por cierto, no entiendo la necesidad de volver a incluir una escena en la que Ripley reactiva a un androide, esta vez revive a Bishop (Lance Henriksen). Tampoco me convence el tratamiento que el film hace de los reclusos, no quedan bien definidos: se nos explica que son unos peligrosos psicópatas, pero realmente se comportan como personas asustadizas, nada de comportamiento psicótico. Tampoco llegamos a conocerlos ni a identificarnos con ellos lo más mínimo.

Fincher se muestra seguro y hábil a la hora de rodar a pesar de su inexperiencia. Escenas como la de el acoso del alien a Ripley en la enfermería o la trampa final tienen una gran fuerza pero pero no logran que el film te atrape ni emocione. Sólo en algún momento puntual podemos adivinar que este director iba a ser uno de los directores más destacados de los siguientes 20 años. . Se dijo que Fincher tuvo muchos problemas durante el rodaje, la carga religiosa del film no era del agrado de los directivos del estudio, quienes recortaron el metraje mutilando la obra de Fincher.


Sigourney Weaver expresó su deseo de acabar su participación en la saga, ella misma produjo Alien 3 para asegurarse que este sería su último enfrentamiento con el alien. Ripley se sacrifica para acabar definitivamente con la amenaza que supone el alien en una escena que intenta resultar emotiva y queda bastante ridícula debido a los deficientes efectos especiales. Los efectos especiales no estuvieron a la altura y tampoco queda muy creíble cómo Ripley sujeta a la reina alien que intenta salir de su interior en el último momento.
 Así se cerraba definitivamente la participación de la teniente Ellen Ripley y Sigourney Weaver en la franquicia. ¿O no?

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martes 24 de enero de 2012

Los descendientes (The Descendants)


Como bien se dice al inicio de esta película, vivir en el paraíso no significa que nunca te pasen cosas malas o siempre seas feliz.

Los descendientes es una película atrevida que camina por el resbaladizo filo del drama con toques de comedia. Es una apuesta muy arriesgada en la que hay que ser muy hábil para lograr que la cosa salga bien. Puedes caer en el ridículo más absoluto o en aburrimiento más soporífero. Por suerte para nosotros, Alexander Payne ha sabido encontrar el equilibrio justo. Su película es un dramón de cuidado, no nos engañemos, pero contiene los elementos justos de comedia como para que pasemos un muy buen rato. Desde luego, hay enfermedad, hospitales y llantos pero también tenemos a unos personajes que deben salir hacia delante aunque no vean la luz al final del túnel.

Payne depura aquí su estilo y se demuestra un director muy solvente para este tipo de historias agridulces. Su cine nunca defrauda, a menos que te lo tomes como una comedia. Ni Entre copas, ni A propósito de Schmidt son comedias al uso (Election sí era una ácida comedia). El cine de Payne nos ofrece visiones bastante amargas de unas realidades que no por no deseadas son evitables (la vejez y la muerte). Además Payne huye de los lugares comunes de los cuales suele abusar el cine comercial: ambienta el film en Hawaii, sitúa algunos de los momentos más duros en sitios de diversión como piscinas o terrazas y hace vestir a los personajes en pantalones cortos y camisas de colores a pesar de los duros momentos que están pasando. Aparentes paradojas del guión que nos hacen pensar que realmente la tragedia puede venirnos en cualquier momento y lugar. No siempre llueve en los entierros. También la película juega hábilmente con la contraposición de personajes, generando un divertido choque generacional.


Pero Los descendientes no habla sólo de enfermedades, habla de la paternidad, de la diferencia generacional, de la incomunicación dentro de la familia, de la mentira y sus consecuencias, de la evasión de la realidad, de la inmadurez, de las raíces de uno mismo, de que la vida no es justa, de la imposibilidad de cambiar el pasado y de otras muchas cosas para las cuales no tengo espacio. Encima lo hace sin que te des cuenta. Parece que no pasa nada, que es sólo una peli de una familia de vacaciones en la playa, pero Payne se las arregla para asestar al espectador unos cuantos mensajes realmente trascendentales. Tal es la sutileza y la complejidad del guión.

Quizás lo único malo que se puede decir del film es que el final es quizás demasiado obvio (se veía venir desde lejos). Todo el tema de la venta del terreno me pareció lo menos logrado del film, otros temas están mucho mejor desarrollados, no sé, me chirrió un poquito todo lo de los primos.

 En cuanto a los actores, todos están muy bien. A destacar las hijas del personaje de Clooney, interpretadas por Shailene Woodley (la hija mayor) y Amara Miller (la divertida hija menor). Pero el peso del film recae en George Clooney, el tipo aguanta el tirón y está francamente bien en su mejor papel hasta la fecha. Su actuación es capaz de emocionarnos y hacernos reír. Aquí realiza un trabajo muy arriesgado para un galán de Hollywood. Un ejemplo: la escena en la que sale corriendo por la carretera hasta casa de unos amigos es impagable, verle correr de esa manera tan peculiar es muy arriesgado, puedes caer en el absurdo y dejar de ser creíble, pero Clooney realmente lo borda. También Robert Foster (en el papel de abuelo) y Nick Krause (el novio) aportan su granito de arena a que la peli funcione perfectamente engrasada.

 Yo pasé un buen rato, aunque he de confesar que en algún momento las lágrimas se me asomaron a los ojos y en otros me reí bastante. Un difícil equilibrio.

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sábado 21 de enero de 2012

Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres (The girl with the dragon tattoo)


Ya tenemos aquí la nueva versión de las novelas de Stieg Larsson a manos del reputado director David Fincher (El club de la Lucha, La red social).


Conocido es mi pánico a los remakes. Entiendo que no tiene sentido volver sobre un material ya tratado previamente, me parece poco imaginativo y no le veo el interés. Puede ser que a veces sea buena una revisión de un film clásico que se haya quedado muy antiguo dándole un nuevo aspecto, valga como ejemplo el King Kong de Peter Jackson. Pero hacer un remake (o nueva versión) de un film de hace apenas 3 años me parece una pérdida de tiempo. Pérdida de tiempo pero una gran ganancia de dinero. La nueva adaptación de la saga Millenium  por parte de Hollywood me parece del todo innecesaria. La vendan como la vendan y aunque la hubiera dirigido el mismísimo David Lynch. Todos tenemos reciente aún la adaptación cinematográfica sueca (que no era una maravilla pero se dejaba ver y entretenía, al menos el primer film) y no creo que la yanqui aporte nada nuevo y/o interesante.

 Es cierto que el plantel artístico contratado para esta versión americana es casi inmejorable. El director es David Fincher, uno de los directores más en forma de los últimos años y un tipo de probada solvencia para los thrillers oscuros como Seven o Zodiac. Fincher no mejora ni aporta nada novedoso al material de Larsson pero su estilo visual y narrativo hacen muy atractivo el visionado de esta nueva versión. Fincher cumple y aprueba con nota, sabe crear momentos de tensión pero la historia ya está muy vista y no logra atrapar a los que ya la conocemos. Fincher demuestra su talento y su saber hacer para este tipo de historias escabrosas, pero poco más.  Se nota que es un encargo. Creo que puso el piloto automático y se dedicó  pensar en qué se gastaría el cheque. La trama es la que todos ya conocemos (aunque en esta nueva versión se han introducido algunas pequeñas modificaciones) y poco más vale la pena comentar.

En cuanto a los actores, me gusta la elección de Daniel Graig, el tipo está correcto, su Mikael Blomkvist  es lo mejor del film. Muy por encima de la Lisbeth Salander de Rooney Mara. Me quedo de lejos con la Lisbeth interpretada por Noomy Rapace en la primera versión. Mara no transmite la misma fuerza ni complejidad del personaje, no convence. Por mucho que le tiñan las cejas o le pinten los ojos de negro, no da el pego. Quizás sea culpa mía, que no consigo ser del todo imparcial o que la primera versión me impactó por la novedad, no sé. Pero no acabo de creerme a esta Lisbeth. Por cierto, el tatuaje del dragón que luce Lisbeth en su espalda era mucho más molón en la primera versión.


Me gustó mucho la música de mis adorados Trent Reznor (NIN) y Atticus Ross, quienes ya colaboraron con Fincher en La red social  ganando el globo de oro y el Oscar. Su banda sonora es perturbadora y opresiva, realzando la atmósfera insana de muchos momentos del film. Creo que su elección es muy acertada, seguro que a Lisbeth le gustarían NIN y en la peli hay un pequeño homenaje al grupo.


Lo dicho, un remake (o nueva versión) innecesario pero con muy buena factura técnica.

 ¿Que qué versión recomendaría yo a alguien que no haya visto ninguna? Supongo que la sueca, fundamentalmente gracias a que aquella Lisbeth me gustó mucho más. Espero que no hagan nuevas versiones del segundo y tercer libro (que eran muy flojos).
5


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viernes 20 de enero de 2012

Megaupload: ¿se acabó el chollo?


Pues parece que al final la famosa ley Sinde española se va a quedar en nada, ni siquiera ha necesitado ser desarrollada por ningún decreto. Nuestro hermano mayor norteamericano ha actuado y nos ha dejado a todos temblando con las leyes SOPA y PIPA (parecen nombres de broma), menudos son.

El cierre de Megaupload se veía venir, era inadmisible que estos tipos se forraran (más de 85 millones de euros habían recibido a través de Paypal en los últimos 5 años) y los grandes lobbies de la industria audiovisual americana no vieran un centavo del pastel. Incluso se dice que la industria del entretenimiento ha perdido unos 500 millones de dólares. Inadmisible. A los señores del congreso americano no les preocupaba la libertad de expresión ni la libertad de contenidos, les jode que sus amigos pierdan dinero.
Es cierto que para el ciudadano medio la obtención de archivos audiovisuales era tan rápida que ha sido casi imposible decir que no. Quien más o quien menos sabe lo que es megaupload, fileserver o Jdownloader. Era tan condenadamente fácil y barato (una cuenta premium vitalicia a megaupload salía a 200 euros) que millones de usuarios de todo el mundo tenían una. Incluso sin pagar un duro la cosa iba muy bien gracias a programas como Jdownloader, quien se encargaba de engañar a Megaupload para saltarse la limitación de descargas de una cuenta normal (gratis). El pillo que engañaba al pillo.

Estamos tan acostumbrados a bajarnos archivos de varios gigas en apenas unos minutos que ya no nos acordamos de los obsoletos programas P2P tipo bittorrent o el olvidado emule (¿os suena?). Lo de ponerse en fila de espera y ver cómo avanzaba la descarga durante días nos parecía antediluviano. Pero parece que ahora deberemos volver a usarlos. No va a quedar más remedio. El imperio de la ley y la libertad ha asestado un duro golpe a los usuarios (o delincuentes). No sólo han cerrado servidores alojados en Estados Unidos, sino que tienen el poder de cerrar a cualquier servidor que consideren nocivo aunque esté alojado en Rusia. ¿Cómo lo van a hacer? Golpeando donde más les duele, asfixiándolo económicamente, cerrando sus fuentes de financiación: Impidiendo a Paypal y otros sistemas de pago norteamericanos colaboren con ellos. No olvidemos que estos servidores buscaban un lucro y que un servidor de gran potencia como Megaupload necesita unos elevados costes de mantenimiento y hosting. Cuando deje de ser un negocio, estas páginas y estos servidores, desaparecerán solos.

¿Cómo acabará todo este lío? Es muy pronto para saberlo, pero me juego el cuello a que a los tipos de Megaupload les va a caer una leve pena de cárcel, una multa bastante gorda y tendrán que devolver la pasta de las cuentas premium a las que no van a poder dar servicio. Yo apuesto por que llegarán a un acuerdo (más vale un mal acuerdo que un buen juicio) por el que pondrán a servicio de las grandes distribuidoras sus servidores (previo pago para el consumidor, claro). Y todos tan contentos, el usuario se podrá bajar los contenidos como hasta ahora pero el dinero irá a las majors americanas. Por supuesto, el precio será ostensiblemente más caro.


Pero no nos preocupemos, seguro que en cuatro días algún avispado jovenzuelo adolescente inventa otra forma de compartir/bajar/subir contenidos sin que ni las leyes norteamericanas ni el FBI puedan tocarle un pelo. Tranquilos, la picaresca siempre va por delante de la ley y más ahora, en un mundo en el que la tecnología avanza de forma vertiginosa. Tiempo al tiempo.

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jueves 19 de enero de 2012

Aliens, el regreso (Aliens, 1986)



"Ahora es la guerra". 7 años tardó Hollywood en hacerse con los derechos y hacer una secuela de Alien. Parecía una tarea imposible y no creo que estuviera en la mente de los creadores de la original. Alien se había convertido en una vaca sagrada del cine de terror y ciencia ficción, parecía un sacrilegio intentar seguir explotando esta historia, pero Hollywood sólo entiende de dinero.

La tarea recayó en las manos de James Cameron, quien había triunfado un par de años antes con Terminator. Como sería la tónica general de esta saga, cada director adaptó cada película a su propia personalidad y no al contrario. Cameron convirtió su film en una película sobre marines del espacio llena de acción. Toda la sutileza del film original se vio pisoteada por el grupo de marines que viajan al planeta en el que encontraron al alien.
 Ripley vueleva a aprecer en esta saga, siendo un elemento fundamental en el resto de películas. Para Cameron era impensable un film de alien sin la teniente Ripley, pero la actriz Sigourney Weaver estuvo a punto de no participar y hubos muchos problemas para llegar a un acuerdo, incluso se pidió a Cameron que rodara el film sin Ripley.Al final se llegó a un acuerdo y Weaver volvió a interpretar a la teniente Ellen Ripley por un sueldo de 1 millón de dólares, 30 veces más de lo que cobró por el primer film.


En Aliens han pasado 57 años tras la primera parte, tiempo que Ripley ha pasado hibernando. El film se inicia con su rescate. Nadie parece creer a Ripley cuando les cuenta lo sucedido a la Nostromo. En este tiempo se ha asentado una colonia humana en el planeta LV 426 y todo parece ir bien. A Ripley se le retira la licencia de piloto espacial (o algo así) y se ve obligada a aceptar un trabajo descargando en los muelles. Pero todo cambia cuando se pierde el contacto con la colonia, entonces Ripley vuelve a ser de utilidad para la compañía, requieren sus servicios para ir allí y servir de guía, ella es la única que ha sobrevivido a un encuentro con el alien. Ripley acepta bajo la condición de que la compañía destruirá a los alien y no intentará usarlos para fines armamentísticos. Así pues, parte hacia la colonia LV 426 con una compañía de rudos marines espaciales. Al llegar al planeta, descubrirán que la base de los colonos ha sido atacada por los alien y que sólo ha sobrevivido una niña, por la que Ripley siente un especial apego (poco antes nos hemos enterado que su hija había muerto unos años antes, mientras ella hibernaba).

En Aliens, James Cameron ofrece todo un espectáculo en su particular visión del cine trasladada al universo alien. Hay tiroteos, persecuciones, bajas y un final de infarto. Aliens es un film de acción mucho más que de terror o ciencia ficción. Todo un espectáculo que dejó alucinado cuando la vi con 11 años en el cine. Cameron recrea ciertos elementos del primer film: hay también un robot del cual Ripley recela y los alien siguen siendo letales pero algo menos. Esta vez los humanos tienen armas de fuego para hacerles frente. La contención narrativa y de medios de Scott se transforma aquí en pura pirotecnia al servicio del entretenimiento.
Obviamente, para los marines espaciales Cameron se basó en la novela Starship troopers  y en la guerra de Vietnam. Pero Cameron no se preocupó de realizar un retrato psicológico de cada uno de los personajes, sus motivaciones le dan lo mismo, los marines son retratados a base de frases soeces y bromas. Tienen una misión y la van a cumplir. Sí hay alguno que pierde los nervios y algún enfrentamiento entre ellos  pero el desarrollo de los personajes es bastante ligero, la verdad. El personaje del tipo de la compañía resulta bastante forzado a veces, realmente no pinta nada en esa situación ni parece que él solito fuera capaz de atrapar a un alien vivo para su posterior estudio. A cambio Cameron sí decidió desarrollar muchos elementos de los alien que no habían quedado claros en el primer film. El ciclo vital del bichejo queda aquí mucho más claro: se nos explica que hay una reina que pone huevos y que algunos humanos son introducidos en capullos para que incuben en sus aparatos digestivos las larvas de alien. El misterio que rodeaba a la especie alien se desvirtúa bastante en pos del espectáculo y el entretenimiento.


Ripley vuelve a ser la protagonista absoluta (con permiso de los bichos), esta vez siente un fuerte apego por la niña huérfana que ha sobrevivido en la colonia, Newt. Sus sentimientos maternales hacia esta niña son tan fuertes que incluso pondrá en peligro toda la operación por rescatarla. Todo ello nos presenta a una Ripley bastante más fuerte, decidida y emotiva que en el primer film. Al contrario que en la primera parte, Ripley no se paraliza por el miedo y se crece ante la adversidad, llegando a enfrentarse cuerpo a cuerpo con la reina madre. También nos regala la famosa frase: "Aléjate de ella, perra" (Get away from her you Bitch). La esforzada interpretación de Sigourney Weaver obtuvo una nominación al Oscar a mejor actriz. No ganó, pero nos dio igual.

 Una vez más hay un robot, lanzaderas espaciales, cuentas atrás, muchas babas y viscosidades varias. Pero esta vez el film tiene una atmósfera muy distinta. La tensa calma y los sustos del film original se sustituyeron por las explosiones y los efectos especiales. 

Como anécdota, se cuenta que Cameron tuvo muchos problemas durante el rodaje, que tuvo lugar en los míticos estudios Pinewood (los de James Bond) cerca de Londres. El personal técnico eran casi todos británicos y no se llevaron muy bien con Cameron, al que consideraban un yanqui demasiado inexperto. Tampoco las cosas fueron fáciles con el músico James Horner, el corto espacio de tiempo dejado al compositor para finalizar la banda sonora y las tensiones entre Cameron y Horner hicieron que su relación se deteriorara bastante y no volvieron a colaborar juntos otra vez hasta Titanic.

Como viene siendo habitual, el listo de James Cameron sacó unos años más tarde su particular director’s cut, con escenas eliminadas como la que nos muestra la vida de los colonos, la familia de Newt encontrando la nave alienígena, la explicación de lo ocurrido a la hija de Ripley (interpretada por la madre de Weaver) y la conexión de unos robots centinelas. Son escenas que por lo general no aportan gran cosa a la trama, sí dan una visión más completa pero, en mi opinión, todo lo referente a los colonos me parece totalmente innecesario y sólo sirve para alargar el film.

Aliens, el regreso, es un entretenimiento perfecto.
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